Capítulo 2
9 de mayo de 2026, 23:59
A la mañana siguiente, el general de la campaña ordenó una misión de reconocimiento hacia la zona de guerra donde se había avistado al colosal alienígena.
La razón de la misión, muy probablemente, fue la reciente ideología que había implementado el lord regente Guilliman: «El conocimiento es victoria». Era muy difícil contradecir la sabiduría del Hijo Vengador. Esas pocas palabras habían salvado una incontable cantidad de vidas humanas en la Cruzada Indomitus, pero ahora solo significaban para él y su equipo entrar a una zona devastada para, probablemente, morir y que el resto de las fuerzas tuviera conocimiento de que esta zona seguía siendo peligrosa.
El trayecto hacia la Zona 0 era largo, ya que no podían usar vehículos para evitar alertar a los enemigos, aunque la razón real era que un tanque valía más que la vida de su escuadrón. Para pasar el tiempo, cada uno compartió lo que había escuchado de la batalla que se libró ahí. Algunos decían que el caudillo orko fue derrotado por otro alienígena y, por lo tanto, el resto de orkos con ambiciones de grandeza se lanzaron contra los otros candidatos a caudillo. La misma historia de siempre. Otro afirmaba que el alienígena colosal no era el único que había aparecido; según los chicos de otro escuadrón, al menos otros nueve xenos se habían avistado en esa zona.
«10», recordó el guardia imperial. Diez xenos desconocidos. El chico tenía una camiseta con el número 10. Quizás solo era una coincidencia y se trataba del décimo hijo de un nativo del planeta. Nada más.
Mientras más se acercaban al lugar del encuentro, más bizarro se volvía el terreno. Entre los vehículos destrozados y los cuerpos de los orkos, había chatarra aún en llamas, plantas desconocidas, cráteres de impacto, orkos atrapados en icebergs de hielo y fulguritas esparcidas por el lugar. Sin embargo, lo más bizarro fue encontrar el cuerpo del gran caudillo orko en el suelo y, encima de él, sentado, al chico que había cruzado por el portal. Se veía exhausto, pero sin ninguna herida visible.
—Hey —saludó con una sonrisa al escuadrón de reconocimiento.
El escuadrón reaccionó apuntando todas sus armas al chico, el cual no parecía tener miedo en lo absoluto.
—Me llamo Ben.
El capitán hizo la señal de no disparar y se acercó al chico.
—¿Tú hiciste todo esto? —dijo mientras señalaba alrededor con la mirada.
—Ellos empezaron —se excusó—. Intenté razonar, huir e inmovilizar, ¡pero siempre seguían! Perdón. Es solo que no sé dónde estoy ni cómo llegué aquí. Me llamo Ben, Ben Tennyson.
Estiró la mano para estrecharla. El capitán se retiró el casco para verlo a los ojos. Ben sonrió y bajó la guardia. En menos de un segundo, el chico cayó al suelo luego de un contundente golpe con la culata del rifle láser del capitán.
—Tráiganlo. El gen
eral debe saber de esto.