ID de la obra: 1630

Huésped

Gen
NC-17
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planificada Mini, escritos 45 páginas, 14.992 palabras, 6 capítulos
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Capítulo 4. T

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Miré a Bastian, algo ensimismado, viendo su cara de satisfacción al haberla matado… Y después vomité. Perdón, no lo pude evitar, aunque todo por un segundo fue color de rosa, tras tener esa sensación tan íntima en un momento tan inusual y por una razón tan extraña, que cuando me di cuenta de lo que habíamos acabado de hacer, cuando volví a estar lúcido, ver el cuerpo de Yamara en ese estado me revolvió las tripas de una forma inimaginable, aparté la cara y tratando de tapar mi boca inevitablemente acabé vomitando sobre mi mano y el resto cayó al suelo. Tosí, volví a ver mi mano y aparté la vista rápido con una arcada, ojos ligeramente llorosos y jadeando. Me caí hacía atrás, apoyando mis codos en aquel césped falso que pinchaba mis antebrazos y cerré los ojos, tan fuerte como pude. No tardó en aparecer una figura difusa en la oscuridad de mis ojos cerrados del cadáver de Yamara y como acababa de abrir ligeramente su abdomen. Con mi mano limpia arrastré la parte posterior de mi mano sobre mis labios, limpiando los restos. Estoy temblando. No paro de temblar, no quiero abrir los ojos, quiero que permanezcan cerrados para siempre. No quiero mirar…no quiero mirar… no quiero mirar… ¡no quiero mirar..! Definitivamente no es lo mismo ver vídeos gore que tenerlo enfrente y además habiendo sido tú el perpetuador. ¿Estará Bastian mirando a Yamara aún? Siento que se ha parado el tiempo, ¿qué acabo de hacer? He matado a alguien, soy un asesino. Pero no ha sido mi idea, ¿eso me sigue convirtiendo en uno? Yo estaba sujetando el mango del cuchillo, he sido yo. Yo soy quien más cerca ha estado a la hora de su muerte. Pero Bastian..él.. —”Oye, ¿estás bien?” Preguntó Bastian con un tono cálido, sus manos en mis hombros. “Has vomitado bastante, ¿quieres lavarte los dientes o enguajarte la boca? Aunque no sé si podamos entrar en la casa.” Dijo con una voz algo silenciosa, no llegaba a ser un susurro, pero definitivamente no era su volumen normal. Cuando sentí su toque dejé de temblar por un segundo, un rayo eléctrico recorriendo mi cuerpo antes de volver a estar como un flan. Mi mano, con la que limpié mis labios, fue de forma instintiva al antebrazo de Bastian cuando sentí como tocaba mis hombros, mi agarre débil aunque poco a poco se fue fortaleciendo a medida que mi cuerpo dejaba de tiritar. — “Tranquilo, ya pasó.” — Dijo él, aún yo con los ojos cerrados, esas palabras me calmaron incluso sabiendo en el fondo que me tendría que sentir pertubado ante él, porque el había sido el cabeza de esto. Poco a poco me fui sentando y sabiendo que solo iba a ver a Bastian frente mío abrí los ojos poco a poco, mis cejas aún fruncidas, mi corazón latía con normalidad y mi respiración se calmó. Con mi lengua saboreé mi boca, sintiendo mi propio aliento desde dentro, me dio asco. Tapándome la boca para que no lo oliera el azabache, murmuré.  —”Creo que eso me ayudará un poco aunque me parece que me ha quedado algo por vomitar.” Mi mano se posó sobre mi barriga, mi rostro teniendo una expresión nauseabunda y luego a mi garganta, notando como por dentro había quedado un poco. De nuevo una arcada, pero esta vez no fue tan violenta como antes y tragué saliva, empujándolo de nuevo por el esófago, finalizando con un suspiro. —”¿Quieres que te ayude a arrojarlo?” Se ofreció, pero de inmediato yo… —”No, no gracias, no hace falta, además ya me lo he tragado.” Mi voz tembló suavemente, mis hombros encogiéndose hacía mí mismo, me lamí los labios y miré el rostro de Bastian, más cerca que nunca, aunque eso se traduce a que estaba como a un metro de mí. “Lavarme los dientes y enguajarme la boca me hará sentir mejor que volver a vomitar creo yo.” —”Dicen que tragarse el vómito es malo, al fin y al cabo sigue siendo el ácido de tu estómago.” Sus dedos tamborilean en mi hombro antes de parar y sus labios se transformaran en una línea, mirara hacia el lado donde estaba Yamara y de nuevo hacía mí. “¿Estás seguro que no quieres que te ayude?” Insistió. —”No es que no quiera que me ayudes es solo que…” No tengo excusa. Ahora mismo me parece que vomitar hará que la imagen aparezca de nuevo en mi cabeza. “Olvídalo…”  Me levanté apoyándome un poco con su peso y solo caminé hacia el frente, poniendo mis manos a los lados de mi cabeza de manera que todo aquello en mi vista periférica era censurado, por lo tanto no vería el cadáver de Yamara. Estaría seguro. Escuché un suave vamos del azabache, su mano detrás de mí, empujándome a andar mientras él marcaba el camino, pasando por el largo césped, su mano se mantuvo ahí todo el rato. Revisó las llaves con las que anteriormente había abierto la casa, estábamos ya en el porche, frente la puerta de entrada, ni una luz encendida.  —”Parece que sí que podremos entrar.” Dijo, enseñándome una de las llaves que aparentemente era con las que se abría la casa. Luego la introdujo en el cerrojo y con un pequeño clic la puerta fue abierta con un ligero crujido. “Entremos, yo te llevo al baño.” Cuando me guío por la oscuridad, sentí su mano yendo sutilmente a mi cintura, aunque solo sentí la punta de sus dedos ahí mis hombros se encogieron un poco como reacción y se mantuvieron tensos por unos segundos antes de relajarse y echar un vistazo por el rabillo del ojo al otro, mis cejas alzándose ligeramente. Luego volví a mí mismo. Hubo un instante, uno solo, donde pensé que si me encerraba en ese baño a solas... quizás haría algo que no debía. Estaba tan nervioso, me sentía tan en el borde que necesitaba descargar toda la tensión de alguna forma, era eso o llorar, pero eso es algo que me cuesta y no estaba para humillarme así. Miré de nuevo a Bastian, después abrió la puerta y finalmente me senté en la tapa del retrete, la habitación era algo estrecha, sumergí mi cara en las manos y peiné mi pelo hacia atrás, moví la lengua dentro de mi boca. Agité la cabeza antes de recordar de nuevo la razón por la que había vomitado para después levantarme.  —”¿Qué buscas?” Pregunté cuando me fijé que Bastian  estaba apartando cosas dentro de un cajón al lado del lavamanos. —”Si no me equivoco, tenemos cepillos sin usar por aquí, de esos que aún no sacas del paquete.” De repente sacó un paquete de cepillos de dientes. “¡Ajá! Aquí están. Mira, ten.” Me dijo, ofreciéndome uno.  Después de cogerlo lo miré, la mayoría de él era blanco aunque tenía algunas partes plásticos de color verde, los pelos eran algo duros, de nuevo habían blancos y verdes, pasé mi dedo por ellos. Abrí el grifo y empezó a salir agua fresca, bajé mi rostro hacia ella, mis manos ahuecaron el agua para poder enguajarme la boca. Escupí, seguidamente repetí el proceso como unas 4 veces. Cogí la pasta de dientes que había en los bordes del lavamanos, poniéndola sobre el cepillo de dientes y antes de empezar a cepillarmelos me dieron náuseas de nuevo. —”Joder, me siento mareado…” Dije con un volumen bajo. Quería, no, necesitaba sentarme.  —”Deberías sentarte.” —”Sí, es justo lo que estaba pensando.” Me apoyé en la pared. —”Se te va a caer la pasta de dientes si estás en esa posición, ven, siéntate.” Y yo pensaba que Bastian se levantaría de la tapa del retrete pero se quedó ahí, por necesidad me senté, sin cuestionar, en sus piernas, de perfil a él y mi peso apoyándose un poco en el azabache. Estuvo bien, por lo menos no estaba solo. Metí el cepillo en mi boca y fue maravilloso, sentir un sabor mentolado en contraste con el mal sabor de boca que tenía y empecé a moverlo contra mis dientes, mis ojos fijos a la pared que había enfrente, viendo los patrones de los azulejos aunque había un poco de Bastian que también podía ver, como la punta de su nariz afilada, un poco de sus pestañas largas, y algo de su pelo oscuro. Esta vez mis ojos se entrecerraron, y aunque empecé lavándome los dientes con fuerza poco a poco iba más lento y me dejaba gozar a mí mismo la limpieza. La espuma salía un poco por las comisuras de mis labios y un poco de saliva se había acumulado en mi boca debido a que no lo estaba dejando caer, antes de llevarlo a mi lengua hice una pregunta. —”Bastian..” Dije en un murmuro, mi rostro se giró hacia él, con el cepillo aún en la boca y la espuma blanca saliendo mínimamente. La vista del otro se alzó a mirarme, con los labios entreabiertos, un silencioso dime viniendo de él, donde apenas movió su boca al hablar. ”¿Qué harás con el cuerpo?” Después de preguntar empecé a cepillarme los dientes molares.  —”La enterraré, no sé dónde, tal vez lo haga mañana y hoy solo esconda el cuerpo. Como dije, aquí vengo con mi padre cuando hay tiempo, sobre todo en verano y en clases no sospecharán hasta que se haya cumplido el mes de ausencia y..” Lo dice tan natural..antes de que continuara dije. —”¿Y su familia?” Me cepillé la lengua y me levanté de su regazo yendo al lavamanos para finalmente escupir.  “¿No crees que avisarán a la policía por la desaparición?” Bastian soltó un bufido ante mi pregunta. “¿Qué?” —”Que lo dudo, conozco a su familia muy bien para saber que les da igual su hija y lo que haga. Tal vez se preocupen un poco, pero tranquilo, no debemos dejar rastro. Eso es lo verdaderamente importante.” Luego me echó un vistazo y cambió el tema. “¿Acabaste?” —”Sí, acabé, creo que me siento mejor…” —”¿Ya no estás mareado entonces?” —”Algo, pero no es para tanto.” Puse un mechón de mi pelo detrás de mi oreja antes de ahuecar el agua y retirar la espuma alrededor de mi boca. Luego me miré en el espejo y respiré hondo. “¿Quieres que..eh..bueno..te ayude a enterrarla? Al fin y al cabo yo también he sido partícipe.” En cierta parte era consciente de que era culpa mía también, sigo sin querer denominarme asesino pero, yo que sé. Por ayudar supongo. —”¿Crees poder volver a verla? Es decir, mira como te has puesto, no sé yo si lo soportarías.” Tenía razón, no lo iba a negar. “Deberías irte a casa antes de que se haga muy tarde.”  —”No quiero irme a casa, Bastian.” Dije, jugueteando con la tela de mi camisa, mis hombros encogidos y mi vista en mis propias manos, mi ceño algo fruncido.  —”¿Acaso te quieres quedar aquí para siempre?” Preguntó desde el retrete. —”Claro que no. Es solo que, ahora mismo, creo que no estoy en condiciones para irme a casa..o a cualquier lugar.” Y es que me sentía atrapado en ese espacio y tiempo, en el chalet en el momento de ver como Bastian le daba una paliza, en el momento en que clavamos el cuchillo. No sé como explicarlo, pero es como si Koi hubiese muerto en ese momento y yo fuera otro Koi. Mi casa no se sentiría segura, seguramente ir a clases tampoco, caminar por cualquier calle, salir de aquí sería extraño.  ¿Qué cojones estoy haciendo? No es que me sienta mal por Yamara, para nada, ni la conocía, pero me siento mal igualmente. Bueno, tampoco diría que mal. Me preguntaba como Bastian se sentía, ¿cómo lo había vivido él? ¿También fue la misma catarsis? ¿Él también sintió esa calidez cuando la matamos? Lo miro por el rabillo del ojo, estábamos en silencio. —”¿Entonces qué hacemos?” Preguntó Bastian levantándose y agarrando el cepillo de dientes que había utilizado, secándolo con una toalla y volviendo a meterlo en el paquete de donde lo sacó. Di un paso hacia atrás y él comenzó a secar el lavamanos. “¿Quieres intentar verla de nuevo? A ver como reaccionas, si vuelves a vomitar entonces olvídate, ya la enterraré yo solo, ¿vale?” Asentí y metí las manos en mis bolsillos, mi cuerpo en un vaivén, cambiando mi peso de mis talones a la punta de mis pies un par de veces. Cuando Bastian acabó de secar el lavamanos y sacudió la toalla doblándola de nuevo, paré. —”¿Podemos hacer algo normal después de ver a Yamara? Creo que me gustaría comer algo dulce, helado tal vez, hace calor, ¿no crees? Yo tengo calor al menos.” Dije estirando del cuello de mi camisa verde pálido dejando entrar aire.  —”Es que este baño no tiene ventilación, entonces seguramente sea por eso que tienes calor, además de que bueno, es prácticamente verano.” Bastian abrió la puerta del baño y entró aire, aunque no había tanta diferencia con respecto a antes, el aire, al menos, se sentía más ligero. Inhalé profundamente. “Comer después de vomitar no creo que sea la mejor idea, sigo pensando que deberías irte a casa y dejarlo estar, entre comillas, ya sé que seguirás pensando en esto cuando trates de conciliar el sueño. No serás el único, créeme.” Añadió Bastian. —”¿Por favor?” Pedí simplemente. Me giré a ver aquello que había detrás de la puerta ahora que estaba abierta y me despegué de la pared. “Deben seguir abiertas las heladerías, solo te pido eso. Luego volvemos y seguimos, lo que sea.” —”Que cosa más rara, en serio…” Soltó un bufido que parecía una carcajada pero no acaba de serlo del todo. Nuestras miradas se encontraron y sus cejas poco a poco fueron bajando, supongo que en el fondo se sentiría algo mal por mí, creo. Era eso lo que quería decir su expresión o que estaba confundido, no lo sé. Pero luego siguió, caminando hacia a mí, su mano poniéndose en mi hombro moviéndome para que camináramos fuera. “Está bien, vayamos a por un helado. Aunque primero, subamos.” Volví a ver a Bastian, parando a medio caminar.  —”Subir, ¿subir a qué?” Quitó su mano de donde estaba puesta y dio un paso hacía la escalera que apenas se veía por la oscuridad de la casa. Ahí se apoyó en la barandilla.  —”Ambos tenemos algunas manchas de sangre en nuestras camisas, sería mejor cambiárnoslas.” Estiré mi propia camisa para fijarme donde estaban, bajando mi cabeza. —”¿Dónde..?” —”¡Aquí!” Dijo con voz juguetona, mientras me levantaba la cabeza de un dedo velozmente, dándome un toque en la nariz. Me quedé desconcertado y luego lo miré mal por un segundo. ¿Y este tío qué se cree? —”Jaaa ja..” Me reí sarcásticamente. “Ahora en serio, ¿dónde?” Esta vez sí que señaló con su dedo donde estaba la mancha, pero apenas se veía, eran unas gotas pequeñísimas. “Pero si apenas se ve…” —”Si yo lo he visto otra persona también podría verla. Nunca sabes. ¿Nunca has escuchado eso de mejor prevenir que curar ?” Cruzó sus brazos y unos segundos después empezó a subir sin esperarme. —”Claro que sí lo he escuchado.” Afirmé mientras iba subiendo detrás suyo. Cuando llegamos al piso de arriba continué caminando detrás de él hasta lo que parecía ser su habitación. Me quedé de pie en la puerta.  “Supongo que tienes razón…Muchas veces he visto a gente con agujeros en su ropa y la persona llevándolo no parece darse cuenta. O sea, tampoco pienso que viniesen a preguntarnos,” Cambié la voz a una más grave imitando la voz de un desconocido. “ Ey, ¿qué es esa mancha de ahí? ¡¿Es eso sangre!? ¡Oh por Dios, llamen a la policía! ” Bastian se río un poco por mi imitación. Volví a mi voz normal nuevamente, y en un murmuro seguí. “Igual, entiendo tu punto.” El otro me hizo una seña para que pasara dentro de su habitación y eso hice. Era muy simple, las paredes eran de color hueso, su cama estaba en medio de la habitación — no literalmente, pero pegada a la pared, en medio — con un cubrecama gris, una simple almohada. El armario estaba empotrado y era negro, sería algo así como 1 metro y algo de ancho. Había una ventana, una mesa forrada con un patrón de madera, seguramente sería plástico por debajo, acompañado de una silla de esas que giran de color negro, como las de oficina. Las paredes estaban desnudas, solo había un cajón con discos y vinilos. El piso era de azulejos pero no como los que te raspan los pies, era fino, parecía imitar como se ve el piso de madera. Una lámpara también…una basura vacía, un sillón, unos libros y ya.  —”Que minimalista.” Comenté mientras mis ojos acababan de observar la habitación.  —”Me llevo mis cosas cuando vuelvo a mi casa de verdad.” Respondió, abrió el armario donde sí que habían algunas prendas. Sacó una para él y luego una para mí que era de botones amarillo pastel de manga larga, la cogí y le dije por lo bajo un gracias, aunque sabía que me iba a acalorar. Entonces… ¡¡...!! —”Creía que te ibas a cambiar fuera...” Dije nervioso en el momento que vi a Bastian quitarse la camiseta, desviando la mirada a otro lugar mientras poco a poco me giraba, me quedé viendo a la pared vacía de la habitación con la camisa en mano. —”Ah, ¿te incomoda?” ... “A mí no. Gírate, está bien.”  Y con sus manos sin yo decir nada me giró poco a poco hasta que quedamos uno frente al otro, mis ojos viéndolo directo a la cara. Tragué saliva, entonces Bastian me miró raro y sacudí la cabeza, apartándome. Entonces yo también dejé que mis dedos fueran por debajo de mi camiseta, levantandola poco a poco, tanteándome a mí mismo porque no estaba seguro de si realmente quería que Bastian me mirará o no.  Ni pa ti ni pa mi.   Y me puse en una posición de tres cuartos. De reojo lo observé, aprovechando que mi pelo obstruía un poco mi visión y la capacidad de que él notara si lo estaba viendo o no. Pero no me estaba mirando porque ya se estaba poniendo su propia camisa, justo cuando ya había metido los brazos y estaba metiendo su cabeza, eché un vistazo a su torso, soltando un suspiro. Me sentí algo avergonzado al pensar que yo creía que me estaría mirando mientras me quitaba la camisa.  Me concentré en sacudir la que me había dado para que quedara abierta, no tenía ni una arruga..bueno tal vez alguna, y tampoco tenía un tamaño tan distinto al mío, diría que era una talla más que la que solía usar. Deslicé mis brazos dentro, la acomodé y empecé a abotonarla dejando uno abierto para no sentirme tan asfixiado, doblé mis mangas y las arremangué hasta por encima de mis codos. Saqué un poco de mi pelo que había quedado por debajo del cuello y volteé a ver a Bastian, que ya estaba mirándome desde antes de que me girara. —“Tienes lunares en la espalda.” Murmuró con una voz suave, quedándose donde estaba, sus brazos se cruzaron por debajo de su pecho y sus ojos se entrecerraron levemente. Su lengua humedeciendo sus labios. Me quedé quieto, no sabía qué hacer con las manos, así que llevé la punta de mi pulgar a mis labios y mordisqueé apenas mi uña por algo así como un minuto, pensando mientras miraba a otro lado sin responder a lo que comentó el otro. Luego tomé aire.  —”Lo he pensado mejor.” Me senté en la cama de Bastian, sintiendo como se hundía con mi peso y los muelles chirriaron ñic ñic…ñic.. hasta que desvaneció. Luego continué. “Creo que no quiero ir a ver a Yamara. Necesito asimilar mejor lo que ha pasado y creo que verla de nuevo ralentizará ese proceso. Es decir, em, dame un día al menos, que tampoco eees que mañana vaya a estar recuperado del todo, pero mejor estaré.” Sentí la tela del cubrecama para luego poner mi mano debajo de mi muslo. “…supongo yo, no sé.” Añadí en un susurro para mí mismo. —”Entiendo.” Vino y se sentó a mi lado manteniendo una distancia razonable. “¿Quieres ir a por el helado ese aún?” Mis cejas se alzaron y mis labios se abrieron un poco.  —”Eh..sí, sí claro.” Saqué mi mano que ahora se sentía cálida por estar debajo de mí y la puse en la cama, echándome un poco hacia atrás, vacilando, hasta que finalmente me acosté. Y él hizo lo mismo. Su cuerpo en mi dirección.  —”Me parece bien. Y..de verdad entiendo que no quieras verla, has reaccionado muy mal. La taparé o no sé donde la meteré y pensaré que hacer con ella.” Mi mano fue a ponerse encima de su brazo, aunque al principio dudé, pero al final si la puse ahí.  —”Sí que quiero..ya sabes, enterrarla contigo aunque sea. Es una locura y no me digas que no, tampoco quiero como, bueno no sé, ugh, no sé..” Giré mi cuerpo para que ambos estuviéramos cara a cara y apoyé mi mejilla contra el colchón, mi mano se deslizó hasta estar de nuevo en la superficie de la cama. Miré a una pelusa de algodón que había entre nosotros y seguí callado. “Es que, a ver..” Mientras intentaba buscar palabras me fijé en como Bastian me recorría con la mirada, no me quise fijar en sus labios porque eh… de repente se sentó de golpe, soltando una bocanada de aire que era algo temblorosa. —”Hablemos en la heladería de esto. Mejor. Sí, mejor en la heladería que en mi...cama.” Dijo él. Me recosté apoyando mi peso en mis codos y moví un poco mi cabeza para que el pelo se me quitara de la cara.  —”Ah, eeeh, vale. ¿Podríamos usar palabras clave, no? Digo, para que no escuchen de repente que hablamos de un cadáver y de enterrar.” Propuse, era buena idea, claro que sí. —”Que buena idea.” ¿Ves? Si es que… “Cuáles podríamos utilizar, déjame pensar.” Me senté bien ahora y me quedé mirándolo mientras pensaba, hasta que asintió con su cabeza. “Para referirnos a Yamara, digamos proyecto . Para referirnos a este chalet digamos clase . Luego para la palabra enterrar usemos acabar en su lugar. Así parecerá que estamos hablando de un proyecto de clase.” —”Ok, lo recordaré.” Arrastré mis manos sobre la tela de mis pantalones y luego me levanté, no mucho tiempo después él también se puso de pie. “Vayamos entonces.” Cuando yo ya había llegado al final de las escaleras el otro paró a mitad de camino. —”Tengo que taparla al menos. ¿Puedes quedarte aquí dentro mientras lo hago?” Me dijo mientras bajaba del todo. Dije un simple claro y vi como se iba por una puerta que parecía dar al patio trasero. Me quedé un rato ahí sin hacer nada, me volví a fijar en la camisa que llevaba y me llegó el pensamiento: “ Esto es de Bastian, aunque huele a guardado simplemente. ”  Me puse a caminar alrededor, era raro, no había fotos, solo un cuadro. Un cuadro colgado en la pared, que yo reconocía. El cuadro del Desollamiento de Marsias, que me pareció un cuadro un poco tétrico para colgar apenas entrar a la casa. ¿Qué no le gustaba más al que decoró la casa, yo que sé, Monet? Si no recordaba mal el cuadro estaba inspirado en una historia donde Marsias desafiaba a Apolo, para ver si realmente era tan talentoso musicalmente como se había proclamado, y al perder y haber desafiado a un dios fue desollado en un árbol…conocía el cuadro porque me gustaban las obras como la de la colección de pinturas negras de Goya, así oscuras, pero no me esperaba ver este en persona, aunque estaba claro que sería alguna copia barata. Supongo que lo hacía peor el hecho de que fuera la única cosa colgada que llamaba la atención. Entonces me vinieron unos pensamientos. ¿Y si desafiaba yo a Bastian? ¿Lo dejaba cargar con todo el muerto? ¿Me escapaba y ya? ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿Se sentiría traicionado? ¿Qué me haría? ¿Me mataría también? ¿Me enterraría junto a Yama…? Entonces paré porque se me revolvió el estómago. Esa ráfaga de pensamientos que tuve no se sintieron míos, como si fueran otra voz tratando de impulsarme a hacer algo que definitivamente no acabaría bien. Justo escuché la puerta trasera abrirse de nuevo, y los pasos de Bastian acercándose a mí. Estábamos en silencio y yo seguía en dirección al cuadro.  —”Me gusta mucho ese cuadro.” Dijo Bastian casi en un susurro, entonces me sentí alerta. Su mano se puso en mi espalda baja. “¿Vamos, Koi?” —”¿A dónde..? Ah, es verdad, a por el helado, sí sí, vamos, que no se haga tarde que si no cierran.” Asentí, poco a poco se diluyó esa sensación.  Sin embargo, durante el camino no pude evitar pensar en cómo los pelos se me pusieron de punta, ¿tenía miedo de qué me fuera a hacer algo nada más volver? No sé, ¿sacarme un cuchillo y matarme de verdad? Además de pensar en cómo habría escondido a Yamara, pero eso se lo preguntaría luego. Poco a poco nos fuimos alejando de esa zona de la ciudad, donde se veía de nuevo toda la vida, y no había un lugar donde a lo lejos no se escuchara un murmullo de gente. No dijimos mucho por el camino, solo hacía preguntas sobre las cosas que veía a mi alrededor, sobre las casas o cosas en el suelo, haciendo comentarios y Bastian me respondía.  Proyecto, clase, acabar. Proyecto, clase, acabar. Proyecto, clase, acabar.  Repetía en mi cabeza para no olvidarme de las palabras clave, y finalmente llegamos a la plaza donde nos habíamos encontrado antes de..bueno. Habían bares y algún que otro restaurante ahí, también una heladería y fue ahí donde íbamos a entrar.  Era hora de hablar.
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