Noche eterna

Slash
R
Finalizada
1
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264 páginas, 107.940 palabras, 31 capítulos
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Capítulo 13

Ajustes
Ryo apretó los puños en un gesto de furia. Ninguna de las cartas en su mano o en su campo podía ayudarlo. E incluso aunque pudieran, si ganaba el duelo perdería a Asuka. El director Samejima les había advertido el mal que podían hacer los Demonios Fantasma si eran liberados de su sello, y cada uno de ellos aceptó el peso de las llaves espirituales sabiendo que arriesgarían sus vidas al hacerlo. Hicieron el pacto de detener la resurrección de esas cartas sin importar el costo. Pero ahora que estaba en esa situación, descubrió que no podía hacerlo, no con Asuka atrapada debido a la «Puerta de la Ilusión», una carta que exigiría el alma de su amiga como pago si Camula perdía. Asuka era como su hermana menor. Quien estuvo allí a cada paso, mientras lamentaba en silencio la pérdida de Fubuki, un dolor que ambos habían compartido hasta hacía muy poco. Fubuki… Asuka acababa de reencontrarse con su hermano, tras dos años de búsqueda desesperada. No podía dejarla morir, ellos dos tenían tanto sobre lo que ponerse al día. Cerró los ojos, obligándose a relajar sus músculos tensos. —Termino mi turno. No se atrevió a girarse para enfrentar a los otros guardianes. —¿Qué estás haciendo? —el grito de Asuka lo hizo abrir los ojos, pero no se atrevió a mirarla—. Lo prometimos… Sí, habían prometido que, pasara lo que pasara, se asegurarían de que esas cosas no se despertaran. Fubuki había sufrido, todavía lo hacía, a causa de quienes querían romper el sello. No permitirían que quienes le hicieron eso salieran impunes, sin importar el costo. O al menos eso era lo que Ryo había pensado hasta el momento que vio a Asuka ser arrastrada por la magia de esa terrible carta. —Es mi turno, robo. —Kaiser sintió que se le revolvía el estómago al escuchar el tono de triunfo en la voz de Camula—. Invoco Normal a «Gozuki». Activo su efecto para enviar un monstruo de tipo Zombi de mi Deck al Cementerio. Envió a «Floración Brillante», lo que activa su efecto: cuando este monstruo es enviado al Cementerio, puedo buscar un Zombi de Nivel 5 o mayor en mi Deck, y agregarlo a mi mano; además, como «Mundo Zombi» está activado, puedo hacer Invocación Especial a ese Monstruo. ¡Emerge, «Dragón Zombi de Ojos Rojos»! Ryo escuchó el chillido aterrado del profesor Chronos, y los jadeos de sorpresa del resto de los guardianes, cuando una versión corrupta y putrefacta de uno de los monstruos de duelo más legendarios emergió en una nube de fuegos fatuos de color azul. La criatura soltó un alarido que heló la sangre de los presentes. Era el sonido de un ser hambriento que deseaba consumir la carne y las almas de sus enemigos. Kaiser tenía a su fiel «Ciber Dragón» en el campo, junto con una copia de «Quitar el Limitador» por lo que en teoría habría podido ganar, de no ser por la Carta Mágica de Campo de Camula, la cual convertía a todos sus monstruos en el Campo y en el Cementerio en Zombis. Pero, incluso si hubiera podido activar su carta mágica, eso habría significado la muerte de Asuka. Era mejor así. —¡Batalla! —El dragón zombi soltó una descarga de fuegos fatuos que calcinó al dragón de Ryo, el cual era una mezcla de metal oxidado y carne putrefacta debido al Campo de Camula. Su enemiga todavía tenía un monstruo en el campo con el que podía atacar directamente, lo que dejaría a Ryo con sólo cincuenta puntos de vida. Sobreviviría un turno más, como si su oponente deseara torturarlo sabiendo que no importaba lo que hiciera, ganar significaría perder a su mejor amiga. —El efecto de mi dragón se activa. Cuando destruye un monstruo Zombi en el campo de mi adversario, puedo Invocarlo de Forma Especial en mi propio Campo. Ryo apretó los puños con ira cuando la versión corrupta de su «Ciber Dragón» se levantó de la tumba en el campo de su enemiga. Con eso, su humillación estaba completa: caería por el ataque de su propio monstruo As. —Este duelo ha terminado —anunció Camula. Ryo escuchó los gritos de Asuka, de Daichi y de sus profesores, al tiempo que el rayo de energía de su propio dragón lo golpeaba. Esperaba sentir dolor, siendo eso un Juego de lo Oscuro, pero, en cambio, solamente quedó la sensación irreal de que estaba flotando. Su consciencia se apagó, siendo lo último que escuchó la voz de Camula dentro de su propia mente: —Duerme ahora, mi pequeño muñeco. La noche recién comienza.

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La siguiente vez que Ryo fue consciente de su entorno, estaba envuelto en la sensación extraña y absurda de una enorme mano sujetándolo, mientras dos dedos gigantescos peinaban su cabello. Quiso moverse, sin embargo, su cuerpo no le respondió. —Tranquilo, mi lindo muñequito. Pronto podrás moverte todo lo que quieras. Detestó la forma en que Camula se refería a él: una mezcla de burla y amor maternal que le revolvió el estómago. —Hubo una vez que pensé que tu especie había erradicado por completo a los míos —siguió hablando Camula con un tono tan triste que, de no ser el monstruo que sabía era, Ryo habría sentido lástima por ella—. Yo creía que todos ustedes debían perecer; pero, después de todo, puede que haya algunos a los que valga la pena salvar. Tú eres uno de ellos. Camula pareció distraerse con algo. Ryo trató de prestar atención a su entorno, enfocar su mirada. Cuando lo consiguió, vio a Camula con la cabeza alzada, como viendo a alguien que se acercaba a ellos. Detrás de ella, vio una inmensa luna llena de color rojo sangre que le provocó escalofríos. Le recordó la carta de Campo que Camula jugó antes de su «Mundo Zombi» durante su duelo. —Judai —dijo Camula con un tono de voz muy cariñoso—. Me alegro de verte, pequeño. Ryo vio como la ceja de Camula se arqueaba de forma inquisitiva, al tiempo que los jadeos de alguien, que al parecer llegó corriendo, llenaban el lugar. —¡Por favor! —Ryo sintió el miedo frío en su estómago como un gran trozo de hielo. Esa voz, ¡era Sho! «No, debe ser un error», se dijo en un pensamiento frenético. Se suponía que su hermano pequeño estaba a salvo en Ciudad Domino, con su abuela y su madre—. ¡Por favor, no le hagas daño a mi hermano! No había duda, ese era Sho. ¿Qué estaba haciendo allí? Ryo deseó poder moverse, tomar a Sho y salir corriendo de allí para ponerlo a salvo. Al diablo su orgullo de duelista, Sho estaba indefenso y estos seres lo matarían. —Judai, amor, deberías enseñar su sitio a tus mascotas. Ryo escuchó suspirar a una tercera persona. —Lo siento, pero Sho no es mi mascota. Y no se ha acostumbrado a cómo funcionan las cosas por aquí. Camula negó con la cabeza en un gesto de reproche maternal. —Lo trajiste aquí, es tu deber hacer que entienda, antes de que vaya a meterse en problemas con uno de los ancianos. Camula parecía estar viendo a Sho, no obstante, Ryo no podía verlo debido a la posición en la que estaba. Y su cuerpo todavía se negaba a responderle. —Viste parte de mi duelo con tu hermano. ¡Sho lo había visto! Ryo estaba cada vez más desesperado, una emoción a la que no estaba acostumbrado. No desde que Fubuki desapareciera, y se dijera a sí mismo que nunca caería de nuevo en eso. No servía de nada, sólo ocasionaba que cometieras errores. Pero, en su estado, completamente paralizado, siendo sujetado por Camula como si fuera un muñeco, mientras su hermano estaba a merced del mismo monstruo que casi había asesinado a Asuka, toda su calma desapareció. Quería moverse… ¡Necesitaba moverse! Sintió que el agarre de Camula sobre él se hacía más fuerte. Y la vampira lo miró con un gesto de gran satisfacción. —Vaya, pudiste moverte incluso en ese estado. De verdad que eres muy fuerte. —¡Por favor…! —intentó hablar Sho de nuevo, pero su voz se ahogó como si alguien le hubiera cortado el aire. —¡Chist! Necesitas aprender tu lugar, niño. —La mirada de Camula se suavizó un poco—. Sin embargo, ya que eres el amado de mi querido Judai, voy a perdonarte esto. Después de todo, pronto seremos familia. ¿Familia? ¿A qué se refería con eso? ¿Qué es lo que estos seres querían hacerle a Sho? Necesitaba moverse, sacar a su hermano de allí y devolverlo a la seguridad de la casa de su abuela. Ryo se sintió terrible. Había pensado que Sho estaría a salvo si no seguía su camino como duelista. Que no desaparecería como Fubuki. No obstante, ahora estaba allí, y estos seres, estos demonios, hablaban de convertirlo en su familia. —Voy a prometerte algo, niño. En cuanto tu hermano esté listo, te permitiré verlo. Ahora, sé un buen humano y mantente fuera de problemas. Camula apretó a Ryo contra su pecho, y luego comenzó a caminar. —Duerme, mi pequeño muñequito —susurró, y la consciencia de Ryo se apagó de nuevo.

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Ryo abrió los ojos una vez más. Sentía su cuerpo pesado, y la sed y el hambre lo quemaban por dentro de una forma en que no creyó que fuera posible. Podía sentir sus labios resecos, y el enorme hueco que era su estómago. Como las últimas veces que había despertado, estaba recostado contra el cuerpo de Camula, viendo hacia el alto techo del cual colgaba un candelabro de araña. La vampira peinando sus cabellos con sus dedos, como una niña jugando con su muñeco. —¿Quieres beber algo? Ryo no respondió. La primera vez que lo hizo, Camula había apretado una copa con sangre en sus labios. Él había desviado su boca negándose a beber. Si todo lo que las novelas y películas decían era cierto, esa sangre pertenecía a un vampiro. Si la bebía, sería como ellos. Por otro lado, ¿cómo saber sí todavía era humano? En su estado debilitado, sabía que Camula lo había estado drenando poco a poco, un trago a la vez, desde hacía un tiempo. «No puede ser tanto», se dijo. El cuerpo humano no podía sobrevivir más de tres días sin agua. A menos que ya no fuera humano. Las otras leyendas decían que si un vampiro te mordía te convertías en uno de ellos. ¿Acaso Camula le estaba ofreciendo beber sangre para comprobar si ya era uno de los suyos? —Mi pobre y terco muñequito —susurró Camula en su oído—. ¿Cuánto más podrás resistir? ¿Quieres que el hambre y la sed se detengan? Ryo quiso responder «no», pero sus labios no se movieron. —Tan terco —susurró Camula—. Por eso te elegí a ti. Serás muy fuerte. Sintió a Camula besar su nuca con suavidad. —Es una lástima: este juego tiene que terminar. Me habría gustado ver cuánto podías resistir antes de suplicarme por beber algo, sin embargo, el Rey quiere conocerte pronto y debes estar presentable. Ryo cerró los ojos cuando los colmillos de Camula perforaron su cuello. Sintió una ola de calor que le recorría el cuerpo, y aunque quiso evitarlo, jadeó lleno de necesidad por prolongar esa sensación. —Sacia tu sed, hijo mío —susurró Camula en su mente. Ryo sintió algo blando apretarse contra sus labios, y el líquido cálido derramándose en su boca. La abrió, lo más que pudo, y luego mordió con fuerza. Se sintió como un torrente de vida. Todos sus músculos se tensaron, mientras sus sentidos se concentraban en ese líquido maravilloso. Lo que fuera que bebiera, estaba saciando su sed y su hambre como nada lo había hecho antes. Su estómago rugió hambriento, y sus venas se sintieron como cables de alta tensión, a través de los cuales pasaba una energía como nunca había sentido. Cuando fue obligado a soltar la fuente de aquel elixir mágico, Ryo gruñó con deseo y frustración. Necesitaba más de aquel delicioso maná de vida pura. —Por qué la sangre es vida —susurró Camula en su mente. Ryo volvió a sentir el dulce Beso de Camula, de su madre, en su cuello. Y supo que la amaba, que la amaba de una forma que tal vez nunca amaría a nadie más. Su hermosa Diosa, su Madre, su Maestra. Viviría y moriría para servirla. Sería fuerte únicamente para ella y para nadie más. Cuando la fuente de aquel maravilloso líquido volvió a sus labios, Ryo bebió con más entusiasmo que antes, si era posible. Todo su orgullo dejado a un lado. No lo necesitaba, lo único que importaba era seguir bebiendo de aquella fuente maravillosa. Oh, podría seguir así el resto de la eternidad. —Pronto beberás de muchas más fuentes. La sangre correrá por tus labios como el agua de un manantial —le prometió Camula—. Mi dulce muñequito: crece fuerte y ve a devorar al mundo. Camula bebió su sangre por tercera vez, y por tercera vez se la devolvió mezclada con la suya. A cada trago, Ryo sentía que conocía a Camula de una forma tan profunda y llena de amor que fue simplemente perfecto. Y si la sangre de esta persona, que hasta hacía muy poco tiempo era una desconocida, despertaba esas emociones en él, ¿qué pasaría si bebía de los seres a quienes más amaba en el mundo? ¿Si bebía de Sho, de Asuka y de Fubuki estarían unidos a él de la misma manera perfecta en que ahora lo estaba con su amada Madre de Sangre? Sí, deseaba ir por ellos, deseaba sentir esa unidad con las tres personas a quienes más amaba. Sostenerlos en sus brazos y tomar todo lo que eran, para resguardarlo dentro de su propia alma. —Tendrás tiempo para jugar con los hermanos que elegiste, pero Sho está fuera de los límites. Él pertenecea nuestro príncipe, y no debes tocar lo que les pertenece a tus superiores. Ryo quiso replicar. Sho era su hermano, por ese simple hecho, le pertenecía. Si quería tomarlo, nadie podría impedírselo. —Es una orden, mi amado: Sho está fuera de los límites. Ryo quiso gruñir, pero algo más dentro de él, algo que se sentía como una segunda alma recién nacida dentro de su cuerpo, se sentó como si fuera un cachorro y obedeció. —Buen chico —susurró Camula, besando su frente—. Ahora descansa. Y te prometo que mañana tendrás una nueva fuente de la cual beber. Ryo se entregó al sueño. Mientras caía en la inconsciencia, Camula susurró una última cosa en su mente:

Cubrid su rostro,

me deslumbra,

ha muerto joven.

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Ryo se sentía como nunca. La tela de su nueva ropa se adhería a él como una segunda piel. La gabardina de cuero negro se ciñó perfectamente, haciéndolo sentir poderoso. Algo lógico: todo lo que era ahora gritaba poder. Se sentía invencible, poderoso, inmortal. Sabía que podría aplastar a quien fuera que se pusiera en su camino. Lo había demostrado ya una hora atrás, en la arena, cuando el rey exigió que probara sus habilidades frente a su corte. Aplastó a sus enemigos sin piedad alguna. Y lo disfrutó a cada momento. Cuando su Madre lo felicitó, sintió en su pecho una calidez que nunca había experimentado. Y cuando vio a los ancianos sentados en los palcos del anfiteatro, mirándolo con una mezcla de miedo, respeto e ira, se dio cuenta de que podía beber esas emociones como bebía la misma sangre. Hablando de la sangre, en los últimos dos días, o más bien noches, había acabado con tres personas. Una mujer muy guapa, y dos hermosos chicos, no mayores que él, que se entregaron voluntariamente a su abrazo mortal. Los recibió gustoso, mordiendo sus cuellos con tanta fuerza que los huesos crujieron. Sus brazos se apretaron a su alrededor, estrujándolos hasta que se partieron como ramitas ante su nueva y maravillosa fuerza. Se aseguró de que sintieran la mayor cantidad de dolor posible. La sangre había despertado nuevos instintos en él, instintos que únicamente deseaban ver el dolor en aquellos que caían bajo su fuerza, fuera en duelo o para alimentarse. Sabía que ese instinto siempre había estado allí, pero las enseñanzas de Samejima lo habían contenido. Ahora no había nada que lo atara. —Eres un cazador —dijo su Madre, mientras se acercaba para acariciar su cabello—. Siempre lo has sido. Y ahora ya no hay nada que pueda atar tu fuerza y tus instintos. Ryo sonrió con sadismo. Sí, necesitaba cazar. Tal vez era hora de dejar el ganado a un lado. Le gustaría volver a la Tierra, caminar entre todos esos humanos que vivían plácidamente ignorantes de las cosas que se arrastraban en la oscuridad. Saltar sobre uno de ellos en un callejón solitario, y beber cada gota de su sangre en medio de los gritos de agonía. —Pronto —le prometió Camula. Las puertas de la sala del trono se abrieron, y los dos vampiros, Madre e Hijo de Sangre, entraron en ella. Camula se postró ante su rey. Ryo se cruzó de brazos. No conocía a este rey, salvo un breve vistazo en la Arena, no sabía si de verdad era alguien a quien valía la pena servir. Sintió a su madre tensarse cuando no se postró siguiendo su ejemplo. Ryo miró al rey, quien le devolvió la mirada de forma inexpresiva. —Él cree que puede desafiarte, amor —susurró una voz en algún punto detrás del rey. Ryo entrecerró los ojos. No podía ver a quien habló, lo cual era extraño. Desde que recibió la Sangre, su vista era mejor que la de cualquier depredador de la Tierra. O eso le había explicado su Madre. Veía tan bien en la oscuridad como si fuera el más brillante de los días del verano. Sin embargo, la oscuridad parecía no querer que viera a quien se ocultaba detrás del rey. —Tu hijo es fuerte —dijo el rey a Camula—. Veamos si puede sostener su desafío. El rey se puso de pie, y frente a él apareció una mesa, sobre la cual dejó su baraja. —¿Sin un disco de duelo? —preguntó Ryo con burla. —Sería un desperdicio matarte tan pronto —repitió la misma voz del ser que se ocultaba en las sombras. Kaiser gruñó ante las palabras llenas de desdén hacia su nueva fuerza. Les demostraría. Caminó hasta la mesa, puso su mazo en ella, y se enfrentó al rey. Nadie lo había vencido jamás en la Academia, ni los alumnos ni sus profesores. Y en la arena de este mundo había demostrado que ni siquiera los monstruos de la noche eran rivales para él. Demostraría a este rey que nadie podía subestimarlo. Kaiser gruñó con frustración cuando uno a uno sus combos fueron desarmados. Cuando el Héroe Malvado acabó con sus puntos, estaba temblando de ira y humillación. El rey recogió sus cartas. —Eres fuerte —reconoció el rey—, pero todavía te falta un largo camino. Si no puedes lidiar con la derrota, significa que tu fuerza no sirve para nada. Recuerda: siempre habrá quienes sean más fuertes y experimentados que tú; no obstante, a través de ellos puedes ganar más poder. Kaiser apretó los puños. —Perder en este mundo significa morir —gruñó—. Sin embargo, te negaste a enfrentarme con un disco y darme muerte. —¿Acabas de renacer con la Sangre hace tan sólo tres noches y ya deseas terminar tu existencia? Si quieres morir, ve a encender una pira funeraria en medio del bosque y arrójate a las llamas. El rey chasqueó los dedos. Desde la oscuridad, emergieron dos enormes jaulas. Dentro de ellas había dos dragones metálicos, con patrones de colores plateados y negros. Las majestuosas criaturas rugieron, haciendo temblar la sala del trono. Eran Ciber Dragones, pero no se parecían a ninguno que hubiera visto antes. ¿Serían acaso nuevas fusiones de las que no había escuchado hasta ahora? No, se dio cuenta, eran otra cosa. Ryo sintió su mazo palpitar deseoso de agregar a estas nuevas criaturas a su arsenal. Estos dragones eran algo más, un poder que nunca había sentido, un poder que debía ser suyo. —Hell Kaiser —lo llamó el rey, y Ryo sintió su pecho hincharse con orgullo ante su nuevo título—. ¿Quieres el poder que te ofrezco? —Sí —respondió sin dudar. El rey sacó una copa plateada, cortó sus propias venas y la llenó con su sangre. —Entonces, bebe mi sangre y sella tu lealtad a mi Clan. Hell Kaiser bebió. La sangre del rey era algo que no creyó que existiera. Un elixir que prometía el poder y la fuerza para buscar la batalla que había anhelado durante toda su vida sin saberlo. Sintió el orgullo de su Madre cuando se postró ante el rey y le entregó su lealtad. Lo supo en ese instante: el rey lo había elegido a él para ser uno de sus Caballeros, y se aseguraría de llevar el título con orgullo. —«Ciber Dragón Nova», «Ciber Dragón del Infinito» —llamó el rey, y los dos Ciber Dragones en las jaulas se convirtieron en cartas. Cuando Hell Kaiser las sostuvo, sintió una ola de poder abrumador manando de ellas. Un poder que se sentía antiguo, como si fuera un eco de una era muy lejana. Las dos cartas negras relucían en la oscuridad como dos piezas de ónice. Y Ryo no pudo evitar pasar sus dedos por ellas. Eran perfectas. Pero ¿cómo se suponía que usara esas nuevas cartas? Nunca había visto algo como eso. —El duelo es mucho más antiguo de lo que piensan los humanos —explicó el rey—. Y mientras ellos lo olvidaron durante milenios, nosotros nunca lo hicimos. Estas cartas son únicamente una muestra del poder que hemos conservado durante miles de años. El poder con el que desterraremos la Luz por siempre de este mundo. Hell Kaiser sonrió complacido por este poder. ¿Qué otras maravillas se ocultaban en el Reino de la Noche? ¿Cuánto más poder podría alcanzar si seguía a este rey? Iba a averiguarlo. Y si para descubrirlo el precio era arrodillarse ante el rey de vez en cuando, valía la pena.

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Haou sonrió internamente. Su sangre ahora corría por las venas de Hell Kaiser. Y él la había tomado por voluntad propia. No importaba cuanto tratara de convencerse a sí mismo de que lo seguía solamente por la promesa de poder, ahora estaba en sus manos y obedecería cualquier cosa que le ordenara sin oponer resistencia. Eventualmente, cuando la sangre vampírica fuera por completo asimilada por su cuerpo, sus nuevos instintos se calmarían y ya no sería una amenaza. Pero, por ahora lo importante era que los conspiradores no podrían usarlo contra él. —Se ha convertido en un espécimen muy interesante —susurró Yubel únicamente para él—. Me pregunto qué pasará con el hermano menor. ¿Será un cazador tan fiero como este? Haou no respondió. Sho parecía ser más del tipo de Judai: alguien que no ocultaba su verdadera naturaleza, así que era poco probable que la sangre despertara a un ser tan agresivo como Hell Kaiser. Por otro lado, no podía negar que estaba deseando saber que resultaría cuando fuera Engendrado. Tal vez, si Judai no se apresuraba, lo haría él mismo. El Consejo tenía sus días contados, era necesario comenzar a llenar las plazas vacantes.
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