La espina de Alicia

Gen
NC-17
Finalizada
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137 páginas, 71.981 palabras, 10 capítulos
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4. La Oruga Azul.

Ajustes
La vida en el hospital continuó con normalidad tras lo acontecido en las últimas semanas. En la sala de reuniones estaban reunidos el Profesor Li, Sakura, un médico residente llamado Tanaka, un paciente y su esposa. –Doctor, ¿cómo han salido los resultados? –preguntó el paciente. –Pues..., –comenzó a decir el médico, que aborrecía dar malas noticias. El Profesor Li se miró el reloj de pulsera impacientándose. –Tanaka. –le apremió el Profesor Li. Pero ante la indecisión de Tanaka, decidió continuar él. –Tiene cáncer de hígado. –¿Qué? –dijo el paciente, que no sabía si había escuchado bien. –Cáncer de hígado. –repitió el Profesor Li sin delicadeza alguna. –Y se ha extendido hacia los pulmones. –Entonces, hagan algo. ¿No lo pueden operar? –preguntó la mujer. –La cirugía no tiene sentido en esta fase. –dijo Hien. Ante la fría respuesta de Hien, la mujer se llevó la mano a la boca intentando contener el llanto, pero le fue imposible. –No llores. –intentó tranquilizarla su marido. –Todo irá bien. –¿Hay algo que quieran saber? –preguntó Hien. –Puede irse a casa a descansar o a un hospital para enfermos terminales. –Espere un momento. –dijo el paciente, que no había tenido tiempo para asumir la gravedad de su enfermedad. –Los cuidados paliativos están fuera del alcance de nuestra especialidad. –dijo Hien. –¿Van a abandonarme? –Este es un lugar para tratar pacientes que tienen posibilidad de cura, para los que no, existen los hospicios. –dijo Li. Aunque Sakura se mantuvo en silencio e impasible, no podía creer la frialdad y la poca delicadeza que Hien tenía con sus pacientes. Era como un témpano de hielo. Además, su humor pareció agravarse desde que Eriol diera aquella rueda de prensa.

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–A pesar de ser un hombre callado y de los rumores ocasionados por el alboroto generado por Eriol Hiragizawa, el Profesor Li ha mantenido una postura inamovible y se ha convertido en un líder de opinión dentro del Departamento de Cirugía Digestiva y del Hospital Universitario de Tomoeda. Su templanza y su gran experiencia le han valido para convertirse en el Presidente del Comité de Dirección del Hospital Universitario de Tomoeda. –leía un periodista, que sostenía una revista médica. Gracias a ese ascenso, el exterior del despacho del Profesor Li estaba lleno de periodistas, que iban entrando uno a uno para sus entrevistas. Cuando fue su turno, Yue entró al despacho. –Enhorabuena por el ascenso. –felicitó Yue. –¿Estás satisfecho ahora que has vendido a Eriol? –preguntó Li obviando la felicitación. –Eso fue por lo que dijo en la conferencia de prensa. No podía creer que dijera todo aquello. Gracias a él, me acusan de haber escrito un artículo con noticias falsas por algo que ocurrió hace quince años. –dijo Yue sentándose frente a Hien. –¿Cuál es el verdadero motivo por el que has venido? –preguntó Hien, sabiendo que no era por su ascenso. –La cuestión es, que antes de que ocurriera todo aquello, Eriol me contó algo perturbador sobre Fujitaka Kinomoto. Me dijo que su muerte fue provocada por una negligencia médica. –mintió Yue, que le lanzó un órdago para ver la reacción de Hien. –¿Es eso cierto? El Profesor Li sólo mantuvo la mirada sin decir nada ni mover ni un músculo. –Intuyo que sabes algo. –insistió Yue. –Y si supiera, ¿tienes alguna prueba? –preguntó Hien manteniendo el duelo de miradas. –Si no tienes pruebas, la verdad no existe.

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Yue y Sakura cenaban en el restaurante de Kero para hablar de las novedades. Esta vez no estaban en la barra, sino en una mesa más alejada donde pudieran hablar con más tranquilidad sin las interrupciones de Kero. –Estoy seguro de que el Profesor Li sabe algo. –dijo Yue. –Hace quince años Li hizo que sus subordinados utilizaran tecnología nueva a sabiendas de los peligros. Para tener éxito en la cirugía de la que todo el mundo hablaba y apuntarse el tanto, eligió a la Dra. Madoushi y al Dr. Terada. Pero con el nuevo procedimiento la operación se complicó y fracasaron. Y Li ordenó que se ocultara la negligencia. Y lo que es más, para eludirte a ti y a la opinión pública señaló a Fujitaka como un delincuente. Hien Li es el cerebro detrás de todo el caso y que acabó con la vida de tu padre. Mientras Yue le exponía sus suposiciones, Sakura se movía incómoda en la silla por todo lo que estaba escuchando. –Aquí tenéis. –dijo Chiharu llevándoles un plato. –No hemos pedido nada. –dijo Yue. Chicharu señaló a la barra, donde Kero los saludó, haciéndoles saber que aquel plato era cortesía de la casa. –Probadlo. –dijo Kero. –Gracias. –dijo Yue. Cuando Chiharu se marchó, Yue continuó hablando. –Comprobaré si hay alguien entre los empleados que pudiera saber algo sobre lo que ocurrió hace quince años. ¿Qué vas a hacer tú? –Le sacaré información al hijo de Li. –dijo Sakura. –Oye Kero, ¿desde cuándo esos dos son amigos? –preguntó Chiharu en la barra en voz baja para no ser escuchada. Kero estaba muy contento de que por fin Sakura hablara con alguien. –Qué bonita es la juventud, ¿verdad? –dijo Kero respondiendo algo que no tenía nada que ver con lo que preguntó su camarera.

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Al día siguiente, el hospital se llenó de comerciales de farmacéuticas intentando colocar sus productos. En cuanto vieron al Profesor Li se pegaron a él como lapas intentando que el prestigiado médico les hiciera algo de caso. –Profesor Li, soy de la Farmacéutica Okita. ¿Podría dedicarme un poco de su tiempo? –preguntó el comercial. –¿Puede dedicarme cinco minutos? –preguntó otro. Pero Li hacía caso omiso de los comerciales, hasta que una mujer llamada Maki Matsumoto se colocó a su lado con una sonrisa de lo más segura, porque sabía que a ella sí que la atendería. –Profesor, ¿podemos hablar un momento sobre la temporalización del ensayo clínico? –preguntó Maki. –Por supuesto. –dijo Li mientras entraba a su despacho. –Lo siento, chicos, pero el Profesor Li tiene una relación de larga duración con la Farmacéutica Tezuka. –dijo Maki orgullosa. –A saber cuánto dinero han apilado con la Farmacéutica Tezuka. –comentaron los comerciales ignorados. –Muchas gracias por atenderme, Hien. Estamos muy orgullosos de que hayas accedido a participar en el ensayo clínico. Además, si el ensayo tiene éxito, puede contribuir al progreso de tu investigación. Sería un gran honor que nuestra compañía sirviera como trampolín para las elecciones a director del hospital. –dijo Maki. –Por cierto, he oído que llevas el tratamiento médico del famoso alpinista Koichi Hagiwara. –¿Tienes oídos en las paredes? –preguntó Li levantándose. –Por favor, déjalo participar en el ensayo clínico. Sería una gran oportunidad de publicidad tanto para el hospital como para nuestra empresa. –Eso no hace falta ni que lo digas. –dijo Li. –Hien, aquí tienes yokan. –dijo Maki regalándole una bolsa con yokan,un postre típico japonés hecho de gelatina. –Hoy he traído tres. Pero en realidad, la bolsa no sólo contenía el postre típico japonés hecho de gelatina, sino también tres fajos de billetes de diez mil yenes.

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Tras el encuentro de Maki en el despacho de Hien, ésta se dirigió a la sala de juntas, donde habían convocado una reunión informativa sobre el ensayo clínico que la farmacéutica Tezuka quería llevar a cabo conjuntamente con el hospital. Mientras un colega realizaba la presentación, Maki comenzó a repartir yokana los asistentes a modo de detalle y ganarse así a todos los médicos que pudieran. –Hola a todos, soy Yoshida, del Departamento de Investigación y Desarrollo de la Farmacéutica Tezuka. Por favor, echen un vistazo a la documentación que les hemos entregado. Queremos presentarles la investigación de un nuevo fármaco: el RX-1. Este fármaco reduce significativamente el riesgo postoperatorio del cáncer de estómago. Nos gustaría que hicieran una lista lo más larga posible de los pacientes sometidos a una cirugía por cáncer estomacal que reúnan las condiciones para el estudio de este ensayo clínico. –dijo Yoshida. A continuación entró el Profesor Li, que había sido entretenido con otros quehaceres. –Continuad, por favor. –dijo Hien. –Gracias al Profesor Li, dirigiremos este ensayo clínico. Gracias de antemano por su colaboración. –dijo Maki. Entonces Sakura se percató de que Hien miraba a Yamazaki, que asintió con la cabeza varias veces. Sakura no sabía qué se llevaban esos dos entre manos, pero le pareció que Yamazaki entendió a Hien con una simple mirada. –Vayan a la página 7, por favor. –continuó Yoshida.

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Al salir de la reunión, Li y Yamazaki se reunieron en el pasillo. Sakura, escondida en un cruce de pasillo, se puso a escuchar toda la conversación. –Quiero que Koichi Hagiwara participe. –dijo Li entregándole una lista y refiriéndose al famoso montañero propuesto por Maki en su despacho. –Pero Profesor, Hagiwara tiene antígenos Lewis Le a y Le b. No tenemos suficiente información como para administrarle ese fármaco. –dijo Yamazaki. –Antes de administrárselo a Hagiwara, prueba primero con Masaru Yamane. También tiene esos antígenos. –indicó Hien. –¿Quiere que lo pruebe con él primero para ver si es compatible con Hagiwara? –preguntó Yamazaki, que no lo veía claro. –El hospital tiene dos tipos de pacientes: los pacientes que hay que salvar a toda costa, y el resto. –dijo Hien. –Pero si hubiera efectos secundarios… –Es un paciente con cáncer de estómago continuado que ya ha sido operado. Su cáncer no remite. Aunque le pasara algo, no sería antinatural. –interrumpió Hien, dando por zanjada la conversación.

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–Eso es terrible. –dijo Yue cuando Sakura le contó lo que había escuchado. –No puedo creer que experimente con otro paciente. –Supongo que Hagiwara es un paciente especial para él. –¿Qué piensa que son las vidas humanas? Entonces, Sakura recordó lo que le dijo Hien en el funeral de su padre. Lo acusó de lucrarse y lo llamó escoria delante de su hija, que ni siquiera había pasado el duelo. Yue vio la mirada decidida de Sakura. –Voy a acabar con él.

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Sr. Hagiwara. ¿Qué hace levantado? Se supone que no debería realizar sobreesfuerzos. –dijo Naoko, llamando la atención al montañero, que daba un paseo por los pasillos en compañía de su gotero. –Ya puedo ir al baño. No subestimes a un hombre de montaña. –dijo Hagiwara. –Buenos días. –saludó Masaru Yamane con una gran sonrisa desde la silla de ruedas a su pequeña hija, que había ido a ver a su padre. –Buenos días, papá. –saludó la niña. –Sr. Yamane, ¿cuántos días han pasado desde la operación? –preguntó Hagiwara. –Cinco. –respondió Yamane. –Entonces, llevas un día más que yo. –Dijo Hagiwara. –Hola, ¿has venido a visitar a tu padre? –Hola, sí. –dijo la niña. –¿Cuántos años tienes? –Siete. Sakura, que pasó por allí en aquel momento se dirigió a una zona donde sólo podía entrar el personal. Desde su móvil, buscó información sobre Koichi Hagiwara. –Hola, Sakura. –dijo Meiling, que salió de una sala. –Hola. –saludó Sakura guardándose el teléfono en el bolsillo. Entonces Meiling sacó un folio. –¿Sabías que algunos compañeros van a celebrar una barbacoa? –preguntó Meiling mostrándole el anuncio que indicaba el día 26. –No. –Es sólo para los médicos y enfermeros más jóvenes. Para hacer piña. –dijo Meiling. –Pero no estoy segura de si nosotras encajamos en la categoría de “más jóvenes”. ¿Vamos juntas? –Lo siento, pero ya tengo planes para ese día. –dijo Sakura, entrando a la sala de médicos. –Es como un muro, ¿verdad? –dijo Naoko desde el control de enfermería refiriéndose a Sakura. –Me pregunto si se habrá adaptado bien al hospital.

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–Pensé que habíamos encontrado una doctora con moral, pero parece que también hay algo sospechoso con Sakura Kinomoto. –dijo Yuna D. Kaito al médico que le consiguió la fotografía de Sakura hablando con Tomoyo a las puertas de su casa. –Sí. –dijo el médico al que mandó para que espiara a Sakura. –Dime. ¿Está incluida en el equipo médico que va a llevar a cabo el ensayo clínico? –preguntó Kaito. –Sí. –Sigue vigilándola todo lo que puedas. –ordenó Kaito. –Lo haré. –Espero estar preocupándome por nada. –deseó Kaito.

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Cuando Sakura salió del hospital iba a paso lento mientras pensaba en el montañero cuando escuchó que Meiling la llamaba dirigiéndose hacia ella en un trote para alcanzarla. –¡Sakura! –Hola. –¿Tienes hambre? –preguntó Meiling. –Ayer en casa hicimos demasiado curry. –Es que… –Vente conmigo. Sería una pena desperdiciarlo. –la interrumpió Meiling antes de que la castaña se buscara alguna excusa. Sin darle la menor oportunidad, la cogió de la mano y Sakura se vio arrastrada por ella. –¿Qué tipo curry te gusta? Lo digo porque en el nuestro nunca echamos patatas. Cuando llegaron, Sakura vio que la familia de Meiling regentaba una floristería y que eran una familia numerosa. –Qué bien huele. –dijo Meiling destapando la cazuela. La madre de Meiling estaba en la cocina, uno de sus hermanos pequeños hacía los deberes mientras otro veía la televisión. Después entró una niña de catorce años. No parecía una casa silenciosa. –Daiki, ¿cuántas horas de tele llevas hoy? –preguntó la madre. –¡Todos a la mesa! –Sírvete todo lo que quieras. –le dijo la madre de Meiling a Sakura, que no sabía cómo se había visto “secuestrada” en aquella casa de locos. No estaba muy acostumbrada a todo ese ajetreo. Por fin todos se sentaron y comenzaron a cenar. –No puedo creerme que haya una doctora tan guapa en esta mesa. –Daiki, dile que te enseñe a ser más inteligente. –dijo el padre al menor de los hijos. –Eso es una pérdida de tiempo. Después de todo soy tu hijo. –dijo el niño. –Daiki no necesita estudiar mucho. De todas formas cuando crezca se hará cargo de la floristería. –dijo el hermano mayor, de dieciséis años. –¿De verdad?¿Te vas a hacer cargo de la floristería? –preguntó su padre ilusionado. –Eso es sólo porque no quiere estudiar. –dijo Meiling. –¡Claro que no! –dijo Daiki haciéndole la contra a Meiling. Entonces, el cabeza de familia se levantó e intentó ocultar su cara poniéndose de espaldas a la familia. –Fijaos, papá se ha emocionado. –dijo la madre. –Ya está llorando otra vez. –dijo Meiling. –Esa reacción es de la era Showa. –Idiotas. ¿Quién está llorando? –dijo el padre dándose la vuelta e intentando mantener la compostura y disimulando integridad, lo que hizo reír a toda la familia. Sakura sonrió por esa dinámica familiar. Eran humildes, pero parecían muy felices. No pudo evitar recordar a su padre, que también era muy risueño y siempre la hacía reír. Una vez finalizada la cena, Meiling acompañó a Sakura hasta la puerta. –Toma, para ti. –dijo Meiling entregándole una bolsa con una maceta con flores antes de despedirse. –¿Verdad que son bonitas? Incluso cuando estás estresada, las flores te calman al mirarlas. –Muchas gracias. –agradeció Sakura tomando el detalle. –Perdóname, somos una familia de tontos. –dijo Meiling. –En absoluto. Sois muy animados y transmitís mucha alegría. –dijo Sakura sonriendo. –Me dais envidia. –En realidad, le estoy muy agradecida a mis padres por sacarnos adelante sólo con esta tienda. Por eso en cuanto pueda, me gustaría casarme e irme para que puedan vivir más cómodos y que tengan una boca menos que alimentar. –dijo Meiling. –Me gustaría casarme con alguien que me diera estabilidad, que cuide de su familia y que tenga un gran corazón. –¿Te gusta alguien? –preguntó Sakura. –Bueno, más o menos. –dijo Meiling dando un pequeño saltito de ilusión. –Por cierto, sé que las cosas no han sido fáciles para ti en el hospital, por eso quiero ofrecerte mi amistad. Si necesitas desahogarte o cualquier cosa, no dudes en acudir a mí. Sakura sólo le sonrió. Aunque anhelaba y agradecía su amistad y también le caía muy bien, Sakura no podía contarle nada sobre su pasado ni de su plan de venganza. Tenía una vida demasiado complicada como para complicársela también a ella, aunque evidentemente, debía disimular. Por eso, cuando llegó a su apartamento, tiró la maceta a la basura. Necesitaba deshacerse de cualquier vínculo que pudiera afectar a su mente fría para la venganza. Después, revisó toda la información que tenía sobre Hien. Se dirigió a la pared de objetivos y clavó una foto del alpinista que había impreso de un artículo de internet junto a la de Hien. Después, revisó toda la información que tenía sobre el Profesor Li. Y seguidamente, señaló la foto de Shaoran.

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Al día siguiente, Sakura buscó a Shaoran Li para hablar con él. Para estar más tranquilos decidieron salir a una terraza que había junto a un pasillo del hospital. –¿La relación entre mi padre y Koichi Hagiwara? –preguntó Shaoran, extrañado cuando Sakura le preguntó por ellos. –Sí. ¿Sabes si tienen algún tipo de relación especial? –Creo que fue su médico de familia durante algún tiempo. Pero, ¿por qué quieres saberlo? –preguntó Shaoran para saciar su curiosidad. –Bueno, no sé si sabes que no me gradué por la universidad asociada a este hospital. Entonces hay muchas cosas que no sé. Y a veces también me siento fuera de lugar dentro del equipo médico. Pero nada cambiará si mantengo una actitud pasiva. Por eso había pensado en informarme todo lo que pueda sobre el hospital y el Profesor Li. –dijo Sakura a modo de excusa, aunque para Shaoran le sonó muy creíble. –Eres muy fuerte. –la alabó el joven médico. Entonces Meiling, que pasaba por allí llevando unos documentos, vio a los dos castaños. –Hagiwara es el paciente que mi padre más valora. Incluso ha modificado su agenda para operarlo. –Entiendo. –Por cierto, ¿qué haces este fin de semana? –preguntó Shaoran cambiando de tema. Ante la mirada extrañada de Sakura, Shaoran sacó un papel que ella ya conocía porque Meiling ya la había invitado. –Es que han organizado una barbacoa. ¿Quieres venir? –Lo pensaré. –respondió Sakura.

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–Así que el Hagiwara del que me hablaste es Koichi Hagiwara. –dijo Yue cuando Sakura le contó las novedades en una plaza en la que quedaron. –¿Lo conoces? –preguntó la ojiverde. –Por supuesto que lo conozco. Los medios han puesto el foco en su hospitalización. Probablemente el Profesor Li lo esté utilizando a modo de publicidad. Si tiene éxito con el tratamiento de un famoso, podrá darse a conocer mucho más, y no sólo en el ámbito hospitalario. Eso es algo que Hien Li haría. –Voy a aprovecharme de eso. –¿Aprovecharte? –Si consigo que su tratamiento fracase, podría detonar su caída. –caviló Sakura. –No puedes implicar a un paciente. –dijo Yue, que no veía claro ese plan. –Pensemos otra manera. –¿Cómo cual? –preguntó Sakura. –Como esta. –dijo Yue sacando su tablet de su porta documentos. Cuando encontró lo que buscaba, se lo mostró a Sakura. –Hien Li y Maki Matsumoto, de la Farmacéutica Tezuka han estado trabajando codo con codo durante quince años. Quizás esta mujer sepa algo de lo que ocurrió con tu padre. Sakura no supo qué decir. Quizás Yue tuviera razón, pero todavía no quería descartar ninguna posibilidad. –Tengo hambre. ¿Quieres ir al restaurante de tu padre? –sugirió Yue. –Voy a volver al hospital. –dijo Sakura. –Pero aún así tendrás que comer. –insistió Yue. –Si no quieres comer sola, puedo comer contigo en cualquier sitio. –No te preocupes. Siempre como sola. –¿Qué quieres decir con siempre? Algunos amigos tendrás. –dijo Yue. –Ninguno. –¿Ni siquiera uno? –preguntó Yue. Sakura recordó entonces que Meiling le ofreció su amistad. –No hay ni una sola persona a la que pueda hablar sin mentirle. –explicó Sakura antes de marcharse.

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–Aquí tienes: pastel de cordero. –dijo Kero sirviendo a Yue con su alegría habitual. –Estoy seguro de que no he pedido esto. –dijo Yue, al que el contenido del plato no le parecía lo que había dicho Kero. –No importa. –dijo Kero. –Kero, ¿alguna vez Sakura ha traído a alguien aquí? –preguntó Yue con curiosidad. –Me da la impresión de que siempre está sola. –Sakura ha sufrido mucho desde la muerte de su padre. Lo cierto es que su padre me habló mucho sobre el día en el que enterraron a Nadeshiko, su esposa. Fujitaka y Sakura volvían juntos a casa sobrepasados por un sentimiento de inseguridad por el futuro. Entonces, cuando miró al cielo por casualidad, vio un enorme arcoíris. Flashback. Aquel fue un día triste. Fujitaka vestía con un traje y corbata negra y su hija Sakura, de trece años, vestía un vestido gris con mangas negras demasiado triste para su edad. Era una ropa que indicaba el luto que ambos atravesaban por la muerte de Nadeshiko, la esposa de Fujitaka y madre de Sakura. Ambos andaban a paso lento provocado por la tristeza que arrastraban, cuando Fujitaka alzó la mirada y vio la imagen más hermosa de aquel triste día. –Mira, Sakura. Un arcoíris. Estoy seguro de que es mamá intentando animarnos. –dijo Fujitaka intentando animar a su hija. –Si en el futuro estamos tristes, recuerda ese arcoíris. Fin del flashback. Cuando Kero acabó de contarle aquella historia, Yue sonrió. –Sí. Eso suena a algo que diría Fujitaka. –dijo Yue reconociendo la personalidad de Fujitaka Kinomoto en aquellas palabras.

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Cuando Sakura volvió a casa, abrió el libro que le regaló su padre. Flashback. –Mira, Sakura. Un arcoíris. Estoy seguro de que es mamá intentando animarnos. –dijo Fujitaka intentando animar a su hija. –Si en el futuro estamos tristes, recuerda ese arcoíris. A pesar de decir aquello, Sakura no podía evitar llorar. –Sakura. Quiero que sonrías todo el tiempo. La sonrisa te queda mucho mejor. –dijo Fujitaka. Sakura, todavía con lágrimas en los ojos, hizo el esfuerzo de sonreír mientras ambos admiraban aquel hermoso arcoíris. Fin del flashback. A pesar de que su padre le pidió que sonriera, a la castaña le costaba cada vez más sonreír desde que perdiera a su padre. Sentía que había perdido esa capacidad, y que cuando sonreía, no era una sonrisa del todo sincera, sino que estaba enmarcada dentro del papel que debía interpretar para llevar a cabo su venganza. Tras pensar en aquel recuerdo, miró la pared de objetivos. Entonces, su cabeza comenzó a realizar conexiones. –Nuevo fármaco, ensayo clínico y antígenos Lewis. –dijo Sakura pensativa. Después miró a la fotografía del Profesor Li. Por último, dirigió su mirada al libro de Alicia, donde tenía la ilustración de la Oruga Azul, un personaje que al igual que el Profesor Li, era un gran fumador, aunque éste no lo hacía en pipa, como el personaje del cuento, sino con cigarros. Pero para Sakura aquel no era el paralelismo más importante entre los dos, sino la falta de comprensión, la distancia y la frialdad.

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–¿Un ensayo clínico? –preguntó un paciente en una de las consultas. –Sí. Se trata de un nuevo fármaco que reduce el riesgo de recaídas. –explicó el médico a un paciente de la lista que cumplía los requisitos para participar en el ensayo. –Entonces, ¿todavía no está en el mercado? –Todos los medicamentos que se venden empezaron así. De eso tratan los ensayos clínicos. –explicó el médico. En otra consulta, ocurría lo propio con otra paciente. –¿Perderé peso?¿Y el pelo? –No puedo garantizar que no haya riesgo, pero de momento no tenemos constancia de que existan grandes efectos secundarios. –explicó el doctor. En la sala de reuniones, Yamazaki, acompañado de Hien y de Sakura, también propuso a Masaru Yamane, de 56 años para participar en el ensayo. –Por supuesto, todo el coste del tratamiento correrá a cargo de la empresa farmacéutica. –dijo Yamazaki, después de haberle explicado los detalles del ensayo clínico. –¿Significa eso que es gratis? –preguntó Yamane. –Sí, pero lo más importante es que al administrar este fármaco, el riesgo de recaer en el cáncer se reducirá entre un 10 y un 15%. –explicó Yamazaki para convencer al hombre de participar. –¿Tanto se reducirá? –preguntó Yamane. El Profesor Li sólo observaba cómo el paciente estaba casi convencido. Le interesaba mucho que ese paciente aceptara porque tenía la misma clase de antígenos Lewis que el alpinista, por eso quiso estar presente en la reunión. Una vez que Yamane dio su consentimiento, acabó la reunión. –¿Ahora le recomendamos el tratamiento a Hagiwara? –preguntó Yamazaki. –Sí. –dijo Li. A continuación, se dirigieron a la habitación del montañero para proponerle el tratamiento. –Al administrar este fármaco, el riesgo de recaída del cáncer se reducirá entre un 10 y un 15%. –dijo Yamazaki, que había repetido aquello varias ocasiones con otros pacientes. –¿Estáis seguros de que no tendrá efectos secundarios? –preguntó Hagiwara mientras ojeaba la documentación que le habían dado. –Evidentemente, no podemos asegurarlo. Pero ante cualquier cosa que ocurra, estamos preparados para tratarlo. –dijo Li. –Entiendo. –dijo Hagiwara no muy convencido. Por lo que siguió leyendo la documentación. –Mírelo de esta manera. –intervino Sakura por primera vez ante la sorpresa de Li y de Yamazaki. –Al igual que las montañas tienen varias rutas de subida, también existen varias maneras de tratar la enfermedad. El Profesor Li es una autoridad en el tratamiento del cáncer de estómago. Es un especialista que ha escalado muchas montañas. Si yo fuera paciente, creo que escogería las rutas que me aconsejara el Profesor Li. Con aquellas palabras Hagiwara se sintió muy tranquilo, por lo que acabó aceptando participar en el ensayo clínico. –Tú también participarás en el tratamiento de Hagiwara. –le dijo Li a Sakura una vez fuera de la habitación. Aunque su cara no lo expresara, quedó gratamente sorprendido con la habilidad que mostró la joven doctora para tranquilizar y convencer a Hagiwara utilizando sus mismos códigos, por eso, él mismo quedó convencido para que tratara a aquel alpinista. Cuando se marcharon, Sakura sonrió un poco, porque había conseguido lo que quería. –Sakura. –la llamó Meiling. –¿Podemos vernos luego?

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Sakura y Meiling se reunieron en la cafetería del hospital para comer. –¿De qué querías hablar? –preguntó Sakura después de un largo silencio. –Pues…, quería preguntarte qué sientes por Shaoran Li. –dijo Meiling con una timidez que Sakura no le había conocido hasta ahora. –¿Qué? –preguntó Sakura sin esperar aquella pregunta. –Es que, cuando ayer os vi hablando, me dio la sensación de que había algo entre vosotros. Por eso quería saberlo. –dijo Meiling. –¿Algo entre nosotros? –Lo cierto es que estoy interesada en él. –confesó Meiling. –Como somos amigas no quiero que nuestra relación se complique. Dime, ¿qué sientes por él? –Nada especial. –dijo Sakura tras pensar unos segundos. –¿De verdad? –De verdad. –¡Qué alivio! –exclamó Meiling mucho más relajada. –Entonces, ¿tengo vía libre? –Claro. –dijo Sakura sonriendo bajando la mirada. –Supongo que me había preocupado por nada.

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Yue acudió a la sede principal de la Farmacéutica Tezuka y esperó allí hasta ver aparecer a Maki Matsumoto para poder abordarla. Tras un rato, por fin vio a la sofisticada mujer. –Srta. Matsumoto. –dijo Yue. –Me llamo Yue Tsukishiro, del periódico Maicho Shimbun. –¿Qué necesita? –preguntó Maki, que hasta donde ella recordaba, no tenía ninguna cita con ningún periodista. –Me gustaría hacerle una pregunta sobre una cirugía laparoscópica que tuvo lugar hace quince años. –dijo Yue. Cuando a Maki se le abrieron los ojos apenas un segundo, para Yue estaba claro que Maki sabía algo. A pesar de todo, Maki acompañó a Yue a un lugar más privado. –¿Qué le hace pensar que voy a chismorrear sobre un gran cliente? –preguntó Maki. –Tiene razón. Pero, ¿qué me dice de esto? –preguntó Yue mostrándole unas fotografías donde ella se reunía en con el Profesor Li en un restaurante de lujo. Pero Yue no sólo le mostró las fotografías, sino también las cuentas de su propia empresa que había conseguido como buen periodista especializado en el mundo sanitario. –52 mil yenes sólo esa noche; y 110 mil en esta otra. Me da la impresión de que excede a los gastos de representación del Consejo de Ética Empresarial de la Industria Farmacéutica. Si le llevo esto al Consejo, me imagino que la pondría en una situación comprometida. ¿Ya le apetece hablar?

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–Parece que ya se siente preparado para participar en el ensayo clínico. –le dijo Sakura con amabilidad a Hagiwara mientras revisaba que todo estuviera bien. La habitación estaba llena de algunos regalos, revistas y folletos sobre alpinismo. –Quizás sea hora de que ponga mi físico en condiciones. –dijo Hagiwara estirando sus brazos. –Eso aún tendrá que esperar un tiempo. –dijo Sakura. –Es una lata. Ya tenía decidido el siguiente pico a subir. –dijo el paciente. –¿El Himalaya otra vez? –No. Hay una montaña en Hawái llamada Mauna Kea. Mi sueño es subirla con mi hija. –dijo el alpinista mirando hacia la mesita, donde él y su hija, que no tendría más de quince años, posaban sonrientes. –¿Esa es su hija? –preguntó Sakura mirando la foto. –Sí, pero no la he vuelto a ver desde que su madre y yo nos divorciamos. –confesó el montañero con pesar. –Hasta ahora me he dedicado a subir montañas por todo el mundo, pero ahora que estoy enfermo, lo único de lo que me arrepiento es de no haber hecho nada con mi hija. Por eso, cuando vi un arcoíris sobre ese pico, sólo deseaba enseñarle esas vistas a mi hija. Aunque ni siquiera estoy seguro de si vendrá a verme.

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Tras la charla con Hagiwara, Sakura no dejó de pensar en todo el día en el día del funeral de su madre, cuando su padre y ella estuvieron mirando el arcoíris y él le pedía que sonriera. –Llegas tarde. –dijo Yue cuando Sakura llegó a la puerta que daba acceso al bloque donde estaba su apartamento. –¿Ha ocurrido algo? –Nada en particular. –respondió Sakura. –¿Has conseguido algo de la compañía farmacéutica? –Bueno, es un hueso duro de roer. No me dijo nada crucial. –dijo Yue. –Supongo que no es tan fácil. –Entonces, no me va a quedar otra que utilizar a Hagiwara. –dijo Sakura con algo de pesar. –Haré que el ensayo clínico fracase y… –Ya te dije que no puedes hacer eso. –la interrumpió Yue. –No arrastres a gente que no tiene nada que ver con el caso. –Piérdete. –dijo Sakura entrando al edificio. –¿De verdad te parece bien? –preguntó Yue. Sakura se detuvo en el pasillo para terminar de oír lo que Yue tenía que decirle. –Una vez que vengues a tu padre, ¿vas a volver a una vida normal como estar con amigos y reír por tonterías? Deberías llevar la vida de una chica normal de veintinueve años. Pero si haces daño a alguien que no tiene nada que ver y terminas cargando con la culpa, al final acabarás perdiéndolo todo. ¿Estás dispuesta a eso? Tras haber escuchado a Yue, Sakura se giró para mirarlo. –Sube. –dijo ella. Yue no se esperaba que ella le ofreciera subir. Cuando entró en el apartamento, pensó que era bastante triste, pero Sakura dejó su bolso y comenzó a subir al altillo. –Sube. Cuando Yue subió, quedó impresionado por lo organizado que Sakura tenía todas sus cosas. No sólo había libros de medicina, que siendo médico era algo completamente normal, sino que tenía una estantería repleta y bien clasificada con blocs con información que la joven doctora parecía haber ido recopilando en el trascurso de aquellos quince años. Además, una pared estaba empapelada de fotografías de empleados del hospital, mientras que en otra había otra pared con documentos, notas y algunas fotografías con lo que parecía ser la información más básica y necesaria sobre los objetivos más inmediatos. –¿Ves ahora quién soy? –preguntó Sakura con las manos en los bolsillos de su chaqueta. –Durante quince años sólo he pensado en vengarme. ¿Pensar en el futuro?¿No implicar a desconocidos? Para mí eso es superficial. No significan nada para mí. No me importa el futuro. No espero la felicidad ni una vida normal. Si piensas entrometerte en mi camino es mejor que desaparezcas de mi vida.

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Kero estaba barriendo la puerta del restaurante cuando Sakura salió del edificio. –¿Te vas tan temprano?¿No te llevas paraguas? –preguntó Kero, pero Sakura hizo caso omiso y siguió caminando.

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Al hospital por fin llegó el fármaco enviado por la farmacéutica para iniciar el ensayo clínico del RX-1. Tras comprobar que todo estuviera correcto, los sanitarios comenzaron a administrarlo a los pacientes por medio de sus goteros. –Bien, Sr. Yamane. Vamos a proceder a administrarle el nuevo fármaco. –avisó Yamazaki. –Confío en vosotros. –dijo el paciente, que estaba siendo visitado por su mujer y su hija. –¿No duele? –preguntó la niña. –No duele nada. –la tranquilizó su padre.

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–Profesor Li, ya le hemos administrado el RX-1 al paciente que tiene el mismo antígeno Lewis que Higawara. –informó Yamazaki al Profesor Li en su despacho. –Muy bien.

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Cuando Sakura vio a Hagiwara en el pasillo charlando con otro paciente recordó a Yue pedirle que no involucrara a gente inocente en su venganza. A pesar de las dudas, Sakura comenzó a caminar decidida hacia él, pero entonces, Naoko la llamó desde el control de enfermería. –Dra. Asumi, se trata de Yamane.. Sakura acudió con premura a la habitación compartida en la que se encontraba Yamane. El resto de pacientes y su familia miraban asustados cómo Yamane parecía ahogarse mientras su hija lo llamaba llorosa. –¡Sr. Yamane! –lo llamó Sakura mientras comprobaba que el gotero con el RX-1 estaba completamente administrado. –¡A la UCI inmediatamente! Tras las indicaciones de Sakura, Naoko acompañó a Sakura mientras ella misma llevaba la cama con la ayuda de un celador. La mujer y la hija del paciente fueron junto a la cama muy asustadas y sobrepasadas por la situación. Mientras lo llevaban, Sakura intentaba que reaccionara, pero al hombre cada vez le faltaba más respiración. –¡Hay acumulación de fluidos en los pulmones!¡Traed un respirador y preparaos para intubar! –ordenó Sakura entrando ya en la unidad de cuidados intensivos. –¡Necesito morfina!

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Tras las noticias, el Profesor Li reunió a su equipo en la sala de reuniones. –¿Cómo está Yamane? –preguntó Hien. –Está en estado crítico. –le informó Yamazaki. –¿Y el resto de participantes en el ensayo? –preguntó Hien. –Está todo en orden. –volvió a responder Yamazaki. –Lo que significa que la causa de la reacción debe residir en el antígeno Lewis. –Muy bien. No ha sido totalmente inesperado. –dijo Li mientras los médicos se miraban confundidos entre sí ante la reacción del profesor. –No molestéis al paciente. Continuaremos con el ensayo clínico. ¿Alguna pregunta? –¿Qué explicación le damos a la familia del Sr. Yamane? –preguntó Sakura. –Las explicaciones no son necesarias. –dijo Li. –En su condición hay muchas posibilidades de sufrir complicaciones como la embolia pulmonar. –dijo Yamazaki saliendo al rescate del Profesor Li. –En otras palabras, ¿nos está pidiendo que le ocultemos a la familia que el nuevo fármaco es la causa del empeoramiento de su estado? –Ocultarno es la palabra adecuada para utilizarla en este caso. Aunque el nuevo fármaco causara el agravamiento de su condición, ¿puedes probarlo? –preguntó Li. –Si no puedes probarlo, la verdad no existe. El Profesor Li salió acompañado de Yamazaki. Sakura también salió pero se mantuvo alejada para poder escuchar lo que aquellos dos decían. –Mañana administramos el fármaco a Hagiwara, ¿no? –preguntó el Profesor Li para asegurarse. –Sí. Tendré su medicación cambiada por vitaminas o placebo. –dijo Yamazaki. –Pero evidentemente, le diremos que le estamos administrando el RX-1, tal y como estaba planeado. –Sé prudente. Si descubre que le vamos a cambiar la medicación, los otros participantes en el ensayo podrían echarse para atrás. –dijo Li. Lo que Li no sabía era que cuando llegara a su despacho, se encontraría con una sorpresa. Cuando entró, se detuvo al ver que había un sobre gris sobre su mesa que él no recordaba que estuviera cuando salió del despacho la última vez. Cuando abrió el sobre vio un naipe negro. Al girarlo, vio una ilustración en blanco y negro. Lo reconoció como el personaje de la Oruga Azul de “Alicia en el País de las Maravillas”,con la salvedad de que la oruga no estaba sentada en un hongo, sino en un trono. En frente, en lugar de estar Alicia, había un montón de esqueletos; y por último, no fumaba, sino que en su mano llevaba una jeringuilla con veneno, tal y como ponía en la misma. Bajo la ilustración, también había unas palabras. –“Rey del veneno”. –leyó Hien. Después, desplegó el folio que también contenía el sobre, reconociendo el verdadero informe de cirugía del Dr. Fujitaka Kinomoto. –Finalmente ha llegado mi turno.

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Desde la redacción de su periódico, Yue no se quitaba de la cabeza todo lo que vio y le dijo Sakura la noche anterior, por lo que decidió llamarla. –Soy yo. –dijo Yue cuando Sakura le cogió el teléfono. –He estado dándole vueltas todo el tiempo, pero sigo pensando que te equivocas. Deberías detener el ensayo clínico antes de que produzca efectos secundarios graves. –Ya es demasiado tarde. –dijo Sakura mientras miraba desde un ventanal cómo la lluvia caía con fuerza. –¿Qué? –Yamane ha tenido efectos. Seguramente no pase de esta noche. Aunque lo cierto es que a mí me conviene. Finalmente podré cobrarme la venganza con Hien Li. –¿De qué estás hablando? –Voy a administrarle el RX-1 a Hagiwara. –dijo Sakura, al conocer los efectos que el fármaco tenía en pacientes con el antígeno Lewis. –Si hay dos víctimas, y además una de ellas es famosa, estará en el foco público, pero no por lo que Hien Li desea. –No hagas nada estúpido. –dijo Yue con intensidad pero en voz baja para evitar las preguntas de sus compañeros. Pero Sakura parecía decidida y le había colgado. Rápidamente, se levantó para dirigirse al hospital. Una vez en la calle, donde la lluvia caía con fuerza, cogió un taxi. Tenía que detener a Sakura antes de que fuera demasiado tarde.

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Tras hablar con Yue, Sakura fue a la farmacia del hospital, donde presentó la receta a la farmacéutica que llevaba el control de las dosis del nuevo fármaco. La farmacéutica abrió la nevera donde estaban las ampollas del RX-1 y se lo dio a Sakura. Una vez recogió la ampolla, Sakura se fue directamente a la habitación privada de Hagiwara. –Hola Sr. Hagiwara. Voy a administrarle el nuevo fármaco. –dijo Sakura entrando en la habitación del alpinista, que seguía leyendo una revista sobre su pasión. –¿No se supone que me lo iban a administrar mañana? –preguntó Hagiwara. –No. Según la planificación es hoy. –mintió Sakura, haciendo dudar al propio paciente. –Bien. Confío en ti. –dijo el paciente. Sakura colgó la ampolla en el palo del gotero, abrió el sobre con el tubo que conectaría la ampolla con el organismo de Hagiwara y entonces, vio la fotografía del alpinista y su hija y se le vinieron encima las palabras que le dijo el día anterior. Flashback. –De lo que me arrepiento es de no haber hecho nada con mi hija. Fin del flashback. Ante aquel recuerdo que hizo tambalear su idea, Sakura retomó la compostura y siguió preparando la vía. –Está lloviendo un montón. –dijo Hagiwara. Cuando Sakura tenía la aguja preparada y sólo le faltaba incrustarla en la ampolla, los pensamientos se le arremolinaron en la cabeza. Flashback. –Hay una montaña llamada Mauna Kea en Hawái. Mi sueño es subirla con mi hija. Fin del flashback. ¿Iba a ser capaz de hacerle a aquella chica lo mismo que hicieron con ella? Sakura estaba librando un debate interno entre su venganza o en destrozar la vida de aquel hombre y de su hija. Una lucha sin cuartel entre sus deseos y lo que debía hacer. –Doctora, ¿ocurre algo? –preguntó Hagiwara, al ver que Sakura se había quedado paralizada mirando la aguja.

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Por su parte, Yue llegó al hospital y preguntó en el control de enfermería por la habitación de Hagiwara mostrando su identificación como periodista, aunque él prácticamente no la necesitara, puesto que era muy común verle por allí y todo el mundo lo conocía.

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Sakura enganchó la aguja al gotero. Ya sólo le faltaba abrirle la vía. Cuando por fin se decidió a abrirla tras unos segundos de lucha interna, la voz del paciente la sacó de sus pensamientos. –Vaya. Mira por la ventana. –dijo Hagiwara. Sin poder creer lo que veía, Sakura se dirigió hacia la ventana casi como una autómata. Desde allí se podía ver un hermoso arcoíris que salió tras la lluvia, lo que automáticamente la trasladó al arcoíris que presenció junto a su padre. –No sé qué te preocupa, pero las jóvenes como tú debéis mirar hacia el futuro y poner una gran sonrisa. –dijo Hagiwara. –Una vez que acaba la lluvia, siempre puede aparecer un arcoíris. Hagiwara no tenía ni idea cuánto le estaban afectando aquellas palabras y aquella visión del arcoíris.

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Cuando Yue entró de repente, Sakura salía de la habitación recogiendo la ampolla que previamente había colocado. –No sé qué le ha pasado a la Doctora Asumi. –dijo Hagiwara. –Pero de repente ha dejado de administrarme el nuevo fármaco. Yue suspiró aliviado. Entonces vio el arcoíris por la ventana y recordó lo que le explicó Kero sobre Sakura, su padre y el arcoíris. Entonces supo que aquel fenómeno de la naturaleza había salvado a Hagiwara, aunque también había truncado la venganza de Sakura.

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Sakura se había marchado de la habitación de Hagiwara antes de que pudiera arrepentirse de haber perdido la oportunidad de vengarse del Profesor Li. Tras deshacerse de la ampolla, salió a un pasillo todavía algo alterada, cuando se chocó con Shaoran. –Lo siento. –se disculpó Shaoran por lo brusco del golpe. Entonces se percató de que era Sakura. Pero el joven médico la encontró rara. –Sakura, ¿te encuentras bien? Pero Sakura no contestó, tras sobarse un poco el brazo por el golpe, se giró y se dirigió hacia la azotea, dejándolo más preocupado si cabía.

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–Así que estás aquí. –dijo Yue cuando encontró a Sakura en la azotea después de un rato buscándola. Sakura hizo caso omiso de su presencia. –Me alegro de que te echaras para atrás. –Estaba tan cerca. Era mi única oportunidad. –se lamentó Sakura. Yue se acercó y le puso una mano en el hombro en señal del apoyo. –No intentes cargar tú sola con todo esto. –dijo Yue. –Déjame soportar la mitad del peso. Y no seas temeraria. –No estoy siendo temeraria. No volveré a dudar otra vez. –dijo Sakura. –Haré lo que sea para vengar a mi padre. –¿De verdad piensas que estás haciendo todo esto por tu padre?¿Estás segura de que no lo haces por satisfacción personal? –preguntó Yue. Sakura se marchó de allí para evitar darle un bofetón. ¿Cómo se atrevía a preguntarle eso? Pero lo cierto es que ya dudaba de todo. ¿Y si lo hacía por las dos cosas? ¿Eran excluyentes? No lo sabía, pero de lo que estaba segura es que continuaría con su venganza.

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–¿Has visto el arcoíris tan genial que ha salido esta tarde? –preguntó Kero saliendo a recibir a Sakura cuando ésta llegaba. –No lo he visto. –mintió Sakura con tristeza. Sin decir nada más, subió al apartamento. Al entrar, vio sobre la cama el libro abierto por la página con la ilustración de la Oruga Azul. Molesta, cerró el libro al recordarle el fracaso de su venganza. Entonces volvió a mirar la fotografía de Hien Li, para después mirar la de su hijo Shaoran.

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Llegó el día de la barbacoa que habían organizado los trabajadores más jóvenes del hospital. –Quizás no debería de haber venido. –se dijo Meiling, al ver que todo el mundo se estaba divirtiendo y ella había acabado en la plancha haciendo yakisoba. –¿Me pones un poco? –preguntó Shaoran. Entonces, al ver quién se lo pedía, Meiling cambió totalmente de idea y se alegró de haber ido a la barbacoa. –¡Claro! –dijo Meiling. –Por cierto, ¿te ha dicho algo la Dra. Asumi? –preguntó Shaoran. –¿Algo sobre qué? –preguntó Meiling. –Es que ayer me choqué con ella y noté como si le preocupara algo. –explicó Shaoran. –La verdad es que no, pero le preguntaré cuando la vea. –dijo Meiling. –Aquí tienes. Shaoran tomó el plato, cogió unos palillos que separó con los dientes y empezó a comer. –Están deliciosos. –dijo el castaño. –Realmente admiro a la gente que sabe cocinar. –No es para tanto. –dijo Meiling restándole importancia, aunque en su fuero interno se sentía como si hubiera un desfile de payasos repartiendo alegría.

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Yue volvió a ir a la compañía farmacéutica a la hora punta a la que todos llegaban. Esta vez, estaba decidido a hacer hablar a Maki. –¡Srta. Matsumoto! ¡He oído que el nuevo fármaco que están probando ha provocado una víctima! –exclamó Yue en forma de saludo y en medio de toda la gente cuando la vio aparecer. La gente de alrededor se paró y se puso a murmurar mientras Maki estaba deseando esconderse bajo tierra. –Déjame advertirte antes de que publiques nada. –le dijo Maki cuando se marcharon a un sitio más privado. –No hay pruebas de nada. –Lo sé. –dijo Yue. –Lo único que quiero saber es qué pasó hace quince años. –Lo único que sé es que al Profesor Li se le atragantó el Dr. Kinomoto. –dijo Maki. –No me lo creo. El Dr. Kinomoto no era una persona que se peleara con la gente. Caía bien a todo el mundo. –dijo Yue. –No te miento. Sólo unos días antes de morir tuvieron una gran discusión en la que el Dr. Kinomoto le dijo algo sobre qué se pensaba él que eran las vidas humanas. –explicó Maki. Al final, Yue no consiguió tanta información como esperaba, pero lo poco que consiguió sí era nuevo, como intentar dilucidar qué había detrás de la muerte de Fujitaka Kinomoto. Continuará…
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