La espina de Alicia

Gen
NC-17
Finalizada
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137 páginas, 71.981 palabras, 10 capítulos
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7. Sin pruebas, la verdad no existe.

Ajustes
Esta vez, Sakura sí perdió toda esperanza. Hien Li se aseguró de destruir todas las pruebas, y además, había descubierto su verdadera identidad. –Entonces, ¿ha descubierto que eres hija de Fujitaka? –preguntó Yue mientras caminaba nervioso en la buhardilla del apartamento de Sakura. –Li me despedirá con toda seguridad y eso me hará todavía más difícil acercarme a él. –dijo Sakura, que se sentía como un león enjaulado. –Pero todavía no tenemos ninguna prueba que llevarle a la policía, incluyendo la posibilidad de que se deshiciera de Eriol Hiragizawa. –dijo Yue. –¿Qué podemos hacer? –Hay una cosa que podemos hacer. –dijo entonces Sakura. –Entregarle los informes de la operación a Yuna D. Kaito. –¿A Kaito? –La filosofía de Kaito es totalmente opuesta a la de Li y siempre ha intentado estar al tanto de lo que hace por su falta de ética profesional. –explicó Sakura. Entonces fue a la pared de las fotografías y cogió la de Kaito. –Podría ser él quien tomara cartas en el asunto para sacar a relucir la verdad. –No estoy de acuerdo. –dijo Yue para sorpresa de la castaña. –No te apresures en confiar en alguien del hospital. –No me importa que sea Kaito u otra persona. Me aprovecharé de quien tenga en su mano el poder para esclarecerlo todo. –dijo Sakura. –La única persona en quien puedo confiar en el hospital… –Me opongo. –insistió Yue. –Estás siendo demasiado blanda. No me fío de Kaito.

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–Gracias por esperar. Aquí tienes nuestro nuevo plato: pastel de cordero. –le dijo Kero a Sakura con su entusiasmo habitual. Que aproveche. –Vino. –pidió Sakura con la boca llena. –Además, este plato viene con una salsa de arándanos espectacular. –dijo Kero haciendo caso omiso a la petición de Sakura. –¡Vino! –insistió Sakura. –Está bien. –dijo Kero al verse cortado por la castaña. –Por cierto, ¿dónde está Yue? –¿Cómo voy a saberlo? –dijo Sakura. Tras servirle el vino, Kero volvió desanimado a la cocina. –No se lo tengas en cuenta. –le dijo Chiharu.

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Yue estaba en la barra de un bar de aspecto elegante acentuado por su luz tenue. En ese momento sólo estaban el camarero, él, su whisky y sus pensamientos. Pensamientos que le llevaban a su hermano Yukito. Fue entonces que entró una mujer de aspecto elegante y sofisticado que él conocía bien. –Kir Royal, por favor. –pidió la mujer, vestida con un sexi vestido rojo y peinada con un moño, como solía ser habitual en ella. –Enseguida. –dijo el camarero. Al escuchar su voz, Yue miró a su derecha sin poder creer quién estaba allí. –¿No eres Yue Tsukishiro, el periodista? –preguntó Madoushi. –Qué sorpresa. ¿Cómo has estado, Dra. Madoushi? Estás como siempre. –dijo Yue, que desde que se vio obligada a dejar el hospital no volvió a saber nada de ella. Cuando el camarero le puso su cóctel, chocó su copa con la de Yue. –Gracias. –¿Dónde trabajas ahora? –preguntó Yue. –En la Clínica de Cirugía Estética Saotome. –respondió Madoushi. –Vaya, es una gran clínica. –Al director de la clínica siempre le gustó mi habilidad como cirujana y me ofreció el empleo. –explicó Madoushi. –Entre tú y yo. Me pagan cuatro veces más de lo que me pagaban en el Hospital Universitario de Tomoeda. –Vaya. –dijo Yue impresionado. –Probablemente esté mal que yo lo diga, pero quizás, haber dejado el hospital haya sido lo mejor. Al fin y al cabo, he salido ganando con el cambio.

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–Sí, todo está controlado. –dijo Hien en el teléfono. –Ya estoy en casa. –dijo Shaoran llegando a su casa. –Shaoran, trae a tu chica a casa un día de estos. –dijo Hien antes de que su hijo subiera a su cuarto. –¿Qué? –preguntó Shaoran sin esperar aquella petición por parte de su padre. –Te hablo de Sakura Asumi. –dijo Hien. Shaoran sabía que hablaba de ella desde el principio, pero realmente no se lo esperaba. –Me gustaría mantener una charla distendida con ella. –De acuerdo. –dijo Shaoran contento. ¿Significaba eso que aceptaba a Sakura como novia? Shaoran estaba tan emocionado que en cuanto subió a su habitación llamó a Sakura para decírselo. –¿El Profesor Li me invita a tu casa? –preguntó Sakura. –Sí, parece que quiere conocerte en un ámbito que no sea el laboral. A mí también me ha pillado por sorpresa. ¿Ocurre algo? –preguntó Shaoran al no tener respuesta de Sakura. Lo que él no sabía era que ella estaba mirando la fotografía de Hien y su hijo. –No, nada. –Ya sé lo que te pasa. Crees que es un poco pronto para presentarte a mis padres. Pero no importa, podemos esperar un poco más. –No, no te preocupes. Allí estaré. –dijo Sakura. –Yo también estoy deseando conocer a tus padres.

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Sakura no se esperó recibir la llamada de Shaoran diciéndole que su padre quería charlar con ella. Desde que descubrió su identidad pensó todo el tiempo que tarde o temprano la llamaría a su despacho. Entretanto, miró las dos versiones del informe de su padre y la voz de Yue diciéndole que no confiara en Kaito, pero ¿qué otra cosa podía hacer?

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El Dr. Yamazaki y el Dr. Tanaka caminaban contentos por el hospital portando orgullosos una invitación para un premio que le iban a conceder a Hien Li. –Estoy muy orgulloso de que nos llevemos bien con el Profesor Li. ¿Te das cuenta de que gracias a eso nos ha dado esta invitación para el Premio de la Sociedad de Cirugía? –dijo Yamazaki. –Sí, es como si tuviéramos la aprobación de Li. –dijo Tanaka. –Sí, y además habrá una gran fiesta. Creo que el Profesor Li le ha sacado una gran ventaja al Profesor Kaito para la dirección del hospital. –dijo Yamazaki. Sakura escuchó la conversación al cruzarse con ellos. A pesar de esa ventaja, Sakura fue al despacho de Kaito y le mostró las dos versiones del informe de su padre. –¿Cómo has conseguido esto? –preguntó Kaito tras ver ambos informes. –Lo encontré mientras ordenaba una pila de documentos en el archivo. –mintió Sakura. –¿Lo que intentas decirme es que esto es la prueba de una negligencia médica ocultada? –preguntó Kaito. –No. Se hizo para que pareciera un error médico, pero fue un asesinato. –dijo Sakura con seguridad. –¿Qué? –preguntó Kaito sorprendido por la contundencia de Sakura. –El Profesor Li mató a Fujitaka Kinomoto.

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Meiling no se quitaba de la cabeza el nombre de Sakura Kinomoto, pero lo cierto es que le sonaba haberlo escuchado antes. Necesitaba saber por qué falsificó su verdadero nombre. Fue entonces que recordó la conferencia de prensa que ofreció Eriol Hiragizawa. Quizás el apellido Kinomoto le sonaba porque aquella conferencia fue relativamente reciente y el principal afectado por las declaraciones del abogado fue la propia institución. Por eso, en un receso, buscó con su móvil el vídeo de la conferencia de prensa. Necesitaba asegurarse. –La razón por la que he convocado esta conferencia de prensa es para contaros la verdad sobre un incidente que ocurrió hace quince años.–comenzó diciendo Eriol. –Se trata de un caso de robo y venta de medicamentos del Hospital Universitario de Tomoeda. Dicho hospital identificó al pediatra Fujitaka Kinomoto como el culpable. Sin embargo, después de haber realizado una exhaustiva reinvestigación, he podido probar que la acusación del hospital no tenía fundamentación alguna. Debido a la desinformación provocada por el hospital, el honor del Dr. Fujitaka Kinomoto, que realmente era inocente, fue pisoteado. Como abogado del hospital que he sido durante tantos años, me siento profundamente avergonzado y buscaré siempre la verdad. Aprovecho esta oportunidad para pedirles disculpas desde lo más profundo de mi corazón a los familiares y amigos del Dr. Fujitaka Kinomoto. Eriol se levantó y realizó una reverencia de disculpas. –Fujitaka Kinomoto. –musitó Meiling pensativa. Lo primero que se le vino a la cabeza era que ese tal Fujitaka Kinomoto fuera algún familiar de Sakura.

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–Perdona que te lo diga, pero me parece algo difícil de creer. –dijo Kaito cuando Sakura le explicó lo esencial de todo lo que había descubierto, evidentemente, sin mostrar su verdadera identidad. –Pero Kaho Mizuki, la enfermera de quirófanos me confesó que la dirección de correo que utilizaron para pedirle el fármaco era la del Profesor Li. –¿Eso te dijo? –Sí. –La única prueba para demostrarlo era el correo electrónico que el Profesor Li le envió a Kaho. Pero el Profesor Li ya ha destruido la tarjeta SD que almacenaba ese email. –explicó Sakura. –¿Sabes desde dónde enviaron ese correo? –preguntó Kaito. –Kaho me dijo que lo enviaron desde un ordenador del hospital. Por lo visto venía con la cuenta de correo corporativa. –dijo Sakura. Kaito se levantó y se mostró pensativo. –Soy amigo del jefe del Departamento de Informática. Quizás pueda recuperar ese email de forma secreta. –¿De verdad? –Dame un poco de tiempo. –dijo Kaito. –Gracias de antemano. –dijo Sakura pensando que quizás, después de todo, sí que pudiera hacerle justicia a su padre.

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Cuando Sakura salió del despacho de Kaito y volvió a su departamento, se cruzó con el Profesor Li a la altura del control de enfermería. –Señorita Asumi. –dijo Hien empleando su apellido falso. –¿Sí? –¿Te ha dicho mi hijo que estás invitada a cenar en mi casa? –preguntó Hien. –Sí. Gracias por la invitación. –dijo Sakura en lo que era un cruce de miradas con tensión disimulada. –Lo estoy deseando. –dijo Hien. –Yo también. –dijo Sakura sonriendo, una sonrisa que desapareció en cuanto Hien se dio la vuelta. Meiling, que estaba por allí con un carro con material percibió cierta tensión. Era como si se estuvieran desafiando.

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–Profesor Li, ¿puedo pasar? Soy Meiling. –dijo la enfermera a las puertas del despacho de Hien. –Claro, pasa. Me has sido de gran ayuda. –reconoció Hien, cosa que no era muy común en él. Meiling sabía que ese reconocimiento era por aquella llamada que le hizo desde la universidad. Flashback. –¿Profesor Li? –llamó Meiling desde la universidad de Toto. –He descubierto que el nombre de Sakura en la universidad no era Sakura Asumi, sino Sakura Kinomoto. Fin del Flashback. –Profesor, ¿de casualidad Sakura es hija de Fujitaka Kinomoto, el médico que robó y vendió fármacos del hospital? –preguntó Meiling. –Sí. –admitió Hien sentándose en el sofá de su despacho. –Entonces, ¿la razón por la que vino a este hospital fue para tomar represalias por las acusaciones falsas hacia su padre? –preguntó Meiling, que había atado cabos. –¿Acusaciones falsas? ¿Eso lo has sacado de la conferencia de prensa que dio Eriol Hiragizawa? Espero que no te estés tomando en serio las palabras de ese delincuente. –No, no es eso. –dijo Meiling sentándose frente a Hien. –Mira, Sakura guarda un rencor irracional e injustificado contra este hospital por lo que le ocurrió a su padre. Ella sólo se ha acercado a mi hijo para sonsacarle información sobre mí. –explicó Li. –¿Cómo? –Está utilizando a mi hijo. –¿Y se lo ha dicho a Shaoran? –preguntó Meiling. –No. Aunque se lo diga seguramente no me crea. –dijo Hien fingiendo pesar. Después miró a Meiling. La caña ya estaba tirada. Quizás, al haberle dicho eso, Meiling actuara por su cuenta y fuera ella misma la que le abriera los ojos a su hijo.

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–Te he traído taiyaki.–dijo Yue sentado en un banco mientras esperaba el descanso de Sakura. –Cómelo mientras esté caliente. Sakura aceptó la bolsita y se sentó a su lado. –¿Pensamos en algo? –preguntó Yue para intentar darle una solución al caso. –Ya se lo he contado al Profesor Kaito. –confesó Sakura, a sabiendas de que esa opción no le gustaba nada a Yue, aunque todavía no entendía por qué. –¿Qué? –Ahora mismo debe de estar intentando recuperar el email que le envió el Profesor Li a Kaho Mizuki. –dijo Sakura. –Te dije que no lo hicieras. –dijo Yue con molestia. –¿Por qué lo has hecho? –¿Y tú?¿Por qué te cuesta tanto confiar en Kaito? Hay algún motivo, ¿verdad? Tras tragar saliva, Yue decidió contarle la verdad. Una verdad que no le había contado a nadie. –El cirujano que realizó la última operación de Yukito fue Yuna D. Kaito. Yukito tenía una enfermedad del hígado muy severa. Tu padre era su médico, pero aquel día en concreto estaba en un congreso. Cuando me llamaron para decirme que su estado se había complicado de forma repentina, la cirugía ya estaba en marcha. Tu padre me dijo que la recuperación era posible, pero Kaito me dijo que hizo todo lo que pudo, pero que era demasiado tarde. Después de la operación, Yukito murió. ¿No crees que es raro? Y esa no es la única razón. –¡Entiendo por qué albergas ese sentimiento enfermizo, pero yo me quedo sin tiempo! –interrumpió Sakura. –Pero deberías ir sobre seguro, Sakura. –insistió Yue. –Li me ha invitado a cenar esta noche en su casa. –dijo Sakura. Entonces, Shaoran vio a Sakura a través de la puerta, pero parecía estar manteniendo una conversación muy seria con el periodista que siempre andaba rondando por el hospital y no quiso interrumpir, por lo que decidió acercarse lentamente. Lo que Shaoran no esperaba era oír lo que estaban a punto de decir. –¿Piensas ir? –preguntó Yue un tanto alterado. –¡Es la casa de un asesino! –¿Sakura? –dijo Shaoran. –¿De qué estáis hablando? Aunque a Sakura se le heló la sangre, no estaba segura de si Shaoran había escuchado lo último que dijo Yue, por lo que decidió distraer la atención disimulando. –¿Querías verme? –preguntó Sakura de forma amable. –No. Quiero decir… sí. Siempre quiero verte. –dijo Shaoran muy nervioso. –Sólo quería saber si podías pasar a ver a Nakuru Akizuki cuando tengas un poco de tiempo. –Claro. –dijo Sakura. –Voy en un rato.

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Tras la conversación con Sakura, Yue salió por el patio del cerezo para marcharse. Allí había una joven de unos veinte años en silla de ruedas hablando por teléfono. Su cabeza estaba protegida por un sombrero. –En serio, mamá. Estoy bien. No hace falta que te preocupes tanto. –decía la joven. –Estoy bien, te preocupas demasiado. Yue se detuvo porque eran prácticamente las mismas palabras que le decía su hermano a él. Pero no lo podía evitar. Sólo se tenían el uno al otro. Entonces, tras una ráfaga de aire, el sombrero voló de su cabeza, dejando al descubierto un rostro amable que miraba al voladizo sombrero. La joven se dio la vuelta con la silla para ir hacia el sombrero. –Ya te lo recojo yo. –dijo Yue yendo hacia el sombrero. Cuando lo cogió, vio que en el ala interna del sombrero estaba cosido con hilo azul el nombre de la chica: Akiho. –Gracias. –dijo la muchacha cuando aquel hombre se lo recogió. Entonces, la joven se encogió un poco. –¿Estás bien? –Es porque acabo de salir de la diálisis. –dijo Akiho con un poco de molestia. –¿Tienes una enfermedad renal? –preguntó Yue. –Sí. Glomerulosclerosis focal. –dijo la joven. –Sí, creo que he oído hablar de eso. –¿En serio? –preguntó la joven, extrañada de que alguien conociera esa enfermedad con el nombre complicado que tenía. –Sí. Lo creas o no, soy periodista especializado en asuntos médicos y sanitarios. –dijo Yue. –Me imagino que estás ingresada en este hospital. –Sí, pero confío en curarme algún día, aunque es una confianza sin ninguna base racional. –dijo Akiho. –Yo también creo en eso. Al diablo con las bases racionales. –dijo Yue devolviéndole el sombrero mientras le sonreía.

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Meiling fue en busca de Shaoran, al que encontró buscando unos libros en la biblioteca del pasillo del Departamento de Pediatría. –Shaoran. –Hola, Meiling. –¿Vas a salir con Sakura? –preguntó Meiling tras un silencio que a la enfermera le costó romper. –¿Eh? Sí. –admitió Shaoran sonrojándose. –No creo que debas fiarte de ella. –dijo Meiling. –¿Qué quieres decir? –He averiguado algunas cosas sobre Sakura a petición de tu padre y… –Un momento. –la interrumpió Shaoran. –¿Mi padre te pidió que investigaras a Sakura? –Yo solo… –Mira, no sé qué te ha pedido mi padre ni qué pretende, pero él no tiene nada que ver con nosotros. –dijo Shaoran, dejando a Meiling allí parada. Meiling se llevó la mano a la cabeza. Shaoran estaba más enamorado de lo que pensaba y temía que al final acabaran rompiéndole el corazón. Tras lo que dijo Meiling, Shaoran fue a la habitación de Nakuru y se quedó allí mirándola un rato con el único sonido del monitor, hasta que Sakura entró, tal y como le había prometido. –Eh, Nakuru. Sakura ha venido a verte. –le dijo Shaoran en voz baja. A Sakura se le rompió el corazón al ver a Nakuru así. Ella la recordaba como una niña muy vital y bromista que siempre llevaba de cabeza a Shaoran y siempre lo empujaba para que acabaran abrazados. Pero aquella imagen distaba mucho de la que se encontró allí. Nakuru estaba quieta en la cama, llena de monitores, vías y un tubo por la nariz. –¿Qué querías enseñarme? –preguntó Sakura sonriéndole a la niña y colocándose a los pies de la cama. –Está en ese cajón. –dijo ella mirando a su derecha. Al abrir el cajón, vio un examen con la máxima nota. –¡Felicidades!¡Es genial! –dijo Sakura. –Supongo. –dijo Nakuru sonriendo. –¿Se lo has agradecido a Shaoran? –preguntó Sakura. –¿Qué? –Aunque no te hayas sentido muy bien últimamente, el que siempre ha estado a tu lado y te ha ayudado a estudiar ha sido él. –argumentó Sakura. –Supongo. –admitió Nakuru. Después miró a Shaoran. –Gracias, Residente. –Deja de llamarme así. –dijo Shaoran sonriéndole. Después cogió el mando de la videoconsola que le había instalado allí. –¿Echamos una partida? –Gracias por visitarle. –dijo Shaoran una vez fuera de la habitación. Sólo habían podido echar una partida corta, puesto que Nakuru no se sentía con demasiadas fuerzas. –No hay problema. –Oye, sobre lo de esta noche, quizás debamos dejarlo para otro día. –dijo Shaoran. –¿Por qué? –Lo que quiero decir es que no estoy seguro de por qué mi padre te ha invitado. Puede llegar a ser muy brusco y quiero evitarte pasar por un rato desagradable. –No me importa. Creo que es natural que un padre sienta curiosidad por la novia de su hijo. –Está bien. Como quieras. –aceptó Shaoran. –Pero quiero que sepas que diga lo que diga mi padre, mis sentimientos por ti no cambiarán.

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–¿Alguna vez has oído hablar de la glomerulosclerosis focal? –le preguntó Yue a un compañero de la redacción. –Sí. Normalmente se trata con esteroides, pero si no resulta efectivo, el paciente necesita un trasplante. No es una enfermedad que realmente tenga tratamiento. –explicó el compañero periodista. –¿Por qué la pregunta? –Sólo curiosidad. –dijo Yue. Realmente y sin saber por qué, Akiho le había despertado cierta curiosidad. –Yue, tienes una llamada de Madoushi, de la Clínica Saotome. –avisó otro periodista.

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Por fin llegó la noche en la que Sakura cenaría con la familia Li. La joven estaba deseosa por saber qué era lo que le tenía que decir el cabeza de familia y ella sabía que Hien sentía exactamente lo mismo. Ajeno a la tensión entre Hien y Sakura se encontraba Shaoran, que cuando vio a Sakura puntual en la puerta de su casa le ofreció una tierna sonrisa. –Pasa. –le indicó Shaoran. –Hola. –saludó Sakura. –Así que tú eres Sakura. –dijo Ieran, la madre de Shaoran, que también fue a darle la bienvenida al recibidor de aquella casa enorme. Ieran era una mujer de porte distinguido. La ojiverde notó el gran respeto que Shaoran tenía por su madre con su sola presencia, pero a Sakura le transmitió calidez, por lo que intuía que era una mujer severa pero que se preocupaba por su hijo. –Me alegro de conocerte. ¿Quién me iba a decir que Shaoran traería a una señorita tan dulce y encantadora? Por aquí, por favor. Fue entonces cuando Hien Li hizo acto de presencia bajando del piso de arriba. –Te estaba esperando. –dijo Hien. –Buenas noches. –saludó Sakura. Shaoran acompañó a Sakura hasta el comedor. Su apartamento podría caber perfectamente en aquella estancia presidida por una mesa que para Sakura le resultaba demasiado grande para cuatro personas. –Sakura, ¿hay algo que no te guste o no puedas comer? –preguntó Ieran mientras Shaoran, caballeroso, le apartaba la silla para sentarse. –No. –negó Sakura. –Me alegro de oírlo. Espero que disfrutes de la cena. –dijo Ieran mientras le servía un plato, aunque ningún Li se había sentado todavía. –Nunca había visto a mi madre tan amable con alguien. –le susurró Shaoran mientras se dirigía a la silla de enfrente. –¿Champán? –preguntó Hien entrando al comedor. Aunque sin dejar que contestara, él ya le estaba sirviendo. –Gracias. –dijo Sakura. –¡Salud! –dijo Hien una vez que estaban todos sentados. –¡Salud! –dijeron los demás. Hien y Sakura se estudiaron con la mirada antes de beber de sus respectivas copas. –Dime, Sakura. ¿Cómo es tu familia? –preguntó Ieran ajena a todo lo concerniente a la novia de su hijo. –Mi padre era médico. –¿De verdad? –preguntó Shaoran, consciente de que no sabía mucho más que su madre, aunque realmente no había tenido oportunidad de conocerla mucho. –¿Y cómo era? –Tenía un gran corazón. –dijo Sakura. Entonces se escuchó el sonido del horno que alertaba de que el plato principal ya estaba casi listo. –Voy a ver cómo va el pastel. Es mi especialidad. –dijo Ieran levantándose para ir a la cocina a por él. –¿Y qué hace ahora tu padre? –preguntó Shaoran. –Mi padre murió hace quince años. –respondió Sakura. –Lo siento mucho. –dijo Shaoran. –¿Estaba enfermo? –No. Murió por una causa más irracional. –tras decir eso, Shaoran vio la mirada que Sakura le echó a su padre. –Shaoran. ¿Puedes traer una botella de vino de la bodega? –le dijo Hien a su hijo para poder estar a solas con Sakura. –Pero…–comenzó a decir Shaoran. El joven castaño sintió que entre su padre y su novia existía cierta tensión. –Por favor. –interrumpió Hien. Finalmente, Shaoran se fue hacia la bodega preocupado. –Quería tener una charla distendida contigo. –dijo Hien una vez que se quedaron solos. –Yo también. –Sé que eres la hija de Fujitaka Kinomoto. –comenzó a decir Hien mientras Sakura comenzaba a cortar la comida del entrante y a comerlo. –También sé que has venido al hospital a vengarte. Madoushi, Terada y Eriol. Aunque lo pueda parecer, no soy una persona estrecha de miras. Si presentas tu dimisión del hospital de forma voluntaria, dejaré que el pasado se quede en el pasado. Si por otra parte insistes en quedarte en el hospital, te entregaré a la policía. –Profesor, ¿recuerda lo que me dijo una vez? –preguntó Sakura. –Si no hay pruebas, la verdad no existe. Le devuelvo esa frase. ¿Dónde está la prueba de que he entrado en el hospital para vengarme? Le repito: si no hay pruebas, la verdad no existe. –Márchate.

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A Yue le sorprendió la llamada de Madoushi pidiéndole que fuera al mismo bar en el que coincidieron la otra noche. Cuando llegó, ella ya estaba en la barra esperando tomando un cóctel de una copa tan elegante como ella. Como siempre, iba elegantemente vestida y maquillada. –Buenas noches. –saludó Madoushi. –Buenas noches. Una cerveza, por favor. –pidió Yue mientras se acomodaba. –Enseguida. –dijo el camarero. –¿Qué pretendes? –preguntó Yue. –Sólo quería tomar una copa contigo. –respondió Madoushi. –Lo siento, pero no me suena nada sincero. –dijo Yue con media sonrisa. –El encuentro del otro día no fue una coincidencia, ¿verdad? Has estado vigilando frente a la casa de Sakura, me viste salir, me seguiste hasta aquí e hiciste ver que nos encontramos de casualidad, ¿me equivoco? El motivo por el que me has llamado hoy es para obtener información de Sakura, ¿cierto? Te echaron del hospital por ella. En resumen: Sakura Kinomoto se ha convertido en tu objetivo. –Tienes mucha imaginación. –dijo Madoushi riendo. –Lo has hecho sonar como si estuviera planeando un ataque en la oscuridad. –No tiene gracia. –Lo siento, pero a día de hoy me siento más plena que nunca. –dijo Madoushi. –Tengo un trabajo satisfactorio y vivo en un ático de un rascacielos impresionante. Además, sólo me interesa estar en primer plano. Un ataque en la oscuridad no va conmigo. Al decir eso, Madoushi acarició su copa, y algo llamó la atención de Yue. En aquel gesto percibió algo que no le cuadraba, pero no sabía bien qué era.

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Cuando Hien le dijo a su mujer que Sakura se marchaba porque no se sentía bien, se dispuso a cubrir la cena que estaba hecha en film transparente para poder aprovechar la comida. Cuando Shaoran llegó de la bodega y vio que Sakura no estaba, supo de inmediato que era por culpa de su padre. –¿Por qué has hecho que se marchara? –preguntó Shaoran. –Rompe con ella. –exigió Hien mientras fumaba un cigarro y sin ocultar que fue él quien la echó. –¿Por qué? –insistió Shaoran. –La razón no importa. La enviaré a un hospital de pueblo. –dijo Hien. –¡¿Se puede saber qué te pasa?! –preguntó Shaoran, que nunca había hablado así a su padre. –¿Es cierto que le has pedido a Meiling que la investigue?¿Qué es lo que no te gusta de ella?¿Por qué no la quieres cerca? Pero Hien seguía impasible fumándose el cigarro. –¿Acaso eres tú el que ha hecho algo? –preguntó Shaoran. –¿Es eso? –Eso es absurdo. –dijo Hien apagando el cigarro en el cenicero. –Me voy de esta casa. –dijo Shaoran. Amaba a Sakura por encima de todo y la actitud de su padre no le gustaba nada. Por eso, entre Sakura y su padre, elegía a Sakura. Lo sentía mucho por su madre, pero Shaoran estaba harto de tener un padre tan distante y que parecía guardar oscuros secretos. Tras la discusión con su padre, Shaoran fue corriendo hacia la parada de autobús más cercana con la esperanza de que Sakura aún estuviera allí. Por suerte, estaba sentada esperando el autobús. –Sakura. –dijo Shaoran llegando hasta ella. Al verlo llegar, Sakura se levantó del banco para estar frente a frente. –Siento la actitud de mi padre. –No importa. –dijo ella restándole importancia. –Tiene una idea equivocada de ti. –dijo Shaoran. Después miró el horario de autobuses en la marquesina. –El autobús llegará pronto. Sakura volvió a sentarse y Shaoran también lo hizo a su lado. –¿Sabes? Tengo un sueño. Cuando acabe la residencia quiero ser médico en una clínica móvil. –confesó Shaoran. –¿En una clínica móvil? –Sí. Es como una ambulancia medicalizada que da servicio a zonas rurales más despobladas y pueblos donde el hospital queda un poco más lejos. –explicó Shaoran. –Pensé que querrías seguir en el hospital universitario. –Gracias a Nakuru me di cuenta de que en vez de quedarme en el hospital, quiero practicar un tipo de medicina en la que de verdad pueda conocer a los pacientes. Es el futuro por el que quiero luchar. –dijo Shaoran. Sakura no podía evitar pensar en lo diferentes que eran Hien y Shaoran, a pesar de que físicamente se parecían. –¿Qué pasa, Sakura? –preguntó el joven al ver un deje de tristeza en su novia. Entonces se escuchó el móvil de Sakura. –Disculpa un momento. –dijo Sakura levantándose para hablar con más privacidad. –¿Diga? –He recuperado el email. Es tal y como decías. –dijo Kaito acabando de imprimir el correo. –Las direcciones de correo, la fecha y el contenido no dejan lugar a dudas. Con esto, ni siquiera el Profesor Li podrá negarlo. –De acuerdo. Estaré allí mañana. Shaoran se acercó a ella cuando entendió que había colgado. –Sakura. Lo siento, estoy sudando como un cerdo, pero porque estoy muy nervioso. Quiero decirte que quiero ser lo suficientemente fuerte como para protegerte. –dijo Shaoran. –En cuanto acabe la residencia me iré de casa. ¿Vendrías conmigo? –Me decepcionas. –dijo Sakura de repente dándose la vuelta, porque temía que si lo miraba a los ojos no podría decirle lo que le iba a decir. –Pensé que formarías parte de la élite del hospital. ¿Una clínica móvil?¿Conocer a los pacientes? No pensaba que fueras una persona con ideas tan infantiles. –¿Bromeas, no? –preguntó Shaoran. Sakura se giró haciendo un gran esfuerzo para mirarlo para obtener una mayor credibilidad. –¿Recuerdas lo que me dijiste? Me dijiste que para ti era importante conocer a cada paciente y me animaste a ser un médico con un estilo con el que me sintiera cómodo. –Te mentí. –dijo Sakura mientras el autobús se paraba junto a ellos. –Sólo me acerqué a ti por ser el hijo del Profesor Li, pero has resultado ser una decepción. Adiós, Shaoran. Sin decir nada más, Sakura se subió al autobús dejando a Shaoran con el corazón destrozado.

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Cuando Sakura llegó a su apartamento se apoyó en la pared y se dejó caer consciente de que le había hecho daño a la persona que menos se lo merecía en el mundo. Shaoran era la bondad personificada. Incluso estaba dispuesto a abandonar a su familia para perseguir su sueño junto a ella, porque estaba segura de que su estricto padre se opondría. En cierta manera, la bondad de Shaoran le recordaba mucho a la de su propio padre. Pero al saber que al día siguiente dispondría de las pruebas para hacer caer a Hien, no tenía sentido alargar lo que era inevitable. Y para ello tuvo que actuar como una persona horrible y hacerle creer que se había acercado a él por interés, aunque en realidad, era lo más sincero que le había dicho a Shaoran desde que se conocieron, a la par que cruel. Pero no estaba dispuesta a involucrar o utilizar más a Shaoran en su venganza personal.

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–Aquí tienes el correo electrónico impreso. También está en ese cd. –dijo Kaito. –Muchas gracias. –dijo Sakura, pero cuando fue a cogerlo, Kaito lo apartó. –Antes de dártelo, quiero preguntarte una cosa. –dijo Kaito. –Me dijiste que oíste hablar de este email por Kaho Mizuki, la enfermera de quirófano, ¿verdad? –Sí. –Y que estaba siendo amenazada por el Profesor Li y se mantuvo callada hasta ahora. –continuó Kaito. –Sin embargo, te lo confió a ti. ¿No te resulta extraño?¿Por qué confiaría sólo en ti en algo que no le dijo a nadie? Sakura no sabía qué responder a eso. –Bueno, no importa. –reculó Kaito al ver la incomodidad de la joven doctora. –Simplemente acabo de recordar que Fujitaka Kinomoto y Kaho Mizuki eran muy amigos. Por eso pensaba que tú eras una persona especial para Fujitaka y que por eso Kaho te lo confesó. –¿Una persona especial? –Familia, por ejemplo. –dijo Kaito. –Si no recuerdo mal, Fujitaka tenía una hija que a día de hoy rondará tu edad. –No entiendo qué me quieres decir. –dijo Sakura. –Recuerdo que me dijiste que tenías una amiga a la que adoptaron. ¿Hablabas de ti misma? –preguntó Kaito. –Te adoptaron, descubriste que había una negligencia médica que ocultaron, cambiaste tu nombre y empezaste a trabajar en este hospital. Es fácil de comprobar, pero quiero que me respondas con honestidad, ¿eres Sakura Kinomoto? –Sí. –dijo Sakura. Kaito era muy perspicaz y ya no tenía sentido ocultarlo más. Tarde o temprano podría verificarlo. –¿Fuiste tú quien hizo que la Dra. Madoushi y el Dr. Terada dejaran el hospital? –preguntó Kaito. –No sé de qué me hablas. –mintió Sakura, que no pudo evitar ocultar más su identidad ante él, pero no estaba dispuesta a dar más detalles, especialmente si no podía obtener pruebas de ello, aunque en el fondo sabía que Kaito no se había creído aquella respuesta evasiva. –Está bien. –dijo Kaito entregándole el email con el cd. –Simplemente espero que seas prudente. Confío en ti, y sé que no harás nada que me decepcione. Cuando Sakura tuvo en sus manos las pruebas que necesitaba, hizo una reverencia a Kaito y se sintió como si se hubiera quitado un gran peso de encima. Ahora ya sólo faltaba dejar a Hien en evidencia.

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Yue se pasó toda la mañana en la redacción pensando en Madoushi. A pesar de lo que le dijo en el bar, no le dio buena espina. Además, también había algo que no le cuadraba cuando la vio acariciar su copa de manera elegante. Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que era. Sus uñas no estaban muy bien pintadas. Había alguna zona fragmentada. ¿Sería posible que alguien tan coqueta, presumida y a la que le preocupaba tanto su imagen como a ella, que siempre intentaba estar perfecta, descuidara algo tan importante como su manicura? Por eso decidió investigar llamando a la Clínica Saotome. –Clínica Saotome, ¿en qué puedo ayudarle? –atendió el telefonista. –Me gustaría hablar con la Dra. Madoushi. –dijo Yue. –Esa doctora no trabaja aquí. –dijo el telefonista. –¿No trabaja allí?

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Madoushi estaba a oscuras en su apartamento. Un apartamento que conoció tiempos mejores. La ropa y restos de recipientes de comida industrial estaban desparramados por toda la casa. Por culpa de Sakura Kinomoto había perdido su trabajo y su estatus, lo que le impedía seguir llevando el nivel de vida que solía llevar y al que estaba acostumbrada. Además, se aseguró de que no olvidara a los Kinomoto. Lo llevaba grabado en su vientre como si fuera un tatuaje, sólo que no lo era. Parecía un grabado hecho por el demonio. Un demonio con instrumental quirúrgico. Pero sería ella quien acabara con ese demonio. Sabía dónde, cuándo y cómo.

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Por fin llegó la esperada noche en la que el Profesor Li recibiría el “Premio anual de la Sociedad de Cirugía” frente a sus compañeros de trabajo y otros colegas del gremio. En la sala del hotel donde se entregaría el premio ya había muchos invitados tomando de sus copas mientras mantenían conversaciones aburridas. Meiling, vestida elegantemente con un vestido corto beis llegó y dejó su bolso a recaudo de los guardarropas. A su vez, Sakura, con un traje negro de pantalón también llegó a la entrada del salón, donde se encontró a Shaoran vestido con un traje gris y recibiendo a los invitados en representación de su familia. Estaba más guapo de lo habitual, pero se le notaba mucho más decaído y con un semblante muy serio. Sakura estaba segura de que si no fuera una noche dedicada a su padre, ni siquiera habría aparecido por allí. Al ver a Sakura pararse delante de él, se incomodó y se marchó para evitarla, lo que le pareció de lo más normal. No podía culparlo. Al fin y al cabo, rompió su relación de la manera más ruin y cruel posible, pero necesario para ella. A decir verdad, el motivo real de por qué se acercó a él era todavía más cruel de lo que le dio a entender. ¿Cómo le iba a explicar que era la hija del médico que su padre mató y que por eso se acercó a él? Aquella relación estaría condenada al fracaso y estaba muerta antes de empezar. Pero ahora no tenía tiempo de pensar en Shaoran, debía buscar la habitación en la que estaba el Profesor Li. Una vez que dejó su bolso donde llevaba calzado más cómodo para cuando acabara el evento, Meiling vio a Sakura a lo lejos. Tras pensarlo unos segundos, decidió buscar a Shaoran.

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Tras haber descubierto que Madoushi no trabajaba en la Clínica Saotome, Yue decidió ir a su apartamento. Para poder acceder, le dijo que era hermano de Madoushi. –¿Así que eres hermano de Madoushi? –preguntó el portero ya en la puerta del apartamento. –Sí. –dijo el portero abriendo la puerta. –Pues me alegro, porque debe hacer algo con esto. –dijo el portero encendiendo la luz. Al entrar, Yue vio el apartamento hecho un desastre. La ropa y la basura estaban por doquier y comenzaba a oler bastante mal. –Es como si hubiera perdido su trabajo y hubiera empezado a llevar una vida desordenada y caótica. Le he pedido varias veces que se mude si no limpia, pero no hace ni caso. Ya no sé qué hacer con las quejas de los vecinos. Los olores comienzan a llegarle al resto de inquilinos. Entre el desorden, Yue vio varias fotografías rotas en las que aparecía Sakura. Junto a las fotos, había una invitación de la Sociedad de Cirugía, y en la pared, marcado con vehemencia en un calendario el presente día. Ver aquello le confirmó cuál era la obsesión de Madoushi. Flashback. –Sólo me interesa estar en primer plano. Un ataque en la oscuridad no va conmigo. Fin del flashback. Con lo que vio y el recuerdo de lo que Madoushi le dijo en el bar, pudo confirmar sus verdaderas intenciones. La locura parecía haberse adueñado de ella, lo que la hacía más peligrosa. Necesitaba llegar al hotel donde se celebraba el evento cuanto antes.

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Shaoran estaba locamente enamorado de Sakura, pero volver a verla le hizo mucho daño y sintió como si le faltara la respiración. Por eso necesitó salir de allí al verla. La herida todavía estaba demasiado abierta y el haberla tenido delante fue como echarle sal. Después de unos minutos sentado cabizbajo en un sofá que había fuera del salón de actos, vio pararse una silueta. Al mirar vio que era Meiling. –Ha roto conmigo. –confesó Shaoran. Meiling se sentó a su lado tras decir eso. –Pero lo cierto es que no me creo lo que me dijo. Finalmente, Meiling decidió confesarle la verdad. –Sakura te ha estado utilizando. Su verdadero nombre es Sakura Kinomoto. Es hija de Fujitaka Kinomoto, un pediatra que fue acusado de forma falsa de robar y vender fármacos del hospital. Sólo se acercó a ti por ser el hijo del Profesor Li. Sólo quería sonsacarte información sobre lo que le ocurrió a su padre hace quince años. Por eso le guarda un gran rencor al hospital. No estaba contigo porque le gustaras. Aunque agradecía la sinceridad de Meiling, aquella confesión no hizo que su dolor se apaciguara.

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Cuando Yue llegó al hotel en tiempo récord, se puso a buscar a Sakura a la entrada de la sala, pero la gente había comenzado a llegar y se le hacía difícil ubicarla entre tanta gente, por lo que no le quedó otra que seguir esperando allí mientras intentaba localizarla.

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Tras recorrer los pasillos durante unos minutos, por fin se encontraba frente a la puerta de la habitación donde Hien Li se preparaba antes de recibir el prestigioso premio. Sakura entró sin llamar, encontrando a Hien acomodándose la corbata. –Estoy aquí para continuar lo que dejamos el otro día a medias. –dijo Sakura. Hien dejó de mirarse en el espejo y se giró para escuchar lo que tenía que decir. –Hace quince años, mi padre, un médico del Hospital Universitario de Tomoeda tuvo problemas con cierto médico del hospital. Mi padre se convirtió en un obstáculo para él y elaboró un plan: deshacerse de él. Una noche, ese médico citó a mi padre en la biblioteca hospitalaria, probablemente engañándolo diciéndole que harían las paces. Mi padre, que era una persona recta, le creyó. Pero en realidad, ese médico le echó una droga en el café al que le invitó en la biblioteca. Catecolamina, para ser más específicos, un vasopresor que incrementa la presión arterial rápidamente. Como ese médico sabía, mi padre sufría la lesión de Dieulafoy. Como bien sabes, es una enfermedad que al menor estímulo le produce una hemorragia salvaje. Tal y como ese médico esperaba, mi padre comenzó a vomitar sangre. Después lo llevaron al quirófano y para asegurarse de que muriera ordenó a sus subordinados que utilizaran un procedimiento muy complejo y que no dominaban por ser relativamente nuevo. Cada movimiento estaba calculado por ese médico. Y mi padre se desangró hasta morir. Para él fue fácil encubrir el crimen. Todo lo que tenía que hacer era darle órdenes a sus subordinados, como por ejemplo, reescribir el informe de cirugía. Y como bien sabes, ese médico eres tú. ¿Me equivoco? –Todo eso es muy interesante. –dijo Hien. –Pero, ¿puedes probarlo? Si no hay pruebas, la verdad… –…la verdad no existe. –interrumpió Sakura acabando la frase por él. –Lo sé. –Exacto. –¿Qué te parece esto? –dijo Sakura mostrando el correo electrónico que había tenido guardado en el bolso de mano. –¿Te lo leo? “Ten catecolamina preparada para mañana. Asegúrate de no dejar registros y no se lo digas a nadie”. Fin del mensaje. –¿De verdad piensas que la gente se va a creer esa historia? –preguntó Hien. –No lo tendré en cuenta si lo dejas correr. Dame eso. Pero Sakura no le entregó la prueba. –Entonces realmente fuiste tú quien echó a Madoushi y a Terada. –dijo Hien confirmando sus sospechas. –Y tú eres el siguiente. –dijo Sakura. –No tienes derecho a ser médico. Lo haga público o no, debes entregarte. Te dejaré elegir la forma, haciéndolo público o en silencio. Sakura pensó que Hien estaba derrotado al verlo sentarse en el brazo del sofá, hasta que le percibió una media sonrisa. –¿Lo que tú llamas pruebas es esto? –preguntó Hien sacándose una copia del email del bolsillo interior de la chaqueta para romperlo después. –Esto no prueba nada. No es más que una falsificación. Ese email que tienes es falso. –Pero me lo dio el Profesor Kaito. –dijo Sakura. –Fui yo quién lo falsifiqué. –dijo Yuna D. Kaito entrando en la habitación. Vestía con un traje oscuro, camisa blanca y pajarita de color vino. –Perdóname, pero Hien y yo compartimos un interés mutuo por este caso. Intentaba que confesaras todo en mi despacho pero no picaste el anzuelo. Así que, le pedí un favor a Hien. Hien sacó una grabadora del bolsillo que puso en marcha. –Entonces realmente fuiste tú quien echó a Madoushi y a Terada.–escuchó decir la voz de Hien. –Y tú eres el siguiente. –escuchó Sakura su propia voz. Esos dos habían acorralado a Sakura con la conversación que acababan de mantener. –Confiaba en ti. Sabía que no me decepcionarías. –dijo Kaito. –Profesor Li, ya es la hora. –dijo un encargado. –Muy bien. –dijo Hien levantándose. –Has perdido, Sakura Kinomoto. Los dos hombres se marcharon a la fiesta, dejando a una Sakura desarmada. Yue tenía razón. No debía de haberse fiado de Yuna D. Kaito.

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Meiling había dejado muy pensativo a Shaoran después de lo que le había dicho. Sin intentar ser descortés, le había pedido que lo dejara solo. Unos minutos después, cuando escuchó al presentador, decidió volver a entrar en la sala. –Señoras y caballeros. Gracias por su paciencia. Con ustedes, el Premio de la Sociedad de Cirugía, el Profesor Hien Li. –dijo el presentador. –Por favor, recibámosle con un gran aplauso. Los colegas y compañeros comenzaron aplaudir. Las luces se atenuaron para poner en el foco a Hien, que hacía acto de aparición en el escenario. Desde la oscuridad de la sala, Sakura contemplaba cómo Hien se llevaba los elogios siendo un asesino. Por su parte, Shaoran se colocó junto a Meiling mientras fingían estar atentos a los discursos de los representantes de la Sociedad de Cirugía. –Sólo hay una cosa que no entiendo. –dijo Shaoran. –Me dijiste que Sakura guardaba un gran rencor irracional hacia el hospital, pero ¿de verdad es un rencor irracional e injustificado? –Es lo que me dijo tu padre. –dijo Meiling. Entonces Shaoran recordó lo que dijo Sakura cuando fue a cenar a su casa. Flashback. –Mi padre murió hace quince años. –respondió Sakura. –Lo siento mucho. –dijo Shaoran. –¿Estaba enfermo? –No. Murió por una causa más irracional. –tras decir eso, Shaoran vio la mirada que Sakura le echó a su padre. Fin del flashback. Pero no sólo le vino aquel recuerdo, sino otro al que apenas le dio importancia, o que no quiso dársela. Cuando vio a Sakura con el periodista. Flashback. –Li me ha invitado a cenar esta noche en su casa. –dijo Sakura. Entonces, Shaoran vio a Sakura a través de la puerta, pero parecía estar manteniendo una conversación muy seria con el periodista que siempre andaba rondando por el hospital y no quiso interrumpir, por lo que decidió acercarse lentamente. Lo que Shaoran no esperaba era oír lo que estaban a punto de decir. –¿Piensas ir? –preguntó Yue un tanto alterado. –¡Es la casa de un asesino! Fin del flashback. Luego se le vino a la mente la discusión con su padre después de echar a Sakura de su casa. Flashback. –¿Por qué has hecho que se marchara? –preguntó Shaoran. –Rompe con ella. –exigió Hien mientras fumaba un cigarro. –¿Por qué? –insistió Shaoran. –La razón no importa. La enviaré a un hospital de pueblo. –dijo Hien. –¡¿Se puede saber qué te pasa?! –preguntó Shaoran, que nunca había hablado así a su padre. –¿Es cierto que le has pedido a Meiling que la investigue?¿Qué es lo que no te gusta de ella?¿Por qué no la quieres cerca? Pero Hien seguía impasible fumándose el cigarro. –¿Acaso eres tú el que ha hecho algo? –preguntó Shaoran. –¿Es eso? –Eso es absurdo. –dijo Hien apagando el cigarro en el cenicero. Fin del flashback. Tras recordar eso, todo cobró sentido para él. Se dio cuenta de que Sakura no era la mala, sino su padre. Ella sólo intentaba esclarecer lo que había ocurrido con su padre. Entonces comenzó a buscar a Sakura con la mirada. Necesitaba hablar con ella. –Y ahora, el Profesor Li nos deleitará con unas palabras. –dijo el presentador. Cuando la vio cerca de la pared del fondo, su cara era del todo menos feliz. Incluso podría intuir que desprendía un aura de odio hacia su padre, que en aquel momento hacía una reverencia hacia la audiencia a modo de saludo. –Gracias por haber hecho el esfuerzo por venir, a pesar de las apretadas agendas. –comenzó diciendo Hien. Entretanto, en el exterior de la sala, Madoushi se colocaba unos guantes quirúrgicos, a pesar de llevar un elegante vestido negro con lentejuelas. Una vez puestos, puso sus manos suspendidas para que no se contaminaran, como si entrara en quirófano. –Aorta abdominal, arteria hepática común, arteria esplénica, vena porta, arteria mesentérica superior, vena cava inferior. –iba enumerando Madoushi para sí, como si estuviera visualizando la cirugía a realizar mientras se iba acercando lentamente sin llamar la atención gracias a la oscuridad de la sala. Pero conforme se iba acercando, se iba sobreexcitando y fue apartando a la gente, llamando así la atención de los que estaban alrededor. Entonces se paró y extrajo un gran cuchillo, llamando la atención de mucha más gente. –He esperado mucho a que llegara este día. –¡Sakura! –gritó Yue intentando llegar hasta ella. Fue entonces, al percibir un grito, que Sakura la vio a unos pocos metros de ella. –Por fin podré vengarme de ti. –dijo Madoushi, con los ojos inyectados en sangre. –¡Ahora soy yo la protagonista! Madoushi comenzó a correr levantando el cuchillo. La gente se apartaba de su camino para no ser víctima de esa lunática hasta que finalmente, tuvo a una sorprendida Sakura a tiro y contra la pared, pero Yue no podría llegar porque había demasiada gente por en medio. Esperando la muerte, Sakura cerró los ojos mientras se giraba de forma instintiva. Su venganza había fracasado y a sus enemigos sólo les quedaba el golpe final para acabar con los Kinomoto, pero el dolor no llegaba. Fue entonces cuando notó que alguien la abrazaba. Sakura comenzó a notar una respiración. Al girar la cabeza vio que quien la estaba abrazando era Shaoran, que había comenzado a sudar profusamente mientras la miraba para asegurarse de que ella estaba bien. Finalmente, Shaoran cayó con el cuchillo clavado en el costado. Continuará…

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