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Con la ansiedad hormigueando en su cuerpo se acercó muy despacio hasta el cuerpo estirado en el centro de la habitación. Le conocía, lo sabía, aún y así, hasta que no estuvo a su lado no se atrevió a pensar que realmente pudiera ser él. Se arrodilló a su lado nerviosa y asustada y le zarandeó con suavidad. —Jordi. Él no contestó, permanecía con los ojos cerrados. Se dio cuenta de que tenía el pelo y el pantalón vaquero que llevaba puesto empapados, las gotas le perlaban la piel, era como si acabara de salir de una piscina y se hubiera tumbado al sol para secarse. Volvió a zarandearle, esta vez con más fuerza, pero con igual resultado. —Jordi, despierta. ¿Estás bien? ¿Dónde está Fany? Tenía tantas preguntas por hacerle que estaba impaciente por que abriera los ojos. ¿Estaría Fany por allí también? ¿Estaría bien? ¿Por qué no le había visto antes con todo el tiempo había estado allí? Se sentó en el suelo a su lado, observando como las gotas sobre su piel empezaban a secarse. Añadió una nueva pregunta a las que ya parecía coleccionar ¿por qué estaba mojado? Se oía agua, pero no la había visto por ninguna parte. Se entretuvo canturreando todas las canciones que se le ocurrieron porque mirar la nada, mientras esperaba en silencio, solo haría que el tiempo pasase mucho más despacio. Estaba perdiendo la esperanza de que Jordi abriese los ojos algún día cuando se entreabrieron. Se precipitó sobre él como si fuese una tabla de flotación en medio del mar tras un naufragio. Él le miró aturdido, sus labios se abrieron como si tratase de decir algo, sin embargo, ningún sonido escapó de su garganta. —Jordi, Jordi, ¿estás bien? Él no contestó. Silvia recordó el momento de despertarse allí, la parálisis de la que era presa todo su cuerpo. Le sonrió tratando de tranquilizarle. —Parpadea una vez si es que sí, dos si es que no, ¿vale? —Jordi parpadeó una vez—. ¿Estás bien? —De nuevo parpadeó una vez—. ¿Fany está aquí? Mantuvo los ojos abiertos. —¿No lo sabes? Parpadeó una. —Vale, no te preocupes. No pasa nada —sonó calmada, aunque no lo estaba. Tendría paciencia, esperaría a que pudiera moverse y hablar. Pensó que un buen entretenimiento sería explicarle lo que sabía, que no era demasiado, así ahorrarían tiempo y cuando estuviera en condiciones podrían hablar y teorizar con tranquilidad. Cuando Jordi logró moverse al fin, Silvia, creía que habrían pasado un par de horas, mas era difícil de calcular en un lugar en el que parecía que la noche era eterna. Le ayudó a incorporarse y se encontró refugiada entre sus brazos, atrapada en un abrazo sin fuerza, pero cálido. —Silvia —susurró sin apenas voz—. Dios mío, Silvia. Te he echado tanto de menos... —No exageres, sólo hemos estado separados unas horas. —¿Horas? La última vez que te vimos fue hace una semana. La declaración le cayó como un rayo. ¿Cómo podía haber pasado toda una semana? —¿Dónde estamos? —No lo sé, he estado fuera, pero no he encontrado ningún indicador. Y si vas a preguntarme cómo hemos llegado aquí tampoco lo sé. La esperanza de que Jordi pudiese arrojar algo de luz sobre su situación se desvaneció, si habían llegado hasta allí del mismo modo… Pero ¿una semana? Jordi le había dicho que llevaba una semana desaparecida ¿cómo era posible? Estaba segura de que sólo habían transcurrido unas cuantas horas desde que abriera los ojos hasta dar con él. Desde luego, de haber pasado toda una semana lo sabría, habría tenido que dormir y, posiblemente, a esas alturas estaría muerta de hambre. No obstante, no tenía la sensación de que Jordi le estuviera mintiendo, se le veía sincero y preocupado. —¿Crees que podrías ayudarme a caminar? Tengo las piernas adormecidas. —Sí, apóyate en mí. Silvia se puso en cuclillas, le ayudó a pasar el brazo por encima de sus hombros y con esfuerzo se pusieron en pie. —Por cierto, bonito atuendo —bromeó al fijarse en su albornoz. —Oh, venga, cállate. Ambos rieron. Ya no se sintió tan miserable ni tan expuesta. Agradecía infinitamente tener a Jordi allí a su lado.11
27 de enero de 2026, 16:39