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ANNA Y EL GRIFO
Capítulo I Y de pronto, me veo corriendo fuera de la habitación. El miedo me ha hecho huir precipitadamente, arriesgándome a desatar la furia del Espectro. Oigo sus pasos. El Grifo viene detrás de mí, avanzando con calma y sin prisa. No necesita correr para alcanzarme. Por el contrario, probablemente se divierte al verme huir asustada, cual presa ante un depredador. —Anna, te he dado una orden— lo escucho hablar con un matiz frío en la voz. —¿No piensas obedecer? — Trago saliva con nervios, mientras sigo corriendo a lo largo del pasillo, ¿Por qué tiene que ser tan grande éste maldito lugar? Ptolomea es bastante extensa, y aunque la he recorrido apenas hace un rato, no he podido memorizar sus esquinas y sus salidas. Es fácil perderse en su arquitectura de paredes blancas y tenebrosas. Desgraciadamente, en éste momento, el miedo que me invade provoca que tome la ruta equivocada, acorralándome a mí misma. El Grifo sabe que no necesita perseguirme, porque no tengo escapatoria. Sin embargo, continúo corriendo sin detenerme. Metros más adelante distingo el corredor que lleva a la salida de esta solitaria residencia. Lamentablemente, ya no lo puedo alcanzar, porque algo ha detenido mi frenética huida. Logro distinguir la extraña tonalidad violácea que emanan sus peligrosos hilos antes de que me atrapen por la cintura. Me frenan con brusquedad a mitad del pasillo, haciendo que el aire escape de mi pecho abruptamente. Pero no tengo tiempo de asimilarlo, sus pasos resuenan más cerca, mientras que otros filamentos paralizan mis muñecas. Me obliga a levantar ambos brazos, dejándome completamente inmovilizada. Y en ese instante, comprendo que debo resignarme. Ya lo he visto matar con sus hebras infernales y lo que menos quiero es incitar su deseo de torturarme. Los pasos se detienen a mis espaldas y claramente puedo escuchar su inquietante respiración. El Grifo ha tomado una decisión y no dará marcha atrás. —Anna— se aproxima un poco más. —¿Ya se te olvidó que ahora eres mi sierva personal? — —Yo… Yo… — me atraganto un poco al contestar, el miedo no me deja hablar. —L-Lo siento señor Minos… es que… no puedo… — El temible juez camina despacio a mí alrededor y puedo ver cómo los bordes de sus enormes alas negras me rodean antes de detenerse frente a mí. Las oscuras extensiones de su Sapuri se mueven a su voluntad, haciéndome sentir como la presa del monstruo mitológico que representa. Su sonido tintineante es siniestro cuando nos rodean por completo, probablemente su dueño busca atemorizarme un poco más. Me mira y sonríe con burla ante mi temor, mientras levanta su mano derecha y la dirige hacia mí. —¿Qué crees que estás haciendo? — sus dedos se cierran sobre mi cuello como una sutil amenaza. —Si abandonas éste lugar, alguien podría percatarse de tu libre albedrío— su sonrisa se vuelve más cruel, al mismo tiempo que acaricia mi mejilla con la otra mano. Ya no existe una barrera de tela que me proteja de su tacto, él la ha destrozado junto con la cubierta de mi cabeza. La sensación de vulnerabilidad me hace contener la respiración, apretando los párpados con fuerza, presa del pánico que me araña la nuca y la espalda. Estoy temblando y no sé qué hacer, porque cualquier cosa que diga, el Espectro la torcerá para su conveniencia. —¡Mírame! — ordena imperativo. Abro los ojos y me encuentro con su hermoso rostro de piel clara, con sus ojos violáceos de salvaje mirada, y con su sedoso cabello plateado que enmarca una sonrisa desquiciada. —Entonces, mi querida Anna— su voz es cínica y macabra. —¿Vas a obedecer mis órdenes, o quieres que te entregue a los otros Espectros? — Tiemblo nuevamente. No quiero perder el poco control que aún me queda, pero me atemoriza la intención implícita en su pregunta. Sé que no me entregará, pues si hubiera querido matarme, ya lo habría hecho desde que supo mi nombre. Pero el juez no lo hará, porque a veces se aburre en el inframundo, esperando las órdenes del dios Hades. Y no hay mejor manera de entretenerse, que con una marioneta nueva. Sin embargo, él no tiene planeado dislocar mis extremidades, ni romperme el cuello con sus hilos infernales. —Háblame Anna, quiero oír tu respuesta. — Trago saliva otra vez y tomo un poco de aire. Mi silencio ya no puede prolongarse, porque las consecuencias podrían ser fatales. Sé que no tengo opciones, pero me queda en claro que tampoco deseo morir. —S-Señor Minos… — le sostengo la mirada con súplica. —Estoy a sus órdenes… haré lo que me pida… — el aire se me acaba y de nuevo tengo que inhalar, mientras siento que el corazón se me detiene por el terror. —Por favor… no me castigue… — El Grifo sonríe incluso más, complacido de escucharme. No sé si se deleita con mi ruego, o con la respuesta que le he dado. Pero su mueca arrogante confirma que he firmado mi sentencia. —¿Tienes miedo de que te castigue? — su mano se desliza un poco y su pulgar acaricia sutilmente mi labio inferior. —Pero Anna, tú no eres un alma que pueda ser sentenciada— su mirada se clava en el recorrido, insinuando de nuevo su perverso interés. —No debes olvidar que eres un Espectro de bajo rango, que fue reclutada para servir en las huestes del dios Hades. — Una punzada en el pecho hace que me quede sin aire de nuevo. Al Grifo le gusta torturarme con aquella infame verdad. Mis ojos se humedecen y las palabras se quedan atoradas en mi garganta cuando siento que libera su agarre de mi cuello y los hilos sueltan mis muñecas de nuevo. Eso significa que el juez tiene la intención de continuar con su diversión en éste preciso momento. —Andando— dice, al mismo tiempo que se desvanecen las hebras que rodean mi cintura. Me toma de los hombros para que gire y le dé la espalda. —Espero que no tengas la intención de correr nuevamente— susurra cerca de mi nuca con un dejo de maldad. —A menos que quieras permanecer atada. — Un terrible escalofrío baja por mi espalda y me hace temblar en demasía. Su proximidad es inquietante y no puedo evitar preocuparme. Entonces sus alas negras se abren, dejando el camino libre. Él sabe a dónde debo dirigirme, la biblioteca le parece un lugar divertido para jugar. Así que se limita a empujarme con suavidad para que comience a caminar. Avanzo con torpeza y mis nervios se estresan aún más. Mis pasos hacen ruido en el suelo del lugar, pero no se comparan con el sonido metálico de sus pisadas al andar. Sigo temblando conforme las columnas van pasando a mi lado. Vuelvo a tragar con ansiedad, intentando mentalizarme a lo que sucederá. Percibo su mirada sobre mí, delineando mi silueta, y casi puedo imaginar sus oscuros pensamientos. Mi mente se agita una y otra vez buscando respuestas, porque sé, que esto no puede ser mi castigo por los pecados de mi vida, ya que ni siquiera he muerto todavía. Sin embargo, no me queda claro, ¿Qué fue lo que sucedió?, ¿Cómo llegué a esto?***
Continuará… Como verán, apenas he comenzado a escribir para éste fandom, y si han revisado mi perfil, sabrán que mis historias pueden ser: Universo alternativo, aventura, intento de romance, intento de comedia, amistad y Lemon. Así que obviamente no podía resistir la tentación de empezar a escribir Lemon con los personajes de Saint Seiya. Y como The Lost Canvas me ha encantado, comencé con Minos de Grifo, y quizás más adelante, ponga mi atención en los dorados de la serie clásica. Gracias por leer.