Capítulo 2 Beso
21 de enero de 2026, 16:41
CAPITULO 2.
La Corporación Capsula amanecía envuelta en un silencio extraño.
Demasiado silencio para tratarse del lugar donde entrenaba Vegeta.
Bulma salió al patio con una taza de café humeante, apenas despierta y con el cabello recogido de manera improvisada. El día anterior le había entregado a Vegeta el prototipo ya terminado para darle mas potencia a la cámara de gravedad. Antes de tomar un sorbo a su café, un estruendo seco la descolocó.
Una explosión sacudió el jardín y una nube de humo gris se expandió como si quisiera devorar toda la Casa.
—¡¿Qué demonios estás haciendo, Vegeta?! —exclamó Bulma, sacudiendo el aire con la mano mientras entraba.
Entre la cortina de humo emergió él. El torso marcado por manchas de hollín, el ceño fruncido, la respiración firme y esa actitud desafiante que parecía venir instalada de fábrica.
—Entrenar —respondió con un tono áspero—. ¿Qué más podría dentro de la cámara?
Bulma apretó los labios. Caminó hacia la máquina destruida y revisó los restos con movimientos rápidos, casi quirúrgicos.
—"Artefactos terrícolas"… —murmuró con ironía—. Lo que vas a conseguir es volar medio edificio.
Vegeta avanzó un paso. No intentaba ayudar, lo hacía para imponerse, para marcar que él no retrocedía ante nadie, ni siquiera ante ella.
—Si explotó, es porque estaba mal diseñada.
Bulma levantó la vista lentamente, como quien sabe que está a punto de iniciar una batalla verbal.
—¿Ah sí? Entonces explícame cómo es que todos mis inventos funcionan para el resto del planeta… excepto para ti, que los revientas como si fueran fuegos artificiales.
Él esbozó una sonrisa breve, arrogante. Una sonrisa que decía mucho más de lo que admitía.
—Quizá funcionan con humanos —respondió—. No con un Saiyajin.
—¿Y cómo lo vas a saber si nunca sigues mis instrucciones? —disparó Bulma, poniéndole un dedo en el pecho y empujándolo con firmeza.
Vegeta bajó la mirada hacia ese dedo desafiante y luego volvió a sus ojos. En su expresión había una chispa contenida, algo indescifrable que la hizo sentir un leve estremecimiento.
—Dije que no volvieras a tocarme.
—Y, ¿qué harás al respecto, príncipe? —replicó Bulma sin dudar.
El silencio cayó entonces, denso y eléctrico, como si el aire mismo se hubiera tensado entre los dos. Otra vez volvío a nombrarlo así, otra vez algo dentro de él se estremeció al escucharla.
Vegeta se acercó acortando el espacio entre los dos, analizándola con atención. Bulma sintió cómo la adrenalina le recorría la espalda. Él no era hombre de palabras dulces, pero esa mirada… esa mirada tenía un peso que podía derribar murallas.
—Deberías agradecer que entreno aquí —murmuró—. Te mantiene alerta. Y te gusta.
—¿Me gusta? —dijo ella, arqueando una ceja—. No me gusta que mis artefactos terrícolas, exploten.
Vegeta dio otro paso. Quedaron demasiado cerca.
Lo suficiente para que ella sintiera el aroma metálico del sudor caliente y el rastro de energía que aún vibraba en su piel.
—Entonces… —dijo en voz baja—. ¿Qué vas a hacer al respecto?
Bulma tragó saliva, él la ponía nerviosa. Lo miró a los ojos y lo besó. No lo pensó mucho, movida por un impulso que llevaba tiempo acumulándose.
No fue un beso tierno.
Ni preciso.
Ni siquiera bien dado. Se separó de él al momento. Pero Vegeta respondió uniendo sus labios nuevamente a los de ella. Bulma lo sostuvo con una fuerza que no sabía que tenía, sin miedo a la intensidad que él llevaba en cada respiración.
Fue un beso urgente, cargado de orgullo: un choque brusco de voluntades, de fuego contenido, de rabia y deseo reprimido.
Cuando se separaron, ambos estaban agitados, con el pulso acelerado.
—Te dije que no volvieras a tocarme… —gruñó Vegeta, aunque sus ojos desmentían cada palabra.
—Fuiste tú quien siguió con esto —respondió Bulma aun agitada casi inaudible.
Vegeta chasqueó la lengua y se dio la vuelta para dirigirse a la puerta y salir sin querer ser perseguido. Casi huyendo de aquello. Y aquello, apenas, era el inicio.