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Fany llamó a la puerta de la habitación de Jordi y esperó repiqueteando con el pie en el suelo, la puerta no se abrió. Sacó el móvil del bolsillo y marcó su teléfono que sonó al otro lado de la puerta cerrada sin que nadie contestara. —No, por favor —jadeó golpeando la puerta con toda su fuerza—. No, no. No podía estar pasando lo mismo de nuevo, no podía perder a otro amigo de la misma manera. No era posible. No podía soportar la idea de que hubiese vuelto a ocurrir. —¡Jordi! ¡Abre la maldita puerta! —gritó golpeando con insistencia la puerta—. ¡Jordi! ¡No tiene gracia! ¡Abre o tiraré la puerta abajo! ¡Jordi! Estaba chillando y amenazándole con tirar la puerta abajo, aunque sabía que nunca le gastaría una broma tan cruel y macabra como aquella. Que tenía que haberle pasado algo malo. Hizo caso omiso de los pasos que subían a la carrera por las escaleras y siguió golpeando y chillando desesperada. —¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué estas gritando? Fany dejo de descargar su terror sobre la puerta y miró a Aleix con los ojos anegados en lágrimas. Temblorosa y con gesto infantil señaló la puerta cerrada. —No me abre, no responde. Aleix se tragó la respuesta sensata de que debía de estar en el baño, estaba al borde de la histeria y no quería empujarla al abismo. Asintió despacio como si se hiciera cargo de la gravedad del asunto, sacó la llave maestra del bolsillo y la metió en la cerradura, la giró con suavidad y la puerta se abrió con facilidad. Fany entró como una exhalación. La habitación estaba desierta, sobre la mesita de noche el móvil de Jordi permanecía en silencio. —No, por favor, otra vez no —rogó encaminándose hacia el cuarto de baño—. Por favor, no. Abrió muy despacio, la luz estaba apagada, la encendió con las manos temblándole y comprobó lo que tanto temía; estaba vacío. —Existe la posibilidad de que... —¡No! ¡Primero Silvia, ahora Jordi! ¡No van a volver! ¡Ya no están! Quería animarla, decirle que no se preocupase, pero no podía. No había visto salir a Jordi igual que no había visto a Silvia. Era como si a ambos los hubieran engullido las paredes, claro que eso no era posible, no obstante, no encontraba ninguna otra explicación lógica ni coherente.10
26 de enero de 2026, 13:29