Dragón blanco

Mezcla
NC-21
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planificada Mini, escritos 4 páginas, 1.258 palabras, 2 capítulos
Descripción:
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1: Reflexiones, decisiones

Ajustes
Sora sentía el frío en sus huesos. Había llegado el invierno a Shibuya y no tenía ni idea de por qué estaba allí. Su cuerpo no soportaría esta situación eternamente. Con 16 años y las esperanzas bajo cero, no había motivos para creer en una mejor vida, más que en la delincuencia. Sora estaba yendo por mal camino, pero no podían culparlo, nunca tuvo una figura paterna que le aconsejara. Más bien solo se tuvo a sí mismo y ya era demasiado mayor para seguir en el orfanato. El mundo le recordaba constantemente que la vida cobra caro. Era un huérfano sin apellido, sin alguien a quién aferrarse ni nadie que lo calmara en sus noches de pesadillas. Así que… qué más daba si se volvía malo. Su cabello de un rubio platino que casi parecía blanco se alborotaba con el viento que golpeaba las calles. Mientras caminaba, Sora notó a chicos que quizá tendrían su edad o un poco más vestidos con chaquetas de pandilla. Ah, sí, el mundo de las pandillas. Sora no les veía ningún sentido, jamás pertenecería a una, aunque sí estaba cómodo con hacer el trabajo sucio para otros, daba bastante dinero cuando estaba en apuros. Pero nunca pertenecería a una banda. Él iría siempre por solitario. Sonaba mejor así. No depender de nadie y no deberle nada a nadie, si no hay un jefe, no hay poder ejercido sobre él más que el propio sistema de la vida. Su mirada se podó tan solo un segundo en los chicos con chaquetas negras y símbolo de hanafuda. Solo fue un instante, pero ese símbolo se grabó en su mente.

***

La vida seguía y no era diferente para Mikey. Su rutina ahora consistía en pasar el tiempo en el hospital visitando a Emma que aún no despertaba, luego pasar tiempo con Takemichi e hacer entrar en razón a Izana que parecía consumirse en el autodesprecio. Aún no sabía cómo empezar a buscar a ese hermano perdido. Mikey no tenía ni idea, sería más fácil con Emma aquí, pero no era posible por el momento y pensarlo le hacía doler el estómago. Al menos, Takemichi estaba a su lado. No tenía claro qué eran, pero estaba seguro de que ya habían cruzado la línea de la amistad. Básicamente, Takemichi estaba renunciando a regresar al futuro por quedarse a su lado, eso debía significar algo, debía hacerlo. — Mikey-kun, estás muy callado. Los ojos negros de Mikey se volvieron a su “amigo”. Lo observó unos segundos antes de sonreír. — Solo estaba pensando en algo. Los ojos azules como zafiros de Takemichi lo miraron con creciente curiosidad. — Estuve leyendo el diario de Shini, descubrí algo interesante, pero no sé cómo proceder. — No sabía que Shinichiro tenía un diario. ¿Qué es eso que descubriste? Mikey suspiró. Era como si algo dentro de él pesara demasiado, habían sido días complicados dentro de una vida que de por sí ya lo era. — Shinichiro buscaba a un hermano perdido, por eso iba a los orfanatos. Encontró a Izana en medio de todo eso, aunque no era a quién buscaba. Takemichi se quedó sin palabras un momento. Luego sus ojos brillaron con emoción contenida, algo que a Mikey le parecía adorable. — Lo buscarás. — Y no era una pregunta, era un hecho. Mikey asintió.

***

Izana frecuentaba de igual modo el hospital. Se sentía tan culpable, solo quería que Emma despertara. Quería poder pedirle perdón, decirle que sus creencias sobre que solo es familia quién comparte sangre eran una tontería. No estaba seguro de si Emma lo escuchaba. Tampoco sabía si alguien escucharía sus plegarias. Solo sabía que necesitaba aferrarse a la idea de que Emma despertará.

***

Kakucho miraba a Izana con los ojos de quién ha visto a muchas personas hundirse y no quiere que su rey acabe igual. ¿Qué es peor que la muerte? Tal vez… ser olvidado. Kakucho no estaba dispuesto a dejar a Izana hundirse en la miseria y debía comenzar por convencerle sobre ser más abierto al acercamiento de Mikey. Años de rencor no se podían borrar en un segundo. Así que bajo la mirada de Kakucho, Izana era solo un chico buscándose a sí mismo sin entender la mitad de lo que estaba haciendo. — Sois iguales. La voz de Kakucho sonó baja como quién comparte un secreto. Izana alzó su mirada amatista con confusión. — ¿De qué hablas ahora? — De ti y Mikey, ambos sois iguales, consumidos por algo oscuro. Izana bufó con molestia. Esa era la mayor tontería que escuchaba en semanas. Por dentro no podía negar que tal vez sí veía cierto parecido con Mikey, pero era tan irritante, tan molesto aceptar que se parecían. No quería darle una paliza ya ni vengarse por algo que no hizo él directamente, pero eso no significaba que aceptara las migajas. Se contentaría con que Emma despertara de una vez.
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