¿Sería un juego muy peligroso?
12 de abril de 2026, 9:43
—Esta vez sí que excedí todos los límites —se dijo Andrés—. ¡¿Qué estaba pensando?! Siempre he usado trucos para llevar hombres a la cama, pero jamás había hecho semejante… jamás había tomado a alguien contra su voluntad. Podría perderlo todo si él decidiera hablar, al final, fue una buena idea grabarlo. ¡Maldita sea! Hasta yo siento que he caído demasiado bajo.
Luego de que Henry quedara inconsciente, pasó un par de horas sentado en el suelo del living bebiendo. No fue hasta que se hubo acabado la botella que regresó a la habitación. Henry seguía dormido, Andrés se sentía confundido respecto a lo ocurrido, era la primera vez que se comportaba de una manera tan instintiva, tan animal; desató las muñecas del joven que había sido su amigo desde la infancia.
<<¿Por qué tenías que enamorarte de mí si sabías que solo te haría sufrir?>>, pensó.
No esperó a que amaneciera para salir del departamento, tenía ganas de seguir bebiendo, pero estaba exhausto. No quería encontrarse con Henry, decidió pasar la noche en su auto. Cerca del mediodía despertó súbitamente, estaba desorientado. Intentaba recordar:
<<La fiesta>>
<<Joseph>>
<<Henry>>
Una sensación fría recorrió su cuerpo, ¿era posible? ¿Era posible que de verdad hubiera pasado eso? Le dolía la cabeza de tal manera que le costaba pensar, decidió ir a comprar algo para la resaca, pero había dejado la billetera en el departamento, no había remedio, tendría que ir y rogar que Henry aún no hubiera despertado. ¿Cómo enfrentarse a él? Se sentía raro respecto a eso, solo esperaba que Henry no estuviera despierto, realmente no sería capaz de enfrentarlo.
Había caminado hasta un café cercano, no tenía hambre, pero quería darle a Henry el tiempo suficiente para salir del departamento sin aterrarlo más. Definitivamente no se sentía bien, se dirigió al baño y se encerró, abrió la llave y mojó su cara, su cabeza, su cuello. No solo era la resaca, muchas veces las había tenido mucho peores que esa, era una sensación que no lo dejaba tranquilo.
<<Cuando ingresé al departamento él quedó absolutamente paralizado, jamás había visto tanto miedo en alguien>>, pensó mirando su reflejo.
<<Se veía desmoralizado. ¿Eh? ¿Por qué me encuentro pensando en esto, a dónde quiero llegar? Lo que sucedió ya sucedió, aunque me disculpe o le ruegue no hay vuelta atrás. No hay nada que pueda resarcir el daño, el pasado es pasado>>, concluyó.
Aquel hombre frente al espejo se veía demacrado, grandes ojeras oscurecían aún más su mirada, por primera vez en su vida estaba experimentando remordimiento. En realidad, estaba seguro de que Henry no significaba nada para él, pero verlo así, despojado totalmente de su dignidad, sumido en el más profundo abismo, al que él mismo había empujado, le produjo una impresión tal que lo hizo estremecer.
—¡No deberías ser tan débil de carácter! —le gritó a su reflejo, observando la oscura mirada que proyectaba—. Asume tus actos, date cuenta de lo que has llegado a convertirte —añadió.
Una expresión de asombro inundó su cara ¿era posible que las palabras de Joseph fueran ciertas?
—Parece que sí soy de lo peor —musitó con una triste sonrisa.
————
Pasaron algunos días, Henry había desaparecido, corría el rumor de que había huido a Europa, pero su familia estaba demasiado reservada, no dieron mayores detalles. Emma intentó averiguar todo lo que pudo, avisándole a Andrés, quien no tenía mayor interés en saber. Ella lo conocía, sabía que la razón de que Henry abandonara el país de forma tan repentina estaba directamente relacionada con Andrés. Ignoraba, obviamente, el hecho de que aquel fue violado, vejado y torturado por el que había sido el mejor amigo de su vida, de quien estaba totalmente enamorado, tan enamorado que prefería huir antes de tener que volverlo a ver. Ella, ingenuamente, creía que habían discutido esa noche, que se habían dicho cosas horribles y que, siendo Henry rechazado, probablemente había viajado para cambiar de aires e intentar olvidarse de su hermano.
Había intentado dejar atrás ese suceso tan desabrido, intentaba concentrarse en su investigación, en sus clases, pero solo tenía la sensación de que las cosas giraban y giraban en su mente sin control. <<Estoy al borde del colapso>>, pensó.
<<Aún me cuesta creer el haber actuado así. Sigo sin entender por qué me sentí tan excitado en ese momento, por supuesto yo tenía el control, pero jamás pensé que pudiera disfrutar torturar a una persona. ¿Me he vuelto un sádico? No, no puede ser, fue la mezcla de cosas, el haber tenido a aquel inalcanzable ángel a mi lado durante la noche sin poder tocarlo, conformándome con el aroma que emanaba de su cuerpo, con la sonrisa de su rostro y los reflejos de sus cabellos. ¡Realmente me estaba conteniendo esa noche! Todos esos factores derivaron en que no me pudiera controlar. Siento que si cierro los ojos sentiría de nuevo el perfume de su cuerpo otra vez>>, pensó.
No había vuelto a ver al joven pelirrojo desde esa noche.
<<De todas formas, no hay posibilidad. Cualquiera pensaría que sería fácil como siempre, pero, sinceramente, no sé cómo abordarlo. Además, su hermano debe haberlo convencido de que soy peor que Judas. ¡Ah! Él en realidad no se parece en nada a quienes rodean mi mundo, parece un misterio, quizás eso es lo que me intriga, saber qué secretos esconde, qué piensa. Nadie me había rechazado antes, a excepción de Nicolai, pero a diferencia de él, Demian no parece haber sido tajante del todo, tengo esa sensación de que dejó una ventana abierta, supongo que, si de verdad quisiera no volverme a ver, habría sido categórico. ¿Es posible que, a pesar de su aparente indiferencia, no lo sea del todo, que en el fondo haya algún grado de interés en mí? ¡Por supuesto que no!>>, rio desesperanzado.
<<Como sea, debería empezar a ocupar mi tiempo en cosas que merecen la pena, estoy desvariando como un escolar>>, resolvió.
Había agachado su cabeza apoyando sus codos en las rodillas, ocultando su rostro con sus manos, su cabello negro caía cual cascada y contrarrestaba la palidez de su piel. El café de siempre, la mesa de siempre, las mismas personas circulando en su interior, corriendo a clases, protegiéndose de la lluvia, viviendo sus vidas. Todos estos días había estado intentando concentrarse, corregir sus memorias, pero le era imposible; no dormía, no comía, no pensaba en nada más que en lo ocurrido esa noche, a veces daba la impresión de estar al borde del llanto, pero si se trata de Andrés, probablemente eso sea imposible, ¿no?
—¿Te encuentras bien? —escuchó a sus espaldas—. ¿Interrumpo algo? —añadió mientras se sentaba frente a él.
—¿Demian? —susurró incrédulo sin cambiar de posición.
Lentamente levantó su mirada y lo vio sentado frente a él, con su sonrisa de siempre, el rostro iluminado, sus vibrantes ojos verdes y el cabello rojo alborotado. Estaba sorprendido, ¿es que acaso no había escuchado a su hermano decirle que no se acercara? Sostenía un tazón de café con ambas manos, probablemente para darse calor, era una día muy frío y lluvioso, habían entrado en el invierno, cruel e intempestivo.
Tomaba su café lentamente, parecía disfrutar de esas cosas simples, a cada sorbo cerraba los ojos, sintiendo el aroma intenso del café de grano. Siempre esquivaba su mirada, como si se avergonzara o como si no se atreviera a sostenérsela. Era realmente impresionante la blancura de su piel, el contraste con sus labios rojos que, a ratos, eran humedecidos por su lengua; a veces mordía su labio inferior. ¿Sería que se ponía nervioso cuando estaba frente a al de ojos azules? No podía evitar mirarlo, observar cada centímetro de su rostro, admirar su perfección, mechones cayendo suavemente sobre la sien, parecía brillar, tenía ese impulso casi incontrolable de acariciar sus cabellos, definitivamente quería hacerle mucho más que eso. ¿Por qué tenía que ser tan difícil?
<<Si le fuera totalmente indiferente no me buscaría ¿o sí?>>, pensó.
Pasaron varias semanas en que la escena se repetía con mayor periodicidad. Se había convertido en un acuerdo tácito, Andrés llegaba primero, se sentaba con su café y pie de limón, por lo general, avanzando su tesis. Poco después llegaba Demian, lleno de vida, amable con todos, cortés, sonriéndole a quienes lo saludaban, pedía todos los días un café diferente. Se sentaba en la misma mesa, frente a él, siempre con algún viejo libro de bolsillo, leyendo. Muy de vez en cuando, alguna pregunta, algún comentario, algún intercambio de palabras; cada uno sumergido en su mundo. Andrés se marchaba a la misma hora, siempre retrasado con la excusa de que se le había pasado la hora redactando sus memorias, pero, en realidad, pasaba más tiempo admirando al joven de ojos verdes que escribiendo algo en su computador. Se envolvía en sus pensamientos observando atentamente cómo ese ángel pelirrojo se perdía en el mundo de los libros.
Todo el tiempo tenía esa necesidad de preguntarle cosas, para él su vida era un misterio. Solo tenía escuetas nociones, las que había oído de su hermana, pero cada vez que había intentado acercarse había sido rechazado con su cándida sonrisa.
—Eh, Andrés —escuchaba que lo llamaban desde algún lugar del infinito—. Andrés, quería preguntarte algo, pero puede ser imprudente de mi parte, ya que en realidad no nos conocemos, sin embargo… es algo que ha estado dando vueltas en mi cabeza desde hace tiempo.
—¿Ah? —dijo confundido.
<<¿Qué será lo que me quiere preguntar con ese tono tan serio?>>
— Sí, no hay problema, no me tomaré nada de lo que digas a mal si eso es lo que temes.
—Bueno… —Tomó aire—. Joseph no tiene una buena impresión de ti —dijo lanzando las palabras rápidamente—. Pero Emma, por el contrario, tiene una visión muy diferente a la de mi hermano. Eh, este… no es que yo vaya por ahí preguntando sobre tu vida je, je, je; pero desde la fiesta de tus abuelos, Joseph me ha estado advirtiendo que no se me ocurra acercarme a ti. Y bueno… yo… en realidad estoy consciente de tu reputación, aun así, en ningún caso creo que seas un ser tan despreciable como mi hermano intenta hacer creer. En el fondo, no quiero incomodarte con este tipo de comentarios, pero es la primera vez que me siento así, o sea… que me interesa conocer sobre alguna persona casi tanto como a los libros —dijo esto último con mayor timidez, con voz cada vez menos audible.
¿Qué estaba buscando? ¿Qué quería decir con todo eso? La verdad es que confirmaba sus sospechas, Demian después de todo era tímido, lo cual le pareció tierno, pero...
—La verdad es que me desconcierta un poco que saques este tema. Lo de Joseph me parece que es algo sin sentido, como yo viva mi vida no debe ser de la incumbencia de nadie. Lo de tu hermano simplemente no me interesa, yo no tengo nada que ver con él —dijo resolutivo y frío.
En el fondo le molestaba que fuera Joseph el tema de conversación.
—Verás —añadió—. Yo no me fijo en la vida de nadie, vivo como a mí me place y hago lo que quiero. Siempre consigo lo que deseo sin importar el precio, en algún momento, por mucha resistencia que exista, siempre termino siendo vencedor. No me interesa qué cosas haya dicho él de mí, pero puedes estar tranquilo y tu hermano también, si de verdad me hubieras interesado habría intentado acostarme contigo hace bastante tiempo —dijo de forma desinteresada.
En realidad, no sabía por qué estaba diciendo esas cosas, lo único que había buscado todo ese tiempo era la oportunidad para cumplir las fantasías que recurrían a él noche tras noche. Pero Joseph era un fuerte enemigo, uno declarado y esa guerra puede afectar indirectamente a Emma. ¿Qué pensaría si se enterase de lo que le hizo a Joseph, de lo que le hizo a Henry, de lo que le desea hacer a Demian?
—Lo siento, Andrés, no fue mi intención. Yo no… no te estoy juzgando ni te estoy preguntado qué fue lo que pasó entre mi hermano y tú. En realidad, bueno, eres adulto y… tú ves qué cosas haces, ¿no? —dijo con una sombría sonrisa—. De todas maneras, gracias por responderme, se me ha hecho tarde —añadió.
Demian se levantó cuidadosamente evitando mirarle, Andy fue mucho más directo de lo que esperaba. Recogió sus cosas y se fue.
Era extraño, pensó Andrés, siempre era él quien se iba primero, siempre inmerso en su diario ajetreo, eternamente pendiente de sí mismo, acostumbrado a ser él quien deja a los demás. Sintió un sabor amargo en la boca.
Tal cual había imaginado, el tácito acuerdo de verse todas las mañanas en el café había concluido. El joven de ojos esmeralda no volvió a aparecer en el casino, no al menos en los horarios que solía frecuentarlo. Sentía una ligera sensación de soledad, había sido privado del placer de verlo.
<<¡Que frustración! Al menos no tendré que sufrir las consecuencias de tenerlo cerca y no poder poseerlo>>, pensó.
No solía ingresar al jardín del campus, pero durante la mañana se había sentido extraño, no quería saber de nadie, pero tampoco quería regresar a su departamento. Por más que intentara evadir sus pensamientos, siempre regresaban al tema de lo que pasó con Henry. Así, decidió aventurarse a lo más íntimo del espeso bosque que se encontraba en su interior. El sonido del agua corriendo por el río era música que, en compañía del sonido que el viento producía al mecer las copas de los árboles y la presencia del intenso frío, suponía uno de los pocos placeres que podía disfrutar en momentos tan oscuros como aquellos.
Quizás hubiera sido mejor hablar con la verdad, quizás debería revelar tan oscuro secreto, así podría perder definitivamente toda esperanza de hacerlo suyo.
—No pensé que frecuentaras este lugar —dijo una voz familiar.
De todas las posibilidades, de todos los caminos que el inmenso jardín tenía ¿cómo podía ser tanta la casualidad?
—Andrés, lo siento mucho, sé que te importuné ese día —se apresuró a decir.
—¿Ah? —No comprendía—. ¡Ah! No, no pasa nada, no te preocupes, en realidad, quien debería pedirte disculpas soy yo, creo que sobre reaccioné. En todo caso, es posible que tu hermano tenga razón, después de todo. No me interesa más que mi propia satisfacción, siempre voy haciendo lo que quiero sin considerar los sentimientos de los demás. Quizás sea lo mejor mantenerte lejos de mí, no puedo seguir conteniéndome así, no en la forma que te deseo, te deseo como un depredador a su presa, esperando el momento oportuno para atacar. Te usaré y luego te desecharé, destruiré tu dignidad, te volveré miserable y vivirás con la marca de haber sido tocado por mí.
Casi no podía creer lo que estaba diciendo, pero era verdad, ya había actuado fuera de quicio una vez, nada le aseguraba que no volvería a hacerlo de nuevo. Era mejor dejar las cosas así. Por primera vez en su vida pensó en alguien más aparte de sí mismo. Si lo tomaba, si probaba el sabor de su cuerpo no habría ninguna diferencia con los demás, calmaría sus deseos y sería el final, se convertiría en un títere más de su colección.
—No me importa ser tu presa —dijo en un susurro que se confundía con el viento—. Sé cómo eres, sé lo que quieres y no te haré perder el tiempo con esperanzas de amor, lo que me está volviendo loco es sentirme así por alguien como tú.
Andrés no podía comprender del todo sus palabras, era una invitación abierta al pecado capital, hacer suyo ese delicado cuerpo, aun sabiendo las consecuencias que podría acarrear.
—En el fondo, no creo que seas tan despreciable como todo el mundo cree, si no Emma no te querría como lo hace —le sonrió.
El frío penetraba sus poros, el viento cortaba la piel, sus cabellos rojizos bailaban a su compás, estaba de pie frente a un gigante árbol. Traía un abrigo blanco, con los escuetos rayos de sol filtrándose entre las nubes grises, parecía ser un ángel que venía a liberarlo de sus cadenas. Rio suavemente, se sentía ¿feliz?
—¿Puedes comprender el alcance de tus palabras? —le preguntó con una sonrisa.
—Sé que es peligroso, pero estoy dispuesto a correr el riesgo, a jugar tu juego y asumir las consecuencias. Eres un imán para mí, es algo que jamás había experimentado y siento que voy a volverme loco si solo doy un paso al costado y dejo esto pasar.
—Dispuesto a asumir las consecuencias, ¿eh? Te aseguro que no tendré compasión de ti, no porque tengas esa carita de porcelana tendré un trato especial contigo, serás uno más, uno sin nombre —le advirtió.
Dio un paso hacia Demian, quien temblaba intuyendo las consecuencias de aquel pacto maléfico, había esperado tanto tiempo y, finalmente, saborearía sus labios. El de ojos verdes esquivaba su mirada, el de cabello azabache sujetó su mentón con firmeza, deseaba ver la expresión de su rostro enrojecido, podía ver el vapor de su respiración cada vez más agitada. Notaba el movimiento de su pecho con cada exhalación, tenía el rostro frío, se perdía en la laguna esmeralda que lo observaba impacientemente. Rodeó con su brazo la espalda del joven académico, lo ciñó con fuerza a su cuerpo, tan juntos que podía sentir latir su corazón intensamente. ¿Por qué estaba tan nervioso? Era uno más después de todo, lo había hecho miles de veces, ¿por qué ahora era diferente? ¿Por qué era todo tan intenso? ¿Por qué valoraba cada segundo? No comprendía la magnitud de lo que su presencia hacía en su vida. Solo pudo pensar que atesoraría cada caricia como si no pudiese volver a sentirse así nunca más.
Se inclinó lentamente hacia su rostro y, estando tan cerca que podían respirarse el uno al otro, lo besó dulcemente, como si fuese lo más preciado del mundo. El viento sacudía sus cabellos, Andrés sujetaba su cabeza enredando sus dedos en las hebras cobrizas, atrapándolo entre el árbol y su cuerpo. El aroma del pelirrojo invadía sus sentidos, su sabor deleitaba a sus papilas, su cuerpo hacía que lo deseara aún más. Se volvió un beso apasionado, desesperado, enredaban sus lenguas, mordía sus labios y, tirando un poco de sus cabellos, alzó su cabeza y comenzó a besar su cuello.
Andrés no podía detenerse, ¡cuánto tiempo esperando la posibilidad! Quería hacerlo suyo de inmediato, pero, al mismo tiempo, sabía que su encuentro fortuito duraría solo lo que ocurriera ese día. ¿Qué eran esos sentimientos? Quizás no era una buena idea. Repentinamente lo soltó, dando un paso atrás, asustado de sí mismo.
—¿Qué ocurre? —preguntó Demian inseguro, temiendo no haber sido lo suficientemente bueno para el joven de mirada perdida.
—Demian —dijo seriamente—. ¿De verdad es esto lo que quieres? —preguntó con tristeza.
—Sí, ya te dije que soy consciente de las consecuencias, mañana no correré a tus brazos, ni te dedicaré cartas de amor, no te buscaré ni intentaré contactarte, no es como si me fuera a enamorar de ti —respondió ingenuamente.
<<No es como si me fuera a enamorar de ti>>
<<No es como si me fuera a enamorar de ti>>
Resonaban esas palabras en sus oídos, sonaban vacías, frías, calculadas, pero era cierto. ¿Qué es lo que había pensado? ¿No era obvio? ¿Cómo iba alguien como él a enamorarse de un bastardo? ¿Es que momentáneamente albergó alguna esperanza? Estaba bien, siempre había sido así el juego, ¿por qué con él iba a ser diferente? Así era como las cosas debían ser.
—Bien, entonces, vámonos a mi departamento —dijo frío.
Tomó su brazo y comenzaron a caminar. Como fuese, debía atesorar cada momento, caminar a su lado y sentir el aroma de su cabello, la calidez de su piel, impregnarse del elixir de sus besos, de sus suaves caricias, ya que nunca volvería a estar con él.