Interludio: Lo que prende

Gen
PG-13
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planificada Midi, escritos 24 páginas, 6.828 palabras, 3 capítulos
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Interludio: Lo que prende (Esperanza)

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Interludio: Lo que prende (Esperanza)

(Katniss POV) Mi mano agarró el picaporte para abrir la puerta. Con la misma esperanza que cada día se quemaba un poco más. Hoy será diferente. Cerré los ojos un momento antes de entrar a la habitación. Lo primero que noté fue la ausencia del sonido de la camilla y del respirador. Y después… esos ojos azules mirándome fijamente. Por fin… Estás aquí… Él sonrió de medio lado antes de levantar su mano izquierda hacia mí. —"¡Peeta—!" Estiré el brazo para alcanzarlo, pero sentí un tirón en el otro que me frenó en seco en el umbral. Torcí la cara, a punto de rugir que me soltaran. No obstante, el rostro de quien me sostenía me detuvo. —"¿P-Prim?"— balbuceé incrédula. —"Suélta—" Una segunda mano apareció tomándome más arriba de la de Prim. Alcé la mirada… ¿Mamá? ¿Qué están haciendo? Puse mi mano sobre las suyas, intentando en vano que su agarre de hierro me dejara ir. Volteé a ver a Peeta, que seguía esperando igual. Mi respiración se aceleró mientras su imagen se alejaba. Más manos se unían para someterme, tirando de mí, arrastrándome lejos de él. —"¡No!"— vociferé tirando con todas mis fuerzas. Las manos me aprisionaron con fuerza, obligándome a girar. Abrí los ojos de par en par: Mamá, Prim, Gale, Madge… el Distrito tiraba de mí. El aire me abandonó. ¿Qué es esto? ¿Por qué no puedo… estar con él? —"¡ALÉJENSE DE MÍ!"— ladré con todas mis fuerzas. —"¡Katniss!"— soltó de repente la figura de Prim. ¿Qué? —"¡Hija!"— me chilló Mamá. Sentí una sacudida y sus imágenes se desvanecieron. Me levanté de golpe. Sentía el pecho a punto de estallar, el sudor en la cara y el cabello pegado a la piel. Me pasé las manos por el rostro mientras intentaba recobrar el aliento. Mi vista enfocó a Prim frente a mí, al lado de Mamá. Ambas me observaban igual de agitadas. Prim se mordía el labio, examinándome de arriba abajo, mientras Mamá cerraba los ojos con la mano en el pecho. Me moví torpemente para apartar las cobijas de mis pies. Esa sensación seguía ahí, clavada en mi pecho. Algo está mal. —"Katniss, hija. Espera—" —"Necesito verlo"— la interrumpí al instante. Salí de la habitación y las noté seguirme por las escaleras. —"Katniss, tienes que calmarte primero"— oí decir a Prim, pero la ignoré. Sabía que, en cuanto cruzara el marco de su puerta, ellas no dirían nada. No entrarían. Y menos después de la discusión de hace semanas. Apresuré el paso. Un pitido constante me golpeaba los oídos, cada vez más fuerte. ​¿Qué es eso? ​Abrí la puerta de un golpe, estrellándola contra la pared. La máquina aullaba sin pausa mientras Peeta se retorcía de forma extraña. ​—"¡Prim, ve por el médico ahora!"— le grité mientras corría hacia él. Seguía con los ojos cerrados, sacudiéndose violentamente. ​¿Qué hago? ​Le puse la mano en el pecho. Comprobé los cables buscando algún fallo, pero todo parecía estar en su sitio. ¿Qué es? ​Empezó a toser, aunque seguía inconsciente. El pecho le subía y bajaba con una fuerza desesperada. ​No, no… ​No puede respirar. ​—"¡PRIM!"— llamé de nuevo. Mi mirada saltaba de su rostro al tubo de la boca. ​Escuché pasos rápidos. El médico apareció y me apartó de un empujón. Sus manos se movían frenéticas sobre los botones. ​Le tomé la mano a Peeta mientras el pitido se callaba. Sus convulsiones también se detuvieron. ​El médico soltó un suspiro y cerró los ojos un momento. Le apreté los dedos a Peeta antes de mirar al doctor. ​—"¿Qué pasó?"— pregunté. La voz me salió tensa. ​—"Él… empezó a respirar por sí mismo"— respondió mientras revisaba la pantalla. ​Por sí mismo. ​Contemplé su rostro. Está mejorando. Sentí un vuelco de alivio en el estómago. ​Tal vez… ​—"Es una buena noticia"— añadió, mirándome. ​Me mordí el labio. Solo pude asentir. En la puerta, Mamá abrazaba con fuerza a Prim, que me miraba con duda. ​—"Entonces, ¿ya puedes quitarle esa cosa?"— cuestioné, fija en el tubo. ​—"No, todavía tengo que hacer pruebas primero"— replicó antes de anotar algo. ​¡Toc!, ¡Toc!, ¡Toc! ​El golpe en la madera hizo que Mamá y Prim se giraran. Seguí acariciando la mano de Peeta, perdida en mis pensamientos. ​—"¿Te quedarás esta noche aquí?"— el médico terminó de escribir y me observó. ​Sentía que la cabeza me daba vueltas. No iba a poder dormir de todas formas. Asentí despacio, esquivando su mirada mientras me sentaba en mi silla. ​Empezó a alejarse, pero se detuvo en el umbral y se aclaró la garganta. ​—"Cuando pase algo, no tienes que mandar a tu hermana llamando"— dijo antes de señalar un reloj extraño en su muñeca que destellaba verde. Salió sin decir más. ​Claro… ​—"Señor Abernathy"— escuché la voz del médico en el pasillo. ​Haymitch apareció a los pocos segundos. Llevaba algo rarísimo en él: ropa deportiva y tenis. ​Extraño. ​—"Tu hermanita sí que tiene pulmones"— se quejó. Entró con las manos en los bolsillos. ​No le respondí. Vi que Prim y Mamá lo seguían; se detuvieron en la entrada hasta que Prim se decidió a entrar. ​—"¿Qué le pasa a tu galán ahora?"— preguntó con cansancio. ​Lo fulminé con la mirada. Mamá y Prim se quedaron tiesas al oírlo. ​—"Parece que respira por su cuenta"— contesté poniéndome en pie. ​Él devolvió un silbido y se apoyó en la cama para ver mejor a Peeta. ​—"Cada vez más cerca"— murmuró. ​—"Sí"— repliqué en voz baja para que me prestara atención. ​Nos sostuvimos la mirada un segundo hasta que él asintió. ​—"Siempre que vengo me da envidia el hijo de perra"— soltó, acusándolo con la barbilla. Mamá y Prim se quedaron boquiabiertas. Me miraban como si fuera a saltar sobre él en cualquier momento. Emití un "Mmm" mientras levantaba una ceja. ​—"El chulo duerme todo el día, le limpian el trasero y tiene a una chica que lo baña"— bufó alejándose de la cama y cruzándose de brazos. ​Se me escapó una risa. Haymitch gruñó. No fui la única; Prim también se rió, aunque intentó taparlo. Haymitch arrastró otra silla y se dejó caer en ella con desgano. ​—"Vete a dormir. Esta noche me quedo yo con él"— ordenó sin mirarme, concentrado en una de sus uñas. ​Mi primer instinto fue rehusarme. Pero me quedé callada. Me zumbaba la cabeza y sabía que no iba a poder pegar ojo. ​Sentí la mirada de mi madre clavada en mí. Solo por esta vez, cedí. Con Haymitch ahí, sabía que Peeta estaría bien. ​Me puse en pie, dejando su mano sobre la cama. Me despedí de Haymitch con un gesto. Él hizo una mueca mientras sacaba una pequeña petaca de su pantalonera. ​Negué con la cabeza. ​Salí del cuarto seguida de Prim y Mamá. Avanzamos en silencio hasta subir las escaleras. Me detuve frente a la puerta de mi cuarto. ​La necesidad de bajar y volver con Peeta me golpeó de lleno. Apreté los dientes; sentía los hombros pesados. ​—"¿Y si dormimos todas juntas?"— murmuró Prim, tanteando mi mirada. Es una mala idea. ​—"Es buena idea"— secundó Mamá, uniéndose a la petición. ​Ya lo habíamos intentado y no funcionó. Le propiné un golpe por error cuando soñé con Clove. ​Pero… ​Aparté la mirada, liberé un suspiro y caminé hacia la habitación de ellas. Me metí en la cama sin decir nada. ​Cerré los ojos con fuerza, intentando ignorarlo todo. Entonces sentí el abrazo de Prim y la mano cálida de Mamá sobre mi cabeza. ​El pecho empezó a dolerme con fuerza. Intenté mantener la compostura, pero algo se deslizó por mi mejilla. ​Sentí sus brazos rodearme con más fuerza y la mano de Mamá acariciándome con ritmo. Hundí mi cara con fuerza contra la almohada. Y lentamente fui cediendo ante el roce en mi cabeza hasta que todo… se evaporó. ~Katniss~ Solo un rato más, por favor. Gemí para mis adentros. ~Hija, despierta~ Abrí los ojos y me topé con una sábana blanca. Levanté la cabeza despacio para ver el rostro de Peeta; se veía tranquilo sin ese odioso tubo. —"Perdón por despertarte, pero tengo algo que pedirte"— volteé a ver a Mamá. Esperaba en el marco de la puerta, jugueteando con sus manos. Me pasé la mano por la cara. Asentí mientras la miraba fijamente. —"Mmm…"— ella dudó y miró al suelo como si buscara las palabras. —"Necesito que recojas a Prim de la escuela"— soltó rápidamente para volver a mirarme. Oh… El tiempo pasaba tan rápido que… parecía sobrenatural. —"Yo lo haría, pero tengo que atender un parto y no me dará tiempo. Además, el médico está por llegar y creo que te dará tiempo de ir. Y—" —"Está bien"— la interrumpí mientras apretaba la mano sobre la sábana. Ella abrió y cerró la boca varias veces. Finalmente no dijo nada; solo aprobó con la cabeza antes de irse. El sonido de la puerta cerrándose a lo lejos me hizo estremecer. Estiré la mano hacia la de Peeta. Habían pasado dos meses. Le quitaron el tubo hace una semana. El médico dijo que estaba progresando bien y que ahora solo era cuestión de tiempo. Aunque no era cien por ciento seguro, según él. Él se levantará. Me aseguré a mí misma. Subí la cabeza hacia el reloj; el médico no tardaba en llegar para su cambio, baño y análisis diario. Será mejor que me dé un baño. Bajé las escaleras con el cabello todavía húmedo. Justo entonces se escuchó el suave toque del médico en la puerta. —"Adelante"— anuncié ya frente a la entrada. —"Buenas tardes"— saludó. Simplemente asentí, esperando a que se hiciera a un lado para poder salir. —"Ah, ¿esta vez no nos acompañas?"— reconoció con una mueca en la cara. Solo negué con la cabeza para pasar por su lado. —"Todo se supera"— le escuché murmurar justo cuando la puerta terminó de cerrarse. ¿Qué? Me quedé quieta en la entrada. ¿Superar? Fue como un golpe en el abdomen. Yo no… Me giré sujetando la perilla de la puerta, lista para entrar y quedarme a su lado. Como debería ser… ~... Vamos, Katniss, vive el momento. Sal de tu mente un rato~ Solté la perilla. No es superar. No lo estoy dejando. No sé… —"... No se trata de llegar al destino, sino de disfrutar el viaje"— musité viendo mi mano. No pasa nada por dejarlo un momento. Él me enseñó eso. Él… no querría que me estancara solo esperándolo. Puedo hacer las dos cosas a la vez. Vivir. Tomé aire, sintiendo el sol en la cara. Aguantar. Miré la puerta una última vez. Cerré el puño para dar media vuelta y comencé a caminar por la vereda de la casa, directo a la salida. Anduve a paso firme hacia la escuela. Ignoré cada mirada, cada susurro, cada murmullo. Las clases habían empezado esta semana. El Distrito seguía igual; nada había cambiado realmente. Solo yo. Ya no había escuela, ni la niña hambrienta de la Veta, ni siquiera la cazadora. Ahora solo era la vencedora, la chica en llamas. O al menos eso dicen. Cuando el edificio apareció a lo lejos, me detuve un segundo. Clavé la vista en el suelo, golpeando mi pierna un par de veces antes de continuar. El primer "espera, de verdad es ella" y los "por fin salió" me golpearon mientras atravesaba el mar de estudiantes. No miré a nadie; seguí directo hacia donde sabía que estaría Prim. Arrugué el ceño cuando llegué al salón y no la vi en la puerta. Como yo le enseñé. Como siempre hacía. Tal vez Mamá le dijo que esperara en otr— —”¡Katniss!”— el grito doble me hizo voltear al instante para ser casi arrollada por dos cabelleras negras. —”¡De verdad estás aquí!”— volvieron a gritar ambos, obligándome a verlos mejor mientras me apretaban con fuerza. Rory, Vick. Les regresé el abrazo a los dos con una sonrisa que no pude evitar. De verdad eran ellos. —”A mí también me da gusto verlos”— les dije soltándolos. —”Vengo por Prim. ¿Dónde está?”— pregunté, buscándola detrás de ellos, donde siempre solía estar. Vi cómo el brillo desapareció de sus caras. Vick desvió la mirada al suelo pateando algo y Rory forzó una sonrisa. —"Ella está… ja, ja, ja"— comenzó a decir Rory, pero la risa nerviosa no lo dejó terminar. —"Está en la oficina del director"— acabó por él Vick. ¿Prim con el director? Imposible. —"Ella tal vez golpeó a una niña en el recreo, ya sabes cómo es"— habló de la nada Rory, levantando la mano como si no supiera cómo explicarse. Golpeó. Prim golpeó a alguien. —"Sí, golpeó de pegar, Katniss"— contestó Vick, como si pudiera leerme la mente. ¿Q-Qué?
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