El Café de la Mañana

Slash
NC-17
En progreso
3
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planificada Midi, escritos 57 páginas, 32.941 palabras, 9 capítulos
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Agonía -Las piezas del rompecabezas comienzan a armarse (poco a poco)

Ajustes
Despertó con los rayos del sol iluminando la habitación, se sentía desorientado ¿dónde se encontraba? Lentamente fue reconociendo cada uno de los objetos de aquel lugar, la amplia cama donde se había quedado dormido, el aroma de los almohadones, el sonido característico del reloj marcando el paso del tiempo; despertaban en él una suerte de familiaridad. Lo último que recordaba era a Will, lo había acompañado largo rato, aferrado a él, llorando desconsolado, sintiendo el calor de su cuerpo y la intensidad de su aroma. No dijo ni una sola palabra, se mantuvo así, sosteniéndolo hasta que las fuerzas le abandonaron y se quedó dormido, luego, recuerdos aún más vagos. Estaba seguro de que lo había oído decirle algo, pero su voz tan débil y lejana provenía de algún profundo abismo, quizás lo había imaginado. ——— Se incorporó en la cama lentamente, se sentía un poco mareado, tenía algo de fiebre, cayó en cuenta de que era la habitación de William. ¿Había pasado la noche con él? No, no había forma, sin embargo, se percató de que le había puesto un pijama. El miedo y la vergüenza se apoderaron de él. ¿Sería posible que hubiera pasado algo entre ellos? No, él no era de los que se aprovechaban de la vulnerabilidad de las personas. Sintió culpa por ser tan mal pensado, un amigo, un verdadero amigo, quizás el único que tenía y él lo único que hacía era enrollarse con pensamientos inapropiados. <<Que malagradecido soy>>, se dijo. Miró a su alrededor para comprobar la ausencia del rubio, en el velador había un trozo de papel, era una nota. <<El deber en el laboratorio era impostergable. Siento dejarte solo. Estás en tu casa. Haré lo posible para llegar temprano. Will.— P.S.: espero no haber sido muy atrevido, me tomé la libertad de ponerte un pijama, no creí que fuera pertinente dejarte dormir con esa ropa. Te veías tan tranquilo que me pareció que despertarte sería un crimen. :) >>. No pudo evitar sonreír, siempre fue alguien muy considerado. Mientras que él ¿qué había hecho él por Will? Huir y eso era lo que sabía hacer mejor. Pero no lo culpaba, no era que fuese responsable de algo en absoluto, lo que sucedió fue algo sin importancia, pero salió corriendo a otro país, sin dejar más que una nota. <<Tomaré el receso en la casa de mis padres. No te preocupes por mí, estaré bien>>. Palabras parcas en una escueta nota, ni siquiera le dijo “que estés bien” o “cuídate” o “estamos en contacto”. No, simplemente le avisó que estaría bien y que regresaría a casa, sin explicaciones. Luego, una vez en su origen, pasó lo que pasó con Andy. Esa noche, la noche que había atesorado en sus recuerdos, la que había abierto la válvula de escape de esos sentimientos prisioneros de la racionalidad y la indiferencia; posaron sobre él una luz de esperanza, enceguecido e invadido por el sentimiento que lo ahogaba desde hacía tiempo atrás. Decidió que regresar a Chicago no era una opción, necesitaba estar con Andy, después de esa noche existía la posibilidad de llegar a su corazón, no podía perderla. <<¿Cuánto tiempo me ausenté?>>, se preguntó tomando el pequeño calendario que estaba sobre la mesita de descanso del living. —¡Oh! —exclamó sorprendido y avergonzado. ¿En todo ese tiempo no había sido capaz de un mensaje, ni siquiera de una llamada? Se fue sin dar ninguna explicación y, aun así, Will lo había recibido con los brazos abiertos y cuidado de él. ¿Era posible transmitir ese arrepentimiento que se apoderaba de él? —Soy lo peor —se dijo. Encontró su ropa dentro de la secadora, estaba limpia, seca y perfumada. El fantasma de la ingratitud comenzaba a acosarle. Eran alrededor de las 11 am, Will no llegaría a almorzar, sabía que el trabajo en su laboratorio era absolutamente absorbente y desgastante. Lo había visto pasar 3 días sin llegar a casa. Pensó que debía hacer algo por el joven de mirada azulada. ¡Ir de compras! Al fin y al cabo, no había viajado más que con lo que tenía puesto, ya, en el boulevard, buscaría algo con que sorprender a Will como muestra de su agradecimiento. ——— Era difícil sobrellevar el dolor que le producía verlo en ese estado. No podía evitar preguntarse las causas de su sufrimiento… ¿Qué habrá ocurrido? ¿Qué le habrán hecho? ¿Quién pudo haber sido capaz de dejarle en ese estado? Se estremeció al recordar las marcas que notó en su piel cuando le puso el pijama. Sus muñecas y su cuello tenían unas suaves marcas rojizas y amoratadas, como ataduras; estaba lleno de moretones y otras marcas violáceas que le hicieron pensar lo peor. No podía preguntarle, no quería presionarlo, pero estaba tan preocupado. Aun así, intentaba concentrarse, debía adelantar su trabajo, no quería dejarlo solo mucho tiempo, tenía miedo de que volviera a lo de antes, cuando estuvo perdido. —Si no hubiese sido por lo que le hice, él no habría regresado a ese lugar —se dijo con un sentimiento de culpa que pesaba tanto que casi lo ahogaba. En la universidad, debido a su interés y a sus calificaciones, se convirtió en el ayudante del profesor de biotecnología médica, un hombre ya entrado en años, algo robusto, con la típica panza que se adquiere a cierta edad y una blanca sonrisa que contrastaba con el color chocolate de su piel. Tenía varias canas que, junto al escaso cabello que le quedaba, lejos de hacerlo ver mal, le daban un aire de respeto y sabiduría. Se dejaba una ligera barba en el mentón, igual de canosa que su cabello. Era un hombre cálido, con un sentido del humor sagaz, cercano a sus alumnos y a sus realidades. Era alguien que había dedicado su vida a la investigación y a la docencia, una leyenda en el campo, una eminencia, cuyos seminarios siempre se repletaban de científicos de todo el globo. No fue difícil para Will decidir su especialidad, aunque, en un principio, había pensado en estudiar medicina, pronto se dio cuenta de que un médico, por muchas intenciones que tenga de salvar vidas, si la tecnología y los avances en las investigaciones en cuanto a curas y tratamientos de mejora de la calidad de vida de los enfermos no evoluciona, nada puede hacer; por lo que se decidió finalmente por la biotecnología. No pudo negar que estaba realmente sorprendido cuando Henry le comentó que se había interesado por ir a estudiar a Chicago, estaba sorprendido y emocionado, puesto que el castaño era realmente importante para él y poder mantenerse cerca era un privilegio. Fueron grandes amigos, pero Henry era inestable emocionalmente, su familia lo atribuía a su carácter siempre errático, Will no estaba muy seguro de que fuese esa la razón. Al cabo del segundo año en aquella universidad, Henry comenzó a salir y, cada vez que iba a beber, se le pasaba la mano con los tragos. Sus amigos terminaban llamando a Will a altas horas de la madrugada para que “por favor” fuera a buscarlo porque había empezado a llorar y a decir incoherencias y no le hacía caso a ninguno de ellos. El de ojos azules siempre acudía, a veces recién había llegado de la universidad, otras, se había quedado dormido solo un par de horas antes, pero no importaba lo cansado u ocupado que pudiera estar, siempre iba si se trataba del castaño. Al único que escuchaba era a Will, en cuanto llegaba a buscarlo, Henry se abalanzaba sobre él, decía frases como “un amigo de toda la vida”, “no es amor, estoy confundiendo las cosas”, “no me importa lo que digan de él”, “lo he amado desde siempre”, mas su llanto inusitado producían sospechas en el rubio. ¿De quién estaba hablando? Con tristeza recordaba la época que creyó que tal vez se trataba de él, pensó que intentaba lidiar con sus sentimientos, pero como cuando estaba sobrio no recordaba nada de lo que había dicho o hecho, no podía llegar y tocar el tema como si nada. ¿Sería que Henry lo había notado? Una noche, tan solo un par de años atrás, las cosas empeoraron, como siempre, los amigos de Henry lo llamaron porque aquél estaba demasiado ebrio. Como siempre el joven de cabellos de oro fue a buscarlo, pero esa noche, como nunca, el joven de ojos pardos estaba más que ebrio, también se había drogado. Will lo llevó al apartamento, Henry hablaba incoherencias y estaba eufórico, con dificultad consiguió llevarlo a su habitación, le quitó los zapatos como pudo para meterlo a la cama. Estaba más preocupado que de costumbre y el castaño comenzó a repetir las mismas frases sin sentido de siempre, pero esta vez, por efecto de las drogas estaba totalmente desinhibido. Se abalanzó sobre el joven de ojos azules quien, atónito ante lo que sucedía, no supo cómo reaccionar. Henry se había pegado a él hasta el punto de hacer que quedara recostado en la cama debajo de él, lo besó con desesperación y violencia, totalmente poseído. Repetía incansable las mismas incoherencias, “que solo era amistad”, “que confundía las cosas”. Will intentaba recobrar su voluntad, se estaba dejando llevar por las caricias del castaño, no era correcto, estaba ebrio ¡y drogado! No debía, no debía, pero ante un deseo oculto por 7 años… <<¿Se habrá dado cuenta de lo que siento por él?>>, se preguntaba mientras no podía evitar besarlo apasionadamente. Preso del éxtasis que le producía que el castaño tomara la iniciativa y quisiera estar con él, en un rápido movimiento logró quedar encima del joven estudiante de economía. Comenzó a besar su cuello, le sacó su camiseta y siguió recorriendo su pecho con sus besos, era tierno y delicado, había esperado ese momento tanto tiempo, quería que fuera una experiencia memorable, que, a la mañana siguiente, cuando despertaran, Henry se sintiera bien. No quería hacer nada que pudiera lastimarlo. Besó cada centímetro de su piel, jugo con sus pezones, los apretaba y los succionaba, el castaño respondía a cada estímulo con un gemido que solo excitaba más al rubio. Quitó sus pantalones, su ropa interior y suavemente descendió con sus labios hasta llegar a la altura de su miembro. Quería ser lo más gentil posible, era la primera vez que Henry estaba con un hombre y eso le producía una emoción que se desbordaba de su alma. Ser el primero en tener el privilegio de hacer suyo ese cuerpo era más de lo que había podido pensar que fuese posible. Besó su miembro, lo lamió sin quitar la mirada del rostro de su amigo, estaba atento a cualquier señal, como veía la cara de placer que no podía ocultar, introdujo su miembro en la boca y jugó con él. Henry estaba extasiado, lo único que hacía era pedir por más. Will no cabía dentro de su felicidad, deseaba que ese momento fuera eterno. Comenzó a preparar el agujero del castaño, introdujo suavemente un dedo, aquel se retorcía de placer, de pronto sus labios exclamaron un nombre rodeado de gemidos. —¡Ahh Ahhh An…drés! El joven de mirada clara quedó en shock, sentía un millón de agujas clavadas en el pecho, un frío estremecedor, se alejó abruptamente del castaño. No comprendía lo que acababa de escuchar, pero no podía haber ningún error, ese maldito nombre había sido mencionado claramente. <<¿Es que Henry ha estado enamorado todo este tiempo de él? ¿Entonces, por qué decidió venirse conmigo a EE.UU.?>>, se preguntaba desconcertado. Henry, poseído por el libidinoso estado que las anfetaminas le habían producido, no dejaba de acosarlo y, si bien lo que más deseaba en este mundo era tomar el cuerpo del joven de ojos pardos, no podía hacerle eso, no si él creía que estaba con alguien más. <<No si él ama a alguien más>>, se dijo destrozado. ¡Qué doloroso puede ser el desamor! La expresión de su rostro mostraba una mezcla de consternación y tristeza, mientras Henry no dejaba de tirársele, buscando sus besos con desesperación. Lo había acorralado contra la puerta de la habitación, con la salida bloqueada por su propio cuerpo, la huida se hacía imposible. Con el sabor de sus besos y ese sentimiento que tenía guardado en sus adentros, hacían que perdiera más y más la razón, la verdad era que nunca hubiera imaginado que Henry pudiera ser tan apasionado. Había ubicado su mano justo sobre su miembro y lo acariciaba suavemente, mientras no dejaba de besar su cuello. Comenzó a desabrochar el jeans del joven de cabellos rubios, metió su mano en el interior del bóxer de este y suavemente masajeó su virilidad, sus manos eran frías, pero se sentían tan suaves y, al mismo tiempo, contrastantes con el calor de su piel, que no pudo evitar gemir y dejarse llevar. —Hen…ry… —gimió suavemente el joven de ojos azules. —Te de… seo tan…to —agregó sujetando el rostro de aquel con sus manos. Su mirada parda, cuyas pupilas estaban dilatadas y brillantes, lo había envuelto en un tornado. Magnetizado por aquella, lo besó tiernamente, sujetó su labio inferior entre sus dientes blancos, lo mordió suavemente, no quería lastimar ni un milímetro de su cuerpo. Luego lo succionó y continuó besándolo, degustando su sabor. <<Quiero que seas mío, quiero ser el primero, el único. Quiero que me ames a mí>>, pensó afligido. <<¿Podrás amarme luego de pasar la noche conmigo? Quizás descubras que soy tan buen amante como buen amigo>>. Pensamientos que se precipitaban en su mente sin control. ¿Cuál sería la probabilidad de tener una oportunidad de estar con él? ¿De ser correspondido? Bajó un poco sus pantalones y bóxer, dejando al descubierto su miembro, se aferró al cuerpo del castaño, quien intuyendo lo que haría se había sentado sobre sus caderas. Introdujo su dedo por su abertura, tenía que prepararlo, no debía precipitarse, después de todo solo quería hacerlo feliz. Luego de jugar un poco, se acomodó para por fin hacer suyo el cuerpo con el que había soñado los últimos 7 años. ¡NO! No era él. Era el efecto de las drogas, Henry no quería estar con él, en realidad. ¡Ni siquiera sabía quién era! Para el castaño todo parecía girar en torno al de cabellos azabaches. Con mucho esfuerzo logró controlarse, no podía hacerle eso, seguir solo lo haría sentir sucio. <<Como un violador, aprovechándome de su debilidad>>, se dijo a sí mismo. Lo sujetó con fuerza de sus antebrazos y lo enfrentó. —¡Henry! ¡Mírame! —ordenó con una voz profunda y firme—. Estás drogado, este no eres tú. Tú no quieres hacer esto —dijo mirando fijamente a sus ojos cafés casi apagando su voz. No podía evitar perderse en su mirada. ———— —¿Estás bien, Will? —preguntó de pronto el profesor, sobresaltándolo y sacándolo de sus pensamientos. Will había ido a buscar unas muestras para analizarlas en el microscopio, pero se ensimismó tanto en sus recuerdos que solo se quedó de pie frente al mesón, apoyando sus manos en él, observando la nada por unos minutos. —¿Ah? Sí, profesor, estoy bien —mintió fingiendo despreocupación. —¿Estás seguro? Te conozco desde hace 6 años, has sido mi asistente por casi 4 y, discúlpame por decirte esto, pero este último tiempo he notado que has estado distraído y preocupado por algo —dijo con una cálida sonrisa, posando su mano en el hombro del joven científico y, tras darle unas palmadas, agregó—: Si necesitas hablar con alguien sobre lo que sea, ven conmigo, te escucharé. Las personas necesitan desahogarse, ¿sabes? El profesor Bruce le sonrió una vez más antes de salir del laboratorio. Sus palabras fueron sinceras y paternales. Él era en quien había confiado los últimos años, se había transformado en su mano derecha, era inevitable que no se diera cuenta de sus aprensiones. Ya era hora de almorzar, la mayoría de sus colegas estaban de salida. Will no tenía planes de hacerlo, quería avanzar su trabajo todo lo posible para irse temprano. Tomó las muestras y fue a sentarse frente a su microscopio. Estaba todo más silencioso de lo habitual. —¡Ah! Debo dejar mis problemas fuera de esta facultad>>, dijo. No podía permitirse bajar su nivel, mucho menos desconcentrarse, arriesgar todo su trabajo. Ya habría tiempo para lamentarse de sí mismo. Aun así, no pudo evitar pensar qué estaría haciendo el castaño en ese momento. ———— Henry había almorzado en un típico restaurante del boulevard. Realmente no había probado bocado alguno, de hecho, no había comido nada desde aquella fatídica noche. Solo con pensar en la idea de que sus papilas degustasen algún sabor sentía náuseas. Luego de un rato en el que solo tomó su bourbon, decidió continuar con sus compras. Había pasado un par de horas recorriendo tiendas, comprando ropa, zapatos, una computadora personal y un par de libros. Se sentía algo cansado, debilitado, pero aún no había buscado algo que regalarle al joven de mirada clara. ¿Qué podría ser lo suficientemente bueno? La verdad era que lo conocía desde los 13 años y, a pesar de haber sido amigos desde entonces, nunca se interesó realmente en saber profundamente sobre él. Lo poco y nada que sabía de sus gustos era porque él las había comentado en alguna oportunidad. Pero no tenía noción, ni siquiera, de cosas simples como el color, la comida o el tipo de música que le gustaban; ese tipo de cosas que uno suele saber de los amigos, lo que les gusta y lo que les disgusta, cuándo necesitan apoyo, compañía o cuándo estar solos. Siempre que se pedía comida era lo que Henry quería, de hecho, Will pasaba tanto tiempo en su facultad que apenas se veían. Cuando llegaba, entrada la madrugada, muchas veces no comía, llegaba directo a dormir y antes de que el sol iluminase completamente la ciudad, ya se había ido de regreso a su facultad. En todo ese tiempo no había tomado conciencia de lo indiferente que era hacia él. Will sabía todo sobre el castaño, hasta se adelantaba a sus pensamientos y él se sentía sumamente complicado por no saber qué cosa regalarle. Se había quedado de pie frente a la vitrina de una pintoresca librería, observaba su reflejo en el cristal, pensando en lo mal amigo que había sido con Will, luego un pensamiento lo estremeció. —No eres tan diferente de Andrés, después de todo —dijo.
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