El lago

Gen
R
Finalizada
5
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36 páginas, 17.675 palabras, 16 capítulos
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Aquello tenía que ser algún tipo de broma del destino, alguien allí arriba debía de estar castigándola por haber hecho algo terrible, aunque no sabía qué podía ser. Se quedó sentada sobre la cama, mirando las paredes, odiando las paredes por no ser capaces de hablar y explicarle qué había ocurrido con sus dos amigos. —Fany, abre la puerta. No lo hizo. Estaba encerrada en la habitación con la llave maestra entre las manos, no pensaba salir de allí hasta que descubriera qué había pasado, qué tipo de ser diabólico habitaba en aquel lugar. —Vamos, abre. No. No pensaba abrir. Si esa habitación estaba maldita y devoraba a quienes estaban en ella, pues perfecto, que la devorase también, que se la llevase al mismo lugar en el que estaban Silvia y Jordi, aunque ese lugar fuese el infierno. —Por favor, Fany, sal de ahí, vayamos a la comisaría. Rió con amargura. A la comisaría ¿para qué? Para volver a escuchar que se habían ido por voluntad propia, que hasta dentro de cuarenta y ocho horas no podía denunciar la desaparición. No, ni hablar. No iba a pasar por eso de nuevo. Que los llamase, que fueran hasta allí para desalojarla si querían, pero no pensaba salir por voluntad propia y sin presentar batalla. —Devuélveme a mis amigos —pronunció entre dientes con rabia—. Devuélvemelos ahora mismo, sitio del diablo. Si no me los devuelves te prenderé fuego, arderemos juntos, ¿me has oído? No sabía qué esperaba que ocurriera, pero no pasó absolutamente nada. —Te odio. »Devuélvemelos. Te odio. Silencio y sólo silencio esa fue la respuesta que recibió. En el pasillo Aleix hablaba con la policía explicándoles la situación, insistiendo en que no quería denunciar a Fany, pero que necesitaba que le ayudasen a sacarla de allí, que temía que pudiera hacerse daño a sí misma. —Devuélvemelos. ¿Por qué te los has llevado? Devuélvemelos. Un puño firme golpeando la puerta la sobresaltó interrumpiendo la letanía de su orden susurrada. No se levantó de la cama, ni hizo nada por abrir o contestar. Retomó la murmurante tarea de ordenarle a la habitación que le devolviera a sus dos amigos. —Somos la policía. Abra. No les contestó. —Si no abre nos veremos en la obligación de derribar la puerta. «Adelante, háganlo. Desvalijen la habitación al completo» pensó. A Aleix no le gustaría que eso ocurriera, pero a ella no le importaba, casi lo deseaba porque tal vez así se tomasen en serio la búsqueda de Silvia y empezasen con la de Jordi.
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