Entrenador
17 de febrero de 2026, 14:49
Trunks llevaba despierto desde antes del amanecer.
No había logrado dormir más de dos horas seguidas. Cada vez que cerraba los ojos, pensaba en lo mismo: Gohan. El guerrero del que su madre hablaba con respeto, el último de los suyos, el único que había sobrevivido cuando todo lo demás se había perdido.
Bulma lo escuchó en la cocina, bajó al despertarse a prepararse un café, lo necesitaba. El ver de nuevo a uno de sus amigos después de tanto tiempo, la había puesto nerviosa y no pudo pegar el ojo hasta la madrugada.
Llevaba puesta una bata clara, suave, corta y costosa. Como a ella le gustaban. Apenas se había recogido el cabello de forma descuidada dejando sus hombros descubiertos del todo.
Preparaba el desayuno en silencio, mientras le daba sorbos a su taza de café.
—¿Ya va a llegar, mamá? —preguntó Trunks, sentado a la mesa, balanceando los pies con impaciencia.
—Es muy temprano aun —respondió ella—. ¿Estás impaciente, cierto?
El pequeño de apenas 9 años no tenía amigos, ni familia cercana. La única persona que tenía a su lado todo el tiempo era solo su madre, y aunque la amaba mas que a nada, siempre se había sentido solitario.
El timbre sonó.
Bulma le dedicó una mirada a Trunks y le sonrió.
Trunks se levantó de un salto de la silla directo a abrir la puerta principal.
—Trunks, espera —dijo ella mientras dejaba el sartén en la estufa para corres tras él.
El impaciente niño abrió la puerta.
Y el mundo se detuvo por unos segundos.
Gohan estaba ahí.
Mucho más alto de lo que esperaba. El cuerpo ancho, hombros sólidos, firme, marcado por años de entrenamiento. El rostro conservaba la misma sonrisa amable… pero ya no había rastro del niño. Sus rasgos eran más definidos, la mirada profunda, grave, con una madurez que no correspondía a su edad. No era el niño que había visto crecer. Era un hombre. Uno que incluso parecía mayor de lo que era. La vida lo había obligado a madurar antes de tiempo. Endurecerse donde otros apenas comenzaban a vivir.
Bulma tardó un segundo de más en reaccionar. Sintió el peso de la bata ligera sobre su cuerpo, demasiado corta, demasiado abierta para alguien que ya no era un niño. Bajó instintivamente una mano, ajustándola contra sus piernas, como si de pronto recordara que estaba expuesta.
Bulma tragó saliva.
Sonrió.
Gohan la recorrió con la mirada de arriba abajo. Ya la había visto incontables veces… pero nunca así. Ahora la observaba con la conciencia despierta de un adulto.
Bulma estaba ahí, frente a él. Justo igual como la guardaba en su memoria. Como si esos 8 años transcurridos solo hubieran pasado para él y no para ella. Radiante, hermosa… y con poca ropa.
Gohan apartó la mirada un instante, incómodo consigo mismo.
—Llegaste temprano —pronunció rompiendo el silencio.
Gohan apartó la vista de inmediato, incómodo, con un leve rubor cruzándole el rostro.
—Lo siento. No fue mi intención… —se rascó la nuca—. Puedo esperar afuera si quieres.
—No —respondió ella demasiado rápido—. No, está bien. Pasa.
Trunks, inconsciente de todo lo que estaba pasando en sus mentes, sonreía viendo con admiración al guerrero frente a ellos. Como si se tratase de un deseo cumplido pedido por años.
—Tú debes ser el pequeño Trunks.
—¡Eres enorme! —exclamó el niño, con los ojos brillantes—. Mi mamá me dijo que eras fuerte… pero no tanto.
Bulma rió, agradecida por la distracción, y se cruzó de brazos casi por instinto, aún consciente de sí misma.
—Pasa —repitió—. Estaba preparando el desayuno.
—Oh… cierto —Gohan reaccionó de pronto, como si apenas lo hubiera recordado—. Mi mamá te envía esto.
Le tendió un paquete de comida que llevaba en las manos, cuidadosamente envuelto en una manta blanca.
—Huele delicioso —dijo Bulma al recibirlo.
Sus manos se rozaron apenas un segundo durante el intercambio. Fue suficiente para volver a recorrerla con la mirada unos segundos… y reaccionó de inmediato, apartándola con educación para fijarla en Trunks.
—Ha crecido mucho.
—Sí —respondió Bulma—. El tiempo pasa sin pedir permiso.
Mientras entraban, Gohan no pudo evitar mirarla una vez más. Esta vez con más calma. Con más conciencia. La recorrió desde la espalda, de arriba abajo, amparado en que ella no podía verlo hacerlo.
Trunks lo tomó de la mano y lo arrastró hacia la cocina, incapaz de contener su emoción.
—Ven, mi mamá estaba haciendo el desayuno. Puedes comer con nosotros si quieres.
Las risas suavizaron el ambiente.
—Gracias, Trunks —dijo Gohan—. Es muy amable de tu parte.
—Iré a cambiarme —anunció Bulma—. Platiquen en lo que vuelvo.
—Claro —respondió Gohan al instante.
La siguió con la mirada desde que salió de la cocina hasta subir por las escaleras. Trunks le hablaba, pero sus palabras pasaban de largo; su atención seguía anclada a la imagen que acababa de perder de vista.
Bulma cerró la puerta de su habitación y se apoyó con la espalda en ella. Respiró hondo.
—Wow… —murmuró por fin, como si recién ahí pudiera permitirse ese pensamiento.
Se miró al espejo. Se acomodó el cabello. Eligió unos jeans y una blusa blanca. Maquillaje ligero, lo justo. Antes de salir, regresó al espejo una vez más.
¿Por qué lo hacía? No lo sabía.
Solo sabía que quería verse… bonita.
CONTINUARÁ