Límites
17 de febrero de 2026, 14:51
Gohan fue el primero en apartarse. Debía hacerlo o las cosas podrían subir de tono. El agua se movió entre ellos, como si también necesitara distancia.
—Lo siento…
Ella lo miró unos segundos, no había arrogancia, no había triunfo, solo nervios.
—No te disculpes—dijo al fin, con suavidad—. Los dos… bebimos un poco. Supongo que nos dejamos llevar por el alcohol.
Lo dijo como si necesitara convencerse a sí misma.
Gohan asintió.
Bulma sonrió, forzando ligereza.
—No dejemos que esto nos afecte. Somos adultos —añadió—. Hoy no existe nada. Ni los androides, ni el pasado, ni el futuro. Solo… dos personas disfrutando del agua en una noche calurosa.
Gohan volvió a asentir. Sin articular palabra.
Bulma se dedicó a nadar boca arriba como si nada hubiera ocurrido, deslizándose de un extremo a otro de la alberca con una calma casi provocadora.
Gohan, en cambio, permanecía en el mismo sitio, rígido, con el corazón aún desacompasado, tratando de asimilar lo que acababa de pasar… y lo que había significado.
Tras unos minutos, Bulma lo notó. Sin decir nada, le lanzó una salpicadura ligera, lo justo para romper la quietud. Funcionó.
Gohan le devolvió el gesto con la palma de la mano y ambos rieron. Se burlaron el uno del otro, fingiendo ligereza.
Gohan comenzó a salir y entrar del agua con clavados cada vez más exagerados, retrocediendo un poco más cada vez para lograr mayor impulso y provocar grandes salpicaduras. A Bulma le causaba gracia verlo así, comportándose como un niño… siendo ya todo un hombre.
Pero el agua no mentía.
De vez en cuando, sin pedir permiso, se rozaban bajo el agua. Sus manos se encontraban. nadaban uno junto al otro, compartiendo la misma corriente. De pronto, Gohan se sumergió y emergió frente a ella, con esa chispa traviesa que le nacía sin esfuerzo. Bulma no pudo evitar sonreír. Él la alzó con cuidado, sin soltarla. Era un juego.
Pero no tenía nada de inocente.
Ella rió, aún sorprendida, apoyando las manos en sus hombros para no perder el equilibrio. Gohan la bajó con lentitud, como si no tuviera prisa por soltarla. Las manos de Bulma resbalaron de sus hombros a su nuca, cerrándose en un abrazo natural, casi inevitable. Las de él pasaron de su cintura a su espalda, sosteniéndola con cuidado.
Permanecieron así, como si ambos fingieran no saber que aquella cercanía no era del todo correcta para dos personas que solo son amigos. Fueron lo bastante prudentes para sostener ese instante sin cruzar la línea, arruinándolo con un beso que lo cambiara todo. Hablaron de cosas triviales, casi absurdas, usando las palabras como excusa para no moverse, para no renunciar a una posición que, sin decirlo, resultaba demasiado agradable para los dos.
Aún sin comprenderlo del todo, habían cruzado límites imposibles de borrar.
La mañana siguiente llego, con conciencia y sin alcohol en su sistema.
En la cocina, Milk ya estaba despierta. Preparaba el desayuno con calma; era lo mínimo después de la hospitalidad recibida. Trunks desayunaba con entusiasmo.
—Gracias, tía Milk —dijo el niño con una sonrisa enorme.
Milk se giró, sorprendida
—¿Tía? —repitió, divertida.
—Hiciste galletas —dijo él, con los ojos brillantes.
—Para el desayuno —respondió ella—. ¿Gohan no ha despertado?
—No —contestó Trunks—. A lo mejor se quedó despierto con mi mamá.
Milk se quedó inmóvil un segundo. No por la frase en sí. Sino por cómo sonó.
Arriba, Gohan en su habitación despertó sobresaltado.
Sentía un calor en su entrepierna. Demasiado.
El recuerdo de la noche anterior lo golpeó sin piedad: el agua, la risas… el beso.
Cerró los ojos con fuerza.
—Genial… —murmuró para sí mirando debajo de sus sábanas.
Necesitaba una ducha. Urgente.
Bulma despertó poco después.
Abrió los ojos lentamente… y entonces lo recordó todo de golpe.
Se incorporó en la cama violentamente. Sobresaltada.
—¿Qué hice…? —susurró—. ¿Cómo se supone que lo mire ahora?
Se levantó decidida a fingir normalidad. Se arregló con cuidado, como cualquier otro día. Nada pasó, se dijo. Nada pasó.
Gohan bajó primero.
Milk lo recibió con una mirada atenta.
—Buenos días, hijo.
—Buenos días, mamá.
Ahí estaba. El leve rubor en sus mejillas. La rigidez en sus movimientos.
Bulma apareció después.
Al cruzar la cocina, Gohan levantó la vista… y volvió a bajarla de inmediato.
—Buenos días —dijo ella, firme, controlada.
—Buenos días —respondió él.
No se miraron más.
Desayunaron tranquilos. Trunks hablaba, Milk escuchaba, Bulma asentía, Gohan respondía lo justo.
Una paz aparente.
Hasta que la puerta se abrió.
—Buenos días, cumpleañera —anunció Jin, entrando con total confianza.
—Jin —saludó Bulma—. ¿Quieres desayunar algo?
—Solo café —respondió—. Tenemos trabajo.
Ella asintió, agradecida por la excusa para salir de ahí.
Ambos se dirigieron al laboratorio, de la CC.
—Gracias por sacarme de ahí… —le comentó mientras caminaban.
CONTINUARÁ.