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Cuando Spinnel recibió la llamada de Sakura para que subiera a la azotea del hospital, al enfermero le entraron los nervios y los sudores fríos. Por la cuenta que le traía le obedeció, temeroso por lo que le pidiera esta vez. –¡Dame un respiro, por favor!¡No me impliques más! –pidió Spinnel a Sakura. –¿Crees que tienes elección? –preguntó Sakura. –Respóndeme. Rápido. –No sabía que el Dr. Kinomoto y el Profesor Li tuvieran problemas. –dijo Spinnel cuando Sakura le planteó lo que quería saber. –¿Seguro? –¡Completamente! –¿Hay algo más que recuerdes? Como por ejemplo, algo que sintieras que no iba bien. –dijo Sakura acorralando todavía más a Spinnel contra los tubos de ventilación. –Pues…, se podría decir. –admitió Spinnel. –Fue una operación de emergencia. Yo asumí que realizarían una gastrectomía, pero de repente decidieron utilizar el último procedimiento quirúrgico y que jamás habían realizado. Yo seguí adelante por orden del Profesor Li, aunque las formas no fueron muy normales. Y otra cosa más. Los cirujanos asignados por el Profesor Li fueron la Dra. Madoushi, que acababa de finalizar el turno de noche y estuvo toda la noche despierta; y el Dr. Terada, que apenas tenía habilidades quirúrgicas. Eso es todo. Estoy seguro de que había otros médicos a los que acudir. Supongo que eso fue lo que más me extrañó. Eso, y la hemorragia. Con el tratamiento hemostático usual, la hemorragia debería de haber sido de entre 200 y 300ml, incluso sin trasfusión. Pero aquella hemorragia fue al menos diez veces mayor. Aquella hemorragia no se detenía. Fue como si lidiáramos con alguna clase de maleficio.00000000
Sakura ya sabía parte de la información que Spinnel le había relatado, como por ejemplo, que los cirujanos habían utilizado un método nuevo que no dominaban o que su padre perdió más sangre de la que le dijeron en un principio. Lo que sí que había aportado nuevo fue que Madoushi había realizado la operación sin haber descansado por haber estado de guardia. Entonces Meiling la sacó de sus pensamientos. –Sakura, adivina qué. El otro día Shaoran me dijo que soy buena cocinera. –dijo Meiling ilusionada y contenta. A Sakura le pareció percibir un brillo de ilusión en los ojos. –¿De verdad? –Incluso conseguí acortar distancias. Más o menos así. –dijo Meiling mostrándolo con sus manos. –Estoy pensando en invitarlo a una excursión. Tú también vienes, ¿no? –No estoy segura. –dijo Sakura. –Por favor. –le pidió Meiling juntando las manos como si le rezara al altísimo. –Cuento contigo. Meiling se marchó sin darle opción a contestarle. Entonces, vio como por el hall del hospital entraba Eriol Hiragizawa. Aunque llevaba un traje claro, no llevaba corbata e iba algo más desaliñado, por lo que parecía que había perdido parte del porte que solía tener, quizás debido a que ya no tenía que estar cuidando su imagen al milímetro. En su mano llevaba un sobre de documentos y la gente y los trabajadores del hospital comenzaron a murmurar. –¿No es ese Eriol Hiragizawa? –preguntaba la gente. El antiguo abogado del hospital y político frustrado se dirigió con decisión hacia la recepción haciendo caso omiso a los murmullos. –Busco a Hien Li. –dijo Eriol a la recepcionista. Shaoran, que también estaba por el hall en aquel momento, lo vio y se dirigió a él. –Señor Hiragizawa. ¿Tiene asuntos con mi padre? –preguntó Shaoran. –El joven Shaoran Li. Ha pasado tiempo. –dijo Eriol. –Las noticias del otro día fueron realmente desafortunadas, pero mi padre estaba preocupado por cómo estarías tras lo ocurrido. –dijo Shaoran. –¿Eso crees? –preguntó Eriol con una ironía tan fina que al castaño le pasó desapercibida. –Perdóname, pero no estoy preocupado en absoluto. Estoy pensando dejar que tu padre me compre esto. Eriol le mostró unas llaves. Desde arriba, Sakura había presenciado la escena, aunque no había escuchado nada de lo que hablaron. Necesitaba averiguarlo de algún modo, por lo que cogió el teléfono y llamó a Yue.00000000
–¿Por qué estás aquí? –preguntó Hien desde su mesa. –Es duro para mí estar aquí, que he sido vuestro asesor legal durante quince años. –dijo Eriol, que estaba sentado en el sofá del despacho. –Creo recordar que lo dejaste para presentarte a las elecciones a gobernador. Y por supuesto, tras aquella rueda de prensa donde no nos dejaste en muy buen lugar no iba a dejarte volver. –dijo Hien. –¿O acaso has venido a disculparte por lo de la rueda de prensa? –Para tu información, me tendieron una trampa. –dijo Eriol, captando la atención de Hien. –Creo que hay alguien que nos está tendiendo trampas a todos los que estuvimos involucrados en el incidente de hace quince años. Uno por uno: Madoushi, Terada y yo. Tú debes de ser el siguiente. –¿Qué quieres? –preguntó Li, que volvía a mirar hacia la ventana. –Necesito dinero. He sido acusado con una querella criminal, pero ganaré el juicio. La cuestión es que necesito fondos para poder ganar. –dijo Eriol cogiendo el sobre y acercándose a la mesa. –Por supuesto, no te estoy pidiendo que me des el dinero sin más. Hay algo que quiero que compres. Eriol sacó una fotocopia de una escritura del sobre y le mostró unas llaves. –Quiero que compres mi residencia de vacaciones por 80 millones. –dijo Eriol. Hien cogió la escritura para ver dónde estaba situada la casa y la antigüedad que tenía. –¿En el Lago Kawaguchi? ¿Crees que esta chabola desvencijada de treinta años vale tanto? –preguntó Hien sonriendo irónicamente. –Lleva esta oferta a otro. –¿Estás seguro? –dijo Eriol con una sonrisa de suficiencia. –Esto no es solo una residencia de vacaciones. Si te dijera lo que hay dentro no pensarías que 80 millones es un precio inaceptable. Lo que hay allí guardado es algo que quieres desesperadamente. Eriol cogió la escritura y las llaves y salió del despacho, pero al salir se encontró con Yue, que gracias a Sakura había acudido raudo y veloz. –Cuánto tiempo sin verte, Eriol Hiragizawa. –dijo Yue, que había estado esperándolo. –Estás libre bajo fianza, ¿verdad? Tengo entendido que estás pasando por dificultades por procedimientos legales y deudas. –Está claro que eres periodista y tienes olfato, como las hienas. –¿A qué has venido? –A nada. Sólo he tenido una charla de negocios con el Profesor Li. –¿Negocios? –Ya lo dicen los viejos: quien está preparado, no tiene de qué preocuparse. –dijo Eriol. –Tú solo espera. Te devolveré el “favor” por el artículo.00000000
–¿Negocios? –Es lo que dijo. –contó Yue a Sakura en la azotea. –¿Qué crees que significa? –Casi seguro que intenta extorsionar a Hien por dinero con información comprometedora para él. –supuso el periodista. –¿Y tú has conseguido más información? –Hubo algo extraño en la operación de mi padre. –dijo Sakura. –Una programación forzada y cuestionable, una asignación de personal cuestionable y una excesiva hemorragia también cuestionable. Todo en aquella cirugía es cuestionable y muy sospechoso. –En otras palabras: surgió algún problema entre tu padre y Hien y tu padre se convirtió en un obstáculo. Por eso programó de forma deliberada una operación que estaba condenada al fracaso desde antes de empezar. –Hien Li mató a mi padre a propósito. –sentenció Sakura. –Comencemos intentando encontrar a personas que pudieran saber algo de lo que ocurrió hace quince años. Si encontramos pruebas concluyentes, se acabará todo para él. –propuso Yue. Mientras tanto, en su despacho, Hien Li rompió la copia de la escritura.00000000
Yue se puso manos a la obra y comenzó a preguntar al personal si sabía algo del incidente del padre de Sakura. –¿Recordáis algún tipo de problema que hubiera en el hospital hace quince años con el Profesor Li? –preguntó Yue a unos representantes de una farmacéutica que llevaban unas cajas de material para mostrar. –Yo no lo recuerdo. –dijo uno de ellos. –La Farmacéutica Tezuka está prácticamente pegada al Profesor Li todo el tiempo. No creo que haya nadie más que lo conozca mejor que Maki Matsumoto. –dijo el otro. Pero para Yue aquella respuesta no le sirvió de mucho, porque esa vía ya estaba cerrada. Tras preguntarle a los representantes, decidió probar suerte con un facultativo. –Los problemas entre médicos no son inusuales en los hospitales universitarios. Eso ya deberías saberlo, Yue. –dijo uno de los doctores del hospital a los que preguntó. Estaba claro que no sacaría nada de ellos. Quizás ni siquiera supiera nada, y si sabía algo, ¿por qué le iba a contar eso y poner en riesgo su empleo, cuando uno de los afectados era uno de los jefes de departamento? Desanimado por no haber encontrado nada en todo el día, Yue bajó por una de las escaleras del hospital. Mientras bajaba, vio al encargado de mantenimiento fregando el suelo, un hombre que incluso podría estar jubilado y que reconoció como Shigeo Yokoyama. –Buenos días. –saludó el encargado de mantenimiento quitándose la gorra al ver pasar al Profesor Li seguido de unos cuantos médicos residentes. Aunque Hien lo miró, no le devolvió el saludo. Tras la mirada que le echó el encargado a Hien, Yue entendió que quizás había encontrado el hilo del que tirar.00000000
Aprovechando un descanso de Shaoran, Sakura fue con él al patio del cerezo para tantearlo. –Oye, Shaoran. He oído un rumor que dice que hace quince años hubo un problema entre tu padre y un pediatra. –dijo Sakura tras saludarlo y mantener haber mantenido una charla sin la menor importancia. –En ese entonces yo estaba en secundaria. –dijo Shaoran. –¿Y no te acuerdas de nada? –Lo siento, pero mi padre siempre ha sido muy distante conmigo desde que era niño. De hecho, apenas hablamos de trabajo,…ni de nada. –dijo Shaoran con algo de pesar. –Entiendo. –para Sakura era curioso lo diferentes que eran como padres Hien Li y su propio padre. Su padre era cercano y amoroso, aunque estaba muerto, mientras que el padre de Shaoran, estando vivo, era frío y distante. Sakura se preguntaba si habría alguna diferencia entre esa distancia y estar muerto. –De hecho, hay muchas cosas de mi padre que no sé. Como hoy, por ejemplo. De repente parece que va a comprar la residencia de vacaciones que Eriol Hiragizawa tiene en el Lago Kawaguchi. –confesó Shaoran. –¿La residencia de vacaciones? –preguntó Sakura. Pero antes de poder continuar con la conversación, se vieron interrumpidos por el Profesor Yuna D. Kaito. –Dra. Asumi. ¿Puedes venir un momento? –preguntó Kaito. –Claro. –dijo Sakura. Tras despedirse de Shaoran, Kaito y Sakura se dirigieron al despacho del primero. –En primer lugar, quiero que me disculpes por no haber sido muy respetuoso, pero un subordinado mío tomó esta fotografía. –dijo Kaito mostrándole una foto en la que ella aparecía a las puertas del apartamento de Tomoyo Daidouji hablando con ella. En otra fotografía, ella entraba en el despacho del Profesor Li y en otra aparecía mirando sospechosamente al Profesor Li cuando se cruzaron en un pasillo. –¿Puedes explicarme esto? ¿Por qué te reuniste con una mujer que te metió en un embrollo legal?¿Por qué fuiste al despacho del Profesor Li a escondidas?¿O acaso hay algún motivo que no puedas contar? Sakura sabía que se refería al momento en el que fue a llevarle la carta anónima a Hien. Estaba claro que el espía de Kaito le diría que entró y salió en cuestión de segundos. –Puedo explicarlo. –dijo Sakura tras una larga pausa en la que intentó pensar una mentira creíble mientras Kaito le sostenía la mirada. –En la foto en la que estoy con Tomoyo Daidouji, quería disculparme directamente sin la presencia de ningún abogado. Como médico, creo que es importante tratar con el paciente cara a cara, incluso en estas situaciones. Al principio ni siquiera me miraba, pero yo seguí hablando con sinceridad y poco a poco acabó escuchándome. Creo que es cuando tomaron esta fotografía. –¿Qué me dices de la foto en la que entras en el despacho del Profesor Li? –preguntó Kaito. –Simplemente, no me quitaba de la cabeza el caso de las falsas acusaciones de hace quince años que mencionó Eriol Hiragizawa en la conferencia de prensa. –dijo Sakura, que en cierto modo no era mentira. –No comprendía por qué el Profesor Li y los médicos del departamento actuaban como si nada hubiera pasado. Entonces, pensé que quizás podría encontrar alguna pista, pero nada más entrar me di cuenta de que estaba siendo una insensata y salí enseguida. Pero sí quiero añadir que no creo que haya hecho nada malo como médico. –Respeto tus intenciones. –dijo Kaito tras haberse sostenido la mirada unos segundos que para Sakura se hicieron eternos. –Pero aunque lo hicieras con la mejor de tus intenciones, esto podría causar malentendidos. La próxima vez que ocurra algo, pídeme consejo antes. –Lo haré. –dijo Sakura aliviada de que Kaito se lo hubiera tragado todo. –Supongo que he sonado como un sabelotodo con lo que te acabo de decir, pero cuando se trata de mí yo mismo me pierdo. –dijo Kaito liberando la tensión que se había acumulado mientras iba a la nevera para servir un poco de té fresco de un jarra. –Dos miembros de mi familia están enfermos. Mi mujer padece una enfermedad mental y mi hija sufre una enfermedad renal. Me avergüenzo de mí mismo. Cuando se trata de las enfermedades de las personas que más quiero, pierdo la capacidad de realizar un juicio sólido. Mi familia lo es todo para mí. Soy el único que puede sacarlas adelante. –Con la palabra familia,¿te refieres a todo tipo de familias? –preguntó Sakura pensando en Kero. –Tengo una amiga que fue adoptada. La persona que se convirtió en su padre es muy buena persona, pero ella no quiere preocuparlo y siempre acaba levantando un muro entre ellos. Si ella escuchara la historia de tu familia, creo que sentiría celos. –No creo que los lazos de sangre importen. No puedes adoptar a un niño a menos que lo quieras de verdad. Y creo que los padres quieren que sus hijos confíen más en ellos.0000000
–¡Hola! –saludó Kero con el entusiasmo de siempre cuando Sakura llegó al restaurante. –Hola. –saludó ella. –Espero que no hayas cenado todavía. Te he reservado un poco de estofado. –dijo Kero. –Kero. –¿Si? –preguntó él mientras iba a guardar unas botellas. –¿Puedo preguntarte algo? –Por supuesto. –Cuando te pedí que me adoptaras, ¿por qué lo hiciste sin ni siquiera preguntarme el motivo? –preguntó Sakura sentándose a la barra. –¿A qué viene esa pregunta ahora? –preguntó Kero. Sakura sólo hizo un gesto con los hombros. –Sólo pensé que tenías una razón que no querías contarme. Pero sé que algún día, cuando te sientas preparada lo harás. Tu padre adoptivo está preparado para aceptar cualquier cosa. –Gracias, Kero. Algún día te lo contaré. –dijo Sakura con profundo agradecimiento.00000000
Yue fue al cuarto de mantenimiento para intentar sonsacarle información al encargado una vez que entendió que se había desocupado al finalizar su jornada. –Soy Yue Tsukishiro, periodista del Maicho Shimbun.–se presentó Yue entregándole una tarjeta de presentación. Aunque él no la cogió, Yue la dejó sobre la mesa. –Hay algo que me gustaría preguntarle. ¿Recuerda al Dr. Fujitaka Kinomoto? Hace quince años colapsó mientras trabajaba. –¿Por qué quieres saberlo? –preguntó desviando la mirada. –Quiero saber cómo era la relación entre el Dr. Kinomoto y el Profesor Li. –dijo Yue, lo cual captó la atención del encargado de mantenimiento. –¿Estás fisgoneando sobre el Profesor Li? Él es mi médico. –dijo arrastrando la tarjeta para tirarla de la mesa. –Deja tus ideas peregrinas.00000000
–¿Shigeo Yokoyama? –dijo Sakura cuando Yue fue a su apartamento a darle el parte del día. –Mañana buscaré su historial médico para ver si encontramos algo. Shaoran Li sí que me ha dicho algo curioso. –¿Eriol Hiragizawa está intentando venderle a Hien Li su residencia de vacaciones? –dijo Yue cuando Sakura le contó lo que le dijo Shaoran. –Está en el Lago Kawaguchi. –dijo Sakura mientras miraba en el bloc de información relativa a Eriol. Al fin encontró lo que buscaba. Era una fotografía de una casa en medio de la naturaleza. La casa era bastante grande aunque ya tenía unos años. –Así que esto era la charla de negocios que han mantenido Hien y Eriol. –dijo Yue atando cabos. –¿No crees que es extraño? –Desde luego. Puedo entender que Eriol intente venderla. Al fin y al cabo necesita dinero. Pero ¿qué motivo tendría Hien para comprársela? ¿Me prestas la foto? Yue la cogió y se la metió en su agenda, donde Sakura vio el día marcado. –¿Te importa que vaya yo también? –preguntó Sakura ante la sorpresa de Yue. –Es mi día libre. Hoy es el cumpleaños de Yukito, ¿verdad? Al saber que no se refería a la casa, Yue accedió, por lo que ambos se dirigieron al cementerio para presentar sus respetos. –Hoy habría cumplido veinticuatro años. –dijo Yue. –Cuando lo piensas, mi hermano se pasó la mayor parte de sus nueve años en el hospital. A veces todavía me pregunto qué sentido tuvo su vida. Sólo nueve años. Una vida demasiado corta, ¿no crees? Sakura recordó muchos momentos con él cuando iba a esperar a su padre. La castaña siempre lo sacaba de su habitación en silla de ruedas hasta ir al patio del cerezo. Yukito era un chico observador, mucho más risueño que su hermano y transmitía una gran calidez. Un día, mientras ella lo sacaba al patio, un jovencísimo Yue, que acababa de licenciarse en periodismo les sacó una fotografía a los dos. Flashback. –Sakura, ¿te gusta mi hermano? –preguntó Yukito cuando su hermano les sacó una fotografía sin esperarlo mientras bajaba la silla por la rampa. Con la foto, la castaña se quedó parada y el niño percibió cierto rubor en las mejillas de su amiga cuando Yue saludó con la mano desde la distancia. –¿Qué? –preguntó Sakura más ruborizada todavía. –Siempre lo estás observando. Pero cuando me vaya, me haría muy feliz que te quedaras a su lado. –dijo Yukito. Fin del flashback. –Gracias por acompañarme. –agradeció Yue al salir del cementerio. –No importa. –dijo Sakura. –¿Crees que puedes sonsacarle más información a Shaoran Li sobre la residencia vacacional de Eriol? –preguntó el periodista. –Eso creo. Me lo cuenta todo. –Menudo cebo. Como una trampa de miel para las moscas. –dijo Yue con una sonrisa traviesa. –No es lo que piensas. –No te presiones demasiado. –Nos vemos. –dijo Sakura marchándose.00000000
Finalmente el Profesor Li reflexionó sobre la oferta de Eriol. Lo llamó por teléfono y quedaron para esa misma noche. Era hora de darle una respuesta sobre la residencia vacacional.00000000
Tal y como le dijo a Yue, cuando Sakura volvió al trabajo tras su día libre, miró en la base de datos el historial de Shigeo Yokoyama, de sesenta y seis años. Tras leerlo detenidamente, llamó a Yue. –Estoy mirando el historial de Shigeo Yokoyama. Tiene un mesotelioma del peritoneo. Es una enfermedad maligna. Los síntomas son la inflamación y el dolor abdominal. Tras operarse su condición se estabilizó. –explicó Sakura. –¿Su médico es Hien Li? –preguntó Yue. –Sí, pero hay algo curioso. –dijo Sakura mientras miraba la tablet en la que estaba consultando el historial.00000000
Cuando Yue terminó de hablar con Sakura volvió a bajar al cuarto de mantenimiento, donde Shigeo Yokoyama estaba rellenando unas botellas con friegasuelos. –¿Puede ser que hubieras trabajado en la construcción antes de tener este empleo? –preguntó Yue. El hombre, que estaba de espaldas y no se esperaba aquella visita, se sobresaltó. Pero Shigeo no respondió y siguió haciendo sus quehaceres, limpiando con nerviosismo unas botellas de producto que estaban más que limpias. –Esa enfermedad que tienes, el mesotelioma maligno del peritoneo es causada frecuentemente por el amianto. ¿Alguna vez el Profesor Li te ha contado que se puede reconocer como enfermedad profesional? Cuando Shigeo apartó la mirada de la botella y dejó de limpiarla tras escuchar aquello, Yue supo la respuesta. –Parece que no. –contestó el propio Yue. –Si él es tu médico, debería de haberte asesorado. El motivo por el que no lo hizo es simple. Se trataba de una empresa de construcción muy grande que realiza grandes contribuciones al hospital y quizás no quería que removieras el avispero. Tras decir eso, Shigeo lo miró a los ojos por primera vez. –El Profesor Li dio prioridad a su propio interés, en vez de a tu vida. –dijo Yue. –Incluso así, ¿vas a seguir protegiéndolo? Finalmente, el encargado accedió. Ambos se sentaron y Shigeo, que se quitó la gorra la apretó en sus manos con rabia tras lo que le acababa de contar aquel periodista. –Trabajo en este hospital desde hace treinta años, desde que se arruinó mi salud y dejé de trabajar en la construcción. –explicó Shigeo. –Entonces, ¿recuerdas lo que ocurrió hace quince años cuando el Dr. Fujitaka Kinomoto colapsó? –Perfectamente. Aquel día estaba en el turno de noche cuando el Profesor Li pasó de largo en un pasillo en el que yo estaba poniendo una bolsa de basura en el carro de la limpieza. Cuando comenzó a acercarse hacia donde yo estaba vi cómo metía un vaso de papel sobre otro. Pensé que debía de haber estado tomando café o algo en la biblioteca hospitalaria, ya que salía de allí, pero en lugar de tirar los vasos a la basura, teniéndola allí mismo, se echó los vasos al bolsillo de la bata. Pero una hora más tarde, mientras barría el suelo, una enfermera se acercó a mí diciéndome que había vómito de sangre en la biblioteca y que fuera a limpiarla. Por supuesto, esto es un hospital y no es una petición inusual. Pero lo que sí que me pareció bastante extraño es que ocurriera por la noche y en la biblioteca hospitalaria. Lo que tampoco era nada normal era la cantidad de sangre que había repartida por todas partes. No fue hasta más tarde cuando me enteré de que el Dr. Fujitaka Kinomoto fue quien vomitó toda esa sangre.00000000
–¿Me estás diciendo que Hien Li estuvo con mi padre justo antes de colapsar? –preguntó Sakura cuando Yue le contó la versión del encargado de mantenimiento. –Eso parece. –Vómitos de sangre. –reflexionó Sakura sin dejar de mirar la pared de objetivos por si veía algo que se le hubiera escapado. –Mi padre tenía la lesión de Dieulafoy, una enfermedad que lo hacía susceptible a los sangrados estomacales. Quizás Hien se aprovechó de eso y le diera alguna sustancia que le indujera el sangrado. –¿Alguna sustancia? –preguntó Yue. Sakura fue a su mesa y miró los dos informes de cirugía de su padre. –Esteroides, por ejemplo. Es un antiinflamatorio; o un vasopresor. Si le hizo tomar alguno de ellos no es extraño que sangrara y vomitara tanta sangre. –dijo Sakura, a la que le comenzaron a cuadrar las cifras de sangrado que marcaba el informe real. –¿Intentas decirme que si eso fuera así, el sangrado excesivo de la operación fue provocado por Hien Li? –recapituló Yue. –Si eso es así, Hien Li es un asesino disfrazado de médico. –resumió Sakura con frustración ante la nueva hipótesis que manejaban. Sakura intentaba resistir las lágrimas. –Pero todo esto sólo son especulaciones. –dijo Yue al verla tan afectada, aunque sabía que en el fondo era una hipótesis bastante plausible. –Si Hien Li finge ignorancia, será el fin del caso. –Pero… –Tenemos que buscar pruebas que demuestren lo que decimos. –dijo Yue, que en aquel momento debía mantener la cabeza fría, ya que Sakura todavía estaba asumiendo aquella posibilidad tan cruel. –¡¿Cómo?! –exclamó Sakura con frustración y con lágrimas en los ojos. –Me molesta esa casa de vacaciones. –dijo Yue entonces.00000000
Eriol Hiragizawa esperaba a Hien Li en un restaurante que nada tenía que ver con los que solían frecuentar. Estaba lleno de gente y el ajetreo era notable. Evidentemente, era mucho más barato, pero él no estaba para dispendios. Además, ahora que había caído en desgracia ni siquiera sabía si lo dejarían entrar en un restaurante de más postín. Quizás aquel lugar también les sirviera para pasar desapercibidos. Por fin, vio aparecer a Hien. No salió nada preocupado de su despacho cuando le ofreció venderle su residencia vacacional, porque sabía que recapacitaría y sería él mismo quien lo buscara, como así ocurrió. –Me alegro de verte. –dijo Eriol. –Sabía que me buscarías.00000000
–He pensado razones por las que Eriol quiere venderle esa casa a Hien, pero no encuentro ninguna. –dijo Yue, una vez que Sakura estuvo más calmada. –Es una casa demasiado vieja y no tiene valor de reventa. Pero, ¿y si Hien Li no quiere la casa para pasar las vacaciones? ¿Y si quiere la casa porque hay algo dentro? Si no recuerdo mal, Eriol dijo quien está preparado no tiene de qué preocuparse.00000000
–Como dicen los viejos: quien está preparado no tiene de qué preocuparse. Dentro de la casa hay documentos que te conciernen y que he ido recopilando durante estos quince años. –dijo Eriol mostrándole la llaves de la casa. –Como soy un hombre precavido, intuí que algo podía pasar, por lo que guardé toda la documentación relativa al caso.00000000
–Quizás Eriol tenga almacenada información comprometida para Hien y por eso intenta extorsionarlo a cambio de dinero. –supuso Yue, al que no se le ocurría nada con más sentido.00000000
–Todo está registrado en documentos. –dijo Eriol comiendo con una tranquilidad pasmosa mientras Hien se encendía un cigarro. –Todo. Incluido el caso de Fujitaka Kinomoto. Aquello no fue un simple error médico. Lo siento, pero me tomé la libertad de investigar por mi cuenta. Quien mató a Fujitaka Kinomoto fuiste tú, ¿verdad? –¿Aceptas un cheque? –dijo Hien tras darle una calada a su cigarro. –Cuando lo tenga en mis manos te daré las llaves. –dijo Eriol.00000000
–Si Hien Li compra esa casa… –comenzó a decir Sakura. –Lo primero que hará será deshacerse de todas las pruebas que le incriminen. –dijo Yue completando la frase que había empezado la castaña. –Tenemos que encontrarlas antes que Li.00000000
–¿Un viaje a los baños termales? –preguntó Shaoran mientras comía en la cafetería del hospital. –Bueno, todavía no está decidido dónde iremos, pero ¿qué piensas?¿Te apetece venir? –preguntó Meiling. –Suena bien. –¿Verdad que sí? –dijo Meiling con entusiasmo. –¿También irá Sakura? –preguntó Shaoran. –No se lo he propuesto todavía. –admitió Meiling. Lo que la enfermera no se esperaba fue ver aparecer a Sakura con un folleto. –He encontrado un alojamiento genial. –dijo Sakura pasándole el folleto a Meiling. –¿El Lago Kawaguchi? –dijo Meiling ilusionada, olvidándose del hecho de que normalmente había que arrastrar a Sakura cuando se organizaba algún plan. –Me encanta. –Las casetas tienen cocina para que podamos hacernos la comida. –dijo Sakura. Tras ver fotos del folleto, Meiling se levantó y abrazó a Sakura con gran ímpetu. –¡Oh, Sakura!¡Es genial! –dijo Meiling. –Sé que falta muy poco, pero ¿qué os parece si vamos el sábado? –propuso Sakura. –A mí me va bien, ¿y a ti Shaoran? –preguntó Meiling. –A mí también. –dijo Shaoran. –Decidido, entonces. Ya me ocupo yo de proponérselo a los demás. –dijo Meiling. Una vez que Shaoran terminó de comer, Sakura lo abordó en uno de los pasillos del hospital. –Shaoran. ¿Al final qué ha pasado con la residencia vacacional de Eriol de la que me hablaste? –preguntó Sakura. –Creo que al final mi padre va a comprarla. –respondió el joven. –Dijo que el viernes firmarían la escritura. Supongo que irá este fin de semana para echarle un vistazo en cuanto acabe la conferencia académica que tiene. –Vaya, qué pronto. –se dijo Sakura a sí misma, al adivinar que aquello entrañaría cierto riesgo. –¿Ocurre algo? –No, pero como vamos al Lago Kawaguchi, podríamos ir a echar un vistazo. –dijo Sakura sonriéndole y mirándolo de forma tierna e inocente. –¿Para qué? –preguntó Shaoran. –Porque según tengo entendido, Eriol Hiragizawa guarda allí una gran colección de arte con obras de pintores franceses y me encantaría verlas. –mintió Sakura. –No estoy seguro de lo que dirá mi padre. –dijo Shaoran. –Sólo será un pequeño vistazo. –insistió Sakura para intentar convencerlo y acercándose un poco más a él. Finalmente, Shaoran no pudo resistirse a la tierna mirada de Sakura y accedió a intentar conseguir la llave de la casa. Cuando Sakura volvió a su apartamento, colocó el mapa en la pared, trazó el camino y calculó lo que le llevaría a Hien Li ir de Tokio hasta la casa vacacional.00000000
–El cheque está preparado. –dijo Hien Li por teléfono. –Bien, nos vemos esta noche en el mismo sitio. –dijo Eriol.00000000
Mientras Sakura miraba la fotografía en la que estaba con su padre, le llegó un mensaje de Shaoran. Mi padre ya ha firmado los papeles de la casa. Conseguiré una copia de la llave. Shaoran.00000000
El sábado temprano alquilaron un monovolumen para ir al Lago Kawaguchi. Finalmente se apuntaron Naoko, Meiling, dos enfermeros, Sakura y Shaoran. –Por fin aire fresco. –dijo uno de los chicos al salir del coche. –Sí, mucho mejor que en el hospital, ¿verdad? –dijo Naoko. –Te ayudaré. –se ofreció Meiling a ayudar a Shaoran a vaciar el maletero. –No importa. Ya me ocupo yo. –dijo Shaoran con su amabilidad habitual. –Bueno, pero déjame llevar algo, al menos. –insistió Meiling cogiendo una bolsa. Mientras tanto, Sakura se alejó un poco para llamar a Yue detrás de un arbusto. –Ya hemos llegado. Intentaré evitar a los demás y llevaré a Shaoran a la casa lo antes posible. –dijo Sakura mirando hacia la casa, donde Shaoran entraba cargado de cosas. –¿Cómo te va por allí? –Hien acaba de entrar al recinto de la conferencia. –dijo Yue. –Ha venido en coche, así que probablemente haga lo que dijo su hijo. Cuando acabe la conferencia puede que se presente allí. Yo intentaré entretenerlo todo lo que pueda. Luego hablamos.00000000
Cuando Yue colgó el teléfono, se dirigió hacia Kaito, que en aquel momento entraba en la sala de conferencias. –Profesor Kaito. –lo abordó Yue. –Vaya, Yue Tsukishiro. ¿Has venido a cubrir la conferencia? –preguntó Kaito. –Sí, pero además, hay algo que creo que debería de saber. –dijo Yue en voz baja. –¿Me concede un minuto? Al hablar así, Kaito intuyó que era algo grave, por lo que lo siguió a un lugar más apartado. Yue sacó un documento de su portfolio y se lo mostró a Kaito. –Verá, este informe de investigación fue presentado el mes pasado en una conferencia académica por un miembro del equipo del Profesor Li. En la parte que he subrayado está palabra por palabra lo que parece un caso de tu clase. –dijo Yue, que le llevó mucho tiempo encontrar algo sólo para poder entretener a Li. –Tienes razón. Parece un plagio. –dijo Kaito. –Pensé que sólo era un error, pero aún así he preferido hacérselo saber. –dijo Yue. –Gracias. Cuando acabe la conferencia hablaré con el Profesor Li y le pediré que lo retire. –dijo Kaito. –Sí, creo que es lo más justo. –dijo Yue, que había conseguido lo que quería, aunque deseaba en su fuero interno que se alargara todo lo posible.00000000
Ajenos a todo, el grupo de jóvenes paseaba y se sacaba fotografías con el Monte Fuji de fondo. A Sakura no le quedaba de otra que disimular con ellos, aunque en su mente sólo estaba la idea de ir a la antigua casa de Eriol. –¿Quién se apunta a un helado? –preguntó uno de los chicos. Todos asintieron con entusiasmo, pero entonces, Sakura vio que Shaoran se quedó un poco más rezagado para recoger la cámara con la que se habían fotografiado y aprovechó para abordarlo, pero su plan se vio truncado por Meiling. –Sakura. –dijo Sakura, viendo una oportunidad perdida. –¿Sí? –Quería darte las gracias por haber encontrado este sitio tan bonito. –No he hecho nada. –dijo la castaña restándole importancia. –A decir verdad, pensé que te gustaba Shaoran y que incluso que eráis novios, pero tengo que pedirte disculpas por haber pensado así. –dijo Meiling. –No tienes que pedirme disculpas. –Sólo espera y verás. Voy a conquistar su corazón en este viaje. –dijo Meiling con decisión. Aunque Sakura se vio obligada a sonreír, Meiling se presentó como un nuevo obstáculo para su plan. Después del paseo, el grupo volvió a la caseta donde se alojaban para preparar la cena. Mientras los demás ponían la mesa, Meiling se pegó a Shaoran, que estaba cortando unos pimientos en la cocina. Tras poner las copas, Sakura miró hacia él. Así sería imposible estar asolas con Shaoran. –Naoko, ¿qué utilizas para esto? –preguntó Meiling acercándose a Naoko. Entonces Sakura se apresuró para ir donde estaba Shaoran. –Oye, Shaoran, ¿por qué no vamos más tarde a la antigua casa de Eriol a echar un vistazo? –preguntó Sakura. –Dejémoslo para mañana. –dijo Shaoran, que no entendía la prisa. –¿Por qué? –Sería terrible si nos perdiéramos. –dijo Shaoran. –Una vez que cae el sol en esta zona hace bastante frío. –No me importa. –dijo Sakura algo apurada por convencerlo. –Ni hablar. –dijo Shaoran con más vehemencia. –Si te pasara algo jamás me lo perdonaría. Sakura miró su reloj, que marcaban las 17:45. Cada vez tenía menos margen de maniobra.00000000
Mientras tanto, en Tokio, la conferencia académica llegó a su fin. Yue vio cómo Hien Li recogió rápido sus cosas, pero cuando se disponía a irse, el Profesor Kaito lo detuvo tal y como le dijo para hablarle sobre el posible plagio. Entonces Sakura lo llamó. –¿Diga? –Shaoran dice que no irá hasta mañana. –dijo Sakura desde el piso de arriba. –¿Qué? Sólo podré retener a Hien unos diez o veinte minutos como mucho. –dijo Yue. –¿No puedes ir aunque sea robando la llave? –Si hago eso no tendré excusa si me encuentro con Hien. –dijo Sakura mientras volvía a mirarse el reloj. –Es imprescindible que esté con su hijo. –¿Y qué vas a hacer? –Lo persuadiré de alguna forma. Quince minutos después, Hien bajó al aparcamiento, cogió su coche y se marchó. –Espero que lo consiga. –dijo Yue para sí mientras veía cómo el coche de Hien salía del aparcamiento subterráneo.00000000
Cuando Sakura terminó de hablar por teléfono se asomó por la escalera hacia donde todos cenaban contentos y ajenos a las preocupaciones de Sakura. Después de cenar, se pusieron a jugar al Jenga. A Sakura no le quedaba otra que estar allí con ellos mientras pensaba a toda velocidad cómo hacer para marcharse de allí con Shaoran hacia la casa. Entonces el teléfono de Sakura sonó. Shaoran vio con curiosidad cómo se levantaba y se apartaba para hablar por teléfono. –¿Sigues ahí? –preguntó Yue entrando a la redacción de su periódico. –Creo que Hien llegará allí sobre las 20:30. Sakura se miró el reloj, viendo que sólo tenía una hora y media. Por su parte, el grupo seguía divirtiéndose, pero Shaoran no le quitaba el ojo a Sakura. –Oye, Meiling. –dijo Shaoran. –¿Sí? –respondió ella mientras ponía unos dulces en un plato. –¿Sabes si Sakura sale con alguien? –preguntó Shaoran. –¿Por qué lo dices? –preguntó Meiling, a la que no le acababa de gustar aquella pregunta. –Es que está al teléfono todo el rato. ¿Sale con alguien? –No lo sé. –respondió Meiling. –Vaya, se ha acabado el vino. Voy a por otra botella. –Ya voy yo. –se ofreció Shaoran levantándose también. –No, déjalo. Voy yo. –dijo Meiling. Al ver que no quedaba vino en la cocina, Meiling desapareció en la despensa. Sakura vio entonces la oportunidad perfecta para intentar sacar de allí a Shaoran. –Shaoran, ¿puedo hablar contigo un momento? –preguntó Sakura al ver al chico solo. Cuando Meiling volvió con el vino, allí no estaba ni Sakura ni Shaoran, y el resto parecía que tampoco los echaba de menos al estar tan concentrados en el juego. Mientras tanto, los dos castaños salieron fuera y se alejaron un poco de la caseta. –¿Por qué no vamos a la casa de vacaciones ahora? –preguntó Sakura. –¿Ahora? –Sí. Tienes la llave, ¿no? –preguntó Sakura. En aquel momento, Meiling salió y se puso a mirar a su alrededor buscando a Sakura y a Shaoran. –Sí, pero, ¿por qué ahora? –Porque…–pero Sakura se detuvo al ver que con los nervios casi decía algo inconfesable. –Sakura, hoy estás actuando muy rara. –dijo Shaoran con un deje preocupación. –No haces más que hablar de esa casa. ¿No será que estás preocupada por Eriol? –No, no es eso. –negó Sakura mientras volvía a mirarse el reloj. Ya sólo le quedaban tres cuartos de hora, si es que se cumplían las previsiones de Yue. –Entonces, ¿hay algún motivo por el que tenga que ser hoy? Tras pensarlo y odiándose a sí misma por lo que iba a hacer, Sakura acortó distancias, puso las manos en el pecho del chico y besó a Shaoran en los labios, mientras Meiling sentía la peor traición de la que pensaba que era su amiga. –Simplemente quiero estar a solas contigo. –dijo Sakura. –¿Te parece una buena razón? Shaoran seguía impresionado por el beso y le costó recuperar la capacidad para hablar. –Me parece muy buena razón. –dijo Shaoran casi sin voz. –¿Vamos? –dijo Sakura cogiendo a Shaoran de la mano. Cuando llegaron a cierto punto, Shaoran sacó su móvil para poder encontrar el lugar exacto. Entonces llegaron a una valla que separaba la propiedad del exterior. Cuando llegaron y recorrieron el jardín delantero, entraron en la casa. –Está muy oscuro. Shaoran le dio a los interruptores, pero la luz no se encendió. Aunque estaba oscuro, se intuía que la casa era de estilo occidental y bastante majestuosa para ser una casa vacacional. –Voy a buscar el cuadro de luces. –dijo Shaoran. Sakura vio la oportunidad perfecta para buscar lo que fuera que Eriol guardara allí, aunque fuera con los resquicios que entraban de la luz de la luna. Entonces se dirigió a unos armarios con cristalera que había en el mueble del salón, pero estaban completamente vacíos, al igual que los cajones. Entonces, de una ventana cercana, percibió una luz muy diferente a la de la luna. Al asomarse, sus esperanzas se desmoronaron por completo. En el jardín trasero estaba Hien Li quemando un montón de documentos en lo que parecía ser una estufa de leña o carbón. Las luces de la casa por fin se encendieron y cuando Shaoran se reunió con Sakura, también miró por la ventana, viendo a su padre con la hoguera. –Padre. –dijo Shaoran abriendo la ventana y saliendo al jardín. –¿Qué haces aquí? –preguntó Hien. –He venido a unas casetas del lago con unos amigos y me he dejado caer por aquí. –dijo Shaoran. Entonces Hien vio que su hijo estaba con la Dra. Sakura Asumi, la cual salió al exterior y disimulando con toda la rabia del mundo, hizo una inclinación de cabeza para saludar a su superior. –¿Qué estás quemando? –preguntó Shaoran. –Sólo basura. –se limitó a decir Hien. A Sakura no le pasó desapercibido que lo que estaba quemando era el archivador clasificado con el año de la muerte de su padre. Cada vez que Hien echaba documentos, las posibilidades de poder hacerle justicia a su padre iban mermando más y más. –¿Vuelves a casa? –preguntó Shaoran. –Sí. –dijo Hien. –Ayúdame a meter esa caja vacía. Shaoran obedeció a su padre y juntos emprendieron el camino hacia la casa. –Por cierto, es una lástima lo que le ha ocurrido a Eriol Hiragizawa. He oído que han encontrado su cuerpo esta mañana. –dijo Hien antes de entrar.00000000
–Esta mañana, el encargado de un restaurante de Shibuya llamó a los servicios de emergencia informando de que había un cliente inconsciente. Cuando los servicios de emergencia llegaron sólo pudieron certificar su muerte. Se cree que el cadáver pertenece al abogado Eriol Hiragizawa. La Policía Metropolitana de Tokio investiga si su muerte es natural o ha sido un homicidio.–dijo el reportero. Cuando Yue vio la noticia por el móvil, estaba seguro de que esa muerte no tenía nada de natural. Tras cerrar el vídeo de la noticia, llamó a Sakura, pero ésta no contestaba al teléfono. –Gracias por la información de antes. –dijo el Profesor Kaito a Yue. Ambos se habían entretenido más de la cuenta en el recinto de la conferencia. –No ha sido nada. –dijo Yue. –Yue. Ya han pasado quince años, ¿verdad? –dijo Kaito. –Lo de Yukito fue realmente desafortunado. –Sí. –Si puedo llevarle flores, incienso o algo… –No hace falta. –interrumpió el periodista. –Con saber que te importa es suficiente. –Como quieras.00000000
Shaoran acompañó a su padre hasta el garaje de la casa, donde tenía el coche y se disponía a marcharse. –¿Qué le pasa a la Dra. Asumi? –preguntó Hien a su hijo, pero su hijo no dijo nada. –Ven a verme mañana y me lo explicas. Shaoran se preguntaba por qué la gente a su alrededor estaba actuando de forma tan extraña, pero al menos, con su padre, no se atrevía a preguntar nada. Por su parte, una vez que padre e hijo desaparecieron de su vista, Sakura corrió hacia la estufa con desesperación para intentar rescatar cualquier cosa que pudiera probar el asesinato de su padre. Sakura cogió el atizador de la estufa y comenzó a sacar las brasas, pero ya sólo quedaba eso: brasas, papeles en los que no se distinguía nada, algunas cintas y cedés quemados e imposibles de rescatar. Cuando todas sus esperanzas se esfumaron, Sakura vio asomar un pequeño trozo de papel enganchado en la rejilla de la parte superior de la estufa. Estaba algo tiznado por los bordes, pero no se había quemado y se podía leer lo que ponía.00000000
Cuando Sakura volvió al trabajo quedó con Yue en la azotea del hospital y le entregó el papelito que consiguió rescatar de la estufa y que Sakura había protegido con una bolsita de plástico. El Profesor Li hizo que la enfermera Kaho Mizuki preparara catecolamina. –¿Catecolamina? –preguntó Yue. –Es un vasopresor. La catecolamina incrementa rápidamente la presión arterial. –explicó Sakura. –Si un paciente con la lesión de Dieulafoy lo toma, la arteria cercana a la lesión se rompe y causa una gran hemorragia. Parece que Li hizo que mi padre tomara catecolamina, comenzó a sangrar y justo como lo planeó, tuvieron que operarlo de emergencia. –Y además, ordenó intencionadamente a Madoushi y a Terada que realizaran una operación con un procedimiento complejo nuevo. –añadió Yue. –Li mató a mi padre. Continuará…