Anna y el Grifo

NC-21
Finalizada
2
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158 páginas, 66.159 palabras, 12 capítulos
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Capítulo XII

Ajustes
Buenas noches: Les traigo el último capítulo. Es un poco raro decirlo, pero incluso a mí se me hace extraño que ya sea el final. Aquí veremos qué sucede con Anna después de que Minos se marcha para no volver. Y tengo que avisarles, ella sufrirá un nuevo susto. Perdón, pero es necesario que la pobre pase por dicha situación. Después verán que su final es bueno, al menos yo lo considero así. De antemano agradezco su tiempo y los comentarios que gusten regalarme. Muchas gracias por la oportunidad que le dieron al fanfic. Atención: Todos los personajes de Saint Seiya y Saint Seiya: The Lost Canvas, pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi respectivamente. La historia es de mi autoría personal, la cual solamente escribí por capricho perverso.

***

Capítulo XII Todo esto ha sido una situación difícil de digerir y aceptar. Acabo de despertar hace unos momentos y ahora estoy repasando en mi cabeza cómo será mi futuro. Anoche, después de que el juez Minos se marchara, me quedé profundamente dormida debido al cansancio. Pero ahora que ya clareó, tengo que definir bien lo que haré. Bostezo y me desperezo un poco, aunque no tengo ganas de levantarme. Giro el rostro y me encuentro con el pequeño morral que el Grifo me dejó. Todavía me cuesta trabajo creer que un Espectro como él se haya tomado la molestia de tenerme alguna consideración. Pero hay que dejar las cosas en claro, todo esto es para su conveniencia. Me convirtió en su concubina para su disfrute carnal, y ahora me ha sentenciado a darle un hijo… o hijos. Trago saliva despacio, semejante idea me inquieta de sobremanera. Nunca he sido madre, no tuve la oportunidad de serlo con mi marido. Supongo que a veces los dioses son caprichosos para ese tipo de bendiciones. Pero si se trata de un Espectro de Hades, la situación podría ser muy diferente. No puedo asegurar lo que sucederá, pero, si no estoy embarazada todavía, sé que Minos se asegurará de que eso cambie. Exhalo cansada, vaya suerte tan retorcida que he tenido. Gracias, malditos dioses. Me siento en la cama y tomo el saco de piel oscura. Su peso me desconcierta, pero lo que contiene, me deja estupefacta por completo. —Pero… ¡Esto es increíble! — Joyas y oro, eso es lo que contiene el morral. Vacío todo sobre la sábana y me quedo con la boca abierta. Esto debe tratarse de algún botín de guerra, no tengo la menor duda. El juez se ha asegurado de que no ponga ningún pretexto. Con semejante tesoro, podré tener los recursos necesarios para sobrevivir sin depender de alguien. Desconozco dónde lo obtuvo y tampoco quiero saberlo. Pero, sin lugar a dudas, me ayudará bastante. Hay varios anillos engarzados con diamantes, aretes tallados finamente, un par de collares con muchas perlas, múltiples piedras preciosas sueltas y bastantes monedas de oro. Un verdadero espectáculo que nunca había visto en mi vida. Mi esposo algunas veces me regaló joyería, pero nada comparado con esto. Entonces, creo que podré planear un futuro decente para continuar con esta inverosímil situación. . . Ya es medio día. Elina llegó un rato después de que yo me duchara y guardara el “regalo” del Grifo. La señora se puso a preparar el desayuno y a platicarme los nuevos rumores provenientes del puerto. Todos en la isla temen que los Espectros puedan venir a destruir la villa. Afortunadamente, eso no sucederá, al menos no por ahora. Es probable que, en éste momento, el juez esté atacando el Santuario, torturando a los Santos de Athena con sus hilos infernales. Suspiro abatida, si el dios Hades gana la guerra, el mundo se hundirá en la oscuridad. No quiero pensar en ello, así que continúo con mis tareas, distrayéndome en cosas más ordinarias. Estoy en la cocina pelando unas patatas, cuando de repente, el sonido de una campana a lo lejos me saca de mis pensamientos. Elina entra apresurada por la puerta trasera, se encontraba en la pequeña huerta, recogiendo algunas verduras. —¡Señora Anna, debemos ir a la plaza inmediatamente! — dice preocupada. —¿Qué sucede?, ¿A qué se debe la campana? — pregunto intrigada. —Es la alarma del pueblo, la hacen sonar cuando hay una emergencia de la cual todos debemos enterarnos— se lava las manos rápido, mientras un gesto de miedo se forma en su rostro. —Podría significar un ataque por parte de los Espectros… — Los nervios me cosquillean en la nuca, pero decido ir con ella e investigar de qué se trata. . . La gente del pueblo se ha congregado en la plaza. El líder del lugar se encuentra encima de un estrado, hablando a todo pulmón. —¡Estimados ciudadanos!, ¡Nos han llegado noticias importantes de Rodorio! — explica con seriedad. —¡Los Espectros atacaron el lugar, se dirigían al Santuario de la diosa Athena! — se escucha un gran alboroto y comentarios de pánico. —¡Por favor, conserven la calma!, ¡Nos informan que los enemigos fueron detenidos por un Santo dorado! — La gente se tranquiliza al escuchar sus palabras, mientras yo siento una extraña punzada en el estómago. —¡Al parecer, el enemigo era muy poderoso!, ¡Arrasó con gran parte del pueblo y hay mucha gente herida! — hace una pausa para tomar aire y continuar. —¡No se angustien, por fortuna, ya fue derrotado!, ¡Ahora el alcalde de Rodorio está solicitando apoyo de las aldeas vecinas!, ¡Ciudadanos, tenemos que ayudar! — Se escucha la ovación general de la gente, todos están de acuerdo en apoyar. Ya no presto atención a lo demás, tengo una sensación extraña en el pecho y de pronto me he quedado en blanco. La noticia es desconcertante y me ha provocado una avalancha de emociones contradictorias. Si es verdad que un Santo dorado derrotó a los Espectros, eso quiere decir que Minos… podría estar muerto. Pero, si no estaba ahí, entonces debo preocuparme. Quisiera saber qué sucedió en Rodorio, pero la única manera de hacerlo es dejando la isla de los curanderos. Es muy arriesgado intentarlo. Entonces bajo la mano y acaricio el envoltorio negro atado a mi cintura. La marioneta blanca permanece conmigo todo el tiempo, pero… hay algo extraño con ella. Me aparto un poco del tumulto de gente y desenvuelvo el títere para observarlo mejor. Dicho objeto siempre ha estado impregnado con el cosmos de Minos. Pero ahora, parece que ha disminuido la huella de éste. No, su cosmoenergía no ha desaparecido de la marioneta. Más bien, el hilo especial que la vinculaba con él… ya no existe. Trago saliva con dificultad. Esto podría significar muchas cosas, y la única manera de asegurar la verdad, es verla con mis propios ojos. Guardo el juguete y tomo una decisión en ese mismo instante. —Señora Anna— Elina me llama, así que volteo a mirarla. —¿Le gustaría ayudar?, algunas mujeres iremos a Rodorio para auxiliar a los heridos, un barco está preparándose para zarpar. — No lo pienso demasiado, esta oportunidad debo tomarla. —Claro que sí, vamos. — . . Rodorio es un desastre. Gran parte del pueblo está destruido y hay gente muerta por todos lados. Los sobrevivientes fueron llevados a la plaza central junto al monumento de Athena. Han dispuesto techumbres y camas provisionales, apoyándolos con los recursos que tienen a mano. Elina y yo estamos auxiliando a los que tienen heridas superficiales, limpiándolos y colocándoles paños limpios para evitar infecciones. Todos los habitantes están nerviosos e inquietos. No obstante, el alcalde del lugar anda de un lado a otro, dando órdenes para mantener el control. Tiene un vendaje en la cabeza, y a pesar de que aún sangra su herida, reparte palabras de aliento para que hombres y mujeres conserven la calma. Hay Santos de bronce patrullando las calles y apoyando a la gente. Ellos mismos hacen comentarios acerca de la situación actual. Al parecer, llevaron el cuerpo del Espectro derrotado al Santuario. Necesito saber quién era. —Voy a buscar más vendajes— le digo a Elina, quien se queda atendiendo a un hombre con la pierna lastimada. Me voy caminando rumbo al dispensario del lugar. Pero al mismo tiempo estoy buscando algún Santo que me pueda confirmar lo sucedido. Y tengo suerte, ya que veo a un par de rango plateado. Deben ser los que dirigen a los de bronce y a los soldados rasos. —D-Disculpen… — hablo con un tono suave, para no sonar tan grosera al interrumpir su conversación. —¿Qué sucede mujer? — contesta uno, mirándome con curiosidad. —Perdonen mi impertinencia, soy de la isla de los curanderos, vine para ayudar— tomo un poco de aire y mantengo una expresión preocupada. —Pero no nos dijeron qué pasó exactamente aquí, ¿Es cierto que fueron atacados por Espectros?, ¿También la isla correrá el mismo peligro? — Ambos se miran y luego responden con calma. —Un grupo de Espectros se dirigía al Santuario, pero el caballero dorado de Piscis logró frenarlos. Sin embargo, su líder era uno de los tres generales del dios Hades— en ese instante, siento un espasmo doloroso en mi estómago. —Al parecer, fue una dura batalla que se extendió hasta el pueblo, con graves consecuencias— suspira cansado el Santo. —Pero no temas mujer— continúa el otro hombre. —Albafica de Piscis logró vencerlo con una de sus rosas venenosas. Por desgracia, él también murió debido a la pérdida de sangre— cruza los brazos con una expresión seria. —Aunque no me extraña que fuese así, pues se trataba del Espectro de Grifo, uno de los más fuertes del inframundo. — ¿Aquel Santo logró derrotar al juez Minos de Grifo? Me cuesta creerlo. Un Espectro tan poderoso como Minos, no podría ser vencido únicamente con fuerza bruta. Su poder era tal, que sólo movía dedos y manos para someter y asesinar a sus presas. No hacía esfuerzo alguno, por lo que la única forma de vencerlo, era a través de alguna estrategia en verdad peligrosa. De otra manera, lo veo imposible. Siento que el aire me falta y apenas logro procesar lo que me dicen. Pero hago un intento por controlar mi ansiedad. —¿Y qué sucede con los Espectros asesinados? — Mi pregunta no es a la ligera. Cuando estuve en el inframundo, escuché muchas cosas acerca de las habilidades del dios Hades. Esto incluye el poder revivir a sus soldados caídos si lo desea. Por lo tanto, existe la posibilidad de que el Grifo regrese a la vida. Lo que me mantiene asustada, pues he desobedecido su orden de no abandonar la isla. —Todos los cuerpos son llevados al Santuario— responde el primer Santo. —No te inquietes mujer, la diosa Athena ya se hace cargo de todo y no creo que debas temer por la isla de los curanderos. — Esas palabras me dejan tranquila a medias. No obstante, mantengo una leve esperanza, ya que cuando toco de nuevo la marioneta envuelta, me doy cuenta que continúa igual que hace rato: Desconectada de su amo. —Muchas gracias, es bueno saber eso— hago una inclinación a modo de despedida. —Me siento más tranquila, adiós. — Me alejo por la calle hasta llegar al dispensario. Pido los vendajes y regreso con Elina para continuar ayudando a las personas heridas. Estoy muy inquieta. Minos de Grifo ha muerto, eso significa que… ¿Soy libre? Quiero pensar que sí, pero no puedo asegurarlo todavía. El dios Hades apenas está comenzando a mover las piezas de su juego. Sólo queda esperar y rezar para que la deidad de la guerra y la sabiduría sepa cómo enfrentarlo. . . Ya es muy noche. Nos quedamos hasta tarde para ayudar lo más que pudimos. Alcanzamos el último barco de regreso a la isla cuando ya estaba oscureciendo. Elina se encaminó a su casa y me dejó las llaves para poder entrar a la de mi abuela. Necesito descansar, fue muy agotador estar en Rodorio. Todo el pueblo está en silencio, las calles permanecen parcialmente oscuras, debido a la poca luz de luna y a los escasos faroles con velas en algunas esquinas. Por fin llego y entro en silencio a la casa, bostezo un poco y decido que tomaré una ducha para relajarme antes de dormir. Apenas camino por la estancia, en busca de unos fósforos, cuando de repente, escucho unos aleteos surgidos de la nada. Me quedo paralizada y el corazón me da un vuelco horrible en el pecho. El sonido se repite, y no es sólo uno, sino que se distingue el batir de más alas. Trago saliva despacio, al mismo tiempo que enciendo los candelabros para iluminar la sala. Esto no puede estar sucediendo. Los aleteos se oyen más fuerte y más cerca. Inmediatamente corro hacia la puerta trasera y salgo al jardín. La respiración se me detiene cuando noto un par de siluetas descendiendo desde el oscuro cielo, al mismo tiempo que el aire a mí alrededor se agita con fuerza. El terror se desliza por mi nuca al escuchar el sonido metálico de unos Sapuris. Ellos están aquí. De entre las sombras, sale caminando el juez Rhadamanthys de Wyvern, imponente y tenebroso. Mis ojos se abren con pavor al verlo avanzar hacia mí, asemejándose a un terrible dragón. Retrocedo por instinto, pero no alcanzo a dar más de dos pasos cuando noto el movimiento del aire por detrás. El otro Espectro se ha movido ágilmente para cerrarme el paso. —¿A dónde crees que vas, lindura? — dice burlón el juez Aiacos de Garuda, inmovilizándome de los hombros con ambas manos. —¿Es esta la mujer correcta? — pregunta el Wyvern, deteniéndose frente a mí y acercando su rostro intimidante. Me observa con curiosidad, aunque yo siento que estoy a punto de desmayarme por el pánico. Todavía no alcanzo a digerir que ambos Espectros están aquí, hablándome. ¿Acaso han venido para asesinarme?, ¿Tal vez quieren arrasar la pobre isla?, ¿El juez Minos tiene algo que ver con esto? —Vamos adentro— contesta Garuda, arrastrándome al interior de la casa con apenas un tirón. —Ella misma nos lo dirá. — No me resisto en absoluto, sólo tiemblo sin poder hablar. El estómago me duele y el aire no llena por completo mis pulmones. Estoy perpleja y llena de pavor, pues no quiero morir. Pero es evidente que ellos no están aquí por mera casualidad, así que empiezo a temer por mi vida. Una vez en la sala, el juez me suelta y camina a mi alrededor, observándome de pies a cabeza. Estoy inmóvil, tiritando de nuevo como un ciervo asustado. Todavía no comprendo que está sucediendo. —Pues sí, es ella, puedo notar un rastro del cosmos de Minos rodeándola— comenta Aiacos. —Debes estar bromeando— masculla Rhadamanthys, mirándome fijamente. —Dime mujer, ¿Tú tienes la marioneta del juez Minos de Grifo? — Abro la boca e intento que las palabras salgan, pero no lo consigo. Así que sólo asiento con la cabeza y torpemente llevo mis manos a la tela negra. Desenvuelvo el títere blanco, y a pesar de que estoy temblando, se los muestro. Ambos estrechan la mirada sobre el juguete, parecen convencidos ahora. —¿Sabes que él murió? — pregunta Aiacos. Hago inhalaciones lentas, pero no puedo hablar todavía. Así que confirmo con el rostro una vez más, sujetando la marioneta con fuerza. No sé por qué, pero tengo mucho miedo de dejarla caer al suelo. —Dime mujer, ¿Cuál era tu relación con Minos? — interroga el Wyvern. No puedo responderle. —Reacciona lindura— Garuda chasquea los dedos, haciendo que respingue sobresaltada. —No te haremos daño si contestas nuestras preguntas— sonríe un poco, pareciera que le divierte mi expresión aterrada. El miedo continúa reptando a lo largo de mi columna vertebral, pero logro contener mis temores al escuchar las palabras del juez. No sé qué buscan aquí, pero al menos debo intentar no irritarlos. Si quieren información sobre las andanzas de Minos, se las daré. No me queda de otra. —Era… su sierva… — susurro por lo bajo, apenas oyéndome. —Entonces eras su concubina también— masculla Rhadamanthys, cruzándose de brazos. —¿Desde cuándo? — No entiendo a dónde quieren llegar, pero igual respondo. —Desde hace… una semana… — El juez Garuda suelta una risa irónica y alza los brazos en un ademán que da a entender su fastidio, mientras resopla molesto. —¡Minos lo hizo otra vez, el muy maldito se nos adelantó de nuevo! — El Wyvern estrecha aún más la mirada sobre mí, asustándome. Casi puedo asegurar que quiere enseñarme los colmillos que posee. —¡No asegures nada todavía! — gruñe, al mismo tiempo que se acerca y me atrapa del brazo con fuerza. —¡Tenemos que cerciorarnos antes! — Todo sucede en un santiamén. Antes de siquiera poder asimilar el terror que me estruja el pecho, el juez me empuja contra su compañero. Éste me sujeta de los hombros otra vez, manteniéndome quieta. La mirada se me cristaliza al mismo tiempo que el temblor de todo mi cuerpo empeora. Entonces, mi mente comienza a temer lo peor. —Tranquila, sólo queremos confirmar un asunto que nos atañe a los líderes del inframundo— explica Aiacos detrás de mí. —Ahora, no te muevas, que Rhadamanthys sólo quiere examinarte. — ¡¿Qué?! ¿Por qué quiere hacer eso?, ¿Qué demonios se traen entre manos? Quisiera poder gritar, pero no tiene caso siquiera pensar en eso. Me paralizo cuando veo que el Wyvern se acerca y se acuclilla frente a mí. Trago saliva despacio al verlo alzar el brazo y posar su mano justo encima de mi vientre. Sólo me toma un instante discernir de qué se trata esto. A pesar de que lleva puesto su guantelete, percibo una leve sensación de calor a través de la tela de mi vestido. No hace nada más, simplemente presiona con suavidad y su gesto da a entender que está esperando algo. Después de unos segundos, que se vuelven casi eternos, su expresión refleja un notorio disgusto. —¡Ese bastardo de Minos! — masculla. —¿Y bien? — Aiacos quiere saber. —¡Está preñada! — retira la mano de mi vientre y se pone de pie. —La huella de su cosmos ya está latiendo dentro de esta mujer— me mira con molestia. El juez Garuda me libera y yo me alejo algunos pasos torpemente, manteniendo la marioneta contra mi pecho. Estoy desconcertada, el miedo me recorre y eso empeora cuando veo que ambos Espectros no parecen complacidos con la idea de que voy a engendrar al hijo de Minos. Yo tampoco lo estoy, porque no estaba segura de que fuera cierto, no lo podía confirmar todavía. Sin embargo, el Wyvern se ha expresado con total seguridad. Cuando estuve en el inframundo, aprendí que el cosmos es algo real e importante. Incluso los Espectros de bajo rango pueden percibirlo, aunque no sepan manipularlo. Entonces… estoy embarazada del Grifo. —Te dije que tomáramos más en serio sus comentarios cuando hablaba del tema— Garuda alza los hombros en un gesto resignado. —Ya sabes que él siempre ha tenido el cargo de juzgador de almas, ¿Acaso creías que iba a renunciar tan fácilmente a ese poder? — —¡Ya lo sé, pero el muy imbécil hizo trampa!, ¡En esta ocasión ni siquiera esperó a que el señor Hades se revelara por completo en su anfitrión! — protesta Rhadamanthys. —Bueno, podríamos… — me dirige una mirada maliciosa. —Deshacernos de ella y problema resuelto, tendríamos una oportunidad. — Palidezco de forma notoria. Ellos van a eliminarme únicamente por haber sido la concubina del Grifo. Ni siquiera tuve voz ni voto en esto, sólo soy una víctima. Malditos Espectros. —Déjate de idioteces Aiacos, sabes perfectamente que no podemos hacerlo, y menos ahora que el señor Hades ya está enterado de la muerte de Minos— increpa el Wyvern. —Aunque… hace una semana todavía no teníamos permiso de salir al exterior— de nuevo me observa con intensidad. —¿Cómo es que él…? — En un parpadeo desaparece, y de pronto, siento su respiración en mi nuca. Antes de siquiera pensar en voltear, me sujeta del cabello, inmovilizándome fácilmente. Lo que me provoca otra horrible sacudida en el cuerpo. Entonces, se aproxima y olfatea un par de veces cerca de mí, aumentando mi desasosiego. —Mira nada más, una monja oscura defectuosa— parece un poco sorprendido. —¿Hablas en serio? — Garuda se aproxima y observa detenidamente mis ojos, hasta que parece encontrar algo en mis pupilas. —Pues sí, aún conserva rastros de la conversión a Espectro menor, ese idiota de Luco se equivocó demasiadas veces. — El juez Rhadamanthys me libera. —Como sea, ella no tiene la mente anulada, y probablemente eso fue lo que tomó en cuenta Minos para hacer su jugada— empieza a caminar rumbo a la puerta. —Larguémonos ya, antes de que Pandora se dé cuenta de nuestra ausencia. — Yo nunca quise esto, pero el infortunio todavía me persigue. Maldita sea mi suerte una vez más, así como todos los estúpidos dioses del destino, ¿Ahora se supone que debo resignarme? —¿M-Me… asesinarán? — consigo hablar por fin. —¿S-Sólo porque… Minos me condenó a ser su… yegua de crianza? — No sé por qué me arriesgo de esta manera. Pero no puedo con la frustración, a pesar del miedo que siento. Esto ha sido muy injusto y no quiero quedarme callada. A estas alturas de la situación, ya no me importa en realidad. Ambos se miran entre sí, no parece sorprenderles ni molestarles mi impertinencia. Aiacos sonríe burlón, pero se ve dispuesto a explicarme. —Hacer eso, iría en contra de nuestros acuerdos— rueda los ojos con indiferencia. —Comprendo tu molestia mujer, pero debes saber qué, como jueces del inframundo, nosotros no somos elegidos al azar como las demás Estrellas Malignas, sino que, dependemos de un linaje humano que proviene desde la época del mito, una línea de sangre que se conserva desde hace siglos. — Me quedo atónita al escucharlo y trago saliva despacio nuevamente. El juez Minos hizo mención de eso con anterioridad. —Somos los generales del ejército del dios Hades, los más fuertes. Por lo tanto, nuestro deber es conservar ese estatus a través de nuestra estirpe— prosigue con su explicación. —No importa con cuál mujer sea, pero siempre debemos engendrar al menos un hijo o hija, para que nuestra línea de sangre siga presente en la Tierra hasta la próxima guerra santa. — —Así que deberías sentirte honrada, mujer— interviene el Wyvern, manteniendo su mirada incisiva. —Tendrás el privilegio de criar al hijo del juez principal— su voz conserva un matiz irritado. —Digamos que, simplemente, estamos molestos porque ese imbécil de Minos se nos adelantó, ya que, el primer líder que propague su linaje en esta época, gana el derecho a que su estirpe consiga el cargo de juzgador de almas en el futuro. Y eso significa tener más poder y estatus en el inframundo. — No estoy segura si lo que dicen ambos Espectros es para hacerme entender los motivos de Minos, o solamente lo hacen para molestarme. Pero no puedo negar que sus palabras son interesantes e inquietantes a partes iguales. Y quizás lo que más me importa de todo esto, es confirmar que seguiré con vida. —¿N-Nadie me hará daño? — Aiacos niega con un movimiento de cabeza. —No mujer, nadie te lastimará, eso nos traería problemas con Minos— también se encamina a la salida. —Si lo hiciéramos, y después su cuerpo es recuperado, él revivirá y seguramente se cobrará de la misma forma cuando nosotros intentemos dejar nuestra propia descendencia— me da un último vistazo. —Así que mejor ocúpate de esa cría, no creo que desees irritarlo si es que vuelve a la vida. — Siento el nuevo escalofrío arrastrándose por mi nuca y espalda. Los veo salir de la casa, pero no puedo moverme para confirmar que se marchan. Sólo escucho el batir de sus alas, el cual se aleja poco a poco. No moriré, eso es una buena noticia. Pero existe la remota posibilidad de que Minos regrese, eso es una mala noticia. Por fin suelto el aire retenido y vuelvo a respirar con calma. Salgo al jardín pausadamente, mirando en todas direcciones y hacia el cielo. Ya no hay nadie, los jueces se han marchado. . . Apenas pude dormir. La inquietante visita de los Espectros me dejó muy nerviosa y no estoy segura de lo que sucederá. Elina se pasó toda la mañana intentando tranquilizarme, pero no consiguió que le dijese nada al respecto. Así que se limitó a darme una infusión calmante y esperar a que me relajara un poco. Sé que tarde o temprano me desahogaré con ella, pues no tengo a nadie más y esta situación me pesa bastante. Por otro lado, siguen llegando noticias a la isla de los curanderos. Los Santos de Athena han comenzado sus movimientos de guerra, así que sólo queda esperar que los resultados de la contienda sean favorables. Por mi parte, lo único que haré por el momento, será continuar adelante. . . Ha pasado poco más de un mes desde que estalló formalmente la guerra santa. En la isla todo está tranquilo, el Grifo dijo la verdad, nadie ha venido a invadir éste lugar. Los habitantes siguen trabajando, para ellos mismos y para apoyar a Rodorio con recursos alimentarios. Y a pesar de que se vive un clima de tensión, se puede notar que la gente parece más confiada. Las noticias, buenas y malas, llegan a diario en voz de los marineros y comerciantes. Se habla de batallas en lugares alejados, de muertos y derrotas en ambos bandos. Pero lo cierto es que, la diosa Athena y sus guerreros, continúan en pie de lucha, sin rendirse jamás. Eso es un gran aliciente para todos. Y en cuanto a mí… ya estoy sufriendo los primeros síntomas del embarazo. Elina se dio cuenta de mi estado la semana pasada. No pude seguir fingiendo que no recordaba lo que sucedió antes de mi regreso al pueblo, así que le confesé todo. Al menos la parte más comprensible que una mujer como ella pudiese entender. Al principio, se preocupó bastante cuando supo que fui la sierva de uno de los líderes del inframundo, porque obviamente, intuyó lo que me hizo. Pero debo agradecer bastante su comprensión. Ella es una señora madura, no tanto como lo fue mi abuela, pero sí lo suficiente para ser mi apoyo materno. Posteriormente, se mostró mucho más calmada cuando le expliqué que no había peligro de que los Espectros vinieran a la isla. No mientras el dios Hades no gane la guerra santa. … Después de la confesión y las explicaciones, me sentí mucho más tranquila y libre. Quiero pasar los meses del embarazo sin tensiones, así que me enfoqué en investigar si mi abuela había dejado algún testamento. Cosa que resultó cierta, ya que cuando me presenté en la oficina del magistrado como su nieta, me enteré de que había heredado la casa y sus pocos bienes. Ella nunca cambió nada en dicho documento, a pesar de que me creyó muerta, lo que agradezco infinitamente. De esta manera, puedo sobrellevar mucho mejor mi situación. Respecto a las monedas y joyas que me dejó el juez Minos, debo decir que su “ayuda” ha sido muy benéfica. Sólo he vendido uno de los anillos engarzados, pero aquel pequeño diamante fue suficiente para obtener sustento para un par de meses. Ahora puedo pagar la ayuda de Elina y comprar comida para mantenerme. Al menos en lo que pienso cómo obtener otra fuente de ingresos. No en vano fui esposa de un comerciante, así que me las arreglaré de una u otra forma. . . Tengo siete meses de embarazo y debo decir que esto ha sido un poco complicado. Como no tengo experiencia previa, Elina es quien me ha apoyado en todo. Ella tuvo seis hijos, así que los conocimientos maternos le sobran. Afortunadamente, en la isla existen sanadoras que también son comadronas, las cuales me han revisado y recomendado varias cosas para mi estado. Me encuentro en mi habitación, sentada en una mecedora, mirando el ir y venir de las aves desde la ventana. Puedo sentir las pataditas del bebé, lo que me sorprende a veces. Esta criatura es muy activa y desde el principio he sentido su vitalidad y movimiento. Me acaricio el vientre con suavidad, pero no quiere quedarse quieto o quieta, pues desconozco que será. Entonces tengo que recurrir de nuevo al títere. Como dije antes, la huella del cosmos de Minos se mantiene impregnada en la marioneta blanca. Supongo que no podré deshacerme de ella si lo intento, ya que el Grifo me dejó muy en claro que está vinculada conmigo, por lo tanto, con su descendencia. Y por extraño que esto suene, si coloco el juguete sobre mi vientre, el bebé se relaja. Es algo desconcertante, pero hasta cierto punto, comprensible. Yo deseaba tener hijos, obviamente con mi marido. El destino fue caprichoso y el padre resultó ser otro hombre. No tengo que analizar demasiado mi situación, no es algo fácil de aceptar, pero tampoco considero que esto sea tan malo. Estoy viva y eso es lo que importa, ya que, ¿Cuántos pueden decir que fueron al infierno y regresaron? Toda una anécdota de vida. Tomo un tenedor y sigo comiendo un poco de fruta picada cubierta con miel. Sí, la misma jalea que me regaló el juez. Es curioso, ya que dicho alimento ha resultado muy benéfico para mi salud, y al bebé parece agradarle cuando degusto algo dulce. Sin lugar a dudas, es un poco paradójico, teniendo en cuenta quién fue su padre. Respecto a la guerra santa, se rumora que está a punto de terminar. Ahora me siento más tranquila, pues el Grifo no va a volver, ni él, ni los demás Espectros. La diosa Athena pronto tendrá su último enfrentamiento contra el rey del inframundo. Si todo sale bien, la Tierra continuará siendo iluminada por la luz del sol y podremos seguir con nuestras vidas sin el miedo a morir. . . La guerra santa ha finalizado. La diosa Athena fue la vencedora junto con sus guerreros, ahora el mundo está a salvo. Hubo pocos sobrevivientes, el Santuario está en pésimas condiciones y Rodorio se mantiene en pie, ayudando en lo que puede. Respecto a la isla de los curanderos, se nota una gran mejoría en su población y por fin se respira la paz. Al fin podemos dormir tranquilos. . . Ella ha nacido. La hija del juez Minos por fin está en mis brazos. Es una niña hermosa, y aunque en los primeros días no se podía notar con claridad, ahora me doy cuenta de los rasgos que heredó del padre: Su tono de piel y sus ojos violáceos. La pequeña ya observa el mundo a su alrededor, aunque no pueda moverse todavía. Su mirada es muy llamativa por el color y por lo vivaz. Según los comentarios de Elina, se parece mucho a mí, además de que compartimos el mismo tono oscuro de cabello. Como sea, mi hija es preciosa y me encargaré de que tenga una vida feliz. Incluso si ahora forma parte de la línea de sangre del Grifo. . . Seis años después de la guerra santa. La niña corre por todo el jardín de la casa, sosteniendo la marioneta blanca. Es feliz jugando con ella y siempre la lleva de un lado a otro. Supongo que no tiene caso preguntarme el porqué de ello. Tan pronto tuvo conciencia para sostener un objeto, se apoderó del títere sin el menor titubeo, como si supiera que era suyo desde antes de nacer. Ideas locas de mi parte, supongo. —Ariadna, ven a comer. — Salgo al patio y la veo sentada en el césped, jugando con el títere. Ella todavía no puede usar bien las cruces de madera para controlar los largos hilos, pero sé que en algún momento podrá hacerlo. —Mami, ¿Por qué no puedo…? — agita los hilos, provocando que se enreden. Me acerco y tomo el juguete, acomodo las hebras y hago una pequeña ejecución para ella. La marioneta camina de un lado a otro y saluda con el brazo, después la hago dar brinquitos y otras piruetas. Mi hija sonríe alegre, lo que me hace feliz a mí también. —¿Cómo lo haces? — pregunta. —Sólo es cuestión de que practiques, ya lo harás poco a poco, no hay prisa alguna— le explico, a la vez que manipulo las cruces. —¿Mi papá sabía controlarla muy bien? — pregunta con inocencia. Suelto un largo suspiro y ruedo los ojos. Claro que Minos sabía cómo manipular a sus marionetas perfectamente, incluso a un grado mortal. Pero bueno, eso no tiene que saberlo mi pequeña. Era inevitable que preguntara por su padre, como cualquier niño normal haría. Aunque al principio fue complicado decidir si debía contarle de él, tomé la decisión de hacerlo. La señora Elina me recomendó que solamente le dijera una verdad a medias, que no era necesario decirle todo. —Sí, tu padre era un gran marionetista— le entrego las cruces. —Inténtalo otra vez, primero mueve sus piernas y luego sus brazos. — Aunque torpe al inicio, lo consigue, y me doy cuenta que eso la pone muy feliz cuando miro sus ojos violáceos. Ella no tiene la mirada inquietante de Minos, pero creo que, si llega a enojarse, podría expresar un poco de esos rasgos. Sonrío para mí misma, esto resulta un poco extraño de aceptar, pero Ariadna es mi tesoro ahora, y se lo debo a él. —Señora Anna, pequeña Ariadna, ya volví— se escucha la voz de Elina. Ambas volteamos y la vemos asomándose desde la puerta, ya que ha regresado de hacer algunas compras. —Vamos a comer— tomo la mano de mi hija y entramos al interior de la casa. … Momentos más tarde, estamos las tres compartiendo los alimentos en la mesa. —Señora Anna, mañana comienza la fiesta anual de Rodorio— dice Elina. —Quizás podríamos ir para distraernos un poco. — —Es cierto, creo que podría ser divertido, ¿Quieres ir, Ariadna? — veo que mi hija come muy animada, incluso “dándole” una cucharada de su comida a la marioneta, la cual siempre coloca a su lado. —¡Sí quiero! — contesta emocionada. —Muy bien, entonces iremos. — No tengo nada de qué quejarme, mi vida ha mejorado mucho. He sido recompensada y ahora soy feliz.

=FIN=

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Eso es todo, y creo que ahora tengo un vacío emocional. No es común que me suceda esto con mis fanfics, siempre me siento muy feliz cuando los termino. Pero aquí, realmente me da una sensación rara concluirlo. Creo que me encariñé con la historia y los personajes, porque se supone que esto era sólo un ejercicio (perverso) de escritura para ver si podía redactar una historia en primera persona. En verdad no pensé que llegara a crecer tanto y luego me dejase éste sentimiento. En fin. ¿Y bien, que les pareció?, déjenme su opinión del final. Espero no haber decepcionado o traumado a alguien. Mi objetivo era redactar Lemon, porque mi febril mente así lo quiso, y por el momento estoy satisfecha. Aunque más adelante espero escribir otra cosa de la misma temática. Éste final dista mucho del boceto original, en el cual no se mencionaba la posibilidad de un embarazo, pero me siento muy contenta con la historia que nació aquí. Después de todo, Anna tuvo un final feliz con su hija, y aproveché para hacer un guiño a mi otro fanfic (Contacto Humano), con la fiesta anual de Rodorio. Pues ambas historias están en el mismo universo. Por cierto, en la mitología griega, Ariadna era una princesa cretense, hija de Minos y Pasífae. De ahí tomé el nombre para la hija de nuestro querido juez. También espero no haber exagerado con mi imaginación y el Lore de Saint Seiya respecto al linaje de los jueces. ¿Cómo sería con Rhadamanthys y Aiacos? pues de la misma forma, buscarían mujeres comunes para dejar descendencia. También está la opción de Wyvern y Pandora antes de que él muriera. Respecto a Garuda, él y Violeta, lo veo complicado, por obvias razones. Entonces le queda la opción de otra mujer, o una monja oscura. Agradezco su lectura y los grandiosos comentarios que me dejaron. Aprecio mucho que le dedicaran tiempo a éste cuento perverso, ya fuese con su cuenta de FanFiction, como anónimos, o desde las sombras. Muchas Gracias. Nos seguimos leyendo en otros fanfics. 10/Enero/2021
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