¿No era acaso una buena noticia?
12 de abril de 2026, 9:43
Ante el asombro de Andrés, Joseph subió al Audi, encendió el motor, le dijo algo al joven de ojos verdes, hubo risas, escuchó aquella música alternativa de la cual había oído a su hermana mencionar; el Audi comenzó a salir del estacionamiento y, en medio de la sorpresa, apenas logró esconderse tras el contenedor para no ser visto.
¿Era posible que Joseph le hubiera tomado ventaja? De todos los hombres en aquella universidad, ¿Joseph? No era capaz de encontrar explicaciones a tan inmensa casualidad. Él ni siquiera estudiaba en ese lado de la ciudad. Le parecía increíble que se conocieran y que fuesen tan “amigos”. Nada bueno podía obtener si Joseph estaba con ese muchacho. No había cruzado una palabra con él desde que pasó lo que pasó aquella vez, casi como un acuerdo tácito, se evitaron al cien por ciento. De hecho, nunca volvieron a estar en el mismo recinto: ni escuela ni universidad, desde los restoranes más prestigiosos, hasta los bares más difamados, jamás había vuelto a cruzarse por su camino. Quizás aún debería estar planeando alguna forma de vengarse después de tantos años, aunque nunca lo hizo, nunca lo intentó. Quizás estaba exagerando, ¿una venganza? Si lo hubiese deseado, probablemente ya lo hubiera cometido, ¿por qué esperar tanto tiempo? Su mente estaba maquinando demasiado. Después de todo, Demian era un chico muy atractivo, no estaba prisionero en la universidad ni vivía allí, por lo que pudieron haberse conocido prácticamente en cualquier lugar, además, parecía no ser de aquellos que frecuentan los mismos lugares que él. Tampoco sabía gran cosa sobre el pelirrojo, quizás llevaba meses viviendo en la ciudad y no habían coincidido. Sin lugar a duda, era una gran desventaja que tuviera una conexión con Joseph, pero no porque ellos tuvieran alguna cosa querría decir que no tendría su oportunidad, bien o mal, siempre lograba lo que quería, excepto con Nicolai… <<Hum, Nicolai>>, pensó. Dejó de lado sus reflexiones y emprendió el camino, el reciente seguimiento le había hecho perder una clase más.
————
—¿Qué ha pasado contigo que no te he visto en clases? —preguntó Francisco preocupado.
Era un joven bajito, moreno, de ojos verdes, no muy delgado, pero tampoco macizo. Fueron compañeros desde el primer año de la carrera y, poco a poco, se hicieron amigos. No era común que ninguno de los dos faltara a alguna clase, llegara tarde o desapareciera sin avisar. Siempre estaban muy pendientes de los apuntes, de complementar. No es que fueran los más estudiosos de la clase, pero entre los dos se apoyaban muy bien, ambos tenían sus ambiciones y el soporte era una de las formas para lograr sus metas más rápido.
Francisco era uno de los pocos con los cuales no había intentado propasarse, nunca lo miró de otra forma. Se apoyaron desde el primer día, él venía de una familia de respetados diplomáticos, desde su tatarabuelo habían sido embajadores y representantes de Estados y, por su puesto, él quería seguir la tradición. Por su parte, Andrés solo quería ejercer en el área de las empresas, venía de una familia de grandes empresarios y, aunque la administración de estas y aquellas no le parecían de suficiente interés, sí había visto una excelente opción estudiar Derecho para especializarse luego. De todas formas, en algún momento no tendría otra opción más que hacerse cargo del imperio familiar.
Sus proyectos, aunque diferentes, eran similares: aprobar sus estudios en el menor tiempo posible y, siendo Andrés un joven disperso —inteligente, pero disperso—; no le venía nada mal un compañero que le mantuviera los pies en la tierra.
—Nada en especial, he tenido algunos contratiempos últimamente, no hay de qué preocuparse —respondió mirando de reojo mientras se acomodaba en el sillón. Había decidido ir esa misma tarde a su casa, era el último año y perder clases “porque sí” era un lujo que no podía seguir repitiéndose.
—Ya me lo creo que sí —dijo con un tono suspicaz —. No sueles faltar a clases, ¡ni cuando te rompiste la pierna! Estás actuando muy raro y no me vengas con que es el pobre de Henry el que te tiene así, aunque imagino que han debido estar muy ocupados.
—¿Ocupados? ¿Con Henry? —dijo confundido y curioso —. ¿Qué tiene que ver Henry con que me haya perdido un par de clases este mes?
—Por lo de la formalización —respondió despreocupado.
—Formalización… ¿cuál formalización? ¿De qué? —dijo confundido.
—¿Pues de qué va a ser? ¡De su relación! ¿Qué otra cosa? Llamé a tu casa luego de que no llegaras a clases para saber qué te había ocurrido, puesto que parecía que tu celular había muerto otra vez. Quien contestó, para mi sorpresa, fue Henry, me dijo que lo suyo iba en serio y me dio hasta la impresión de que estaba arreglando todo para irse a vivir juntos lo antes posible. El que le hayas pasado la llave del departamento ha sido algo muy sensato, es increíble que estés pensando en sentar cabeza por fin. Siempre me pregunté cuándo sería el día que escogieras a un buen chico y decidieras establecer una relación seria y a largo plazo. Me llama la atención, eso sí, que lo hayas escogido a él, de entre todos tus… este… “amigos”… pero supongo que el hecho de que hayan sido buenos amigos de toda la vida ayuda bastante en la construcción de una relación tan bella. Se nota muchísimo lo enamorado que está de ti, eso me alegra…
—No, espera —interrumpió alterado—. ¡¿Cómo que vivir juntos?! ¿Llave del departamento? ¡Yo no le he dado ninguna llave! ¡¿Qué sensatez?! ¿De qué me estás hablando? Esto es una broma, tú me conoces, sabes que detesto la monotonía. ¿Cómo que enamorado? No, es imposible, jamás le he prometido nada, jamás hablé de nada. Esto de Henry se me está escapando de las manos. —Terminó la sorprendida y alterada intervención avanzando en dirección al bar.
—Me parece que te tendré que servir algo fuerte —dijo Francisco—. ¡Vaya! De verdad no pensé que Henry fuera de esos, me pareció siempre tan bien aterrizado. Se le veía bien cuando estaba con Alejandra, jamás hubiera imaginado que era así de obsesivo, supongo que tú tampoco, pero ya ves lo que pasa cuando actúas sin pensar. Henry, bueno, tú sabes que siempre fue muy apegado a ti, aunque no habría pensado que te tuviese algún tipo de atracción, siempre se rodeó de chicas muy guapas y tenía relaciones bastante estables y duraderas. Nunca hubo rumores, bueno, hasta que te lo tiraste tú, ahí todos comenzamos a entender que quizás siempre estuvo “enamorado” de ti.
<<enamorado>>, repitió Andrés para sí.
<<enamorado>>, repitió como un mantra.
—¡No! ¡¡Definitivamente NO!! —exclamó determinante—. Este show de Henry se termina ¡HOY! No es posible que por “encamarse” un par de veces con un amigo resulte que después no pueda pensar con claridad, no es un adolescente, ¿qué le pasa? Entiendo que nadie juega mejor que yo cuando se trata de la cama, que dejo loco a cualquiera, pero Henry se ha tomado atribuciones que no merece. Ni siquiera vale la pena, solo lo he utilizado de última opción y él lo sabe —dijo agitado—.
<<Se supone que lo sabe>>, repitió para sí mientras caminaba hacia la salida.
—Bueno, Andy, creo que debes ir a dejar las cosas claras, antes de que vaya a pedir hora ante un juez para la boda, ja, ja, ja, ja —dijo despidiéndolo en la puerta.
—¡Juro que lo mato si hace eso! —respondió malhumorado mientras se alejaba.
—En serio, Andrés, ya me veo tramitando tu divorcio —bromeó por última vez.
Afortunadamente para él, el edificio donde vivía no quedaba demasiado lejos de Francisco. Hubiera deseado conseguir un taxi, pero a esa hora, con el tráfico y la cantidad de gente esperando tomar uno, se demoraría probablemente el triple en llegar. Solo podía pensar que era cuestión del destino que hubiese perdido la clase, que se hubiese descargado su celular, que hubiese ido a ver a Francisco. Todo lo que sabía ahora sobre la obsesiva actuación de Henry tenía como causa el haberse perdido la clase por estar espiando al joven de ojos esmeralda; todo fue desencadenándose alrededor de ese detalle. ¿Qué hubiera pasado si no? ¿Cuánto tardaría en descubrir que Henry estaba loco? ¿O enamorado? No pudo evitar estremecerse al pensar en ello, parecía una pesadilla.
Dobló en la última esquina, cruzó la calle y distinguió la ventana de su departamento, justo la última ventana de la esquina en la derecha. Estaba abierta. Ingresó al Hall, pensó subir en ascensor, pero recién venía bajando, probablemente demoraría. <<Mejor las escaleras>>. Abrió la puerta de par en par, recorrió con la mirada la sala-comedor-cocina. Nada. <<Todo demasiado ordenado>>, pensó. Se dirigió a la pieza y lo encontró, semidesnudo en la cama, esperándolo, con pétalos de rosas sobre aquella, velas por el piso y los veladores; la guinda de la torta: una botella de champán frío.
—¿Hola, amor, tienes hambre? —le preguntó insinuante.
<<Hola, amor>>
<<Hola, amor>>
<<Hola, amor>>
Retumbaban aquellas palabras en sus oídos.
—¡¿Pero qué mierda estás haciendo, Henry?! —gritó furioso—. ¡Es que, de verdad, ¿qué mierda estás haciendo?! Le estás diciendo a todo el mundo que somos novios. ¡Te metiste a mi casa! Copiaste mi llave, respondes mis llamadas, ordenas mi departamento. ¡¿Qué mierda es esta?! ¿En qué momento te di esperanzas? Solo me acuesto contigo cuando tengo ganas. No entiendo, ¿dije algo que hubieras podido malinterpretar? De verdad que no entiendo, hemos sido amigos desde siempre, te he contado todas mis aventuras. Me conoces. ¡Me conoces y me haces esto!
No se había dado cuenta de cómo había llegado a sujetarlo de los hombros, lo sacudía con ira. Sentía unas ganas inmensas de rodear su cuello con sus manos y presionar, entonces vio el rostro anonadado de Henry, no movía ni un músculo, parecía que temía lo peor. Vio sus ojos abiertos, atentos, suplicantes y volvió en sí.
—Perdón —se limitó a decir Andrés, soltándolo—. Me he descontrolado, sé que lo que hiciste es molesto, peligroso y me enfurece, pero reconozco que me extralimité. Siempre fuimos buenos amigos… —lamentó.
—No importa —dijo tristemente—. Lo siento mucho, Andy, todo es mi culpa, no debí dejarme llevar. Pensé que te gustaría una sorpresa, jamás me hubiera imaginado que te enterarías por otra persona, solo quería que tuvieras a alguien esperándote en casa; siempre estás tan solo, tan vacío. Y sí, lo sé, sé que pareciera que no tienes alma, sé que hemos sido amigos toda la vida, sé que te conozco y por eso pensé por un minuto (sin razonarlo del todo), que yo podría hacer la diferencia. Andy, te he querido toda mi vida, siempre me dije que lo que sentía era producto de nuestra profunda amistad, que mi aprecio era inagotable porque habíamos compartido toda una vida juntos; pero esa noche, cuando me miraste, y sí, sé que estabas borracho, sé que de otra manera jamás hubiera ocurrido, pero esa noche, ya no pude seguir mintiéndome a mí mismo, no quería estar lejos de ti. No importaba que me usaras como última opción, siempre terminas llamándome, me conformo con eso. Supongo que me confundí como un tonto, actuando igual que un adolescente, creyendo que puedo cambiar tu alma. Te pido mil disculpas, ahora solo me vestiré y desapareceré de tu vida.
Tomó su ropa y se dirigió al baño. Entre sollozos se miraba en el espejo, jamás lo había visto reaccionar así, tenía miedo, se sentía profundamente humillado. Lavó su rostro para disimular las lágrimas que rodaban por sus mejillas, parecían cataratas, ojos inundados. Se sentía absolutamente herido, no podía calmarse. No sabía cómo salir de ahí, quería correr, gritar y maldecirlo, pero, en el fondo, sentía que la culpa era suya, nadie debe enamorarse de Andrés.
—Eres un puto, Andy, no mereces que nadie ponga su corazón en ti, no mereces que llore por ti. —Se tranquilizó, salió del baño, miró de reojo a donde se encontraba el jurista y con paso firme, pero con voluntad débil, comenzó a avanzar a la puerta.
—Espera —dijo Andy.
<<Quizás no todo está perdido>>, pensó Henry.
—Entrégame las copias que sacaste de mis llaves —sentenció.
Indicó con su tembloroso índice izquierdo el cenicero al lado del teléfono. Andy se giró, vio las llaves y Henry se fue decidido a no volver a tener ningún contacto con él.
La semana pasó rápidamente, entre investigaciones para sus memorias, el trabajo en el bufete y las clases del último año realmente no tuvo tiempo para pensar. Lo de Henry, para él, ya era un tema zanjado, estaba demasiado presionado como para prestarle atención a las relaciones interpersonales. ¿Si acaso había sentido la pérdida de su mejor amigo? Ni siquiera él lo sabía. <<No es que en realidad fuera a hacer mucha falta>>, pensó. Arreglaba su esmoquin para la cena de aniversario de sus abuelos, pensaba en el tedio que esa situación le producía, gente importante de todas partes, incluyendo a Henry y su familia. ¡Por supuesto! Ambas familias eran no solo amigas, sino socias en el mundo empresarial. Probablemente sería un momento incómodo, pero si podían evitarse no habría mayor problema.
—Supongo que el error fue mío, no debí acostarme con él en primer lugar —dijo meditativo—. Es solo que realmente no se me pasó por la cabeza que él pudiera sentir algo por mí, se veía tan bien con su novia. ¿Por qué tenía que complicarse tanto esta situación?
Se pasaba la mano izquierda de vez en cuando entre sus cabellos, estaba algo nervioso. No era, en ningún caso, algo fácil de manejar si consideraba que habían sido amigos desde siempre. Tan absorto se encontraba en sus pensamientos que no había notado la presencia de Francisco, quien había llegado a recogerlo para ir a la cena.
— Hmm… Creo que ya te lo había advertido un día, ¿no, Andrés? No sé qué estabas pensando cuando te lo “tiraste”, pero lo más seguro es que estabas más borracho de lo que jamás habías estado —dijo resolutivamente—. Solo espero que hoy el escándalo no sea mayor, por el bien de tu familia, claro. Aunque, de todas formas, no creo que Henry vaya a abrir la boca, no debe ser muy fácil confesar que fuiste un títere más de “Andrés, el destructor de almas”, ja, ja, ja —rio con entusiasmo—. En fin, poniéndonos serios, todo el mundo sabe que siempre ha sido hetero, no saben de su secreta devoción hacia ti, así que no le conviene decir mucho. Emma me contó que ha estado atravesando una profunda depresión, tal parece que se encuentra medicado. Estos últimos días no ha salido ni ha recibido visitas o llamadas.
—¿Emma? ¿Cómo puede saber ella eso? —preguntó intrigado y molesto a la vez.
—¡Ah! Pues me contó que su familia llamó a su casa porque estaban muy preocupados, querían ver si tú, que eres su mejor amigo sabías algo, pero no tenían tu número de contacto.
—¿Qué carajo? ¿Qué fue lo que Emma les dijo? —preguntó temeroso.
—Pues, dijo que no sabía lo que ocurría y que, al parecer, tú tampoco. Que, como el mejor amigo, habrías sido el primero en ir a preguntar por él si te hubieras enterado de que se encontraba en una mala situación. De todas formas, los tranquilizó y te cubrió las espaldas una vez más.
—¡Vaya! Ella no me ha dicho nada, mintió descaradamente.
—Sí, no hay dudas de eso. Si me hubieran llamado a mí, les habría dicho todo lo que ocurrió con lujo de detalles. De todas formas, soy el espectador V.I.P. de todo este show. ¡Ja, ja, ja!
—¿Y te haces llamar mi amigo? ¿Serías capaz de cometer tal traición? —reprochó indignado.
—Tú no eres el más apto para hablar de sobre lealtad, ¿sabes? Es gracias a que nadie te importa que estás en esta situación tan complicada. ¡Ve, termina de arreglarte, mejor! No falta mucho para que comience el evento. Estaré esperándote en la sala, ¡no te demores!
—No sé si será buena idea aparecerme por ahí de todos modos —susurró.
—Andrés, nada de arrepentirse de asistir, yo le prometí a tu hermana que te llevaría. ¡Ésa es mi misión y pienso llevarla a cabo! Tienes 20 minutos para estar listo.
————
Una fila de lujosos vehículos avanzaba lentamente hasta la entrada principal de la mansión, iluminando con sus luces el camino, cual pasadizo escondido. Era una casona gigante, con más de 20 habitaciones, rodeada por 4 jardines distintos y, más allá, impenetrables bosques. Estaba ubicada en la zona más prestigiosa de la ciudad, habían vivido allí desde tiempos inmemoriales, manteniendo intacto el casco histórico de la edificación, la distribución de esta y sus tradiciones. Todas las familias importantes de la cuidad estaban allí, la mayoría empresarios, aunque también políticos y una que otra estrella. El salón de fiestas tenía espacio suficiente para quinientas personas. El personal iba y venía ajetreado para hacer sentir confortable a cada uno de los importantes invitados, después de todo, estos eventos eran la oportunidad para crear lazos comerciales y políticos.
—¡Vaya! ¡Este año sí que se superaron! —exclamó casi atónito Francisco, sorprendido por tanto lujo.
—¿Mi padre y Emma organizando esto? Me asombra que no hayan mandado a hacer un palacio de oro, marfil y diamantes solo para la ocasión —ironizó.
—¡Qué parco eres! —le reprochó—. En fin, vine a divertirme, cumplí mi misión, te traje hasta aquí, así que ahora quedas por tu cuenta. Salúdame a Henry si es que lo ves, je, je, je.
<<Vaya qué exageración>>, pensó Andrés, mientras se dirigía a la barra.
Había esculturas de hielo, onerosos presentes para los invitados, las mesas estaban dispuestas, todas adornadas de igual manera con buqué de rosas azules, cuchillería de plata, copas de cristal, orquesta sinfónica en vivo, definitivamente no habían escatimado.
—¡Hermano! —Se acercaba Emma con gran entusiasmo—. Ya estás aquí, te estaba esperando desde hace un rato, hay alguien a quien deseo presentarte… Hmm, ¿en dónde está? Espérame aquí.
Emma estaba preciosa, llevaba un vestido largo de un solo hombro y espalda semi descubierta color zafiro, el que resaltaba con su tez blanca. Junto a la suave caída de la exquisita seda, se distinguía la delicada y seductora abertura que tenía en el costado derecho, donde a cada paso dejaba ver parte de su larga pierna. Llevaba el cabello ligeramente ondulado y sujeto con un fino peine de plata. Tanto el dije como la pulsera, aros y anillos eran a juego con el peine, de plata con piedras zafiro. Los zapatos a juego en punta la hacían ver moderna y clásica a la vez, casi como un tributo a la elegancia. Esta vez su maquillaje era suave, de tonos rosa y tan solo un poco de brillo en los labios. Ella definitivamente brillaba con su belleza natural.
Tan pronto como dijo eso, dio media vuelta en dirección contraria.
<<¿Quién será la persona que quiere que conozca? Parece muy animada con la idea, bueno, en realidad, ella es una persona llena de vitalidad, supongo que si me alejo un poco no se rendirá hasta encontrarme. Iré por un trago>>, pensó.
Henry se hallaba en la barra, por lo que se detuvo a medio camino. No tenía la intención de que se armara una escena y, si en realidad estaba tan mal como le habían dicho, entonces era mejor no acercarse a él, no porque no quisiera atormentarlo con su presencia, simplemente no quería que le armara alguna escena o le reprochara algo. No pudo evitar quedarse mirando a su ex mejor amigo por un tiempo, se veía demacrado, tenía ojeras profundas que ensombrecían totalmente su aspecto, se veía más delgado y apagado.
<<Probablemente es verdad de que está sufriendo>>, pensó.
Casi como una percepción, Henry miró hacia el lugar donde se encontraba y, por un instante, sostuvieron la mirada. Andrés estaba perplejo, nervioso, no sabía qué hacer, pero definitivamente no le quitaría la mirada, ¿por qué tendría que hacerlo él, si fue Henry quien los puso en esa situación? Además, es muestra de debilidad. <<Que desvíe su mirada primero>>. Fue entonces cuando se dio cuenta de que su mirada era vacía, en realidad, no era a él a quien miraba, simplemente se había sumergido en una profunda oscuridad.
Una hermosa joven de vestido aguamarina y cabello rojo recogido en un esplendoroso peinado se acercó con mucha confianza a Henry, tocó su hombro y él pareció regresar en sí. Algo le dijo, ella sonrío dulcemente y besó su frente, tomó su mano y se alejaron de la barra.
<<¿Quién es esa mujer? Me parece familiarmente sospechosa, por la forma en que le sonríe pareciera ser que son más que amigos. ¿Puede ser que esté enamorada de él? ¡Ja, debí imaginarlo! ¿Dando lástima? ¡Por favor! Ahora parece que no está del todo devastado, si tiene tiempo para salir con mujeres, quiere decir que, entonces, no era tan intenso lo que se suponía sentía por mí>>
<<Supongo que eso está bien, pero ¿por qué me molesta que no esté sufriendo por mí? ¿Por qué tengo esta necesidad de ir donde él y pedirle explicaciones? No puedo negar que es molesto que te digan que eres el centro del universo y darte cuenta de que son todo mentiras. ¿Será eso? Ah, qué confuso>>, chistó.
La noche transcurría lenta y tranquilamente, no faltaba mucho para que todos pasaran a sentarse a sus ubicaciones. Había perdido la cuenta de cuántos tragos se había tomado. Aun así, estaba decidido a ir por uno más cuando escuchó que le hablaban. Emma había regresado —luego de 1 hora que pareció media velada— con alguien que le parecía extremadamente familiar.
—Al fin te encontré, pero cómo ¡¿has estado bebiendo todo este rato?! ¡Por Dios, Andy! ¿Ya olvidaste lo que pasó la última vez que te emborrachaste? ¿Quieres más problemas a causa de eso? —le dijo molesta.
Pero Andrés ni siquiera la escuchó, estaba atónito, no podía creer que frente a sus ojos estuviera el joven de cabellos color fuego, quien sonreía y sus ojos se iluminaban. No pudo evitar observar cada centímetro de su rostro, sus ojos verdes lo esquivaron, realmente no podía mantener contacto visual con él, ¿sería que se sentía intimidado? ¿Quién sabe? Cada vez que lo miraba sentía que no había visto nunca a alguien tan hermoso como él, parecía un ángel, uno real. Su sola presencia parecía resplandecer en la habitación. Emma advirtió la sorpresa de Andy al ver al joven que la acompañaba.
—¡Ah! Sí, Andy, aquí está a quien quería presentarte. Él es Demian, el hijo menor de Phillippe.
—Qué sorpresa verte aquí Andrés —dijo Demian tímidamente—. No sabía que fueras hermano de Emma también.
—¿Eh? ¿Ustedes ya se conocen? —preguntó algo perdida de la situación.
—Eh… Nos vimos de casualidad hace unas semanas en la cafetería, estaba atiborrada y me senté en su mesa —explicó el joven de ojos esmeralda con una sonrisa.
—Sí, solo eso, no es que nos conozcamos en realidad —dijo nervioso Andrés, tratando como de aclararle a Emma que no había intentado lanzarse sobre su hermanastro.
—Ah, pero en ese caso los dejo para que se conozcan. Demian es el tipo de personas con las que te agrada conversar.
Era un asombro difícil de ocultar, le habían presentado oficialmente al joven cuyos sueños había invadido, aquel que había aparecido en cada uno de sus deseos. Pero, si era el hijo menor de Phillippe, eso quería decir que no solo era hermanastro de Emma, sino que, además, es hermano de Joseph; y no un hermano como lo era con ella, sino uno de verdad. Su mente comenzó a recorrer miles de pensamientos, ¿no era bueno acaso que no fuera pareja de Joseph? Cualquiera podría pensar que sería fácil entonces, pero la verdad es que no sabía cómo abordarlo.