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Arin tenía muchas cosas en las que pensar y demasiado por asimilar. Llegó a al piso de los dos idiotas a la mañana siguiente, con ojeras en el rostro y cara de pocos amigos. Observó a Endo en el salón haciendo cualquier cosa que a él personalmente le importaba una mierda. Solo quería dormir y dejar de pensar en el pasado. Necesitaba dejar de atormentarse. Ya no había posibilidad de dejar de ser un monstruo. Ya no tenía posibilidad de elegir. Estaba perdido. Siempre lo estuvo. Ver a Endo con su sonrisa socarrona era un recordatoria de que había perdido en un pulso de poder. Muy probablemente debía buscarse un nuevo trabajo y un piso para vivir solo, porque estaba harto de esta situación y solo eran los primeros días. De verdad que no soportaba la convivencia con estos dos tipos, eran una tentación constante para darles darles una paliza, cosa que no necesitaba, tampoco la idea de acostarse con ninguno para saber que sería un grave error. Odiaba su mente. Lo traicionaba todo el tiempo. — Te ves como la mierda. ¿Qué te pasó?— Preguntó Endo con un deje de burla en su voz. Por supuesto, no soportaba a ese hombre en particular. Era como una patada en todo su orgullo cada vez que hablaba. Quería cortarle la lengua. — Nada que te importe, capullo. — ¿Nada? Mentiroso. — Me pasas tú, que eres gilipollas. — con esto Arin fue hacia el cuarto de baño, el único lugar realmente privado para él. Endo estalló en carcajadas.***
Llegó el sábado. Y todo en la mirada de Endo presagiaba algo que sin duda sería un suplicio para Arin. Takiishi entró en la sala de estar y acaparó el asiento junto a Arin como si este le perteneciera, lo que no tenía claro Arin es qué creía el de cabello rojo que le pertenecía: si el sofá o él. Bueno… Sabía la respuesta. A veces se cuestionaba sus decisiones pasadas. Si nunca hubiera tenido aquella especie de aventura con Takiishi, tal vez las cosas no estarían siendo así. Takiishi pasaba las noches con Endo. Algo en el corazón de Arin se resquebrajaba. Pero el orgullo era más fuerte, solo estaba ahí porque no tenía otro lugar a dónde ir. Sí. Desde luego no era porque en el fondo se muriera por ser de ambos en connotaciones nada apropiadas. Arin aún recordaba sus años de instituto. Siempre había seguido a Takiishi y Endo, no porque los necesitara, sino porque se sentía atraído hacia la violencia que provocaban juntos. La necesidad vino después, tan desbordante hasta el punto de la asfixia emocional. En algún punto hubo equilibrio entre los tres. Ahora no sabía si sería posible.***
El sol acariciaba el huerto en la azotea de Furin. Umemiya sonreía. En estos momentos podía olvidarse de sus preocupaciones y nada importaba más que sus tomates y otras verduras. Podría darle la alegría Kotoha de tener ingredientes frescos para la cafetería. En momentos como este la inquietud en su corazón no importaba. Un mal presentimiento no tiene que cumplirse siempre. A veces es solo una corazonada que no va a más. Claro, esperaba que solo fuera eso. Todo era calma hasta que escuchó pasos de alguien acercándose. No se giró de inmediato ya que tal vez eran Hiragi y Tsubaki. — Umemiya. Pero la expresión de Umemiya cambió de golpe al escuchar la voz de Endo. Sabía que estaban en términos neutrales, pero no entendía qué hacía ahí. Se levantó y giró, su mirada se oscureció y todo su cuerpo se tensó, no por ver a Takiishi también ahí, sino por quién estaba a su lado. Siempre reconocería a Arin, fue una patada en el culo en su corta estancia en Furin. ¿No se había ido? Después de sus antecedente no entendía que hacía aquí. El chico le devolvió una mirada fría con sus ojos oscuros, parecía tan disgustado de verlo como Umemiya. Umemiya dio un paso al frente. — ¿Qué hacéis aquí? — Una simple visita. Somos amigos. ¿Cierto?— Dijo Endo sonriendo cínicamente. — ¿Amigos?— Esta vez fue Arin con voz gélida. — Desde cuándo sois amigos de… éste. — Dijo con desprecio mirando con desdén a Ume. Takiishi miró a Arin de manera que cualquiera se sentiría intimidado, pero Arin no, él solo sonrió aún con la mirada cargada de odio. — ¿Me trajiste aquí para ver a este memo? Entonces me largo. — Dijo Arin otra vez. Si estaba captando la amenaza en la mirada de Takiishi, la estaba ignorando a la perfección. Arin se giró hacia la puerta de la azotea con intención de irse. Endo lo detuvo agarrándolo del brazo. — Vamos, no seas tan antipático. — Dijo con diversión a penas disimulada. — Takiishi solo quiere mostrarte su nueva adquisición, encontró a alguien interesante.— Se dirigió a Umemiya ahora. Arin notó cómo Umemiya tensaba la mandíbula. Supuso que le faltaba contexto, porque eso de "alguien interesante" pareció molestarle mucho. Y entonces recordó las palabras de Takiishi en su primer encuentro, que alguien le había aconsejado nombrar a las personas para hacerlas reales. Claro, debió suponer que ese alguien había sido Umemiya Hajime. Arin se retiró del agarre de Endo y se fue azotando la puerta. Takiishi lo miró con una indiferencia cargada de años de saber cómo se sentía Arin hacia Umemiya. Y esa indiferencia era algo que Arin no soportaba.***
Una vez que se fueron, Umemiya se quedó en la azotea mirando al horizonte infinito. Así que esta era la mala sensación. Tenía muchas preguntas. Arin lo odiaba y podía entender a medias por qué. Esos tres eran una panda de imbéciles incorregibles. Mientras se mantuvieran alejados de Furin y la ciudad todo estaría bien… Pero. ¿Qué aseguraba que Arin no iba a causar destrozos? Para empezar… ¿Por qué volvió? No entendía nada y la incertidumbre era difícil de gestionar.