ID de la obra: 1606

3 años

Het
NC-17
En progreso
4
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 18 páginas, 6.559 palabras, 8 capítulos
Descripción:
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Capítulo 3 Trato

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CAPITULO 3 TRATO El humo de la explosión aún no terminaba de disiparse cuando Bulma regresó a la cámara de gravedad con una caja de herramientas en la mano. Habían pasado apenas unos minutos desde aquel beso torpe y ardiente, pero en su interior sentía que llevaban horas intentando recomponer su respiración. Tenía que concentrarse. Al menos, fingirlo. Dejó la caja sobre una mesa metálica y se inclinó sobre los restos de la máquina central, analizando cables chamuscados, placas fracturadas y tornillos lanzados por toda la habitación. Cualquiera habría pensado que una explosión así merecía un reporte técnico detallado. Bulma, sin embargo, tenía la mente en otro lugar. Exactamente en los labios de Vegeta. Sacudió la cabeza. Tenía que comportarse. —Esto ya no puede repararse, tendría que reconstruirlo de nuevo —mururó para sí misma y se levantó enojada hacia la habitación de Vegeta. —Si sigues forzando la maquina a elevaciones absurdas de gravedad, vas a terminar rompiéndola aun si la rehago desde cero. —¿No te enseñaron a tocar? —Dijo el príncipe saliendo de darse una ducha—. No es culpa mía que tus artefactos no estén al nivel de un guerrero —replicó Vegeta desde la puerta, con una voz grave que retumbó en el cuarto. Bulma lo miró de arriba abajo, aun con el agua cayendo por su cuerpo. El la miraba también apoyando un brazo en el marco de la puerta del baño, expresión calculada. Como si observarla fuera parte de su rutina de entrenamiento. Ella mantuvo la mirada fija, aunque podía sentirlo observando cada movimiento que hacía. Resultaba incómodo… y extrañamente estimulante. Vegeta no respondió. Caminó hacia ella con pasos firmes, casi silenciosos, y se detuvo a su lado. Bulma sintió un ligero escalofrío en la nuca cuando percibió su cercanía. Ese hombre irradiaba energía incluso cuando estaba quieto. —Pensé que ibas a arreglarla —dijo él. —Sólo iba a revisarla. Arreglarla depende de que tú no vuelvas a convertirla en chatarra. Vegeta inclinó la cabeza con una mezcla de irritación y diversión. Esa combinación peculiar que solo él podía llevar con tanta naturalidad. —Diseña algo más resistente —ordenó, como si fuera lo más lógico del mundo. Bulma exhaló despacio. Paciencia. Mucha paciencia. —Puedo construir algo más fuerte —dijo ella—. Pero para eso necesito que me digas qué demonios estás intentando lograr. No puedo adivinar tus límites si tú mismo los rompes cada vez que prendes la máquina. Vegeta abrió la boca para responder, pero la cerró de inmediato. Parecía debatirse entre su orgullo y la necesidad de hablar. —Necesito una máquina que aguante niveles de gravedad más altos. Cientos de veces la gravedad terrestre. Tal vez miles —dijo al fin, como si estuviera revelando un secreto demasiado grande. Bulma lo miró directo a los ojos. —¿Miles? Eso es… —Buscó la palabra adecuada—. Descomunal. Vegeta sostuvo su mirada con una firmeza que quemaba. —Eso soy yo. Hubo un silencio tenso. Denso. Cargado de algo que ninguno se atrevía a nombrar. Bulma tragó saliva y dio un paso hacia él. No con desafío, sino con la calma meticulosa de alguien que estaba evaluando un artefacto misterioso. —Está bien —dijo—. Te la voy a construir. Pero vas a hacer algo por mí. Vegeta alzó una ceja, intrigado y molesto al mismo tiempo. —No hago favores. —Esto no es un favor —respondió ella con seguridad—. Es un intercambio. Vegeta la observó como si intentara descifrar sus intenciones. —¿Qué quieres? Bulma cruzó los brazos, imitando involuntariamente la postura habitual de él. —Disciplina. Vegeta frunció el ceño. —¿Disciplina? —Sí. Quiero que sigas mis indicaciones técnicas al pie de la letra. Nada de elevar la gravedad sin avisar, nada de modificar parámetros, nada de entrenar a escondidas en plena noche. Si vamos a construir algo nuevo, lo haremos bien. ¿Entendido? Vegeta dio un paso hacia ella, recortando el espacio entre ambos. Bulma sintió su pulso acelerarse, pero no retrocedió. —Exiges demasiado. —Pues aun así… necesitas mi tecnología. Vegeta apretó la mandíbula con ese gesto suyo que podía significar tres cosas: irritación, orgullo o… reconocimiento. —No me gusta que me digan qué hacer. —No te estoy diciendo qué hacer —corrigió Bulma con suavidad firme—. Te estoy exigiendo que no destruyas lo que te voy a construir. Hay una diferencia. Vegeta permaneció en silencio unos segundos, analizando cada palabra. Luego dio un leve asentimiento, casi imperceptible. —Acepto —murmuró. Bulma sintió una chispa recorrerle la piel. Él nunca "aceptaba" nada. Jamás. —Perfecto —dijo ella—. Entonces tenemos un trato. Vegeta inclinó la cabeza, acercándose un poco más. Sus ojos brillaban con algo intenso, poderoso. —Ese beso… —dijo de pronto, con voz baja—. ¿Va a ser parte del trato? Bulma sintió que el aire se le detenía un instante. —Fue un impulso —respondió con una calma que no sentía—. Nada más. Vegeta sonrió. Una sonrisa peligrosa, breve, casi invisible. —Entonces será interesante ver qué pasa cuando no sea un impulso. Bulma abrió la boca para replicar, pero no supo que responder. —Empieza a diseñarla —ordenó, sin voltear—. La necesitaré pronto. Bulma salió hacia el pasillo. Entonces, por fin, dejó escapar un suspiro profundo. Ese hombre iba a volverla loca. Y lo peor de todo… es que una parte de ella lo estaba disfrutando.
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