Fuera de lugar

Het
NC-17
En progreso
3
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planificada Midi, escritos 90 páginas, 30.378 palabras, 9 capítulos
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5. Juegos preliminares

Ajustes
El silencio era incómodo. Heidi hacía rebotar el pie con ansiedad contra el suelo. A veces, alguno de los tres celulares vibraba o emitía un sonido de notificación que rompía el silencio durante unos segundos, solo para dejar paso a otro silencio igual de incómodo. Kyle miraba de reojo a Kenny y juraría haber visto una risita furtiva escaparse de sus labios. Kenny también lo miraba de reojo y juraría que Kyle tenía los labios apretados para evitar la carcajada. Heidi, por su parte, alternaba la mirada entre ambos, consciente de que si hablaba, la barba se movería de arriba abajo y rompería el silencio. No estaba segura de querer escuchar las risas de burla del guapo de Kenny a su costa. Pero bueno, chica, alargar la agonía no servía de nada. Sabía que se iba a partir de risa en cuanto abriera la boca, así que mejor lanzarse de una vez. —Chicos, la tengo pegada a la cara. Eso fue suficiente para que Kenny se doblara hacia delante con una estruendosa carcajada que resonó por toda la habitación, mientras Kyle se cubría la boca, dejando escapar una risa maliciosa, casi digna de un villano de Disney. Heidi resopló, haciendo que los pelos bailaran sin control, y ambos terminaron abrazándose, riendo como cabras montesas y golpeándose la espalda sin poder contenerse. Tras unos minutos de uno de los momentos más humillantes vividos por Heidi (por si lo de los últimos días fuera poco), Kenny y Kyle consiguieron recuperar la compostura y sus risas fueron apagándose poco a poco. Heidi cruzó los brazos con molestia y esperó a que el par de graciosos dejara de reír. —Por Dios —dijo Kenny cuando notó que podía hablar sin atragantarse, mientras se limpiaba una lágrima de la mejilla. Kyle tosió con una tos seca, tratando de recuperar el aire. —Disculpa, Heidi. Te juro que no nos esperábamos esto —dijo mientras su risa se disolvía en un suspiro de agotamiento. Heidi exhaló profundamente. Se guardó la humillación para llorarla después en soledad, y se inclinó hacia ellos, apoyando los brazos en las rodillas. —Tenemos que arreglar lo que hizo Eric. O bueno, "desarreglar" —dijo ella haciendo el gesto de las comillas con los dedos. Kyle y Kenny se miraron y enarcaron una ceja al unísono. —Pero lo hizo para que tú no sufrieras todo ese bullying —intervino Kyle, tratando de encontrarle sentido al plan de Cartman. —Lo sé, pero no es justo que vayan diciendo por ahí que es un violador cuando yo también estuve conforme. Además, solo fue un beso entre un par de borrachos —soltó Heidi, frotándose el puente de la nariz con cansancio. Kenny asintió, completamente de acuerdo. —Eso es lo que le dije yo a Cartman, pero insistió en hablar con Kyle para montar todo ese numerito y no me hizo caso. Debería haber hablado contigo antes. Ahora fue Kyle el que asintió. —Yo le dije que no me importaba ayudarlo, pero Kenny tenía razón desde el principio. Aun así, no escuchó a ninguno de los dos. Heidi rodó los ojos con exasperación. —Vamos a arreglarlo mañana, entre los tres. Pero si no quieren, tampoco voy a obligarlos —dijo Heidi, sosteniéndoles la mirada con firmeza. Kyle y Kenny se intercambiaron una mirada rápida. —Por mí, bien —dijo Kyle, levantando la mano con un gesto mecánico. Kenny se encogió de hombros y asintió. —¿Qué tenemos que hacer? —Lo mismo que hicieron ustedes: fingir que discutimos y ahí soltar la versión correcta —explicó Heidi con una seriedad que rozaba lo absurdo. Kyle y Kenny asintieron, dándole su aprobación mientras escuchaban atentamente a Heidi acordar todo lo que dirían y cómo lo harían. Al terminar, el silencio regresó. Kyle se palmeaba las piernas, inquieto. Kenny se rascaba la barbilla mientras observaba a Heidi con atención. Ella tenía las cejas levantadas y se miraba las uñas, fingiendo desinterés, esperando la pregunta que sabía que no podía esquivar. —¿Por qué la barba? —soltó Kenny de repente, simulando peinarse una barba invisible con los dedos. Kyle sonrió, aliviado por no haber tenido que ser él quien preguntara. —Fui a visitarlo... Es que no me respondía y hoy tampoco vino al instituto. Y ustedes dos no me decían nada —les dijo, pasando un dedo acusatorio de uno a otro. Ambos alzaron las manos en señal de rendición. —Es que cuando estábamos en urgencias nos dijo que no te dijéramos nada —se defendió Kenny, buscando el apoyo de Kyle con la mirada. —¿Estuvieron en urgencias? —preguntó Heidi con preocupación. —Sí. Después de lo que pasó en la cafetería vimos que se había ido a casa sin darnos ninguna explicación —explicó Kyle, recuperando su tono de voz más serio. —Fuimos a buscarlo y lo encontramos en la cama, cubierto con la sábana hasta el cuello y empapado en sudor, pero no quería contarnos qué le pasaba, hasta que gracias a Kyle y a su puntería de mierda, no le quedó otra que confesar —añadió Kenny mientras soltaba una risita. Kyle se frotó la nuca con una sonrisa entre culpable y divertida. —Le solté la mochila encima de la cama sin querer y pegó un grito, quejándose de su tobillo y ahí lo descubrimos. —Pero se negaba a ir al hospital —intervino Kenny—, así que entre los dos lo agarramos y lo llevamos prácticamente a rastras hasta allí. —Ya veo... ahora entiendo por qué no me respondía —murmuró Heidi, bajando la mirada hacia sus propias manos. Kyle rio con ganas mientras se golpeaba la rodilla con la mano abierta y se giraba hacia Kenny. —Gruñía como un animal, ¿recuerdas? —le espetó entre carcajadas. —Sí, y a mí me arañó. Aún tengo la marca —dijo Kenny, mostrando el brazo donde destacaban un par de rasguños mal curados. —Es un idiota... —dijo Kyle, negando con la cabeza—. Pero no podíamos dejarlo así, con la reputación por el suelo y herido. —Sí, tienes razón —le respondió Kenny—. Sabes que él habría hecho lo mismo por nosotros. —Cierto. Aunque lo hubiéramos arañado, también lo habría hecho —añadió Kyle, mientras asentía. Heidi, que escuchaba la conversación en silencio, se inclinó hacia él con interés. —Kyle... ¿Tú y Eric ya no se odian? Kyle se cruzó de brazos y clavó la vista en el techo. Comenzó a balancearse de izquierda a derecha, con un movimiento rítmico y mecánico, como si intentara convencerse a sí mismo de lo que estaba a punto de decir. —Digamos que, con el paso de los años, hemos aprendido a querernos —soltó por fin, con una voz que sonaba a rendición—. Si es que se puede decir de alguna manera. No homo, por cierto. Kenny le golpeó la costilla con el codo y Kyle se retorció sobre el colchón. —Vamos, confiesa que lo amas en secreto y que él te ama a ti —se burló Kenny. —No te pongas celoso, Kenny —replicó Kyle, intentando recuperar su tono sarcástico—. Tenemos amor para darte a ti también. —Claro, pero yo quiero exclusividad. No me vale que le des amor a Cartman y a Stan, y a mí me des las sobras. El silencio que siguió fue instantáneo y pesado. Kenny tragó saliva al darse cuenta de lo que había dicho y miró a Kyle con una expresión tensa. Kyle le apartó la mirada de inmediato y comenzó a frotarse la nuca con una incomodidad palpable. Heidi se sintió muy confundida al notar la reciente tensión que se había formado entre ambos. —¿Cómo se encuentra Stan? Hace tiempo que no sé nada de él —preguntó Heidi con precaución. —Está bien, hablamos con él los fines de semana —se apresuró Kenny a responder, antes de que Kyle pudiera hacerlo. —Ya veo, me alegro mucho —respondió Heidi con incomodidad. —Espero que Randy se pudra en la cárcel —soltó Kyle de repente, apretando los puños con una fuerza que le hacía temblar los brazos. Kenny y Heidi se miraron con preocupación y ambos intentaron desviar el tema. —Al final Tolkien se salió con la suya y no volvió a agregar a Clyde al nuevo grupo —dijo Kenny, mirando a Heidi con complicidad, suplicándole en silencio que le siguiera el juego. —Sí, qué pesado es Clyde —respondió Heidi con una sonrisa fingida, observando de reojo a Kyle. Kyle se frotó las manos contra la tela de su pantalón, como si intentara limpiarse algo invisible, y apretó los labios hasta dejarlos blancos. Se frotó la cara con brusquedad y se quedó mirando un punto fijo en la pared. —En fin, chicos —dijo Kyle mientras se levantaba de la cama—, creo que debo irme. Tengo algunas cosas que hacer. Kenny miró a Heidi antes de contestar. —De acuerdo —dijo levantando las cejas, mientras le hacía un gesto rápido a Heidi con la mano sin que Kyle se diera cuenta. Heidi lo entendió al instante y, aprovechando que Kyle no miraba, alzó el pulgar hacia Kenny. —¿Te puedes quedar un rato más, Kenny? —preguntó Heidi con tono casual—. Me vendría bien ayuda con... lo de mañana. —Sí, todavía tengo tiempo antes de irme —contestó él, mirando de reojo a Heidi. Kyle no dijo nada, más bien parecía aliviado de que Kenny no fuera con él. Se despidió de ambos y salió de la habitación. Cuando la puerta se cerró, Kenny dejó caer los hombros y se cubrió la cara con ambas manos. —Soy un bruto —gruñó tras las palmas—. No sé por qué no me callo la boca. Heidi sonrió, sintiéndose identificada. Después de todo, ella también era una experta en meter la pata de esa manera. —Tampoco dijiste nada raro —le respondió con suavidad—, solo estabas bromeando. Kenny se encogió de hombros, negando con la cabeza. —Aún así, el tema de Stan es delicado para nosotros. Siempre tratamos de no hablar mucho sobre él y yo debería haberlo pensado antes de soltar esa burrada de la exclusividad. Heidi asintió con suavidad, dedicándole una mirada comprensiva. —Fue una tragedia lo que sucedió, no es culpa de nadie, Kenny. Además, son amigos, es normal que bromeen de esa manera. —Lo sé, pero si en este pueblo maldito la gente no fuera tan hija de puta, él aún estaría aquí. Heidi bajó la vista hacia sus manos entrelazadas. —Por eso debemos arreglar lo que pasó con Eric —insistió Heidi, tratando de recuperar el hilo de la conversación—. Él no se merece todo este acoso, no es justo. Kenny desvió la mirada y empezó a juguetear con el cordón de su capucha, apretándolo entre los dedos. —Sí —murmuró él—. Y me imagino que no debe ser fácil para ti y Butters tampoco. Heidi soltó un bufido que pretendía ser indiferente, pero que sonó a derrota. —Bueno, entre Leopold y yo... la cosa va muy mal, la verdad. Kenny ladeó la cabeza con curiosidad, frunciendo ligeramente el ceño. —¿Qué quieres decir? —preguntó, clavando sus ojos azules en los de ella. Heidi apretó los dientes con fuerza. Mierda. ¿Por qué abrí la boca? —Pues no sé... —confesó con vacilación, sintiendo que las palabras se atropellaban en su garganta—. Me confunde con lo que hace. Me busca, se acuesta conmigo, y después se larga antes de que se le escape un "te amo". Perfecto, ¡soy una bocazas! Kenny se levantó de la cama con un movimiento lento, caminó hacia ella sin dejar de mirarla y se arrodilló frente a Heidi. —Es un idiota si no ve lo increíble que eres, Heidi —dijo en voz baja, con una calidez que la descolocó por completo. Oh. Genial. Si Heidi ya pensaba que Kenny era perfecto, ahora sabía que también era un galán. Tan solo míralo ahí, arrodillado frente a ella, con esos ojazos azules y ese pelo sedoso, dorado como el oro. Las mejillas de Heidi se encendieron y encogió los hombros con timidez, mientras una sonrisa de idiota se le dibujaba en el rostro. Era consciente de que debía verse ridícula con ese gesto tan adorable, vestida como el típico tío de familia que te lleva a pescar y luego libera los peces. —Gracias… —murmuró ella, intentando sostenerle la mirada a pesar de sentir que se desarmaba por dentro. Kenny estiró la mano para acariciarle la mejilla, y el corazón de Heidi casi estalló contra su pecho. —Oye, ¿quieres que te ayude a quitártela…? El cuerpo de Heidi se estremeció y lo miró con total confusión. —¿Quitarme el qué? —preguntó, casi sin aliento. —La barba postiza —aclaró Kenny—, si quieres que intentemos despegarla ahora. Heidi cerró los ojos un instante. Al abrirlos, asintió con suavidad, consciente de que estaba a punto de pasar un momento muy vergonzoso con Kenny. Kenny sonrió, se levantó y la tomó de la mano. La guio hasta el baño y cerró la puerta tras de sí. Heidi abrió el agua caliente y esperó a que tomara temperatura. Todavía estaba confundida sobre cómo iba a ayudarla Kenny, así que intentó meter las manos debajo del agua, pero él la detuvo. —¿Por qué no me dejas hacerlo a mí? —preguntó Kenny con una sonrisa amable. Heidi, sin pensarlo demasiado, aceptó y se sentó en la tapa del inodoro mientras Kenny se mojaba las manos. ¿Qué diablos estoy haciendo con Kenny, en mi baño, y dejando que haga esto él? Kenny se agachó para ponerse en cuclillas y estiró las manos hasta la barbilla de Heidi. Con las yemas de los dedos, buscó la unión entre el postizo y su piel, y comenzó a deslizarse con suavidad, abriéndose paso por debajo para despegarla. Heidi se quedó completamente inmóvil. Sentía los dedos húmedos de Kenny abriéndose camino sobre su cara, mientras su rostro estaba tan cerca del suyo que podía notar su respiración cálida golpeando su piel, haciéndola estremecerse por completo. Kenny hundió los dedos por el pliegue entre la carne y la tela, levantando con cuidado cada sección y separándola con cuidado, como si temiera romper algo frágil. Los ojos de Heidi recorrían sin descanso cada facción de Kenny. Los suyos permanecían fijos en ella, con una intensidad azul que quemaba, mientras su boca entreabierta dejaba escapar una respiración que Heidi sentía como un golpe de calor contra sus propios labios. —Bueno, creo que esto ya está —dijo él, mientras retiraba el trozo de tela peludo para dejarlo sobre el lavabo. —Gracias, Kenny —respondió Heidi con timidez, sin saber si quería morirse de vergüenza o por la incomodidad de la situación. Kenny volvió a agacharse, esta vez para secarle la cara con una toalla, pasándola con total suavidad por su rostro. El corazón de Heidi latía desbocado contra su pecho, al notar los pequeños toques de la toalla sobre su cara mientras Kenny le sonreía con un brillo divertido en los ojos. —Listo, ya vuelves a ser una chica preciosa y no un viejo pervertido —soltó él, guiñándole un ojo. Heidi sonrió tímidamente y asintió. Sin previo aviso, antes de que pudiera siquiera procesar el cumplido, Kenny se inclinó hacia delante y rozó sus labios con los de ella en un beso breve que le dejó el aliento atrapado en la garganta. En cuanto se separó, se puso de pie y empezó a limpiarse las manos en el lavabo, quitándose los restos de pegamento con una calma desconcertante, como si nada hubiera pasado. Heidi, aún sentada, mantenía la mirada clavada en el azulejo frente a ella. ​—Pues bien, ¡ya está todo limpio! —dijo él con naturalidad mientras se secaba las manos con la toalla. Heidi se levantó a cámara lenta, aún en estado de shock, mientras él la esperaba apoyado en el marco de la puerta para salir del baño. Caminaron hasta la entrada en un silencio incómodo, mientras Heidi avanzaba con cuidado, tratando de hacer el mínimo ruido posible con sus zapatos, como si el menor sonido pudiera borrar lo que acababa de ocurrir entre ellos. Ya en la entrada, Kenny salió al frío de la noche. Se giró un instante, tomó su mano y, con una sonrisa radiante, la sostuvo como si fuera un príncipe de otra época, sellando un pacto sagrado. —Nos vemos mañana en el instituto —le dijo, acariciándole el dorso de la mano con el pulgar. —Nos vemos mañana, Kenny —respondió Heidi, sintiéndose a punto de desmayarse ante semejante despliegue de galantería. Kenny le dedicó una última sonrisa, al más puro estilo de un protagonista de anime romántico, y luego se dio la vuelta para perderse en la oscuridad, dejando a Heidi sumida en una mirada soñadora. Cerró la puerta con un clic seco y, sin poder contenerse un segundo más, corrió escaleras arriba como si el suelo le quemara los pies. ​Al llegar a su habitación, se puso tiesa frente al colchón y se dejó caer de cara contra la cama, hundiendo el rostro en las sábanas antes de soltar un grito agudo, ahogado por la tela. Se dio la vuelta con un movimiento rápido, quedando boca arriba, mirando al techo con el pecho subiendo y bajando a un ritmo frenético. ​¡Oh, Dios mío! ¡Me ha besado Kenny! ¡Qué puta locura! Dejó escapar un suspiro soñador, pero pronto su sonrisa se transformó en algo más oscuro, casi lujurioso. Se mordió el labio inferior al recordar el tacto de Kenny, la forma en que había deslizado los dedos por debajo de la barba postiza, rozando su piel con los dedos húmedos, con su cara tan cerca de la de ella que podía sentir el calor de su respiración. Los dedos de la mano que descansaba sobre su vientre empezaron a repiquetear con nerviosismo, dudando si lo que estaba pensando era una buena idea. Pero Heidi nunca había sido precisamente de hacer lo correcto, así que se dejó llevar por el instinto y bajó la mano, deslizándola con lentitud por el bajo vientre hasta alcanzar el botón del pantalón. Al desabrocharlo, dobló las piernas y apoyó los pies sobre la cama, cerrando los ojos para retener la imagen de la cara perfecta de Kenny, sonriéndole con esos ojos cautivadores que parecían desnudarla. Se bajó la bragueta para ganar espacio y deslizó la mano por dentro de su ropa interior. Justo cuando estaba a punto de dejarse llevar por completo, su celular vibró de repente, haciéndola sobresaltarse como si la hubieran atrapado en algo prohibido. —¡Mierda! —exclamó con el corazón disparado, presionándose el pecho con la mano libre. Con los dedos todavía temblorosos, desbloqueó la pantalla y vio que Cartman le había escrito. Eric: Mi madre me ha dicho que no tuvieron complicaciones al ir hasta la esquina de tu casa. ¿Conseguiste entrar bien? Heidi: Sí, llegué bien. Eric: ¿Pudiste quitarte esa barba? Heidi: Sí, al final pude, jeje. Eric: Me alegra oír eso, hubiera sido un lío ir a clase mañana con ella puesta. Heidi: Muy gracioso. :( Eric: Es broma. Por cierto, te quería agradecer por haber venido a verme hoy. No me lo esperaba y me animaste mucho. Muchas gracias. Una sonrisa genuina se dibujó en el rostro de Heidi casi sin darse cuenta, y comenzó a escribir con los dedos deslizándose ligeros sobre el teclado. Heidi: No fue nada. Además, me enseñaste a jugar y me invitaste a cenar. Yo también te quería agradecer. Eric: Eso lo hice encantado… En fin, no te robo más tiempo, que seguro tienes cosas que hacer. Buenas noches, Heidi. :) —Bueno, si "tener cosas que hacer" incluye masturbarme imaginando los dedos de Kenny pasando por mi cara, entonces sí, estoy ocupadísima —murmuró para sí misma, enarcando una ceja con cinismo. Heidi: Buenas noches a ti también, Eric. :) Suspiró con suavidad y se quedó mirando la pantalla, esperando a que el estado de Cartman dejara de estar “En línea”. No sabía exactamente por qué, pero hablar con él le provocaba una calidez que la volvía extrañamente vulnerable. Al salir del chat, vio el de Butters y se dio cuenta de que le había enviado un mensaje hacía aproximadamente una hora. Leopold: Heidi, siento todo lo que pasó estos días. Por favor, me gustaría que pudiéramos hablar cuando puedas. Heidi leyó el mensaje y resopló, invadida por una mezcla de cansancio y una amargura que le subía desde el estómago. ​Heidi: No tenemos nada de qué hablar. ¿Crees que es normal lo que has estado haciendo, Leopold? La respuesta no tardó ni diez segundos en aparecer. Leopold: Perdóname. Sé que me he comportado como un imbécil últimamente, pero te juro que te sigo amando. Te extraño mucho y te necesito... No quiero que dejemos de vernos, por favor. Heidi: Eres un mentiroso. Si todo eso fuera cierto, no saldrías corriendo después de haberme usado como una muñeca hinchable. Leopold: Lo siento mucho, de verdad… Heidi: Tal vez hay alguien que me gusta, así que olvídate de mí, Leopold. Heidi soltó un suspiro tembloroso y clavó la vista en la parte superior del chat mientras observaba que el estado de Butters permanecía en "En línea". Se quedó así, estático, durante unos segundos que parecieron horas, mientras ella seguía con los ojos fijos en la pantalla, esperando su respuesta. De repente, el estado cambió a “Leopold está grabando un audio” y el corazón de Heidi dio un vuelco violento. El audio parecía largo, y eso solo hacía que la angustia de Heidi creciera con cada segundo que pasaba. Tras unos segundos agonizantes, el mensaje llegó en forma de audio. Heidi acercó el dedo tembloroso a la pantalla y reprodujo el audio. Se llevó el celular a la oreja casi de inmediato y cerró los ojos, con un nudo en la garganta que le impedía siquiera tragar. —Heidi… —dijo con la voz afectada, sorbiéndose los mocos—. Hemos estado juntos durante cinco años. Aprendí a amar contigo, aprendí a besar contigo… hice el amor por primera vez contigo… —tosió, incapaz de ocultar el llanto que ya le quebraba las palabras—. Lo nuestro es especial… no puedes decirme que te gusta otro… El pecho de Heidi se apretó con dolor al escucharlo tan destrozado, y las lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Quería estar con Butters, pero su comportamiento contradictorio la estaba volviendo completamente loca, ya no sabía qué más hacer. Suspiró hondo, se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y decidió que era hora de dar un ultimátum para terminar con esto de una vez por todas. Tocó el icono del micrófono y, tras un segundo de duda, comenzó a grabar su respuesta. —Tú también has sido mi primera vez en todo, Leopold —su voz bajó un tono, volviéndose mucho más seria—, pero no entiendo lo que haces. Me confundes y realmente no sé si me amas o solo estás jugando conmigo. Si de verdad me amas, entonces sé sincero y dime que quieres arreglar las cosas para que… —se detuvo unos segundos, apretando el celular con fuerza— volvamos a estar juntos. La respuesta llegó casi de inmediato, y Heidi lo reprodujo con el corazón en un puño, aferrándose a la esperanza de que él estuviera dispuesto a luchar por lo que quedaba de ellos. —Lo siento mucho, Heidi —dijo con la voz temblorosa, casi ahogada por el llanto—. Me gustaría… pero no puedo hacer eso… El audio terminó con un silencio abrupto, y Heidi se quedó inmóvil, con el celular todavía pegado a la oreja, sintiendo cómo se instalaba un vacío frío y pesado en su estómago. Aun si le había dado una última oportunidad, ella ya sabía cuál iba a ser la respuesta. A pesar de eso, mantenía la esperanza de que Butters pudiera recapacitar y tratar de arreglar las cosas. No quería perderlo, pero sentía que ya lo había dado todo y que no le quedaban fuerzas para seguir luchando. Se frotó la cara con desesperación, limpiándose las lágrimas con brusquedad, y se dispuso a grabar un último mensaje. ​—Pues entonces olvídate de mí para siempre, Leopold. Al terminar de mandar el audio, su pulgar se movió con una precisión mecánica, casi violenta. Entró en la configuración del chat de Butters y, sin permitirse dudar ni un segundo más, pulsó el botón de bloquear. El silencio que siguió no fue de paz, sino de un remordimiento doloroso al saber que, en esos momentos, Butters estaría completamente destrozado. Sin embargo, Heidi quería salir de ese pozo en el que él mismo los había metido. Estaba cansada de seguir sufriendo, así que pensó que, si tenía a alguien como Kenny, que la hacía sentir tan bien, tal vez podría olvidar a Butters y darse otra oportunidad para ser feliz de nuevo. Antes de salir de la aplicación, entró en el chat de Kenny. Miró al techo y soltó un suspiro tembloroso, tratando de apaciguar el malestar. Luego, bajó la vista hacia la pantalla y comenzó a escribir con determinación. Heidi: ¿Llegaste bien a casa? Tras apenas unos segundos, Kenny respondió: Kenny: Me suena haber preguntado algo parecido el otro día. Y sí, llegué bien. Gracias. 😉 Heidi: Bueno, ya sabes lo que dicen: “hoy por ti y mañana por mí”. Jeje. Tras mandarlo, sintió cómo le ardían las mejillas de vergüenza. ¡Soy una ridícula! ¿Qué mierda de mensaje es ese? Parece que estoy hablando con mi abuela. Kenny: Ya veo, no lo conocía. Entonces, todavía me debes otra cosa… Heidi ladeó la cabeza con confusión antes de responder. Heidi: ¿Otra cosa? ¿Cómo qué? Kenny: Devolverme el “favor” que te hice en el baño. O, más bien, “favores”. Heidi parpadeó, desconcertada. ¿Favores? El primero es que me ayudó a quitarme la barba, y el segundo… Oh. Ya entiendo. Se quedó mirando el chat fijamente, con los dedos suspendidos sobre el teclado, sin saber muy bien qué escribir para no sonar desesperada. Heidi: Puedo devolverte ambos... ​Kenny: ¿En serio? Tendré que ponerme una barba entonces. Lo otro puede ser sin ella puesta. Al terminar de leerlo, se revolvió el pelo con las manos mientras soltaba un grito agudo que murió contra las sábanas. Por el amor de Dios. ¿Dónde había estudiado este hombre seducción? Era como un príncipe salido de un cuento de hadas que buscaba a su princesa, y Heidi deseaba con todas sus fuerzas ser esa princesa. Por eso, debía aprovechar la oportunidad y no dejarla escapar. Heidi: Lo puedo hacer con la barba puesta también. Es más, podemos usar una cada uno. Eso no me detendrá del objetivo. 😏 Lanzó el celular sobre la cama como si quemara y buscó rápidamente la almohada para llevársela a la boca, mordiéndola con fuerza para ahogar la emoción mientras esperaba la respuesta. Qué estrés. El celular vibró apenas unos segundos después. Kenny: Ya veo, chica atrevida. Estoy deseando que me devuelvas el “otro” favor entonces. ♥️ Si la cara de Heidi ya se veía ridícula cuando se trataba de Kenny, la de ahora era un desastre absoluto. ¡¡AAAAHHH!! ¡Y me manda un corazón! ¡¡Es perfecto!! Se puso a escribir una respuesta y sus dedos no se habían deslizado tan rápido desde el domingo, cuando Butters la empujaba una y otra vez contra el cabecero de su cama. Heidi: Cuando quieras entonces… Kenny: ¿Qué tal mañana? Tal vez después de clases podríamos vernos un rato para estar juntos... Los ojos de Heidi se iluminaron y una sonrisa triunfal se dibujó en sus labios. Heidi: Me encantaría verte mañana después de clases, Kenny... Un nuevo mensaje llegó y los ojos de Heidi se abrieron de par en par, mientras su boca se entreabría en un gesto de absoluta sorpresa. Kenny: [Foto] —Oh, ¡joder! —exclamó Heidi en un susurro tembloroso al ver el torso desnudo de Kenny.​ Se quedó paralizada, devorando con la mirada cada centímetro de esa piel que, hasta hace unas horas, solo había imaginado bajo la parka naranja. Llegó un segundo mensaje. Kenny: Todo esto es tuyo si quieres... Y cuando pasemos al nivel 2, puedo mostrarte la parte que falta... Oh, santa gloria bendita, gracias por dejar que este rubio buenorro sea de este pueblo. Los dedos de Heidi se movieron a la velocidad de la luz, impulsados por una mezcla de adrenalina y una emoción desbordante. Heidi: Acepto el nivel 1, el 2 y todos los niveles que queden por delante. 😳 Un nuevo mensaje de Kenny apareció en la pantalla, y Heidi sintió un vuelco en el estómago que le subió hasta la garganta. Kenny: Bien, preciosa, porque vamos a pasarnos este juego en nivel difícil. ¿Te atreves? 😏 Heidi soltó una risa nerviosa. Supongo que yo también puedo mandarle algo... Se incorporó en la cama, miró de reojo la puerta cerrada de su habitación y se quitó el suéter con un movimiento fluido y mecánico, quedando en sostén. Con el pulso acelerado, levantó el teléfono y buscó el mejor ángulo frente al espejo de su tocador. Tragó saliva y pulsó enviar antes de arrepentirse. Heidi: [Foto] Heidi: Sí, acepto... Y yo también quiero mostrarte mi nivel 1. Kenny respondió en el acto, como si hubiera estado esperando la foto con el dedo sobre la pantalla. ​Kenny: Qué sexy, nena... Ya tengo ganas de que me enseñes a jugar al tuyo. Heidi leyó el mensaje y se dejó caer de espaldas contra el colchón, con el celular apretado contra el pecho. Y así siguieron, atrapados en un intercambio constante de mensajes que se extendió durante horas. Heidi se sentía como en una nube y el recuerdo doloroso de Butters ni siquiera había vuelto a aparecer. Parecía que por fin podía olvidarse por un momento de que todo entre ellos estaba roto. Le dio tiempo a cenar casi sin saborear la comida, respondiendo por debajo de la mesa mientras sus padres hablaban, sin prestarles atención. Luego vino el baño, donde el vapor del agua caliente se mezcló con la adrenalina de los mensajes más subidos de tono. Se lavó los dientes mirando su reflejo en el espejo, preguntándose si Kenny estaría haciendo lo mismo, si él también sentiría esa urgencia por seguir hablando con ella. Cada actividad que realizaba era solo una interrupción molesta entre un mensaje y otro. Se ponía el pijama con una mano mientras tecleaba con la otra, riendo sola ante las ocurrencias de Kenny y cediendo ante sus promesas. Era un tonteo incesante, ligero y peligroso a la vez, lejos del recuerdo de Butters que amenazaba con volver en cuanto el celular se quedaba en silencio por más de cinco minutos. Una vez acostada en la cama, ambos se desearon las buenas noches y Heidi se quedó mirando al techo algo inquieta. El silencio de la habitación era demasiado ruidoso ahora que los mensajes de Kenny habían cesado. Se sentía eufórica mientras recordaba todo lo que había pasado entre ellos. Su expresión cambió a una más febril y se mordió el labio con lujuria, decidida a terminar lo que había dejado a medias horas atrás. Deslizó sus manos bajo su ropa interior, casi de forma automática, buscando ese alivio urgente que la ayudara a desconectar de todo. Sus dedos comenzaron a moverse con una urgencia desesperada, hasta que estuvo casi allí, en ese borde difuso donde el pensamiento se apaga. De repente, la imagen de Cartman riendo genuinamente en su habitación cruzó su mente como una sacudida. Sus manos se detuvieron en el acto. Abrió los ojos, completamente confundida, quedando paralizada mientras su respiración comenzaba a agitarse. Apretó los dientes, sacudió la cabeza con fuerza y obligó a su mente a regresar al torso desnudo de Kenny. Una sonrisa traviesa intentó asomar de nuevo y retomó el movimiento de sus dedos, despacio, intentando recuperar el ritmo. Pero el recuerdo de Cartman pegado contra la pared de la escalera, jadeando de pánico, regresó como un rayo. —¿Qué demonios me pasa? —susurró al techo en la penumbra. Se frotó la cara con frustración y trató de intentarlo una tercera vez, ahora mirando la foto de Kenny. Su mano se deslizó de nuevo por dentro de su pantalón, pero las ganas se habían evaporado por completo. Tiró el celular sobre la cama y se presionó el puente de la nariz, dejando escapar un suspiro tenso. Tras unos minutos de silencio, volvió a tomar el teléfono. Abrió el chat de Cartman y una sonrisa tonta se le dibujó en la cara mientras releía los mensajes desde el principio, llegando a aquel primer "¿sigues en la mierda?". Heidi soltó una risita nerviosa pero al darse cuenta de lo que estaba haciendo, bloqueó el celular y lo dejó en la mesa de noche. Se cubrió con la sábana hasta la barbilla y, al apoyar la mano sobre su pecho, notó que su corazón latía descontrolado bajo su palma. Cerró los ojos con fuerza y ahí estaba de nuevo Cartman. Frunció el ceño, como si pudiera expulsar la imagen a la fuerza, pero en lugar de desaparecer, el recuerdo se aferró con más intensidad: su sonrisa, su tono de voz, la forma en la que se había mostrado vulnerable con ella... no podía evitar pensar en él. Se pasó una mano por el rostro y suspiró en la oscuridad. Tardó casi una hora, pero por fin pudo dormirse. Sin embargo, por mucho que intentó conciliar el sueño con el recuerdo de Kenny, sus pensamientos seguían gravitando, pesados y tercos, alrededor de Cartman. Y al final, su último recuerdo fue el de él.
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