Capítulo 2 - Despierto.
19 horas y 1 minuto hace
Ya ha pasado un tiempo desde el incidente en Starcourt.
Billy ha mejorado bastante en estas últimas semanas y aunque todavía sigue en coma; las lesiones de su cuerpo están sanando correctamente.
Su corazón se está recuperando positivamente del impacto, las heridas se están cerrando y los moretones comienzan a desaparecer.
Max no se ha apartado ni un segundo de su lado, ella ha cuidado de su hermano desde el primer día que pisó el hospital, sin descanso.
Pero no todo era miel sobre hojuelas... Neil Hargrove había huido cobardemente al no poder soportar tanta responsabilidad sobre sus hombros.
Cuándo él se enteró de que su hijo había caído en coma, no quiso hacerse cargo de su cuidado.
Según sus propias palabras... "Él no iba a tener un hijo lisiado a su lado".
Y al escuchar esas absurdas declaraciones, Max confirmó lo que le había dicho en la cara ese día... A él jamás le importó Billy, ni mucho menos lo amó y honestamente; pensaba que estaban mucho mejor sin su horrible presencia en sus vidas.
Esto era algo de lo que seguro, tenían que celebrar después de que él despertara.
Por otro lado, su antiguo padrastro le había dado una fuerte cantidad de dinero a su madre antes de marcharse.
Neil le exigió a Susan que cuidara de Billy hasta que él despertara, pero ella no estaba tan segura de querer hacerlo...
La mujer conocía muy bien a su hijastro y aunque sonara cruel, no quería tener que lidiar con él.
Pero Max la convenció de lo contrario.
Le dijo que no podían dejarlo abandonado a su suerte... mucho menos en ese estado tan vulnerable y Susan aceptó, todavía insegura de la decisión.
Max le aseguró a su madre que ella se haría cargo de todos los cuidados de Billy, que no tendría que preocuparse por eso.
Sabía bien que esta era una enorme responsabilidad para ella sola... pero gracias al cielo contaba con la ayuda de su mejor amiga.
Once venía a visitarlos todos los días sin falta con una amable sonrisa en su rostro y cuando la veía triste, siempre trataba de hacerla reír.
La señora Byer acompañaba a Ce la mayor parte del tiempo y traía consigo deliciosa comida que ella misma preparaba con sus manos para las dos.
La presencia de ellas a diario hacía menos triste su estadía en el hospital...
Lucas y los chicos también habían venido a visitarla de vez en cuando y eso también le levantaba los ánimos.
Max sentía que no merecía todas las muestras de cariño y sonriendo, dejó escapar una débil risa al pensar en todo esto.
Observó a Billy con ternura... y tomó su mano fraternalmente entre sus dedos. Ellos de verdad eran muy afortunados de tener a personas tan buenas a su alrededor.
Y fue entonces, cuando de repente tocaron la puerta, captando toda su atención.
Max extrañada frunció el ceño y contestó apresurada.
-¿Ce? No es necesario que toques la puerta, sabes que puedes pasar.- Dijo desconcertada y fue en ese momento que Steve se asomó por la puerta.
-Oh, lo siento... Lamentablemente no soy una chica con superpoderes. Siento decepcionarte.- Contestó con una gran sonrisa en sus labios.
-¿Steve? ¿Qué haces aquí?- Max abrió sus ojos azules sorprendida, ella no esperaba en lo absoluto su visita.
-No lo sé... pensé en venir a visitarte. Ya ha pasado un tiempo desde la última vez que te vi.- Levantó una ceja divertido y Max tímidamente acomodó su cabello, devolviéndole la sonrisa.
Al bajar su mirada, ella pudo notar el ramo de flores que tenía en su mano izquierda y sin querer dejó escapar una fuerte carcajada.
-¿Qué es eso?- Se burló Max, haciéndolo sonrojar de vergüenza.
Steve se sobó la nuca incómodo. Sabía que ésto era una mala idea.
-¡Oye no te rías! La verdad no sabía que más traer...- Steve frunció sus cejas avergonzado.
-¡Qué adorable de tu parte!- Max lo molestó, hablándole en un tono agudo.
Steve puso los ojos en blanco; sabía desde antes que Max se burlaría de él por traer esto... pero su plan había funcionado, él la había hecho reír.
-Y por cierto, buena elección.- Ella levantó ambos pulgares.
-A Billy le encantarían.- Bromeó sarcásticamente, sin dejar de reír.
-Si... seguro.- El castaño puso sus manos sobre su cadera, tragando saliva.
-Conociéndolo bien, él definitivamente me habría molido a golpes.- Steve hizo una mueca al pensarlo y Max negó, sonriendo de lado.
Él acomodó las flores sobre una mesita de madera que tenían en la habitación y se volteó, para ver a Max a la cara.
-Jamás pensé que tú vendrías a ver a Billy.- Ella parpadeó extrañada y Steve negó con la muñeca.
-No, Max. Vine a verte a ti.- La sinceridad de Steve ocasionó que Max se sonrojara hasta las orejas, sin que él se diera cuenta de eso.
Ella bajó su rostro, evitando ver sus ojos color avellana.
-No me malentiendas, es solo que Billy y yo... ya sabes, nunca hemos tenido la mejor relación.- Steve se justificó con rapidez, tratando de no sonar tan indiferente y ella arrugó la naríz, poniendo los ojos en blanco.
-Eres un tonto, Harrington.- Lo reprendió, aún levemente roja de la cara.
Max se quedó en silencio y él ladeo su cabeza, dándole una mirada divertida.
-Y... ¿Cómo has estado?- Le preguntó calmadamente y ella suspiró.
Habían pasado muchísimas cosas desde la última vez que había visto a Steve y ni siquiera ella sabía por dónde empezar.
-Creo qué mejor... sinceramente, me siento mucho más aliviada desde que ese maldito se marchó.- Con sinceridad Max se lo confesó, alzando los hombros.
-Lamento no haber podido venir antes a visitarte Max. Estaba... Bueno, me costó trabajo... pero cumplí mi promesa.- Admitió, mirándola con calidez.
Ella alzó su rostro rápidamente, viéndolo a la cara con los ojos llorosos.
Realmente Steve Harrington era el mayor de los idiotas, pero aún así... sabía que ella estaría perdida sin su apoyo.
Ella se quedó en silencio, ya no sabía qué más decirle, pero entonces él habló exaltado.
-Diablos.- Dijo al ver su reloj con asombro.
-Ya me tengo que ir, Max, si no llego a tiempo mi jefe me matará.- Steve observó la hora ajetreado y ella le sonrió genuinamente.
Él no había cambiado nada.
Se acercó hasta ella y acarició su cabeza, revoloteando su cabello juguetonamente.
-¡Oye!-Se quejó Max en voz alta.
-Necesito que duermas lo suficiente Max, tus ojeras se notan de aquí a la luna.- Steve le lanzó a la pelirroja una mirada de desaprobación y ella juntó sus cejas indignada.
-¡No necesito una niñera Steve! Puedo cuidarme sola.- Refutó ella cruzando los brazos y él volteó su rostro, tratando de contener su risa.
-Está bien, está bien.- Le contestó rodando los ojos sin parar de reír y ella infló los cachetes ignorándolo.
Steve se dirigió a la salida y antes de pasar por la puerta, le echó un último vistazo.
-Cuídate, vendré después a cerciorarme de que en verdad hayas dormido si quiera un poco.- Max amenazó con aventar el ramo que apenas había traído y con prisa, Steve se marchó antes de que ella pudiera reaccionar.
Al quedarse sola, Max exhaló aire, observando sus rodillas.
Se encontraba de muy buen humor y sabía perfectamente quién era el responsable.
...
Hoy se cumplían exactamente tres meses desde que Billy había caído en coma.
Las máquinas fueron retiradas definitivamente de su cuerpo, sus heridas habían sanado casi por completo y los signos vitales de su corazón también volvieron a la normalidad... pero aún así, no había señales de su regreso.
Él seguía sin despertar de ese eterno sueño.
Max estaba perdiendo poco a poco la esperanza. Ella no quería darse por vencida... pero ver así a su hermano, postrado en la cama inconsciente, sin decirle nada la estaba volviendo loca.
Ella jamás había tenido una buena relación con Billy... pero lo echaba de menos cómo nunca antes pensó hacerlo.
Extrañaba el sonido de su voz, quería volver a oler su perfume, escuchar el sonido de su risa y hasta los regaños de siempre...
Solo quería tener a su hermano de vuelta. Ya ni siquiera le importaba si volvían a tener esas estúpidas peleas de siempre, lo único que anhelaba con todas sus fuerzas... era que él despertara.
Pero su deseo parecía ser más lejano conforme pasaba el tiempo y aún así, Once se mantenía firme a su lado, dándole ánimos.
Para su mala suerte, como si se tratará de una maldición; últimamente las cosas habían empeorado mucho para las dos.
Los chicos habían comenzado a excluirlas de sus reuniones y aunque Max se quería hacer la fuerte, Once sabía perfectamente que eso le dolía tanto como a ella.
Esta mañana como todos los días sin falta, Once fue a visitar a Max.
Caminó directo al hospital, tratando de fingir una sonrisa como siempre y al llegar, entró a la habitación con un semblante feliz.
Al verla, Max le sonrió, recibiéndola con gusto.
-Hola Ce, llegaste más temprano que de costumbre.- Dijo ella un poco desconcertada.
-¿Enserio? No me fijé bien en la hora.- Le sonrió, fingiendo sorpresa.
Once no podía decirle la verdad a Max, solo la preocuparía sin razón. Honestamente, ella no había podido pegar el ojo en toda la noche, por culpa de sus pensamientos .
No muy convencida Max insistió, observándola fijamente y ella se aclaró la garganta nerviosa.
-¿Te encuentras bien?- Preguntó ella pacíficamente.
-Si, muy bien.- Le mintió otra vez, tratando de evadir el tema, pero Max cruzó los brazos enojada y ella suspiró con pesar.
-Bueno...- Once se rasco la nuca indecisa.
-Yo... creo que ya no le gusto más a Mike. No es él desde que perdí mis poderes y no entiendo por qué.- Once se mordió el labio, conteniendo las ganas de llorar.
Max alzó sus cejas alarmada y rápidamente acomodó su mano sobre el hombro de Once.
-Ya te lo he dicho antes, Ce... los chicos son unos idiotas. No valen la pena.- Refunfuñó, recordando a Lucas con fastidio.
-Además hay muchos peces en el agua.- Soltó una risita y Once alzó una ceja aturdida.
-¿Cómo? No me gusta el pescado.- Hizo una cara de asco y Max se golpeó la frente exhalando.
-Eso significa que el tonto Mike, no es el único chico en la tierra y estoy segura de que otros muchachos mucho más guapos que él, se morirán por ti.- Le guiño un ojo, sonriéndole pícaramente pero ella palideció abriendo sus pupilas avellana del susto.
-¿Morir?- Repitió la castaña con la voz entrecortada y Max puso los ojos en blanco.
Once a veces podía ser demasiado ingenua para su gusto.
-No lo tomes tan literal, Once...- Negó la pelirroja, tocándose la frente.
-Mike te ama, está loco por ti.- Dijo ella y Once le dió una pequeña sonrisa, agachando la mirada.
-Y si en dado caso... ese estúpido cara de sapo te llegara a lastimar, sería hombre muerto.- Max apretó su puño con fuerza y Ce la vió impresionada.
Las dos voltearon a verse al mismo tiempo y comenzaron a reír sin parar.
-Gracias, Max.- Once se limpió las lágrimas y ella frotó su brazo.
-No me agradezcas. ¿Nos tenemos la una a la otra, no?- Animo gentilmente a su amiga y ella movió la cabeza afirmando.
-Por cierto, ¿Ya desayunaste?- Y en ese momento el estómago de Ce comenzó a sonar, haciéndola sonrojar.
Max se rió en silencio y ella se tocó el vientre con la cara roja.
-Iré a la cafetería por unas bebidas y unos sandwiches, no tardó.- Max se alejó y ella sin más, se sentó en la silla más cercana a Billy.
Relajó su cuerpo y se quedó viendo la nada, absorta en su pensamientos.
El rechazo de Mike había sido su punto de quiebre, realmente su indiferencia la destrozaba.
Hopper se había ido y sus poderes al parecer también lo habían hecho con él. Sin ellos, Once se sentía como si no fuera ella... inservible y desechable, alguien sin valor.
Pero aún con todo en contra, ella no podía doblegarse... mucho menos ahora que Max la necesitaba tanto a su lado.
La castaña suspiró, limpiando sus mejillas bruscamente y de repente, toda su atención se centró en el rostro de Billy.
Esto era su culpa...
Sabía bien que él se encontraba en esta desafortunada situación por tratar de salvarla y aunque no quisiera admitirlo enfrente de Max, también sufría en silencio por su estado.
Sin más, lo observó detenidamente, revisando cada una de sus atractivas facciones con atención.
Empezó por sus rizos dorados, que ahora habían crecido un poco y se extendían hasta sus párpados, tapando su frente levemente.
Sus cejas eran gruesas y perfectamente definidas, enfatizando sus cuencas almendradas. También tenía unas largas pestañas negras, incluso más bonitas que las de Max.
Su nariz era recta, casi perfecta, contrastando notablemente con sus pómulos definidos y su quijada marcada.
Hipnotizada, Ce recorrió sin falta cada centímetro de su piel bronceada, admirando su belleza masculina.
Billy de verdad era un joven muy apuesto.
Y al percatarse de lo que estaba haciendo, se paró agitada, alejándose de él muy avergonzada.
Ella negó con la cabeza y bajó su barbilla, mirando la punta de sus pies, tratando de distraerse.
Nunca antes había visto a un chico de esa manera... ni siquiera a su novio Mike.
"¿Qué estoy haciendo?" Pensó ella, ruborizándose tanto que incluso su cuello se tornó rojo.
Pero de repente, su piel se erizó de la nada... y su atención se centró de vuelta en Billy.
Él comenzó a respirar muy agitado, estaba empapado en sudor y las pupilas debajo de sus párpados no dejaban de moverse.
Muy inquietó, empezó a quejarse en voz alta, apretando las sábanas debajo de sus puños con fuerza.
Preocupada por su bienestar, Once se acercó hasta él, tratando de alcanzar su mano y justo en ese momento, Billy abrió los ojos de golpe muy sobresaltado.
Por fin había despertado después de tanto tiempo.
Él se incorporó sobre la cama despacio, completamente inmóvil y sin parpadear.
Inseguro, Billy revisó la habitación desesperado y cuando la vio a ella, se paró en seco.
Once al tenerlo frente a ella tan consciente, le regaló una enorme sonrisa, muy emocionada por su regreso. Su alegría era genuina y sabía que Max estaría el doble de feliz al ver a su hermano de vuelta nuevamente.
Los ojos de ambos se encontraron de inmediato, pero la mirada de Billy era penetrante... y llena de resentimiento hacía ella.
Sus grandes pupilas celestes se encontraban anormalmente dilatadas y al notar el cambio tan drástico, la radiante sonrisa de Once se desvaneció al instante de su cara.
Ella dió un pasó hacia atrás, muy desconcertada por su actitud.
Definitivamente él estaba actuando muy extraño...
Billy al darse cuenta de la cercanía de la chica, tensó su mandíbula y su ritmo cardíaco subió de golpe.
El sonido del monitor comenzó a sonar cada vez más fuerte y Once se alteró, tapándose los oídos.
Algo dentro de su cabeza le decía que corriera... pero no podía mover ni un solo músculo de su cuerpo.
Ella estaba petrificada del terror.
Trató de gritar, pero su voz tampoco salía y fue allí cuando se dio cuenta de que Billy no había dejado de observarla ni un solo segundo.
Sus ojos afilados la acechaban, con odio puro en su mirada.
Sin saber que hacer, Once comenzó a temblar, pensando lo peor. Era imposible que el desuellamentes todavía siguiera en su cuerpo... esa no podía ser la razón de su comportamiento.
-Tú...- Pronunció con voz grave, entrecerrando los ojos.
-¿Qué estás haciendo aquí?- La cuestióno con rabia.
Ella retrocedió aterrada y justo cuándo estaba a punto de escapar, Billy la sujetó fuertemente del brazo.
-No te irás a ninguna parte, hasta que me digas qué mierda pasó.- La amenazó Billy sin tacto y ella comenzó a llorar en estado de shock.
Esto estaba pasando otra vez... reprimió en su mente dolorosamente.
-¡Maldita sea! ¡Responde!- Gritó Billy con resentimiento, oprimiendo con fuerza sus dedos en la piel de Once, haciéndola retorcerse del dolor.
-¡No! ¡Déjame ir!- Ella forcejeó tratando de liberarse, sin éxito. Billy era demasiado fuerte para luchar contra su agarre.
Al darse cuenta de que ella no estaba cediendo, se desesperó y la tomó de ambas muñecas inmovilizandola.
-Quiero respuestas... ¡Y tú vas a dármelas!- Alzó la voz aún más que antes, y ella lo vió horrorizada.
Y al tener su rostro tan cerca del suyo, al fin pudo notar que ella estaba sollozando incontrolablemente.
Billy la soltó de golpe desconcertado y por la fuerza que estaba ejerciendo, Once cayó de espaldas al suelo.
El deja vu de la escena fue inevitable y al verla caer de esa forma, justo en ese momento los recuerdos se dispararon en su cabeza.
Su accidente automovilístico, el desuellamentes ordenando atacar, él mismo asesinando personas a sangre fría, lastimando... y lo peor de todos, dañando a los que quería.
Billy comenzó a hiperventilar, sentía que no podía respirar... y estaba aterrado.
Desde esa maldita noche... su miserable vida se había tornado aún peor que antes.
Su mente y cuerpo habían sido prisioneros de un repugnante monstruo.... En ese tiempo solo existió oscuridad a su alrededor y la poca esperanza que tuvo, casi se desvaneció por completo en ese infierno que sabía que merecía.
Todo había sido frío... desgarradoramente frío.
Y justo cuando estuvo a punto de darse por vencido, escuchó una voz femenina a lo lejos, llamándolo suavemente por su nombre... tratando de ayudarlo.
¿Qué diablos intentaba hacer? Él sabía bien que cualquier intento era en vano... pero de repente, una pequeña mano temblorosa se encontró acariciando su mejilla con delicadeza.
Su cuerpo al fin se sintió cálido después de mucho tiempo. Estaba tranquilo y con mucha paz...
Finalmente lo habían liberado de su tormento y aunque no entendía la razón, se sentía extrañamente feliz.
Hargrove regresó al presente, volteando su cabeza atónito hacia la chica...
No podía haber duda alguna, ella era la que lo había hecho regresar otra vez en sí.
Ella era la que lo había salvado.
Un sudor frío recorrió su columna vertebral y la culpa de sus pecados comenzaron a atormentarlo de repente.
De todas las personas con las que él se había desquitado, está niña era la que menos se merecía su cruel trato.
-¡Ce! ¿¡Que pasa!?- La puerta se abrió de golpe y Max entró a la habitación exaltada al escuchar el alboroto.
-Billy...- Abrió muy grande sus ojos, sorprendida de verlo frente a ella, totalmente despierto.
Pero cuando se dio cuenta de que Once estaba tirada en el suelo llorando tan afectada, rápidamente corrió hasta ella sin pensarlo dos veces.
Al primer contacto de las manos de Max sobre sus hombros; Ce se aferró a su cintura desconsolada, sin poder tranquilizarse...
Muy molesta, sin saber a ciencia lo que había pasado; Max alzó la vista hacia Billy tratando de obtener una respuesta y su sorpresa fue aún mayor al notar el semblante tan diferente de lo habitual en su hermano... él parecía confundido.
Billy no dejaba de verse las manos y por su reacción, ella podría jurar que estaba arrepentido.
Al sentir la mirada de Max clavada en su cuerpo, Billy volteó a verlas con el ceño fruncido.
Él estaba sudando muchísimo más que antes, sentía que la cabeza le daba muchas vueltas y ya no podía escuchar nada de lo que decían.
Su vista se tornó borrosa y su piel palideció de repente.
Trató de obligarse a sí mismo a mantenerse despierto, pero de repente, cayó inconsciente de nuevo... haciendo gritar a Max.
Notas:
Hola otra vez ^^
Este capítulo tuvo muchas
modificaciones y la verdad no me encantó el resultado... 😞 pero aquí lo tienen.
Billy es un reto para mí, de todos los personajes que he escrito es el que más trabajo me cuesta adaptar 🥺
Así que les pido una disculpa si no es 100% fiel al original, estoy dando mi mayor esfuerzo para respetar las personalidades originales de todos.