Verdad Incómoda
16 de marzo de 2026, 12:05
En silencio continuamos almorzando, disfrutando de la comida. De vez en cuando me fijo en Zoro tratando de conseguir alguna pista de hacia donde iría la conversación o al menos si estaba molesto o tranquilo.
No podía percibir nada de él.
Levanto la vista y me dedico a observar a Sanji. Con cuidado, prepara con mucha atención su comida. Prueba, condimenta, revuelve y trae los platos para servirlos en él.
Su voluntad de ser tan atento, de tanta preocupación por sus compañeras me dio una puntada en el pecho. Mi plato parece querer decirme algo.
Quizás me gustaría que me traten así.
No, no puedo desear algo así. No es mi realidad.
No va conmigo.
Tengo que esforzarme para sobrevivir ¿qué pasa si no consigo quedarme con ellos? ¿dónde iré luego de llegar a la siguiente isla? ¿Donde podría probar para conseguir trabajo? ¿Donde dormiré?
Sí, en eso debería estar pensando. No puedo distraerme—
Zoro se ha quedado observándome. Le mantengo la mirada.
Sanji se aclara la garganta.
—Antes de que se vayan, ¿alguien puede ayudarme con unos sacos de harina? Hay que moverlos al almacén.
Franky levanta una mano.
—Yo puedo.
—Yo también —dice Ussop.
Aparto la vista y termino lo que queda de mi plato, dejo los palillos a un lado —Yo ayudo después.
Zoro termina de comer también, acomodándose para prestar atención a la conversación.
—No hace falta —dice Sanji rápido—. Es pesado. No creo que puedas con tu constitución.
Sonreí a medias digiriendo el hecho que me subestime —Está bien. Primero tengo que hablar con Roronoa.
Y él parecía interesado en la interacción entre los dos, hasta que finalmente ríe seco —Vamos a la cubierta.
Asiento y lo sigo hasta la cubierta, apartándonos de los demás. No tengo idea de porqué podría querer hablar conmigo. Se tira sobre un taburete y extiende las piernas, suspirando.
—Oye.
Aquí vamos —¿Qué?
Se apoya contra el barandal, brazos cruzados. No parece incómodo. Tampoco curioso.
Sólo interesado.
—¿Esto... es algo que estás guardando en secreto? —pregunta sin rodeos dejándome perpleja.
Parpadeo.
—¿Qué cosa?
—Que seas mujer.
No hay juicio en su voz. Tampoco sorpresa.
Lo observa como quien ya lo sabía, pero necesitaba confirmarlo.
—No —respondo tras un segundo—. Pero si va a ser una molestia... —no tengo ganas de explicarme. Me encojo de hombros.
Permanezco bajo su escrutinio en silencio. Parece estar pensando en algo. Cambio mi peso de un pie a otro.
—Mientras trabajes y cumplas con lo que le has dicho al capitán... lo demás no me importa.
No es una orden.
Es un acuerdo.
No me ve como alguien débil.
Asiento.
—Lo haré.
Zoro se aleja sin decir nada más.
Y por alguna razón, siento que acabo de ganar algo importante.
—Hey.
Se detiene.
—¿Puedo entrenar contigo Roronoa Zoro?
Se gira por completo a mi, descolocado—¿Por qué?
—Necesito sobrevivir. Necesito ser más fuerte —trago nerviosa—. Si quieres algo a cambio...
—No, no —dice hastiado. Llevándose una mano a la frente un momento, luego la baja—. Mierda. Está bien.
—Gracias Roronoa —digo inclinandome por respeto.
—Sólo dime Zoro —dice cansino y ahora sí lo dejo ir.
Volviendo a la cocina, noto que Sanji sigue allí lavando los utensilios. Escucha que abro la puerta por lo que gira hacia mí.
—Vaya, eso fue breve.
—No parece un hombre de muchas palabras.
—Pues no lo es.
—¿Dónde están las bolsas que quieres que se muevan? —digo suspirando.
—Déjaselo a Franky, flacucho.
¿Me acaba de apodar flacucho? Aprieto los puños —Sólo dime donde están.
Veo que saca un cigarrillo despacio y lo enciende. Le da una calada y me mira un momento.
Sigo esperando.
—Están por allá —señala al fondo indiferente a mi enfado. Supongo que tendré que ver donde exactamente.
Las encuentro rápidamente. Pruebo un poco para constatar el peso y... creo que puedo cargarlo.
—Sólo déjalo —lo escucho a lo lejos—. Puedes hacer otra cosa.
No. Tengo que poder hacerlo.
Me pongo de rodillas al suelo y la pongo sobre el hombro, por la espalda. Me golpea fuerte que casi caigo de cara. Dios, creo que es más de lo que cargo en la isla.
Inhalo y exhalo dos veces y luego me esfuerzo a ponerme de pie. Las sujeto como puedo con las manos.
Lo ignoro mientras camino el pasillo hacia la puerta. Está de pie observándome.
—Déjame te ayudo.
—No.
—No tienes que ser orgulloso.
—Sí, tengo que serlo. Ahora... déjame.
En cuanto salgo de la cocina veo a Ussop caminar hacia mí.
—¡Oye! ¡Venía para cargar eso!
—¿Dónde lo llevo? —le apresuro.
—Eh, sube las escaleras y en el fondo del pasillo de la izquierda.
Asiento y empiezo a caminar, despacio. Respiro lo mejor que puedo mientras subo las escaleras.
Puedo hacerlo, puedo hacerlo. No es para tanto.
Estoy a punto de llegar cuando Franky sale por la puerta —Oh, lo trajiste. —y sin pensarlo me lo quita del hombro y vuelve a ingresar a la habitación.
Me limpio el sudor de la frente con la mano deteniendome justo ahí para recuperarme. Dios, necesito agua.
Franky vuelve a salir y mi mascara de indiferencia resurge del fondo —¿Sabes si ya está todo?
—Faltaba uno, pero Ussop fue por el.
—De acuerdo —camina hacia mí—. Vayamos al taller.
Le sonrío —Claro, me gustaría empezar.
.
.
.
Escuchamos dos golpes en la puerta.
—¡Adelante! —grita Franky.
Brook aparece asomándose —Vaya, ya empezaron a trabajar tan rápido. Yohohoho! Están todos cubiertos de aceite.
Los tres quedamos en silencio esperando que diga algo más. Franky y yo estabamos reparando un proyecto suyo, que era un submarino además del otro que ya tiene. Nunca había hecho algo semejante, así que estoy muy emocionada por ayudarlo y aprender.
—Vamos a zarpar pronto. Por si quieres despedirte de alguien —dice amablemente.
Las tumbas de mis padres quedaban lejos, de Thea ya me había despedido así que... —No, estoy bien. Podemos irnos.
—¿Segura? —escucho a Ussop atrás.
—Sí, no se preocupen por mi.
Me desvinculo del silencio instalado por mi respuesta, no parecen estar muy convencidos. Lo último que quiero de ellos sería lastima.
—De acuerdo —prosigue Brook—. No olviden comer, están encerrados aquí desde el mediodía.
Oh mierda, tiene razón. Vemos por la ventana que el sol ya está por meterse.
Se ponen de pie así que yo los sigo, dejando mi destornillador a un lado con las demás herramientas.
—Disculpa... —dice en el momento en que Franky y Ussop pasan por su lado —pero todavía no se tu nombre.
—Greta.
—¡Oh Greta! Mucho gusto. Me llamo Brook.
Le sonrío divertida, pues ya me sé su nombre.
—Es usted una persona muy diligente Greta-san.
—Gracias Brook.
—Yohohoho! Tener a Edina y a ti ha hecho las cosas más animadas por aquí.
—¿Edina? Es la nueva integrante ¿no?
—Sí, ahora mismo debe estar con Nami y Robin en su habitación.
¿Y yo dónde iba a dormir? —Ah, bien. Espero conocerlas más adelante.
—¡Ah! —veo que Ussop regresa junto a mi apenado— Lo siento. Dije que primero tenías que asearte y cambiarte pero nos pusimos a trabajar enseguida. Puedo pedirle a algunas de las chicas que te presten su ropa...
—Eh, no, no hace falta. Si aun no zarpamos, podría ir por ropa ahora mismo.
—¿Segura? No creo que les moleste.
—No, es que... para el trabajo y para estar cómoda... ya sabes.
Me miró sin entender —De acuerdo, si es lo que te parece mejor.
Asiento —Gracias Ussop —digo despidiéndome para ir a la tienda de Thea.
Mientras voy saliendo hacia la cubierta veo a Nami y Robin caminar charlando animadamente hasta que calla abruptamente al verme.
—¡Oh! ¿Quién eres tu?
—Es el chico que te dije que se unió a nuestra tripulación temporalmente.
"Temporalmente".
—¡Ah! ¡Sí! —Se lleva las manos a la cintura observandome de pies a cabeza—. Ya estuviste trabajando con Ussop y Franky ¿eh?
—Eh... sí —no esperaba que me hable tan amistosamente —. Ahora iré por mis cosas antes de partir.
Recorre mi rostro unos segundos—¿Cómo te llamas?
—Greta.
—¿Greta? Vaya, eres muy bonita.
Veo que Robin ladea la cabeza —Creí que como te llamáramos no importaba.
Uh, lo dice por nuestro encuentro.
—Lo siento por no aclararlo.
—Está bien —dice sonriendo.
—Disculpen —me despido para retirarme.
—¡Espera! —giro a verla de vuelta—. ¿Podemos acompañarte? Aun no tuve tiempo de recorrer la isla. ¿Qué dices Robin? ¿Te apuntas?
—Por supuesto.
Espera ansiosa mi respuesta. Le sonrío levemente.
Quizás ellas le cambie la idea impregnada de las mujeres a Thea.
—Síganme.
Descendemos el barco y no sé qué exactamente decir. Nami habla con naturalidad a Robin, llenando el silencio que causo. No puedo evitar sentirme un poco de lugar ante la vibra que emanan las dos chicas.
¿Cómo pueden tener semejante energía magnética? La seguridad en ser ellas mismas es admirable.
—¿Greta?
—Si, dime —digo despertando de mi ensoñación.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro.
—¿Por qué viajas con nosotros? Como sabrás nos persigue la marina... e increíblemente siempre nos metemos en problemas —dice lo último rápidamente.
Caminamos por las calles tan deterioradas como las casas, las paredes humedecidas y algunos techos caídos ya abandonadas a su suerte. No quiero vivir así, en un ambiente así.
—Quiero vivir mejor. Quiero una mejor vida para mí y acá no lo conseguiré. Además... —se acerca a mi lado para escucharme mejor. Me muerdo la lengua unos segundos, no puedo creer que lo voy a decir—. Además quiero demostrarle a Thea que puedo hacerlo.
—¿Thea?
—¿Es la mujer de la tienda? —pregunta Robin.
Asiento incómoda. Ya les dije demasiado.
—¿Y que quieres demostrarle? —la voz suave de Nami me alienta a seguir hablando.
No me atrevo a mirarlas mientras doy rienda suelta a mi descargo—Que a pesar de ser mujer eso no limita mis capacidades. Que puedo hacer lo mismo que todos y, aunque muchas veces ya se lo demostré en esta isla, ella no parece comprenderlo—Siento la mirada de las dos sobre mí —. Debe ser tonto lo que me preocupa ¿verdad?
—No —dice Robin suavemente—. Es normal si ella no ha conocido más allá de esta isla.
—¡Claro que puedes hacer mucho más! —la mano de Nami azota mi espalda animándome. Trastabillo—. Sólo tienes que aprender las herramientas correctas para aplicarlas.
En mi pecho se deshace ligeramente un nudo que no sabía que existía, dándome un poco de esperanza a algo que no sé que es exactamente.
—¡Confía en nosotras! Hemos conocido a muchas mujeres increíbles en nuestro viaje ¿verdad Robin?
—Así es. No debes preocuparte.
—Creo que mencionaron a algunas Ussop y Franky.
—Vas a divertirte con nosotras. Edina también es maravillosa. Me alegra que se unan más chicas.
Vamos camino hacia la tienda con Nami contándome un poco de cómo era su vida antes. La rapidez con la que me tomó confianza me hace sentir bienvenida cada vez más en la tripulación. Quizás sólo soy yo quien es tan recelosa.
Entramos y la cara de confusión de Thea me recibe. Le sonrío ligeramente —Hola. Volví.
—¿Tan rápido? ¿Te echaron?
Nami se ríe ligeramente —Sólo vinimos por sus cosas.
Si antes había abierto los ojos de la impresión, ahora los tenía salientes —¿Tú también eres parte de los Sombreros de Paja?
—La Gata Ladrona y la Niña Demonio —digo señalándolas.
Ellas parecen cómodas con el apodo ya que sonríen.
—Ah, es cierto. Habían dos chicas con ellos —dice todavía sorprendida. Se limpia la mano nerviosa por sus pantalones.
—Nami, Robin, les presento a Thea. Thea —les señalo de vuelta— Nami y Robin. Aunque a Robin ya la conociste antes.
—¡Un gusto!
—Un placer.
Veo que se le congela una sonrisa en respuesta. Supongo que ella no sabe si es realmente un gusto —¿Entonces vienes por algunas cosas?— me pregunta.
Asiento —Ropas más que nada.
—Okay, puedes pasar —dice destrabando la puertita a su lado.
—Esperenme un segundo.
—Claro —responde Nami y se pone cómoda en una de las sillas. Esa simple acción hace que toda la tienda parezca que le pertenece. Con gracia cruza las piernas y apoya el codo en el mostrador.
Robin se sienta a su lado y es lo mismo. Se cruza de piernas esperando a que me retire sonriendo.
Las dos no pintan para nada de extrañas en el lugar y me deja sin palabras.
—¿Qué pasa? —pregunta Robin.
—No, no es nada —volteo avergonzada de verlas tan directamente.
Demonios, ¿cómo pueden hacer eso? ¿Cómo se puede ser tan elegante y a la vez tan formidable? No hay manera de que pueda transmitir lo miso.
Tomo una mochila vieja mía y empiezo a cargar mi ropa. Remeras, pantalones, guantes de trabajo y mi zapato con punta de acero.
Observo mi goma sobre la mesita de mi pieza y me río. Voy al baño a recoger lo que queda ahi.
—¿Siempre hace tanto calor aquí? —escucho la voz de Nami mientras sigo empacando.
—Sí, a veces evitamos salir porque ya es peligroso para la salud.
—Ugh, me hace querer volver a tener el pelo corto.
—Tienes un cabello hermoso, no te lo cortes. Otra por impulsiva se lo cortó esta mañana.
—¿Greta se lo cortó hoy?
—¡Tenía un cabello hermoso y ahora se empeña en verse como un chico. Siempre buscando demostrar que puede con todo—
Recojo todo rápidamente y corro hacia el umbral que divide las habitaciones —No sé de dónde sacaste que quiero verme como un chico.
—Sólo mira como te comportas y ni te cuidas.
Evito mirar a las dos chicas que intercambian miradas y guardan silencio.
—Estoy trabajando. No sé qué esperas que haga.
—Sólo quiero que te arregles un poco más y te cuides—
—No hace falta, puedo hacerlo sin arreglarme —le corto en seco apretando la mandíbula.
—Ya, ya —dice Nami tratando de calmar el ambiente sonriendo—. No discutan. Es la última vez que se verán y no quieren despedirse de esta manera ¿verdad?
Tiene razón pero... ¿por qué tuvo que decir todo eso a dos extrañas? Suspiro profundamente quitándome el malestar.
Thea me mira unos segundos y niega con la cabeza —Es una chica que no quiere sentirse vulnerable. Cree que ser femenina lo hace.
—Nunca dije eso —siento mi rostro ponerse rojo.
¿Cómo se atreve...?
—Así piensas, sólo no te das cuenta.
—¿Qué? Tú siempre etiquetas las cosas que hago como si fueran de chicos, como si una chica no debería hacerlo—digo poniéndome la mochila al hombro—. ¿Crees que hay cosas que nos limitan? Pues mira a estas dos chicas. Navegan, combaten y enfrentan cosas nuevas todos los días—
—Sí, supongo que puede ser así. Pero estas mezclando las cosas Greta. Ser femenina no es símbolo de debilidad y yo lo que siempre te digo es—
—No voy a dejar de navegar ni conocer el mundo por el peligro que puede perseguirme el ser una chica. Yo—
—Suficiente —dice Robin cortante—. Ninguna quiere dar la razón a la otra entonces es una conversación sin sentido —gira hacia Thea—. Entiendo que estés preocupada por ella pero no es la manera.
Nami tamborea la mesada con sus dedos un momento —He estado en muchos lugares peligrosos cuando fui ladrona y Robin tuvo que atravesar por muchas dificultades también para sobrevivir del Gobierno Mundial. Sabemos el peligro que significa ser mujer en este mundo. Pero no juzgamos lo que hace otra gente por sobrevivir.
Estoy avergonzada. No puedo ni mirarlas.
—Lo siento, me disculpo. Estuve fuera de lugar —dice Thea y yo ya no quiero oir más.
—Me voy Thea —digo pasando mis manos por mi cabello corto, que ahora en vez de que el cambio de imagen fuera por un nuevo inicio va a recordarme que sólo soy una chica queriendo verme ruda. Me rio nerviosa— Siento haberte molestado si lo hice alguna vez viviendo contigo.
—¡Claro que no! Me hiciste muy feliz como compañía en este lugar. Lamento si fui muy dura contigo todo este tiempo.
Niego con la cabeza cansada —No importa más.
Se acerca un poco a mi y está dudando en qué hacer. Que no lo haga, nunca fuimos afectuosas entre nosotras.
Sin embargo lo hace. Me abraza incómodamente unos segundos y yo correspondo torpemente. Le doy algunas palmadas en la espalda.
—Quiero que sepas que vayas a donde vayas y hagas lo que hagas, tu madre estaría muy orgullosa de ti. Por tu perseverancia y tu esfuerzo en continuar aquí.
Sé que el "aquí" no se refiere a la isla.
La miro como si me hubiera abofeteado fuerte. Nunca me había vuelto a mencionar a mamá. Sabía que eran amiga de mis padres... pero nunca se había animado a hablarme sobre ellos.
¿Por qué lo hace ahora?
Volteo atontada y cruzo la puertita rodeando el mostrador.
—Cuídate mucho y no olvides ser feliz ¿de acuerdo?
La miro unos segundos memorizándome su rostro. Capaz sea la última vez que la vea.
—Sí. Adiós Thea, gracias por todo hasta ahora.
Asiente y veo que sus ojos se humedecen. Me pongo directamente en marcha.
Nami y Robin me dan un poco de espacio mientras caminamos. Ambas no dicen nada.
—Siento que tuvieran que escuchar esa discusión.
—No te preocupes por nosotras —dice Nami—. ¿Estás bien?
—Sí, sólo olvídenlo todo.
Siento como si sus miradas me clavaran la espalda y yo quiero matarme ahora mismo de la vergüenza. Deben estar analizando la conversación con Thea con todo lo que ha pasado en el día: el que trabaje con Ussop y Franky, que me haya cortado el cabello y que no me haya molestado que me tomaran como un chico.
Demonios soy una idiota. Me paso la mano por el pelo y eso sólo me hace sentir peor.
Mi estómago ruge. Demonios, no he comido desde el mediodía.
—Bueno, ya sé qué puede animarnos —Robin se acerca a mi lado—. Un poco de la comida de Sanji.