Stray Cat: A Miraculous Story

Gen
PG-13
Finalizada
1
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68 páginas, 21.081 palabras, 9 capítulos
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Capítulo 4: Apuesta

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—Zoé Lee, este es el Miraculous del gato negro —la voz de Ladybug sonó firme, casi automática. El anillo en sus dedos tembló, por solo un segundo. —Con él, tendrás el poder de la destrucción. Deberás usarlo con responsabilidad… —hizo una breve pausa, como si esperara que la interrumpieran—. Juntas podremos salvar Paris. Zoé observó a la heroína por un momento, confundida. ¿El gato negro?, bajó la mirada al anillo, ¿Y Pollen? Los ojos de Ladybug estaban fijos en ella. Una pequeña mordida del labio inferior delató el nerviosismo de la heroína. Zoé dudó. Pero igual extendió la mano. Por un segundo, Ladybug no soltó el anillo. —De acuerdo, Ladybug —rompió el silencio—. Hagamos esto. Ladybug reaccionó como si recién volviera en sí. Soltó el anillo con un leve sobresalto. —¡Plagg, las garras! Su ropa colorida fue inmediatamente reemplazada por un traje negro. —Kitty noire al rescate Ladybug parpadeó dos veces, intentando recobrar su concentración en la batalla. —Y Zoé Lee…— la voz de Alya resonó en su cabeza—, me ayudó mucho cuando fui Scarabella. La noche anterior. Alya le entregó una lista de nombres en la que había estado trabajando en secreto junto a Plagg. —Escuchame, chica, es muy importante que no sepa a quién de ellos le estarás entregando el Miraculous. Sería muy peligroso. Marinette no podía creerlo. Se sentía… ¿Traicionada? No. Eso no era. Pero tampoco era otra cosa. —Yo… yo podría seguir usando —¡No! — Alya no le dejó terminar la frase. —Cat Noir se ha ido. Las lágrimas volvieron a brotar, silenciosas esta vez, de los ojos de Marinette. Alya la miró por un segundo, buscando las palabras correctas. —Yo sé… que duele —continuó en un tono más amable—. Pero no podemos dejar que Shadow Moth gane. Marinette no respondió. —Usar ambos Miraculous es muy peligroso. Y… te está haciendo daño. —Pero… Alya tomó la mano de Marinette entre las suyas. —Marinette, soy tu mejor amiga. Los vidriosos ojos de Marinette se centraron en los suyos. —Saldremos de esta… ¿sí? Hizo una pausa mínima. —Por París… y por él. —¡Gataclismo! La palabra la arrancó de golpe de sus pensamientos, pero no era su voz. Habían llegado a la torre Eiffel. Ladybug no podía recordar el trayecto. Kitty Noire dio un salto perfecto esquivando los proyectiles del villano akumatizado. Ladybug, en cambio, apenas logró evitar el impacto. —Amuleto encantado… El yoyo mágico se convirtió en una pequeña cajita de joyería. Ladybug la observó atentamente, intentando descubrir su significado. ¿Es ella? ¿Ella reemplazará a Cat Noir? Estaba tan metida en sus pensamientos que no notó cuando Kitty Noire destruyó el objeto akumatizado. —¡Ladybug, la mariposa! Ladybug la capturó casi por reflejo. Tenía que admitir que eso había sido bastante rápido. —Hora de acabar con la maldad… Una mariposa blanca salió volando de su yoyo. —Adiós, mariposita… La convicción en su voz había desaparecido. —Miraculous, Ladybug.

***

—¡Ganamos! Zoé se había destransformado en un callejón cercano, lejos de cualquier mirada curiosa. Plagg flotaba a su lado, inquieto. Cuidadosamente deslizó el anillo de su dedo para entregárselo a Ladybug. Ladybug la detuvo. —Zoé… Sus ojos se nublaron apenas. —Cat Noir… —tragó saliva— Cat Noir se ha ido. Zoé la miró, aún con el anillo entre sus dedos. —Cat… —Se ha ido —la interrumpió Ladybug—. Y no volverá. Plagg se mordía las uñas, sin quitar la vista de Ladybug. —Kitty Noire… —sus ojos suplicaban— Paris te necesita. Yo… te necesito. Zoé la abrazó. Los rumores eran ciertos. —Yo… Las palabras se le quedaron atoradas en la garganta. No puedo hacer esto. Sintió su hombro húmedo. Ladybug me necesita. Tensó el abrazo. Su mente recorrió, una tras otra, todas las posibilidades si aceptaba. Yo… no soy Cat Noir. Abrió los ojos. Plagg flotaba frente a ella, resignado. El kwami asintió suavemente, como dándole permiso. Zoé se separó con cuidado. Ladybug ya se había secado las lágrimas, como si nunca hubieran estado ahí. —Lo siento, Ladybug… Los hombros de Ladybug cayeron al instante. —No… no puedo reemplazar a Cat Noir —Zoé habló tranquilamente—. Puedo ayudarte cuando quieras, como Kitty Noire o como Vesperia… pero ser la portadora de Plagg… siempre… es demasiado para mi. Zoé alcanzó a notar un leve temblor en los labios de la heroína. —Entiendo… Ladybug sonaba defraudada. Pero no con ella. —Zoé Lee, eres una gran heroína —continuó, conteniendo las lágrimas—, tu decisión demuestra lo valiente que eres. Mantuvieron una conversación silenciosa durante unos segundos. —Muchas gracias —Ladybug tomó el anillo. Zoé se quedó de pie, en el callejón vacío. Sabía que Ladybug lograría resolverlo. Aún así, no podía evitar preocuparse.

***

—Es imposible, Alya. Marinette estaba desesperada. —Zoé rechazó el Miraculous. Nino no dejaba de decir que era Carapace y casi revela su identidad. Max tenía demasiado miedo para usar el gataclismo. Y Kim… Un escalofrío recorrió su espalda. —Ugh, ni me hagas hablar de Kim. Casi destruye la ciudad con sus monerías. Plagg comía un pedazo de queso en silencio sobre la caja de costura. Sentado al lado del ya mohoso camembert, parecía una fiesta de té. —Quizás podríamos volver a intentarlo con algunos… Alya hizo una pausa repasando la lista mentalmente. —Podría hablar con Nino… quizás si le explico mejor— —Argh… El quejido de Marinette la interrumpió. —Es imposible —Marinette abrazó sus rodillas contra el pecho—. Nadie puede reemplazar a Cat Noir. —No puedes reemplazar a una persona, Marinette. Tikki flotaba cerca de Alya. —Quizás no sea Cat Noir… pero seguro que alguien puede ayudarte. Marinette evitó los ojos de Tikki. Sabía que tenía razón. —Vamos, Tikki —Alya se sentó frente al computador—. No podemos darnos por vencidas. Marinette aprovechó la distracción para sacar un teléfono desechable escondido bajo su almohada. A lo largo de la semana había recibido varios mensajes, seguramente de Adrien. “Kitty Noire lo hizo bastante bien. Es buena…” En un principio lo había ignorado. No podía permitirse distraerse con la opinión de un civil… incluso si se trataba de Adrien. “¿CarapaCat? Ese nombre de superhéroe no es bueno. Cat Noir definitivamente no habría actuado como él.” Era cierto, Nino había podido evitar decir que se llamaba Carapace por poco. Y Cat Noir… habría ayudado mucho más en esa batalla. “Feline debería usar el gataclismo, AHORA.” “Creo que Feline tuvo miedo” Quizás sacar a Max de su zona de confort fue demasiado. No había contado con eso. “Ladybug, el Louvre.” “No, la torre Eiffel.” “¿El arco del triunfo también?” Marinette frunció el ceño. “Al menos Alfa Cat no falló el gataclismo.” “Si no pudieras arreglar todo, París habría quedado más destruida por Alfa Cat que por el Akuma.” El mismo escalofrío de antes. Ella también lo había pensado. Kim no era la persona más racional que conocía para un poder tan grande. Las voces de Alya y Tikki sonaban muy lejanas. No alcanzaba a distinguir una sola palabra. ¿Por qué Adrien estaba tan pendiente de todo esto? Un pensamiento intrusivo cruzó su mente. ¿No sería perfecto que Adrien y yo hiciéramos equipo? —¡Ah—! El teléfono vibró violentamente en su mano. Una alerta Akuma. Marinette se levantó de la cama. Su mano fue directo a la caja de costura, buscando el anillo. —No. Alya la bloqueó y tomó el anillo antes de que Marinette pudiera reaccionar. —¡Plagg, las garras!

***

—¡Amuleto encantado! El yoyo mágico se transformó en un espejo de pie y, por primera vez en días, sabía exactamente qué hacer. Se paró frente al espejo, escondiendo la mayor parte de él y llamó la atención del villano. —¡Oye!, disco rayado. Rewind, el Akuma, podía lanzar rayos que retrocedían tres segundos en el tiempo a quien impactaran. —Chaton, ¡atenta! Alya había escogido un nombre interesante: “Chaton d’Ombre”. Un gatito de las sombras. Iba perfecto con su forma de actuar. Silenciosa, rápida, eficaz. El villano vio a Ladybug y lanzó un rayo inmediatamente. —¡Ahora! La heroína dio un salto alto. El rayo impactó contra el espejo y rebotó al villano akumatizado. Pan comido. El villano volvió a aparecer un par de pasos atrás, solo para lanzar otro rayo contra el espejo. Lo habían capturado en un bucle infinito. Chaton se acercó, sigilosamente al villano y susurró: —Gataclismo. Presionó una garra contra el objeto akumatizado, en el segundo exacto que la rebobinación surtía efecto. Ladybug no pudo ocultar una sonrisa de satisfacción cuando el villano se destransformó. Todo estaba saliendo bien. Era… casi perfecto. —¡Hora de acabar con la maldad! —purificó la mariposa. —¡Miraculous Ladybug! Las mariquitas mágicas repararon todo el daño ocasionado. Quizás repararon algo más. Algo interno. —Ganamos. Las heroínas chocaron puños y saltaron acrobaticamente fuera de la escena.

***

—¡Chaton estuvo magnífica! Marinette hablaba con una emoción que no había sentido en días. —Hacemos un equipo maravilloso, Alya. ¿Por qué no se me había ocurrido antes? Tikki flotaba a un lado, incómoda. —Sí… fue… muy bueno. Alya bajó la mirada y tocó el anillo en su mano. No le pertenecía. —Ladybug y Chaton d’Ombre vencerán a Shadow Moth. No. —Alya, soy tan feliz. La solución estuvo siempre frente a mis ojos. Sé demasiado. —¿Alya? Alya levantó la vista. —¿Qué sucede? —No pueden conocer sus identidades —Plagg la sacó de su ensimismamiento. La ilusión de Marinette se rompió. —Pero Alya ya conoce mi identidad. Y nunca lo ha revelado a nadie —refutó Marinette—. Además, siempre estaremos listas para enfrentar a Shadow Moth. —Marinette… La voz de Tikki estaba cargada de compasión. —Es perfecto, Tikki. Shadow Moth nunca nos volverá a agarrar con la guardia baja. —Marinette. Alya la interrumpió. —Si Shadow Moth capturara a cualquiera de nosotras… estaríamos perdidas. Marinette se quedó congelada. —Podría atacar a tus padres. O a los míos… —hizo una breve pausa— incluso a Nino o… Dudó. —Adrien. —Pero… —Marinette… —Tikki se posó en el hombro de su portadora—, por favor. —No… Marinette negó con la cabeza. —...encontraremos una forma. Lo sé. Alya compartió una mirada de complicidad con Tikki. Una decisión silenciosa. Plagg flotó en silencio hacia la caja de costura, donde lo esperaba su preciado camembert. —Está bien, chica —la voz de Alya emitía una calma falsa—. Me quedaré con el Miraculous, al menos esta noche. La tensión de Marinette se redujo al instante. —Ahora deberíamos dormir. Discutiremos el plan por la mañana. Y el plan es buscar un nuevo portador.

***

Alya ojeaba los últimos comentarios del Ladyblog. “¿Dónde está Cat Noir?” “Kitty Noire… ¡miau!” “¿Alfa Cat? Más bien ‘Torpe Cat’.” Marinette seguía dormida. Nunca había podido despertar temprano por cuenta propia. Algo inquietaba a Alya. Algo no estaba del todo bien. Estos comentarios me están deprimiendo. Dejó caer el teléfono sobre la cama. Marinette se despertó. —¿Alya? —Buenos días, dormilona. Agitó una mano, burlona. —¡Alya! —Cielos, ¿qué sucede? Acabas de despertar. —El anillo. Las dos amigas se levantaron de un salto y empezaron a buscar por toda la habitación. —Seguramente se me cayó mientras dormía. Marinette no respondió. —Tiene que estar por aquí… —Sigamos buscando. La emoción de la noche anterior había desaparecido por completo. —Em… —Tikki habló nerviosamente. —Ahora no, Tikki. La orden de su portadora la silenció. Pasaron varios minutos. La habitación se convirtió en un revoltijo de telas, cuadernos y ropa. Todo se perdía en un desordenado mar de colores. Tikki tiró suavemente de la manga de Marinette. —¿Qué, Tikki? —respondió, exasperada— ¿qué quieres? —Marinette… Flotaba a su lado, inquieta. Nunca le había hablado así. —Plagg… huyó con el anillo anoche. Marinette cayó de rodillas. No dijo nada. Sus manos temblaron, intentando sostener algo que no estaba. En medio del desorden, a un costado de la revuelta cajita de costura, entre bocetos arrugados y telas descartadas, descansaba un trozo de camembert. Olvidado. No. Dejado atrás.
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