La espina de Alicia

Gen
NC-17
Finalizada
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137 páginas, 71.981 palabras, 10 capítulos
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3. El Sombrerero

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–¿Te apetece un té? –preguntó Kaito ya en su despacho, en cuya pared habían dibujos y mensajes de pacientes, todos ellos de niños. –Gracias. –El trabajo del médico es pensar en la felicidad de los pacientes y darles tranquilidad. Al menos es lo que yo creo. Pero últimamente se ha ignorado el bienestar de los pacientes en el Departamento de Cirugía Digestiva. Dra. Asumi. ¿Tú sabes algo, verdad? –Sí. Aparentemente, tanto la Dra. Madoushi como el Dr. Terada actuaban por el progreso de la medicina, pero en realidad sólo pensaban en obtener reconocimiento. Al final, eran los pacientes los que acababan siendo las víctimas de su ambición personal. –Es justo lo que sospechaba. –dijo el Profesor Kaito, de apariencia amable. –Tengo que pedirte un favor. De ahora en adelante, ¿podrías informarme de cualquier movimiento extraño dentro del equipo médico de tu departamento? Mi objetivo es lograr que todos los pacientes de este hospital se sientan cómodos. Y para conseguirlo, necesito doctores honestos como tú. ¿Me echarás una mano? –Por supuesto.

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–Mira, Eriol vuelve a salir en la televisión. –dijo Meiling a otra enfermera mientras comían en la cafetería del hospital. –Parece que es bastante popular. –dijo Naoko, la otra enfermera. Al escuchar el nombre de Eriol, Sakura prestó atención a la televisión. Al fin y al cabo, Terada dijo que Eriol estaba detrás de todo lo que ocurrió con su padre. –Es natural que queramos devolverle a los mayores todo lo que nos han dado como forma de agradecimiento.–decía Eriol en televisión. –¿Es tu objetivo principal como gobernador electo?–preguntó el mediador del debate, en el que había otros candidatos a gobernador. –Bueno, no sólo eso. –continuó diciendo Eriol. –Mira, han actualizado el perfil de Eriol en las redes sociales de su candidatura. –dijo Naoko mostrándole el teléfono a Meiling. –Hay muchas fotos con su esposa. –Abogado capaz, marido fiel y entregado y justiciero de los débiles. –enumeró Meiling. –Con esa imagen no hay duda de que es el favorito para ganar las elecciones.

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Aunque no tenía tanta información de Eriol como de Madoushi, Terada o Spinnel, Sakura también tenía un bloc dedicado íntegramente a Eriol Hiragizawa. De hecho, durante quince años había recopilado información de casi todos los empleados del hospital, sobretodo de aquellos que llevaban más de quince años trabajando allí, por lo que Sakura puso en su pared de objetivos una fotografía de Eriol Hiragizawa. Según Terada, Eriol había conseguido amedrentar al equipo médico que realizó la fallida operación a su padre para que guardaran silencio. Además, Sakura también recordaba a Eriol de una rueda de prensa que ofreció tras la publicación del artículo de Yue, cuando ella fue al hospital a pedir explicaciones. Flashback. En aquella rueda de prensa, Eriol Hiragizawa llevaba la voz cantante con el Profesor Hien Li, que permanecía a su lado impasible y con su habitual cara de pocos amigos. –Como médico de este hospital, el Dr. Fujitaka Kinomoto ha cometido un delito imperdonable al robar sustancias de este hospital para venderlas posteriormente. A pesar de ello, el Hospital Universitario de Tomoeda hizo todo lo posible por salvar su vida cuando enfermó. En este hospital creemos que todas las vidas son iguales y tienen el mismo valor. Fin del flashback. En el bloc tenía su mapa correspondiente con los lugares frecuentados, así como numerosos artículos publicados en prensa. Meiling tenía razón. Eriol proyectaba una imagen de buen abogado, marido fiel y defensor de los débiles. Después miró entre las fotografías, hasta que encontró una que le podría ayudar.

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Eriol, que era el representante legal del Hospital Universitario de Tomoeda y se encargaba de todos los asuntos jurídicos y denuncias que pudiera recibir el hospital, se encontraba como tantas otras veces en una sala de reuniones atendiendo a unos pacientes. –Nos dijeron que se podría ir a casa después de la cirugía y ahora está muerto. ¿Realmente me quieren hacer creer que no ha habido ningún tipo de negligencia de parte del hospital? –dijo la Sra. Ono, que perdió a su marido por complicaciones tras la cirugía. –Comprendo lo desolada que debe sentirse por perder a su marido, pero la fuga anastomótica es una complicación frecuente tras la cirugía. Estoy seguro de que el médico le explicó eso antes de la operación, pero aquí tenemos el consentimiento informado de su marido. Aunque denuncie al hospital, sus posibilidades de ganar en un juzgado serían de un 20%. Y además tendría que acarrear con el gasto adicional de las costas legales. Por no hablar de que si el caso se extendiera demasiado en el tiempo, le afectaría física y mentalmente. Las pérdidas para usted serían inconmensurables. No obstante, aquí tiene un detalle por parte del hospital, para mostrarle nuestra buena fe. –dijo Eriol, extendiéndole un sobre que contenía un buen fajo de billetes. –Sra. Ono, recuerde que estoy de su parte. La mujer se derrumbó y comenzó a llorar. Eriol sonrió. Sabía que había convencido a otra afectada de no denunciar al hospital. Cuando Eriol y la Sra. Ono salieron de la sala, el abogado hizo un gesto al médico para hacerle saber que podía estar tranquilo. –Una menos. –dijo Yue para sí mismo, que no era la primera vez que veía aquello en aquel hospital. Cuando el abogado y la Sra. Ono separaron sus caminos, Yue abordó a la mujer, todavía muy afectada por cómo se habían desarrollado los acontecimientos con la enfermedad de su marido. –Disculpe. Me llamo Yue Tsukishiro y soy periodista de la sección médica del Maicho Shinbum.–se presentó Yue entregándole una tarjeta de presentación. Cuando Yamazaki, que estaba al fondo del pasillo vio quién era la mujer y con quién estaba hablando, se ocultó rápidamente para no ser visto. Si esa mujer hablaba con la prensa podría meter en un compromiso al hospital. –¿Qué quiere? –preguntó la mujer. –Si no tiene mucha prisa, me gustaría hablar con usted.

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Una vez que Eriol se despidió de la Sra. Ono, fue al despacho de Hien, donde se encontraban todos los médicos del Departamento de Cirugía Digestiva, ya que habían sido convocados para hablar sobre qué hacer en casos en los que pacientes o sus familiares tienen algún tipo de queja. –No es raro en pacientes o en familias de pacientes como la del Sr. Ono quejarse o realizar reclamaciones irracionales. Por ejemplo, están los “pacientes monstruo”, también conocidos como “pamon”. –explicaba Eriol ayudado de una pizarra blanca, como quien da una clase a sus alumnos. –Para lidiar con los pamon, los médicos debéis ser conscientes de que os tenéis que proteger. Una de las cosas más importantes que tenéis que recordar es que debéis de tener la suficiente fuerza como para no admitir ningún error. Al fin y al cabo, los pamon son seres humanos y al final se verán obligados a ceder. No les tengáis miedo. Lo más importante no es la verdad, sino no perder. –Ya sólo le quedan ocho días hasta la declaración oficial de la candidatura a gobernador, ¿verdad? –preguntó uno de los médicos una vez finalizada la clase. –Sí. El día 23 será mi último día de trabajo aquí. –dijo Eriol, que con su andadura política ya no tendría tiempo para compaginar sus funciones públicas con su trabajo en el hospital. –Estamos pensando en organizarle un pequeño tentempié de despedida para ese día a las 17:00. –dijo Yamazaki. –Sí, eso he oído. Gracias por la molestia. –agradeció Eriol.

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Cuando salió del hospital, Sakura se marchó pensando en cómo hacer para vengarse de Eriol, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando a punto de llegar al restaurante de Kero, Yue la estaba esperando. –¿Qué haces aquí? –preguntó Sakura. –Tengo que hablar contigo. –dijo el periodista. Sakura se dio la vuelta y caminó hacia un parque cercano para evitar que Kero saliera y los viera. –Espero que no hayas dicho nada raro en el restaurante. –dijo Sakura ya en el parque. –No soy tan idiota. –dijo Yue ofreciéndole un café de una máquina expendedora. Pero ella no aceptó la bebida. –Lo que intentas hacer es un secreto, ¿verdad? Y tu próximo objetivo debe de ser Eriol Hiragizawa. Sakura alzó los ojos cansada de aquel periodista, pero con ese gesto Yue supo que dio en el clavo. El hombre se sentó y se abrió la lata de café. –Veo que he acertado. –No puedo permitir que un bastardo como él se presente a las elecciones. –dijo Sakura. –Bien. ¿Y qué vas a hacer? –preguntó Yue. –Eriol siempre está en guardia, ya sea en el trabajo o en su vida personal. No es alguien a quien puedas atrapar tú sola. –¿Perdón? –¿Tienes un plan? –Sí. –¿Ah, sí?¿Cuál? –Hay una antigua trabajadora de Eriol que podría utilizar. Según tengo entendido no está muy contenta con él por algún conflicto del pasado. –dijo Sakura. –No lo hagas. –le advirtió Yue. –Ni si quiera sabes qué clase de persona es. ¿Me equivoco? Es demasiado peligroso involucrar a gente que no conoces. Sakura se dio la vuelta para marcharse. –Venga, no te enfades. ¿No estás haciendo esto por tu padre? –preguntó Yue al ver que a Sakura no le había gustado que cuestionara su idea. –¿Qué sentido tiene actuar sola si fallas? No es como si fueras una niña. Entonces Sakura se paró. –Hace quince años, ¿quién fue quien escribió todas esas mentiras en aquel artículo sin ni siquiera haber contrastado los hechos y sumió la vida de mi padre en la desgracia? –preguntó Sakura. Yue bajó la cabeza con pesar reconociendo que fue él. –A mi padre le robaron la vida por una negligencia médica y le robaron su honor por tu artículo. No tienes nada que decir en este asunto. –Tienes razón. Y te pido disculpas. –asumió Yue. Era normal que Sakura no pudiera confiar en él después de lo que hizo y lo que todo ello trajo consigo. Pero no dejaría que ella tuviera la última palabra. –Haz lo que quieras. No tengo tiempo como para perderlo jugando con una “niña”. Tras decir aquello, Yue se marchó. Después Sakura se dirigió al restaurante, donde Kero le sirvió uno de sus platos para cenar que parecía ser un pastel con algún tipo de masa. –El otro día Yue dijo que este plato sabía como una suela de zapato. –le dijo Kero tras despedir a unos clientes y ver a Sakura con su ya típica expresión seria. –¿Puedes creerte la osadía? Me gustaría saber si realmente ha comido una suela de zapato. Bueno, tiene una lengua afilada pero no es mal tipo. Creo que puede ser un buen amigo para ti. –Kero. –interrumpió Sakura. –Me voy a casa. –Está bien. Buenas noches. –se despidió Kero sin poder detenerla. –Sakura parece un poco desanimada, ¿no crees? –preguntó Chiharu. –Es tan difícil lidiar con una hija. –se lamentó Kero, que todo lo que había dicho era para sacarle una sonrisa a su hija adoptiva, pero a Kero cada vez le costaba más encontrar el modo. Por su parte, cuando Sakura llegó al apartamento, elaboró una planificación, señalando el día 25 de abril como el día en el que tendría lugar la declaración oficial de las candidaturas a gobernador. Cuando la colgó en la pared, no podía quitarse de la cabeza todo lo que le había dicho Yue. ¿Sería verdad que no podría llevar a cabo su venganza ella sola? El maldito Yue había conseguido que le entraran las dudas y se pasó un rato mirando su tarjeta de presentación, como si la tarjeta fuera a darle la respuesta que necesitaba. Tras pensarlo durante un rato, Sakura decidió llamarlo, pero su teléfono sólo comunicaba, hasta que le salió el buzón de voz. –Soy Sakura. Te llamaré en otro momento. –se limitó a decir.

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Casi a última hora, Yamazaki se dirigió al despacho del Profesor Li porque necesitaba contarle lo que había visto, pero con todo el ajetreo del hospital, y luego con la charla que tuvieron con Eriol, no encontró el momento para hablar antes con su superior. –Profesor, hay algo que creo que debe de saber. –dijo Yamazaki un tanto nervioso. Takashi Yamazaki era un médico de pelo corto negro y bastante risueño que se llevaba bien con todo el mundo. No era mal tipo, pero sí le gustaba arrimarse al sol que más calentaba. –¿Qué pasa? –preguntó Hien mientras fumaba con su habitual rostro serio. –Ayer vi a Yue Tsukishiro, el periodista del Maicho Shimbunhablando con la esposa del Sr. Ono. –dijo Yamazaki. El Sr. Ono no fue paciente de Yamazaki, pero al haber trabajado en el mismo departamento, todos estaban al corriente de lo ocurrido con aquel paciente. –Gracias, Yamazaki. –dijo Hien. Una vez que Yamazaki se marchó, Hien llamó por teléfono a Eriol. –Soy Li. ¿Conoces al periodista del Maicho Shimbun? –¿Te refieres a Yue Tsukishiro? –preguntó Eriol. –Sí. La Sra. Ono ha estado hablando con él. –Vaya. No sé qué trama, pero es como un grano en el culo. –dijo Eriol. –Los cánceres deben detectarse y eliminarse en fases tempranas. –dijo Li hablando en metáforas médicas. –Es la regla fundamental del tratamiento médico.

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Yue se sorprendió de que Hien Li lo citara, especialmente tan tarde y en su coche en el aparcamiento subterráneo del hospital. Pero si lo citó a esa hora y en ese lugar debía de ser por alguna noticia de alcance. Además, Eriol también estaba presente, sólo que en el asiento del conductor. –¿Qué está pasando como para que me cite tan tarde, Profesor Li? –preguntó Yue mientras éste se encendía un cigarro. –Tengo que hablar contigo en privado. –dijo Hien. –¿Qué es esto? –preguntó Yue. –Es información obtenida cuando aquel congresista estuvo ingresado hace un tiempo. –explicó Hien. –Resumiendo: que este hombre aceptó 50 millones de yenes de otro hospital. ¿No es así? –preguntó Yue mientras ojeaba la documentación que Eriol y Hien le habían proporcionado. –¿Puedo preguntar por qué me dan está historia tan sonada? –Eriol ha decidido presentarse a las elecciones a gobernador. –dijo Hien. –¿Podemos contar contigo? –A alguien que desperdicia una primicia así no se le puede llamar periodista. –dijo Yue con una sonrisa tras pensarlo durante varios segundos. No hacía falta que le dijeran lo que querían. Le habían pasado esa primicia a cambio de hacerle buena prensa de cara a las elecciones y no poner en compromisos al hospital. Esa noche la pasaría en vela escribiendo el artículo.

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–¿Has visto el artículo del periódico? Es sobre Eriol. –le dijo Meiling a Naoko mientras estaban comiendo en la cafetería. Sakura acababa de terminar y se dirigía a dejar la bandeja cuando Meiling la llamó desde su mesa al verla pasar. –Eh, Sakura, mira esto. Sakura dejó la bandeja en una mesa vacía que había al lado y miró el artículo que le enseñaba Meiling. En él, había una foto de Eriol Hiragizawa. –“El trabajo proactivo del abogado Eriol Hiragizawa para ayudar a los mayores seguro que tendrá un gran impacto al darle forma a este país”. –leyó Meiling. –Vaya, lo ponen por las nubes. Era cierto, parecía un artículo hecho a medida para Eriol. Pero para Sakura, lo peor fue leer quién había sido el autor de dicho artículo. Cuando vio que era Yue Tsukishiro quien lo firmaba después de todo lo que le dijo, Sakura se sintió traicionada de la peor manera. Y pensar que había decidido confiar en él después de las dudas que le había generado. Cuando llegó a casa lo primero que hizo fue romper la tarjeta de Yue con rabia. Ahora sabía que sólo se tenía a sí misma, al igual que siempre, por lo que dejó a un lado todas las dudas y decidió actuar siguiendo su plan original. Se dirigió a la tabla de planificación y tachó el día que casi había pasado. Había sido un día desaprovechado, pero no había perdido todavía. Después se sentó y miró la información que tenía sobre Eriol, pero buscaba algo particular, una fotografía. En ella, Eriol salía de un restaurante del brazo de una mujer morena de pelo negro y de piel muy blanca. Ambos iban muy sonrientes. Sakura puso en la pared de sus objetivos algunos artículos y fotografías que mostraban a Eriol realizando trabajos voluntarios con personas mayores, pero el lugar central lo reservó a la fotografía en la que salía con la mujer. Después, volvió a utilizar el libro que le regaló su padre como herramienta que le guiara el camino a seguir, hasta que dio con la ilustración en la que el Sombrerero le servía el té a la Liebre de Marzo. Al igual que en la historia de Carroll, para Sakura, Eriol no era una persona muy equilibrada. Tenía la locura suficiente como para distorsionar la realidad, aunque a diferencia del personaje, él lo hacía a voluntad, como buen abogado que era.

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Eriol estaba en su despacho cuando le entró un correo electrónico. Cuando lo abrió, le dio a los archivos adjuntos y apareció un naipe negro que al girarse, mostraba la imagen de lo que él recordaba era el Sombrerero de “Alicia en el País de las Maravillas”,pero en lugar de estar sirviéndole el té a la Liebre de Marzo, sostenía un montón de calaveras. El texto de abajo ponía La verdad en la oscuridad. –¿La verdad en la oscuridad? –se preguntó sin entender nada. Después se fijó en que había otro archivo adjunto. Al abrirlo, apareció el informe real de la cirugía de Fujitaka Kinomoto.

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–No sé quién me lo ha enviado. –dijo Eriol mostrándole a Hien el informe que había recibido y que previamente había impreso. –Sin embargo, considerando que dos médicos que estuvieron involucrados en el caso han caído en desgracia, no me parece que sea una casualidad. Hien no pudo comentar nada al respecto porque recibió una llamada. –Hay un problema con una paciente de consultas. –dijo Hien. –¿Puedes hacerte cargo? –Claro. –dijo Eriol.

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–Una mujer embarazada se queja de que la medicación que le prescribió ayer la Dra. Asumi la puso enferma. –le explicó Meiling a Eriol mientras se dirigían a la sala de reuniones para reunirse con Sakura y la paciente en cuestión. –En principio no debería haber ningún problema con la medicación. –Seguramente se trate de una pamon buscando algo de dinero. –prejuzgó Eriol. –Yo me ocupo. Cuando llegaron, ni siquiera habían entrado cuando a través de la puerta se escuchaba a una mujer discutiendo muy enfadada y alzando la voz. –¡Demuéstrame tu buena fe! ¡Si no es así, te denunciaré! ¡Tenlo por seguro! –exclamó la paciente. –Disculpen. –dijo Eriol entrando. Sakura se encontraba frente a su paciente, que estaba de espaldas a la puerta. –Soy Eriol Hiragizawa, el abogado del hospital. Cuando la mujer se dio la vuelta, Eriol no podía creer a quién estaba viendo. –Eriol. –dijo la mujer. Eriol se fijó en el vientre abultado de la mujer. Mientras el abogado seguía paralizado por la sorpresa, Sakura se levantó. –Ella es Tomoyo Daidouji. –dijo Sakura. –¿Os conocéis? –Bueno, ella trabajó conmigo en mi oficina. –dijo Eriol intentando recuperar lo compostura. Cuando lo hizo, Sakura y Eriol salieron fuera a petición del abogado. –Déjame este asunto a mí. –Está bien. Le estoy muy agradecida. –dijo Sakura haciendo una inclinación con la cabeza. Sakura se marchó y Eriol volvió a entrar. –¿Qué ha pasado? –preguntó Eriol fríamente. –Vine al hospital por un dolor y la doctora me recetó unos medicamentos con los que sentí que me moría. –explicó Tomoyo. –Pero nunca pensé que te vería aquí.

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Cuando Sakura salió de la sala de reuniones escuchó que alguien la llamaba. –Sakura. ¿Estás bien? –preguntó Shaoran. –He oído que tienes problemas con una paciente. –Estoy bien. –se limitó a decir ella. –Si te preocupa algo o tienes algún problema, estoy dispuesto a escucharte en cualquier momento. –dijo Shaoran tímidamente. –Bueno, sé que quizás no parezca muy confiable, pero suelen decirme que soy buen oyente. –Entonces, quizás acuda a ti si se me presenta algún problema. –dijo Sakura sonriéndole. –Claro. Hazlo. Te daré mi número de móvil. Y de paso también mi correo electrónico. –dijo Shaoran sacando una libreta pequeña y escribiéndole su número. Tras su encuentro con Shaoran, Sakura se dirigió a un almacén y llamó a Tomoyo. –¿Cómo he estado, Sakura? –preguntó Tomoyo. –¿Verdad que ha sido una buena actuación? –Sí. Has estado perfecta. Para mañana sigue con lo planeado. –dijo Sakura. –Puedes apostar que sí. –dijo Tomoyo, que iba caminando por la calle contenta mientras se frotaba el abultado vientre. –Estoy empezando a disfrutar esto. Adiós. –Ahora sé una buena chica. –dijo Sakura torciendo el gesto nada más colgar.

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Eriol estaba en el enorme despacho de su casa mirando unas cosas por internet cuando Ruby, su mujer, entró con una taza. –Te traigo un café. –dijo Ruby. Al dejarlo, miró el calendario que tenía sobre la mesa con el día 23 y 25 marcados. –El día de la candidatura se acerca, ¿no? –Sí. –dijo Eriol antes de beber del café. –¿Sabes? Lo que también se acerca es nuestro aniversario de boda. –dijo Ruby colocándose detrás de la silla de Eriol. –Lo sé. –¿Quieres que cancele la reserva para la cena de aniversario? Sé que estás bastante ocupado. –dijo Ruby. –Claro que no. Al fin y al cabo, es nuestro evento anual. –¿Estás seguro? –Sí. –Está bien, pero no te sobreesfuerces. –le pidió Ruby sonriente. Cuando su mujer salió, volvió a restaurar la página que estaba mirando, que trataba sobre abortos sin consentimiento y forzados. –No puedo creer que existan bastardos así en el mundo. –dijo Eriol.

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El hecho de que Eriol fuera a presentarse a las elecciones le supuso a Sakura una ventaja a la hora de obtener información sobre él, puesto que tal y como dijo Meiling, trataba de dar una imagen equilibrada de su vida. Sólo tuvo que entrar en sus redes sociales para saber que el día 23 de abril, que era el mismo día que dejaría de trabajar para el hospital, celebraría su aniversario de boda con su esposa en un barco-restaurante por la bahía de Tokio. Según la fuente, todos los años iban a cenar al mismo restaurante para la ocasión. Sakura imprimió la página y la colgó en la pared de objetivos. Según la planificación, el día 23 sería un día bastante ajetreado, puesto que a las 17:00 sería la pequeña fiesta de despedida que le habían organizado desde el hospital. Sakura se aseguró de anotar que a las 19:00 sería la cena en el barco-restaurante. Después, cogió un panfleto del barco-restaurante y llamó: –Soy la Sra. Hiragizawa. Llamaba para ver si mi marido ha reservado para pasado mañana a las 19:00. –dijo Sakura.

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–Ya sólo quedan tres días para la presentación de tu candidatura. –le dijo Yue a Eriol. Ambos estaban reunidos en el despacho del Profesor Li. –Ha llegado la hora. –dijo Li. –Desde mañana sólo puedo involucrarme en actividades que sirvan para ganarme el favor del público. –dijo Eriol. Entonces sonó el teléfono. –Me dicen que la misma paciente de ayer ha vuelto para quejarse. –dijo Hien tras colgar.

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Al igual que el día anterior, Eriol volvió a la sala de reuniones, donde Sakura y Tomoyo estaban sentadas la una frente a la otra, aunque esta vez en completo silencio. –Dra. Asumi. Ya puede marcharse. –dijo Eriol. –Lo siento mucho. –se disculpó Sakura por los inconvenientes causados. Tras una inclinación de cabeza en forma de despedida, la ojiverde salió de la sala. –¡Esa mujer no ha mostrado ni una pizca de arrepentimiento! –exclamó Tomoyo. –¿Qué pasa con este hospital? Eriol dejó su maletín sobre la mesa y se sentó a su lado. –Cálmate. Y lo más importante. ¿Qué vas a hacer con el bebé? –preguntó Eriol. Tomoyo se acarició el vientre. –¿Y qué otra opción tengo? A día de hoy el aborto es ilegal. –dijo Tomoyo. –Ahora mismo, tu vida es más importante que la ley. –dijo Eriol. –Encontraré la manera de arreglar esto, pero por favor, no generes más problemas. Cuando Eriol salió de la sala, Sakura lo esperaba. –Eriol, ¿ha ido todo bien? –preguntó Sakura. –Por supuesto. En cualquier caso, haré algo con esa paciente. –dijo Eriol. Entonces miró detrás de Sakura, donde estaba Yue. –Yue, siento haberte hecho esperar. ¿Vamos al Silver House Tachibana? –Claro. –dijo Yue recibiéndole con una sonrisa. Antes de girarse para ir hacia la escalera, Yue le lanzó una mirada un tanto indescriptible para Sakura. De nuevo volvía a sentirse traicionada. –Era Eriol Hiragizawa, el abogado, ¿no? –dijo Yuna D. Kaito yendo hacia Sakura. –Sí. –respondió ella. –¿Hay algún problema en tu departamento otra vez? –preguntó Kaito. –De hecho, esta vez es una paciente que no deja de amenazarme con denunciarme. –respondió Sakura. –Vaya. Debes estar preocupada. –dijo Kaito. –Mantenme informado, ¿vale? Sakura realizó una inclinación con la cabeza.

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Al salir del trabajo, Sakura se dirigió al apartamento de Tomoyo. Era un sitio pequeño y nada lujoso. Por eso, cuando la morena se puso un vestido rojo por encima para ver cómo le quedaría si lo llevara puesto no dejaba de sonreír. –Me sentaría bien, ¿no crees? –dijo Tomoyo antes de dejar el vestido y sentarse en un cojín del suelo y coger otro para ponérselo sobre su vientre abultado. Después se abrió una cerveza. –Me siento mal, pero no tengo dinero. Me romperá el corazón cuando tenga que abortar, pero jamás imaginé que me podría vengar de él. –Ya estamos preparadas para el golpe final. –dijo Sakura después de dejarla recrearse un poco en su felicidad. –Mañana Eriol irá a cenar con su esposa a un barco para celebrar su aniversario de boda. Antes de eso, irá a una fiesta de despedida en el hospital. Me pegaré a él para ganar tiempo. Mientras tanto, tú… –Lo sé, lo sé. –interrumpió Tomoyo. –¿Cuántas veces me lo tienes que decir? –Es la parte crucial del plan. Cuento contigo. –dijo Sakura. –Ja, ja, ja. –Tomoyo comenzó a reír como si la cerveza la estuviera afectando de más. –No soy quién para hablar, pero tú también pareces muy vengativa. Mira que ir tan lejos por un tío que te ha dejado tirada. Para que Tomoyo participara en su plan de venganza, Sakura le había dicho que Eriol rompió con ella de la peor manera. Harta de la actitud de Tomoyo, se levantó para marcharse. Hasta ahora había cumplido a la perfección con el plan, aunque la actitud que le estaba mostrando ahora mismo no le gustaba en absoluto. Sakura sólo esperaba que ese comportamiento fuera producto de la cerveza. Sólo le quedaba confiar. –Me pregunto si encontraremos la felicidad algún día. –dijo Tomoyo antes de que Sakura se marchara. –No estoy segura. –dijo Sakura con franqueza.

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Eriol y Yue brindaban en un bar por el artículo que había escrito el periodista. Gracias a Yue y su artículo, Eriol se encontraba en una posición inmejorable en las encuestas de intención de voto de cara a su candidatura como gobernador, aunque para ello hubiera tenido que filtrar información escandalosa sobre otro personaje público del país. –Has trabajado duro. –dijo Eriol, sorprendido con la rapidez con la que escribió su artículo, a pesar de haber tenido tan poco margen desde que realizaran el intercambio de favores. Además, al salir del hospital, habían ido a una residencia de mayores para que el abogado se prodigara, momentos que Yue inmortalizó con una cámara de fotos. –Tú también. –dijo Yue chocando sus vasos. Yue sacó la cámara y comenzó a pasar fotos de la residencia. –Parece que le has estrechado la mano a centenares de abuelos. –Sí, es algo que tengo que hacer para ganar. –dijo Eriol. –Después de todo, a día de hoy las personas mayores son los que más fuerza tienen en las urnas. –Hasta los ricos abuelos excéntricos sonreían cuando apareciste. –dijo Yue. –Es increíble la habilidad que tienes para hacerte con todos. En la mañana del día de la declaración de las candidaturas publicaré un artículo. Le pondré todo mi corazón de periodista. –No espero menos de ti. Cuento contigo.

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Llegó el día de la despedida de Eriol. Al día siguiente habría una conferencia de prensa y el día posterior tendría lugar el gran día para él. La despedida era muy discreta y al ser un hospital, tan sólo había un picoteo en el despacho del Profesor Li con los médicos de su departamento. Tras el picoteo, le entregaron un ramo de flores de despedida. –¡Diga unas palabras! –pidió Yamazaki. –Está bien. Sólo puedo daros las gracias por todo el apoyo que me habéis brindado durante tantos años. De ahora en adelante, me embarco en un nuevo reto para mí, un terreno tan pantanoso como la política, pero seguiré adelante teniendo en mente la justicia y la igualdad, tal y como viene grabado en nuestras insignias de juristas. –dijo Eriol. Por su discurso, para Sakura era evidente que tenía madera de político, porque aunque su candidatura todavía no era oficial, ya hablaba como ellos. Estaba claro que su experiencia como abogado y sus éxitos convenciendo a pacientes y familiares para abandonar sus denuncias habían contribuido a que el pelinegro adquiriera bagaje y tablas. Al fin y al cabo, su trabajo no sería tan diferente: convencer a la gente de lo que pregonaba. Tras el discurso, todos aplaudieron y Eriol se dirigió a Hien. –Volveré de visita cuando haya salido electo. –dijo Eriol. –Y yo te visitaré en el ayuntamiento. –dijo Li. –Oh, Dios no lo quiera. –dijo Eriol bromeando. –Bien, me marcho. Gracias por todo y buena suerte. Cuando se despidieron y Eriol emprendió su camino por el pasillo, Sakura se acercó a él antes de que se marchara. –Eriol. –lo alcanzó Sakura. –¿Sí? –¿Tienes un minuto? –preguntó Sakura. –Lo siento, pero tengo planes. –dijo Eriol mirándose el reloj de pulsera. –Es algo que quiero que sepa sobre el caso de Tomoyo Daidouji. –dijo Sakura, que al pronunciar el nombre de la morena captó su atención. Eriol accedió y entraron en una sala de reuniones para tener más privacidad. –Verá, quería decirle que Tomoyo ha venido al hospital otra vez esta mañana. –¿Puedes ir al grano, por favor? –dijo Eriol un poco impaciente. –Sí, lo siento. La cuestión es que me dijo que tú eres el padre del bebé. Ella estaba bastante inquieta y me dijo que quería abortar a estas alturas del embarazo. Entonces me dijo que si tenía el bebé destrozaría tu familia, me denunciaría a mí y que no pararía de causarnos muchos más problemas. Siento que todo ha sido porque la hice enfadar. Lo siento mucho. ¿Piensas reconocer a ese hijo? Eriol se había quedado sin palabras mientras su mente iba a toda velocidad pensando en qué hacer. Todo aquello le había sobrevenido en el peor momento posible, a las puertas de su candidatura. –Pues…, –empezó a decir Eriol, pero realmente no tenía ni idea sobre qué hacer al respecto. –Si no quieres que tenga ese hijo, hay una manera. –dijo Sakura. –Tengo una amiga ginecóloga. Alguien que puede guardar un secreto. Pienso que si le pagas, podrá hacer algo. –Pero, ¿por qué estás dispuesta a llegar tan lejos por ayudarme? –preguntó Eriol. –Como le he dicho antes, Tomoyo sigue dispuesta a denunciarme si tiene ese bebé. De esta forma quizá pueda persuadirla para no hacerlo. Yo sólo acabo de empezar a trabajar en este hospital y no quiero problemas. Tan sólo quiero ejercer mi profesión. –Está bien. Vamos a hacerlo. –dijo Eriol tras pensarlo unos segundos. Al fin y al cabo, sin ese bebé, se acabarían los problemas para todos. –Bien. Te llamaré en cuanto consiga hablar con mi contacto. –dijo Sakura. –Gracias. Bueno, debo irme. Si me disculpas. –se despidió Eriol.

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Al salir del hospital, Eriol no tenía tiempo ni de pasar por casa a cambiarse, por lo que se marchó con su maletín hasta el puerto. Por suerte, su mujer la esperaría allí. Cuando llegó, se subió al barco-restaurante donde cenaría con su esposa para celebrar su aniversario de boda. Al entrar, los pasajeros brindaban con copas antes de que el barco zarpara por la bahía de Tokio. Tras buscar a su mujer, sonrió al verla sentada picoteando algo en una mesa. Ruby sonrió de vuelta. Lo que Eriol no esperaba era que estuviera acompañada por Tomoyo. Ambas se levantaron sonrientes para recibirlo. –Eriol, has llegado a tiempo. –dijo Ruby. –Buenas noches, Eriol. –saludó Tomoyo con una sonrisa. –Hola. –saludó él todavía impresionado. –Tomoyo me ha dicho que solía trabajar en tu oficina. –dijo Ruby. –Sí. La he reconocido por las fotos de tu despacho, y también por las fotos de las redes sociales. Así que he decidido venir a saludar. –explicó Tomoyo acomodándose el bolso de mano para que Sakura pudiera escuchar todo gracias al micrófono que llevaba dentro. –Entiendo. –dijo él. –Se suponía que tenía que venir con mi novio, pero no ha podido llegar a tiempo por su trabajo. Y como ya tenía la reserva, he decidido venir a disfrutar de la cena, aunque fuera sola. –dijo Tomoyo. –Pero estando sola te vas a aburrir. ¿Por qué no te unes a nosotros? –le ofreció Ruby. –Ruby, podría sentirse incómoda. –dijo Eriol intentando evitar que Tomoyo cenara con ellos. –Me encantaría. –dijo Tomoyo sin reparos. –Formáis una pareja tan ideal que me encantaría estar presente para teneros de referencia y que me deis consejos. Sakura, que llegaba en aquel momento al barco, pensó que Tomoyo era una gran actriz. –¿Has oído Eriol? Piensa que somos una pareja ideal. –dijo Ruby. –Me voy a sonrojar de la vergüenza. –Eriol, ¿quieres tomar algo? –preguntó Tomoyo. Tras varios minutos, el barco zarpó y los comensales se encontraban en medio de la deliciosa cena. Finalmente, Eriol no pudo evitar que Tomoyo cenara con ellos, por lo que su rostro mostraba una gran incertidumbre por lo que Tomoyo pudiera decir o hacer. –¿Y cómo te va el embarazo? –preguntó Ruby. –Este bebé está lleno de energía. Está dándome patadas constantemente. –dijo Tomoyo. –¿De verdad? –Sí. Me alegro de haber nacido mujer para poder experimentar esto. –dijo Tomoyo. –No sabes cómo te envidio. Nosotros no hemos sido bendecidos con niños. –se lamentó Ruby. –Eriol siempre ha querido tener un hijo. –Pues este de aquí es niño. –dijo Tomoyo tocándose el abultado vientre. –¿En serio? –Sí. Pensándolo bien, quizás lo llame Eriol, para que crezca siendo una persona tan maravillosa como tú. –dijo Tomoyo mirando a Eriol. –¿No crees que eso es demasiado? Además, ¿no crees que Eriol está pasado de moda? –dijo Ruby. Ambas mujeres rieron. –Eriol, ¿te encuentras bien? –preguntó Tomoyo. –Estás un poco pálido. –Tomoyo tiene razón. Y apenas has probado la cena. –dijo Ruby. –Quizás esté un poco mareado por el barco. –dijo Eriol antes de beber agua. Con la excusa de ir al baño, Tomoyo salió a cubierta con una sonrisa de oreja a oreja, donde estaba Sakura. La verdad es que la morena lo estaba disfrutando mucho, consciente de su gran actuación. –Voy a enviarle un mensaje a Eriol. –dijo Sakura mientras Tomoyo se retocaba los labios. –Sácalo de ahí y procede según el plan. –Entendido. –dijo Tomoyo volviendo a entrar. Mientras tanto, a Eriol le sonó el teléfono con el tono de mensaje mientras Ruby intentaba decidir el postre con el camarero. Por fin Eriol recibía una buena noticia. En el mensaje, Sakura le decía que la ginecóloga amiga suya había accedido a practicarle el aborto a Tomoyo. –Eriol, tengo un favor que pedirte. –dijo Tomoyo llegando a la mesa. –Se trata de mi novio. Lo siento Ruby, ¿me prestas a tu marido cinco minutos? –Claro, adelante. –dijo Ruby. Eriol y Tomoyo subieron a la semicubierta, donde encontrarían más privacidad, puesto que todo el mundo estaba cenando. –Al final he decidido tener este bebé. –dijo Tomoyo. –Quiero dar a luz a tu hijo. –Tomoyo. –dijo Eriol. Entonces decidió sacar a relucir su capacidad de convicción. –Ser madre soltera es más duro de lo que imaginas, tanto física como económicamente. –Pero… –Si renuncias a este hijo, te ayudaré tanto como pueda. –dijo Eriol. –¿Me ayudarás? –preguntó Tomoyo, sin esperarse aquella propuesta. –¿Pero dónde voy a encontrar un médico que me practique un aborto? –preguntó Tomoyo. Eriol la sujetó por los hombros para transmitirle tranquilidad. –Ya he encontrado uno. –dijo Eriol. –Deshazte del bebé. Al final es por tu propio bien. Confía en mí. Te pasaré la referencia para que vayas mañana mismo. Lo que Eriol no sabía era que Sakura estaba grabando todo ocultada en la escalera.

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Estamos en la víspera de la presentación oficial de las candidaturas para la elección de gobernador. Entre todos los candidatos destaca Eriol Hiragizawa, que hoy ofrecerá una rueda de prensa. –decía la presentadora de las noticias en la gran pantalla que presidía un edificio. Muy cerca de allí, Eriol estaba con Sakura en un coche. –Me ha dicho mi amiga que el aborto ha ido bien y sin complicaciones –dijo Sakura entregándole un informe falso. –Realmente me has salvado. Y tú te has librado de la denuncia. –dijo Eriol. –Gracias. Buena suerte en la conferencia de prensa. –Gracias. Ahora sí puedo ir tranquilo. –dijo Eriol. Sakura se bajó del coche y Eriol se dirigió al lugar donde tendría lugar la conferencia. Entonces, recibió un correo electrónico. Cuando lo abrió en su tablet, volvió a helársele la sangre al leer el mensaje. Prueba la inocencia de Fujitaka Kinomoto en la rueda de prensa. Si no lo haces, subiré el vídeo a internet. Cuando Eriol abrió el vídeo adjunto, se vio a sí mismo y a Tomoyo en el barco pidiéndole que abortara al hijo que esperaban. En un último archivo adjunto volvió a ver el mismo naipe que ya le fue enviado en el primer correo electrónico que recibió. –Me niego a perder ahora que he llegado tan lejos. Entonces, de repente supo qué hacer.

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Llegó la hora de la rueda de prensa y Eriol salió con su impoluto traje oscuro hacia la mesa donde se situaban los micrófonos. Tras realizar una inclinación en forma de saludo a los medios se sentó a esperar a que acabaran de presentarlo. –La razón por la que he convocado esta conferencia de prensa es para contaros la verdad sobre un incidente que ocurrió hace quince años. –comenzó diciendo Eriol. Los periodistas comenzaron a murmurar entre ellos confundidos. Realmente su conferencia iba a versar estrictamente sobre su candidatura, pero dada la amenaza anónima que había recibido, se vio obligado a cambiar el rumbo de la conferencia. Yue, que estaba entre los periodistas, también se sorprendió de aquel cambio, aunque comenzaba a intuir el por qué de ese drástico cambio. –Se trata de un caso de robo y venta de medicamentos del Hospital Universitario de Tomoeda. Dicho hospital identificó al pediatra Fujitaka Kinomoto como el culpable. Sin embargo, después de haber realizado una exhaustiva reinvestigación, he podido probar que la acusación del hospital no tenía fundamentación alguna. Debido a la desinformación provocada por el hospital, el honor del Dr. Fujitaka Kinomoto, que realmente era inocente, fue pisoteado. Como abogado del hospital que he sido durante tantos años, me siento profundamente avergonzado y buscaré siempre la verdad. Aprovecho esta oportunidad para pedirles disculpas desde lo más profundo de mi corazón a los familiares y amigos del Dr. Fujitaka Kinomoto. Eriol se levantó y realizó una reverencia de disculpas. –¿Qué piensa hacer en relación a su candidatura a las elecciones? –preguntó un periodista. –He pensado mucho al respecto. Pero he decidido continuar para hacerle justicia a personas como Fujitaka Kinomoto, sirviendo públicamente desde la política. –dijo Eriol Hiragizawa. Eriol se sintió orgulloso de sí mismo. Al final no le vino mal aquel cambio de planes. Desde su despacho, cuando el Profesor Li vio por la televisión lo que Eriol estaba haciendo apartó con furia las cosas que había en la mesa. Aquel abogado lo había traicionado no sólo a él, sino a todo el hospital en el que trabajó durante tantos años. Sakura tampoco quedó demasiado contenta con la conferencia de prensa. De cara a la palestra era cierto que había limpiado el nombre de su padre, pero aborrecía que Eriol se hubiera aprovechado de su memoria y de aquel escaparate que le proporcionaba su tirón mediático en su propio beneficio. No debía de haberle extrañado. Al fin y al cabo era abogado y un experto en poner toda clase de situaciones a su favor. –¿Te piensas que te vas a ir de rositas? –dijo Sakura mientras miraba la pantalla desde la calle, donde Eriol seguía en pantalla.

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Sakura estaba en una habitación de un hotel con Tomoyo. Mientras la castaña preparaba un ordenador portátil, Tomoyo, sentada en la cama veía el vídeo que Sakura grabó en el barco. –Tomoyo, si descartas tener al bebé, una vez que suba el vídeo a internet, Eriol estará acabado. Será el fin de nuestra venganza. –dijo Sakura que extendió la mano. –Pásame la cámara. Entonces, ella bajó la cámara como apartándola. –Es que, si subes el vídeo Eriol perderá toda su posición y no podremos sacarle dinero. ¿No crees que si cuelgas el vídeo saldríamos perdiendo? –preguntó Tomoyo, que con el vídeo recordó que Eriol le había ofrecido todo su apoyo si se deshacía del bebé, cosa que ya habían hecho creer al abogado. –¿Qué quieres decir? –preguntó Sakura, que en ningún momento tuvo motivación económica. –Ya me he gastado todo el dinero que tengo. Pero si seguimos chantajeándolo con el vídeo podremos sacarle todo el dinero que queramos siempre que queramos. –argumentó Tomoyo. –¿No me dijiste desde el principio que el dinero no era el motivo por el que querías vengarte de él? –preguntó Sakura. –¡No quiero saber nada más de venganzas! –exclamó Tomoyo, que intentó salir corriendo. Al adivinarle las intenciones Sakura fue tras ella y estuvieron forcejeando. –¡Devuélveme la cámara! –exclamó Sakura en el forcejeo. –¡Tú eres médico y no tienes nada que perder, pero yo no tengo nada!¡Sólo puedo depender de su dinero! –respondió Tomoyo, con tanto ímpetu que logró tirar a Sakura, momento que aprovechó para huir. Aunque Sakura fue tras ella, Tomoyo consiguió subirse a un taxi.

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Una vez acabada la rueda de prensa, Eriol se sintió mucho más aliviado. Entonces recibió una llamada de Tomoyo Daidouji. –He conseguido un vídeo un tanto comprometedor para ti. –dijo Tomoyo. –¿Quién lo tenía? –preguntó Eriol. –Diez millones. Ese es el precio del vídeo. –dijo Tomoyo. –Te lo daré a cambio del dinero, pero en un lugar que esté lleno de gente. Si nos reunimos a solas, a saber qué me harías. Un rato después y tras haber acumulado el dinero que pedía Tomoyo, llegó al punto de encuentro que ella había establecido. Eriol no sospechó que Tomoyo seguía embarazada gracias a la ropa que llevaba. Y de haber dicho algo, le diría que la barriga no desaparecía de la noche a la mañana. Sin más, él le entregó un sobre lleno de fajos de billetes y ella le dio la cámara. –Gracias. –dijo Tomoyo marchándose después de haber comprobado el contenido. –¡Dime! ¿Quién grabó el vídeo? –preguntó Eriol. –¡Eh!¿Ese no es Eriol Hiragizawa, el abogado de la rueda de prensa? –dijo un transeúnte que pareció reconocerlo. –¡Sí, últimamente no para de salir en la televisión! –respondió otro peatón. La gente comenzó a pararse y a mirarlo, momento que aprovechó Tomoyo para marcharse sin haberle respondido a la pregunta. Eriol no la siguió por no montar un revuelo innecesario que pudiera perjudicarlo. –Adiós, Eriol. –dijo Tomoyo. Sabía que había traicionado a Sakura, pero sin ella y su plan no habría conseguido todo ese dinero. Por eso evitó responderle. Al final, ella sólo intentaba sobrevivir. –Bueno, no importa mientras el vídeo esté en mi poder. –se dijo Eriol.

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Sakura fue al apartamento de Tomoyo, pero no había nadie. Astutamente parecía haberse mudado. Tomoyo había pensado en jugársela desde la grabación del vídeo y fue entonces cuando le vino a la mente la advertencia de Yue. Flashback. –¿Tienes un plan? –Sí. –¿Ah, sí?¿Cuál?Hay una antigua trabajadora de Eriol que podría utilizar. Según tengo entendido no está muy contenta con él por algún conflicto del pasado. –dijo Sakura. –No lo hagas. –le advirtió Yue. –Ni si quiera sabes qué clase de persona es. ¿Me equivoco? Es demasiado peligroso involucrar a gente que no conoces. Fin del flashback. Tras recordar aquello, Sakura se dejó caer al suelo derrotada.

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–Mañana es el gran día. –le dijo Eriol a Yue mientras tomaban algo en la barra del bar que últimamente estaban frecuentando. –Estarás deseando leer mi artículo de mañana. –dijo Yue. –La verdad es que sí. –reconoció el futuro político. –Gracias a ti, voy a poder escribir una buena historia por primera vez en mucho tiempo. –dijo Yue, refiriéndose a la primicia que él y el Profesor Li le pasaron en el coche aquella noche en que lo citaron. –Es por cosas así que se me hace difícil dejar el periodismo.

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A la mañana siguiente, Eriol estaba preparando algunas cosas en su despacho para marcharse cuando Ruby entró rápidamente en el despacho. –Lee esto. –dijo Ruby. –¿Qué pasa? Incluso has entrado sin llamar. –dijo Eriol cogiendo el periódico. Al ver el titular, los ojos casi se le salen de las órbitas. Abuso en el sistema de bienestar social. Eriol Hiragizawa ha estado malversando fondos de las residencias de mayores. En el artículo básicamente decía que Eriol hizo de las personas mayores su población diana y que se había aprovechado especialmente de cuatro ancianos de renombre en los últimos cinco años. El artículo venía acompañado de fotografías que mostraban la identidad de esos mayores, de entre 70 y 84 años y cómo parecía haberse ganado su confianza. Eriol vio que el artículo venía firmado por Yue Tsukishiro. Esta vez, Eriol supo que estaba acabado. Yue se la había jugado.

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Cuando Sakura leyó en el hospital el artículo del periódico firmado por Yue, lo buscó por todas partes. Después de dar un montón de vueltas, lo encontró admirando el cerezo del patio, que ya había perdido su característico color rosa. –Esa es mi venganza. –dijo Yue al ver que Sakura llevaba el periódico en la mano. –¿Qué? –Hace quince años, la persona que me filtró la información sobre tu padre fue Eriol. Flashback. –El Dr. Kinomoto fue el pediatra de tu hermano, ¿verdad? –le preguntó Eriol a un jovencísimo Yue en una sala de reuniones. –¿No has notado nada extraño en su comportamiento? –¿A qué se refiere con comportamiento extraño? –A decir verdad, sospechamos que el Dr. Kinomoto está robando medicamentos del hospital y vendiéndolos en el mercado negro. –dijo Eriol. –No puedo creerlo. –dijo Yue, que conocía a Fujitaka lo suficiente como para saber que no era un médico sin ética. –Incluso existe una posibilidad de que él mismo sea adicto a las drogas. –dijo Eriol, pasándole una carpeta con información. Fin del flashback. –Yo mismo me creí la información que escribí en aquel artículo. A día de hoy es obvio que aquella carpeta contenía información fabricada. No me di cuenta de que fue una trampa para deshacerse de las culpas por la negligencia médica hacia tu padre y esconderlo todo bajo la alfombra. –explicó Yue. –Yo era nuevo e ingenuo. Al aprovecharse de mi posición como periodista, ahora he querido devolverle el favor, también como periodista. –¿Por qué has actuado solo? –preguntó Sakura. –No importa lo que diga porque va a sonar a excusa, pero lo cierto es que te traicioné a ti y a tu padre. Eso es algo que no puedo borrar. –Gracias. –¿Qué? –preguntó Yue, que no se esperaba un agradecimiento de la nueva Sakura. –Por escribir ese artículo. –dijo Sakura. Yue por fin pareció verle un atisbo de sonrisa a Sakura. Aquello supondría el principio de su colaboración.

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–Así que otro miembro relacionado estrechamente con el hospital ha caído. –dijo Yuna D. Kaito. –Sí. –dijo Sakura, que acudió a su oficina para informar de las novedades en su departamento. –Parece que había más garbanzos negros de los que pensábamos. –dijo el Profesor Kaito. –Te pido que sigas atenta. Es importante para poder limpiar este hospital. –De acuerdo. –dijo Sakura antes de marcharse. Cuando la castaña se marchó, Kaito sacó una fotografía del cajón. En ella aparecía Tomoyo y Sakura a las puertas del apartamento de Tomoyo. Continuará…
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