Capítulo 3. S
9 horas y 13 minutos hace
Recuerdo…mmm..recuerdo observar la plaza a lo lejos, el verano ya se sentía en el aire y era notorio en las actitudes de los demás adolescentes. Había muchos por los alrededores, luces de colores enganchadas a las farolas o en los escaparates de las tiendas, la gente en los bares, la plaza estaba viva y repleta de gente. Música provenía de un bar, giré mi cabeza y lo vi sentado en el borde de la fuente.
Por unos segundos me sentí ensimismado, pero a la vez tenía la misma sensación que tienes cuando quieres salir huyendo, aquel instinto animal que aún los humanos conservamos: huir cuando vemos algo que relacionemos al peligro. Él aún no me había observado, no había visto como lo veía atentamente desde la lejanía. Me quedé ahí unos minutos, detrás de un poste de luz, asomándome para verlo, ver que hacía.
Bastian revisaba su reloj, miraba a sus alrededores, le pasaba la pelota a unos niños cuando la bola caía a sus pies, sonreía, actuaba de forma amable, se arreglaba el pelo con sus delgados dedos, se rascaba la nuca y por último se volvió a atar los zapatos que llevaba, subiendo uno de sus pies al borde de piedra de la fuente en el centro de la plaza. No pude evitar sacarle una foto. Tampoco sé por qué lo hice. No sé qué coño estaba pensando ahí. No sé nada. Pero luego la miré y me extrañé de mí mismo, así que la eliminé, una pequeña animación de la foto yéndose a la basura de mi teléfono. Sacudí mi cabeza y lo guardé en uno de mis bolsillos.
…
Comencé a caminar hacia Bastian, lo saludé de forma muy disimulada con mi mano, mi otra mano arreglando un pelo que cruzaba por mi rostro, jugueteando con las puntas de ese mechón, mis cabeza algo ladeada y mis ojos viendo a otro lugar, incluso si mis pies seguían caminando a él. Cuando estaba en frente suyo dejé que ese trozo de cabello se deslizara por mis dedos, mi mirada yendo a los ojos del azabache.
—”Perdón por tardar tanto.” Dije algo nervioso, restregando mis manos contra la tela de mis pantalones. Una suave carcajada. Él soltó una también, se fijó en el gesto de mis manos y luego me miró a los ojos, contacto visual.
—”Está bien, no te preocupes.” No le puso mucho pensamiento a eso y continuó con otro tema. “¿Todo bien? Yo ya estoy listo, cuando quieras vamos.”
—”Ah, ¿a dónde?” Dejé de mover las manos y solo esperé a que respondiera.
—”Mi familia tiene un chalet al que vamos en vacaciones, pero cuando estamos en temporada normal no se asoman por ahí. Entonces robé la llave y ella nos está esperando ahí. Así que iremos, tal vez el camino se haga largo andando, pero tú no te preocupes jajaja.” Se levantó de la fuente y murmuró un gentil ‘¿vamos?’, un sutil gesto con su mano, sus cejas se alzaron por unos segundos mientras dijo eso.
—”Entonces nos está esperando…¿así sin más?” Pregunté confuso.
—”Claro, está muy tranquilita, se habrá quedado de piedra.”
Cuando dijo eso me sentí algo extrañado, pero de todos modos lo seguí ciegamente. Caminamos, hablamos sobre música, arte, cosas de clase, gustos y más. Me di cuenta de que también le gustaban otros grupos de música similares al estilo de Deftones que yo también conocía. He notado que Bastian es bastante intelectual, sabes de muchas cosas distintas, también es artístico incluso si me ha dicho que no diría que sabe dibujar pero de vez en cuando lo hace, me gustaría ver como pinta. ¿Qué forma tendrán sus trazos? Mis dibujos suelen ser algo puntiagudos, no sé si es la forma de decirlo, además de que he notado que siempre suelo hacer caras sombrías o apenadas, rostros solitarios, de vez en cuando me inspiro en lo que estoy escuchando y dibujo a partir de ello también. Creo que el estilo de un dibujante, adquirido por sí mismo y sin tener tanta inspiración de los demás, dice mucho de cómo es, entonces siento mucha intriga por cómo lo hará él. ¿Lo entendería más así? ¿Averiguaría algo? Me parece que tenemos más en común de lo que pensaba.
…
Tras unos minutos llegamos a la zona aislada de la ciudad, donde habían varios edificios de mayores dimensiones, entre ellas el chalet de la familia del pelinegro. Sacó unas llaves de su bolsillo, el diseño era simple y no había ningún llavero que las decorase. La puerta se abrió con un chirrido metálico, era ahí donde el caos iba a suceder.
Ese Koi aún era tan inocente, por una parte lo envidio: me hubiese gustado no haber visto cierto cosas que mencionaré luego, pero…también sentí otras sensaciones que no se supone que debería haber sentido ante tal situación. De por sí no soy alguien que tenga su moral bien definida, ¿sabes? Tampoco tengo un gran sentido de la justicia, soy bastante indiferente ante lo que se define como las injusticias o lo incorrecto…creo que…
si algo se siente bien
entonces
está bien.
—”Entonces, ¿aquí pasáis las vacaciones?” Le pregunté mirando a mis alrededores, el césped era medianamente largo, las ventanas y puertas cerradas, el silencio en las otras casas, apenas coches pasando. En contraste con la plaza donde antes estábamos, esto estaba muerto.
—”Sí, a mi padre le gusta este sitio porque está retirado, así que venimos los dos cuando hay tiempo.” Caminé detrás de él, siguiéndolo, parecía que estábamos yendo a la parte trasera del terreno.
—”¿Y tu madre?” No respondió y solo se paró frente otra puerta de metal, era baja y negra, la pintura algo desgastada en ciertas partes. Él abrió la puerta.
—”Aquí es.”
Ambos pasamos y lo que vi al otro lado era..
—”Ostia puta…” Dije sorprendido, mis ojos posados en el suelo donde Yamara estaba acostada, aquí el césped era corto, pues este era artificial. Detrás una piscina cubierta por un gran telón de plástico azul oscuro.
Yamara estaba acostada, atada y dolorosamente amordazada, se podía ver la tensión con la que la chica tenía que sujetar la mordaza con sus dientes, un rastro de lágrimas en su rostro, inmóvil. La imagen me dejó helado en el sitio, no fue hasta ese momento que salí de aquel pensamiento de que Bastian estaba bromeando.
Sin embargo; no me acababa de molestar esto. La veía y mi brújula decía que no estaba del todo mal esto.
Me había quedado perplejo, observándola hasta que sentí en mis manos unos guantes, sin decir una palabra me los puse, miré a Bastian con una mezcla de anticipación, y es que me sentí emocionado en ese momento…extrañamente emocionado, no era una sensación normal, tal vez se parecía a la adrenalina.
—”¿Te gusta la violencia, Koi?” Su voz preguntó en un murmuro, sus pies caminaban hacia Yamara, se quedó en frente de ella.
—”No lo sé…supongo que sí.” Al principio dudé en cómo responder, no obstante; confesé, utilicé el mismo volumen de voz, mis dedos sintiendo el material de los guantes por dentro.
Me estremecí, mis hombros se tensaron cuando le vi pegarle una fuerte patada en el estómago a Yamara de forma tan cruda. La queja de la otra era evidente al recibir el golpe. Y desde la distancia yo solo observé como Bastian no cesaba, pegándole a ella en el vientre y estómago..pisándolo incluso. Solo podía imaginar como la carne bajo de esas telas se contraía cada vez que la punta del zapato chocaba con sus músculos. Como seguramente sus costillas comenzaban a doler, el eco de sus huesos debajo de su carne resonando por su interior, como la presión le estaría dando náuseas. La incomodidad…
Todos los sonidos se hicieron sordos para mí y solo era capaz de escuchar los suaves sonidos que Bastian hacía a la hora de dar el golpe, un gruñido casi imperceptible. No solo eso, sino también las respuestas mudas de Yamara. Como se retorcía en el suelo, su pelo cayendo sobre su rostro.
Lo único que me sacó del trance fue escuchar el asqueroso sonido de mi compañera de clase regurgitando, como si estuviese a punto de vomitar: y es que seguramente debido a los golpes tenía ganas de arrojar. Me acuerdo que en ese momento pensé que seguramente ella llegó a hacerlo pero tuvo que tragárselo de vuelta, me da asco aún cuando recuerdo el sonido, aunque pensándolo bien sí que llegó a vomitar porque recuerdo el hedor de lo que fuera que se haya comido y ver la mordaza llenarse de aquel fluido: líquido pero pastoso. Pero la escena no me acabó de dejar totalmente pertubado, extrañamente sentí satisfacción al ver lo que pasaba, no odiaba a Yamara, de hecho apenas la conocía... simplemente no podía sentir tanta empatía hacia una mujer como ella.
Después de un rato Bastian paró, tambaleándose hacia atrás y arreglándose el pelo. Su cabeza se giró para poder verme mejor, el chico estaba respirando agitado, su pecho subiendo y bajando.
—”¿No quieres probar?”
—”No podré hacerlo con tanto arte como lo haces tú…yo no tengo esa rabia que tú tienes qué hacen tus actos tan..no sé.” Respondí, lamiéndome los labios antes de decir algo. Mi corazón palpitaba, y una sonrisa nerviosa se dibujó en mis labios. — “Eh..¿ahora qué?” — Jugueteaba con mis dedos y con el látex de los guantes.
—”Ahora la matamos.” Dijo, acercándose a mí, cogió un cuchillo que estaba en una de las butacas: parecía nuevo, tal vez comprado a posta para este momento. Me lanzó el cuchillo y el mango pegó contra mi pecho, lo cogí en el aire torpemente y lo sujeté débilmente.
—”Pero nunca he matado a alguien, Bastian.”
…
—”Yo tampoco Koi.” … “Pero, quiero hacerlo hoy, contigo .” Susurró en mi oído. Me avergoncé un poco al percatarme de que inconscientemente había emitido un agudo gemido cuando escuché las palabras, no salió de mi boca, solo quedó atrapado en mi garganta. Lo susurró tan cerca de mí que el vello de mi nuca se erizó. La voz se me quedó atascada en la garganta. Un ligero espasmo. Giré la cabeza apenas un poco hacia un lado, como si el cuello no pudiera resistirse a la cercanía, como si el aire que compartíamos me quemara.
Fue atrás mío y él envolvió mi mano con la suya, fuerte. Me hizo sujetar el cuchillo con firmeza. Hubiese querido sentir su piel directamente, sin látex, sin nada entre nosotros. Cuando retiró su mano, sentí un vacío extraño, como si me hubiese sacado el aire.
Y es que es raro decir esto, porque aún al día de hoy sigo sintiendo que cuando ambos la matamos, enterrando aquel cuchillo en su cuerpo f ue como si hubiese hecho el amor con Bastian, sentía una extraña presión, un calor que de repente iba de mi pecho a mi abdomen bajo, una piscina cálida, como si hubiésemos hecho algo íntimo. Después de eso no me atrevía a llamarme virgen. Matarla con él, sus palabras que dijo antes, aún tiempo después hacen que mi estómago revolotee con mariposas de una forma errática, incontrolable. Y es que después de ese día quería tener más “sexo” con él.
La giramos en el césped para que estuviera en nuestra dirección, se arrodilló y él levantó la camiseta de Yamara por encima de sus pechos.
—”Nunca me había fijado en su cuerpo” — Dijo Bastian observándola con perversión. En ese momento Yamara se aterró más, ¿pensaría que la íbamos a violar los dos o algo? Sus manos se deslizaron por los hematomas que había dejado él mismo tras patearla tanto y sin esperarmelo le dio un gran puñetazo en el estómago por última vez, lo que hizo que sus músculos se movieran, su espalda se curvaba un poco y emitió un grito de dolor que la mordaza logró esconder un poco. Aparté la vista con rapidez en forma de reflejo y mis ojos se cerraron solos, con fuerza. Después de unos segundos volteé a mirar el cuerpo de vuelta, miré sus ojos parecían de cristal, enrojecidos y llenos de lágrimas que hacían que sus ojos relucieran, su cabeza moviéndose de lado a lado con lentitud; un sollozo. Eché un vistazo rápido a Bastian, mi boca se sintió seca.
No sé si sabéis lo que hacen los chacales dorados junto a los leones o tigres. Ellos ayudan al depredador a cazar, asistiendole, yendo a por una misma víctima. Solo se quedan con los resto y aún así prefieren seguir al más feroz para no acabar siendo ellos la presa. He aquí un chacal dorado ayudando a un tigre. He aquí Koi y Bastian. Y una presa: Yamara.
Con un último suspiro hundí el filo en su estómago, moviéndolo con fuerza dentro de su interior, manteniendo mis ojos cerrados: sentía la sangre caliente a través del látex, mordiéndome el labio con fuerza y cerrando los ojos, un suspiro tembloroso por mi parte, el sonido de la carne siendo cortada, de cómo abría su cuerpo. Volví a verla con los ojos entrecerrados, apenas abiertos, solo logrando a ver como la mano de él estaba cubriendo su boca con fuerza, sabiendo que gritaría por el dolor.
—”Un poco más, Koi.” Su mano se puso sobre la mía y sentí como forzaba la intrusión de una forma más violenta. “Muy bien Koi, así es, venga.” Gemí un poco, confieso que en el fondo estaba algo asustado. Luego intentó penetrar con el cuchillo aún más, pero no era lo suficientemente largo para atravesar de lado a lado sin que se hundiera. Su mano sujetó la mía sobre el mango del arma y sumergimos nuestras manos un poco en su interior. Era cálido, húmedo de sangre, nos salpicó a ambos. También sentí algo nuevo, cálido también, pero eso era algo mío que no diré porque me da..algo de vergüenza admitirlo.
Y luego, murió.
…
Aún no puedo explicar porque haber matado alguien me hizo sentir así. De hecho, no es el matar que me ha brindado ese sentimiento.
Pienso que fue hacerlo junto a Bastian.
He visto que la mayoría de asesinos no pueden parar después de que el primer asesinato ocurre, buscando más. Y yo puedo confirmar que es cierto. Es por esto que digo que nuestra relación es raramente especial, y es que desde ese día los dos empezamos a explorar la oscuridad del otro sin juicio. Ese día nuestra relación cambió por completo, y es que en solo un mes de conocerlo supe que estaba encadenado ya.
Que no podía escapar de Bastian…
pero es que tampoco quería hacerlo. Y aquí llega mi fallo. Ese momento fue mi flechazo, un instante que fue de color de rosa, o rojo, ¿se pilla? Mejor me callo.