Cadenas

Slash
NC-21
En progreso
4
Tamaño:
planificada Mini, escritos 22 páginas, 9.001 palabras, 6 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
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4: Cuenta atrás

Ajustes
Un día tras otro Arin caminaba con pies de plomo. Se sentía observado, tal vez porque realmente lo estaba siendo. Procuraba mantener la calma, sin embargo, cualquiera que lo conociera un poco sabría que algo andaba mal. El señor Namura era observador y aunque guardara silencio, sabía que algo en Arin iba mal. Algo profundo, algo difícil de detectar a simple vista, como un temor que acechaba al más joven, que lo aterraba de alguna manera y que no le permitía siquiera gritar. Namura no presionaría, no era su forma de ser, pero eso no evitaba que se preocupara al notar la tensión en el cuerpo de Arin, las noches en que se desvelaba, las ojeras que comenzaban a formarse bajo sus ojos. Ese no era el Arin que Namura conocía, pero tal vez había mucho que Namura no sabía de su protegido. El silencio era denso. Saber que ocurre algo pero no saber el qué no lo hacía fácil, de hecho, hacía que la incertidumbre fuera peor, la sensación de que algo malo estaba por venir. El señor Namura no sabía cómo interceptar a Arin, el muchacho se negaba ahablar de lo que sea que lo preocupaba, siempre con evasivas y una sonrisa forzada. Arin podía engañar a todos, pero no a quién había velado por su bienestar durante dos años.

***

Estaba decayendo. ¿Cuánto tiempo sería capaz de fingir normalidad? Aunque desde luego no estaba yendo bien, sabía que el señor Namura no se creía su careta. Arin no sabía cómo sostener la situación. Cuánto más se quedará allí más en peligro ponía el equilibrio. Takiishi Chika no era alguien que fuera a rendirse. No. Él era de los que agarra lo que quiere sin permiso. Alguien que ciertamente no necesitaba ese permiso, porque en un mundo donde él era visto como el líder supremo, Takiishi no necesitaba más que tomarlo que consideraba suyo por derecho. Él lo nombró. Takiishi le hizo visible. Real. Y Arin solo quería gritar. Solo quería cerrar los ojos y fingir que esto no estaba ocurriendo, que no se estaba viendo atrapado otra vez en la espiral de siempre. ¿Por qué aquel beso aún quemaba en sus labios? ¿Por qué aún podía sentirlo como una marca de hierro candente? Lo que más le aterraba era que una parte de sí mismo lo traicionaba, esa parte que aún deseaba a Takiishi, que dentro del miedo disfrutaba todo esto, la parte que sabía a quién pertenecía aunque su razón se negara a aceptarlo. Arin caminaba como un condenado, como alguien que sabe que sus días de paz están por acabar o que ya lo hicieron. El peso de las miradas ahora molestaba más. Le irritaba sobremanera como si desconocidos pudieran ver lo que había dentro de su alma putrefacta. No se sentía un ganador ni una leyenda, se sentía como el vasallo de un tirano, uno que lo afectaba de maneras que no estaba dispuesto a admitir aún.

***

El reloj marcaba los minutos con reverencia. La paciencia de Takiishi se agotaba, no le bastaba con un encuentro efímero, necesitaba a Arin más cerca, a su merced, completamente roto y rendido a sus pies. Endo, a su vez, sabía que debía deshacerse de los inconvenientes, de esos cabos sueltos que mantenían a Arin atado a una rutina. En su piso compartido Endo observaba cómo Takiishi estaba al límite, cómo se tensaba más de lo habitual, su fuego interno pareciendo fuera de control. Debería preocuparle, pero solo se sentía fascinado porque para Endo esto era como ver el brillo del antiguo Takiishi, un atisbo de fuerza rugiendo tras esa faceta de aburrimiento absoluto.

***

Las manos de Arin temblaban como hojas de papel al viento. Entre manchas de aceite y olor de motor, su mente no dejaba de trabajar contra sí mismo. Notaba la mirada de Namura de vez en cuando sobre él. Una mirada cargada de preocupación y palabras no dichas, de una espera silenciosa para que Arin se abra. Parecía el día más largo de todos sus años. El señor Namura puso música pop de ambiente. Mientras el hombre tarareaba una canción, Arin no podía evitar observarlo. Un hombre de mediana edad, ojos oscuros que miraban con calidez a todos, un corazón enorme que le brindó un lugar al que pertenecer. Pero Arin era consciente de algo más: la fragilidad en ese hombre, lo mismo que le da la fortaleza, esa bondad. Arin no pudo evitar que su mente fuera al pasado, a un hombre que lo cuidaba igual que el señor Namura hace ahora. Su tío, ese hombre al que decepcionó de maneras inimaginables, con quien perdió el control, a quien dañó tanto… Arin solo pudo estremecerse con el recuerdo de la sangre en sus manos, con el recuerdo de la lluvia el día que huyó de todo, de todos. La música alegre era un contraste macabro con sus pensamientos. “No perteneces aquí”Arin podía escuchar la voz de Endo diciendo esas palabras, intentando destruir todo lo que había construido en estos dos años. También podía escuchar la voz de Takiishi mencionando su nombre de una forma casi dolorosa.“Arin”Ya no parecía su nombre, ya no parecía algo que le perteneciera sino una sentencia, una promesa de que todo estaba por acabar aunque él no quisiera. El sonido de la llave inglesa ajustando aquí y allá, comprobar el carburante, probar que el motor funcionara como es debido. Todo eso distraía la mente por un momento hasta que el sol comenzó a ocultarse y llegó el momento de cerrar el taller. Otro día superado, pero Arin sabía que solo era una cuenta atrás hasta que todo al fin explotara.
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