Interludio: Lo que prende

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planificada Midi, escritos 107 páginas, 28.062 palabras, 12 capítulos
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Interludio: Lo que prende (Enfrenta)

Ajustes
(POV Katniss) —"Cierra la mano"— —"Ahora ábrela"— Abrí los ojos y vi al médico dándole instrucciones a Peeta. Esto, después de la destrucción de la casa y la visita de los agentes para «ver si estábamos bien». Malditos. Ahora estábamos en la habitación de la planta baja. Me mordí el labio; Peeta le estaba levantando el dedo medio metálico al doctor. Se me escapó una sonrisa. Tonto. —"Al menos veo que la descarga no afectó su sentido del humor, joven Mellark"— apuntó el médico, ignorándolo. —"Tal vez sea una falla"— respondió Peeta, subiendo y bajando el dedo. —"Ajá"— murmuró el doctor, aproximándose para revisarle el hombro. Desvié la vista hacia la ventana parchada. Aún no podía asimilar que en la casa donde… cerré el puño de solo pensarlo. Y con Prim y mamá ahí… Todos los gritos. Las peleas, las quejas. Por eso acepté volver a la Veta. A pesar de todo, sabía que mamá no me daría la espalda. Ni Prim. Pero… Volví a mirar a Peeta. Tenía una media sonrisa que se ensanchó al toparse con mi mirada. Sentí un golpe en el estómago. Él cree que todo está bien. Yo también quisiera creerlo. La puerta se abrió. Entró Haymitch con las manos en los bolsillos. Había acompañado a los agentes para dar su informe sobre cómo la lavadora había explotado mientras él, casualmente, calentaba su comida ahí. Nadie se tragaría esa estupidez… aunque, siendo Haymitch, todo era posible. —"¿Cómo está el chico? Espero que haya quedado mejor que la lavadora"— preguntó, recargándose en la pared y torciendo la boca. —"Su… actividad en la lavandería casi le provoca un derrame cerebral al joven Mellark. Si la explosión hubiera alcanzado su prótesis…"— le reprochó el médico sin mirarlo. Sentí un pinchazo helado en la espalda. ¿Derrame…? Miré a Peeta, pero él negó levemente con la cabeza. Lo mataría después. ¿Cómo se le ocurre hacer esa locura si podía costarle la vida? Haymitch dos punto cero… —"Pero no pasó"— se encogió de hombros Haymitch. —"Por suerte"— murmuró el médico, poniéndose de pie. Por fin terminó. —"Antes de que te vayas, Fred"— el médico se quedó de piedra y giró lentamente hacia Peeta. Es verdad. Peeta tomó papel aluminio, envolviéndolo en su brazo y dando una vuelta al mismo. Vi la nuez del médico subir y bajar, tragando en seco. Peeta también se puso de pie, con una leve sonrisa, y acortó la distancia entre ellos. —"Primero que nada, gracias por tu arduo trabajo…"— Peeta levantó su mano metálica y le agarró el hombro. El doctor dio un respingo y volteó a vernos, a Haymitch y a mí, buscando ayuda. —"N-no hay de qué, para eso estoy aquí"— respondió rápidamente. Intentó dar un paso atrás, pero el brazo de metal lo clavó en su sitio. —"Bien… ahora dame tu teléfono, por favor"— Peeta le sonrió con amabilidad. Solo dáselo. —"¿A-ah, m-mi teléfono? No puedo hacer eso por—" Su voz se apagó cuando Peeta apretó el agarre, hundiendo el hombro del médico. Peeta cerró los ojos y soltó un suspiro. Por favor, solo dáselo. —"O-okay, okay, okay"— tartamudeó el hombre. Peeta lo soltó de inmediato. El médico metió las manos en su bata, registrando cada bolsillo con torpeza, hasta que lo sacó del último y se lo entregó temblando. —"Excelente, Fred. Y es de los buenos, lo voy a cuidar bien"— Peeta giró el aparato en su mano y se lo lanzó a Haymitch, quien lo atrapó en el aire y lo guardó en su saco. —"Usted comentó que solo esta semana estaría bajo vigilancia constante, y que después bastaría con verlo una vez por semana"— me crucé de brazos, ganándome la atención de todos. —"S-sí, su recuperación va según lo previsto. La medicina está funcionando, incluso dejó de tartamudear y ya camina con más facilidad"— el doctor dio un paso atrás, recomponiéndose. Supongo que está decidido, entonces. —"Esas son buenas noticias. Vamos, doctor, lo acompaño a la salida"— Haymitch abrió la puerta, haciéndole un ademán para salir. Tengo que hablar con ella a solas primero, antes de— La mano de Peeta sobre mi brazo me hizo alzar la vista hacia él. Sentí su pulgar acariciarme lentamente. —"Sé que no te gusta cuando..."— apartó la mano, señalando hacia atrás con la cabeza. ¿Eh? —"Cuando hago eso"— concluyó, rascándose la nuca. Oh. No me gusta que se comporte así, pero ahora entiendo que hay momentos donde no hay otra opción. Eso no significa que esté bien… —"Lo entiendo"— respondí. Pero en vez de ayudar, solo logré que levantara una ceja, dudando de mí. Tal vez debería decirle q— Su mano regresó, esta vez a mi mejilla, sacándome de mis pensamientos. —"Veo que tienes algo en mente. Te dejaré a solas para que lo pienses. Voy con Haymitch, te veo en la sala"— sus labios rozaron mi frente, y su mano bajó a mi hombro, dándome un pequeño apretón antes de irse. Pensarlo. No hay nada que pensar. —"No, espera"— lo miré mientras se detenía en la entrada, girándose hacia mí. —"Mejor voy de una vez para avisarles de la mudanza de la próxima semana"— solté rápidamente. No preguntes. Solo… Mantuve la mirada fija en la suya; el tic-tac del reloj de la pared era lo único que rompía el silencio. —"Claro"— sonrió. Gracias. —"Regresaré para la cena"— lo alcancé en la puerta, que él abrió para dejarme salir. —"Si se te hace tarde, no te preocupes, Haymitch se quedará conmigo. Después de todo, los agentes no tendrán otra casa lista hasta mañana"— me dijo a mis espaldas; me giré para verlo. ¿Qué? —"Entiendo si quieres pasar tiempo con ellas. Yo estaré bien"— sentí una mueca formarse en mi cara; sus palabras me revolvieron el estómago. Yo no. Solo asentí y me acerqué para darle un beso fugaz, pero una arcada exagerada de Haymitch me hizo detenerme. Peeta solo negó con la cabeza. —"Lo voy a matar"— murmuré, caminando hacia la puerta principal. —"¿A dónde va?"— abrí la puerta, lista para enfrentar el problema que vendría. —"Va a dejar todo listo pa—" La puerta cortó la explicación de Peeta. Solté un suspiro y me puse en marcha por la vereda hacia la salida. Intenté ir por las zonas menos concurridas; lo último que quería era escuchar los chismes de los entrometidos. O toparme con alguien conocido. Maldije para mis adentros mientras giraba por un callejón, esquivando la plaza. Prim ya habría regresado de la escuela y, por lo que pasó, tal vez Daisy estaría con mamá… Gale. Paré, dejando que unas personas del pueblo pasaran, para entrar a otro callejón. Y así sucesivamente, hasta dejar atrás las calles pavimentadas y encontrar el camino de tierra hacia la Veta. No me importa lo que piensen. No me importó antes, cuando vivía aquí. Salí del callejón y entré de lleno a la Veta. Y… "Esperen, es ella", "¿No está Mellark con ella?", "No, no lo veo", "Tal vez viene a ver a su hermana", "¿En serio? Después de lo que pasó en la plaza, viene aquí como si nada", "Shh, nos va a escuchar". Miré al frente sin fijar la vista en nada; las voces y las miradas continuaron conforme me adentraba más. Seguí el camino que conocía con los ojos cerrados. ¿Por qué n—? —"Señora, señora"— me detuve, buscando quién llamaba. ¿Un niño? —"¿Tendrá una moneda?"— mi atención recayó en un niño delgado, con ropa sucia y rota a mi lado. Me miraba con su único ojo. Busqué en mis bolsillos, pero el monedero que me dio Effie se había quedado en casa. "Ja, finge no tener", "Salió de aquí y mírenla"... Apreté los puños y negué con la cabeza. El niño asintió como si fuera lo normal, y se giró para hacerle una seña a otro niño a lo lejos. —"¡Vámonos entonces antes de que cierren la mina!"— gritó antes de salir corriendo. Mina… Los seguí con la vista hasta que se perdieron en la otra calle. Iba a reanudar el paso cuando me quedé clavada en unos ojos grises que me miraban fijamente… … … Abuela Marsh… Estaba en su casa, con las manos quietas sobre su tejido, en una silla de ruedas más nueva de lo que recordaba. Aparté la vista como si quemara y me apresuré casi corriendo. La imagen de Finn sonriendo con Rue me golpeó de frente, haciéndome tropezar. Me recompuse al instante, avanzando hasta que vi mi antigua casa. Me planté frente a la puerta… levanté el puño y lo bajé. Una, dos, tres veces. No podía tocar. No puedo hacer esto. Debería largarme. Si es lo me— La puerta se abrió de golpe. Mamá estaba ahí, con las manos cubiertas de jabón. Detrás de ella, vi a Prim en la sala con un cuaderno abierto… y a los Hawthorne. Rayos… Al menos no está Gale. —"H-hija / Katniss"— mi vista rebotó de las personas en la sala hacia mi madre. Me froté la nuca y desvié la mirada hacia un lado. —"Podría hablar contigo en privado"— murmuré de reojo; la vi parpadear, desconcertada. —"¿Hablar?"— se secó las manos con fuerza en el delantal. —"Sí, necesito—" —"¡¿Eso es todo lo que vas a decir?!"— Prim se puso de pie, abriendo los brazos. ¿Prim…? —"No, yo—" —"¡Nos abandonaste en la plaza!"— explotó, señalando en dirección al centro. ¿Abandoné? —"Prim, tal vez es—" ¿Yo? —"¡No, Rory, cállate!"— Rory solo puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos. —"¡Primrose!"— la regañó mamá. —"¡No, mamá! ¡No es justo! Llevamos tres días esperando saber algo de ella y—" su cara se puso roja, pero no apartó los ojos de mí. ¡¿Justo?! —"¡¿Y por qué no fueron a verme?!"— rugí, superando mi propio límite. Su semblante cayó; la vi abrir y cerrar la boca sin emitir sonido. Miré a mamá, que se había puesto pálida. Cerré los ojos y apreté los puños, intentando calmarme. Ellas no entienden. No lo conocen. Solo intent— —"¡¿Cómo quieres que te fuéramos a ver si ese lunático está ahí?!"— abrí los ojos en shock, clavando la vista en Prim, que había avanzado hasta plantarse frente a mí. Lunático… Observé a mamá; ella apartó la vista. Ella piensa lo mismo. —"Tal vez deberíamos irnos"— intervino Daisy, levantándose del sillón. —"¿Saben qué?"— miré de Prim a mamá. La imagen de Peeta recargado en la puerta, su cara en la cueva mientras contaba aquella historia, su rostro iluminado en la azotea… todo eso me llenó la cabeza. No necesito que lo entiendan… … Solo tengo que entenderlo yo. —"No importa"— les di un último vistazo antes de girarme y… … … ¿… Peeta? —"¿Q-qué haces aquí?"— balbuceé al verlo. Haymitch apareció detrás, apoyando las manos en las rodillas para recuperar el aliento. ¡Chismoso! —"Pensé en venir y acompañarte de regreso"— respondió, pero noté que estaba agitado. —"El médico dejó muy claro que no podías caminar demasiado"— me acerqué a él, olvidando todo lo demás. —"Ja, ja. Fred no me va a decir qué puedo y qué no puedo hacer"— me pasé la mano por la cara, desesperada. No puedo dejarlos ni cinco minutos… —"I-intenté detenerlo, pero—" empezó a justificarse Haymitch, antes de callarse y volver a doblarse sobre sus rodillas. —"Tú cállate"— bufé, fulminándolo con la mirada. —"¿Pero si tú me guiaste hasta aquí?"— Peeta levantó una ceja hacia Haymitch, quien intentaba callarlo poniéndose un dedo sobre los labios. Estás muerto. —"Ustedes deben ser Asterid y Primrose"— Peeta pasó por mi lado. ¿Eh? Me giré de inmediato. Mamá miraba la escena con la boca abierta, aferrando a Prim, que estaba igual de pasmada. La madera vieja de la entrada rechinó cuando Peeta subió los dos únicos escalones. Estiré la mano en automático para detenerlo. —"Es un placer conocerlas por fin en persona. Katniss habla mucho de ambas"— continuó, como si nada, hasta plantarse frente a ellas. Prim levantó la vista lentamente hacia su rostro, perdiendo todo el color. Vi la mano de mamá temblar sobre el brazo de mi hermana. No, Peeta, espera… —"Y aquí entre nosotros, puras cosas buenas"— extendió su mano izquierda justo en el momento en que llegué a su lado. Me quedé clavada en su mano humana extendida, para luego mirar a mamá, que no apartaba la vista de su palma. Solo tómala, mamá. Fue como si me escuchara; sus ojos se posaron en mí. Sentí un hueco en el pecho cuando su expresión se endureció, igual que el agarre sobre Prim. —"Aléjate de mi hija"— soltó sin más. Por un segundo, sentí que todo a mi alrededor se alejaba mientras la mano de Peeta bajaba lentamente. La vista se me nubló… —"Entiendo"— lo miré, solo para encontrarme con una sonrisa leve, como si nada de esto le afectara. ¿Cómo? —"Un placer conocerlas"— se despidió. ¿Peeta? —"Peeta, espera, ellas solo no—" —"Sí entendemos, Katniss"— me interrumpió mamá, aún con los ojos clavados en Peeta. No. No lo hacen. —"Con todo el respeto, creo que no lo hace, señora Everdeen"— una descarga me recorrió la espalda cuando él volvió a hablar. —"Y creo que tú tampoco, Kat"— un nudo se me formó en el estómago. ¿De qué habla? —"Yo no me corté un brazo para obligarte a estar conmigo. Y tampoco hice lo demás por eso"— su tacto me quemó cuando puso la mano en mi mejilla. —"Lo hice para que pudieras regresar a ellas"— su mano me giró suavemente para obligarme a mirar a mamá y a Prim. Ambas parecían estar viéndolo realmente por primera vez. … A ellas.
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