Caos
24 de febrero de 2026, 0:08
-Cuidado con esas, están recién afiladas. -Rodeo el mueble del pasillo al ver las armas tiradas en el suelo, un peligro a la vida que arreglare después de enfrentar a Gandalf.
-Que casa tan bonita… -Veo a Kili un poco golpeado y con su cabello desordenado ver las paredes de mi hogar que hasta hace un momento golpeaba y llegue a pensar que era un halago genuino, hasta que lo veo limpiar sus botas sucias en una reliquia familia. - ¿Usted la construyo?
-No, hace años que esta en mi familia… -Bajo el paso al ver cambiar de bota para embarrar el lodo de otro lado. -Ese baúl era de mi madre, ¿Puedes parar? -Me desvió de mi camino a la puerta, acercándome a Kili para patear sus pies fuera del Baúl de mi madre, tratando de quitar el lodo que le dejo. -Ni se te ocurra volver a hacer eso.
- ¡Fili, Kili! Ayúdenos. -Los hermanos corren ante el llamado de Dwalin y yo pienso regresar a mi trayecto hasta la puerta, hasta que veo un queso azul volar fuera de la reserva y el ruido de mi mesa ser movida.
- ¡No tiren comida! -Les grito al ver algunos de mis quesos en el suelo.
Estaba adolorida, estresada y confundida, aun no sabía porque había enanos en mi casa y ese maldito toque en mi puerta, en serio necesitaba desahogarme, gritarle a ese anciano molesto para que se llevara a estas estos enanos destruye hogares antes de que algún vecino los vea.
Abro la puerta furiosa y desarreglada, si era aquel mago estúpido, no era necesario arreglar mis prendas arrugadas por todo el caos, solo que nuevamente debí revisar, porque no era ese Mago.
-Joven Aster… -Me cubro con la puerta tan rápido como la abrí, pasando mis manos por mi cabello en un intento de peinarlo un poco. Quien está fuera de mi casa no es otro que el Joven Charles Aster, el hijo del alcalde al que intento siempre favorecer por su maldito estatus. En las abejas hay una reina y en el caso de Hobbiton, los Aster son esas abejas reinas. - ¿Qué hace aquí tan tarde? -Río nerviosa.
-Recibí algunas quejas de su vecino, Señorita Bella. -Hasta su estúpida voz me irritaba. -Algo de hombres entrando en su vivienda y varios gritos… ¿Está todo bien?
- ¿Hombres en mi vivienda? ¿Gritos? -Mi cuerpo estaba sudando del estrés, quedar mal con este tipo es como estar acabado en la sociedad. -Que cosa tan extraña, me la he pasado planeando la festividad del otoño, tal vez hice mucho ruido recortando algunas cosas. -Intento aclarar, pero el sonido de la ciertos muebles recorriéndose de mi comedor hasta alguna otra sala empezó a crear un eco en el lugar. -Y también estoy moviendo un poco mi casa, seguramente se esta recorriendo por la inclinación del suelo. -Salgo de mi casa, importándome más que no se escuche lo que están haciendo los enanos que mi apariencia.
-Me lo imagine, una joven dama como usted no haría tales cosas. -Toma mi mano, dando un beso en el dorso y un escalofrío me recorre. -Una hermosa dama que a estas horas de la noche prefiere priorizar la festividad del pueblo.
-Oh, joven Aster, deténgase. -Hago el intento de apartar mi mano de su agarre, sintiendo sus labios subir de mi dorso a la muñeca, subiendo de beso en beso y puse mi mano sobre su cabeza, negándole que siga subiendo. - ¿Su padre sabe que esta afuera a tales horas?
-Le dije que necesitaba tiempo, que probablemente estaría afuera hasta tarde. -No me estaba gustando como sonaba eso. Este tipo aparte de ser una abeja reina, es conocido por ser un cretino que obtiene lo que quiere, si estaba aquí a estas horas, no era casualidad.
- ¿Qué intenta decir?
- ¿No está muy sola su casa, señorita Bolson? -Se estaba acercando demasiado. - ¿No le gustaría que un hombre le haga compañía?
-No creo que a su padre le guste que diga este tipo de cosas a una Joven. -Retrocedo, alejando mi mano de el y pegando mi espalda en la puerta de mi casa.
-Si nos casamos no creo que le importe. -Posa sus manos una a cada lado de mi cabeza, inclinándose un poco para estar cerca de mi rostro.
- ¿Disculpe? -Escupo, presionando mi mano sobre su pecho, negándome cuando intenta darme un beso.
-Me mudaría a su casa… -Murmura como si fuera la cosa más romántica, pero su aliento era demasiado asqueroso, podría incluso competir con su personalidad.
-Creo que está confundiendo nuestra relación, Joven Aster. -Había soportado demasiado a este tipo y ni loca iba a tener algo con él, era una broma que teníamos en mi familia y con razón del odio que le tenemos.
-Deje de hacerse la difícil. -El tipo lucia y era un idiota, lo único que no me daba risa era su fuerza a comparación de la mía y la insistencia que tenía de hacer algo más que hablar. Su rostro se acercaba y su mano me sostenía, obligándome a verlo mientras se inclinaba para darme un beso, esta no era la forma en la que quería tener mi primer beso y tampoco quería tenerlo con él, estar con él sería renunciar a tantas cosas que quería hacer después de limpiar el nombre de mi familia.
Presione tanto mi espalda en mi puerta de madera para que no me alcanzara que podría incluso romperla, solo que no esperaba que realmente desapareciera la dureza de la madera de mi espalda, sintiendo como caigo hacia atrás, hasta que una manos me atraparon antes de caer.
- ¿Qué sucede? -La expresión de Fili se endureció cuando vio al Hobbit tropezando ante la falta de la puerta y su agarre. - ¿Estás bien?
Asiento a su pregunta, sentándome en el suelo cuando me deja con cuidado, levantándose para ponerse frente a Charles a quien no le agrada del todo ver a Fili.
Charles era alto para un Hobbit, pero Fili sobrepasa a cualquier Hobbit que viviera en la comarca, bueno, pues no era un Hobbit. Aunque estuviera indignado el Hobbit, cualquiera se asustaría a ver a un enano frente a él, lo digo yo que me desmaye.
-Creo que un verdadero hombre ya me está haciendo compañía. -Me levanto del suelo, poniéndome al lado de Fili para tomar la puerta.
- ¿Señorita Bolsón? -Gruñe desconcertado y esa expresión de indignación en su rostro me da tanto placer.
-Buenas noches. -Cierro la puerta en su estúpida cara antes de que diga alguna otra cosa y presiono mi espalda en la pared de mi casa, sintiéndome un tanto divertida al ver a Fili revisando la ventana de la entrada, asegurándose que se vaya.
Era obvio que le diría a su padre, seguramente para la mañana ya estaría en el tablero del pueblo mi noticia “Bella Bolson rechaza la propuesta de matrimonio del Joven Aster por tener aventuras con hombres que no son de la comarca.”; Estaba claro que mi reputación, la que construí con tanto esfuerza iba a ser destruida por esto, mi estomago protestaba nervioso al pensar en eso, pero el recordar la cara de indignación y horror que ese tipo mantenía era gloria, era un tipo de dulce que nunca probe y que me gustaba, mañana arreglaría todo, diría que era un anciano que pedía ayuda o cualquier otra cosa, ahora mismo me gustaba más disfrutar esta pequeña victoria.
- ¿Se encuentra bien? – Se acerca Fili a mí, tratando de verme al rostro.
-Estoy de maravilla. – Seguramente sería demasiada informalidad de mi parte para él, pero lo adoraba. Me acerco a él, abrazando lo que puedo de su cuerpo y me alejo tan solo unos segundos después, dando una palmada en su brazo. - ¿Qué están haciendo en mi cocina? – Cambio de tema, pasando de el para ir a mi cocina.
Camino hasta la entrada de mi cocina, deteniéndome cuando veo a tres enanos comiéndose lo poco que había dejado calentándose antes de que todo esto pasara.
-Esto está muy bueno ¿Hay más? -Habla entre bocados Dwalin, dejando ver los trozos de verduras que tienen la crema y trato de no hacer una mueca cuando algunos terminan en su barba. Paso alrededor de la mesa, tomando el pan de mi madre que deje en un plato y lo pongo dentro de un bolsillo del vestido.
-Claro, creo que queda algo en la olla. -Digo acomodando mi vestido, pasando mi mirada a Kili que toma la olla y pienso que va a servirle a Dawlin, solo que no es así, si no que mete su cabeza en el pedazo de metal, tomándose lo que hay adentro. -Olvídalo.
- ¿Mm? -Kili se asoma, sacando su cabeza de la olla, teniendo el rostro lleno de lo que era la crema de verduras que se supone que era para toda la semana.
– Un momento, es que no esperaba recibir visitas. – Ruedo los ojos ante su expresión, divirtiéndome un poco. Salgo de la cocina al ver como Dwalin se pelea con Bali por unas galletas que tenía en una jarra de vidrio, caminando a mi alacena, la que justamente reabastecí hace unos días.
- ¿Gusta qué le ayude?
- Solo pienso llevar un par de cosas. -Me alzo de hombros, solo debía sacar lo suficiente para 5, así que no iba a cargar mucho. Tomo un plato y paso mi vista al otro estante, viendo que cosas hay, deteniéndome al notar que Fili juega con una pequeña daga entre sus dedos, presionando la punta en su pulgar sin dejar de verme. -Sin armas en la casa. -Le advierto, alzando una ceja ante su sonrisa y no dejo de verlo hasta que la guarda en un bolsillo. -Mejor lleva esto con los demás.
-Claro… - Se acerca para tomar los platos que le entrego, sosteniendo uno sin problemas, pero con el otro plato tarda más en quitar su mano de la mía.
-No creo que tengan con eso. -Pongo otro plato sobre los que ya le di con cuidado, uno de quesos que creo que quedarían con los panes que les dar. Me giro, regresando a rebuscar, creyendo que ya se fue, pero sigue parado con los platos. -Yo llevare los demás. -Le hago señas para que se vaya.
- ¿Cómo se corteja a un Hobbit?
- ¿EH? -Sale de mis labios al no querer insultarlo por tal pregunta.
-Fili, muchacho, así no se le habla a una dama. -Bali, el mayo de los enanos estaba recargado en el marco de la puerta, quien sabe cuanto tiempo y tomando un tarro de vino, usando un vaso demasiado grande para tomarse mi vino.
-Bueno, ¿Acaso les gusta jugar a las escondidas o ya es a propósito?
-Disculpe, ama Bolsón. – Vuelve a pasar su tarro a la boquilla del barril, sirviéndose más vino hasta que llega al tope. –Viejas costumbres.
-Oigan no es que no me gusten las visitas. Me gustan como a cualquier Hobbit. – Mentira, realmente no soy fan de las visitas. -Pero me gusta conocerlos antes de que vengan de visita.
Balin se acerco a Fili, oliendo uno de los quesos que puse en los platos que le tendí, revisándolo, murmurando algo sobre el aspecto de este y recordé como es que habían tirado hace poco uno de mis preciados quesos, esos quesos que no se consiguen por aquí, aquellos por los que tuve que ayudar con cosas de la casa de la familia Grubb y aparte dar canastas de verduras de mi huerto.
-Eso no se tira. -Tomo el trozo de queso azul que estuvieron por lanzar y lo regreso a su plato, tomándolo de las manos de Fili. -Sucede que no conozco a ninguno de ustedes. En lo más mínimo. – Los guie fuera de mi alacena, importándome poco si me llego a ver grosera con ellos, pero no quería que cometieran otro crimen contra la gastronomía.
El timbre volvió a sonar y trago saliva al pensar que es Charles con su padre, se veía demasiado enojado cuando le cerré la puerta en la cara, solo que no creía que traería a su padre para librar sus batallas.
-No lo tires. -Ordeno a Fili, regresándole el plato de queso azul, poniéndolo sobre los demás platos y sacudo mi falda, caminando hasta la entrada de mi puerta, ahora si revisando las sombras, asustándome al ver varias reflejadas por la luna, temiendo que sea toda una horda de Hobbits que vienen a defender al bebé de la abeja reina.
Por alguna razón me relajo al no ver una horda de Hobbits en mi puerta, si no una torre de enanos que caen en mi entrada a mis pies, quienes se remueven y tratan de levantarse.
El anciano de la mañana, con su cabellera grisácea y su túnica larga y bien cuidada, se asoma por la pequeña entrada de mi puerta, alzando en una de sus manos una pequeña canasta.
-Espero no sea muy tarde, Bella Bolsón. -Suelta una risa, observando a los enanos que se enredan entre ellos.
-Gandalf… -Suspiro con cansancio, sin poder encontrar el enojo que había guardado para cuando lo viera.
Sabía que era ese anciano, ese maldito Gandalf el que fomentaba el caos en cualquier lugar. Tan pronto entro ese tipo, todos los enanos se volvieron locos en mi hogar, yendo de un lado al otro, dejando sus cosas en cualquier lugar, tomando cada uno de los platos que mantengo en mi despensa, comiendo mientras caminan, mientras hablan, escupiendo en el suelo, en la pared, en todos lados.
-Mastiquen lentamente… -Pido a algunos que devoran lo que sea que hay en los platos, incluso creo haber visto a uno comiéndose unos cerillos. -Esos son mis… -Paso de un enano a otro, tratando de que se tomen las cosas con tranquilidad, que regresen todo a su lugar o que mínimo disfruten lo que se meten a la boca. - ¡Esos sí que no! ¡Devuélvelos!
Freno a uno que llevaba mis tomates, unas dulzuras que cuide con amor en mi huerto y que fueron ganadores, los tomo de sus manos, frunciéndole el ceño para ver si me los regresa, lo que inicia una pelea, jalándolos uno del otro para ver quien se los queda, terminando yo como un victorioso, arrebatándolos de sus manos. Lamentablemente mi victoria dura poco al ver como un enano se lleva los quesos de un años, babeando encima de uno. Todos se estaban sintiendo con una confianza que no deberían.
-… ¿No son demasiados? – Lo sigo de cerca, llorando internamente por mis hermoso quesos que amo comer los días de frio. - ¿No quieres un cuchillo de queso? -Chillo suave, sin querer ver como su baba baja por el primer queso para manchar al segundo que lleva en torre.
- ¿Cuchillo para queso? -Parece causarle risa a uno que llevaba mi pierna asada. -Se lo come a mordidas. -Se carcajea, siguiendo al otro al comedor que previamente habían preparado los demás enanos.
- ¡No, no, no! – Me apresuro a la entrada del comedor cuando un par lleva unas sillas que juraría que tengo guardadas con llave, algunas de las reliquias que quedaron de mi abuelo, adornos que guardamos y que no se han tocado en años. -Esas son las sillas del abuelo Mungo… -Empujo, haciéndolo retroceder unos pasos y al intentar detener al otro, ambos pasan de mí y entran en el comedor. -No son para sentarse, son antigüedades.
-¡Eso es un libro, no un mantel! – Gruño al ver a un enano muy feliz usando uno de los libros de mi madre como portavasos de su tarro lleno de mi licor; Empujo el tarro sin tirarlo y abrazo el libro de mi madre, limpiando los restos de licor en este para ponerlo entre el resorte de mi falda, asegurándolo.
Me giro ante el sonido del candelabro del centro, viendo a Gandalf costándole caminar entre tantos enanos y cosas diminutas, golpeándose con todo lo que hay en su camino, mientras nombra a los enanos y revisando a cada uno, dando vueltas en su mismo eje.
-Al parecer nos falta un enano…
- ¿Otro? – Sale más agudo de lo que esperaba, pues un manotazo en mi parte trasera me tomo desprevenida. - ¡¿Quién fue?!- me giro a pelear, viendo a Fili adelantándose, dándole un puñetazo al que supongo yo fue el que se sobrepasó.
-Se atraso, es todo… - Le contesta Dwalin a Gandalf, tomando de su tarro. -Viajo al Norte a una reunión familiar, ya vendrá.
Ignoro su platica, sin poder imaginarme a algún enano más en mi casa.
Camino hasta el comedor, observando toda mi alacena que prepare con tiempo para el otoño y el invierno, siendo servidos para ser devorados en menos de una hora. La cereza del pastel fue ver mi barril, mi licor al otro lado de la mesa, siendo vaciado por todos los tarros que estaban siendo llenados.
Me siento en una de las sillas de la mesa, perpleja de todo lo que paso en tan poco tiempo.
- ¿Quién quiere cerveza? – Pasa Fili por encima de la mesa, sosteniendo unos cuantos tarros, dejándome uno enfrente de mí, para seguir caminando por la mesa, hasta llegar a su lugar.
Tomo el tarro, revisando su interior antes de acercarlo a mis labios, dando suaves tragos, resignada al ver como comen sin pudor toda mi comida, abriendo la boca a medio masticar, pareciendo presumir cuanto pueden meter en sus bocas.
- ¡A beber! – Grita Kili, alzando su tarro y todos los enanos los chocan entre sí, antes de darle un trago largo, al grado de que la bebida se desborda, chorreando por sus barbas, humedeciéndolas y escupiendo la mayoría de lo que entra en sus bocas.
-Yo me voy. -Me levanto de la mesa, tomando mi propio tarro de cerveza cuando inicia una competencia de eructos, teniendo nauseas de oler lo que literalmente se acababan de comer