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Capítulo 7: Beso de la Vida [Kardia x Calvera] Nueva España. Cinco años antes de la guerra santa del siglo XVIII. La pelea había terminado, el Santo de Escorpio y la joven Athena consiguieron detener al dios Tezcatlipoca. Pero esto le cobró un precio muy alto al guerrero dorado. Calvera, al ser el recipiente de la deidad Quetzalcóatl, tenía la capacidad de percibir la condición médica de Kardia y su enfermedad. Así que, a pesar de haberlo ayudado retirando el colmillo de obsidiana, sabía que eso no sería suficiente para que se mantuviese con vida. Después de regresar al pueblo con algo de dificultad, pues Kardia había perdido el conocimiento debido al cansancio, la pequeña Sasha se mantuvo cuidándolo el resto de la noche. No obstante, a pesar de todas las compresas de agua fría que le puso en la frente y en el pecho, la temperatura corporal del Santo no disminuía. —¿Qué sucede?, ¿Por qué no baja la temperatura? — se preguntó la niña, ya cansada por el esfuerzo. En ese instante, la puerta de la habitación se abrió, era Calvera, quien estuvo dándose sus vueltas para ver si había alguna mejora con Kardia. Pero cuando vio a la pequeña Athena mortificada, supo que debía hacer algo al respecto. —Sasha, ve a descansar, yo me encargo de vigilarlo— pidió con una sonrisa. —Me preocupa, no ha despertado para nada. — —Te prometo que estará bien— hizo que se apartara del Santo y la acompañó hasta su recámara. La niña estaba cansada, así que, tan pronto la arropó, se quedó profundamente dormida. Calvera salió en silencio del cuarto y regresó con Kardia. —Es una verdadera lástima que un guerrero como tú sufra de una enfermedad como esta— murmuró, a la vez que retiraba las compresas. Se le quedó mirando por unos segundos, dudando de lo que estaba a punto de hacer. Soltando un largo suspiro, fue que decidió continuar, llevando las manos hasta el rostro del hombre. Entonces, comenzó a generar un suave cosmos, que fue relajándolo poco a poco. —Escucha, Santo de Escorpio, no puedo sanar el padecimiento de tu corazón. Pero como te encuentras en un estado crítico por la temperatura excesiva que emana, te ayudaré con mi poder sólo por esta vez— retiró sus manos y se inclinó sobre el rostro de Kardia. —Athena aún es muy joven, y sufriría mucho si murieses en éste momento. — Sus labios se aproximaron a los del Santo, y sin dudar, comenzó a besarlo con lentitud. De nuevo su cosmos se manifestó, rodeándolos a ambos, pero ahora con un matiz divino. El caballero dorado no despertó, pero instintivamente aceptó el acercamiento de Calvera. Dicha acción se convirtió en un beso de vida, pues el poder de Quetzalcóatl lo estabilizó por completo, al grado de que su corazón casi volvió a la normalidad y todas sus heridas quedaron cicatrizadas. Ella se apartó poco a poco y sonrió al ver que Kardia ya dormía con serenidad. Le acomodó el flequillo y le acarició la mejilla. —Esto queda entre nosotros. — Salió de la habitación, dispuesta a descansar también.***
Continuará… Otra pareja que me encanta, ellos son muy compatibles por su carácter extrovertido.