CAPÍTULO 6 SORPRESAS
El postre llegó a la mesa con una fragancia dulce que contrastaba con el ambiente cargado. La señora Briefs colocó pequeñas tartas de frutas frente a cada uno, ajena a la tensión que se respiraba entre los tres jóvenes. Yamcha esperó a que todos tomaran el primer bocado antes de carraspear suavemente. No era casualidad. Era el momento perfecto para hablar "como pareja" … y asegurarse de que Vegeta lo escuchara. —Bulma —dijo con un tono amable, aunque firme—, ¿quieres ir al cine mañana conmigo? Hace mucho que no salimos como pareja. Bulma sintió cómo el corazón le palpitó con nervios. No de ilusión… sino de confusión. Vegeta bajó la mirada hacia su plato, como si la porcelana hubiese cobrado interés repentino. Pero Bulma conocía ese gesto ya. Era su forma de fingir indiferencia. —Claro, suena bien —respondió ella, esforzándose por sonar animada—. Hemos estado muy ocupados últimamente. Nos hará bien. Yamcha sonrió, satisfecho de su respuesta. —Perfecto. Y de hecho… también quiero invitarte a comer a un restaurante nuevo que abrieron en la ciudad. Es elegante, pero ganamos el último partido y nos dieron un buen adelanto. Quiero llevarte yo. Con mi dinero. Bulma dejó la cuchara a un lado. Había ternura real en esas palabras… pero también una insistencia un poco territorial. —Yamcha, no tienes que preocuparte por eso. Ya sabes que no importa si es elegante o sencillo. Podemos comer donde sea. Él soltó una risa corta, sin humor. —Eso lo dices porque eres rica. Puedes ir a esos lugares cuando quieras. Pero para mí… es importante poder llevarte. Quiero sentir que puedo darte algo, ¿sabes? Las palabras quedaron flotando sobre la mesa. No eran ofensivas… pero sí incómodas. Vegeta se quedó pensativo. Acababa de notar, que Bulma pertenecía a una familia importante en este planeta. La comida sin límite, la despreocupación por los gastos, la inmensa casa, los enormes jardines, la tecnología, su cámara de gravedad personal… Todo eso debía costar una fortuna. Y por primera vez, Vegeta se preguntó qué tanto desconocía de ella. Cuando la cena terminó, Yamcha se levantó de la mesa y se inclinó hacia Bulma. —Entonces… mañana paso por ti a las cinco. —Ella asintió con una sonrisa. Le dio un beso suave, pero lo suficientemente visible como para remarcar su posición. Bulma fingió que no le afectaba. Vegeta mantuvo la vista fija en su plato vacío. La noche terminó sin más palabras. Al día siguiente La hora de la comida llegó con calma. La familia se sentó como siempre, lista para disfrutar el platillo caliente. Vegeta comía en silencio, como acostumbraba. El teléfono sonó. Bulma se levantó a contestar. —¿Sí? —Bulma, lo siento… —era Yamcha, con voz agitada—. Surgió un partido amistoso de último minuto. Tengo que ir sí o sí. Es importante para el equipo y… para mi contrato. Bulma cerró los ojos. Era tan típico… tan predecible… Pero también era su trabajo. Su forma de ganarse la vida. —Está bien —respondió ella con paciencia forzada—. No importa, nos vemos otro día. Colgó y regresó a la mesa con una sonrisa tan débil como su ánimo. Vegeta la observó de reojo. No preguntó nada, pero lo entendió todo. Se dejó caer sobre la silla, con pesar. No tenía tantas ganas de salir con Yamcha, pero sí tenía ganas de salir y divertirse. Así que se desanimó un poco. Comío en silencio, pensativa. Y al final tomó una decisión impulsiva: Lo sorprendería. Lo iría a buscar al final del partido para compensar el conflicto de la noche anterior. Quería hacer algo por su relación. Quería "revivirla". Y, sobre todo… quería dejar de pensar en Vegeta. El estadio — Más tarde El sol ya había empezado a caer cuando Bulma llegó al estacionamiento. Mantuvo las luces apagadas para no llamar la atención. Solo quería sorprenderlo con un abrazo, un beso y una salida tranquila que les recordara por qué estaban juntos. Esperó varios minutos. Miró la hora. Luego el reloj del tablero. Luego la puerta metálica que daba al vestidor. Sintió emoción al ver cómo reaccionaría él cuando la viera. Y un poco de esperanza, de poder rescatar lo que quedaba de su relación. Hasta que lo vio. Y la esperanza se hizo añicos. Yamcha salió riendo, con su uniforme aún puesto, la gorra en la mano, sudado pero alegre. No venía solo. Del brazo de él venía una mujer alta, hermosa, con el uniforme de porrista impecable y una sonrisa demasiado confiada. Su postura casi presumiéndolo. Bulma sintió una descarga de calor violento por el pecho. Orgullo herido y algo de humillación. La porrista se inclinó hacia Yamcha y le dijo algo al oído que provocó que él riera como si no tuviera preocupaciones en el mundo. Bulma apretó el volante con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. No le dolía por amor. Le dolía por dignidad. Jamás permitiría que otra mujer la ridiculizara. Ni que Yamcha la tratara como si fuera un accesorio más en su vida. La porrista se pegó aún más a él. Él no la apartó. Bulma sintió una mezcla peligrosa de coraje y claridad. Y ahí, sola en su coche, estacionada en la sombra, susurró algo que no había querido admitir hasta ahora: —Esto… se acabó. La decisión no era solo de orgullo. Era algo más profundo. El capítulo cerró para ella en ese instante.Capítulo 6 Sorpresas
21 de enero de 2026, 16:44