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Capítulo 2: Beso de Esquimal Partita, Tenma En algún lugar de Italia. Trece años antes de la guerra santa del siglo XVIII. El pequeño Tenma, de tan sólo dos años de edad, observaba la caída de la nieve desde la ventana de aquella vieja cabaña. Hacía bastante frío y el abrigo que usaba ya no lo protegía lo suficiente por lo desgastado que estaba la tela. Su madre se acercó por detrás de él, colocándole una manta sobre los hombros a modo de cubierta. —Si continúas ahí por más tiempo, se te congelará la nariz— dijo con voz suave. —Quiero salir a jugar con la nieve— pidió. —Debemos esperar a que pare de nevar— le cerró la manta, asegurándose de mantenerlo abrigado. —Si sales así nada más, se te podría caer la nariz. — —¿En serio? — se tocó el rostro de forma graciosa. —Así es— Partita lo rodeó con sus brazos en un cálido abrazo. — Pero puedo enseñarte un truco para que eso no pase, se llama “besito de esquimal”— —¿Y cómo es eso? — —Bueno, acercamos nuestras narices y las frotamos suavemente, así se mantienen calientitas y no se caerán con el frío. — El chiquillo sonrió divertido, acercándose al rostro de su madre. Ella hizo lo mismo, apenas rozando la punta de su nariz con la de su hijo. Entonces, comenzó a mover la cabeza de un lado a otro con lentitud, generando un sutil toque. Tenma soltó una tierna risita por las cosquillas que sentía, así que imitó a su madre. En cuestión de segundos, el calor de dicha fricción les calentó las narices. Era un momento muy tierno que siempre recordaría el futuro Santo de Pegaso.***
Continuará… Se me hizo tierno escribir esto, todas las madres hacen eso alguna vez con sus hijos, frotar sus naricitas.