La espina de Alicia

Gen
NC-17
Finalizada
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137 páginas, 71.981 palabras, 10 capítulos
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6. Mañana será un día mejor.

Ajustes
A pesar de que Sakura sólo pudo rescatar un pequeño trozo de papel de la quema realizada por Hien Li, ese pequeño fragmento resultó de lo más esclarecedor. Gracias a él, descubrieron el fármaco que provocó la gran hemorragia de Fujitaka. Pero además, también aparecía un nombre: el de una enfermera llamada Kaho Mizuki, que según el papelito, fue la encargada de buscar la catecolamina por orden de Hien Li. Ahora les faltaba conseguir lo más importante: pruebas que demostraran esa hipótesis. Por eso, el siguiente paso que dio Sakura fue buscar el nombre de Kaho Mizuki en la base de datos del hospital. Cuando tecleó su nombre apareció como la enfermera jefe de quirófano. Hasta ahora Sakura no había prestado atención a los enfermeros de quirófano, puesto que todavía hacía poco que había empezado a trabajar en el hospital, el equipo de enfermeros de quirófano no siempre era el mismo, y lo más importante, había estado demasiado centrada en otras personas. Pero esta vez aprovecharía la cirugía que tenía ese día para fijarse. No obstante, estaba segura de que le sonaba por la información que fue recabando durante aquellos quince años. Cuando llegó la hora, Sakura entró tras Yamazaki y rápidamente localizó a una enfermera de espaldas que preparaba el instrumental. Yamazaki le confirmó que realmente era ella y que no se equivocaba. –Kaho, esta es Sakura. Me ha pedido estar como observadora. –le informó Yamazaki. –Soy Sakura Asumi. Un placer. –dijo Sakura presentándose formalmente. Aunque llevaba mascarilla y gorro de quirófano en la cabeza, Sakura apreció una gran belleza en ella. Por el pelo que sobresalía por la parte de atrás del gorro vio que Kaho Mizuki tenía el pelo pelirrojo. Aunque la miró, Kaho hizo caso omiso de ella y siguió centrada en su tarea. –Diez láminas de gasa y paño quirúrgico. –ordenó Kaho. –Sí, aquí tienes. –dijo otra enfermera. Sakura comprobó que era una persona distante y que no sería fácil llegar a ella. Ya durante la operación todo marchaba con normalidad, cuando de repente, el propio Yamazaki se dio cuenta de que metió la pata. –Oh. –dijo él mismo. Uno de los aparatos comenzó a emitir un sonido intermitente que indicaba que las constantes vitales empezaban a desestabilizarse. –La presión arterial ha subido de 40 a 60. Dame una gasa y succiona, rápido. A pesar de que la operación estaba en una fase crítica, a Sakura era lo que menos le preocupaba. Lo único que hacía era observar a Kaho Mizuki, que miró cómo la cantidad de sangre subía en la bolsa. –¿Por qué? –se preguntó Yamazaki, que parecía no comprender qué estaba pasando. –La hemorragia viene de la vena gástrica izquierda. –dijo Kaho. –Utiliza el hemóstato y ciérrala con sutura 4-0. Si no la cierras el goteo será mayor. Sakura comprobó entonces que era una enfermera muy capaz. –¡Uf! Lo hemos conseguido. –suspiró Yamazaki aliviado dejando el instrumental en la bandeja quirúrgica una vez que hizo lo que dijo Kaho. –Estuvo cerca. –No vuelvas a entrar a un quirófano con unos conocimientos tan mediocres. –dijo Kaho Mizuki, sin importarle que Yamazaki fuera médico, y que por tanto, tenía un rango superior. –¿Quién se piensa que es? –dijo Yamazaki una vez fuera mientras desechaba los guantes y se lavaba las manos. –Bueno, no se la conoce como la “Dama de Hierro” por nada. –dijo el médico asistente. –¿La Dama de Hierro? –preguntó Sakura. –¿No lo sabes? Es muy competente, pero una antisocial. Por eso la llaman así.

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–Kaho Mizuki. Si lo que dice el papel es cierto, fue la que consiguió la catecolamina. –dijo Sakura en un pasillo exterior del hospital y que conducía al patio del cerezo. –¿Qué conexión tiene con Hien Li? –preguntó Yue. –Todavía no lo sé, pero eso no cambia el hecho de que es una de las personas que condujo a mi padre a la muerte. –dijo Sakura. –Así que me aseguraré de que pague por ello. –Entiendo cómo te sientes, pero la muerte de Eriol fue provocada por una sustancia. –dijo Yue sacando una fotografía del cadáver de Eriol sobre la mesa del restaurante donde fue encontrado. Junto a él, había carteles con números que indicaban qué prueba había allí, por lo que Yue había conseguido esa foto de la policía. –¿Intuyes quién ha sido? –Sí. –Si descubren quiénes somos, todo habrá acabado. –dijo Yue. –Ten cuidado.

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Shaoran estaba en el sofá de su casa viendo las fotografías del viaje mientras sonreía. Sobretodo aquellas en las que salía Sakura. Adoraba su sonrisa y el castaño no podía evitar sonreír al recordarla. Entonces, su padre lo sacó de su ensimismamiento. –Shaoran. –¿Sí? –respondió el joven levantándose. –¿Por qué me cogiste una copia de la llave y estuviste en la residencia vacacional con Sakura Asumi el sábado? –preguntó Hien. –Siento no habértela presentado adecuadamente pero…, en realidad, no estamos saliendo oficialmente todavía. –dijo Shaoran. –No te he preguntado eso. Te he preguntado por qué estabas con ella en la casa. –dijo Hien. –Porque insistió en ir. –respondió Shaoran. –¿Por qué? –Quería ver la colección de arte de Eriol Hiragizawa. –dijo Shaoran. Hien se quedó pensativo. Hasta donde él sabía, Eriol no tenía ninguna colección de arte, tan sólo unos pocos cuadros decorativos en las paredes.

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Sakura decidió seguir vigilando a Kaho Mizuki, por lo que aprovechó la hora de la comida para ello. Desde otra mesa, veía cómo la mujer pelirroja parecía estar mirando un reloj de bolsillo. –Sakura. –dijo Meiling llegando hasta ella con su habitual sonrisa. –Necesito hablar contigo un momento. Es sobre Shaoran. Atendiendo a la petición de Meiling, Sakura dejó su bandeja de la comida y la siguió hacia una zona más privada. –Durante el viaje del otro día, ¿dónde fuiste con él? –preguntó Meiling. Al preguntar aquello, Sakura intuyó que a la morena no le había hecho ninguna gracia aquella desaparición. –Pues… –Voy a confesarle mis sentimientos. –dijo Meiling sonriendo. –Cuento contigo para que me apoyes. Sin decir más, Meiling se marchó de allí con cara seria. Su único objetivo era ver la reacción de Sakura ante aquellas palabras. Lo que Sakura ni Meiling sabían era que Kaho Mizuki había escuchado todo. Había notado como esa Dra. Asumi la había estado observando durante la operación y no le había quitado el ojo durante la comida. Aquella muchacha no le dio muy buena espina, por eso decidió seguirla.

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Hien Li y Kaho Mizuki se reunieron esa noche para cenar en el reservado de un restaurante. Todavía no habían tocado la cena. Hien se servía cerveza mientras Kaho se fumaba un cigarro. –¿Quieres? –preguntó Hien. Como Kaho no respondió, Hien dejó la botella en la mesa, aunque no parecía molesto. –Parece que tu hijo es muy popular entre las chicas. –dijo Kaho. –Hoy he visto a Meiling peleando con la Dra. Asumi por él. En realidad no ha sido una pelea en sí, pero sí he notado cierta molestia en la enfermera. Esa Dra. Asumi comenzó a trabajar en el hospital en primavera, ¿verdad? –Sí. ¿Es sólo una jovencita inmadura o…? –preguntó Hien deteniendo la pregunta a medias, aunque Kaho lo comprendió perfectamente. –Tendré que comprobarlo. Lo que los dos comensales no sabían era que Yue había seguido a Kaho al salir del trabajo, y desde el exterior, fotografió al Profesor Li y a Kaho Mizuki cenando juntos.

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Esta vez, Yue y Sakura se reunieron en el restaurante de Kero para cenar y poner en común las novedades. –Parece que Kaho Mizuki y Hien Li se reúnen de vez en cuando. –dijo Yue mientras Sakura miraba las fotos que había conseguido el periodista. –¿Qué clase de relación tienen? –Probablemente sea su amante. –dijo Yue sin afirmarlo con rotundidad. –Además, ella ha sido jefa de enfermeras durante más de quince años. Si quisiera, podría conseguir cualquier fármaco sin que nadie se enterara, catecolamina o lo que sea.

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Como era habitual en ella, Kaho comía sola en la cafetería del hospital. Al acabar, volvió a mirar su reloj de bolsillo mientras de fondo se escuchaban las noticias de la televisión. Kaho miró hacia la tele cuando escuchó la siguiente noticia. –Ya ha pasado una semana desde que hallaron muerto al abogado Eriol Hiragizawa en un restaurante de Shibuya, en Tokio. Todavía no se ha identificado ningún sospechoso y la Policía Metropolitana sigue investigando a su familia y conocidos. –dijo el periodista. –Da miedo, ¿verdad? –dijo Sakura refiriéndose a la noticia mientras se sentaba frente a Kaho y miraba la televisión, mientras que al verla aparecer, Kaho se guardó el reloj en el bolsillo. –Muerte por ataque al corazón provocado por cloruro potásico. Parece que también han encontrado la marca de una aguja en su muslo. Es curioso cómo la vida de un ser humano puede ser fácilmente arrebatada con una sola sustancia. Honestamente, creo que como profesionales sanitarios tenemos que asegurarnos de que manejamos la medicación con cuidado. Entonces Kaho se levantó. –Lidiar con la medicación es cosa de los médicos, ¿no? Las enfermeras simplemente lo preparamos y seguimos vuestras instrucciones. –dijo Kaho, que vio claro que los comentarios de la Dra. Asumi venían con segundas.

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–Me he enterado de que te has vuelto muy cercana a la Dra. Asumi. –dijo Hien Li, que había convocado a Meiling a su despacho. –Algo así. –dijo Meiling. –Quiero que me hables de ella. –dijo Hien. –Sobre su historia, relaciones personales, cualquier cosa. –Perdón por la pregunta pero, ¿por qué quiere saber todo eso? –preguntó Meiling con curiosidad. –Bueno, he oído que la Dra. Asumi ha estado rondando a mi hijo y me gustaría verificar si es apropiada para él. –dijo Hien Li, que estaba dispuesto a aprovechar el dolor de una mujer herida por motivos amorosos. Desde que Meiling vio el beso entre Sakura y Shaoran se había sentido herida y traicionada por Sakura, pero en el fondo aguardaba la esperanza de que aquello sólo hubiera sido un tonteo. Pero con las palabras de Hien Li, fue como si de repente se diera cuenta de lo que no había querido ver, a pesar de sentirse dolida: y era que lo que había entre Sakura y Shaoran iba más en serio de lo que ella pensaba. Aquello fue el empujón que necesitaba Meiling, que aceptó ayudar a Hien.

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Dispuesta a seguir investigando a Kaho Mizuki, Sakura la siguió cuando vio que había acabado su turno. Kaho entró en los vestuarios donde se cambió para ponerse la ropa de calle. Lo que ella no esperaba era que al salir y subir al ascensor, en lugar de bajar para irse a casa, pulsara el piso número siete, que era el Departamento de Neurología y Cirugía Neurológica. Rápidamente, Sakura cogió el otro ascensor y la siguió, hasta que la vio entrar en una habitación. Al acercarse a la puerta, vio que en el cartel ponía Touya Mizuki. Después, Sakura volvió a la quinta planta, donde estaba su departamento y buscó en la base de datos del hospital, buscando ese nombre. Según el historial, Touya contaba con cuarenta y ocho años y se encontraba en estado vegetativo irreversible. Pero lo que más llamó su atención fue que tenía una hospitalización de larga duración. En concreto, de quince años y seis meses. –Esto lo explica todo. –se dijo Sakura.

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–¿De visita a estas horas? –preguntó Sakura, que había vuelto al piso siete hasta que vio salir a Kaho con una jarra. Kaho la miró sin comprender qué hacía la Dra. Asumi allí. –Tengo turno de noche. Cuando he pasado antes por aquí, te vi entrar en esa habitación. ¿Es Touya Mizuki tu marido? Me sorprendí al ver su historial y descubrir que ha estado hospitalizado durante quince años. Pensé que la política del hospital era derivar a los ingresados de larga duración, por eso me ha entrado curiosidad. –No tengo por qué contestarte. –dijo Kaho fríamente, volviendo a emprender su camino. Entonces Sakura recibió una llamada de un compañero. –El Sr. Takagi ha empeorado de repente. Tiene un atasco postoperatorio del íleo. Ven deprisa. Sólo tú y un residente estáis disponibles. Sakura echó a correr hacia el quirófano. Una vez vestida para operar, su sorpresa fue mayúscula al encontrar ya allí a Kaho Mizuki preparando el instrumental. –Me han llamado porque andan cortos de personal. –dijo Kaho adivinando la duda en la mirada de Sakura. –Rápido. Sakura se colocó en su lugar. –Shiro Takagi, de sesenta y ocho años. Realizaremos una operación de emergencia por estrangulamiento del íleo postoperatorio. –dijo Sakura, ya que el protocolo marcaba decir el nombre y edad del paciente y la operación a llevar a cabo. –Bisturí. Sakura abrió al paciente y observó el área de operación. –Hay una necrosis en el área del intestino delgado más grande de lo esperado. –dijo Sakura mientras el monitor indicaba señales de empeoramiento. –Coagulación intravascular diseminada. –dijo entonces el anestesista. –El pulso ha subido a 160. La tensión arterial ha bajado de 80 a 50. La saturación también baja. –¡Deja de soñar despierta! –le dijo Kaho a Sakura, que estaba paralizada. –Tus dudas le costarán la vida al paciente. Sin que Sakura le dijera nada, Kaho le extendió las pinzas hemostáticas. Al verlas, la castaña supo qué hacer. –Sujeta el tramo del intestino estrangulado. –indicó Sakura al médico asistente. –Vamos a abrir el mesenterio y a realizar una ligadura de los vasos sanguíneos. Sakura no hacía falta que le dijera a Kaho qué herramienta debía pasarle, porque la mujer se adelantaba a lo que había que hacer y tenía preparado el material. Además, cada vez que le pasaba alguna herramienta, la castaña sentía una seguridad increíble con aquella enfermera tan experimentada. Finalmente, la operación resultó ser un éxito. Cuando Sakura se quitaba la bata y los guantes, vio salir a Kaho tirando de un carro con el instrumental para esterilizarlo. –Espera. –dijo Sakura. –Muchas gracias. –No haces mal tu trabajo. –dijo Kaho. Sin decir nada más, Kaho continuó hasta perderse de su vista. Cuando giró la esquina, Kaho se apoyó en una pared y se llevó la mano a la cabeza para intentar sofocar el pequeño vahído que acababa de sentir.

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–He encontrado un artículo de hace quince años en el que se menciona a Kaho Mizuki. –dijo Yue, que había estado realizando trabajo de hemeroteca. Yue le pasó una copia impresa del artículo. –¿Un accidente en un ascensor? –Ocurrió seis meses antes de la muerte de tu padre. –“Touya Mizuki resultó herido grave por intentar proteger a su esposa, Kaho, de treinta años” –leyó Sakura. –Por eso va a visitar a su marido cada día. –dijo Yue. –Pero no dejes que la compasión se apodere de ti. El hecho de que haya podido quedarse ingresado aquí durante quince años nos demuestra que depende de la voluntad de Hien Li. –Lo sé. –dijo Sakura. –Me acercaré a ella para averiguar la verdad.

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Una vez que acabó el turno de aquel día, Sakura compró unas flores y se dirigió a la habitación de Touya. Pero antes de que tocara la puerta, escuchó la voz de Kaho hablándole a su marido, por lo que abrió la puerta corredera lo suficiente como para poder mirar dentro. Sakura vio que mientras le hablaba, Kaho pasaba una toalla húmeda por el cuerpo de su marido, un hombre castaño. –¿Sabes? Hoy ha ocurrido algo bueno. Los lirios del patio del hospital por fin han florecido. Los plantaron en una zona donde no les da mucho el sol. Por eso me preocupaba que no florecieran, pero les han salido unas flores realmente bonitas. Incluso me dieron ganas de felicitarlas. Quizás mañana les saque una fotografía para que las veas. Sakura nunca había visto a esa mujer tratar a alguien de forma tan cariñosa. Tras ver aquella escena, Sakura cerró la puerta y se marchó con el ramo. Cuando fue a coger el ascensor se encontró a Shaoran, que llevaba lo que parecía ser una caja de Lego. –Sakura. ¿Vas a visitar a alguien? –preguntó Shaoran al ver las flores. Sin saberlo, el joven le había proporcionado la excusa perfecta, aunque no era del todo mentira. –Sí, pero estaban ocupados y he decidido volver en otro momento. –dijo Sakura. –¿Qué es eso? –Es para Nakuru. Últimamente no se encuentra demasiado bien. Hay días que ni siquiera puede levantarse de la cama. –dijo Shaoran. De repente, se escuchó cómo un pequeño jarrón con flores se hacía trizas al caer al suelo. Cuando Sakura miró, vio a Kaho Mizuki desmayada en el suelo. Tanto Sakura como Shaoran se dirigieron hacia ella con rapidez. –Sra. Mizuki, ¿se encuentra bien? –preguntó Sakura para comprobar su estado de consciencia.

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Tal y como le prometió a Hien, Meiling se dispuso a investigar a Sakura. Para ello miró su dirección en la base de datos del hospital y cuando finalizó su turno se dirigió hacia allí. Al llegar, vio a un hombre de aspecto bonachón poniendo una pizarra de lo que era un pequeño restaurante. –Disculpe. ¿Conoce a la Dra. Sakura Asumi? Tengo entendido que vive por aquí. Hay algo que quiero hablar con ella. –dijo Meiling. A Kero le extrañó aquel nombre, pero suponía que aquella joven morena se había equivocado de apellido. Estaba seguro que se refería a Sakura. Las posibilidades de que hubiera dos Sakuras médicos en aquella dirección eran extremadamente remotas. –¿Eres amiga de Sakura? –preguntó Kero obviando el error. –Sí, más o menos. –respondió Meiling sin esperar realmente que conociera a Sakura. –¡Genial!¡Pasa! –dijo Kero con gran alegría, aunque dejando a Meiling algo asustada por el excesivo entusiasmo.

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–¿Cómo está? –preguntó Yue una vez que Sakura le informó por teléfono lo que había pasado. –La he acompañado a su casa. Está descansando. Pero parece que no viene mucho por aquí. –dijo Sakura desde fuera de la casa mirando cómo sobresalían las cartas y la propaganda del buzón. –Me parece que está en el hospital la mayoría del tiempo. –Entiendo. ¿Crees que podrás averiguar algo más? –preguntó Yue. –Lo intentaré. Sakura volvió a entrar en la casa. La colada estaba a medio hacer, ni siquiera había cortinas y era como si tuviera la mudanza a medias, aunque Sakura estaba segura de que Kaho llevaba viviendo allí mucho tiempo. –Siento haberte causado problemas. –se disculpó Kaho incorporándose en el futón en el que descansaba. –¿No tienes algún familiar que pueda ayudarte? –preguntó Sakura consciente de que el agotamiento había provocado aquel susto. –Si los tuviera hace tiempo que les habría pedido ayuda. –dijo Kaho sacando un cigarro de un paquete y encendiéndolo. –Hubo un tiempo en el que sí tuve amigos, pero de eso ya hace mucho. Mis amigos y los amigos de mi marido. Al principio mucha gente iba a visitarlo al hospital. Todos y cada uno de ellos sentía una gran pena por nosotros. Cuando se marchaban, todos prometían volver de visita, pero ninguno de ellos volvió jamás. Pero no les culpo. ¿Quién se iba a creer que algo tan desafortunado pudiera ocurrir? Pero sí hay una cosa que me creo como una idiota: que mañana será un día mejor. Sakura conocía aquella última frase muy bien, porque era algo que su padre siempre decía y le llamó la atención sobremanera. –¿Qué quiere decir? –preguntó Sakura intentando indagar. –Bonita frase, ¿verdad? “Mañana será un día mejor”. Siempre la decía un médico al que yo respetaba y apreciaba muchísimo. –dijo Kaho. Sakura estaba segura de que se refería a su padre. –Sra. Mizuki. ¿Dónde conociste a ese médico? –preguntó Sakura. –En el departamento en el que trabajaba antes. –respondió Kaho. –Entonces, ¿no siempre has trabajado en quirófanos? –preguntó Sakura. –Tras el accidente de mi marido pedí el traslado a quirófanos para no tener que trabajar demasiadas horas extra. –dijo Kaho. –Entonces, ¿en qué departamento trabajabas antes? –preguntó Sakura, pero la pregunta se quedó sin responder, puesto que Shaoran, que había ayudado a Sakura a llevar a Kaho a casa, había ido a realizar algunas compras para dejarle algo de cenar. –Ya estoy aquí. La tienda quedaba bastante lejos. –dijo Shaoran dejando unas bolsas. Por la mirada de Sakura, Kaho supo que por alguna razón, esa información era importante para ella, pero que no era conveniente contestar delante del chico.

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–Sakura cena aquí casi siempre, pero nunca me felicita por la comida. Más bien al contrario. –explicó Kero. –¿De verdad? Pues está riquísima. –dijo Meiling. –Me alegra de que al menos tú sepas apreciarla. –dijo Kero. –También me alegra por Sakura. Es la primera vez que una amiga suya se deja caer por aquí. –¿En serio? –preguntó Meiling sorprendida. –Sí. –dijo Kero. –No te emociones tanto o tus fosas nasales van a estallar. –le dijo Chiharu a Kero. –No te preocupes. Me pongo aceite para que eso no pase. –dijo Kero siguiéndole la broma, para retomar su conversación con Meiling. –¿Sabes? Sakura siempre tiene esa cara seria y me asusta que la gente la malinterprete. A Meiling se le agolpaban las dudas sobre Sakura. Por un lado estaba el beso con Shaoran, pero por otro lado, ¿podría Sakura ser tan mala persona teniendo un padre tan genial? –Creo que yo la he malinterpretado. –dijo Meiling. –¿Qué? –Nada. Tengo que irme. –dijo Meiling para evitar entrar en detalles. –Pero Sakura estará a punto de llegar. –dijo Kero. –No importa. La veré en otro momento. Gracias por la cena.

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Una vez que Shaoran preparó la cena y se aseguraron de que Kaho cenaba de forma adecuada, los dos jóvenes emprendieron el camino a casa. Ambos caminaban a paso lento hasta que tuvieran que separar sus caminos, por lo que Sakura decidió aprovechar la ocasión para intentar indagar. –¿Alguna vez tu padre ha dicho algo sobre Kaho Mizuki? –preguntó Sakura. –No. Nada en particular. –respondió Shaoran. –Oye, ¿por qué tienes tanta curiosidad por mi padre? –¿Qué quieres decir? –Siempre me preguntas por él. Pero yo también tengo una pregunta. Es sobre el viaje. ¿Cuáles son tus intenciones? –dijo Shaoran, al que parecía que le costaba un mundo hablar de aquello al recordar el beso. –Bah, olvídalo. No importa. Es que mi padre me ha preguntado, y por eso yo te he preguntado a ti. –¿Tu padre te ha preguntado por mí? –preguntó Sakura. –Sí. Quería saber por qué estaba allí contigo. En serio, ni que fuera un niño. –dijo Shaoran. Entonces, Sakura se dio cuenta de que Hien Li empezaba a sospechar de ella. –Pero olvídalo, le diré a mi padre que… –Puedes decirle la verdad. –interrumpió Sakura. –Que mis sentimientos son los mismos que los tuyos. Al escuchar eso, Shaoran se acercó y la besó, sintiéndose el chico más dichoso del mundo, especialmente al notar cómo Sakura le correspondía el beso. Pero a Meiling, que pasaba por allí para volver a casa, se le disiparon todas las dudas al volver a ver cómo aquellos dos se besaban a lo lejos. Y pensar que el padre de Sakura le había hecho dudar. Era cierto que tenía un padre muy simpático, pero su hija había resultado ser una traidora.

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Desde que Sakura volvió a casa no había dejado de pensar en el tierno beso con Shaoran, pero los golpes en la puerta la sacaron de sus pensamientos. –Siento venir tan tarde. –dijo Yue. –¿Te ocurre algo? –No. –dijo Sakura dejándolo entrar hasta que subieron a la parte de arriba. –Creo que Kaho Mizuki y mi padre trabajaron juntos en el Departamento de Pediatría. Me dijo que lo respetaba y lo apreciaba. –¿Entonces cómo acabó colaborando con Hien Li? –preguntó Yue al aire. –Su marido está inconsciente y en estado vegetativo. Este hospital deriva a este tipo de pacientes denegándoles el servicio escudándose en que ya no pueden hacer nada por no tener el equipamiento adecuado. A consecuencia, muchos de ellos tienen que recibir el tratamiento en casa. –explicó Sakura. –Pero para Mizuki, que no tiene familia, cuidar de su marido mientras trabajaba era imposible, ¿verdad? –Exacto. Hien Li se aprovechó de su situación. –concluyó Sakura.

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Cuando Sakura y el hijo de Hien se marcharon, Kaho volvió a tumbarse en el futón para descansar, pero la conversación con Sakura la hizo recordar. De hecho era un recuerdo que estaba muy presente en su mente desde hacía demasiado tiempo. Flashback. –He oído que el hospital quiere darle el alta a tu marido. –dijo Hien Li a Kaho Mizuki, apareciendo en la habitación de un inmóvil e inconsciente Touya. –Pero eso va a suponer tiempos muy difíciles para ti. Es muy difícil encontrar un sitio que se haga cargo de él. Al final, tus ahorros se verán mermados y comenzarás a tener pensamientos negativos que te pueden llevar a cometer una locura. –¿Y qué hago? –preguntó Kaho. –Tengo una idea. –dijo Hien. Fin del flashback.

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–No le quedó otra opción que obedecer a Hien. –dijo Sakura. –Mientras su marido siga en ese estado, probablemente ella no hable. –dijo Yue. –Pero para llegar hasta Hien necesitamos su testimonio. Estamos en una vía muerta. –La posibilidad sigue estando ahí. –dijo Sakura pensativa. –Me dio la impresión de que confiaba en mi padre. –¿Qué?¿No estarás pensando en decirle que eres su hija? –pero para Yue el silencio de Sakura valió más que mil palabras. –Esa mujer está atada a Hien. Si descubre que eres la hija de Fujitaka Kinomoto… –No tengo que decirle necesariamente que soy su hija. –¡Venga ya!¿Desde cuándo te has vuelto tan confiada? –preguntó Yue. –Puede que parezca buena persona, pero al final sólo mirará por ella misma. Es más, Hien tiene a su marido de rehén. No hay manera de que ayude a una completa extraña como tú.

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–Buenos días. –la saludó Shaoran cuando coincidieron de camino llegando al hospital. –Buenos días. –saludó Sakura. –Ayer, después de que habláramos, estuve pensando en algo toda la noche. Lo cierto es que, hasta ahora no tenía confianza sobre muchas cosas. Ni como médico, ni como hombre. –confesó Shaoran. –Pero gracias a ti, quizás sea capaz de cambiarlo. Por eso yo también quiero que confíes en mí. Voy a intentar ser una persona fuerte para poder protegerte pase lo que pase. Sakura no se esperaba aquella declaración de intenciones por parte del castaño. –Será mejor que entremos o llegaremos tarde.

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Gracias al beneplácito de Hien, Meiling pudo tener acceso a los archivos de recursos humanos del hospital. Tras ojear varios archivadores, encontró el expediente de Sakura. Al ver que no había nada anormal, salvo el hecho de que estudió en una universidad no asociada al hospital, decidió llamar a la universidad en la que estudió. –Hola, ¿es la Facultad de Medicina de la Universidad de Toto? –preguntó Meiling. –Me llamo Meiling, del Hospital Universitario de Tomoeda. Estoy buscando a una graduada de vuestra universidad: Sakura Asumi. Verá, es que hemos tenido algunos problemas con ella y nos gustaría saber si hubo algún percance con ella cuando estudiaba. –¿Puede repetirnos el nombre? –preguntó el telefonista. –Sí, Sakura Asumi. –Esa persona no existe en nuestra base de datos. –dijo el telefonista tras realizar la búsqueda. –¿No existe?

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En un descanso, Kaho Mizuki se sentó en un banco del patio mientras miraba un reloj de bolsillo. En cuanto vio que Sakura se dirigía hacia ella, guardó el reloj en el bolso y siguió fumando. –Sra. Mizuki. –Perdona por haberte causado molestias ayer. –dijo Kaho. –Hay algo que me gustaría preguntarte. –dijo Sakura. –Hace quince años trabajaste en el Departamento de Pediatría, ¿verdad? Y allí conociste a un pediatra llamado Fujitaka Kinomoto. Era más una afirmación que una pregunta, pero Kaho no entendía cómo esa joven sabía todo aquello. –No. –negó Kaho apagando el cigarro en un cenicero. Cogió el bolso y se dio la vuelta para marcharse. Pero Sakura la agarró del brazo para detenerla, cayendo el bolso en el transcurso. –Estoy segura de que es así. –dijo Sakura mirándola a los ojos. –Es el pediatra que murió por una causa de lo más cuestionable. Sé que lo sabes. Kaho sonrió de forma irónica y se agachó para coger su bolso. –¿Quién te crees que eres?¿Una detective?¿O una justiciera? –una vez que recogió su bolso, miró fijamente a Sakura. –No vuelvas a hablarme en la vida. Tras decir aquello, Kaho se marchó. Fue entonces que Sakura se percató de que había algo bajo el banco en el que Kaho había estado sentada. Al cogerlo, se dio cuenta de que era un reloj de bolsillo que debía de haber caído del bolso. Pero al abrirlo, no podía creer lo que veía.

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Cuando Meiling vio a Sakura pasar por el descansillo de una escalera decidió enfrentarla. En cuanto a Sakura, ver el rostro de Meiling no le auguraba nada bueno, puesto que no llevaba la sonrisa que siempre solía mostrar. –Dime Sakura, ¿disfrutas engañando a la gente? –preguntó Meiling de manera hostil y directa. –¿De qué hablas? –De Shaoran, por supuesto. ¿Pensabas que no me daría cuenta? Me has estado mintiendo. Sabías cómo me sentía y aún así me traicionaste. –dijo Meiling acercándose cual fiera a su presa. Entonces sonrió irónicamente. –Ya entiendo. Me miras por encima del hombro por ser enfermera. Tras decir aquello, le dio un bofetón a Sakura. –Yo también tengo orgullo. ¿Sabes? He indagado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Toto, ¿y sabes lo que descubrí? Que no existía ninguna alumna llamada Sakura Asumi. ¿Puede ser que hayas falsificado tu título? Me parece que tienes un pasado interesante. Tras decir eso, se marchó. A Sakura se le complicaba todo cada vez más. Meiling se había convertido en una persona peligrosa al manejar aquella información tan sensible para ella. Pero era especialmente peligrosa al ser una mujer despechada. Por eso debía conseguir el testimonio de Kaho Mizuki cuanto antes. Sakura bajó al patio para pensar mientras observaba el cerezo. Quizás mirarlo le proporcionara tranquilidad, porque intentaba decidir si contarle la verdad a Kaho para conseguir su testimonio. Yue era partidario de no hacerlo. Si lo hacía, no habría vuelta atrás. Se arriesgaba a que se lo dijera a Hien Li. Pero por otra parte, Sakura estaba convencida de que esa mujer sentía y seguía sintiendo un profundo respeto por su padre. Y aquel reloj se lo confirmó. Entonces, abrió el reloj, y al verlo, escuchó lo que su padre solía decir: mañana será un día mejor.

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Mientras Kaho le cortaba las uñas a su marido, las palabras de la Dra. Asumi se le agolpaban en la cabeza, hasta que el Profesor Li entró en la habitación. –¿Ha ocurrido algo fuera de lo normal? –preguntó Hien. –No. –mintió Kaho. –Asegúrate de no decir ninguna tontería. –Lo sé. –respondió ella. Hien se acercó al tubo que mantenía con vida a Touya y lo sostuvo en su mano. –¿No es fantástico como una persona puede mantenerse con vida con un tubo? –dijo Hien, pero para Kaho no fue un comentario aislado, sino una advertencia en toda regla. De vez en cuando se pasaba por allí para recordarle que dependía de él. Tras la desagradable visita de Hien, Kaho se sentó al lado de su marido y le cogió de la mano. –Tengo que permanecer en silencio para protegerte. –le dijo Kaho a su marido. –No tengo otra opción. Entonces, alguien entró al cuarto. Parecía que Sakura no iba a darse por vencida. Entonces se levantó y se puso a recoger la mesa portátil por tener algo que hacer y calmar los nervios. –Quiero que oigas algo. –dijo Sakura. –Te dije que no volvieras a hablarme. –dijo Kaho. Pero Sakura había ido dispuesta a que la escuchara e hizo caso omiso. –Mi apellido es Asumi. Escrito en kanji “Asu” significa mañanay “mi” significa bonitoo mejor. Tengo este apellido por mi padre. Mañana será un día mejor.Esa era la frase favorita de mi padre. Al escuchar aquello, Kaho dejó de recoger. –¿Qué? –Soy la hija de Fujitaka Kinomoto. Poco después de la muerte de mi padre recibí un sobre anónimo que contenía este informe. –dijo Sakura mostrándole la versión falsa y verdadera del informe de la cirugía. –Aún no sé quién me lo envió, pero gracias a esa persona sé que la muerte de mi padre fue causa de una negligencia médica que han ocultado convenientemente. Desde hace quince años sólo he vivido pensando en vengarme. Por eso estudié medicina y falsifiqué mi apellido de Kinomoto a Asumi. Kaho no daba crédito de lo que estaba escuchando. –En el transcurso de mi investigación descubrí que mi padre no sólo murió por una negligencia médica, sino que fue asesinado. La pista la obtuve por este trocito de papel. –dijo Sakura mostrándole el pequeño papel resguardado en la bolsita de plástico. –Esta nota la dejó el abogado Eriol Hiragizawa. En resumen, mi padre murió por el fármaco que Hien Li te pidió que le consiguieras. Es lo que quiero probar. –¿Tienes idea de lo que estás diciendo? Si el Profesor Li se entera de esto… –Lo sé. –la interrumpió Sakura. –En el peor de los casos podrías acabar como tu padre o como Eriol. –Soy muy consciente de las consecuencias que esto puede acarrearme. –dijo Sakura. –Márchate. –le pidió Kaho, a pesar de admirar la valentía y el riesgo que Sakura estaba corriendo por hacerle justicia a su padre. –Necesito tu testimonio. –dijo Sakura. Kaho se giró para coger su teléfono móvil. –Si no te marchas, llamaré a Hien ahora mismo. –amenazó Kaho. –No lo llamarás. No lo harás porque no te has olvidado de mi padre. –¿De qué estás hablando?¿Cómo puedes estar tan segura de eso? –Por el reloj de bolsillo que siempre estás mirando. –Sakura introdujo su mano en el bolsillo y sacó el reloj dorado. –Siempre que estás a solas te pones a mirarlo. Pero en realidad no miras la hora, sino la inscripción que tiene grabada: Mañana será un día mejor.Durante estos quince años, lo que te ha mantenido con fuerza para seguir cuidando de tu marido han sido las palabras de mi padre. Flashback. Kaho Mizuki estaba destrozada. Su marido acababa de sufrir un nefasto accidente de ascensor por salvarla a ella. El sentimiento de culpa no la dejaba vivir. Además, era poco probable que su marido despertara y no sabía cómo se las arreglaría para trabajar y cuidar a su marido sin ninguna clase de apoyo. –Kaho, quédate este reloj. –le dijo Fujitaka al visitar a su compañera en la habitación donde yacía su marido mientras le ofrecía un reloj de bolsillo dorado. –No importa lo desesperante que la situación pueda llegar a parecer, estoy seguro de que algo cambiará con el tiempo. Ten paciencia. Encuentra algo que te haga feliz cada día, aunque sea algo pequeño, y vive día a día. Si puedes hacer eso, mañana será un día mejor. Kaho se emocionó con aquellas palabras. Fin del flashback. Al igual que aquel día de hacía quince años, Kaho volvió a emocionarse al recordar aquel momento y las lágrimas amenazaban con caer. En aquel entonces, Fujitaka fue la única persona que le transmitió algo de apoyo y esperanza, y con ese reloj con la inscripción, el padre de Sakura se aseguró de que aquella esperanza permaneciera en el tiempo. –Hazlo por la memoria de mi padre. Ayúdame. –dijo Sakura haciendo una inclinación. Kaho miró a su marido con los ojos llorosos y después le pidió a Sakura salir al patio. Kaho accedió a darle una explicación. De todas formas ya lo sabía todo. –El día después de que se supiera que Touya sería un paciente de larga duración, el Profesor Li contactó conmigo por medio de un correo electrónico. En él me pedía que le consiguiera catecolamina para el día siguiente y que me asegurara de no dejar registros. Yo sólo hice lo que me pidió. Estaba demasiado asustada como para preguntarle para qué la quería. Al día siguiente, Fujitaka murió. Cuando vi que se lo llevaban sangrando en una camilla hacia el quirófano me di cuenta de para qué la quería y que cometí un error irreparable. Pero no se lo podía decir a nadie. Estaba aterrorizada por perder a mi marido. –¿Tienes algo que pruebe lo que me acabas de contar? –preguntó Sakura. –Sí. El correo electrónico que me envió Hien fue enviado desde un ordenador del hospital. Lo guardé en una tarjeta SD. Ven a verme frente a mi apartamento mañana a las seis de la mañana. Te la daré para que la uses como quieras. –Muchas gracias. –agradeció Sakura. Después sacó el reloj de bolsillo. –Esto es tuyo. –¡Espera! –la llamó Kaho cuando Sakura emprendió el camino de vuelta. –Todo este tiempo ha habido algo que quería decirte. Me prometí a mí misma que si alguna vez conocía a la hija de Fujitaka Kinomoto, debía disculparme con ella. Así que te pido perdón por haberte arrebatado a tu maravilloso padre. Lo siento. Sakura volvió la mirada y vio a Kaho con la cabeza gacha por la reverencia. –Cuida de ese reloj, por favor. Creo que es lo que mi padre hubiera querido. –dijo Sakura. Kaho abrió el reloj y volvió a ver la inscripción. Luego miró a Sakura, cuyo rostro le devolvía una sonrisa amable que le recordó a las que alguna vez le ofrecía Fujitaka. Entonces supo que estaba perdonada.

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Meiling estaba decidida a investigar más a Sakura. Según le dijeron por teléfono, no constaba ninguna Sakura Asumi entre los alumnos egresados, por lo que decidió personarse directamente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Toto y pedir el anuario de antiguos alumnos de la promoción de Sakura. Tras revisar durante un rato el anuario, por fin vio su fotografía, pero la foto no correspondía con el nombre que ella conocía. Acababa de descubrir que el verdadero apellido de Sakura no era Asumi, sino Kinomoto. Tras ese gran descubrimiento, llamó por teléfono. –¿Profesor Li?

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Sakura acudió puntual al apartamento de Kaho Mizuki, pero diez minutos habían pasado y Kaho no dio señales de vida. Al ver que no salía, decidió tocar el timbre, pero tampoco abría nadie. La castaña probó suerte y vio que la puerta estaba abierta, pero el apartamento estaba completamente vacío. Ante aquel panorama, salió corriendo hacia el hospital y se dirigió directamente hacia la habitación de Touya Mizuki temiéndose lo peor. El mundo se le vino abajo al ver que la habitación estaba libre y recogida. Se había expuesto para nada. –Kaho ya no está en este hospital. –dijo Hien. –Tanto ella como su marido han sido trasladados a un hospital en una zona más rural. Qué pena, ¿no? ¿Sakura Kinomoto? Entonces le mostró una tarjeta SD que rompió ante sus ojos. –En cuanto a tu futuro, ya hablaremos. Continuará…
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