Glacial
6 de mayo de 2026, 19:28
—De todos en este mundo podría esperar cualquier cosa, las peores traiciones, la mayor de las infamias, la más invivible envidia… el deseo insuperable de verme sufrir, pero de ti… nunca pensé que tú pudieras ser la peor de las arpías.
La mirada ónice del pianista relucía con el ardiente odio que reflejaba en sus pupilas, sus labios tensos en unas finísimas líneas, el ceño fruncido y la voz gélida y filosa.
—Mich, no…
—¡No he terminado de hablar! —interrumpió con un grito ensordecedor, toda la ira que crecía en su interior se desbordaba en su voz—. Te estás cobrando lo de Clair, ¿no es así? Sigues culpándome.
—N-no, n-no, por favor… déjame explicarte —suplicó.
—No tienes nada qué explicar, Sasha, escuché todo muy claramente. Creo que es hora de que dejes de intentar vivir a través de mí.
—¿Qué? —dijo perpleja.
—Búscate una vida propia, Sasha y deja de entrometerte en mis asuntos. Búscate tus propios amigos, ¿o estás tan rota que no puedes relacionarte como una persona normal?
El corazón de la castaña tembló con aquellas palabras ¿eso pensaba de ella? ¿Siempre fue una molestia para él? ¿Y los momentos de felicidad? ¿Las promesas?
—¡Michel, estás sangrando…! —intervino Joseph quien había permanecido atónito.
El pianista le dirigió la mirada con un desdén que le heló la sangre, esos ojos negros realmente se habían convertido en un abismo que no dejaría escapar nada que atrapara. Acto seguido, paseó el dorso de la mano por su boca, un hilo rojo corría por la comisura de sus labios, así de alterado como estaba, había pasado a llevar el piercing de su lengua.
—Michi, ¿estás bien? —preguntó preocupada con voz apenas audible, alcanzando su brazo.
—No te vuelvas a acercar a mí, eres la persona más despreciable que he conocido y bien sabes que la lista tiene varios nombres. —Advirtió soltándose impetuosamente de su débil agarre para retroceder sobre sus pasos.
Caleb, quien había presenciado la escena sin intervenir, antes de seguir a su hermano, se acercó a la de ojos ámbar, quien permanecía en total conmoción, y tomó sus manos.
—Perdónalo, Sash, sabes que está hablando desde el dolor, él no es así, ni siquiera cree las cosas que dijo.
—Lo sé, Cale —respondió con un nudo en la garganta que raspaba dolorosamente.
—Lo recuperaremos —prometió dando unas palmadas en su castaña cabellera.
Siguieron las siluetas de los hermanos hasta que se difuminaron en el fondo del pasillo. Sasha había caído de rodillas y lloraba desconsolada. Joseph iba a recoger sus pasos y volver a casa, pero no pudo, simplemente, dejarla ahí. Se sentía en parte responsable por la situación. Seguía desconcertado ante la reacción del pianista, esos ojos cuales agujeros negros arrasando todo a su paso y dejando en su lugar solo desolación, aquella voz imbuida en furia que invocaba el terror, la sangre que se deslizaba por la comisura de sus labios como sacrificio; realmente evidenciaba su naturaleza demoniaca, poseía una dualidad innegable.
Sasha, abatida y desolada, le recordaba a su hermana que rondaba la misma edad. No pudo evitar preguntarse si habría llorado de esa manera cuando él la rechazó. No podía comprender el dolor que había soportado. Aún con todo ese carácter, su histrionismo y personalidad, podía ser así, abrumadoramente frágil. Al principio, creyó que no podían ser menos parecidas, sin embargo, a medida que lo pensaba, Emma y Sasha tenían similitudes, de carácter fuerte, decidido y servicial, ambas atraían cuales imanes; pero definitivamente poseían sensibilidad y entrega por sus seres queridos.
Se acercó a ella y, con una dulzura que solo Emma conocía, apartó las manos de la castaña que cubrían su rostro y secó sus lágrimas. De la impresión, dejó de llorar, ¿quién era él? Con tiernas palabras fue calmando los suspiros que arrancaban con desespero de su alma y, cuando se hubo tranquilizado, se armó de valor y le propuso ir a una cafetería, era imperioso que hablaran.
Fueron a un café exclusivo, de amplio espacio y, aunque había gente, no estaba por completo abarrotado y tampoco bullicioso. Jóvenes y no tan jóvenes compartían citas y reuniones. Habían elegido una mesa junto a la ventana que daba al jardín, la vista era reconfortante. De uniforme césped verde, variados y coloridos rosales y floridas lavandas que conducían a un cenador de hierro forjado color blanco, cubierto de delicadas enredaderas.
Sus usualmente relucientes ojos ámbar lucían nublados, sus labios curvados hacia abajo y el entrecejo ligeramente arrugado, dejaban caer unas cejas tan tristes como una estrella solitaria en un cielo vacío. En los pocos meses que llevaba de conocer a la castaña, nunca la había visto tan dócil y diplomática. El ímpetu de la vida parecía abandonarla.
Luego de ordenar de la carta, Joseph organizó sus ideas. No sabía por qué haría lo que estaba a punto de hacer, no existía lógica detrás que pudiera explicarlo, pero, en las escasas interacciones que tuvo con esa chica, sintió algo diferente —especial—, una conexión que nunca tuvo con nadie más. No diría que confiaba plenamente en ella ni que le contaría los pormenores de su vida, solo que, por primera vez, el alma lo movía a actuar.
—Soy responsable de este problema. —Comenzó luego de un suspiro. En la mirada se percibía la seriedad con que se tomaba las palabras que diría.
>>Hice que Michel se sintiera profundamente humillado —espetó tras varios segundos de no encontrar otra manera de decirlo, cualquier palabra que añadiera sería un intento de justificación—. Creí los rumores que circulaban en el pasillo, me convencí a mí mismo de que, a pesar de lo que percibían mis sentidos, era todo parte de una careta conveniente con la que conseguía lo que quería.
>>En su cumpleaños hicimos un trato, tomé ventaja y lo convencí de intercambiar sexo por prepararlo para el examen de física, aun sabiendo que lo de estudiar era solo una excusa para acercarse. —Hizo una pausa. Sasha abrió los ojos de par en par, iba a reaccionar, pero se contuvo y esperó que continuara.
>>Ayer fue a mi casa, por supuesto, no precisamente a estudiar. No te preocupes, no alcancé a ir demasiado lejos, sigue intacto si eso te preocupa. Cuando estábamos en eso, se arrepintió, dijo que no se sentía seguro y que, en realidad, tenía miedo. Enceguecido por la frustración y el prejuicio, lo acusé de haberse vendido antes para escalar en su disciplina. El tormento en su mirada me perseguirá toda la vida, probablemente, no pensé que yo pudiera causar tanto dolor.
Se evidenciaba por el quiebre de su voz, la contracción de su entrecejo y el brillo en su mirada que no era fácil reconocer aquellos hechos. Parecía realmente sentir lo que decía.
—Incluso, tuvo la paciencia y la deferencia de contarme su versión, ni siquiera se escuchaba o se veía enojado, solo tenía esa expresión tan desgarradora en el rostro. Me pidió disculpas por haber sido tan insistente conmigo y me preguntó si era necesario haberlo humillado.
Sasha a ratos mostraba algunos rasgos de molestia, pero se contenía, notaba que el de ojos verdes se esmeraba por explicarle lo sucedido y se veía que no estaba nada orgulloso de ello tampoco.
—A pesar de querer detenerlo, fui demasiado lento, en realidad, cuando reaccioné él ya se había ido. Y bueno, hoy en la mañana fue como fue.
>>Hace rato, cuando me dijiste que lo destruyera o lo aceptara, que rompiera su corazón y pulverizara toda esperanza, no fui capaz de reconocer que ya lo había hecho, sin que tú me lo pidieras. —Finalizó con una mueca que Sasha no pudo interpretar de otra manera que no fuera remordimiento.
—¡Ese maldito tema de la orquesta y Claus sí ha afectado la vida de Michel! —dijo golpeando la mesa evidentemente molesta, tras un tenso silencio—. Si tenías dudas sobre ello, ¿por qué no me preguntaste? No puede llegar y creerse lo que dicen algunas maniáticas —agregó con tono de reproche.
Joseph creyó que se enojaría, que gritaría, que lo insultaría… incluso hasta podría haberse puesto violenta, le sorprendió la calma con la que intervino.
—¿Por qué iba a preguntarte? Ya me habías amenazado para dejarlo tranquilo —dijo sin lograr comprender que existiera esa posibilidad—. ¿Ha sido tan grave? Bueno, no pude evitar escucharlos hablar a la hora de almuerzo, entiendo más o menos la situación —agregó.
—Fue un infierno —dijo la de ojos ámbar tras una exhalación—. Si Michel te contó su versión, esa es la verdad de las cosas, no hay más, él no mentirá.
>>Verás, Joseph, Claus es un buen chico, ¿sabes? No tengo claro desde qué momento se sintió así por Mich, pero era evidente que significaba algo especial, solo con él sonreía de la manera en que lo hacía. La medida de sus sentimientos colapsó repentinamente y, sin planearlo, solo lo dijo aquella tarde después de ensayar. Él esperaba olvidarse de aquel imposible o que cumpliera la mayoría de edad, lo que fuera primero; sabía que confesarlo antes podía generar un problema, es un tema delicado. Fue muy duro para Mich, nunca vio a Claus de forma romántica, era más un amor fraterno. Se sentía culpable por la situación, por su sufrimiento, por no ser capaz de ofrecerle algo de consuelo, por las consecuencias. Si alguna vez has amado… bueno, no es algo que solo puedas ocultar, esperar que desaparezca y que, cuando pase esa persona a tu lado, te mire y te hable, el corazón no se inmute.
>>Probablemente aquello ya más o menos lo sabes, él debe haberte dicho esa parte de la historia. Pero lo que nunca ha contado —y probablemente jamás lo hará— es qué le ocurrió tras ese suceso. —Hizo una pausa para esperar a que Joseph asintiera en señal de que continuara.
>>Cayó en un espiral de desesperación. Cuando se enteró de que Claus se había ido por los rumores, dejó la orquesta, después de todo el trabajo y esfuerzo que le tomó prepararse y hacer las audiciones, era por lejos el mejor; dejó el piano, dejó de comer, dejó de salir. Fue el pasado 20 de diciembre, desde ese día no salió de casa hasta que comenzaron las clases en marzo de este año. Bajó de peso, su salud se deterioró, obviamente andaba cansado, ojeroso y débil. Para serte sincera, de verdad pensamos que podía intentar hacerse algo, lo manteníamos un tanto vigilado. Él siempre ha sido sensible, le afectan las emociones de los demás y las suyas suelen ser un poco extremas, a veces, pero siempre ha canalizado tocando el piano, así libera todo lo que su cuerpo y mente no puede procesar. Dejar el piano lo estaba matando en una sorda sinfonía de agonía.
>>El primer semestre estuvo un poco más repuesto, iba a clases y compartía con sus amigos, pero la música era un tema tabú y, los momentos en que quedaba solo, podía verse en su mirada la desesperanza. Sin embargo, sé por Cale, que el último día de clases del semestre pasado llegó a casa y volvió a sentarse en aquella banqueta frente al piano que decía no volvería a tocar. No pasó mucho tiempo más para volver a componer. Todos pensamos que es porque vio algo en ti.
—¿En mí? —preguntó un poco conmocionado. Ya lo había escuchado más temprano, ¿por qué él de entre todas las personas, alguien que había sacrificado su corazón?
Sasha sonrió.
—Lo vio en tus ojos —respondió—. A Mich y a mí se nos da bien leer el corazón de las personas. Hay corazones de todo tipo: fríos, cálidos, dulces, desérticos… todos influenciados por las vicisitudes de la vida. Pero aquellos que han sido desgarrados suelen cristalizarse, es como una barrera natural. Una vez que eso ocurre, es prácticamente imposible que el dueño vuelva a sentir.
>>Mira, si bien el trato que tenía contigo, tu falta de consideración —y de cerebro—, fueron el detonante del problema, lo que realmente le afectó es que, a casi un año de ese tema, todavía lo atormenta, lo persigue. A él realmente le gustas, ¿sabes? Pero es tímido y no tiene ningún tipo de experiencia en el amor, es sorprendente ver lo perseverante que ha sido y las condiciones que te ha aceptado. Piénsalo, intentar seguir adelante con alguien nuevo y que, de repente te lance cosas de un pasado doloroso solo porque alguien le dijo que eso era así… Supongo que fue más de lo que podía manejar, seguramente cree que haber sido buena persona solo trajo problemas. Ahora siente que da lo mismo lo que haga, siempre lanza esos comentarios de que su “reputación no puede ser peor", como si fuera algo que emerge a la superficie de vez en vez.
>>No desconozco que fue desconcertante verlo hoy con tantos cambios —agregó la chica—. Sobre todo, me impactó el piercing de la lengua, aunque se ve interesante. Quizás era algo que necesitaba para avanzar.
—Sasha, lo de hace un rato, ¿siempre reacciona igual cuando se enoja? —preguntó el de ojos verdes. No pudo evitarlo, la visión de ese ángel poseído no dejaba de rondar su mente.
—No, su reacción normal frente a las emociones fuertes suele ser el silencio. Él es de las personas que, cuando algo le molesta, le duele, lo daña, le incomoda, le asusta o le angustia; las guarda y las expresa luego tocando el piano. Pero lo de hoy ha sido la segunda vez y creo que está relacionada con la primera —respondió.
—¿Qué quieres decir?
—Verás, Joseph, a principios del año pasado yo salía con una chica mayor, ella definitivamente no era buena influencia, pero estaba bajo los efectos del primer amor, así que no lograba ver los defectos, lo tóxica, manipuladora y peligrosa que era. Comenzó a agredirme psicológica y físicamente, siempre en lugares donde la ropa cubría, mantenía la cautela en ese sentido. Pero un día de ensayo, Michel se dio cuenta de las marcas, aunque no me dijo nada. Esa tarde fue directo donde esa chica y la amenazó, dijeron que el infierno se reflejaba en sus ojos, lo supe por unos conocidos que observaron la escena. Jamás lo habían visto con tanta ira, no estoy segura de que le haya pegado, pero, al parecer, sí se puso violenta la situación.
Joseph observaba a la chica con los ojos abiertos. ¿Cómo tan joven y vivir una situación como aquella? El mundo estaba lleno de desgraciados.
—Como digo, no tengo bien claro los detalles, es algo que Mich no ha querido contarme —continuó Sasha—. Caleb me entretuvo con una excusa en la que caí, para cuando llegué al lugar donde dormitaba, ella ya se había ido. En esa oportunidad lo odié, dije cosas horribles, lo culpé de inmiscuirse, de no dejarme ser feliz… pensé que no volveríamos a estar bien después de eso, el tiempo y terapia me ayudaron a abrir los ojos y a agradecerle por salvarme. Pensé que demoraría la vida en que me perdonara, pero él solo esperó que estuviera lista para volver y me recibió con la sonrisa y cariño de siempre —finalizó con lágrimas en los ojos. Era difícil recordar.
>>Por lo visto, él cree que te amenazaba como represalia por lo de Clair —agregó con un suspiro—. Ahora, dime, Joseph, ya que te conté algo tan personal sobre mí, ¿por qué no puedes aceptarlo?
—Es difícil explicar mis motivos, no tengo nada en contra de él —respondió el de ojos verdes de forma automática, pero se detuvo un momento—. Quizás debo comenzar por el principio. Este ha sido un año que quisiera borrar para siempre en la hoja de mi vida —dijo, finalmente, con una expresión de dolor en el rostro que él mismo no percibía. Solo recordar ligeramente aquello hacía que su cuerpo se angustiara.
>>No es algo de lo que quiera o pueda hablar, pero, a raíz de ello, tomé la determinación de no involucrarme con nadie. Y también fue la causa por la que cambié de ambiente, todo ha girado demasiado rápido.
—Ya veo —dijo Sasha—. Entonces él tenía razón.
—¿En qué?
—Que también eres una persona con el corazón cristalizado.
<<¿Cristalizado?>>, repitió para sí mismo.
—Joseph, yo no creo que Mich te sea indiferente.
—No es justo para él, que aún puede mantener la ilusión de un primer amor, desperdiciar esa experiencia con alguien como yo —respondió con la mirada perdida.
—No quieres verlo, porque eres estúpido, tú eres su primer amor, aunque busque otro, ya no será el primero, porque has sido tú quien le ha robado los pensamientos y, probablemente, más que eso, ¿o me equivoco?
—¡Ja! ¿Qué recuerdos va a tener de mí? Un primer beso robado para intimidarlo, un trato por sexo porque creí que se prostituía a cambio de favores, el que quisiera presionarlo a continuar, porque según yo se hacía el inocente —enumeró avergonzado—. ¿Te das cuenta de que no soy diferente de todos los demás infelices que destruyen ilusiones?
—¿Y si no hubieras escuchado ese rumor? ¿Qué habrías hecho si hubieses tenido la certeza de que serías el primero?
—Ni siquiera le hubiera propuesto el trato para empezar. Solo lo hice porque, si ya tenía experiencia, era conveniente.
—¿Entonces lo harías conmigo? —preguntó Sasha sorprendiendo al de ojos verdes—. Dijiste que tener experiencia era conveniente, ¿no? Si no soy yo, puede ser cualquiera, ¿verdad?
—¡No dije que podía ser cualquiera! —respondió ofuscado.
Sasha no quiso insistir, la situación era de por sí delicada. Si Joseph no tenía en claro lo que quería… bueno, más bien, si tenía una decisión tomada, aunque a ella no le pareciera. Si iba a inmolarse por aquello que le hubiera ocurrido era mejor dejarlo así. El daño ya estaba hecho y concordaba con él, una vez que hizo cenizas el corazón de su primo, era mejor esperar a que sanara.
Realmente estaba sorprendida, poder conversar con él de una forma tan abierta y madura, para tener la fama de chico frío, huraño, reservado y de mal carácter, se oía tan razonable. Además, aparte de Michel, ella era la única otra estudiante con quien cruzaba alguna palabra, aquello debía significar algo.
La cita improvisada le había brindado suficiente consuelo como para reponerse. Si bien le dolía la pelea con el pianista, estaba segura de que, una vez las cosas se calmaran, se resolvería. Debía ser paciente y esperar, así como Michel lo fue cuando ella estuvo mal.
————
El fin de semana pareció transitar con calma premeditada, como si el tiempo tuviera conciencia de la urgencia con la que buscaban el perdón. Joseph se había encerrado en su habitación, preocupando a su familia. Los últimos meses había estado mucho más comunicativo y presente, pero tampoco quisieron presionarlo, solo esperaban atentos.
Siempre llegaba a la misma conclusión, de alguna parte de él emanaba un deseo incontenible de correr hacia el de cabellos dorados y pedir perdón. Le oprimía el corazón recordar aquellos ojos desesperanzados. Necesitaba abrazarlo, sentir su aroma, la alegría en su mirada. Había sido en ese mismo dormitorio donde casi comete el peor error de su vida. No, no, no. No era el peor —se repetía— ese premio se lo llevaba la maldita idea de acostarse con Andrés, o, mejor dicho, pensar que aquel sentía algo por él, el confesarle sus sentimientos. Sí, ese era el peor error y por ello seguía pagando. Con solo recordar aquella humillación, se olvidaba del pianista.
De nueva cuenta, volvía aquella sensación incómoda de que algo andaba mal, como un mal augurio. Debía ser fuerte y resistir cualquier impulso, no había nada que le gustara de ese chico, se sentía así por una necesidad fisiológica, solo era deseo, nada más.
<<¿Corazones cristalizados, eh?>>
Sasha no había aparecido por el salón de clases, totalmente inusual. Cuando le preguntaron a Michel por ella, solo se encogió de hombros y respondió que no era su problema. Sus amigos estaban desconcertados, habían comenzado a digerir el cambio de look y todo eso, la nueva actitud fría, distante y apagada los tenía preocupados… pero que Sasha no fuera a pegárseles como siempre, que el pianista no tuviera el mínimo interés en ella… ¡esas eran palabras mayores!
En la hora de almuerzo, Joseph se escabulló como solía hacer a su santuario. Aquel salón le daba el silencio y la distancia para no sucumbir. Le incomodaba compartir el espacio con el chico de cabellos dorados, ese impulso que tenía por arreglar las cosas. <<¿Arreglar las cosas?>>, pensó. <<¿Qué cosas?>> <<¡Qué estupidez!>>
En su mente no existía nada qué arreglar, no había nada entre ellos tampoco, la situación iba como siempre debió ser.
Al llegar a la sala de ensayo vio a Sasha, quien estaba esperándolo. Si bien se sorprendió un poco, no se lo cuestionó, simplemente, abrió la puerta y la invitó a pasar. ¿Sería porque le recordaba a su hermana? Aunque, a decir verdad, Emma era más ingenua y soñadora, no tenía experiencia en nada, incluso consideraba que le faltaban habilidades para la vida. Por su parte, Sasha no tenía nada de ingenua, era perspicaz y bastante realista, si es que esa era la palabra con la que podía definirla. Había pasado por algo traumático y se notaba que era capaz de sobrevivir en el mundo real sin ayuda. No pudo evitar pensarlo, quizás sí había sido ingenua y soñadora antes de aquello.
Esa dinámica se volvió rutina, cada break y hora de almuerzo, durante las siguientes dos semanas, se guarecían en la sala de ensayo y pasaban el tiempo conversando, sobre nada puntual, a veces de asuntos irrelevantes, algunas otras más trascendentales. El de ojos verdes se sentía realmente cómodo con su presencia, esa extraña intuición de poder ser él mismo con ella, ni siquiera era algo consciente.
Con el pianista no había ningún avance; eso tenía a la castaña desanimada. Si bien ella se mantenía en contacto con Caleb y él le reportaba todos los pormenores, parecía que Michel estaba bastante bien con eso de no volver a hablarle en la vida. Los ensayos iban de maravilla, el concierto estaba a la vuelta de la esquina, el piercing de la lengua parecía ir cicatrizando correctamente, estaba totalmente enfocado en sus prioridades.
<<Sí que le rompimos el corazón>>, pensaba.
El de ojos ónice parecía vivir como si nada hubiera sucedido, excepto porque aquellos dos eran invisibles para él, como si pudiera cubrirlos con un manto que borrase su existencia. Con sus amigos había vuelto a ser casi tan sociable como antes, solo que las bromas hacia Richard no cesaban. Ya no era el castaño quien le lanzaba indirectas de vez en cuando, sino que Michel, cada tanto, le proponía cosas con las que el de ojos azules no podía evitar ruborizarse.
—¿Deberíamos tener una cita? —dijo a la atónita mirada zafiro.