ID de la obra: 1664

Un nuevo amor

Gen
NC-21
En progreso
1
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 26 páginas, 10.019 palabras, 9 capítulos
Descripción:
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Jin

Ajustes
El laboratorio estaba en silencio, roto solo por el zumbido constante de las máquinas. Bulma miraba la pantalla… sin verla realmente. Con la mirada fija en un punto. —¿Qué fue lo que pasó anoche, Bulma? —preguntó Jin tomando de su taza de café. —Nada importante —respondió ella rápido. Demasiado rápido. Jin ladeó la cabeza. La conocía desde hacía más de ocho años. Esa no era su Bulma normal. —¿Y por qué me agradeciste que te salvara de la cocina? —Hice algo estúpido. —No me digas… te cenaste al muchacho… —dijo burlón. Bulma no lo negó ni lo aceptó. —No puede ser, ¡sí lo hiciste! —No, no, pero creo que estuve a punto de hacerlo —respondió calmando el ambiente con las palmas de las manos. —Cuéntamelo todo —respondió, impulsándose en la silla hasta quedar frente a ella. —Lo besé —dijo intentando sonar casual. —Por favor, sé más específica. Tenemos mucho trabajo y tengo todo el tiempo del mundo para escucharte. Bulma rodó los ojos, pero terminó contándole todo. Sin adornos. Sin saltarse nada. La noche anterior, cada detalle. Jin la escuchó sin interrumpir. La conocía desde que Vegeta había aparecido en la CC. Había visto guerras, rupturas, reconciliaciones, versiones brillantes y versiones rotas de ella. Nada lo escandalizaba. Nunca la juzgaba. Era su confidente sin filtros. Su amigo incómodamente honesto. El “casi gay”… que no era gay en absoluto. Jin apoyó los codos sobre la mesa. —Así que ahora vas a reemplazarme —dijo con media sonrisa. Bulma lo miró, seria. —No. Esto… no debió pasar. Y ya. Jin estuvo a punto de contestar cuando la puerta del laboratorio se abrió. —¿Puedo pasar? —preguntó Gohan, asomándose. —Claro —respondió Jin sin perder el tono ácido—. No estamos haciendo nada importante. Solo sosteniendo el universo con cinta adhesiva. Bulma se tensó apenas un segundo. No esperaba verlo ahí. No tan pronto. Jin se levantó despacio. —Voy por café —anunció. Al pasar detrás de Gohan, miró a Bulma y movió apenas los labios: Estás frita. Salió del laboratorio. El silencio que quedó fue más pesado que cualquier máquina encendida. Gohan dio un par de pasos hacia dentro. Cerró la puerta con suavidad. —Vine a hablar contigo… pero no sé cómo abordar el tema. Bulma fingía concentración en su mesa de trabajo. —¿Qué sucede? —Lo que pasó anoche… —Gohan respiró hondo—. Quiero disculparme. Una vez más. Bulma se giró de inmediato, interrumpiéndolo. —Oh… no te preocupes por eso. Fue la emoción del momento. No tiene sentido darle vueltas. Gohan la miró en silencio. Analizándola, viendo su frialdad y el muro que ella acababa de levantar. —Entiendo —dijo al fin, bajando la mirada—. No volverá a pasar. Bulma no soltó su mano. Una parte de ella quería que se quedara. La otra quería dejarlo ir. Se miraron en silencio. Entonces se escucharon los pasos de Jin en el pasillo, regresando al laboratorio. El sonido la devolvió a la realidad. Soltó la mano de Gohan. —Luego hablamos —murmuró. Gohan asintió y salió sin decir más. La puerta se cerró justo cuando Jin entraba con su café. —Bien —dijo animado—, volvamos a salvar el mundo. Se sentó frente a ella y empezó a disparar preguntas sin darle tiempo a respirar. —Si ajustamos el núcleo aquí, el consumo baja… —Un doce por ciento… —¿De titanio o de aleación flexible? —Flexible. —¿Resistencia? —La necesaria. —¿Y el sistema de apagado? —Automático. —¿Controles? —Manuales. —¿Energía? —Híbrida. —¿Te gustó el beso? —Mucho… Bulma parpadeó. Jin la apuntó con uno de sus dedos. —¡Caíste! Ella cerró los ojos un segundo, maldiciéndose. Jin sonrió de lado. —Así que por fin el muchacho cumplió su fantasía contigo. —¿Fantasía? —Ay por favor, Bulma, está loco por ti. Ella soltó una risa incrédula y tomó una carpeta, alejándose hacia el fondo del laboratorio como si el movimiento pudiera darle una salida. —Estás delirando. —No puede ser que no te hayas dado cuenta. Solo basta con ver cómo te mira. Está enamorado de ti. —Ves demasiados dramas coreanos —contestó ella sin detenerse—. No hay nada de lo que dices. Fue el alcohol. Jin la observó detenidamente, la conocía muy bien y sabía que estaba mintiendo. —Creo que hay algo más… —No hay nada más. Si lo hubiera, te lo diría. Jin dio un paso hacia ella, bajando la voz. —Te gusta. Y eso te hace sentir culpable. Bulma se quedó dubitativa, analizando las palabras de Jin en silencio. —Sí, me gusta —Admitió con sinceridad —. A ti no te puedo mentir. Suspiró, frustrada consigo misma. —Me pone nerviosa verlo entrenar sin camisa, cuando me sonríe, cuando lo sorprendo mirándome fijo. Y cuando me toma la mano… —exhaló con dramatismo—. No sé qué me pasa. Es absurdo. Es… es un niño. —¡Eso ya no es un niño! —exclamó Jin señalando hacia la ventana—. ¿De dónde sacas esa idea? —Lo conozco desde que tenía cuatro años. Jin abrió los ojos exageradamente. —Eres una pervertida. —¡Lo ves! Tú también lo piensas. —Estoy bromeando —aclaró, rodando los ojos—. Es un hombre y tú una mujer. ¿Qué hay de malo en eso? Es atractivo, fuerte, le encantaría a cualquier mujer y probablemente haría dudar a más de un hombre sobre su sexualidad. Bulma negó con la cabeza. —No lo sé… aun así, no lo considero correcto —De todos estos años conociéndote, nunca he visto interesada en alguien más. Y pretendientes te han sobrado. Y la razón es mas que obvia. Porque la sombra de Vegeta siempre eclipsó a cualquier hombre común. Así qué… quién más? —¿Quién más de qué? —preguntó ella, frunciendo el ceño. Jin sonrió, con esa seguridad incómoda que tanto la molestaba. —¿Quién más podría competir con un saiyajin… que otro saiyajin? CONTINUARÁ.
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