Noche eterna

Slash
R
Finalizada
1
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264 páginas, 107.940 palabras, 31 capítulos
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Capítulo 2

Ajustes
Cuando Sho escuchó el timbre de salida indicando el fin de las clases por el día, se sentía como si el día hubiera sido especialmente largo. Las horas después del almuerzo se le hicieron infinitas. Se apresuró a guardar sus cosas en la mochila. La mayoría de sus compañeros ya iban de salida, aliviados de que las clases por fin hubieran terminado por el día. Alcanzó a escuchar como algunos planeaban ir a la tienda de juegos para divertirse un rato teniendo duelos o para comprar algunas cartas nuevas. Sho mismo iba a levantarse cuando alguien lo detuvo: —No salgas todavía. Se giró para ver a Judai, quien estaba desperezándose en su asiento. Una vez más se estiró con un gesto que parecía casi felino. Al final, tronó los huesos de sus manos y se puso de pie. —Vamos —dijo y comenzó a caminar con paso despreocupado. Sho asintió y lo siguió en seguida. No dijeron nada mientras caminaban por los pasillos, ni al abandonar el edificio. Sho se limitó a seguir a su compañero de clases. Judai caminaba con una despreocupada tranquilidad: con las manos metidas en los bolsillos, su mochila colgando de su hombro derecho y silbando alguna melodía desconocida. Dos calles más allá se detuvieron frente a una papelería. —Muéstrame tus notas —pidió. Sho se apresuró a sacar sus cuadernos y se los pasó. Judai los estudió un momento con el ceño fruncido. —Creo que podrías mejorar tu caligrafía, pero al menos es legible. Judai entró en la papelería, seguido por Sho. Entregó los cuadernos al dependiente y pidió una copia de cada página escrita. Mientras esperaban, pareció estudiar la tienda con mirada aburrida. Sus ojos se posaron sobre un pequeño estante que contenía sobres de cartas de Duelo de Monstruos (Sho aprendió en el poco tiempo que llevaba en la ciudad que todas las tiendas de ciudad Domino tenían al menos un estante dedicado al juego), lo cual pareció animarlo. —¿Tú juegas? La pregunta de Judai lo sacó de sus pensamientos. —Eh… —¿Estás seguro de que no tienes mal el oído? Parece que siempre tengo que repetir todo dos veces. —Estoy bien —chilló Sho en respuesta, y luego bajó la voz—. Es solamente que… No estoy acostumbrado a que la gente me hable. —Eres raro. Sho no sabía si tomar eso como un cumplido o un insulto, considerando que venía de un chico que causaba escalofríos cada vez que hablaba y pasó todo el tiempo de clases dormido en su escritorio. —Entonces, ¿eres duelista? —Solía serlo. Judai frunció el ceño. —No soy muy bueno —aclaró Sho apartando la mirada. —Yo juzgaré eso. Trae tus cartas mañana. Sho se mordió el labio. Lo que menos quería hacer en esos momentos era recordar el duelo. Además, si los otros chicos se daban cuenta de que jugaba… Bueno, no lo pasaría muy bien. A los matones de escuela pública les gustaba forzar a los duelistas débiles a jugar duelos de apuesta. Justo en ese momento, el dependiente les entregó las copias. Judai pagó y salieron de la papelería. Una vez afuera, el más alto procedió a revisar las copias. Pareció satisfecho con el resultado y le devolvió sus cuadernos a Sho. —Entonces, te veré mañana —dijo mientras el más chico guardaba las cosas en su mochila—. No olvides tu mazo. Sho calculó que no debió tardar más de medio minuto, pero, cuando alzó la mirada estaba solo. Judai parecía haber desaparecido en el aire. Sintiendo otro escalofrío, Sho se apresuró a volver a casa. Sin duda ese era el primer día de clases más extraño que hubiera experimentado jamás. Y solamente era el primero de, posiblemente, al menos un año entero que estaría sentado al lado de ese chico extraño llamado Judai Yuki.

- GX -

Judai fue recibido por una casa en completo silencio. Era algo esperado. Todos los sirvientes estaban dormidos a esa hora. No despertarían hasta que el sol se pusiera por completo. Incluso los espíritus de su baraja dormían. Salvo Yubel. Yubel siempre estaba despierto, observando en silencio detrás de él, cumpliendo fielmente la orden que se le dio de vigilarlo y fungir como su mentor cuando fuera necesario. Uno pensaría que, después de tanto tiempo, el Clan confiaría en él. Desde que lo acogieron y le dieron una razón para vivir, nunca había hecho nada que fuera contra los intereses del Clan. No al menos conscientemente. No era justo que le culparan todavía por los errores que cometió en aquellas primeras noches. Como si ellos no hubieran hecho sus propios errores de juventud. Bostezó y dirigió sus pasos en dirección al baño. Tenía planeado tomar un largo baño de agua caliente antes de salir a buscar su cena. —¿Por qué molestarse con el mocoso humano? —preguntó finalmente Yubel. Judai hizo una mueca de fastidio. Ya se estaba preguntando cuánto tardaría el espíritu en cuestionarlo sobre eso. —Huele diferente —respondió encogiéndose de hombros. No necesitó ver a Yubel para saber que estaba enviándole una mirada de intriga mezclada con burla. —Supongo que el hecho de que es inmune a tu Dominio no tiene nada que ver. Su mueca de fastidio únicamente creció al notar el tono condescendiente con el que habló el espíritu. Que estuviera acostumbrado a él no significara que le gustara. Yubel siempre buscaba excusas para increparle cada una de sus acciones. Curioso, tomando en cuenta que su deber era servir a su familia. Por lo que sabía, Yubel sirvió a sus antepasados incluso antes de convertirse en un espíritu, hace miles de años. Aunque parecía que su lealtad era exclusiva de Haou. Si ahora estaba con él era sólo porque el Rey Supremo así lo quería. —¿Es inmune? Yubel resopló con burla. —Las dos veces que usaste tu Dominio para que los mortales te ignoraran, no funcionaron en él. De hecho, es muy probable que pueda sentir las auras. —¿De verdad? No me di cuenta. —Si prestaras atención a tu alrededor, en vez de dormir en clases, lo sabrías. —No es mi culpa que me obliguen a asistir a la escuela en un turno diurno —se quejó malhumorado. En todo caso, no necesitaba ir a una escuela como si fuera un mocoso mortal. —No hay una escuela nocturna en la zona que acepte alumnos de tu edad. Y te recuerdo que aparentar ser un simple niño de quince años es vital para tu misión. Pasar desapercibido es lo mejor en el mundo humano. —Sí, lo sé —dijo mientras hacía un gesto de aburrimiento. Habían tenido esta discusión muchas veces. No ser notado era vital para sobrevivir. Sí llamaba la atención de forma equivocada, especialmente en la ciudad de Seto Kaiba, todo terminaría. Si tan sólo el plan para llevar al orgulloso presidente de Corporación Kaiba al Clan hubiera sido exitoso… Por otro lado, si el consejo no hubiera tomado la decisión precipitada de avanzar contra él —a pesar de que el Rey estaba completamente en contra de eso—, Seto Kaiba seguiría «felizmente» ignorante sobre su existencia. Y tal vez entonces no habrían rechazado su solicitud de ser enviado a la Academia de Duelos. Decidió concentrarse en preparar su baño y olvidarse de esos detalles. El pensar que podrían haberle permitido asistir a la Academia era soñar demasiado. Incluso antes de todo el desastre con Seto Kaiba dos años atrás, el consejo y el mismo Haou habían visto como absurda su idea. Judai seguía creyendo que con el tiempo podría haberlos convencido. Es decir, ¿quién mejor que un descendiente directo del propio Rey Supremo para asegurar las cartas de los Demonios Fantasma? Por supuesto, Judai tenía otros motivos para ir a la Academia. Había alguien allí esperándolo, alguien a quien le hizo una promesa. Se obligó a dejar de pensar en los «si hubiera». No tenía sentido lamentarse por eso. Ahora estaba allí, en ciudad Domino —no malinterpreten, le encantaba estar en la capital mundial del duelo—, siguiendo pequeñas pistas de algunas cartas raras sobre las que el Clan quería poner sus manos encima. Un trabajo que, por otro lado, bien podrían haberlo encargado a uno de los novatos. Cerró las llaves de agua y se desnudó para sumergirse en la tina. Sus pensamientos volvieron a ese chico, Sho. ¿De verdad era inmune al Dominio? Lo cierto es que no le prestó mucha atención. De hecho, supuso que su actitud asustada y nerviosa, como la de un ratoncito, era debido a su Dominio (era una reacción común entre los mortales cuando lo que quería era controlarlos y no que le ignoraran). Por eso ni siquiera se molestó en ser amable al pedir prestadas sus notas, asumiendo que todas las acciones del niño estaban guiadas por el impulso de servir al Dominante. El hecho de que fuera inmune era más que curioso. Tal vez las cosas no serían tan aburridas como había pensado en un primer momento. —¿Qué probabilidades hay de que una persona sea inmune al Dominio? —No muchas —admitió Yubel—. Generalmente, son personas con gran energía de duelo, como Seto Kaiba o Yugi Muto. Aunque también podría ser heredado. Si desciende de alguna familia de magos o cazadores, estos pudieron haberse sometido a un ritual para asegurarse protección mágica para sí mismos y sus descendientes. Eso tenía mucho sentido, pero había un detalle. —No me suena de nada la familia Fujita. Una de las primeras cosas que debía aprender todo novato eran los nombres de las familias enemigas del Clan; y de aquellas que poseían habilidades que podrían resultar perjudiciales para ellos si se las provocaba, incluso cuando no eran sus enemigos de forma directa. —No tendría por qué. La mayoría de esas familias se dispersaron hace mucho. Es raro que haya algún descendiente directo. Las pocas familias que sobrevivieron intactas no suelen estar en este mundo. Cruzaron hacia las Doce Dimensiones hace mucho, siguiendo a los clanes de monstruos a los que cazaban, ya fuera por odio irracional o porque los usaban como sacrificios en sus rituales. Judai se relajó en la bañera. Le gustaban esos momentos, cuando Yubel dejaba de lado su aversión hacia él y actuaba más como un mentor. Trabajo por el que Haou lo puso bajo su tutela en primer lugar. Se sumergió más en la tina ante el último pensamiento. No podía evitar sentir una punzada de dolor cada vez que pensaba en su Padre. Haou lo había Engendrado él mismo. Según las antiguas leyes, debió de ser quien se ocupará de su educación dentro del Clan. Pero ser el Rey Supremo de la Noche significaba que debía ocuparse del Clan antes que de su propia progenie. Por ese motivo relegó su educación completamente a Yubel. Ese a su vez era el motivo por el que Yubel no era precisamente el mentor más atento. Él era después de todo el Consorte de la Noche Eterna. Tener que cuidar de la progenie del Rey Supremo equivalía a ser degradado a niñero glorificado, según su punto de vista. Judai pudo sentir como el sol finalmente desaparecía por el oeste. Era momento de ir a buscar su cena.

- GX -

Judai se removió en la cama claramente fastidiado. Como le pasaba desde que llegó al mundo humano dos meses atrás, le fue imposible conciliar el sueño. Luego de décadas siendo un ser completamente nocturno, el tener que cambiar sus hábitos de sueño le era imposible. Los seres como él simplemente no estaban hechos para funcionar de día. En ese sentido, no entendía por qué mezclarse tanto en el mundo de los humanos. Al menos en las Doce Dimensiones había mundos donde la noche siempre era eterna. «Pronto la noche será eterna para todos», recordó la promesa de Haou. Sí los planes del Clan salían como debían, la Luz sería derrotada finalmente y el universo entero sería cubierto por la oscuridad como siempre debió estarlo. Habría personas que intentarían detenerlos, por supuesto. Seto Kaiba estaba demostrando ser una de esas personas. Y por eso es por lo que debían reunir todas las armas posibles para la guerra que se avecinaba. Miró el reloj-despertador en la mesita de noche e hizo un ruido exasperado. Eran las siete con treinta de la mañana y no había conseguido dormir siquiera media hora. Era momento de levantarse, ponerse ese molesto uniforme y volver a la escuela. Francamente, si no tuviera que hacer eso podría centrarse en completar la misión con más rapidez. En unas cuantas semanas ya habría encontrado las cartas que el Clan necesitaba, y estaría de regreso en casa. Lejos del mundo humano, de esa ciudad sobre la cual tenía más malos recuerdo que buenos. «¿Dónde están mamá y papá?». «Se han ido. La Luz se los llevó. Pero no temas, pequeño, yo también soy tu familia y voy a cuidar de ti». Apretó los puños ante ese recuerdo en específico. Tal vez después de todo ir a esa escuela no era tan mala idea. Al menos mantenía su mente ocupada lejos de las memorias tristes. Se levantó de un salto y fue al armario para tomar su uniforme y cambiarse de ropa. No se molestó en asegurarse de que estuviera en orden, el simple hecho de llevarlo le bastaba. De todas formas, estaría dormido todo su tiempo en la escuela. No pudo reprimir un bostezo ante el último pensamiento. Bueno, quizás no todo el tiempo, se dijo mientras tomaba su porta-mazos y lo ajustaba a su cinturón. Tenía un duelo pendiente con ese chico, Sho, y tal vez de paso podría descubrir porque era inmune al Dominio. Cualquier buen ánimo que la perspectiva de un duelo le dio, se esfumó en el instante en que los rayos del sol le dieron directo en la cara. Extrañaba el cometa del Mundo Oscuro y su tenue iluminación. Y por supuesto, la luna roja perpetua del Reino de la Noche Eterna. Por suerte en la realidad el sol no lo volvería cenizas como creían los humanos modernos. Estaba agradecido con los cineastas que crearon y difundieron ese mito tan conveniente. Eso les daba una ventaja considerable: ellos no esperarían que golpearan de día. A veces se preguntaba si no habría sido uno de los suyos quien sugirió a algún viejo cineasta alemán agregar ese detalle a su película. No sería la primera vez que manipulaban alguna leyenda para hacerla funcionar a su favor. A pesar de lo anterior, el sol todavía le resultaba molesto. La Luz siempre lo sería, sin importar su fuente. El camino hacia la escuela fue tranquilo. Ciudad Domino no era una ciudad muy grande a pesar de su importancia en el mundo de los duelos. Uno todavía podía caminar tranquilamente de un lugar a otro si no tenía mucha prisa. Eran las ocho con veinte cuando llegó a la escuela. Le gustaba llegar temprano. El personal era el mínimo y no había molestos alumnos gritando en los pasillos y las aulas. Podía sentarse en su sitio y relajarse. No es como si hiciera algo más el resto del día. Bueno, había otra cosa que hacer. Tomó su mazo y pasó cada carta entre sus dedos, deteniéndose unos segundos para admirar cada una de ellas. No pudo evitar sonreír al ver a sus queridos Héroes. Su familia, quienes estuvieron con él a cada segundo en el hospital e incluso después de eso. Su familia, que a pesar de no confiar en Haou en un primer momento, permaneció a su lado cuando tomó la decisión de aceptar el poder del Clan de la Noche Eterna para volverse más fuerte. Para destruir finalmente a la Luz y vengar a sus padres. —Buenos días —escuchó una voz temblorosa a su lado. Dejando su mazo sobre el escritorio, giró la cabeza y vio a Sho acomodándose en su propio asiento. Consultó su reloj dándose cuenta de que ya eran las ocho con cuarenta minutos. —Buenos días —devolvió el saludo—. Entonces, ¿trajiste tu mazo? Sho asintió lentamente. Tomó su mochila y sacó un estuche de cartas estándar de color negro. —La verdad, no soy bueno —dijo con voz apenas audible. —Yo juzgaré eso. Sho se mordió el labio inferior. Judai podía oler claramente su nerviosismo. Judai se levantó de su lugar, giró la silla del escritorio frente al de Sho y se sentó en ella. No había tenido un duelo en una mesa desde los cinco años. Sería divertido volver a jugar solamente por diversión. En las Doce Dimensiones el duelo era un asunto de vida o muerte. De hecho, Haou ni siquiera le permitió tener un mazo completo —podía quedarse con sus monstruos, puesto que esos espíritus eran leales a él, pero no con sus cartas mágicas ni de trampa— hasta que tomó la sangre y comenzó su entrenamiento como duelista formalmente. Desde entonces, solamente se había batido en duelo contra los prisioneros para practicar, y contra los enemigos con los que estaban en guerra. Su entusiasmo cayó al poco tiempo de comenzar el duelo. Sho dudaba demasiado, casi como si tuviera miedo de sus propias cartas. Lo cual desconcertó mucho a Judai. Podía sentir el pulso de los espíritus viviendo en su mazo. No habría espíritus allí si no fueran queridas. ¿Entonces porque Sho no era capaz de usarlas correctamente? Incluso si no podía verlos, el hecho de que los espíritus hubieran decidido entregarle su lealtad y vivir en su mazo era un indicativo de que no era un duelista promedio. —Te dije que no era bueno —suspiró cuando Judai redujo sus puntos de vida a cero por tercera vez en menos de diez minutos. Judai frunció el ceño. Estiró la mano y tomó el mazo de Sho para mirar su composición. Era un mazo vehicroid. Las familias de los arquetipos roid no eran precisamente las más equilibradas del juego. Debido a esto, quien los usaba únicamente podía caer en dos categorías: o no tenía idea de absolutamente nada y los eligió sin saber cómo usarlos; o sabía perfectamente lo que hacía y haría tragar sus palabras a quien se atreviera a burlarse de él por usar coches de juguete. Él sabía muy bien lo que era eso último. Cuando niño, muchos se burlaban de su gusto por los monstruos héroes, incluso ahora algunos todavía lo hacían, y terminaron pagando el precio. La composición del mazo de Sho era de hecho contundente. Con buenos combos que sin duda le habrían dado una buena batalla de haber sido jugados de la forma correcta y en el momento oportuno. No era perfecto, pero distaba mucho de ser un mazo de principiantes. —Tienes muy buenas cartas aquí —dijo—. Y ellas están felices de estar contigo. Alzó la mirada, encontrándose con el gesto confundido de Sho. —¿Las cartas son felices? —preguntó. Judai le devolvió el mazo. —¿No te has dado cuenta? Están tibias. Sho parecía incluso más confundido. —Una carta normalmente está fría, como si únicamente fuera un trozo de cartón. Cuando están tibias, como las tuyas, significa que tienen espíritu. Todo tu mazo irradia calidez. Están felices de estar contigo —repitió. Sho sonrió levemente. Judai reflejó esa sonrisa, aunque por su mente pasaba otra idea. Tal vez valdría la pena. Necesitaba duelistas fuertes para destruir a la Luz. Sho tenía potencial. Su misión estaba destinada a durar seis meses, tal vez un año si había algún imprevisto. Tendría ese tiempo para preparar a Sho. —El Consejo querrá tu sangre por esto —dijo Yubel, como siempre un paso por delante respecto a todo lo que pensaba—. Y de paso avergonzarás a Haou. Judai sabía eso. Pero, si conseguía demostrar que Sho sería un activo valioso para el Clan, entonces el Rey se pondría de su lado. Sólo tenía que convencerlo de que le permitiera Engendrar. El Consejo podía imponer algunas cosas al Rey, pero no ir en contra de su derecho legítimo a permitir que su Progenie engendrara si creía que estaba listo. Además, si su corazonada sobre Sho era correcta, ganarían un poderoso guerrero. No podían quejarse de eso, ¿verdad? —Todo esto te explotará en la cara —dijo Yubel antes de desaparecer. Ya habría tiempo de pensar mejor las cosas. Por ahora lo único que quería era dormir. Volvió a su propio escritorio y se acomodó para pasar el día.
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