Fuera de lugar

Het
NC-17
En progreso
3
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planificada Midi, escritos 90 páginas, 30.378 palabras, 9 capítulos
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2. Ya que insistes

Ajustes
Ese día, los pájaros canturreaban con más entusiasmo que nunca, produciendo una suave melodía con un ímpetu jamás visto. Sus silbidos agudos, junto con sus alegres aleteos, llenaban de vida la calle, transformándola casi en un paraíso tropical. Se podría decir que hasta se pusieron de acuerdo para hacerlo hoy, como si hubieran estado esperando durante todo el año para sacar todo su repertorio de música justo ese mismo día. Ese mismo jodido día. ​El día después de la fiesta en casa de Tolkien; el día en el cual la cabeza de Heidi estaba a punto de estallar y su estómago casi desaparecía por sí mismo, tragado como un agujero negro. Benditos pajaritos que canturreaban por la mañana, no dejándola dormir. Qué bonito el sol, colándose por la ventana y metiéndose en toda su cara, molestándola porque, por lo visto, el canto de los pajaritos no era suficiente. Nunca lo es. Y qué divertido haberse dormido sin lavarse los dientes después de vomitar, con los pies vomitados y el pelo acartonado por el vómito de Kenny. Precioso. Y lo más divertido de todo era la vergüenza de tener dos números de teléfono nuevos, los de los dos mejores amigos de Butters. Pero lo insuperablemente patético fue pedirle el número a Kenny aun cuando ya estaba en el mismo grupo que él. ​¿Y para qué hizo esto? Pues no lo sabe, porque pensar no es su fuerte. Ni haciéndolo a propósito te salía tan redondo. Qué bien te lo montaste anoche, Heidi. Increíble. Su mano se apretó con fuerza contra sus ojos al leer no uno, sino DOS mensajes de esos dos nuevos números. Por una parte estaba el adorable, guapo, simpático y siempre sonriente Kenny: 2:00 AM Kenny: Hola, Heidi. ¿Llegaste a casa? Y por supuesto, lo leyó al recibirlo. Pero la borrachera ya era pasado y, aunque aún le quedaba un ligero mareíto, no era tan fuerte como para hacer la estúpida y responderle algo estúpido. Así que tan solo se quedó leyendo el mensaje con cara de estúpida. Y por otro lado, teníamos esta cosa: 9:33 AM Eric: ¿Sigues en la mierda? Madre mía, este tipo sí que es madrugador. Heidi recién se despertaba ahora, a las 12:47, y Cartman ya estaba en marcha desde las nueve y treinta. Una locura. O tal vez era un mensaje programado. Conociéndolo, no sería ninguna sorpresa. Así que este era el panorama: ​Se había bebido toda una botella de tequila con Cartman, el marginado del pueblo, y seguramente TODOS en la fiesta los vieron. Después, se besaron DELANTE de Kenny. Y por último, subió a la habitación de los padres de Tolkien sin saber CÓMO subió, ni si la VIERON subiendo con los dos a la vez... Maldita sea, Bebe. Le prometió que esa noche era para olvidar, y ahora todo lo que podía hacer era recordar. Se cubrió la cara con la almohada y soltó un grito ahogado. Seguramente Leopold ya lo sabe... Esto es mi ruina, ahora sí que lo nuestro no se podrá arreglar nunca. Abrazó la almohada y estiró la mano para agarrar de nuevo su celular. No sabía qué contestarle a cada uno, pero debía hacerlo; de lo contrario, el lunes en el instituto iba a ser de lo más incómodo verlos. Entró al chat de Kenny y sus dedos se detuvieron, flotando sobre el teclado táctil. ¿Tal vez decirle algo como: "Perdona, me quedé dormida y lo acabo de leer", o "Sí, llegué bien, no tenía batería y por eso respondo ahora"? Sí, alguna de esas dos respuestas sonaba coherente. ​¿Y para Cartman? ¿Qué le diría? Si hablar con Kenny ya la hacía sudar, hablar con Cartman era como esquivar una bala que sabes que te va a atravesar de todos modos. ¿Y si después de mandarle algo él seguía la conversación? No tenía ganas de empezar una "amistad" o lo que fuera que tuviera que ver con él. Pero no podía responderle a Kenny e ignorar a Cartman. ¿Y si se tomaba las cosas como algo personal y le hacía la vida imposible? ¿Y qué había del beso? Tal vez él lo malinterpretó. Quizás no entendió que todo fue producto del alcohol y ahora quería algo con ella. Eso sería terrorífico. Tener a Cartman acechándola sería lo peor que podría pasarle. ¿Que debía hacer? Su dedo se deslizaba entre el chat de Kenny y el de Cartman con una indecisión desesperante. Bueno, debo responder en algún momento, mejor hacerlo ahora y ya está. Accedió al chat de Kenny y rápidamente escribió: Heidi: Gracias por preocuparte. ¡Sí, llegué bien! Aunque sigo teniendo tu vómito en mi pelo. 🥲 Y después al de Cartman: Heidi: Un poco en la mierda sigo, pero estoy segura de que tú también después de bajarte media botella de tequila. 😬 ¡Listo! No era para tanto. Se sacudió las manos y asintió como si hubiera terminado un trabajo bien hecho. En ese momento, recibió un mensaje: Eric: Juraría que yo te sostuve el pelo y Kenny te lo vomitó. ¿O era al revés? Los párpados de Heidi pestañearon solo una vez con una lentitud mecánica mientras sus ojos escaneaban la pantalla una y otra vez, hasta que llegó otro: Kenny: Creo que te confundiste de chat, Heidi. Un escalofrío le recorrió la espalda hasta transformarse en un espasmo mientras su mano subía lentamente, tomándose su tiempo, hasta alcanzar sus ojos para cubrirlos con total humillación. —¡Mierda! —exclamó—. ¿Acaso soy idiota? —miró al techo y resopló—. Sí, no sé por qué pregunto. Otro mensaje llegó y las manos de Heidi se movieron a la velocidad de la luz. Bebe: Amiga, ¿el maldito Eric Cartman? ¿Cómo pudiste comerle la boca a eso? Era oficial: quería llorar. Hacerlo hasta que ya no le quedara más líquido en el cuerpo y morir lenta y agónicamente como una maldita planta. Eso se merecía. Heidi: ¿Cómo lo supiste? Bebe: Ya lo sabe todo el mundo que estuvo en la fiesta. ¿No leíste el chat grupal? Se golpeó la frente con la mano abierta y produjo un ruido seco. No, no había entrado a ese estúpido grupo porque lo tenía silenciado. Eran cientos de mensajes al día y la volvían loca. Con las manos temblorosas entró al chat y OH. DIOS. MÍO. Clyde: Jajajjjaj. Clyde: Es super bizarro pasar de Butters a Cartman. Es como pasar de un peluche a un gremlin. Bebe: ¡CLYDE, CÁLLATE! Clyde: Cállame tú con un beso. 💋 Clyde: Como el que se dieron Heidi y Cartman después de vomitar. Clyde: Oye, qué rico. Bebe: ... Bebe: Eres insoportable. Tolkien: Vamos, esto no es necesario. Si siguen así voy a tener que sacarlos del grupo. Clyde: Claro, ejerce de dictador por ser administrador. Eso no vale. Kyle: Clyde, tiene razón Bebe. Eres insoportable. Clyde: Tú también puedes besarme, Kyle. Kyle: Chúpamela. Clyde: Puedo hacerlo, si es lo que deseas. Tolkien eliminó a Clyde del grupo. Jimmy añadió a Clyde al grupo. Clyde: Antes de que vuelvan a sacarme, ¡dejaré mi granito de arena! Yo te invoco @Leopold. Tolkien eliminó a Clyde del grupo. Leopold: ¿Qué quieres ahora, Clyde? 🖕 Leopold salió del grupo. Jimmy añadió a Leopold al grupo. Jimmy añadió a Clyde al grupo. Clyde: ¿Qué te parece, Butters? Has sido reemplazado por Cartman jajjajajjjajjajj. Leopold: Vete a la mierda y cómetela de paso. IDIOTA. Leopold salió del grupo. Tolkien eliminó a Clyde del grupo. Tolkien: @Jimmy si vuelves a incluir a Clyde, crearé otro grupo y seré el único administrador. Jimmy: Todos tenemos derecho a estar en el grupo. Tolkien: Yo ya te avisé. Jimmy añadió a Clyde al grupo. Jimmy añadió a Leopold al grupo. Clyde: Nunca me había reído tanto. Kenny: Si Cartman estuviera en el grupo no serías tan valiente @Clyde. Clyde: Pero no está porque es un marginado jajajsjaajsjjajjas. Kenny: Podría leer los chats igual de alguien que se los muestre, estúpido. Clyde: ¿Y quién? Si precisamente al ser un marginado nadie le habla. Butters debe odiarlo. Kyle también. A no ser que se lo muestres tú, lo cual te dejaría como un traidor. Kenny: Tal vez se lo muestre. Por cierto, también está Heidi aquí. Eres un imbécil que no tiene respeto por nadie. Este grupo ha sido cerrado y ya no puedes enviar mensajes. Bueno, al menos Tolkien cerró el grupo... pensó, dejando caer el celular por la cama para volver a ahogar un grito agudo contra la almohada. Se levantó medio aturdida y caminó hacia el baño para refrescarse la cara con agua fría. Esto era un desastre. El lunes sería el hazmerreír del instituto y lo peor sería mirar a Leopold a la cara. ¿Qué iba a hacer? ¿Por qué había sido tan estúpida de cometer la locura de emborracharse con el maldito Eric Cartman? Menos mal que estaba Kenny. Si no hubiera estado allí, aparte de morrearse con él, tal vez habrían terminado en la cama. Adiós reputación para siempre. Regresó a su cuarto y miró su celular de nuevo, encontrándose con otro mensaje que le heló la sangre: Leopold: ¿Es verdad lo que dijeron en el grupo? La respiración de Heidi se cortó en seco. Releyó el mensaje con la esperanza de haber confundido el chat con el de otra persona, pero no, amiga, era él. No habían cruzado palabra desde la ruptura, y lo primero que harían sería hablar sobre si se había besado con Eric Cartman. Perfecto. Más lágrimas. No podía escaquearse de responder porque él estaba en línea, y veía que ella también lo estaba. Él esperaba ese mensaje, por eso no se desconectaba. Pero ella no sabía qué decir. Soltó un suspiro largo y pesado, y escribió: Heidi: Hola, Leopold. ¿Podríamos hablar? Fue lo mejor que se le ocurrió en vez de admitirlo directamente. Al menos, si hablaban con calma, tal vez podría intentar suavizar las cosas. Leopold: ¿Cuándo querrías hacerlo? Heidi: Cuando puedas. Hoy estoy libre. Leopold: De acuerdo. Pasaré por tu casa en una hora. ¿Te parece? Heidi saltó de la cama. ¡¿En solo una hora?! Heidi: Sí, me parece bien. Leopold: Perfecto. Nos vemos en un rato. Se incorporó para salir corriendo a bañarse, pero antes recibió otro mensaje inesperado: Kenny: Heidi, seguramente leíste todo lo del grupo. Para empezar, te juro que yo no le conté nada a nadie. Si necesitas hablar o lo que sea, puedes contar conmigo. Heidi suspiró. ¿Cómo odiar a alguien así? Era perfecto. Tenía que responderle algo. Heidi: Muchas gracias, Kenny. Sé que tú no dijiste nada, así que no hacía falta que lo aclarases. 😉 Oh, mierda, no le respondí a Cartman todavía. ¡Maldita sea! Heidi: Lo siento, Eric. Todavía estoy sufriendo los daños colaterales de ese tequila y me confundí de chat jeje. Cartman tardó apenas un segundo en responder: Eric: Me lo imaginé, no pasa nada. Por cierto, quería hablar contigo en algún momento que puedas. Y si es en persona mejor. Heidi palideció. Hablar con Eric Cartman, y sonaba muy serio. Qué miedo. ¿Qué debía hacer? Si se negaba, tal vez él aparecería con un arma y no lograría salir viva de eso. Si aceptaba, su destino quizá era peor: podría acabar secuestrada en su sótano y no volver a ver la luz del sol. Vete a saber qué cosas depravadas le haría. Estaba metida en un buen lío. Maldito tequila y maldita ella por tener una personalidad tan sumisa de mierda. Pero como buena chica complaciente, accedió. Heidi: De acuerdo. ¿Dónde? Eric: Soy consciente de que no es bueno que te vean conmigo. Si quieres, puedo ir a tu casa y pasar desapercibido. Te prometo que nadie descubrirá quién soy. ¿Mi casa? Bueno, mis padres no vuelven hasta mañana. No creo que pueda arrastrarme y secuestrarme sin que nadie nos vea. Heidi: Está bien, pero ¿te puedo avisar cuando pueda? Tengo que resolver algo y no sé cuánto tiempo me llevará. Eric: No te preocupes, a cualquier hora puedo. Tan solo avísame y estaré ahí enseguida. Heidi: Sí, nos vemos. Se levantó con el cuerpo temblando todavía por todo lo sucedido: era demasiado para procesarlo. Agarró ropa limpia y se metió en la ducha mientras los nervios y la ansiedad comenzaban a inundarla al pensar en que, en un rato, se vería cara a cara con Butters.

***

Tras una hora aproximadamente, Butters había llegado a su casa y ambos estaban en la habitación de Heidi, sentados en la cama, en un silencio que se podía cortar con un cuchillo desafilado. Desde que llegó, él estuvo frotándose la nuca con insistencia, mientras que Heidi lo miraba de reojo sin siquiera moverse de su sitio, con un nudo en la garganta que apenas conseguía tragar. —Heidi... —dijo Butters finalmente, rompiendo el incómodo silencio. —¿Sí, Leopold? —susurró ella en el acto. —¿De verdad... te besaste con...? Butters no podía ni pronunciar el nombre de Cartman. Imaginarlos a ambos compartiendo saliva le parecía algo simplemente surrealista. Heidi hizo un esfuerzo tan brusco por tragar que le dolió la garganta. —Eso... Bueno, yo estaba muy borracha... —Ya veo —dijo Butters con un hilo de voz quebrado—. ¿Te gustó? Los ojos de Heidi se abrieron de par en par y negó frenéticamente con las manos. —¡No! Como te he dicho, estaba borracha. A veces haces cosas que nunca harías estando sobria. Butters giró el rostro hacia ella y acortó la distancia considerablemente, hasta pegar sus hombros. —Heidi... te extraño. El corazón de Heidi dio un vuelco y se giró de inmediato. —Yo también a ti... Butters estiró la mano y la tomó por la cintura, atrayéndola hacia él. —Esta semana ha sido una tortura sin ti —dijo él, hablando tan cerca de su boca que sus labios se rozaban continuamente. Heidi se estremeció al sentir que la mano de Butters bajaba hasta su glúteo para apretarlo con firmeza. —Leopold, ¿podemos hacer esto? —susurró ella, suplicando internamente que su respuesta fuera un sí. La respuesta de él fue estampar sus labios mientras su mano se colaba por debajo de su suéter, haciéndola temblar de deseo. —Heidi... —susurró contra su cuello. Ella gimió al sentir su lengua, caliente y húmeda, recorriendo su piel. Entre besos, él la ayudó a desvestirse hasta que no quedó rastro de ropa, recostándola en la cama. Butters se quitó la suya sin romper el contacto visual, mientras ella lo seguía observando con el pecho agitado, esperando a que continuara. Y vaya si continuó. Heidi estalló de puro placer al volver a sentirlo por todo su cuerpo. Lo había extrañado tanto después de esa amarga semana que estar con él era como tocar el cielo.

***

Después de haber compartido todo lo que no habían sentido durante una semana, Butters se levantó de un salto para ponerse el pantalón antes de abrocharse el cinturón. Heidi lo observaba envuelta en las sábanas, mirándolo con cara de tonta y una sonrisa que casi le llegaba a las orejas. Butters se giró y le levantó una ceja. —¿Por qué me miras tanto? —preguntó él mientras terminaba de ponerse los zapatos. Ella soltó una risita y se encogió de hombros. —Me gusta mirarte. Al terminar de ponerse el jersey, él se sentó en la cama y su cara se ensombreció. Heidi pudo notar su distancia y le puso una mano sobre la pierna con suavidad. —¿Ocurre algo? —preguntó ella con un nudo en la garganta. —Heidi, esto fue un error —dijo él frotándose el brazo con nerviosismo. El pecho de ella se encogió con dolor y retiró la mano en el acto. —Pero no lo entiendo. ¿Para qué viniste entonces? Butters no respondió, tan solo se quedó mirando sus manos temblorosas. Heidi se incorporó cubriéndose con la sábana; tenía el corazón roto, un vacío en el estómago y se sentía totalmente avergonzada por estar desnuda mientras él le decía, justo después de hacer el amor, que todo fue un error. O tal vez solo uno de los dos había hecho el amor. —Vete, por favor —dijo ella, tratando de que no se le quebrara la voz. Él se levantó y caminó hacia la puerta, pero se detuvo con la mano sobre el picaporte antes de salir. —Lo siento, Heidi. Ella no respondió. Tan solo se quedó mirándolo, aguantando un llanto que sabía que era imposible de contener. Butters salió finalmente y ella se acostó de nuevo, con las lágrimas deslizándose sin control por sus mejillas. Se sentía estúpida y sucia, sabiendo que todo era su culpa y que se había dejado llevar por la creencia de que eso arreglaría las cosas.

***

Eran ya las 21:00 y Heidi seguía en la cama, tal y como la dejó Butters: usada y traicionada. Se vistió como pudo y agarró el celular para escribirle a Cartman. Era una mierda tener que usar las pocas fuerzas que le quedaban para poner su mejor cara y enfrentarse a ese monstruo, pero no le quedaba otra opción. Además, se estaba haciendo tarde y le aterraba la idea de estar con él a esas horas. Tras veinte minutos, llegó el mensaje avisando que Cartman ya estaba en la puerta. Ella bajó corriendo con el corazón en un puño por miedo a que alguien lograra verlo. Al abrir, su mandíbula se desencajó, pero Cartman no le dio tiempo a reaccionar. La empujó y entró tan rápido como pudo, cerrando la puerta tras de sí. Heidi tardó unos segundos en procesarlo, hasta que por fin pudo articular palabra ante Cartman, que permanecía de pie frente a ella, completamente mudo. —¿Eso es una peluca? —preguntó Heidi, incrédula. Cartman se encogió de hombros con total naturalidad. —La rubia llamaba mucho la atención. Como tú también tienes este color de pelo, sería fácil decir que soy tu tía o tu prima si alguien pregunta. La mano de Heidi subió lentamente mientras su dedo índice y pulgar se posaban sobre el puente de su nariz antes de soltar una carcajada con ganas. —¡Pero si hasta llevas tacones! —Son botas con tacones —corrigió él, manteniendo la compostura—. Aunque no lo parezca son cómodas, solo es difícil encontrar de mi talla. Heidi negó con la cabeza sin poder parar de reír. No pudo evitar recordar las locuras que Cartman hacía de pequeño, pero ahora que era un adolescente la imagen resultaba demasiado impactante. De repente el tobillo de Cartman cedió y una mueca de dolor se le dibujó en el rostro. —¿Estás bien? —preguntó Heidi. Cartman negó con la cabeza mientras cojeaba con amargura. —No estoy acostumbrado y se me dobló el tobillo varias veces mientras venía caminando. —Ah, ya veo. Siéntate —dijo ella señalando el sofá con la mano. Cartman caminó como si pisara huevos mientras Heidi se cubría la boca para evitar otra carcajada. —Puedo escucharte —dijo él sin girarse mientras avanzaba con torpeza. Cartman se dejó caer en el sofá y soltó un suspiro de alivio. Se quitó las botas y los calcetines dejando ver un gran hematoma rojo en el tobillo hinchado. Heidi se asustó al verlo y corrió hacia la cocina a por hielo pero no tenía nada, así que le trajo una bolsa de verduras congeladas. —Toma, es lo único que tengo —dijo ella entregándole la bolsa. Cartman se agachó para ponerla en su tobillo y la falda se le subió de golpe, haciendo que la cara de Heidi se pusiera roja como un tomate en el acto. Él se dio cuenta y se la volvió a bajar con desesperación mientras el corazón le latía con fuerza contra las costillas. ¡Mierda! No puedo estirarme hasta mi tobillo sin que se me levante la falda. Soy estúpido. ¡¿Por qué tenía que ponerme algo tan corto?! Heidi le dio una manta pequeña para que se cubriera y él la tomó con las orejas rojas. —Gracias —dijo él mientras se tapaba hasta la cintura con urgencia. —¿Quieres que lo haga yo? —preguntó Heidi, señalando la hinchazón. Él vaciló por unos segundos mirando la bolsa antes de entregársela. Ella se agachó y puso con cuidado el hielo sobre su piel ante la mirada fija y tensa de Cartman. —Listo. Si no lo mueves puede aguantarse así. Él asintió sin poder pronunciar ni una palabra mientras asimilaba el hecho de que ella le hubiera tocado el pie de esa forma tan natural. Heidi se sentó a su lado con cuidado. —Entonces... ¿de qué querías hablar? —preguntó con cautela y un deje de angustia. Cartman entrelazó los dedos sobre su regazo mientras observaba sus propias manos. —Heidi, sobre lo que pasó anoche... Quiero pedirte disculpas. Los ojos de ella se abrieron con asombro y parpadeó varias veces sin creer lo que escuchaba. —No es necesario. Ambos estábamos muy pasados y perdimos el control —respondió ella restando importancia con un gesto de la mano. —Pero soy consciente de que si te relacionan conmigo podría tener consecuencias para ti —dijo él con total seriedad—. Te prometo que lo arreglaré y nadie más tendrá que hablar de esto. —¿Arreglar? ¿De qué hablas? —preguntó ella frunciendo las cejas con extrañeza. —Vi el grupo. Estaba con Kyle en ese momento —confesó, apretando los dedos sobre su regazo. Heidi se frotó la nuca con incomodidad. —Ya veo... —respondió ella en un susurro. —De verdad que lo siento —murmuró evitando mirarla directamente. Hubo un silencio incómodo entre ambos mientras ninguno se miraba. —Vamos, no es para tanto —intentó decir ella para tratar de animarlo. En ese preciso instante el celular de Heidi vibró sobre la mesa y la luz de la pantalla iluminó el rostro de ambos con un brillo azulado y artificial. Leopold: Perdón por irme así. ¿Te parece si regreso en un rato? Tus padres esta noche no están, ¿cierto? Al leer el mensaje el pecho de Heidi se encogió y una lágrima solitaria se deslizó por su mejilla mientras Cartman la observaba. —¿Estás bien? —preguntó él con cautela. —¡Ah, sí! Estoy bien —dijo ella limpiándose la lágrima rápidamente con el dorso de la mano. Cartman frunció el ceño y la analizó en silencio antes de entrecerrar los ojos. —¿No están tus padres? Heidi se paralizó por un segundo. ¿Para qué quería saber eso? —No... no están —respondió con inseguridad. —¿Salieron? ¿Cuándo regresan? —insistió él con una urgencia sospechosa. —Sí, regresarán en un rato —mintió ella mientras apretaba el celular con una incomodidad creciente ante tantas preguntas. —¿Y cuánto es ese rato? Antes de que Heidi reaccionara para responder algo, Cartman continuó con su metralleta de preguntas. —Ese mensaje era de Butters, ¿verdad? —¿Qué? Es... —balbuceó Heidi. Su vista bajó hasta el suelo con el corazón acelerado. ¿Cómo sabía todo eso? ¿Acaso había estado espiándola? Cartman se dio cuenta de que la estaba poniendo incómoda y se removió en el asiento, soltando un suspiro cansado. —Oye, no sé qué pasó entre tú y Butters, pero si no es capaz de ver lo valiosa que eres, entonces no deberías soltar ni una sola lágrima por él. Heidi lo miró con los ojos empañados y volvió a bajar la vista de inmediato. ¿Cartman dándole ánimos? Era una situación surrealista. Para empezar, ¿qué hacía en su casa casi a las diez de la noche disfrazado de mujer y dando consejos de vida? —¿No tienes hambre? ¿Qué vas a cenar? —¿Cenar? No lo sé... —respondió ella con confusión. Los ojos de Cartman se iluminaron bajo la peluca ladeada. —¡Entonces pidamos algo! —soltó él mientras se sacaba el celular del bolso. —No, no cre— —Vamos, yo invito —la interrumpió mientras se deslizaba con el dedo por la aplicación de comida con una rapidez profesional—. ¿Pizza o hamburguesa? —Pizza para mí está bien —dijo ella sin saber realmente por qué había aceptado. —¿Esta te gusta? —preguntó él mostrándole la pantalla con entusiasmo. Heidi asintió mecánicamente mientras sentía que el control de su propia noche se le escapaba entre los dedos. —¿Gaseosa? —insistió él sin despegar la vista del menú digital. Ella volvió a asentir como si estuviera en una especie de trance. ¿Iba a cenar con Eric Cartman en su casa después de lo que pasó anoche y con él vestido de mujer? Al parecer sí. Hilarante. Mientras Cartman terminaba el pedido, otro mensaje llegó al celular de Heidi: Leopold: Heidi, por favor respóndeme y dime cuándo puedo pasar. Los dedos de ella se quedaron flotando sobre la pantalla sin saber qué decir mientras su cara se entristecía por segundos. Fue entonces cuando la mano de Cartman tapó el celular y se lo quitó con cuidado, dejándolo sobre la mesa. —Vamos a cenar, olvídalo solo por un rato —dijo él mirándola a los ojos con seriedad—. ¿De acuerdo? Heidi no respondió pero tampoco intentó recuperar el teléfono. Se quedó mirando el aparato sobre la mesa, todavía sin entender por qué tenía ese temperamento complaciente ante los demás. —Bien, ya está pedido —anunció él con satisfacción—. Ahora, cuéntame algo. —¿Contarte? ¿Como qué? —preguntó Heidi con la voz todavía algo quebrada. —No lo sé, lo que sea hasta que llegue la cena. ¿Tienes algún juego de mesa o algo para hacer? Ella pensó unos segundos mientras recorría con la mirada los estantes del salón. —No, no tengo nada de eso —admitió mientras se encogía de hombros. —Bueno, entonces trae un papel y algo para escribir. Heidi le asintió y fue a rebuscar en su mochila, que estaba tirada cerca de la entrada. Cartman miró de reojo cerciorándose de que ella no lo observaba y cuando se aseguró de que estaba de espaldas se levantó apoyando el pie con una mueca de dolor. Aprovechó ese segundo de privacidad para estirar la falda todo lo que podía hacia abajo mientras se lamentaba de ser tan idiota por no pensar en las cosas antes de hacerlas. Al escuchar el cierre de la mochila, se dejó caer de nuevo en el sofá y se cubrió con desesperación el regazo con la manta antes de que Heidi llegara. Ella regresó con una libreta y un bolígrafo en la mano y se los entregó a Cartman. Él no perdió el tiempo y dibujó cuatro líneas rápidas que se cruzaban en el centro del papel blanco. Los ojos de Heidi se abrieron de par en par al reconocer el tablero del tres en raya y se quedó mirando el dibujo como si fuera un mensaje en clave que no esperaba recibir. —¿Sabes jugar, cierto? —preguntó él mientras le enarcaba una ceja. —Sí, aunque no se me da bien —admitió ella frotándose la nuca con cierta torpeza mientras evitaba su mirada. —Unas partidas y seguro que aprendes rápido —agitó la mano con desestimación como si estuviera apartando un problema inexistente en el aire. Se pusieron a jugar mientras Heidi todavía procesaba la noche surrealista que estaba teniendo. Era todavía más extraña que la anterior, si es que eso se podía superar. Sin embargo, mientras los minutos pasaban, se sentía cada vez más cómoda con Cartman. Seguía siendo sarcástico y difícil de tratar, pero era soportable e incluso agradable. Eso teniendo en cuenta que seguramente estaba tramando algo y todo lo hacía solo para sacar algún provecho. Después de unas cuantas partidas en las que Heidi no ganó ni una sola vez, el repartidor llegó con la cena. Se acomodaron en el sofá y buscaron algo para ver en la televisión, pero nada era lo suficientemente entretenido como para mantener su atención por más de cinco minutos. Con el contexto de esa bizarra cena, tampoco es que Heidi fuera a prestar atención aunque fuera su programa favorito. Cartman le hablaba constantemente para decir cualquier tontería a lo que ella respondía de la mejor manera posible. Aún se sentía como la mierda después de lo que pasó con Butters horas atrás y sus ojos se desviaban continuamente hacia la pantalla de su celular. Vio cómo la luz se encendía en más de tres ocasiones. Seguramente Butters estaba preocupado porque ella no le respondía y tal vez temía que estuviera molesta con él. Aunque después de lo que hizo sería lo más lógico, ella todavía deseaba volver a verle. ¿Y si quería decirle que lo de la tarde fue una confusión? ¿Y si quería pedirle perdón para que regresaran? Tenía demasiadas preguntas y lo mejor parecía ser agarrar el celular para comprobarlo. Su mano se estiró hacia el aparato mientras Cartman seguía hablando, pero antes de que pudiera desbloquearlo, la mano de él volvió a cubrir la pantalla. —Heidi, si es Butters no creo que sea una buena idea que leas nada. —Pero... tal vez sea importante —respondió ella mientras estrujaba el celular con la mano temblorosa. —¿Y si no lo es? ¿Y si te vuelves a poner como antes? —¿Cómo me puse antes? —preguntó Heidi mirando hacia la pantalla del celular por si volvía a encenderse. —Triste —sentenció Cartman sin quitarle los ojos de encima—. Igual que como estabas anoche en ese sofá, mirando fijamente hacia la puerta. El corazón de Heidi dio un vuelco al sentirse tan expuesta. —¿Tanto se notaba? —preguntó ella alzando la vista para mirarlo. —Sí. Al menos yo sí lo noté —le asintió él con total seriedad. —Ya veo... —susurró ella mientras dejaba que el brazo cayera contra el cojín en señal de derrota. Cartman abrió la boca, pero antes de que dijera una palabra, unos golpes secos en la puerta los hicieron sobresaltar. Ambos se quedaron en silencio absoluto y Heidi le hizo señas frenéticas para que se escondiera en la cocina. Cartman acató la orden sin rechistar y se fue cojeando como pudo hasta desaparecer tras el marco de la puerta. Heidi esperó a que Cartman estuviera bien escondido antes de mirar por la mirilla de la puerta y vio que era Butters. El corazón se le detuvo un segundo antes de empezar a martillear con fuerza contra su pecho mientras su mano buscaba con torpeza el picaporte. Se quedó sobre el metal frío por unos segundos, asimilando la figura distorsionada de Butters al otro lado de la puerta, antes de girarlo con un movimiento seco. Cuando la puerta se abrió, Butters entró abalanzándose hacia ella para besarla con desesperación. Cerró la puerta de una patada que resonó en toda la casa y la levantó por los muslos para llevarla directamente hasta el sofá mientras sus manos la recorrían entera. Heidi estaba con los ojos abiertos de par en par y totalmente atónita. Seguía procesando lo que estaba pasando sin poder reaccionar hasta que se acordó de que Cartman estaba en su cocina escondido, vestido de mujer, y que si Butters lo veía sería demasiado para explicar. Necesitaba sacar a uno de los dos de ahí de inmediato y obviamente no iba a echar a Butters. —Leo... Leopold —consiguió articular ella mientras él seguía con su ataque desesperado. —¿Qué? —respondió él con la voz ronca al detenerse para mirarla a los ojos. —¿Por qué no vamos arriba mejor? Esto es incómodo —dijo ella tratando de sonar convincente. Butters lo pensó por unos segundos y asintió. —Sí, mejor —dijo él apartándose de ella con vacilación. —Entonces ve arriba y ahora subo, necesito arreglar unas cosas en la cocina antes. —¿Necesitas que te ayude? —preguntó él amagando con dirigirse hacia la cocina. —¡No! Es decir, no hace falta —se apresuró a decir ella con un tono demasiado agudo—. Solo son unas cosas de la cena. —De acuerdo —dijo él—. Entonces te espero arriba, pero primero iré al baño. —Sí, claro. Ve al de mis padres mejor, sabes que ese siempre está impecable —sugirió ella con rapidez para alejarlo lo más posible del pasillo de la cocina. Butters le asintió, y antes de subir le dio un último beso, enroscando su lengua con la de ella y sujetándola posesivamente como si quisiera dejar claro que le pertenecía, dejándola sin aliento y totalmente sometida. —Nos vemos arriba, cariño —le dijo él con expresión de lujuria antes de empezar a subir la escalera. El cuerpo de Heidi se estremeció y su respiración se agitó. Adoraba que se pusiera así de seductor, pero no había tiempo de suspirar por ese rubio y su sonrisa de ángel. Tenía que sacar a Cartman de ahí de inmediato. Agarró el vaso de Cartman para que Butters no sospechara nada al ver que la mesa estaba puesta para dos y buscó la bolsa de verduras congeladas. Al no encontrarla, imaginó que Cartman la habría guardado de nuevo en el congelador. Corrió hacia la cocina en dos zancadas y lo encontró apoyado contra la pared, mirando fijamente al suelo con una expresión indescifrable. —Tienes que irte —le dijo ella en un susurro, totalmente desesperada. —Heidi, ¿sin hablar ni nada, viene y ya quiere acostarse contigo? —le contestó él susurrando también, con un tono de molestia que no pudo ocultar. Heidi le frunció el ceño y se cruzó de brazos. —Eso no es asunto tuyo —dijo apretando los brazos contra su pecho mientras levantaba el mentón para reafirmar su dignidad. Cartman se encogió de hombros y evitó subir la vista del suelo sabiendo que sus palabras no la harían cambiar de opinión. —No voy a llevarte la contraria porque es verdad, pero te va a romper el corazón. Se dirigió hacia la puerta cojeando sin decir ni una sola palabra más y Heidi lo siguió para cerrar con cuidado, haciendo el mínimo ruido posible. Cuando fue a subir las escaleras, se quedó con un pie sobre el primer escalón durante unos segundos, dudando de si lo que estaba a punto de hacer era lo correcto. Pero terminó cediendo al recordar lo feliz que se había sentido por la tarde al volver a estar entre los brazos de Butters, y subió lo más rápido que pudo con la emoción recorriéndole el cuerpo. Al entrar a la habitación, Butters la atrajo hacia él para besarla de nuevo mientras las palabras de Cartman golpeaban una y otra vez en su mente como un martillo pesado: "Te va a romper el corazón". Pero aun si sabía que Cartman tenía razón, prefirió ignorarlo. Le devolvió el beso con el mismo hambre que él y tan solo se dejó llevar de nuevo.
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