ID de la obra: 1606

3 años

Het
NC-17
En progreso
4
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 18 páginas, 6.559 palabras, 8 capítulos
Descripción:
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Capítulo 5 La cocina

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CAPÍTULO 5 LA COCINA Una de las reglas en la casa Briefs era la puntualidad en el desayuno, la comida y la cena. A la señora Briefs le fascinaba cocinar, pero detestaba que su comida se enfriara o se desperdiciara. Y todos lo sabían. Todos. Incluso Vegeta. Si vivía ahí como un huésped más, era porque Bulma ya se había encargado de explicarle esa norma… y de asegurarse de que la recordara. La cena estaba servida antes de que Bulma bajara las escaleras. El aroma a arroz recién hecho, vegetales salteados y carne marinada llenaba la enorme cocina, transformando el ambiente en algo cálido y engañosamente pacífico. La señora Briefs decoraba la mesa con una sonrisa tranquila, como si no percibiera la tensión que venía acumulándose desde hacía días. Bulma respiró hondo. Tenía que controlar su expresión. Tenía que lucir normal. Vegeta ya estaba sentado en su lugar habitual, con los brazos cruzados y la mirada fija en el plato vacío, como si estuviera meditando. Pero cuando la escuchó bajar, alzó apenas la vista. Fue un gesto mínimo… suficiente para que el corazón de ella diera un pequeño vuelco. No. No ahora. No frente a él. —Buenas noches —murmuró ella, manteniendo la voz estable. Vegeta no dijo nada, pero inclinó la cabeza con un movimiento discreto, casi imperceptible. Una cortesía que no solía tener. Eso, para Bulma, era una señal peligrosa. El padre de ella ajustaba sus gafas mientras revisaba unos planos; parecía distraído, aunque en realidad lo observaba todo. La puerta principal se abrió de golpe. Bulma tuvo que cerrar los ojos un par de segundos antes de voltear. Allí estaba Yamcha, entrando con su uniforme de beisbolista: pantalones blancos ya manchados de tierra, jersey azul oscuro, el número 09 aún visible pese al sudor, y su gorra firmemente colocada. Cansado, pero sonriendo. Radiante, incluso. —¡Bulma! —La abrazó sin darle tiempo a apartarse. Ella respondió el gesto, mecánica. Automática. Yamcha era guapo, atlético, amable. Un hombre querido por miles de fans, especialmente mujeres jóvenes que lo seguían a cada partido. Bulma lo sabía. Lo toleraba. Y últimamente… le daba igual. —Pasé a verte —dijo él, dándole un rápido beso en la mejilla—. Tu mamá me invitó a cenar. Vegeta no movió un músculo. Ni uno solo. Pero su mirada… su mirada fue un filo de acero. Bulma lo percibió de inmediato. Y eso la puso al borde del colapso interno. Se sentaron: Bulma entre Yamcha y la mamá; Vegeta frente a ella; el padre en la cabecera, observando sin intervenir. Esa posición convertía la mesa rectangular en un escenario perfecto para un triángulo mortal. La señora Briefs sirvió los platos con entusiasmo ingenuo. —¡Qué bonito verlos a todos juntos! La comida sabe mejor cuando está caliente y en familia —canturreó. Vegeta murmuró un "gracias" casi inaudible. Yamcha lo oyó y arqueó una ceja, sorprendido por la cortesía del príncipe. El silencio cayó. Pesado. Casi insoportable. Bulma intentaba concentrarse en su plato, pero sentía los ojos de Vegeta cada vez que levantaba la mirada. Eran segundos breves, fugaces… pero cargados de un significado imposible de disimular. Él miraba su rostro, su boca, su gesto nervioso al sostener los cubiertos. Era una atención silenciosa, intensa, imposible de confundir. Yamcha también lo notó. Entre bocado y bocado, sus ojos viajaban de Vegeta a Bulma. Un vistazo al plato. Otro al príncipe. Una mirada de advertencia que no terminaba de pronunciarse. Vegeta sostenía el tenedor con calma, pero sus ojos lo delataban: no estaba comiendo… estaba vigilando. Los padres de Bulma intercambiaron una rápida mirada silenciosa. El padre de ella frunció apenas el ceño; la madre sonrió como si todo fuera adorable. —Yamcha —intervino ella alegre—, ¿cómo estuvo el partido? —Bien —respondió él, sin apartar la vista de Vegeta—. Ganamos. Pero… llegué un poco tarde. Había mucho tráfico. Vegeta levantó la mirada, solo un instante. Su expresión era impenetrable. Un muro. Bulma sintió cómo Yamcha "marcaba territorio" al colocar su mano sobre la suya, en la mesa, ligeramente visible. Ella tragó saliva. Vegeta lo vio. Y esa fue la primera vez, en toda la cena, que sus ojos se oscurecieron. No dijo nada. No hizo un gesto. Pero algo en su presencia cambió, como un leve temblor en el aire. Una emoción reprimida. Un sentimiento que él no admitía ni ante sí mismo. El padre de Bulma carraspeó. —Vegeta —dijo con voz tranquila—, quería preguntarte tu opinión sobre la modificación del generador gravitacional. Hice algunos ajustes desde tu última sesión de entrenamiento. Vegeta respondió con un asentimiento. Y habló. Y al hacerlo… Yamcha se tensó. Era la primera vez que escuchaba a Vegeta conversar con el padre de Bulma como si fueran dos científicos discutiendo un proyecto compartido. Con respeto. Con interés real. Bulma los observó. Era una escena nueva para ella. Sorprendente y perturbadora. El príncipe se veía cómodo ahí. Casi… integrado. Yamcha tragó aire. Bulma retiró suavemente su mano de la de él, fingiendo necesitar el vaso de agua. Vegeta lo notó. Lo sintió. El ambiente se cargó aún más. De repente, Yamcha rompió el silencio con un tono innecesariamente firme: —Bulma, ¿salimos vemos mañana? Ella parpadeó. Vegeta dejó los cubiertos con un ruido leve, casi inaudible, pero totalmente deliberado. Los padres de Bulma se quedaron inmóviles, observando la tensión entre los tres como si estuvieran frente a una obra de teatro. Bulma respiró hondo. —Claro —respondió ella, intentando sonar natural. Pero había algo en su voz… una grieta. Vegeta desvió la mirada al plato, fingiendo indiferencia. Pero su hombro estaba rígido. Demasiado rígido. Y Yamcha lo vio. La cena continuó, pero ya nadie estaba realmente comiendo. La guerra había empezado. Y los Briefs lo estaban viendo en primera fila.
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