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No… En lo más alto de la torre Eiffel, Mayura observaba. Había llegado demasiado tarde. Ladybug tenía el miraculous. Una corriente eléctrica recorrió su espalda. El dolor. El sufrimiento. Qué emociones más poderosas. Mayura tomó una pluma blanca de su abanico mágico, apretándola con fuerza. Vuela, mi pluma, y convierte el dolor en nuestra victoria final. Al abrir la mano, una pluma morada salió flotando hacia el anillo que Ladybug tenía en las manos. El anillo absorbió la pluma sin emitir sonido alguno. No hubo advertencia. No hubo destello. Solo silencio. Y Ladybug no lo vio. Sus ojos, cegados por las lágrimas, estaban fijos en el vacío. Ladybug…, una voz reconfortante se deslizó en su mente, Cat Noir no podría abandonarte, ¿verdad? Abre los ojos… él está contigo. Las palabras, suaves como la seda, se acomodaron en su pecho, llenando el vacío por un instante. Sus dedos se aflojaron y el anillo se deslizó lejos de ellos. Alrededor de él, una silueta comenzó a tomar forma. Negro. Familiar. Imposible. Cat Noir estaba parado frente a ella. Ladybug parpadeó, y por un instante el llanto se detuvo. —¿C… Cat Noir? —Shh… no llores, mi lady —su tono era dulce—. No puedo dejarte sola… en serio. Juntos… somos mejores, ¿no crees? —P… pero… la nota. —Ah… sí, la nota —dijo, rascándose la nuca con torpeza—. Lo siento, Ladybug. Se suponía que era una broma… creo que me pasé, ¿no? Una media sonrisa se dibujó en su rostro mientras ladeaba la cabeza, intentando romper la tensión sin lograrlo del todo. Ladybug lo miraba, todavía temblando, pero algo en su pecho empezaba a calmarse. —Yo… yo… —susurró Ladybug, intentando recomponerse—. Gracias, Cat Noir. —Siempre —respondió él, con una sonrisa tierna—. Somos un equipo. Ladybug asintió tímidamente, sorprendida por lo dulce que podía ser Cat Noir. Él extendió los brazos, ofreciéndole consuelo. Ella se lanzó hacia él, rompiendo en llanto nuevamente. Es el momento Senti-Cat Noir, Mayura tomó el control del supuesto héroe, toma los aretes de Ladybug. En medio del cálido abrazo, el sentimonstruo alzó los brazos para coger los aretes mágicos. —LADYBUG. El grito de Plagg alertó a Ladybug. —¿Qué haces, Cat Noir? —preguntó, aún confusa— ¿Plagg… no deberías…? —TU NO ERES CAT NOIR —Plagg se abalanzó contra el sentimonstruo— ¡GATACLISMO! Una explosión de partículas oscuras empujó a la heroína hacia atrás. Ante sus ojos, su compañero desapareció nuevamente dejando atrás una pluma morada. Las vigas de acero crujieron y cedieron, y la torre comenzó a derrumbarse en un mar de escombros. Su instinto de supervivencia la obligó a dar un salto para alejarse del desastre. Y, a lo lejos, la pudo ver. Mayura. El llanto desconsolado del kwami de la destrucción, el caos que generó su poder sin portador y la aparición de su enemiga al fin consiguieron sacarle del trance. Rápidamente tomó el anillo del gato negro de entre los escombros. —¡Tikki, Plagg, únanse! Bug Noire capturó la pluma morada antes de iniciar la persecución. Mayura saltaba ágilmente sobre los edificios de París. Pero Bug Noire era más rápida. —¡Suficiente, Mayura! —exclamó acorralandola en un tejado aislado— ¡Estás perdida! —Creo que te equivocas, Bug Noire —respondió con calma—. Al parecer quien está perdido es tu gatito mascota. Bug Noire sentía la sangre hervir en su rostro. Esa noche había perdido a su compañero no una, sino dos veces. —¡Amuleto encantado! Su yoyo mágico se transformó en dos naipes idénticos: la reina de corazones, pero la imagen era Mayura. —Ja, ja, ja, ja, ja —se burló la villana—. ¿Y qué se supone que harás ahora, retarme al poker? La presión era demasiada. Cegada por la ira de las burlas, arremetió: —¡GATACLISMO! Mayura no tuvo tiempo de reaccionar. Su piel morada se tornó en gris y, en un segundo, se desmoronó en cenizas. Entre ellas, flotaba pacíficamente un segundo Amok Bug Noire lo observó fijamente. Dos cartas iguales…, se dio cuenta finalmente. Era un duplicado. Mayura había conseguido huir. —Plagg… —dijo derrotada— dividir. El kwami negro flotó a su lado sollozando sin decir nada. —Miraculous ladybug… El daño provocado por la pelea había sido restaurado. Pero la moral de Ladybug no. Había perdido a Cat Noir. Y Shadow Moth lo sabía.***
—Chica, necesitas dormir. Marinette estaba sentada en la cama, abrazada a sus piernas. Grandes manchas negras se propagaban bajo sus ojos. Alya intentaba animarla, pero sus esfuerzos parecían inútiles; intentaba ocultarlo, pero también se sentía derrotada. Habían pasado dos días desde que Cat Noir se marchó. Plagg se rehusaba a hablar del asunto, pero dejó claro que esta vez era definitivo. Y, para rematar, los ataques de Shadow Moth eran más insistentes. Estaba aprovechando la falta en el equipo. —Esto de ser Bug Noire las veinticuatro horas del día es demasiado… —hizo una pequeña pausa, mirándola fijamente— incluso para ti. —Shadow Moth sabe que Cat Noir se marchó. No puedo permitir que se aproveche de eso. Tikki flotaba nerviosa a lado de Alya. Estaba claramente exhausta y preocupada por su portadora. Sobre la caja de costura, Plagg se había quedado dormido, abrazado a un trozo de camembert que, por algún motivo, se rehusaba a comer. —Marinette… —Tikki intervino— recuerda que no estás sola. —Si, chica, ¿por qué no me dejas aliviarte la carga un poco? —Alya le dirigió un pequeño guiño a Tikki—. Estoy segura que sería una Gatúbela maravillosa. Y dejarían de oler a queso todo el día. —No. El tono cortante de Marinette cortó la motivación de su mejor amiga. No era la primera vez que Alya sugería que Marinette comparta la responsabilidad. —Shadow Moth sabe que eras Rena Rouge, sería demasiado riesgoso —hizo una pequeña pausa—. Y sé que Cat Noir volverá… tiene que volver. Alya suspiró, admitiendo su derrota. Se sentó al otro extremo de la cama, jugueteando con un mechón de cabello. —Al menos deja que yo haga guardia, tú duerme un poco, Tikki también necesita descansar. —Alya… —Prometo que si sucede cualquier cosa te despertaré —la interrumpió—. Palabra de periodista. Marinette aceptó, a regañadientes. Se recostó, cerró los ojos y dejó que el mundo se desvaneciera. —Gracias, Alya —Tikki dio un gran bostezo—. Tenemos que hacer algo, es muy peligroso que Marinette porte ambos miraculous y… estoy preocupada por ella. —Lo sé, Tikki —dijo Alya, esbozando una sonrisa al ver a su amiga dormir—. Pero esta noche concéntrense en descansar. Yo cuidaré el fuerte. Tikki se acurrucó a lado de Marinette y, sin resistencia, quedó dormida Alya ojeaba despreocupadamente el celular mientras las horas pasaban, silenciosas. Seguramente Shadow Moth también necesitaba dormir. —Pssst… Alya contuvo un grito de sorpresa al ver al kwami de la destrucción flotando frente a ella. —Shhhhh, silencio niña —su habitual tono burlón había desaparecido—. No queremos despertarlas… Aunque Plagg dormía más de lo habitual, seguía viéndose exhausto. —Cat Noir no volverá… —la amargura de sus palabras flotaba en el aire— necesitan encontrar un nuevo portador. Alya asintió con firmeza, encendiendo el computador. Era el momento de sacar a flote sus dotes periodísticas. Los dedos de Alya golpeaban el teclado con calma, pero no podía evitar mirar a Plagg de reojo. Había tomado una decisión. En la oscuridad de la noche, cuatro palabras aparecieron en el monitor. "Próximo portador de Plagg".***
—Suerte en la escuela, hijo. Adrien definitivamente demoraría en acostumbrarse a eso. Los tres últimos días habían sido distintos. Desayunos compartidos. Conversaciones largas. Incluso esa mañana, su padre lo había llevado personalmente a la escuela. Adrien seguía pensando en las mariposas, pero prefería no hacerlo cuando estaba con él. Al menos ahora podía hablar con alguien. Plagg ya no estaba. Y las conversaciones ayudaban. Lo suficiente para no pensar demasiado. Al menos hasta la noche. —Hola, Nino. Saludó a su amigo y se dirigieron a sus primeras clases del día. La escuela era otro alivio. Podía centrar toda su atención en los maestros por horas, aunque de alguna forma no podía recordar nada de lo que decían. El día anterior había sucedido otra akumatización en su escuela. Un muchacho regordete, un año menor que Adrien, había sido objetivo de burlas de sus compañeros. Shadow Moth había aprovechado su ira para convertirlo en un villano. Las mariposas en su cabeza no lo habían dejado en paz. Solo habían estado… dormidas. ¿Su padre seguía trabajando para Shadow Moth? Tarde o temprano tendría que confrontarlo. El villano transformaba, uno por uno, a los estudiantes en extraños maniquíes deformados, sin boca. Adrien tenía que detenerlo. Ya no era Cat Noir, pero seguramente podría hablar con él. No funcionó. En el momento que Adrien intentó razonar con el muchacho akumatizado, un rayo lo alcanzó de lleno. No podía hablar. Entonces la vio. Ladybug. No… Bug Noire. Adrien usó todas sus fuerzas para mover su nuevo cuerpo de maniquí. Tenía que advertir a Ladybug. No… a Bug Noire. Ella necesitaba su ayuda. O eso quería creer. Bug Noire se veía agotada, pero eso no la detuvo. Rápidamente usó su amuleto encantado. Un maniquí apareció frente a ella, usándolo como escudo mientras avanzaba entre los rayos, hasta destruir el objeto akumatizado. Adrien retomó su forma humana. Había sido completamente inútil. Las mariquitas mágicas repararon el daño causado. Y, tan rápido como apareció, Bug Noire se había ido. —Señor Agreste —la voz de la maestra Mendeleiev lo arrancó de sus recuerdos—. Lea el siguiente párrafo, por favor. Adrien se levantó sin pensar para leer el párrafo que Nino le estaba señalando. Las palabras salían de su boca, pero no significaban nada. En su bolsillo, un teléfono desechable pesaba más de lo que debería. Adrien había decidido que no volvería a ser inútil. Y… si su padre realmente trabajaba para Shadow Moth… tendría que contárselo a Ladybug. Adrien terminó de leer el párrafo. Esperaba haberlo hecho bien, aunque realmente no le importaba. Su teléfono vibró en su bolsillo. Una alerta akuma. Llegó el momento. —Maestra Mendeleiev —levantó la mano y empezó a hablar sin esperar autorización—, necesito ir a la enfermería. —Yo también. Un par de asientos detrás suyo, Marinette alzó la voz. El cansancio era evidente, pero había algo más en su tono. Algo tenso. —Eh… creo que comimos algo en mal estado. ¿Verdad, Adrien? Adrien dudó apenas un segundo antes de asentir. —Sí. Ya encontraría la forma de separarse de Marinette después. Ambos muchachos salieron del salón apresuradamente. —Tengo que ir al baño. Marinette no mostraba su típico nerviosismo. El cansancio parecía estar pasándole factura. —Si… —respondió—. Iré a la enfermería entonces. Perfecto. No había necesitado una excusa. Marinette no dijo nada más. Simplemente se alejó. Una vez que la perdió de vista, Adrien salió corriendo de la escuela, rumbo a la escena del desastre. Glaciator estaba convirtiendo a toda pareja que encontraba en bloques de hielo. Algo sobre el amor no correspondido. Ladybug. No… Bug Noire ya había llegado, unos minutos antes que él. Adrien se escondió. No podía permitirse ser alcanzado antes de lograr su objetivo. Observó en silencio. La ejecución de la heroína fue impecable. Precisa. Casi parecía… fría. —Miraculous, Bug Noire. Las mariquitas mágicas marcaron el final. Era su señal. Adrien salió corriendo al encuentro de la heroína. —Lady… Bug Noire —la llamó—. Necesito hablar contigo. Los ojos de Bug Noire se abrieron de golpe. —¿Adrien Agreste? Ya estaba a solo unos pasos de ella. Su expresión cambió al instante. —¿QUÉ HACES AQUÍ? El golpe en su voz lo dejó inmóvil. —ES MUY PELIGROSO QUE UN CIVIL ESTÉ CERCA. ¿NO SE SUPONE QUE DEBERÍAS ESTAR EN LA ESCUELA? —Yo… La resolución de Adrien se desmoronó. —... solo quiero ayudar… —¿POR QUÉ NO ENTIENDEN QUE AYUDAN MÁS ALEJÁNDOSE DEL PELIGRO EN LUGAR DE CORRER HACIA ÉL? Adrien apretó los puños. Metió una mano en su bolsillo y sacó el celular desechable. —Necesitaba darte esto… —Argh… —La exasperación en su voz fue imposible de ignorar. Bug Noire suspiró al ver el rostro derrotado del muchacho. Se había pasado. —Si lo recibo —bajó ligeramente el tono—, ¿dejarás de ponerte en peligro? —S… si… lo prometo. La heroína tomó el teléfono con desconfianza. Lanzó su yoyo mágico al poste más cercano y, con un solo impulso, desapareció. Adrien se quedó inmóvil. No sabía si había hecho lo correcto. Pero si sus sospechas eran ciertas… estaba preparado. Aunque Ladybug no lo tomaba en serio… quizás nunca lo hizo.***
A algunos kilómetros de distancia, una sombra reía. —Que deliciosa frustración. Shadow Moth sostuvo su abanico mágico, contemplándolo en silencio. Una leve sonrisa curvó sus labios. —Jaque…