Capítulo 3 - Gratitud.
18 horas y 54 minutos hace
Con pesadez, Billy se forzó a abrir los ojos.
Enfocó la vista, parpadeó unas cuantas veces y después de unos segundos volvió a cerrar los párpados, frunciendo levemente el ceño.
Era como si un tren le hubiera pasado encima... una completa pesadilla y todo el cuerpo le dolía como los mil demonios.
Su cabeza lo estaba matando y las náuseas revolvían su estómago, empeorando la situación.
Él ni siquiera podía mantener los ojos abiertos, la luz artificial de la habitación le molestaba tanto que era cómo si tuviera una de esas terribles resacas que acostumbraba después de tomar...
Se sentía terrible.
Billy se llevó la mano a la cara, masajeándose las cejas tratando de disipar el dolor insoportable... pero no sirvió de mucho.
Trató de levantarse pero un peso en su pierna le impedía moverse.
Impaciente volteó hacia la dirección del problema y fue entonces cuando la vió a ella.... Era Max que estaba profundamente dormida sobre su regazo.
Billy se tensó de inmediato. Rodó los ojos con desdén dispuesto a despertarla y cuando estuvo a punto hacerlo, el cargo de conciencia volvió a apoderarse de su cuerpo.
Él chasqueó la lengua enojado, tratando de luchar contra su insisto... pero fue imposible.
Resignado, se quedó observándola unos cuantos segundos, su rostro había cambiado bastante.
La tez de porcelana de Max ahora estaba arruinada por unas ojeras oscuras debajo de sus párpados, sus pómulos enmarcaban su rostro y el tono de su piel era todavía más claro que de costumbre...
Billy agachó la cabeza, apretando la mandíbula hasta rechinar los dientes... se sentía impotente.
Esto era por su culpa... otra vez.
Frunció el ceño, dándole otro vistazo sin atreverse a tocarla todavía y después de unos minutos, inseguro, acercó su mano lentamente hacía ella.
Con cuidado, frotó la cabeza de su hermana suavemente, revisando de reojo que no se despertará todavía.
Él era demasiado orgulloso, pero podía permitirse esto sólo por una vez.
Se quedó examinando la cara pecosa de Max, notando lo vulnerable que parecía mientras dormía y entonces un torbellino de recuerdos desagradables llenó su mente.
Siempre había sido un hermano de mierda con ella, un cretino... y sabía bien que la había lastimado muchas veces injustamente; pero el odio desmesurado hacia su padre lo cegó al grado de desquitar toda su ira incontrolable en contra de Max.
Las cosas no sucedieron de la mejor manera entre los dos y entendía perfectamente que él era el único responsable de eso.
Pero incluso cuando lo intentó con todas sus fuerzas, realmente jamás pudo odiarla...
Max era importante para él, mucho más de lo que alguna vez imaginó y aunque fuera increíble de creer, estaba más que arrepentido por el daño ocasionado.
Billy suspiró ruidosamente, tomando un mechón de cabello que tenía Max sobre la frente y en ese preciso momento ella abrió los párpados con pereza.
Nervioso de ser descubierto, alejó la mano de un tirón antes de que ella se diera cuenta, fingiendo estar viendo la nada con su cara amargada de siempre.
-Billy... ¡Por fin despertaste!- Max sonrió de oreja a oreja entusiasmada, buscando la mirada de su hermano, pero Billy ni siquiera la vio a la cara.
Él se negaba a mirarla a los ojos, no podía hacerlo... después de todo lo que había hecho.
Max ladeo la cabeza e insistió hasta que finalmente Billy la observó de reojo y fue entonces cuando se dió cuenta de que ella estaba a punto de llorar.
Al verla así... tan destrozada, frunció el ceño, pasando saliva con dificultad.
Odiaba esas estúpidas cursilerías.
Y tomándolo por sorpresa, Max se abalanzó hacia él, aferrándose a su cuello en un fuerte abrazo.
Billy se quedó helado al sentir a Max sobre su cuerpo, sin saber qué hacer...
De inmediato pensó en rechazarla, aborrecía el contacto físico... en especial los abrazos; pero al escuchar el sollozo tan desgarrador que salía de los labios de su hermana... no pudo negarse.
Con esfuerzo, envolvió sus fuertes brazos alrededor del pequeño cuerpo de Max, correspondiendo el afecto no muy convencido.
Él cerró los ojos, esperando que ella se apartara de su pecho y así lo hizo.
La pelirroja momentos después limpió los restos de lágrimas de sus mejillas bruscamente, sin dejar de sonreír y lo vio a los ojos con ternura, incomodando terriblemente a Billy.
-No tienes idea de lo mucho que esperé por este momento.- Comentó con sinceridad y él cruzó los brazos con desdén.
-¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?- La cuestionó Billy ignorándo su comentario.
-Un poco más de tres meses... y fue eterno, pensé que te perdería Billy.- Insistió Max tratando de hacerle saber cuánto le importaba.
En cambio Billy la veía de reojo, con su típica cara de pocos amigos. Examinó la habitación con cuidado y al verla vacía, cambió drásticamente su semblante.
-¿Dónde está?- Preguntó de nuevo, en un tono sombrío... y sin trabajo, Max supo muy bien a quien se refería.
Cabizbaja, sin saber qué decir, se quedó callada. El ambiente se volvió tenso de repente y sin muchas ganas Max habló con la voz entrecortada.
-Vendrá pronto... ya sabes cómo es él.- Le mintió pensando que sería lo mejor, pero esa fue una decisión equivocada.
Billy apretó los puños con rabia y la observó fastidiado, sin dejar de mirarla.
Max se enderezó, alejándose levemente de él. Ella no entendía su postura... ¿Por qué estaba tan molesto?
-Deja de mentir, maldita sea.- Alzó la voz, explotando como siempre.
Él conocía bien al bastardo de su padre y se dió cuenta sin mucho esfuerzo, que lo había abandonado a su suerte.
Max al oírlo de esa forma frunció el ceño muy enojada.
-¿Qué te pasa? ¿Por qué te comportas como un idiota?- Lo juzgó con la mirada y él se carcajeó burlonamente.
-¡Así soy yo y no voy a cambiar ni una mierda!- Escupió con despreció.
Al escucharlo tan agresivo, Max decidió guardar silencio... dándole una mirada llena de decepción.
-Además, dime... ¿Qué diablos pretendes jugando a la perfecta familia felíz? Eso me da asco.- Arrugó la nariz con desdén, riendo y viéndola con desprecio.
-No estoy pretendiendo nada Billy, te guste o no, somos hermanos y me preocupo por ti.- Max trató de abrir su corazón, pero era en vano, él no quería dejarla pasar.
-¿Hermanos? No me hagas reír, Maxine... nosotros no somos nada.- Billy dijo su nombre completo a propósito, dejando las cosas claras, sin tacto y ella negó con la cabeza decepcionada.
-No entiendo... ¿Por qué actúas de esta forma tan absurda? Estamos mucho mejor sin él, tendrías que estar feliz por esto.- Preguntó confundida, tocando su cabeza con ambas manos y Billy apretó la mandíbula con fuerza.
-Callate.- La paró en seco cruelmente, con las fosas nasales abiertas del coraje.
Max jadeó indignada, sin poder contener su temperamento.
-¡No lo haré! ¡Ni siquiera me estás escuchando Billy!- Se exaltó, a punto de perder la cordura.
-¡Me importa una mierda lo que digas! ¡Ahora mismo quiero que tú y tu maldita madre se larguen de aquí!- Exigió irascible, perdiendo la paciencia.
-No te necesito... ¡No necesito a nadie!- Gritó con furia, haciéndola brincar de su asiento.
Sabía bien que a Max le dolían sus palabras, pero eso ya no importaba.
Billy quería alejarla de su lado para siempre... su hermana no merecía tener a alguien tan jodido como él en su vida y sólo renunciando a ella, podría protegerla.
Pero Max no cedió.
-¡Tú no tienes derecho a pedirme eso!- Ella se levantó de golpe, comenzando a gritarle también.
Billy bufó molestó, entrecerrando los ojos... tratando de contenerse.
-¡Ni tampoco tienes idea de todo lo que he sufrido!- Restregó en su cara desconsolada.
-Pasé noches sin dormir velando tu sueño, lloré sin parar hasta el cansancio y te cuide incondicionalmente... ¡Por qué tú estabas agonizando en esta estúpida cama casi a diario!- Alzó más la voz, temblando sin parar.
-Fue difícil Billy... y pensé lo peor, tenía mucho miedo de perderte.- Al escucharla tan mal, él suavizó sus facciones un momento... pero no duró mucho tiempo..
-Yo no te pedí nada, deja de lloriquear.- La confrontó indiferente, con su típica mirada asesina.
Max enarcó sus cejas y sin poderlo evitar, lágrimas amargas se resbalaron sobre su pálida piel.
Ella trató de limpiarlas torpemente con su antebrazo, pero era imposible, no dejaban de salir.
Al verla así Billy dudó por un segundo, pero desistió al recordar todo el daño que le había causado.
Él le dió la espalda, girando completamente, luchando contra el impulso de dar marcha atrás.
-Se lo que estás haciendo, pero esta vez no funcionará aún cuando te portes como un maldito patán.- Ella apretó los nudillos, tratando de contener su llanto.
-No me provoques niña, estás yendo demasiado lejos... y sabes lo que pasa cuando me haces enojar.- Billy le advirtió y Max tragó saliva nerviosa, pero no retrocedió.
El silencio se apoderó de la habitación, era crudo y frío y solo el débil sollozo de Max hacía eco en las paredes.
Ella acomodó sus manos sobre su regazo y débilmente, ignorando las amenazas de Billy, procedió a hablar.
-Sabes... cuando te ví en el piso del centro comercial desangrandote, inmóvil y tan vulnerable, sentí alivio.- Max hizo una mueca de dolor y Billy de inmediato volteó a verla a los ojos, conmocionado.
-Si tú te ibas, por fin dejarías de maltratarme... pero cuando te escuché disculpándote de esa forma tan desgarradora, me sentí culpable.- Admitió con pesadez, desanimada
Max alzó su rostro y el dio una sonrisa sin emoción. -Tu jamás te disculpas por nada, Billy... Ni siquiera lo habías hecho ni una sola vez desde que te conocí.-
-Fue en ese momento que la desesperación se apoderó de mí cuerpo, no quería que murieras... y le roge a un dios que no creó con todas mis fuerzas que no te apartará de mi lado todavía.- Max tenía un semblante melancólico en su rostro, ella estaba hablando con la verdad.
Billy apretó aún más la mandíbula.
-Así qué, aún cuando te aferres a decirme todas esas cosas horribles y no quieras admitirlo, se muy bien que tú me necesitas tanto como yo a ti.- Max acercó su mano despacio, tratando de alcanzar la de él pero cuando tocó su piel; Billy inconscientemente la alejó, golpeando con fuerza la palma de su mano.
Max al instante se quejó del dolor, sobándose los dedos. Alzó su rostro asustada y vio a Billy con una mirada repleta de miedo.
Él tragó saliva con dificultad, juntando el ceño incrédulo de su actuar.
-¡No! Yo... no....- Billy tartamudeo asustado cuando se dio cuenta de su arrebató y otro recuerdo oscuro penetró en su mente. -Maldita sea...- Maldijo odiandose a si mismo más que cualquiera día.
Él también se había atrevido a golpearla antes, cuando trató de detenerlo para evitar que lastimara a esa chica... y el impacto había sido tan fuerte que la dejó inconsciente.
Billy regresó al presente y la vio horrorizado.
Estaba muy pálido, sus manos sudaban e inconscientemente retrocedió lo más que pudo de su lado.
No quería volver a lastimarla, nunca volvería a hacerlo... primero estaría muerto antes de tocarle un solo pelo a su hermana otra vez.
Max alzó una ceja al notar su reacción tan exagerada, esto era nuevo para ella. El antiguo Billy, jamás hubiera reaccionado así.
Sin prestar más atención al malentendido, ella tomó su mano con firmeza y Billy se sobresaltó al sentir el contacto de sus frágiles dedos sobre piel, pero está vez no la alejó.
Al instante, Max pudo sentir lo tenso que se encontraba y podía jurar que su mano temblaba ligeramente.
-Nada de lo que pasó fue tu culpa.- Ella exhaló aire, tratando de hacerlo entrar en razón, pero fue todo lo contrario...
El rubio abrió los ojos abrumado e inesperadamente su mal humor aumentó.
Max estaba tocando puntos sensibles que Billy no quería que sobrepasara.
-No tienes ni puta de todas las atrocidades que hice.- Escupió con recelo, viéndola con resentimiento.
Su sexto sentido le decía que se alejara, ella lo estaba llevando muy lejos... pero ya era tarde para arrepentirse.
-Te equivocas Billy.- Habló con firmeza.
-Yo más que nadie sé de lo que eres capaz de hacer... y puedes ser muchas cosas, pero no un asesino.- Max afirmo con determinación.
-Ese simplemente no eras tú.- Insistió ella ferozmente y él la vio con los ojos cristalinos, quedándose sin palabras.
¿Por qué seguía insistiendo en quedarse a su lado? Era algo que no podía entender.
Todo el mundo siempre lo dejaba atrás.
Primero fue su madre, la que más le dolió, después sus falsos amigos y ahora ese maldito bastardo también lo había dejado a su suerte... y ni siquiera sabía porque le afectaba tanto.
-Así que no importa cuántas veces quieras alejarme, no me iré a ninguna parte.- Max le advirtió determinada.
-Yo no te abandonaré.- Terminó la frase con una sonrisa comprensiva en su rostro, con las pupilas cristalinas.
Billy junto sus cejas pobladas con fuerza, pasando la lengua por sus labios.
Se había jurado a sí mismo que nadie lo volvería a ver vulnerable otra vez pero... esto era más difícil de lo que imaginó.
Esta maldita mocosa lo conocía bien y le estaba dando golpes muy bajos.
Trató de intimidarla lanzándole su característica mirada matona, pero no surtió efecto y un nudo se formó en sus garganta sin remedió.
Apretó las sábanas que tenía debajo de sus palmas, tratando de mantener la compostura... pero sin poder aguantarlo más, una lágrima resbaló sobre su pómulo lentamente.
Max bajó su barbilla, le partía el corazón ver a Billy de esa forma.
Ella retrocedió un poco para darle su espacio, pero de repente pudo sentir la mano de Billy agarrándo la suya con fuerza, asegurándose de que no se apartara de su lado.
Sabía que este tema lo afectaba más de lo que aparentaba, incluso si lo negaba.
Billy comenzó a sollozar ruidosamente, tratando de contener la respiración, escondiendo el rostro en su cabello. Ya ni siquiera le importaba que Max se diera cuenta de su dolor...
Se había reprimido tanto tiempo, que era imposible detenerse.
Ella sonrió con tristeza, apretando sus dedos tratando de consolarlo y un silencio, está vez reconfortante, los envolvió en la habitación.
...
Once estaba recostada en su cama, más furiosa que de costumbre.
Ella había permanecido en casa por una semana completa.
Joyce no tardó en enterarse de lo ocurrido en el hospital entre Billy y ella... y al encontrar las marcas que él había dejado sobre su piel, sin chistar le prohibió rotundamente ir a ver a Max hasta nuevo aviso
No pasó mucho tiempo para que Joyce se enterara de lo ocurrido en el hospital entre ella y Billy... y cuando encontró las marcas que él había dejado sobre su piel, le prohibió rotundamente ver a Max hasta nuevo aviso.
Su madre no quería que se expusiera de esa forma con él y Ce no tuvo más remedió que obdecerla.
Pero está mañana, estaba dispuesta a hacerla cambiar de opinión.
Sabía que ella estaría desayunando su café cargado de siempre y así fue, la encontró sentada leyendo el periódico como todos los días.
-Hola.- Saludó ella con una gran sonrisa exagerada a propósito.
Joyce alzó una ceja, tomando un gran sorbo de su taza y Will agitó su mano en respuesta.
-Hola cariño, ¿quieres desayunar?- Le ofreció ella con amabilidad, sabiendo a dónde quería llegar.
-No gracias, no tengo hambre.- Once se rascó el brazo y Will suspiró, sabiendo también lo que quería pedirle a su mamá.
-Me tengo que ir, Mike y los chicos están esperándome para jugar.- Dijo él, recogiendo su plato para no ser mal tercio y Joyce asintió, sonriendo.
Ce lo siguió con la mirada y él sacudió la cabeza, riendo en voz baja.
-Nos vemos después Ce, por favor ten cuidado.- Will le dió un sonrisa tímida, para luego marcharse.
Al ver que su hermano ya se había ido por completo, Once recargó sus brazos sobre el respaldó de la silla.
Con Hopper ella siempre hizo lo que quizo, jamás le pidió permiso para hacer nada. Pero con Joyce... era completamente diferente, ella no quería defraudarla y aunque no le gustará, aceptaría sus reglas.
-Yo... solo quería saber si ya puedo ir con Max.- Once bajó la barbilla, viendo a Joyce por el rabillo del ojo.
Pero ella seguía leyendo sus noticias en el periódico, sin decir ni una palabra.
-Ya tiene mucho que no voy a verla al hospital y me gustaría saber cómo está.- Ce comenzó a jugar con la punta de su zapato y Joyce dejó aún lado el papel.
-¿Estás segura de que quieres ir allá? Me preocupa tu seguridad Ce.- La castaña apretó sus labios en una mueca, para nada convencida de su petición.
-No tienes que hacerlo, Max no es peligro.- Subió los hombros, tratando de sonar tranquila.
-Sabes bien que no lo digo por Max, cariño...- Alzó las cejas y Once agachó la mirada.
-Pero si tú quieres ir, no voy a detenerte, solo cuídate mucho. ¿De acuerdo?- Joyce le sonrió y los ojos de Ce se iluminaron de inmediato.
-¡Lo haré! ¡Gracias!- No tenía que decirlo dos veces, Once rápidamente tomó sus cosas y salió disparada, muy contenta de poder ver a su amiga otra vez.
-Estos niños me van a volver loca...- Bromeó Joyce, hundiendo su cabeza en la mesa.
...
Los gritos de Billy Hargrove se escuchaban en todo el hospital desde afuera de su habitación.
-Max... ¡Ya te dije que puedo hacer esto solo!- Protestó Billy tratando de quitarle la ropa limpia que le habían traído recientemente.
Hace apenas unas horas él había corrido a las enfermeras de turno. No quería que lo tocaran ni mucho menos que lo vieran desnudo...
Esas mujeres no eran chicas bonitas o de su tipo y odiaba sentir sus manos escurridizas sin su permiso.
Max pasó su mano a su frente impaciente, ignorando su petición.
-Claramente se ve que no puedes hacerlo, genio.- Puso los ojos en blanco y se acercó amenazadoramente tratando de quitarle la bata que traía puesta.
Él arrugó los labios, reacio a dejarla continuar.
-Te dije que no, ya estás agotando mi paciencia, niña.- Él apuntó su dedo hacia ella con recelo, tratando de alejarla.
-Oh vamos Billy, deja de ser tan infantil. ¡Solo quiero ayudarte!- Forcejeo ella tratando de sacarle las prendas, sin éxito.
-No me tientes... ¡Maldita sea, Max suéltame ya!- Nervioso, Billy se sonrojo ligeramente, haciéndose para atrás.
Entonces los dos comenzaron a forcejear, hasta que una voz femenina los distrajo de inmediato.
-Hola...- Saludo Ce tímidamente desde la puerta, no queriendo interrumpir.
Los dos voltearon al mismo tiempo y Max lo soltó de golpe.
-¡Ce!- Gritó feliz ignorando por completo a Billy, corriendo hacia su amiga.
-Me alegro tanto de verte, no habías venido aquí en días y ya me tenías preocupada.- Max tomó sus manos, sonriéndole dulcemente.
Once entrecerró los ojos feliz, dibujando también una sonrisa en sus labios.
Después, disimuladamente vió de reojo a Billy, un tanto curiosa, pero él la descubrió y la observó con molestia.
-Lo que me faltaba...- Susurró enfadado.
-¿Por qué está ella aquí?- Billy cuestionó con fastidió y de inmediato Max volteó a verlo con el ceño fruncido.
Once, al escucharlo tan enfadado, agachó la cabeza con tristeza y se abrazó a ella misma incómoda.
Al notar el cambio de ánimo en su amiga, Max lo fulminó con la mirada y él rodó los ojos, dándoles la espalda.
-Callate Billy, debería darte vergüenza. Le debes a Ce una disculpa y lo sabes.- Le recordó ella muy irritada, con una vena sobresaliente en la sien.
-Como si me importará...- Giró la quijada hacia la dos, con una mirada fria.
Max junto al ceño sin despegar los ojos de Billy, muy enojada por su actitud.
-No le hagas caso Ce, desde que despertó ha estado más insoportable que de costumbre.- Trató la pelirroja de disimular la falta de su hermano.
-Es sorprendente, pero creo que me gustaba más cuando estaba dormido.- Dijo Max sarcásticamente, sonriendo de lado.
-¡Y se mantenía callado, sin molestar!- Ella alzó la voz a propósito y a Once se le escapó una risita divertida.
Al escucharla decir eso, Billy ladeó el cuello tétricamente, enviándoles una mirada de advertencia.
Raspó su garganta irritado, sin quitarles los ojos de encima y con fastidio volvió a la misma posición, tratando de contener sus impulsos para no cometer otra de sus locuras.
Max inmediatamente captó la indirecta y divertida, tomó a Once del brazo para ir juntas a la cafetería.
-Ven vamos a un lugar más ameno, tengo mucho que contarte.- Sugirió ella entusiasmada y Ce asintió.
-No tardo gruñón. No hagas ningún desastre mientras no estoy aquí, ¿Okey?- Comentó la pelirroja amablemente, pero Billy no contestó nada y ella alzó los hombros acostumbrada a sus desplantes.
Tomó la mano de Once, arrastrándola para salir y ella volteó una última vez, tratando de encontrar la mirada de Billy... pero él ni siquiera le estaba prestando atención.
Resignada, caminó a la par de Max para salir del cuarto y al notar que ya no estaban, Billy extendió sus brazos en la cama con los ojos cerrados, maldiciendo en sus pensamientos.
Necesitaba de una jodida vez salir de este maldito hospital... si no quería perder la poca cordura que le quedaba.
...
Once y Max regresaban de charlar de la cafetería con una bebida en sus manos.
Riendo felices, atravesaron la puerta y al entrar se dieron cuenta de que Billy se había quedado profundamente dormido.
Ambas se vieron a los ojos y Max se llevó un dedo a la boca, indicándole a Ce que guardaran silencio.
Ella asintió, tratando de no hacer ruido e inevitablemente le dio un vistazo también.
Billy se veía diferente cuando descansaba, tenía una expresión tranquila en su rostro y parecía estar en paz.
Max tomó una manta, se acercó y arropó a su hermano con delicadeza, mirándolo con ternura.
-¿Verdad que tengo razón?- Susurró Max, haciendo una mueca graciosa y Once sin poder evitarlo, soltó una risa en voz baja, tapándose la boca con sus manos.
Pero en ese momento entró una enfermera, acaparando la atención de las dos.
-¿Maxine?- Llamó a la pelirroja y ella al escuchar su nombre completo, hizo una cara de desagrado.
-Si soy yo... ¿Qué pasa?- Max se acercó hasta la enfermera, un poco inquieta.
-Tu madre te busca, me pidió que te llamará. Está afuera.- Le indicó con gentileza, dando media vuelta para marcharse.
Max intercambio miradas con Once, sin explicación por la repentina visita.
-Qué extrañó...- Hablo para ella misma en voz baja.
-¿Te importa si salgo un momento Ce? No será por mucho tiempo, solo iré a ver qué quiere mi mamá.- Le pidió Max y ella se tenso, fingiendo una sonrisa.
Once no quería volver a estar a solas con Billy.
La última vez que lo hizo, no fue nada agradable y solo pensar en la forma tan tenebrosa en qué la había visto, se le erizaba la piel.
Ella le temía.
No quería hacerlo... Billy realmente no era una mala persona, pero era inevitable después de todo lo que había pasado entre los dos.
-Si... no te preocupes. Me quedaré aquí.- Le mintió deliberadamente y Max tomó su brazo con alegría.
-Gracias, te prometo que será rápido.- Un poco más aliviada, Max caminó despacio, alejándose hasta desaparecer de su vista.
Sin más, Once se quedó parada en medio de la habitación, tratando de no enfocar su atención en el rubio.
Pero su curiosidad era más fuerte que su miedo.
Ella lo vio por un momento y después le dio la espalda; reacia a acercarse a su lado, quedándose de pie a escasos metros de él... pero la calma no duró por mucho tiempo.
-No... aléjate...- Murmuró Billy entre sueños, dando vueltas en la cama.
Once dudosa, volvió a mirarlo y al notar su rostro afligido, se dio cuenta de que estaba teniendo una pesadilla.
-¿Qué... es lo que... quieres? ¡Déjame en paz!- Billy sacudió su cabeza incontrolablemente, empapado en sudor.
Al verlo así, Once finalmente se acercó insegura y acarició su mejilla, tratando de despertarlo.
-¿Billy?- Lo llamó indecisa, aún con el temor de lo pasó la última vez.
-Billy, despierta.- Lo intentó una segunda vez, pero tampoco funcionó.
Sin saber qué más hacer, Once le dio una palmadita en el hombro con la esperanza de poder despertarlo, pero no hubo respuesta.
-¡NO!- Billy se paró de golpe gritando y ella quitó su mano rápidamente, retrocediendo asustada.
Hargrove jadeó aire sumamente agitado y giró el cuello, enfocando su mirada en Once.
"Otra vez tenía que ser está mocosa ..." pensó con amargura y al tenerla así frente a él, trató de recobrar la compostura.
Resopló aire ruidosamente, pasando ambas manos por su cabello rubio, fingiendo calma y al percatarse de que ella todavía seguía allí, rodó los ojos con arrogancia.
Once lo veía afligida, estaba preocupada por él pero al sentir su fría mirada sobre su cuerpo, se quedó inmóvil.
-¿Qué tanto me ves?- Billy protestó con voz ronca y al escucharlo, Ce agachó la vista, clavando su mirada en el suelo.
Billy bufó satisfecho pero al darse cuenta de que Max no estaba en ningún lado, tuvo que volver a dirigirse a ella sin muchas ganas.
-¿Dónde está Max?- La cuestionó sin tacto, pero no hubo respuesta.
Ce apretó sus manos contra su pecho, quedándose en la misma posición, sin decir ni una sola palabra.
Y al ver que no respondía, Billy frunció las cejas, cruzando los brazos claramente irritado.
Lo aceptaba. Él se merecía su silenció.
La había tratado como mierda desde que intercambiaron palabras después del incidente... pero él no quería tener nada que ver con ella.
Eso sería lo mejor para ambos.
-Ella salió... no tardará.- Contestó casi en un susurro captando su atención de inmediato.
Billy la observó de reojo, con una expresión severa en su rostro. Resoplo aire inconforme y después, procedió a ignorarla por completo, como si ella no estuviera allí.
Once se quedó en blanco por su actitud y abrumada, retorció sus dedos aún más nerviosa que antes.
Ella no sabía cómo hablarle sin que se molestará...
¿Por qué siempre la trataba de esa forma tan horrible?
No lo entendía... y lo peor de todo, es que sus esfuerzos parecían ser siempre en vano.
La castaña se forzó a mantener la calma y decidida, levantó un poco la barbilla, armándose de valor.
Ella había querido decirle algo desde hace mucho... y este era el momento perfecto para eso.
-Yo.- Se aclaró la garganta, tratando de no tartamudear.
Él volteó fastidiado hacia su dirección alzando una ceja sin entender que decía.
Ce le dio una mirada tímida y apretó su ropa entre sus manos, aguantando las ganas de huir.
Él la intimidaba mucho.
-Yo quería...- Pero Billy la interrumpió desesperado.
-¿Podrías dejar de balbucear cómo idiota? No entiendo ni un carajo de lo que dices.- Él entrecerró los ojos con molestia, moviendo su pierna desesperado.
Ce se quedó petrificada, sin saber que hacer... él había reabierto una herida que desde hace tiempo, ella estaba tratando de sanar.
Sabía bien que su léxico no era su fuerte... y aunque había puesto mucho empeño en mejorar, al parecer no era suficiente.
Sus palabras se clavaron en su pecho como dagas y un tanto desanimada, agachó su mentón, apretando los labios tratando de continuar.
-Lo siento...- Se disculpó, bajando el tono de su voz aún más que antes.
Billy volteó extrañado hacia su dirección.
¿Está chica era tonta o algo así? Había hecho exactamente lo contrario de lo que había pedido y eso lo sacó de sus casillas.
-¿Es enserio? ¿Qué diablos tienes en la cabeza?- Billy alzó la voz impaciente y ella brincó.
-Solo deja de hablar tan bajo, mierda...- Se acomodó en la cama molestó, deseando tener un cigarrillo en la boca.
Odiaba lidiar con mocosas de su edad, realmente lo detestaba.
La atmósfera inevitablemente se volvió tensa, pero Ce no está dispuesta a rendirse todavía.
Ella quería agradarle, realmente deseaba desde el fondo de su corazón llevarse bien con Billy; así que decidida, reunió el valor necesario y habló otra vez en un tono moderado.
-Me ayudaste.- Le dijo Once, mirándolo a los ojos con sus grandes pupilas color avellana.
-¿De qué estás hablando?- Le cuestiono él en un tono cortante, mintiendo desvergonzadamente.
Jamás olvidaría ese jodido día... como si él pudiera olvidarlo.
Todas las noches desde su enfrentamiento con el desuellamentes, Billy no había dejado de tener esas malditas pesadillas recurrentes, su mente no pensaba en otra cosa y los episodios de paranoia habían comenzado a salir a flote.
Era un infierno... pero Ce le habló de nuevo, sacándolo de sus intrusivos pensamientos.
-En Starcourt tú me protegiste del desuellamentes.- Once trató de hacerle recordar y Billy la observó con fastidio.
Realmente está niña era un dolor de cabeza. Rodó los ojos con desdén y se pasó la mano por su cabello alborotado.
-Olvídalo, eso no significo nada.- Comentó con indiferencia tratando de terminar la conversación, sin verla más a la cara.
Pero ella siguió insistiendo.
-Claro que lo fue, tú me salvaste. Eres un héroe.- Ella se sincero, sonriéndole apenas con la esperanza de que entendiera su enorme gratitud, pero el rostro de Billy se oscureció al escucharla decir eso.
Once guardó silenció de tajo, dando un paso hacia atrás bastante atemorizada por el cambio tan brusco en sus facciones.
Ella ya esperaba lo peor.
-Yo no soy un maldito héroe, no me jodas.- Billy furioso le enseñó los colmillos.
Y ella al escucharlo tan iracundo, se estremeció, sin comprender su reacción tan exagerada.
-Así que no te atreves a decir otra vez una estupidez como esa, no tienes ni puta idea de quién soy yo.- Los músculos de su mandíbula se tensaron, incapaz de contener su furia.
Él estaba sumamente indignado por sus palabras.
-No me conoces... y solo porque te hayas metido en mi maldita cabeza sin permiso, ¡Significa que ya lo haces!- Le restregó en la cara con resentimiento, intimidadola con la mirada.
Once junto sus cejas desconsolada, las piernas le temblaban y el miedo volvió a paralizarla.
Apretó los labios, conteniendo sus ganas de llorar pero fue inevitable, sus pupilas se llenaron de agua al instante.
Ce quería huir de allí y no volver jamás, pero aun no podía darse por vencida.
-Sé que no te agrado... pero eso no importa.- Once se mordió la lengua, reprendiendose a ella misma por tartamudear.
-¡Necesito decirte esto y me escucharás quieras o no!- Ella juntó las cejas determinada, cambiando por completo su carácter sumiso.
Billy la miró desconcertado al notar su repentino cambió, pero no duró por mucho tiempo.
Ladeó la cabeza imponente, echó los hombros para atrás y sonrió de lado siniestramente.
-Yo no recibo órdenes de nadie y mucho menos de una estúpida mocosa como tú.- Respondió a la defensiva a punto de perder la razón y al ver qué no cedía, Once suavizó el tono de su voz.
-¡Por favor! Solo escucha...- Le suplicó con esos grandes ojos qué tanto aborrecía y Billy chasqueó la lengua, tratando de levantarse de la cama.
Ce comenzó a ponerse nerviosa y apresurada, se dispuso a hablar sin perder más tiempo.
-Te debo mi vida, sin ti habría estado perdida.- Dijo ella sin rodeos y él volteó a verla perplejo, sin parpadear.
-Gracias por salvarme, Billy.- Le confesó finalmente, esbozando una tierna sonrisa en sus labios y él se quedó sin palabras, con los ojos ligeramente abiertos.
¿Hablaba en serio? Ella no podía estar hablando en serio...
Esta moscosa no tenía que agradecerle nada en absoluto.
Él la había lastimado de gravedad... no una, sino varias veces y todavía podía recordar cómo se sentía su piel vulnerable entre sus manos, cuando la estaba asfixiando a punto de quitarle su último aliento...
Exaltado, al revivirlo otra vez en su mente, sintió un escalofrío recorriendo su espina dorsal.
Cerró los ojos con fuerza y evitó verla a la cara, apretando sus nudillos con impotencia.
No podía entender cómo aún a pesar de todas las atrocidades que le había hecho, ella seguía aquí sonriéndole de esa forma tan genuina.
Realmente eso lo sacaba de sus casillas... Esta chica era una completa estúpida.
¿Agradecerle a su agresor? No me jodas, por su culpa estuvo a punto de morir en múltiples ocasiones... ella no le debía nada.
En cualquier caso, aún cuándo no quisiera admitirlo... sería él quien tendría que darle las gracias por hacerlo reaccionar a tiempo, antes de cometer más crímenes de los que arrepentirse.
Once apartó la mirada deprimida al no escucharlo decir nada. Sabía que Billy la odiaba... pero de verdad se estaba esforzando mucho por tratar de agradarle y le dolía su indiferencia.
Decepcionada, tomó sus cosas y cuando estaba a punto de irse, escuchó la voz ronca de Billy llamándola.
-No hagas eso, no tienes nada que agradecer.- Evitó el contacto visual, tensando la mandíbula.
-Eso era lo mínimo que podía hacer... después de todo lo que hice.- Le confesó afectado con la mirada perdida.
Once lo observó con tristeza y cuando estaba apunto de hablar para tratar de animarlo, Max entró repentinamente con las medicinas cotidianas de su hermano en sus manos.
-¡Por fin estoy de vuelta!- Exclamó ella eufóricamente.
Al escucharla, Billy se giró rápidamente evitándola.
-Te portaste bien con Once, ¿verdad Billy?- Comentó la pelirroja, pero él no quiso contestar de vuelta. Exhaló aire enojado, sin prestarle atención y Max decidió hacer lo mismo.
Hombres... pensó ella con desagrado y mejor se fue directo con Once.
-Perdóname Ce, de verdad traté de no demorarme tanto.- Se justificó apenada y Once negó con la cabeza, forzando una sonrisa torpe para ella.
-No te preocupes.- Le dio una corta respuesta, acomodando su cabello con timidez y moviendo su mano en negación.
Billy al notarla distraída, centró toda su atención en Once, sin que ella se diera cuenta de eso.
Ella era extraña... jamás había conocido a ninguna chica como ella y eso no le gustaba en lo más mínimo.
Notas:
Hola a todos 👋🏽
La verdad me he desanimado un poco en continuar está historia... 😅 Ha sido difícil, pero aún con toda en contra, mi meta si es acabar de contarlo todo.
También quería aclarar un punto, este fanfic va a ser muy largo y tendrá un romance relativamente lento, mejor dicho un slow burn 😊
Así que, espero que eso no los desespere tanto jaja pero de que habrá romance, lo habrá y también muchísimo drama, que es mi favorito 🙈
Sin más, ¡Muchas gracias a todos por leer! Nos vemos en el próximo capítulo 😺