Cadenas

Slash
NC-21
En progreso
4
Tamaño:
planificada Mini, escritos 22 páginas, 9.001 palabras, 6 capítulos
Descripción:
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Prohibido en cualquier forma
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5: Todo en ruinas

Ajustes
Lluvia. Gotas y gotas de lluvia que caían sin cesar, casi implorando por desbordarse, aunque fuera en un sentido metafórico. Arin odiaba la lluvia, eso lo tenía en común con Takiishi. Las similitudes eran mucho más profundas, más que la simple lluvia y el desagrado por esta. Arin prefería no pensarlo, de verdad que lo intentaba, pero su mente estaba repleta de recuerdos, de dolor, de la sangre que casi podía oler. No.Solo era un mal momento, algo que pasaría si no le prestaba demasiada atención, porque hasta su propia mente era traicionera. El tintineo rítmico del taller era tranquilizador, como un mantra de normalidad. Arin parecía ser el único que sabía que esto era pasajero, que en cualquier momento todo se rompería si es que no estaba ya roto. Tal vez estaba negando la realidad, el hecho de que los que acechan no se quedarán en las sombras eternamente y que era cuestión de tiempo para que Takiishi perdiera la paciencia.

***

Arin se sentía como un pájaro a punto de ser enjaulado, o más bien, como uno que iba a ser liberado después de encerrarse voluntariamente y que no sabría qué hacer con esa libertad. El miedo no es solo a cosas tangibles, a veces lo más terrorífico es lo inevitable, lo que sabemos que no podremos controlar y que se escapa de nuestras manos. Arin no sabía qué hacer, el beso de Takiishi aún quemaba en sus labios como un recordatorio constante. Odiaba la manera en que se removía su estómago y no era exactamente por asco, era algo más profundo, más complicado, algo parecido al deseo reprimido. Arin no quería volver a caer en ese juego, uno en el que solo Takiishi gana. Hubo un tiempo en el que Arin seguía a Takiishi a ciegas, un tiempo en que fueron leyendas juntos en un imperio de violencia. Solo de pensarlo Arin sentía escalofríos. No quería ser eso otra vez, no quería caer tan fondo que después no se reconociera en el espejo. Pero quizá ya era tarde, quizá ya se sentía así otra vez y todo por un puto beso que le caló en lo más profundo y por esa mirada dorada que parecía decirle que ya era suyo antes de luchar. Y si pierdes antes de siquiera poder contraatacar... ¿Qué sentido tenía?

***

Era una tarde común. Arin iba en su moto rumbo al taller después de su descanso. La lluvia volvía a caer como una sentencia, pero Arin decidió que no le molestaba, porque mojarse un poco no era malo, solo debía tener más cuidado con la velocidad. Hizo lo de siempre: aparcó en un callejón cercano al taller y fue hacia el lugar con calma, al llegar saludó al señor Namura que canturreaba una canción alegremente mientras inspeccionaba el motor de un coche. Arin fue al vestidor y se puso su uniforme para comenzar con su trabajo. Era en sí una tarde tranquila. El silencio no era incómodo, solo se rompía por la canción de la radio. Arin estaba concentrado en una bicicleta, porque también las arreglaban. Escuchó los pasos de algún cliente, o eso pensó. De repente escuchó el ruido de una caja de herramientas cayendo al suelo. Arin se giró despacio deseando no encontrarse con lo que ya sospechaba, pero allí estaban Takiishi y Endo. Takiishi apoyado en el marco de la puerta del taller, Endop era quién había tirado la caja de herramientas. El ruido alertó al señor Namura que ahora estaba parado frente a los dos invasores. Arin, paralizado, no supo cómo reaccionar en ese momento. — Así que tú eres el hombre por el que Arin-chan nos abandonó. La voz de Endo sonó como una burla cruel. — Arin. ¿Los conoces? — El señor Namura lo miró de reojo, alerta, pero aún protector hacia Arin. Antes de que Arin recordara cómo hablar, Endo soltó una risa áspera. — Oh, por supuesto que nos conoce, somo amigos. ¿No, Arin? Endo dio una patada a la bici tras la que Arin aún estaba. Se desestabilizó y cayó con un estruendo, Arin ni siquiera se inmutó, estaba demasiado aterrorizado por lo que estaba pasando, en cómo su mundo estaba en ruinas ahora. Miró al señor Namura de reojo, vio el horror en su mirada y la decepción. — Basta. — Logró decir Arin. Aunque no sabía a quién se lo decía, si a la mirada de Namura o a Endo, quizá al silencio observador de Takiishi. — ¿Basta? Bueno, ven con nosotros, es sencillo. Endo lo hizo sonar fácil. Y Arin ya no tuvo más fuerzas para negarse, se levantó y recogió su ropa del vestidor. Dio una última mirada al señor Namura, pero este solo apartó la mirada, entre dolido, decepcionado y confuso. Arin supo que había perdido su oportunidad de salvación. Arin sabía que el señor Namura quería gritar que se quedara, o al menos una parte de Arin deseaba que así fuera, que aún creyera ese hombre en él, que aún hubiera una oportunidad. No la había. No cuando el caos es más ruidoso, más llamativo y no cuando este le llamaba de una manera que no podía ignorar. Arin sentía el hormigueo en sus manos, la sensación de anticipación. Y eso era algo que, si él fuera correcto, bueno, no sentiría. Su propio cuerpo lo traicionaba, como siempre, porque el caos era su mundo, de manera irremediable. Takiishi lo tomó del brazo de manera posesiva guiándolo fuera. Arin solo se dejó arrastrar. Era un día normal y ahora era una pesadilla. Arin solo podía pensar en la decepción en la mirada del señor Namura, en la manera de juzgar sin escuchar su versión, ni siquiera tuvo tiempo, así eran los estragos de la violencia. Pero a su vez, el tacto de Takiishi se sentía como algo que había estado deseando por mucho tiempo. Y mientras salía hacia una nueva vida, o no tan nueva, Arin solo pudo preguntarse qué haría ahora y qué estaba dispuesto a perder.

***

Endo condujo la moto de Arin hacia el piso donde vivían Takiishi y él. Arin normalmente no dejaba que nadie tocara su moto, pero esta vez ya no tenía sentido. Takiishi permaneció en silencio a su lado caminando por las calles hasta llegar al piso. Takiishi mantuvo su mano rozando la contraria en un movimiento deliberado. Ahora Arin era suyo para romper y reconstruir a su gusto. Tal vez Umemiya no se refería a esto cuando dijo que buscara personas interesantes, ya daba igual, Takiishi solo quería que Arin volviera a estar a su merced. — Ahora estás donde perteneces. — Dijo Endo al verlos entrar al piso. Takiishi guardó silencio, aunque no era necesario decir nada para saber que estaba de acuerdo, Arin podía notarlo en esos ojos. Y en ese momento Arin decidió dejar de luchar, decidió aferrarse a esto como su única realidad. Porque tal vez era lo que en el fondo necesitaba. Porque no podía seguir negando que el caos era y siempre será su hogar. ¿Cómo rompes un ciclo de violencia del que tú mismo fuiste partidario? La sangre, el dolor, todo eso era tan familiar para Arin, que el intento de escapar solo fue una ilusión pasajera.
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