ID de la obra: 1664

Un nuevo amor

Gen
NC-21
En progreso
1
Fandom:
Tamaño:
planificada Mini, escritos 26 páginas, 10.019 palabras, 9 capítulos
Descripción:
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Milk y sus padres se fueron ese mismo día. Se despidió de todos fraternalmente con un gran abrazo, pues no sabía cuánto tiempo pasaría sin volver a verlos. Gohan se fue con Milk y trató de evitarlo a toda costa. Los días transcurrieron con una aparente normalidad. Gohan seguía llegando cada mañana, pero Bulma ya no lo recibía por las mañanas. Se encerró en el laboratorio como quien se esconde de sí misma. Pasaban las horas sin que saliera. Planos abiertos, pantallas encendidas, café frío olvidado en una esquina. Pedía comida solo para no cruzar la cocina. Solo para no verlo apoyado en el marco de la puerta, sonriéndole como siempre. Extrañaba escucharlo llegar. Extrañaba su voz preguntando si necesitaba ayuda. Extrañaba esa calma absurda que solo aparecía cuando él estaba cerca. —Es ridículo —se decía así misma cuando se sorprendía pensando en él. —¿Qué es ridículo? —Preguntó Jin al escucharla hablar en voz baja. —Lo extraño… —admitió al fin. La palabra le salió más baja de lo que quería. Con Jin no necesitaba fingir. Él la había visto romperse y reconstruirse demasiadas veces. No tenía sentido mentirle. —¿Él sabe que lo estas evitando? —preguntó él, suave pero directo. Bulma apretó los labios. —No lo sé… No hemos cruzado palabra en dos semanas, supongo que lo intuye. Dos semanas. Catorce días de silencios calculados. De pasos esquivados en pasillos demasiado largos. De puertas cerrándose justo a tiempo. Gohan lo notó desde el primer día. La forma en que ella desviaba la mirada antes de que sus ojos se encontraran. La prisa repentina que aparecía cada vez que él entraba en una habitación. Empezó a preguntarse si todo había sido un error de su parte. Si el beso había cruzado una línea que ella no quería recordar. Si él había confundido las cosas y en verdad era como ella dijo… el alcohol. Y luego estaba Jin. Siempre ahí. Desde la noche del cumpleaños, no había un solo día en que ese “compañero” no apareciera en la corporación y desapareciera dentro del laboratorio con Bulma. A veces Gohan pasaba sin avisar. Y los veía. Demasiado cerca. Jin inclinándose sobre la laptop, rozando su mano al señalar algo en la pantalla. Hablándole al oído con esa confianza que Gohan no tenía. Risas bajas. Complicidad. Jin provocaba el contacto. Intencionalmente. Y Gohan sentía esa presión en el pecho. No sabía si era celos, miedo o rabia. Le dolía saberse reemplazado tan rápido. Esa noche decidió quedarse. —¿Te quedas? —preguntó Trunks, los ojos brillando. —Si quieres. El niño casi se cae de la emoción. Le encantaban esas noches: películas hasta tarde, videojuegos, risas que hacían eco por toda la sala. Bulma no lo supo hasta que llegó del laboratorio y lo vio ahí, tirado en el suelo con Trunks, el control en la mano, riéndose como si nada pesara. Se quedó quieta un segundo. Sorprendida de verlo ahí. La cena fue tranquila. Decidió esta ver llevar la cena hasta ellos en la sala para que siguieran jugando. Risas, conversaciones seguras. Comentarios ligeros. Todo parecía ir normal, como antes. Cuando Bulma anunció que se iba a dormir, Gohan sintió el impulso de hablar y detenerla. No lo hizo. —Buenas noches —dijo ella. —Buenas noches. Trunks subió primero, arrastrado por el sueño. Gohan se quedó sentado en la sala. Escuchó el silencio expandirse por la casa. El sonido lejano de una puerta cerrándose. El latido en sus propios oídos. Por una vez… dejó que el corazón decidiera antes que la razón. Y se levantó. Bulma estaba despierta. No podía dormir sabiendo que él estaba ahí. No esa noche. Estaba demasiado intranquila. El golpe suave en la puerta la sobresaltó. Con paso lentó, abrió. Y ahí estaba Gohan. Serio. Inquieto. Vulnerable. —¿Me estás evitando? —Preguntó sin titubear. —¿Por qué dices eso? —respondió ella, intentando ignorar la situación. —Siempre estás ocupada, no te veo nunca más por las mañana ni por las tardes… Bulma apretó los dedos contra la puerta. Dónde él no podía verlos. —Eres mi mejor amiga —continuó él, más bajo—. Y no quiero perder eso. Respiró hondo, como si cada palabra le costara. —Prácticamente, eres todo lo que tengo. —No digas eso, tienes a tu mamá y también a Trunks —No es lo mismo… —dijo en voz baja. Se apoyó en el marco de la puerta como si necesitara algo firme para sostenerse. La luz tenue del pasillo dibujaba sombras en su rostro. Tragó saliva antes de continuar. —Contigo no es lo mismo. Hubo un silencio pequeño. Vulnerable. —Me haces sentir que puedo vivir, no solo existir… —confesó, apenas respirando entre palabras—. Y no quiero perder eso… no quiero perderte. Silencio. Pesado e íntimo. Bulma sintió ese nudo en el pecho. Porque ella también se sentía viva con él. Porque lo esperaba cada mañana sin admitirlo, y cuando llegaba le cambiaba el humor con tan solo verlo. Quiso responder. Decir algo inteligente. Algo seguro. Algo que no rompiera nada. Pero no pudo. Porque en ese momento entendió la verdad. Lo estaba evitando porque ya no sabía cómo mirarlo sin querer más de él. Y eso… la asustaba. Se quedó ahí, apenas ladeada, con la mano aferrada al picaporte como si fuera lo único que la mantenía firme. Como si soltarlo implicara perder el control. —Yo tampoco quiero perder eso… nuestra amistad —dijo, suave, intentando apagar el incendio antes de que tomara forma. Gohan bajó un poco la mirada al escuchar la palabra amistad. Bulma llevó su mano al pecho de Gohan, y lo acarició suavemente, de manera inconsciente al verlo cabizbajo. Gohan observaba sus delicados dedos deslizarse sobre la tela de su camiseta. Sintió el calor de su palma contra el latido firme de su corazón. —No sabes lo peligroso que es lo que estás haciendo… —le dijo Gohan en un susurro. Cuando se dio cuenta de lo que hacía, dejó de moverse. Pero no retiró la mano. —Evitarte no fue justo —continuó, con voz más baja—. Pensé que si dejábamos pasar el tiempo… lo olvidaríamos. Gohan levantó la mirada entonces. Y había algo distinto en sus ojos. No era timidez. Era convicción. —Eso no es algo que se pueda olvidar, Bulma. La firmeza en su voz le recorrió la piel como una descarga. Por un segundo —solo uno— quiso abrir la puerta por completo, tomarlo de la mano, atraerlo hacia ella y dejar que el mundo se desmoronara lejos. La edad. El pasado. Vegeta. Las reglas. Todo. Pero no lo hizo. —Eres un joven extraordinario —dijo con cuidado, calculando cada palabra—. Contigo puedo reír. Hablar de cualquier cosa. Sentirme acompañada… No quiero arriesgar eso por un impulso que no supimos frenar. Gohan asintió lentamente. Bulma, apretó el picaporte con más fuerza. Intentando buscar la fuerza para no caer en la tentación. —Si te hice sentir incómoda… perdóname. Es obvio que confundí las cosas, si mi presencia te complica las cosas… puedo dejar de venir. —No —lo interrumpió—. No hagas eso. —Dijo volviéndolo a poner su mano en su pecho inconscientemente. —Si te vas me quedaré sola otra vez. Has traído luz a mi casa. No temo decirlo porque es verdad. Gohan sintió la presión de su mano. El calor. La cercanía. Sus músculos se tensaron como la primera vez. —No te dejaré sola —dijo tomándola de la mano—. Pero quiero que estés cómoda conmigo. Como antes. Ella sostuvo su mirada. —Todo será como antes. Mentía. Los dos lo sabían. Se miraron un segundo más. Demasiado largo. —Buenas noches —dijo él al final. —Buenas noches, Gohan. La puerta se cerró. Bulma se apoyó contra ella, dejando que su espalda descendiera lentamente hasta quedar sostenida solo por la madera. Cerró los ojos. El aire parecía más denso. Había electricidad en el ambiente. Real. Suspendida. Cuando él dijo “No sabes lo peligroso que es lo que estás haciendo”… algo dentro de ella se encendió. Un cosquilleo profundo. Vivo. ¿Lo había excitado son solo tocarlo? ¿Jin tenía razón? ¿Él estaba loco por ella? Esa noche, el sueño no llegó fácil. Y en habitaciones separadas, bajo el mismo techo, ambos lucharon contra la misma sensación: Deseo contenido. CONTINUARÁ.
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