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Al sonar la campana, Heidi, Kenny y Kyle corrieron al armario de limpieza para terminar de borrar la palabra de la mesa y el resultado fue perfecto. Después de eso, quedaron en verse en la cafetería y ceñirse al plan que habían pactado el día anterior en casa de Heidi. Una vez allí, Heidi detuvo a Bebe cuando iban hacia su mesa habitual. —Bebe, hoy me sentaré con Kenny y Kyle —le dijo, mirando alrededor por encima del hombro para asegurarse de que nadie más escuchaba. Bebe enarcó una ceja, mirándola con confusión. —¿Por qué con ellos? —respondió frunciendo el ceño. —Ahora no tengo tiempo, después te lo explicaré todo —respondió antes de alejarse hacia la mesa de Kenny y Kyle. Heidi se sentó frente a ellos y dejó la bandeja sobre la madera antes de inclinarse hacia delante, apoyando los codos. —Bien, recuerden el plan... —soltó en un susurro, pero se calló de golpe al notar a Wendy de pie junto a ellos. —Hola, chicos —dijo Wendy, sentándose a su lado. Los párpados de Heidi temblaron con confusión mientras se giraba hacia Kyle y Kenny. —No te preocupes —le susurró Wendy—, Kyle me puso al día. Wendy miró a Kyle, él le guiñó un ojo con confianza y ella le devolvió una pequeña sonrisa. —¿Ya lo sabes? —le preguntó Heidi a Wendy ladeando la cabeza. —No soy fan de Cartman, pero creo que es injusto lo que pasó —respondió Wendy mientras sacaba la comida. —Tiene razón Wendy —le dijo Kyle a Heidi en voz baja—. Pensé que podrías necesitar ayuda. Heidi miró esta vez a Kenny, que tan solo se encogió de hombros mientras masticaba la comida de su almuerzo. Ella lo imitó y también se encogió de hombros. —Bueno —retomó Heidi—, entonces sigamos con el plan. Tanto Kyle como Kenny asintieron, y Wendy se inclinó hacia la mesa. —Heidi, creo que estás cometiendo un error. Vamos, todos sabemos que él te obligó —dijo Kyle en un tono lo bastante alto como para que los de las mesas cercanas pudieran oírlo. —No hables tan alto —le susurró Heidi, fingiendo calma—. Te digo que estábamos los dos borrachos. —Eso no puede ser, Heidi —intervino Kenny antes de beber—. Estoy seguro de que Cartman te puso algo en la bebida —añadió en un tono más fuerte. Heidi miró alrededor, fingiendo incomodidad, y se inclinó hacia ellos. —Les juro que los dos bebimos de la misma botella. Kyle chasqueó la lengua y se cruzó de brazos. —Escucha, tal vez Kenny y yo seamos los únicos que se hablan con Cartman, pero hasta nosotros sabemos de las atrocidades que puede llegar a hacer ese tipo. Heidi se levantó con brusquedad, haciendo chirriar la silla contra el suelo. —Te digo que él no me obligó a nada —dijo esta vez con un tono alto—. ¡Nos bebimos una botella entera de tequila y nos emborrachamos juntos! Wendy se levantó y le puso una mano en el hombro, fingiendo que intentaba calmarla. —Sí, y yo los vi. Ella no miente. Los alumnos se quedaron en silencio, mirándolos con expectación. —Vamos, ¿y por qué ibas a beberte una botella entera de tequila con Cartman? —soltó Kenny, mientras pinchaba con el tenedor un trozo de salchicha fría. En ese momento Heidi no supo explicarlo, pero las palabras de Kenny la hicieron sentirse atacada. —¡Porque me sentía como la mierda desde que Leopold me dejó! —Se cubrió la boca de inmediato y se giró hacia la mesa de Butters, quien la observaba con el rostro completamente pálido. A Kenny se le resbaló el tenedor y trató de amortiguar el ruido al caer sobre la bandeja. Sabía que Heidi y Butters no estaban pasando por un buen momento, pero no sabía que él la había dejado, ni que Heidi se sentía de esa manera. Kyle y Wendy se miraron de reojo, tratando de asimilar lo que acababa de pasar. —Esa noche yo estaba realmente mal —continuó Heidi, aun sabiendo que la estaba cagando cada vez más—. ¡Pero apareció Eric y me ayudó a olvidarme por un rato de que me habían dejado sin ningún contexto después de cinco malditos años! —exclamó exasperada. Los susurros y chismes comenzaron a resonar por toda la cafetería. Cada vez eran más los que se levantaban y se acercaban para ver y escuchar mejor a Heidi, mientras las risitas de burla se propagaban por el lugar. En una esquina, Butters permanecía contra la pared, encogido sobre sí mismo mientras miraba alrededor con el corazón acelerado. Heidi resopló con fastidio, buscó una silla y la arrastró hasta el centro de la cafetería, murmurando cosas ininteligibles. Kenny, Kyle y Wendy la observaban completamente atónitos, con el rostro desencajado, mientras ella acomodaba la silla y comprobaba su estabilidad. Se subió y se alisó la ropa en un intento desesperado de calmar sus nervios. No sabía bien por qué hacía todo eso, pero algo dentro de ella necesitaba que todos supieran que Cartman no era el monstruo que creían. —¡Él no me obligó a besarlo! ¡Nos besamos los dos y esa noche me divertí mucho! Butters se cubrió la boca para ahogar un jadeo y caminó a paso rápido, atravesando la cafetería sin levantar la vista del suelo hasta salir por la puerta. Kyle le hizo una seña a Wendy con la cabeza para que detuviera a Heidi, y ella se acercó rápidamente para tirar de su suéter con suavidad. —Heidi, deberías bajar —le susurró, apretando la mandíbula para disimular que modulaba las palabras. Heidi la miró y le negó con la cabeza antes de dedicarle una mirada tranquilizadora, mientras Kenny solo podía observarla sin saber bien qué hacer. —Y estoy segura de que muchos de ustedes también han hecho algo parecido —retomó, recorriendo con la mirada a todos los presentes—. ¡Así que basta de hacerle la vida imposible a alguien que no hizo nada malo! Se bajó de un salto de la silla y corrió hacia la puerta, saliendo y dejando a Kenny, Kyle y Wendy atónitos, sin poder reaccionar. Corrió por el pasillo con la angustia atrapada en la garganta hacia el aula para agarrar su mochila e irse del instituto lo antes posible. Al llegar, entró rápidamente, cerrando la puerta tras de sí y apoyándose contra ella mientras el corazón le latía con fuerza. Soltó un suspiro tembloroso y sonrió aliviada mientras se pasaba una mano por la frente, pero al alzar la mirada, se estremeció. Butters estaba sentado en su sitio, con los brazos cruzados sobre la mesa y el rostro hundido en ellos. Él alzó la vista con la cara empapada en lágrimas y al ver a Heidi se apresuró a secárselas con la manga. Al verlo, Heidi sintió una punzada en el pecho que la obligó a bajar la vista para no mirarlo. Se apresuró hasta su mesa y comenzó a guardar sus cosas con urgencia. —Hola, Heidi —la saludó él con la voz entrecortada. —Hola, Leopold —murmuró ella, con un leve temblor en la voz. Él se levantó y fue hasta ella con pasos vacilantes. —¿Te vas? —preguntó con suavidad, acercándose cada vez más. Ella tardó unos segundos en responder mientras sentía la ansiedad colándose por todo su cuerpo. —Sí, me voy —dijo tajante, sin mirarlo. Butters se frotó la nuca sin saber bien qué decir. Sentía que todo se iba estropeando cada vez más, así que estiró la mano para sostener la suya en un intento de acercarse a ella. —¿Te gusta Eric? —le preguntó mirándola a los ojos, mientras los suyos seguían llenos de lágrimas. Con el ceño fruncido, Heidi se liberó bruscamente y cruzó los brazos. —No te importa quién me guste. Ya quedó claro que entre tú y yo ya no hay nada. El pecho de Butters se encogió y sus puños se apretaron con fuerza. —Heidi —respondió mientras se secaba el rostro con el dorso de la mano—, tal vez Eric pueda parecer bueno a simple vista y amigable, pero es una persona oscura y nunca sabes cuáles son sus verdaderas intenciones. Ella se cubrió los ojos con la mano, a punto de echarse a llorar. —¿Y cuáles son tus verdaderas intenciones, Leopold? El domingo me hiciste sentir una auténtica basura. ¿Acaso no eres tú el que se hace el bueno y el amigable? Butters agachó la cabeza, completamente avergonzado. —Siento mucho lo que pasó, pero hice todo eso porque de verdad te extraño mucho... Él le sonrió con dulzura y le tomó la mano de nuevo, entrelazando sus dedos, mientras Heidi bajaba la vista hacia sus manos y se quedaba en silencio observándolas. —Si de verdad me extrañaras, habrías aceptado la última oportunidad que te di ayer —dijo Heidi, casi con la voz quebrada por la angustia. —¡Eso tiene una explicación! —se apresuró a responder—. Hace unas semanas me... —se detuvo unos segundos y tragó saliva con nerviosismo—. Heidi —retomó, acunando la mano de ella entre las suyas—, yo te sigo amando... —¡No! —exclamó ella, sintiendo que perdería los nervios en cualquier momento—. No digas cosas de las que no puedes hacerte cargo después. Lo soltó de golpe y lo miró con rabia mientras Butters comenzaba a chocar los puños entre sí, visiblemente alterado. —De verdad que te amo... —repitió, esta vez con una expresión de profunda tristeza. Justo cuando Heidi iba a responder, la puerta se abrió de golpe y Kenny entró con el pecho agitado tras haber corrido con todas sus fuerzas por el pasillo, deteniéndose en seco al ver a Butters. —Heidi, ¿te marchas? —preguntó Kenny, todavía recuperando el aliento—. Y hola, Butters —saludó, girándose hacia él unos segundos antes de volver a mirar a Heidi. Ella asintió con incomodidad y Kenny corrió hasta su mesa para agarrar su mochila. Butters abrió los ojos con asombro, retrocedió sin dejar de mirarlos hasta llegar a su silla y se sentó despacio, mientras un gran vacío se le instalaba en el estómago. Estaba completamente seguro de que entre ellos sucedía algo por la manera en que se miraban y se sonreían, y se sentía confundido con respecto a Cartman. ¿No se suponía que a Heidi le gustaba? —Nos vemos mañana, Butters —se despidió Kenny antes de salir del aula con Heidi y cerrar con suavidad. Él se quedó aferrado al borde de la mesa mientras su respiración se volvía cada vez más pesada. Permaneció inmóvil, con la angustia atrapada en la garganta y un dolor agudo en el pecho, sintiendo que perdía a Heidi poco a poco.6. Malentendidos
22 de abril de 2026, 16:39
Tras días de absoluta locura, por fin parecía que las cosas comenzaban a mejorar para Heidi.
Nada más despertar, tomó el celular y se encontró con el “Buenos días, preciosa” más dulce que había recibido jamás de parte de Kenny, lo que la hizo derretirse en la cama.
Entre ellos todo parecía ir bastante bien desde el día anterior, y desde que llegó al instituto no dejaron de lanzarse miradas disimuladas mientras entraban al aula. Ella no supo si acercarse a saludarlo porque todavía no tenía claro qué eran, y podría resultar sospechoso hacerlo cuando nunca lo había hecho antes. Así que saludó a las chicas y se dirigió a su mesa.
Se sentó y empezó a sacar sus útiles cuando notó algunas risitas por parte de sus compañeros. Al principio pensó que tal vez bromeaban por algo sin importancia, hasta que se dio cuenta de que miraban hacia la mesa de Cartman.
Alzó la vista para verla mejor y notó que había líneas rojas pintadas sobre ella.
Se acercó con curiosidad y se le cortó el aire en seco al darse cuenta de qué se trataba. Alguien había escrito en letras grandes y rojas la palabra “VIOLADOR".
Totalmente en shock, corrió hacia su mochila y comenzó a rebuscar con urgencia el pañuelo de tela y el alcohol en gel que siempre llevaba encima.
Volvió a la mesa y vertió una gran cantidad de alcohol sobre el pañuelo para frotarlo contra la superficie, mientras las miradas divertidas y los susurros comenzaban a expandirse por la clase al verla intentar limpiar la mancha.
Kyle la observó con el ceño fruncido y se acercó, extrañado por su comportamiento, y al ver de qué se trataba sus ojos se abrieron de par en par.
Apretó los puños y recorrió el aula con la mirada.
—¿Quién demonios ha escrito semejante basura en la mesa de Cartman? —preguntó con rabia, pero solo obtuvo un silencio incómodo como respuesta.
Kenny se acercó de inmediato y al ver la mancha, su rostro palideció.
—No sale —le murmuró Heidi sin dejar de frotar.
Él tomó el alcohol, lo echó sobre su guante y se unió a ella, mientras Kyle desafiaba con la mirada al resto de la clase.
—Bien —dijo alzando la voz—. Desde hoy me sentaré en la mesa de Cartman hasta que vuelva. Si alguien se atreve a escribir algo más, le juro que le partiré la cara.
Rebuscó en sus bolsillos, sacó un pañuelo de papel y lo empapó en alcohol para ayudar a Heidi y Kenny.
Clyde chasqueó la lengua.
—Son los tres unos idiotas. ¿Por qué defienden a ese desgraciado? —se dirigió a Heidi—. ¿Y tú cómo puedes preocuparte por él después de lo que te hizo?
Heidi quiso responder, pero en ese instante el profesor entró al aula y todos regresaron rápidamente a sus sitios.
Kyle agarró su mochila y se sentó en la mesa de Cartman, mientras Clyde lo observaba, rodando los ojos con una mueca de diversión.
—Bien. Abran la página treinta del libro —dijo el profesor con tono firme.
En ese momento, el celular de Heidi vibró y lo sacó sobre la mesa.
Kenny: Podemos intentar quitarlo durante el almuerzo con algún producto del armario de limpieza.
Heidi: De acuerdo. Gracias, Kenny. 🙏
Kenny: No tienes que agradecerme por eso… y creo que ha sido muy bonito lo que has hecho, Heidi.
Heidi se sonrojó y se giró para mirarlo con timidez.
Heidi: Tú también has hecho algo muy bonito, así que voy a tener que regalarte otro par de guantes. 🤭
Kenny: Y yo voy a tener que darte un beso en los labios por cuidarme. 😏
Las mejillas de Heidi se encendieron y se quedó releyendo el mensaje con cara de idiota.
—¡Señorita Heidi! —la llamó el profesor—. Si no va a prestar atención, salga de la clase.
Ella se sobresaltó casi lanzando el celular y lo guardó con rapidez.
—Lo siento, solo consultaba una cosa —respondió avergonzada.
—No me importa. Cuando yo hablo, ustedes deben prestar atención.
Heidi asintió sin levantar la vista y el hombre se giró de nuevo hacia la pizarra, murmurando cosas por lo bajo.
—Dios… nunca pensé que diría esto, pero extraño al señor Garrison —susurró Tolkien.
—Sí, yo también —le respondió Tweek con nerviosismo, cerrando el ojo izquierdo en un tic involuntario.
—El tipo desapareció y nunca dio señales de vida —comentó Tolkien, mirando fijamente hacia la pizarra para asegurarse de que el profesor no los estuviera observando.
—Sí, Rick sigue destrozado —añadió Craig—. Todavía espera encontrarlo, y eso que ya va para un año.
—Para mí se fugó con otro —soltó Red con desprecio—. Era bastante libertino.
—Timmy... —susurró Timmy.
—¡SILENCIO! —exclamó el profesor, fulminándolos con la mirada.
La clase se sumió en un silencio absoluto y todos bajaron la cabeza hacia sus libros, fingiendo una concentración que no tenían.