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Tras una mañana larga y agotadora, la sirena anunció el final de la primera mitad de las clases y todos acudieron en masa a la cafetería. Heidi y las chicas caminaron hasta el fondo bajo las miradas cargadas de burla de los demás, y se sentaron en una mesa pegada a la pared para tratar de pasar desapercibidas. Aun así, ella se seguía sintiendo observada mientras sus manos desenvolvían su almuerzo con torpeza. Poco a poco, las demás mesas comenzaron a llenarse hasta que la cafetería estuvo a rebosar, llena de gritos, risas y una mezcla de olores que impregnaba todo el lugar. Heidi pudo relajarse por unos instantes y al fin comenzó a almorzar, pero la calma duró poco. Unos gritos estallaron desde las mesas centrales y obligaron a todos a girar la cabeza hacia el origen del ruido. Se levantó de un salto y estiró el cuello entre la multitud que se había puesto de pie, tratando de ver qué estaba pasando. Como no lograba distinguir nada, se subió a una silla, y sus ojos se abrieron de sorpresa al ver la mesa de Kyle, Cartman y Kenny rodeada por varios alumnos, algunos de pie y otros sentados. —¡Vamos, admítelo! —exclamó Kyle con rabia, alzando la voz. Cartman resopló con hastío y se cubrió un oído con el dedo mientras dejaba el tenedor sobre la mesa. —Estás gritando demasiado, Kyle —respondió, frunciendo el ceño—. Me vas a destrozar los tímpanos. Kyle golpeó la mesa con las palmas abiertas, produciendo un ruido sordo sobre la madera, y Cartman se sobresaltó mientras su expresión se tornaba en una de sorpresa. —No desvíes el tema y di la verdad —insistió Kyle—. ¡Ella está pagando por algo que es solo tu culpa! Cartman quiso responder, pero al sentirse observado por todos, miró a su alrededor con una respiración agitada que lo hacía parecer un animal acorralado. Agarró su bandeja y se levantó con la cabeza baja, pero antes de dar el primer paso, la mano ágil de Kyle impactó contra ella con violencia, arrancándosela de las manos y haciendo que cayera al suelo, esparciendo todo el almuerzo por el suelo. Cartman se quedó con los brazos extendidos, completamente atónito, mientras veía su almuerzo desparramado por el suelo. Alzó la vista hacia Kyle y se encogió de hombros en un gesto de puro desconcierto. —¿Pero qué mierda, Kyle? ¡¿Estás loco?! —le espetó, negando con la cabeza. Kyle ignoró su reacción por completo y lo señaló con un dedo acusatorio. —Todos están mirando —dijo, extendiendo las manos a su alrededor—. ¡Di la verdad y admite delante de todos lo que hiciste! El ceño de Cartman se frunció y su expresión se endureció. —¡¡Yo no hice nada, maldito judío de mierda!! Kyle lo agarró del cuello del jersey, apretando la mandíbula y mirándolo con puro odio, pero antes de que pudiera golpearlo, Kenny lo sujetó para detenerlo. —¡Eres un maldito cobarde! —le escupió Kyle con rabia—. ¡Di delante de todos cómo forzaste a besar a Heidi sin su consentimiento, pedazo de basura! Cartman alzó las manos en señal de sumisión y cerró los ojos, asustado, mientras Kyle lo zarandeaba de un lado a otro. —Vamos, Kyle, no vale la pena —le susurró Kenny mientras tiraba de su brazo. La cara de Kyle se tensó. Soltó el cuello del jersey de Cartman y lo empujó con rabia, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera al suelo. Cartman estiró las manos y se agarró el tobillo con una mueca de dolor, mientras las risas se extendían por toda la cafetería. Kyle lo observaba con los brazos cruzados y una expresión de desprecio. Kenny dio un paso adelante e intentó ayudar a Cartman a ponerse en pie, pero Kyle lo detuvo en seco agarrándolo del brazo con fuerza y le negó con la cabeza. —No se lo merece, nunca va a cambiar —dijo Kyle sin dejar de mirar a Cartman, que seguía retorciéndose en el suelo entre restos de puré. Heidi se cubrió la boca con una expresión de puro horror mientras observaba la humillación de Cartman en medio de aquel estruendo de risas e insultos que no parecía tener fin. Sintió una punzada de lástima que le revolvió el estómago y bajó de la silla de un salto para ir hacia él, pero Bebe le bloqueó el paso con un brazo firme. —Déjalo, Heidi, tiene lo que se buscó —le soltó Bebe mientras la agarraba del brazo. Heidi dudó por unos instantes con un nudo en la garganta que apenas la dejaba respirar. Miró a Bebe a los ojos, pero ella le negó con la cabeza con una frialdad absoluta. Volvió a girarse hacia Cartman que intentaba levantarse a duras penas entre restos de comida y burlas. Finalmente, se sentó de nuevo con lentitud sintiendo cómo se le encogía el corazón contra las costillas. Cartman se dirigió hacia la salida cojeando, y Kenny se giró hacia Heidi. Sus miradas se cruzaron por un instante, pero él terminó bajando la vista y volvió a sentarse junto a Kyle, con el rostro ensombrecido. Durante el resto del almuerzo, Heidi estuvo atenta a la puerta cada vez que se abría para ver si era Cartman, pero él nunca regresó. Su almuerzo se quedó tirado en el suelo y nadie se molestó en recogerlo. Los demás alumnos se limitaban a sortear los restos de comida, evitando a toda costa pisar aquel desastre de plástico y puré desparramado por las baldosas. Pensó en varias ocasiones en mandarle un mensaje para preguntarle cómo estaba, pero Bebe y las chicas estaban sentadas demasiado cerca de ella. Temía que la descubrieran si veían su celular, así que apretó el aparato en su bolsillo y se contuvo. Tras finalizar el almuerzo, todos regresaron al aula para las últimas horas de clase. Heidi buscó con la vista el sitio de Cartman, pero su mochila no estaba y no quedaba ni un rastro de él en el salón. Pasaron las horas y, cada vez que Heidi miraba su mesa vacía, sentía cómo el corazón se le encogía un poco más, oprimiéndole el pecho. Butters la observaba desde su mesa de forma continua, dándose cuenta de que cada uno de sus gestos delataba una preocupación profunda por Cartman. Al terminar las clases, ya nadie se reía de Heidi. Las miradas de burla se habían convertido en miradas de lástima, y las risas en palabras de apoyo y empatía, junto a insultos dirigidos hacia Cartman. Ya fuera del edificio, notó la mirada de Butters clavada en ella con insistencia. Antes de marcharse, él se despidió con un movimiento suave de cabeza que la hizo sentir mucho peor que si la hubiera ignorado por completo. Qué día de mierda.***
Heidi llegó a su casa, corrió a su habitación y lo primero que hizo fue entrar al chat de Cartman para preguntarle si estaba bien. Esperó unos minutos, observando su estado con la vista clavada en la pantalla, pero nunca se conectó. Las horas pasaron, Cartman no daba señales de vida y Heidi empezaba a sentirse devorada por la paranoia. ¿Y si hizo alguna locura? Lo humillaron delante de toda la escuela… ni siquiera él podría soportar algo así. Empezó a caminar de un lado a otro por el cuarto, mordiéndose la uña hasta hacerse sangrar la cutícula, incapaz de quedarse quieta, hasta que se detuvo en seco al ocurrírsele que tal vez Kenny podría tener alguna información sobre Cartman. Entró a su chat y le escribió con los dedos rígidos: Heidi: Hola, Kenny. ¿Sabes algo de Eric? Kenny tardó unos segundos en contestar: Kenny: Sí, está aquí conmigo. ¿Por qué? ¿Está con él y no me responde? Heidi: ¿Puedes decirle que me responda? Kenny: Dice que en este momento no tiene el celular encima. Heidi entrecerró los ojos con sospecha. Heidi: ¿Y si habla conmigo desde tu celular? Kenny: Ahora mismo no puede hablar. Heidi resopló con una mezcla de rabia y asfixia antes de cruzarse de brazos frente a la ventana. En ese momento recibió una última notificación que hizo vibrar el celular en su mano. Kenny: Dice que te mandará algo más tarde. Los hombros de Heidi cayeron de golpe y soltó un suspiro cargado de cansancio. Heidi: Está bien, dile que gracias. Dejó el celular sobre la mesita de noche y esperó ese mensaje que nunca llegó. Pero, en su lugar, llegó otro que le revolvió el estómago: Leopold: Entonces, ¿él te obligó? ¿Por qué no me lo dijiste? Otra vez Butters. Heidi se sentía demasiado confundida. Después de acostarse con él, volvió a huir como un cobarde, sin dar más explicaciones que un simple "esto no debería haber pasado". Y claro que no debería haber pasado, si cada vez que sucedía la dejaba tirada como un trapo viejo. No podía soportar más el estar enamorada de una persona que la buscaba constantemente para darle ilusiones y después salía corriendo por la puerta. ¿Qué demonios le pasaba? Y, en primer lugar, ¿por qué dejó la relación? Últimamente no entendía nada de lo que pasaba por la cabeza de Butters. Había tirado a la basura años de una relación sin dar una sola explicación coherente, y dolía como una maldita puñalada. Además, no podía olvidarlo. Lo veía todos los días en clase y el hecho de que no dejara de mandarle mensajes o de "visitarla" cuando le daba la gana tampoco ayudaba a cerrar la herida. Leopold: Si te chantajeó o algo, puedes decírmelo. Heidi rodó los ojos, harta de sus patrañas, y tecleó con furia: Heidi: No me chantajeó. Vomitamos y después nos metimos la lengua hasta la garganta, y no sabes lo bueno que estaba ese beso. Mejor que todos los que me diste ayer. Tras enviarlo, sintió cómo un vacío le subía desde el estómago hasta la garganta, dejando un sabor amargo. Se pasó la mano por la frente y la frotó con una ansiedad que le hacía temblar los dedos, deseando por un segundo que el tiempo se detuviera para poder borrar cada una de esas palabras. Leopold: Pues a mí no me pareció que te disgustara que yo te metiera la lengua también, porque estabas que me mordías y todo. Inevitablemente, las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos y se sentó en el borde de la cama, releyendo el mensaje mientras su llanto se volvía cada vez más incontrolable. Heidi: Déjame ya en paz. Leopold: No puedo, y lo sabes. Heidi: Lo único que sé es que tan solo me buscas para tener sexo, pero cuando se trata de hablar de una relación, huyes como un cobarde. Y ya no volvió a contestar. Seguro que le dolió, pero a Heidi le dolía mucho más. Lo amaba, pero no podía aguantar más el descaro de "Butters" usándola de ese modo. Estaba cansada. Había llegado a su límite. —Esto es una mierda —murmuró, pasándose una mano por el rostro. En ese momento, el celular vibró de nuevo. Lo agarró con una desgana profunda, rogando internamente que no fuera otro mensaje de Butters para seguir hurgando en la herida. Pero era Cartman. Eric: Estoy bien, gracias por preocuparte. Heidi: Me alegro mucho. Pero mañana deberíamos hablar y contar la verdad. Kyle debería pedirte disculpas por todo lo que te hizo durante el almuerzo. Eric: Kyle está ahora mismo conmigo. No te preocupes por nada, está todo bien. Tan solo sigue con la versión que dio hoy y ya está. La cabeza de Heidi se echó hacia atrás, confundida. ¿Están juntos? ¿La versión que dio Kyle? Heidi: ¿Todo esto lo planeaste? Eric: No tenías por qué aguantar semejante desprecio por mi culpa. Heidi: No sé qué decir… Muchas gracias, Eric. Eric: No me las des, fui yo quien te besó. Heidi: Tal vez, pero yo te correspondí. Eric: Pero esto solo lo sabemos tú, Kenny y yo (y ahora Kyle). Y la persona que extendió el rumor… en algún momento caerá al intentar desmentir nuestra versión, y ahí se las verá conmigo. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Heidi de arriba abajo. Heidi: ¿Qué le harás si lo descubres? Eric: Espero que no estés pensando eso de mí, porque si es así me dolería bastante. Aunque no te culpo. Heidi: Lo siento… Eric: No importa, como te dije la otra noche, todos me odian aquí. Estoy acostumbrado. Tal vez Cartman recurría a ese discurso para dar lástima de forma calculada, pero esta vez había funcionado. Heidi: Yo no te odio. Eric: Pero sé que me tienes miedo, y eso es todavía peor… Eric: No es necesario que me respondas más. Fue divertido cenar contigo anoche, y besarte con sabor a vómito (algo que no olvidaré jamás, aunque quisiera). Nos vemos, Heidi. 😉 Pues parecía que por fin se había librado de él. Un problema menos. Aunque haberlo echado de ese modo anoche, sin siquiera dejarlo terminar de cenar para poder encamarse con Butters y que este la volviera a dejar recién después le estaba dejando un sabor amargo. También se sentía culpable. Y tal vez un tanto avergonzada. Heidi: Hasta mañana, Eric.