Entrenamientos
17 de febrero de 2026, 14:50
Después del inicio incómodo del día, Bulma decidió ir directo al punto. No tenía sentido perder el tiempo.
Quiso hablar con Gohan a solas, lejos de los oídos atentos de Trunks. Con un gesto discreto, le indicó que la siguiera al patio trasero mientras el niño continuaba desayunando, absorto en su comida.
—Primero que nada —dijo ella, rompiendo el silencio—, me alegra mucho volver a verte.
Le sonrió con sinceridad—. Y me sorprende que tu mamá te haya permitido entrenar a Trunks. No suele ser tan flexible. Pero supongo que los tiempos han cambiado.
Gohan no respondió de inmediato. Se veía nervioso, ligeramente ruborizado, con las manos tensas a los costados. La observaba mientras ella caminaba de un lado a otro, dando instrucciones con la seguridad que siempre la había caracterizado.
¿Había algo distinto en Bulma?
¿Siempre había tenido esos ojos… esa figura… esa forma de moverse?
No. Era la misma de siempre.
Entonces, ¿por qué ahora la veía diferente?
La respuesta era incómoda, pero clara.
Ya no la miraba como lo hacía un niño.
Ahora la veía… como un hombre mira a una mujer.
—Quiero que entrenes a Trunks —continuó Bulma, deteniéndose frente a él—. Que aprenda a defenderse si es necesario, pero sin poner su vida en riesgo. Enséñale a volar, por si necesita huir rápido. Pueden hacerlo en un lugar apartado, pero no lejos de la Corporación. También pueden entrenar aquí… mientras no destruyan nada.
—Lo entiendo —respondió Gohan sin dudar.
—Nada de enfrentar androides —añadió ella, seria—. Nada peligroso. Sigue siendo un niño.
—Te lo prometo, Bulma —dijo él con voz firme—. No haré nada que lo ponga en riesgo.
Ella lo miró unos segundos más de lo necesario. Se acercó y apoyó una mano en su hombro.
—Confío en ti.
El contacto fue breve… pero suficiente para que una descarga recorriera el cuerpo de Gohan.
—Bien —dijo Bulma, apartándose—. Entonces quedan oficialmente autorizados a golpearse entre ustedes.
Rió, relajando el ambiente.
Gohan sonrió también.
Ella no pudo evitar ver su sonrisa, tan perfecta y sincera. Algo se movió dentro de su pecho, pero desechó con rapidez cualquier pensamiento.
—Aprovecharé que Trunks estará contigo para avanzar en el laboratorio —añadió—. Tengo un proyecto rondándome la cabeza desde hace días.
—¿Te parece bien si regresamos a las tres de la tarde?
—Me parece bien. Intentaré tener la comida lista.
Los entrenamientos comenzaron en un terreno despejado, lo bastante cerca de la Corporación Cápsula para sentirse seguros, pero lo suficientemente aislado como para que Trunks pudiera aprender sin restricciones.
Bulma regresaba a su rutina en el laboratorio. El mundo seguía girando, aunque la amenaza de los androides permanecía constante, latente…
Los días comenzaron a repetirse.
Gohan llegaba siempre a la misma hora. Entrenaba con Trunks, comían juntos y por la tarde regresaba a la montaña Paoz con Milk… y a veces con el abuelo, cuando iba de visita.
El tiempo pasó rápido. Seis meses después, Trunks progresó rápidamente. Aprendió a volar, a pelear, a caer y levantarse sin rendirse. Reía, se esforzaba, insistía. Gohan no fue nunca una figura paterna; jamás serlo. Para Trunks, era algo distinto: un hermano mayor. El que lo escuchaba. El que entrenaba con él hasta quedar exhaustos. Con quién compartía sus días, su infancia.
Gohan era la compañía que nunca había tenido.
Algunas noches, Trunks le pedía que se quedara a dormir en la Corporación Cápsula para ver películas, jugar videojuegos, o hacer pijamadas hasta que alguno de los dos cayera de sueño. Al final de cuentas, era solo un niño que buscaba ser feliz.
Otras veces, Gohan ayudaba a Bulma en el laboratorio: moviendo equipos pesados, ordenando piezas, cargando cajas que ella no podía levantar sola. Gohan realmente buscaba siempre algún pretexto para acompañarla en el laboratorio y pasar tiempo con ella.
A veces reían por tonterías. Otras, hablaban de cosas más profundas y terminaban en silencio, con el peso del pasado y el recuerdo de los amigos que ya no estaban.
Sin darse cuenta, se habían vuelto confidentes. Amigos.
Gohan se había ganado un lugar en sus vidas… y en sus corazones.
Había ocasiones que Bulma miraba el reloj de la cocina impaciente, esperando su llegada. Comenzó a extrañar su presencia cuando por algún motivo no llegaba. A sonreír de más cuando sabía que se quedaría a dormir.
Gohan, por su parte, aprendió a ocultar cómo se le aceleraba el pulso cada vez que ella se acercaba demasiado.
Ninguno decía nada. Ninguno se permitía pensar demasiado.
Era más fácil fingir que no estaba pasando… lo que claramente estaba pasando.
Milk llamaba de vez en cuando a Bulma. Aunque fácilmente podría viajar a la Capital del Oeste, dos horas de trayecto le parecían demasiado, así que prefería la sencillez del teléfono.
Y sin que ninguno de los dos lo notara del todo, la Corporación Cápsula comenzó a sentirse menos vacía.
No eran una familia.
Pero para Trunks… era lo más cercano a una.
CONTINUARÁ.