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La vida seguía y no era diferente para Mikey. Su rutina ahora consistía en pasar el tiempo en el hospital visitando a Emma que aún no despertaba, luego pasar tiempo con Takemichi e hacer entrar en razón a Izana que parecía consumirse en el autodesprecio. Aún no sabía cómo empezar a buscar a ese hermano perdido. Mikey no tenía ni idea, sería más fácil con Emma aquí, pero no era posible por el momento y pensarlo le hacía doler el estómago. Al menos, Takemichi estaba a su lado. No tenía claro qué eran, pero estaba seguro de que ya habían cruzado la línea de la amistad. Básicamente, Takemichi estaba renunciando a regresar al futuro por quedarse a su lado, eso debía significar algo, debía hacerlo. — Mikey-kun, estás muy callado. Los ojos negros de Mikey se volvieron a su “amigo”. Lo observó unos segundos antes de sonreír. — Solo estaba pensando en algo. Los ojos azules como zafiros de Takemichi lo miraron con creciente curiosidad. — Estuve leyendo el diario de Shini, descubrí algo interesante, pero no sé cómo proceder. — No sabía que Shinichiro tenía un diario. ¿Qué es eso que descubriste? Mikey suspiró. Era como si algo dentro de él pesara demasiado, habían sido días complicados dentro de una vida que de por sí ya lo era. — Shinichiro buscaba a un hermano perdido, por eso iba a los orfanatos. Encontró a Izana en medio de todo eso, aunque no era a quién buscaba. Takemichi se quedó sin palabras un momento. Luego sus ojos brillaron con emoción contenida, algo que a Mikey le parecía adorable. — Lo buscarás. — Y no era una pregunta, era un hecho. Mikey asintió.***
Izana frecuentaba de igual modo el hospital. Se sentía tan culpable, solo quería que Emma despertara. Quería poder pedirle perdón, decirle que sus creencias sobre que solo es familia quién comparte sangre eran una tontería. No estaba seguro de si Emma lo escuchaba. Tampoco sabía si alguien escucharía sus plegarias. Solo sabía que necesitaba aferrarse a la idea de que Emma despertará.***
Kakucho miraba a Izana con los ojos de quién ha visto a muchas personas hundirse y no quiere que su rey acabe igual. ¿Qué es peor que la muerte? Tal vez… ser olvidado. Kakucho no estaba dispuesto a dejar a Izana hundirse en la miseria y debía comenzar por convencerle sobre ser más abierto al acercamiento de Mikey. Años de rencor no se podían borrar en un segundo. Así que bajo la mirada de Kakucho, Izana era solo un chico buscándose a sí mismo sin entender la mitad de lo que estaba haciendo. — Sois iguales. La voz de Kakucho sonó baja como quién comparte un secreto. Izana alzó su mirada amatista con confusión. — ¿De qué hablas ahora? — De ti y Mikey, ambos sois iguales, consumidos por algo oscuro. Izana bufó con molestia. Esa era la mayor tontería que escuchaba en semanas. Por dentro no podía negar que tal vez sí veía cierto parecido con Mikey, pero era tan irritante, tan molesto aceptar que se parecían. No quería darle una paliza ya ni vengarse por algo que no hizo él directamente, pero eso no significaba que aceptara las migajas. Se contentaría con que Emma despertara de una vez.