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El lago. Recordaba el lago y la llegada al hostal. Habían pasado una tarde de lo más agradable, no podía decir lo contrario, incluso con Jordi había vuelto a sentirse cercana y cómoda. Habían pasado horas sentados frente a la orilla del lago, hablando de cosas absurdas, de anécdotas del pasado. También de sueños y aspiraciones. Después habían ido a un bar a merendar y, finalmente, se habían dirigido al hostal. ¿Qué había hecho al llegar al hostal? Intentó moverse, sin embargo, su cuerpo siguió sin responder a sus peticiones permaneciendo inmóvil y entumecido, como si le perteneciese a otra persona. De acuerdo. Habían llegado al hostal y ¿después? La vaga imagen de una pizza acudió a su memoria. Eso era, habían subido las escaleras para dejar las cosas en las habitaciones y habían vuelto a la calle para poder cenar. Jordi había asegurado que conocía un buen sitio donde llenarse el estómago y eso les había llevado a un restaurante italiano con un horno de leña en la entrada. Recordaba que Fany había mirado el horno con ojos soñadores y susurrando que era tan bonito como romántico. Era ridículo, pero era lo normal en ella. Fany era una persona soñadora, fan absoluta de las películas románticas y empalagosas. Si existía alguien en el mundo que viera el mundo de un constante color rosa esa era, sin lugar a dudas, Estefanía Casals. Silvia deseaba que su amiga jamás cambiase, porque cuando estaba con ella el mundo parecía menos cruel y mucho más amable. Habían compartido un par de platos de pasta y una deliciosa pizza enorme de siete quesos. Con los estómagos llenos habían dado un pequeño paseo por los alrededores para bajar la comida. Ella, que no acostumbraba a moverse por la ciudad si no se trataba del centro o del triángulo friki, descubrió en aquella parte de la ciudad un encanto casi mágico que la dejó fascinada y con ganas de ver mucho más. El recuerdo de una cara desconocida y sonriente la sobresaltó, aunque su cuerpo no se estremeció. Una anciana desconocida con un desgastado vestido de color turquesa y un sombrero con plumas sobre la cabeza la miraba con una sonrisa desdentada. Creía que le había sonreído de vuelta con incomodidad, llegando a preguntarse si la conocía de algo y sin dejar de pensar en lo extraño que era su atuendo. La anciana había quedado atrás y en seguida habían llegado al refugio que les confería el hostal. Al entrar Jordi había saludado a la chica de recepción que levantó la cabeza del libro que leía para saludarles de vuelta y sonreírles con amabilidad antes de volver a enfrascarse en la lectura que la tenía tan absorta. Subieron las escaleras y cada uno se metió en su habitación. Inspiró hondo y soltó el aire muy despacio entre los dientes ignorando el ardor de su garganta extremadamente seca. ¿Qué más había ocurrido? Se acordaba del cansancio que se extendía por todo su cuerpo como un peso físico muy real, pero también de la ansiedad de un ritmo demasiado alto durante demasiado tiempo. ¡Claro! Se había duchado con agua bien caliente porque eso siempre la ayudaba a relajarse y a sentirse mejor. Así pues, se había duchado y sin secarse el pelo ni vestirse se había sentado en la cama envuelta en el suave albornoz que había llevado de casa. Y entonces... nada más. El último recuerdo que poseía era el de un cansancio extremo y la oscuridad rodeándola. Silvia cerró los ojos cansada de ver las estrellas a través del gran agujero del tejado. Eran preciosas, como millones de piedras preciosas brillando en la oscuridad, y en otras circunstancias lo habría disfrutado sobremanera puesto que, en la ciudad, era algo muy difícil de ver; pero ya estaba harta de verlas y le provocaban una sensación de intranquilidad que iba en aumento. Era como si fueran falsas, un escenario preparado para mantenerla desubicada constantemente. Su cuerpo seguía sin obedecer sus órdenes. Llegó a pensar que se había partido el cuello y una lesión medular la había dejado paralizada, sin embargo, lo descartó. Sentía la frialdad y humedad del suelo, también la presión contra este, así que si sentía cosas es que su médula estaba bien. Tenía que haber algún motivo no natural para ello, tal vez alguien la había drogado, eso sería lo más coherente, aunque ¿quién podría haberlo hecho? Recordaba estar sola en la habitación al sentarse en la cama y si la hubieran drogado durante la cena suponía que habría sentido antes los efectos de la sustancia que fuera. Tenía miedo y mentiría si dijera lo contrario. Se concentró en intentar identificar el lugar. Aún con los ojos cerrados puso toda su atención en los sonidos que la rodeaban. Oía grillos cantándole a la noche estrellada, el viento agitando con suavidad las hojas de los árboles que debían de estar cerca de la casa en ruinas, algún tipo de roce sobre la madera que no pudo identificar y cuyo origen no estaba segura de querer conocer. Había otro sonido más, tímido y susurrante, frunció el ceño buscando entre sus recuerdos auditivos de qué podía tratarse y entonces lo identificó. Era agua, agua corriente, un río o un arroyo de aguas tranquilas. ¿Estaría cerca del lago que habían visitado? Volvió a abrir los ojos. Las estrellas le saludaron con sus brillantes destellos. No era posible, cerca de la ciudad no se vería un cielo estrellado como aquel. Pero entonces ¿dónde estaba? ¿Quién se la había llevado? ¿Cuánto tiempo habría estado durmiendo? ¿Estarían bien Fany y Jordi? El estómago le rugió, tenía hambre. ¿Qué hora debía ser? Las estrellas seguían brillando con fuerza, pero tenía la sensación de llevar allí tirada e inmóvil horas. No obstante, no había logrado mover ni un sólo músculo. Sintió la risa arañarle la garganta seca, aunque ningún sonido escapó de su boca, allí tirada debía de parecer una muñeca de trapo olvidada por alguna niña de camino a casa. Sin duda sería una imagen digna de ver, ojalá entrase alguien para verla allí desmadejada y se riera de ella, al menos así se sentiría menos desgraciada. No iba a entrar nadie, lo sabía a pesar de no conocer el lugar, lo tenía tan claro como si llevase allí la vida entera. Los dedos de su mano derecha se movieron débilmente, repitió el gesto comprobando con cierto alivio que respondían a su voluntad. El resto de su cuerpo se negó a moverse, pero algo era algo y ese, sin duda, era un buen síntoma. Debía ser cuestión de tiempo que fuera capaz de levantarse, entonces podría salir de aquella casa ruinosa y mirar el exterior, igual encontraba alguna señal de tráfico o indicador para senderistas, algo que la ayudase a ubicarse. Tenía que estar cerca de Barcelona, también cerca del lago, porque habían llegado al hostal sobre las doce de la noche y seguía siendo noche cerrada. Si estaba cerca podría volver andando, no pasaría nada malo. La débil luz de la esperanza se abrió paso. Todo iría bien. El tiempo se le estaba haciendo eterno. Sin embargo, ahora sabía seguro que habían pasado, por lo menos, un par de horas desde que había abierto los ojos en aquel sórdido lugar. Su cuerpo seguía entumecido, pero empezaba a ser capaz de moverse. Al principio sólo los dedos de la mano derecha respondieron, ahora sus piernas comenzaban a sacudirse con timidez cada vez que intentaba moverlas. Dentro de lo malo al menos tenía la certeza de que, en algún momento, conseguiría levantarse y salir de allí por su propio pie. No obstante, y aunque pareciera absurdo, estar inmovilizada o no saber dónde se encontraba no era lo que más le preocupaba. Las bonitas y luminosas estrellas le parecían ahora algo maligno. Había llegado a pensar que, tal vez, era una lona decorada, cosa que descartó con la aparición de una tímida nube que eclipsó su brillo durante unos minutos. Era imposible que el cielo no hubiese variado en aquel tiempo, la posición de las estrellas era exactamente la misma que cuando había abierto los ojos. ¿Qué hora debía ser? ¿Cuánto faltaba para el amanecer? ¿La echarían en falta Fany y Jordi al levantarse? ¿Se preocuparían por ella? Sintió cómo su albornoz se mojaba al escapársele la orina. No le pareció tan grave teniendo en cuenta su situación. Un albornoz meado no la empeorarían en modo alguno, tampoco había nadie a quien pudiera importarle o quejarse. Suspiró con la garganta ardiéndole.3
18 de enero de 2026, 5:58