Acercamiento
17 de febrero de 2026, 14:51
El cumpleaños de Bulma llegó sin que ella lo esperara… y aun así, lo deseó.
Llamó a Milk con una determinación que la sorprendió incluso a sí misma.
—¡Haré una fiesta de cumpleaños!
Milk supo de inmediato quién estaba del otro lado de la línea. Era la única que le llamaba.
—Estás loca. Hace años que no celebras tu cumpleaños.
—Pero esta vez quiero hacerlo.
Bulma se sentía cada día más feliz. No lo sabía con claridad, pero parte de esa felicidad tenía nombre y apellido. Con Gohan se reían a veces por cualquier motivo o tontería, sea en el lugar que fuera, siempre tenían muchos momentos agradables.
Por su parte, Gohan que su principal objetivo era de apenas sobrevivir en este presente con la amenza de los androides, se le veía un gran cambio en su actitud y comportamiento. ncluso Milk lo notaba: llegaba a casa con una sonrisa que nunca antes había visto.
Pensó que se trataba por la compañía de Trunks, ya que lo veía como a un hermano pequeño. Pero a la hora de la cena, Gohan por cualquiera que fuera el motivo, siempre terminaba hablando de Bulma y declo genial e inteligente que era. Le mostraba libros que Bulma le prestaba o le regalaba de la biblioteca de la CC.
A Milk le parecía extraño. Pero, al igual que ellos, decidió no pensar demasiado en eso. Quizá estaba viendo cosas donde no las había.
—¿Harás una fiesta con el mundo al borde de la extinción? —preguntó Milk.
—Los androides llevan tiempo sin aparecer por este lado —respondió Bulma, justificándose—. Ni siquiera se ha sabido nada de ellos últimamente. Además, no será una fiesta. Solo quiero una comida especial… y un pastel de cumpleaños. Y ahí es donde entras tú.
—¿Yo?
—Claro. Porque, obviamente, vas a venir.
—Bulma, sabes que no me gusta viajar.
—Hablas como si vivieras en otro planeta…
—¡Son dos horas y media de camino!
—Gohan llega en quince minutos.
—Gohan puede volar —dijo Milk, tajante.
—Vamos, no me quedes mal. Ayúdame con la comida y el pastel.
—Tienes todo el dinero del mundo. Puedes comprarlo hecho. Solo estás intentando comprometerme.
—En realidad estoy en crisis financiera este mes —mintió sin pudor—. Así que no te queda opción más que venir y ayudarme.
Milk suspiró.
—Está bien. Estaré ahí. Supongo que será este viernes.
—Sí —respondió Bulma, un poco confundida—. ¿Cómo lo sabes?
—Gohan lo mencionó —dijo Milk, fingiendo indiferencia.
No lo había mencionado una sola vez. Era prácticamente de lo único que hablaba desde hacía una semana. Incluso le había pedido que le horneara unas galletas para regalarle a Bulma; no sabía qué obsequiarle a alguien que podía comprarse cualquier cosa.
El viernes llegó.
Bulma citó a todos a las ocho de la noche, pero Milk y Gohan arribaron tres horas antes para ayudar con la comida y el pastel.
—El tiempo no pasa por ti —dijo Milk, abrazándola después de tantos años sin verse.
—Herencia de mi madre —respondió Bulma, coqueta.
Gohan le entregó una caja con las galletas hechas por Milk y un pequeño ramo de flores que había conseguido en la montaña.
—Gracias, se ven deliciosas —dijo Bulma con gratitud.
Le dedicó a Gohan una mirada mientras acercaba las flores a su rostro para olerlas.
—Por cierto… ¿dónde están tus padres? —preguntó Milk.
—Llegarán más tarde. Ellos ya no viven conmigo —respondió Bulma—. Me preocupa su seguridad. Hace tiempo decidimos que vivirían en otro lugar. Yo me quedé a cargo de la Corporación Cápsula y de lo poco que queda en la ciudad.
—Todo este tiempo pensé que seguían aquí contigo.
Una bandera roja imaginaria cruzó la mente de Milk. Había noches en que Gohan se quedaba a dormir, y no le parecía del todo correcto que en la Corporación solo estuvieran Bulma y Trunks. Sumado a la forma en que su hijo hablaba de ella…
Negó con la cabeza. Estaba exagerando.
La pequeña celebración dio inicio en el patio de la CC. Nada grande. Una mesa, luces suaves, comida casera.
Cuando estaban por sentarse a cenar, apareció Jin. Viejo amigo, socio, ingeniero brillante… y una presencia que incomodó a Gohan desde su arribo.
—¿Dónde está la cumpleañera? —preguntó con picardía—. La fiesta es para una mujer de treinta y ocho y yo solo veo jovencitas por aquí.
La madre de Bulma se sonrojó.
—Ay, Jin, qué cosas dices…
Bulma se levantó. Jin le entregó una caja grande con un moño exagerado y un ramo de rosas rojas, costosas y perfectamente envueltas.
Gohan no apartó la vista. Observó el abrazo y la manera en que posaba sus manos sobre el cuerpo de Bulma. También observando que el abrazo había durado más de lo normal. “¿Por qué no se separaban ya?” Se preguntaba. Vio cómo Jin se inclinaba para decirle algo al oído. Bulma rió. Los celos llegaron de golpe.
Sin notarlo, Gohan apretó con fuerza los palillos que tenía en la mano. Milk lo vio cambiar de expresión apenas Jin apareció. Pensó, otra vez, que solo eran ideas suyas… y dejó pasar el asunto.
La noche transcurrió tranquila. Risas. Pastel. Un poco de alcohol. Trunks estaba feliz, exhausto. Cuando el cansancio lo venció, se quedó dormido sentado en su silla.
—Yo lo llevo —dijo Gohan de inmediato.
Lo cargó con cuidado mientras Bulma los observaba con ternura. Los siguió con la mirada hasta que Gohan se perdió de vista al entrar a la casa. Y de nuevo, Milk estaba ahí para notar esa mirada, ahora en los ojos de Bulma.
—Bueno, señoritas, yo también me retiro —dijo Jin—. Mañana trabajo y, si sigo bebiendo, empezaré a hacer cosas que no debo.
Se despidió y se marchó. Poco después, los padres de Bulma también se fueron a dormir.
—¿Jin sigue soltero? —preguntó Milk, de pronto.
—Sí… creo que sí. Hace tiempo que no lo veía, así que no sé si ya tenga novia.
—Deberías darle una oportunidad —dijo, sintiendo de pronto una necesidad por buscarle pareja a Bulma.
Bulma arqueó una ceja.
—¿Oportunidad?
—Alguna vez me dijiste que estaba interesado en ti.
—No —respondió Bulma sin rodeos—. Solo nos vemos cuando queremos tener sexo.
Milk abrió ligeramente los ojos.
—Bulma… ¿cómo puedes decir eso tan a la ligera?
—Las mujeres también tenemos necesidades, Milk —respondió con calma—. Pero no lo veo de forma romántica. Es solo un amigo.
La respuesta no la tranquilizó; al contrario, la inquietó aún más.
Gohan ya no era un niño. Era un hombre. Y Bulma era, prácticamente, la única mujer adulta con la que convivía a diario y quizá la única que vería durante el resto de su vida. La naturalidad con la que hablaba de sexo, esa frase —las mujeres también tenemos necesidades—, le quedó dando vueltas en la cabeza más de lo que quería admitir.
Decidió no insistir.
Siguieron conversando un rato más, poniéndose al día. Mareada por el cansancio y el vino, Milk se disculpó finalmente y se fue a dormir.
Bulma se quedó sola en el patio. El aire nocturno era fresco. Miraba hacia el patio vacío, se recordó de todas las veces que vio a Vegeta entrenar en ese mismo lugar. La nostalgia la invadió y pasó de la alegría a la tristeza en dos segundos. Se levantó de la mesa y se dirigió a la alberca, se sentó en el bordo y hundió los pies en el agua, moviéndolos lentamente.
Sus pensamientos no pararon. La inundaron de lleno.
Vegeta. Las discusiones tontas. Los besos. Los momentos en que bajaba la guardia solo para ella. Las caricias que empezaban en el jardín y terminaban en su habitación… todo.
—¿Estás bien? —preguntó una voz detrás de ella.
Negó con la cabeza.
—Me quedé sola… empecé a pensar… y me puse triste.
—Me fui solo por 20 minutos…
—Fueron 20 minutos muy largos —respondió, intentando sonreír mientras se limpiaba una lágrima.
Hasta entonces, Gohan notó que en realidad estaba llorando. Se sentó a su lado, con cuidado de no invadir su espacio.
Bulma apoyó la cabeza en su hombro. Gohan tomó su mano con firmeza. Ella respondió apretando la suya.
—Gracias.
Gohan pensó que quizá ella se sentía sola más seguido de lo que mostraba. No era lo mismo estar sola… que hacerse la fuerte frente a un niño.
El hombro fuerte del guerrero era cómodo. Peligrosamente cómodo. Se quedó unos minutos así, sin inmutarse, se permitió sacar algunas lágrimas más, lo justo para dejar salir el peso que llevaba dentro… y seguir adelante.
Después de unos minutos, Bulma se incorporó de golpe.
—No —dijo sonriendo—. No es momento de estar triste. Es mi cumpleaños.
Y sin darle tiempo de reaccionar, se lanzó a la alberca.
Gohan rió, aún sorprendido. Desde el agua, Bulma le hizo un gesto travieso con la mano, salpicando apenas, invitándolo a unirse.
—¡No! Es el único cambio de ropa que traje —protestó, sujetándose la camisa blanca de tirantes.
—No seas aguafiestas —respondió ella, sonriendo desde el agua—. Hoy tienes que hacer lo que diga la cumpleañera.
La mirada de Bulma se detuvo un segundo de más en él, expectante.
Gohan suspiró, derrotado… y sonrió.
Se levantó y se quitó la camisa. Bulma bajo su mirada hacia su abdomen y se le borró la sonrisa por un segundo al ver su cuerpo marcado.
—Hazte a un lado —le dijo moviendo las manos.
Ella obedeció y nadó hacia la orilla de la alberca.
Gohan tomó impulso y se lanzó al agua, salpicando todo alrededor.
—¿Viste eso?
—No —respondió Bulma limpiándose el agua del rostro—. Tendrás que hacerlo otra vez.
Ambos rieron por lo ocurrido.
Las luces de la alberca iluminaban apenas sus rostros. La noche los envolvía. El mundo parecía lejano. Gohan nadó hacia ella sin pensarlo. Bulma no se apartó.
Quedaron a centímetros. Reían el uno con el otro, sin siquiera saber por qué.
Él tomó su cintura con ambas manos debajo del agua. Ella no lo detuvo.
Y entonces sucedió.
Sus labios apenas se rozaron. No fue un beso… pero el momento parecía pedirlo a gritos.
Bulma no dijo nada. No se apartó. No intentó huir ni retiró las manos de su cintura. Gohan entendió eso como permiso.
Volvió a poner sus labios sobre los de ella, con movimientos suaves, lentos, que fueron ganando intensidad poco a poco. Bulma llevó una mano a la nuca del guerrero, como si no temiera que él quisiera apartarse de golpe. Sus piernas se tocaban debajo del agua moviéndose en un vaivén casi inconsciente.
Nadie podía verlos y lo sabían. Ese beso solo podía existir ahí: bajo el agua, en la oscuridad de la noche, donde podían esconderse incluso de sí mismos. Donde el mundo exterior aunque fuera por un momento, estuviera lejano y distante de ellos.
CONTINUARÁ.