Interludio: Lo que prende (Observa)
19 de marzo de 2026, 23:40
(POV Peeta)
Me senté a la orilla de la cama, pasando mi mano por mi cabeza. El sol entraba levemente por una ventana.
Un nuevo día.
Apoyé la máquina en el colchón para levantarme. Miré a Katniss dormida pacíficamente abrazando mi almohada —que me robó a la mitad de la noche— como si nada, como si lo que pasó no importara.
Y no lo hace.
Tomé la sobrecama y la tapé. Sabía que necesitaba descansar como era debido. Sonreí cuando ella frunció el rostro.
Ni durmiendo dejas de ser Katniss.
Volteé para encontrar mi reflejo en el espejo del peinador. Me observé de pies a cabeza. Sabía que era yo, pero… levanté el trasto, mirándolo fijamente. Cerré y abrí la mano varias veces.
No había retraso; era una prótesis que fácil podía reemplazar un brazo. Al menos en utilidad, pero no había sentido del tacto o calor.
Puedo vivir con esto.
Pero con lo que no puedo…
Caminé al peinador, abriendo el cajón y sacando una libreta y pluma. Le di una última mirada a Katniss, parando en el marco de la puerta.
La dejaré dormir por ahora.
Me ocuparé primero de todo.
Salí, cerrando silenciosamente la puerta, para ir a ver a Haymitch. Tomé el pomo de su puerta…
¡Grrr…! ¡Jonk…! ¡Grrr…!
Sacudí la cabeza, cerrando los ojos para contener la risa por el maldito león que estaba en su cuarto.
Cómo diablos puedes dormir contigo mismo.
Me apiado de ti, Effie.
Me di la vuelta; por ahora lo haría solo. Necesito confirmar primero. Me di cuenta de que mis pasos eran más seguros, ya no me sentía tan débil. Bajé las escaleras con menos problemas de los que pensaba.
Dejé la libreta y la pluma en la mesa para entrar a la cocina. Buscando lo primero en mi lista.
¿Dónde estás?
Bingo.
Estiré la mano, tomé el microondas y lo saqué de su lugar para dejarlo caer en la barra. Me sostuve de la pared cuando sentí que todo me daba vueltas.
Venga.
Abrí el cajón, recomponiéndome, para sacar un par de cuchillos. Encendí la estufa dejando uno de ellos cerca de la llama, giré el microondas, tomé el cable y lo arranqué con el otro.
Volví a girarlo para concentrarme ahora en la placa numérica. Tomé el cuchillo y comencé a abrirla lentamente. Me recargué un segundo sobre la barra, tragué saliva pesadamente. Tomé aire un par de veces para calmarme y continuar.
Solo un poco más.
Listo.
Dejé el cuchillo para tomar la placa con el trasto y tirar levemente de ella para poder sacarla.
Bien… ¿Dónde está…? D… D12… aquí.
Tomé el cuchillo, que estaba un poco caliente, para presionarlo contra la placa; debía ser algo suave para no dañarlo. El olor a plástico inundó la cocina, pero mi atención estaba fija en la pequeña pieza que cedió al final.
Va uno.
Regresé a la placa para tomar el capacitor también.
Van dos.
Maldición, los LED son demasiado pequeños.
Apagué la estufa, dejando todo en la barra, para buscar lo segundo en mi lista. Mi vista se quedó clavada en lo que buscaba. Me acerqué para tomar la cafetera. Me quedé viendo el botón de programar.
Esto funcionará.
¡Crack!
Aplasté la cafetera con la máquina que ahora era mi brazo y la dejé en la barra hasta sacar el pequeño plástico LED.
Tomé todo, dejando el microondas a medio abrir sobre la barra. Lo usaría después si tenía razón.
Aunque sabía que sí la tenía.
(POV Katniss)
Mmm…
—"Peeta"— murmuré, fastidiada por el sol que me daba de lleno en los párpados.
Cerré mi mano sobre su estómago tan blando… palmeé varias veces. Era demasiado blando.
Su abdomen no es…
Abrí un ojo para encontrar la almohada, me senté aún perdida y con el cuerpo suelto. Me quedé viendo el lugar vacío en la cama.
¿Dónde está?
Gruñí, frustrada.
Tal vez en el baño.
Me acomodé para dormir nuevamente.
…
…
…
—"¡No puede caminar solo!"— chillé, levantándome de golpe hacia la puerta. Me pasé la mano por la cara intentando espantar el sueño.
—"¡Peeta!"— camine hacia el baño.
—"¡Estamos aquí! ¡En el comedor!"— el grito de Haymitch me llamó desde abajo.
¿Comedor?
Levanté la vista al reloj mientras bajaba las escaleras. Eran las once, dormí demasiado. Estaba demasiado cansada.
Después de lo de anoche…
Una sonrisa se me formó sola, al recordar a Peeta en la puerta. La sonrisa en su cara, el cómo solo me abrazó sin decir nada durante la noche entera. Solo sosteniéndome. Aun después de todo.
Negué con la cabeza, terminando de bajar las escaleras y girar hacia el comedor. Mi sonrisa murió al ver a Haymitch a través de la entrada que separaba el comedor de la sala ya con una maldita botella recargado en la pared. Solté el pasamanos. Su mirada era de seriedad pura.
¿Qué le pasa?
Giró la cabeza para verme y simplemente mostrarme una libreta con algo escrito. Terminé de acercarme atravesando la entrada para leer lo que decía.
Solo sigue la corriente…
¿Qué?
—"Buenos días, amor"— saludó Peeta tranquilamente.
—"Buenos días"— lo observé rápidamente para encarar a Haymitch por su mensaje confuso…
Paré en seco para volver la vista a Peeta, que estaba sentado en la mesa con un montón de cables. Un leve tirón de Haymitch llamó mi atención. Se llevó el dedo a los labios y luego señaló su oreja.
…
No puede ser…
…
Cerré los puños al instante, escaneando todo el lugar. El sueño y cualquier otro pensamiento se apagaron de golpe.
Ellos…
Me pasé la lengua por los labios, soltando un suspiro y haciendo una mueca incrédula. Me concentré en Peeta, que estaba muy concentrado, terminando de unir algo con su nueva mano.
—"¿A qué hora dijo el doc que vendría hoy?"— preguntó él, levantando la vista un segundo para mirarme.
¿Es un código?
¿Una metáfora?
¡¿Qué es?!
—"Dijo que pasaría a las tres porque tenía que recoger algo en el edificio de justicia"— contuve la respiración.
—"Supongo que tendremos tiempo de sobra para hablar, entonces"— dijo tranquilamente, mostrándome una pequeña sonrisa.
—"Haymitch, ¿podrías traerme una manzana? Creo que están arriba del microondas"— le pidió moviendo la cabeza hacia la cocina.
—"No soy tu criado"— él caminaba a la cocina, terminándose su último trago.
Vi a Peeta poner los ojos en blanco antes de sonreírme y señalarme la silla frente a él. Me dejé caer en ella, prestando atención a lo que sea que estuviera haciendo.
¿Para qué servirá todo esto?
—"¡Chico! ¡¿No quieres café también?!"— llegó el grito desde la cocina.
¿Café?
—"¡No! ¡No me gustó el de la cafetera!"— respondió Peeta antes de guiñarme un ojo.
Genial. No entiendo nada.
Me mordí la lengua; no quería decir algo que arruinara el plan. Confío en que sabe lo que hace.
No nos pondrá en peligro.
Haymitch reapareció desde la cocina. Cargaba el microondas que había aprendido a usar hace apenas un mes. Estaba completamente destrozado.
—"Te dejo la manzana aquí"— avisó, dejando el trasto en la mesa frente a él.
—"Gracias"— respondió Peeta, haciendo una mueca de frustración al intentar enrollar un cable diminuto.
Estiré la mano y lo detuve. Aparté sus dedos para enrollar el cable por él.
—"Me estaba volviendo loco"— tomó el aparato que por fin parecía terminado.
Es pequeño.
Estiró su brazo mecánico sobre la mesa y pasó el extraño invento sobre sus dedos y la palma. Su mirada estaba fija, siguiendo el recorrido.
¿Qué bus—?
La cosa brilló cuando la pasó por su bíceps. Escuché a Haymitch acercarse; yo hice lo mismo. Peeta lo alejó y la luz se apagó. Cuando lo acercó a la misma zona, volvió a encenderse.
¿Eh?
Peeta se levantó y se subió a la silla. Con ayuda de Haymitch, hizo lo mismo sobre el foco del techo.
Demasiada luz.
Me levanté y apreté el apagador. Entonces se vio: una pequeña luz brillando en la oscuridad. Tragué en seco.
Sí son…
Están en todas partes.
—"Hijos de puta"— Haymitch murmuró.
Todo este tiempo.
Mamá y también Prim.
Me quedé mirando el suelo. Todos mis gritos, mis miedos, mis dolores. Escuché mis dientes rechinar. Ellos… escuchándolo todo.
Peeta salió de la cocina —ni siquiera noté cuándo se fue— trayendo papel aluminio. Se sentó y comenzó a extenderlo. Su mirada estaba… vacía.
¿Ahora qué?
—"Haymitch, necesito lavar ropa"— anunció él, mientras envolvía su brazo mecánico varias veces con el papel aluminio.
—"La lavandería está ahí"— apuntó Haymitch hacia la puerta contigua a la cocina.
¿Lavar?
Peeta cortó el aluminio después de dejar su brazo completamente oculto. Se levantó, tomó la libreta y escribió algo rápido en ella.
—"Me llevaré mi manzana y me la comeré ahí. Los veo ahorita"— giró la libreta hacia nosotros.
Debajo de la mesa. Esperen.
¿Ah?
Tomó el microondas con el brazo envuelto sin ningún esfuerzo y apartó la silla. Avanzó hacia mí y me plantó un beso rápido; por un segundo vi su mirada flaquear antes de darse la vuelta.
¿Espera?
¿Qué vas—?
Haymitch mató mis pensamientos cuando me agarró para arrastrarme debajo de la mesa. Quise zafarme, pero su mirada me dejó quieta.
Peeta sabe lo que hace.
Solo espero que—
¡PUM!
Me sobresalté cuando el golpe resonó con fuerza. Haymitch chocó la cabeza contra la mesa por el susto.
—"¿Pero qué mier—?"
¡CLANG!
¡CLAC!
El corazón me golpeaba las costillas con fuerza mientras el silencio se extendía. Al parecer, había terminado.
Debería ir a v—
¡KRRZ-TCHAK!
—"¡AH!"— no sé quién gritó primero, si Haymitch o yo, cuando algo estalló.
¡POP! ¡POP! ¡POP!
Los vidrios de los focos llovieron sobre el suelo y nos quedamos a oscuras. Vi un enchufe expulsar chispas, derritiéndose al instante.
Salimos de debajo de la mesa rápidamente, solo para encontrar cada electrodoméstico achicharrado. Peeta emergió de la lavandería.
Parece que está bien…
Me tapé la nariz por el fuerte hedor a quemado.
—"¿Chico, pero qué demonios?"— Haymitch se sobó la cabeza mientras se ponía de pie.
—"No tenemos mucho tiempo antes de que vengan los agentes a ver qué pasó"— respondió, acercándose para ayudarme a ponerme de pie. Vi su mirada escanearme de arriba a abajo.
—"¿Entonces ya no pueden escucharnos?"— miré a mi alrededor.
—"Lo dudo"— dijo Peeta, viendo fijamente a Haymitch.
—"¡Malditos pedazos de mierda! ¡Me cago en tu madre, Snow, y en ti también! ¡En toda tu familia!"— rugió Haymitch, completamente fuera de sí.
¿Okay?
—"No quemé todo para que te cagaras en los muertos de Snow"— le llamó la atención Peeta, señalándolo.
—"Tenía que aprovechar la oportunidad"— se encogió de hombros.
—"Bien, dinos qué demonios sabes, Haymitch"— cuestionó Peeta mientras se sentaba; lucía fatigado.
Aún no está del todo bien…
Me puse a su lado y le tomé la mano, fijando la vista en Haymitch.
—"Primero, Seneca está muerto. Segundo, Snow probablemente sabe cómo conociste a Katniss. Y, por último, Effie me avisó que las ventas del año están cerradas hasta los próximos Juegos"— enumeró él, recargándose contra la pared.
¿Ventas…?
(POV Peeta)
¿... Cerradas?
La cabeza me retumbaba; sentía el peso sobre mis hombros. Tal vez debí esperar más tiempo…
No, tenía que ser ya.
Al menos ya no tartamudeo.
Debo concentrarme. Katniss apretó mi mano, obligándome a enfocarme en lo que debíamos tratar.
—"Que Seneca esté muerto no me impresiona"— pasé el pulgar sobre los dedos de Katniss.
—"¿Por qué?"— mi mirada se encontró con la de ella.
—"Porque yo estoy vivo"— volteé a ver a Haymitch, que se llevó la mano a la barbilla.
—"¿Y lo de Snow?"— él paró de acariciarse la barbilla para mirarme.
—"Se te olvidó lo que llevabas encima"— levantó las cejas con la palma de la mano hacia arriba.
¿Encima?
Apreté la mandíbula cuando la imagen de mi dibujo me vino a la mente. Levanté la mano, aún envuelta en aluminio, para frotarme la sien.
Estúpido.
Los dedos de Katniss subieron por mi brazo hasta mi nuca. Cerré los ojos, soltando un suspiro.
Bueno, eso no importa.
—"¿Qué te dijo Effie exactamente?"— bajé la mano para devolverle la atención a Haymitch.
Hizo una mueca, apretando los labios.
—"No mucho, solo me avisó que no tendría que ir al Capitolio"— su mirada se posó en Katniss.
Sí, es mejor no decir nada por ahora.
—"¿No hubo tour, entonces?"— dejé salir la pregunta que me estaba matando desde que pude atar cabos ayer.
Si ella estuvo sola… no sé cómo podré perdonarme por ello.
Vi cómo ambos negaban con la cabeza al mismo tiempo. Aunque Katniss tenía cara de querer preguntar algo, no había tiempo.
Después. El Capitolio ya debe haber avisado que algo está mal…
—"Bien"— me puse de pie, soltando la mano de Katniss. Caminé hacia la entrada del comedor, vigilando la puerta por si alguien aparecía.
—"Snow está planeando algo. Él sabe perfectamente que estoy despierto…"— levanté el trasto para girarme a verlos a ambos.
—"... Y no ha dicho nada, ni ha mandado a la prensa, ni siquiera un comunicado…"— miré de Katniss, que hizo una mueca pensativa, a Haymitch, que asentía levemente.
—"... Por ahora debemos jugar a largo plazo y esperar a la próxima Cosecha. Él tiene el control por ahora"— Katniss se abrazó a sí misma; avancé para poner mi mano sobre su brazo.
Todo estará bien.
Sigo aquí.
—"Estoy de acuerdo. No podemos hacer más; el puro hecho de hablar libremente ya es demasiado"— Haymitch se separó de la pared para pararse frente a ambos.
Aún tenemos que…
—"No podemos quedarnos aquí en la Villa. Todas las casas están monitoreadas"— dejé salir mis pensamientos en voz baja, ganándome la atención de Katniss.
—"Bien, está hecho. Se irán a vivir con tu suegra a la Veta"— sentenció Haymitch con una enorme sonrisa.
Mi… ¿suegra?
Abrí los ojos de par en par. Cierto, la mamá de Katniss y su hermana. Le presté atención a Katniss, que no nos miraba a ninguno de los dos. Parecía ida.
Haymitch tiene razón, es probable que ahí no estemos vigilados… y podría ocuparme del trasto para matar el micrófono y quedar realmente fuera del radar. Katniss podría pasar tiempo con su familia.
Ganar, ganar.
—"Es una buena idea quedarnos con mi sueg— en tu antigua casa"— apresuré el final, recomponiéndome; le lancé una mirada de muerte a Haymitch, que fingió toser para ocultar la risa.
Lo ignoré para enfocarme en Katniss, esperando su respuesta. Ella pareció salir de sus pensamientos por fin y parpadeó varias veces.
—"Yo… Ahh"— se mordió el labio, desviando la mirada.
¿Qué pasa?
¿Acaso te avergüenzas de—?
—"Está bien"— concluyó, aunque vi su espalda temblar levemente.
Su familia debe ser magnífica, como ella siempre dijo.
Tanto así que le dio espacio para estar conmigo.