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La semana pasó lenta y tortuosa. No hubo noticia alguna de Silvia y sólo un par de llamadas de Márquez y Comas para preguntar por algunos detalles sobre su vida. Fany se sentía desesperada y hundida, aunque procuraba hablar cada día con Jordi para mantenerle animado. Le parecía importante hacerlo, porque su amigo no dejaba de culparse por lo ocurrido, a pesar de no serlo. La perspectiva de pasar un fin de semana sin un plan la agobiaba, era como si sin Silvia su vida hubiese quedado vacía de repente. Al salir del trabajo pensó en llamar a Jordi para proponerle hacer algo, pero él se le adelantó sugiriéndole la idea de volver al lago y buscar por los alrededores y después por Barcelona. Aunque no la encontrasen, quizás, darían con alguna pista, alguien que pudiera haber visto algo. Aquella llamada había supuesto un chute de energía que la empujó a levantarse temprano el sábado. Ya estaba en la calle cuando el Toyota de Jordi giró en su calle, la saludó bajando la ventanilla y la invitó a ocupar el asiento del copiloto tras informarle de que ya estaba arreglado el cinturón de seguridad. Fany no lo dudó y se subió de un salto para abrocharse el cinturón. —Estás muy animada. Ten en cuenta que es muy posible que no encontremos nada. —Lo sé, pero al menos haremos algo por encontrarla. No puedo seguir de brazos cruzados. Jordi puso en marcha el motor, esquivó los caminos de montaña que tanto le gustaban siguiendo las carreteras secundarias hasta llegar al desvío hacia el lago. Aparcaron en el mismo lugar que el sábado anterior con la diferencia de que en el parquin había bastantes coches. —Es como el primer día que estuve aquí —murmuró Jordi con la mirada clavada al frente. Su corazón palpitó con fuerza, le había parecido extraño no encontrar a nadie el sábado anterior, pero no había querido darle importancia para que las chicas no se preocupasen, por eso había dicho que no debía de ser tan conocido. —¿Qué? —La primera vez que vine también había coches aparcados aquí. Fany revisó el aparcamiento que estaba casi lleno. —Si hay gente podremos preguntarles si la han visto, ¿has traído los carteles de los que me hablaste? Jordi señaló el asiento trasero, Fany se estiró para poder alcanzar la bolsa de papel con los carteles impresos en su interior. Les echó un vistazo y acarició el rostro sonriente de Silvia, se la veía tan feliz y llena de vida que le parecía todavía más irreal su ausencia. —De acuerdo, salgamos del coche, pongámonos en marcha. Ella fue la primera en bajar, llena de energía y esperanza renovadas. Él se apeó apesadumbrado por el sentimiento de culpa que le ahogaba. Recorrieron los escasos quinientos metros en un silencio inusual y el lago les sorprendió con su brisa fresca. La explanada, desierta el sábado anterior, estaba abarrotada de familias. Las canoas surcaban la superficie cristalina del lago y los patos se arremolinaban en la orilla buscando algo que comer. La estampa era totalmente opuesta a la que habían vivido los tres juntos. Ignorando la sensación tan extraña que le producía un cambio tan significativo, Fany, se movió con agilidad entre las personas que pasaban allí el día preguntando si habían visto a Silvia. Se contagió de su entusiasmo y la imitó, mostrando su rostro sonriente en blanco y negro, preguntando si alguien la había visto en los últimos días. Negativa tras negativa no quedó nadie más a quien preguntar, se reunieron frente a la orilla. Por su manera de mirarle supo que ella tampoco había logrado nada. —Acerquémonos al hostal y revisemos los alrededores. Regresaron al coche y tras conducir un rato aparcó frente a la puerta del hostal. Jordi entró un momento a saludar a su amigo y para preguntar si había sabido algo de Silvia, ya imaginaba la respuesta, aún y así, cuando le dijo que no, se sorprendió. Le dejó un cartel y le pidió que lo colgase en algún sitio visible, Aleix prometió hacerlo y llamarle si descubría algo. Resistió la tentación de pedirle la llave maestra y revisar, una vez más, la habitación que había ocupado Silvia aquella fatídica noche en que desapareció. Fany estaba hablando con unos transeúntes cuando él salía por la puerta del hostal, les escuchó decir claramente que no la conocían ni la habían visto nunca. Otro fracaso más. Parecía que la había engullido el edificio, literalmente. Rodeó los hombros de Fany con el brazo y juntos recorrieron las calles cercanas buscando a alguien que la hubiera visto. Sin embargo, al final del día y tras mucho deambular, no habían logrado ni una mísera pista, eso sí, habían empapelado las calles con la foto de Silvia. —¿Volvemos a casa? —inquirió con desánimo Fany. —No, quedémonos esta noche en el hostal, seguiremos buscando por la mañana. Si Fany se sentía incómoda con la idea no dio muestras de ello. Le siguió en silencio y aceptó las llaves de la habitación que le tendía Aleix, Jordi por su parte pidió que le dejara quedarse en la habitación en la que había desaparecido Silvia. Su amigo le tendió la llave mientras Fany le lanzaba una mirada interrogante. No se atrevió a formular la pregunta que le asediaba en voz alta. Subieron las escaleras y cada uno se metió en su respectiva habitación. Jordi suspiró con pesar y se recargó contra la puerta. Había pedido instalarse allí en una especie de impulso macabro. ¿Qué iba a lograr quedándose allí? ¿Creía que obtendría alguna respuesta? Era absurdo, sabía que no servía de nada morar el mismo lugar en el que ella estuvo por última vez, pero había algo dentro de él que le empujaba a ello. Se dio una ducha rápida y al acabar se estiró sobre el lecho. ¿Habría hecho Silvia lo mismo? ¿En qué habría pensado al estar allí? ¿Había llegado a dormir antes de desaparecer? —¿Dónde demonios estás Silvia? ¿Qué te ha pasado? La bombilla del techo parpadeó. Cerró los ojos e inspiró hondo. —Joder. Cómo deseo volver a verte, Silvia.8
24 de enero de 2026, 4:31